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1 Las nociones de intencionalidad en Brentano

“El lenguaje de las lecciones [de Brentano], consumado en la forma, libre de todo uso artificial, de todo ingenioso adorno, de toda frase retórica, era nada menos que el del sobrio discurso científico” (Husserl, Hua XXV, 305).

1.1. La psicología empírica y su proyecto filosófico

Franz Brentano es reconocido actualmente como el fundador de la escuela que lleva su nombre y como la figura central que impulsó la filosofía científica austriaca a la vez que se opuso a la influencia de la filosofía idealista alemana en Austria e intentó revertirla (Cf. Albertazzi et al., 1996 y Jacquette, 2004a: 1-2). Tal como lo explica Rollinger, en la época de Brentano el fracaso de los grandes sistemas filosóficos había creado un clima de escepticismo y desprecio con respecto a la filosofía. Dentro de ese marco general de discusiones Brentano considera que no es sólo una posibilidad sino también un deber para la filosofía volverse científica. Ahora bien, ¿por qué comenzar con la psicología esta empresa filosófica? La respuesta se encuentra en la lección inaugural que Brentano ofrece en 1874 en la Universidad de Viena donde será docente hasta 1895. Ante tal situación de decadencia, Brentano considera que la razón por la que la filosofía no se había convertido aún en una ciencia era porque “la psicología, la disciplina filosófica básica, requiere mayor complejidad metodológica que otras ciencias y por lo tanto lleva mucho más tiempo alcanzar la madurez” (Rollinger, 2008: 2). Es claro entonces que Brentano concibe a la psicología como una disciplina filosófica fundamental (Rollinger, 1999: 23).

Ahora bien, según Brentano el método de la psicología debe ser el de las ciencias naturales y esto se ve reflejado en el adjetivo “empírico” que forma parte del título de su libro de 1874, Psicología desde un punto de vista empírico. Y al inicio de la introducción de la misma deja en claro que sólo la experiencia es su maestra (Brentano, 2009 [1874]: xxv).[1] Ahora bien, es necesario aclarar que lo que se considera como un enfoque empírico en la ciencia o en la psicología de nuestros días no es lo mismo que para Brentano. Según Huemer, Brentano sostiene una forma de introspeccionismo en tanto su psicología empírica implica “describir lo que uno experimenta directamente en la percepción interna, desde el punto de vista de la primera persona” (Huemer, 2014). Por lo tanto, ‘empírico’ no significa en Brentano el enfoque desde la tercera persona como lo exige el proceder científico de nuestros días.

Si bien la psicología empírica no era una psicología experimental, Brentano concebía la posibilidad de ésta última. Esto se observa en su distinción entre psicología empírica descriptiva y psicología genético-causal. La psicología genética sí adopta el punto de vista de la tercera persona en el estudio del fenómeno psíquico e incluye el uso de experimentos como parte de su método. En tal sentido, la psicología genética sería lo que hoy se considera una ciencia empírica (Huemer, 2014). De hecho, aunque Brentano no se ocupó directamente de la psicología experimental, sí lo hicieron algunos de sus alumnos como Wundt en Viena y Meinong en Graz quienes fundaron laboratorios de psicología en 1879 y 1894, respectivamente.[2] Brentano apoyó el desarrollo de estos laboratorios en el imperio austro-húngaro (Huemer, 2014; Simons, 2009: xvi).

Este enfoque de Brentano se basa en el principio de que la descripción debe preceder a la explicación. Es necesario saber qué es el fenómeno mental antes de ingresar en el terreno de la experimentación propia de la psicología genética (Smith, 1996: 27).[3] Para ponerlo en los términos que se utilizan hoy en día, lo que Brentano llama psicología genética o explicativa corresponde a lo que actualmente se llama psicología empírica o ciencia cognitiva; mientras que lo que él llama psicología descriptiva es lo que actualmente se denomina filosofía de la mente o psicología filosófica (Mulligan, 2004: 67). Por tal motivo es común encontrar en la literatura filosófica contemporánea referencias a la psicología descriptiva de Brentano como la filosofía de la mente brentaniana.

