No fue sencillo llegar hasta acá. Pero hubiera sido imposible sin el apoyo de ciertas personas que, a lo largo de todos estos años, me impulsaron hacia adelante.
Gracias a mis padres, por preocuparse desde siempre por mi educación y por alentarme desde el comienzo hasta el final de la carrera. Gracias a todos los profesores del departamento de Filosofía que tuve la oportunidad de conocer y quienes me enseñaron mucho de lo que sé. Gracias a mis compañeros y amigos del grupo de Filosofía y Biología, quienes todos los martes me regalan un ámbito enriquecedor en donde discutí muchas de estas ideas.
Por supuesto, gracias, ¡muchas gracias! a mi director, Santiago Ginnobili, quien me guió con mucha paciencia y dedicación en la realización de este trabajo y con quién aprendí, espero, a hacer filosofía.
Y gracias, Ezequiel, por estar siempre.