El objeto de estudio de la psicología empírica descriptiva brentaniana es el fenómeno mental. En este capítulo me referiré a la noción de intencionalidad como un concepto fundamental que permite a Brentano distinguir el fenómeno mental de los fenómenos físicos y a su vez explicar la relación entre el acto mental y su objeto. Las etapas del pensamiento de Brentano que consideraré aquí las estableceré en base a las tesis de la intencionalidad que el autor propone sucesivamente. Una primera etapa es la de Psicología desde un punto de vista empírico de 1874. Dicha obra representa al Brentano temprano y a su primera tesis de “la intencionalidad como una relación directa que tiende a una objetividad inmanente” (Libardi, 1996: 60). La segunda etapa corresponde al Brentano medio y en ella se incluyen sus lecciones sobre psicología descriptiva impartidas en la Universidad de Viena entre 1887 y 1891. Hacia el final de esta etapa, en sus lecciones de 1890-1, Brentano sigue sosteniendo una teoría inmanentista del objeto intencional pero ha desarrollado con mayor detalle la ontología que subyace a su teoría de la intencionalidad de Psicología de 1874.[4] Se trata de un período en el que Brentano ahonda en la descripción de las partes de los fenómenos mentales y en sus relaciones. Para ello desarrolla una teoría de las partes y los todos (Smith, 1988: 16).[5] En tercer lugar, la postura del Brentano tardío con respecto a la intencionalidad se manifiesta en el apéndice de 1911 a su Psicología. La teoría de la intencionalidad que defiende Brentano en este periodo implica la desaparición del carácter relacional adscripto a la intencionalidad y la negación de la in-existencia mental del objeto intencional (Libardi, 1996: 60, 68). En el transcurso de estas etapas se puede ver que Brentano realiza un cambio en el foco de interés que va desde lo psicológico hacia lo ontológico (Smith, 1996: 26).

1.2. La noción de intencionalidad en Psicología de 1874

1.2.1. La característica de los fenómenos mentales

En Psicología de 1874 Brentano indica que así como la ciencia natural tiene como objeto de estudio los fenómenos físicos, la psicología estudia los fenómenos mentales o psíquicos (Brentano, 2009 [1874]: 8).[6] Para diferenciar los fenómenos psíquicos de los fenómenos físicos Brentano establece una serie de criterios y ejemplos pero aclara que la propiedad que mejor caracteriza a los fenómenos mentales es su in-existencia intencional ((Brentano, 2009 [1874]: 75). El autor detalla esa característica con estas palabras:

“Todo fenómeno mental se caracteriza por lo que los Escolásticos de la Edad Media han llamado la inexistencia intencional (o mental) de un objeto, y lo que podríamos llamar, aunque no totalmente sin ambigüedad, referencia a un contenido, dirección hacia un objeto (el cual no debe ser entendido aquí como significando una cosa), u objetividad inmanente. Todo fenómeno mental incluye algo como objeto dentro de sí mismo, aunque no todos ellos lo hacen del mismo modo. En la representación algo es representado; en el juicio algo es afirmado o negado; en el amor, amado; en el odio, odiado; en el deseo, deseado, etc.” (Brentano, 2009 [1874]: 68).

Este pasaje invita a realizar algunas aclaraciones preliminares que pueden resultar provechosas al iniciar la presentación del pensamiento de Brentano. Conviene desde el inicio diferenciar dos posibles preguntas con respecto a la noción de intencionalidad en Brentano. Una pregunta es si la intencionalidad es una propiedad de la conciencia. Otra pregunta es si la intencionalidad es una relación. Siguiendo las afirmaciones del mismo Brentano, a la primera pregunta se debería responder que la intencionalidad es un criterio para clasificar los fenómenos de la conciencia; es sólo uno de los criterios, un “criterio positivo” (Brentano, 2009 [1874]: 68). La teoría de la intencionalidad de Brentano surge en su búsqueda de “una característica general de los fenómenos mentales que disting[a] esta clase de fenómenos de la clase de fenómenos físicos” (Brentano, 2009 [1874]: 69). De modo que la intencionalidad no es una propiedad general de la conciencia. Libardi resalta que “Brentano nunca se refiere a la ‘intencionalidad de la conciencia’, sino solo a la referencia intencional de los actos de la conciencia” (Libardi, 1996: 59). De modo que en lo que sigue, cuando emplee expresiones como ‘la intencionalidad’ no me estaré refiriendo a la intencionalidad como una propiedad de la conciencia.

A la segunda pregunta, por otra parte, se puede responder afirmativamente o negativamente según el período de Brentano considerado. El Brentano temprano de Psicología de 1874 considera que la intencionalidad es una relación. Como lo detalla Libardi, la intencionalidad es “una relación directa que tiende a una objetividad inmanente” (Libardi, 1996: 60). En contraste con lo que se dijo en respuesta a la primera pregunta, Libardi explica que “la relación intencional brentaniana no aspira (…) al estatus de esencia constitutiva de la conciencia, sino que parece limitarse a sí misma a ser aquella relación apropiada (qualified relation) que unifica los fenómenos psíquicos con sus contenidos” (Libardi, 1996: 59). En el Brentano tardío, en cambio, la intencionalidad no es una relación. Retomaré este punto en la sección final de este capítulo. Baste lo dicho hasta aquí como aclaración preliminar.[7]

Hechas tales aclaraciones preliminares, retomo ahora el comentario del pasaje arriba citado del cual se extraen los dos rasgos principales de la noción de intencionalidad en Brentano. Por un lado, la caracterización del objeto intencional como un objeto inmanente a la conciencia; el objeto intencional existe en la mente. El prefijo ‘in’ en ‘in-existencia’ no tiene un sentido negativo sino un sentido locativo. Por otro lado, la referencia o direccionalidad del acto psíquico hacia un objeto inmanente. Se trata –como se verá– de una relación que se da en el interior de la conciencia.

Si bien se podría pensar que el fenómeno físico al que aquí se refiere Brentano es la cosa física trascendente que existe en el mundo externo de manera independiente a la mente, ése no es el caso. Tanto el fenómeno físico como el fenómeno psíquico forman parte de la conciencia. De hecho, la primera afirmación de Brentano en el segundo libro de Psicología, es que “todos los datos de nuestra conciencia son divididos en dos grandes clases; la clase de los fenómenos físicos y la clase de los fenómenos mentales” (Brentano, 2009 [1874]: 59). Esta división no se aplica a las cosas en general y no implica por lo tanto una división entre lo que existe en la mente y lo que existe fuera de ella. Se trata de una división interna a la conciencia (Bell, 1999: 8).

De modo que si bien Brentano está tratando de dar una descripción psicológica de los fenómenos mentales, parece de vital importancia considerar qué entiende por fenómenos físicos dado que, según él, estos últimos también forman parte de la conciencia. No se debe confundir entonces fenómeno físico con objeto físico (Bell, 1999: 8). El fenómeno físico, tal como lo comprende aquí Brentano no es parte del mundo externo físico sino parte de la conciencia. Los ejemplos de fenómeno físico dados por Brentano son los colores o figuras que puedo ver, los sonidos que puedo escuchar, las temperaturas u olores que puedo sentir pero también los contenidos de la imaginación (Brentano, 2009 [1874]: 61). Es decir, los datos de la percepción sensible o de la imaginación son fenómenos físicos.

En contraste con el fenómeno físico así descripto Brentano afirma que el fenómeno psíquico no es lo que es representado en la percepción sensible o la imaginación sino que es el acto de representación (Vorstellung) mismo. Por ejemplo, “oír un sonido, ver un objeto coloreado, sentir calor o frío, así como los estados similares de la imaginación” (Brentano, 2009 [1874]: 60). De modo que si se contrasta la definición de fenómeno mental que se ha introducido en el pasaje citado más arriba con lo que Brentano afirma sobre el fenómeno físico como parte de la conciencia y como contenido de un acto de representación, se puede concluir que el fenómeno físico comparte con el fenómeno psíquico la propiedad de ser un objeto inmanente a la conciencia. Sin embargo, no comparte con éste último la direccionalidad de la conciencia. Así por ejemplo, si me represento sensiblemente o imaginativamente una esfera de color azul, el color azul que veo o que imagino es distinto del acto mental de representarme dicho color pero tanto el color como el acto de representármelo forman parte de mi conciencia.[8]

Ahora bien, para poder dar cuenta de la relación entre fenómeno psíquico y fenómeno físico Brentano debe explicar cómo es posible la experiencia de los propios estados mentales. Para hacerlo debe establecer una distinción metodológica entre percepción interna, observación interna –o introspección– y percepción externa.

1.2.2. Percepción interna y percepción externa

Según Brentano, “la percepción interna de nuestros propios estados mentales es la fuente primaria de las experiencias esenciales para las investigaciones psicológicas” (Brentano, 2009 [1874]: 26). La percepción interna de un estado mental no se da cuando se atiende a dicho estado mental sino cuando se atiende a un fenómeno físico. Se trata de una percepción secundaria que se da de manera simultánea con la percepción externa, es decir, la percepción del fenómeno físico (Brentano, 2009 [1874]: 22). Esto no puede ser de otra manera ya que según Brentano los fenómenos mentales no pueden ser atendidos de manera directa por medio de la observación interna o introspección. Brentano utiliza el ejemplo de una persona enojada. Si ésta quiere observar su estado interno de enojo, la atención sobre el enojo hace disminuir dicho enojo y por lo tanto el objeto original que deseaba observar podría desaparecer (Brentano, 2009 [1874]: 22).

La percepción interna, además, se caracteriza por ser inmediata, infalible y evidente (Brentano, 2009 [1874]: 70). Esta característica la diferencia de la percepción externa cuyo objeto, el fenómeno físico, no puede ser probado como verdadero ni real. Con respecto a esto es necesario aclarar que con percepción externa Brentano no se refiere a la percepción de las cosas físicas del mundo externo. Como lo explica Smith, no es posible tener una representación del mundo externo a la mente tal como éste es en sí (Cf. Smith, 1996: 41). Aunque se puede suponer que hay objetos externos que causan nuestras sensaciones, no hay conocimiento evidente de dichos objetos. A los objetos externos nunca se puede acceder directamente por medio de nuestras experiencias perceptivas normales. El objeto de la percepción externa, por ejemplo, un color o un sonido, es una cualidad sensible que forma parte de la conciencia, es un dato sensible inmanente. Aunque es posible suponer que hay objetos físicos que causan nuestras sensaciones, tales objetos no son los fenómenos físicos en tanto datos sensibles inmanentes a los que se refiere aquí Brentano. Como lo explica Smith, “la tesis de que hay tales objetos [físicos] no puede ser nunca un asunto de conocimiento evidente y tales objetos nunca pueden esperar llegar a servir como objetivos directos de nuestras experiencias perceptivas normales” (Smith, 1996: 41). Los fenómenos físicos aquí en cuestión para Brentano no tienen eficacia causal y no son reales. Esto último, como explica Smith, no quiere decir que no sean nada, sino que sólo tienen existencia en la mente, son entes de razón (Smith, 1996: 41). Por tal motivo, esta manera de concebir los fenómenos físicos implica que en Psicología de 1874, “la intencionalidad de la percepción externa es de hecho una relación entre dos entidades mentales, [a saber, el acto de sensación y la cualidad sensible]” (Smith, 1996: 41).[9]

En cambio, según Brentano la percepción interna es infalible e inmediata. Ante esto y siguiendo a Bell se puede preguntar cómo se justifica esa infalibilidad de la percepción interna (Bell, 1999: 25). Brentano afirma que los fenómenos de la percepción interna, es decir, los fenómenos psíquicos, son verdaderos en sí mismos; “así como aparentan ser, así son en realidad, un hecho atestiguado por la evidencia con la cual ellos [los fenómenos psíquicos] son percibidos” (Brentano, 2009 [1874]: 15). Según Bell aquí se encuentra una clave importante en la interpretación de Brentano. Se trata de una característica que comparte con Husserl en cuanto a los requisitos que deben cumplir los objetos a ser investigados. En primer lugar, dichos objetos deben ser tales que la distinción entre apariencia y realidad no se aplique. Y en segundo lugar, tales objetos deben ser dados en la experiencia (Bell, 1999: 25). En la frase recién citada de Brentano se sintetizan los dos requisitos.

Ahora bien, ¿cuáles son las cosas o entidades que satisfacen esos requisitos? No se trata de algo externo a la mente sino de la experiencia interna misma. De modo que la evidencia se sustenta en la reflexividad de la percepción interna. Así lo explica Bell al argumentar que el conocimiento de la percepción interna en Brentano es infalible “no porque sea un conocimiento del yo, o conocimiento restringido a la esfera de la subjetividad (…) sino porque es literalmente reflexivo” (Bell, 1999: 26). En contraste con los fenómenos psíquicos, los fenómenos físicos no exhiben una identidad entre apariencia y realidad. Los fenómenos físicos “son signos de algo real, lo cual, a través de su actividad causal, produce representaciones de [las cosas]” (Brentano, 2009 [1874]: 14). Pero según Brentano no podemos tener una experiencia de lo que realmente existe en el mundo externo. El carácter de signo del fenómeno físico establece una diferencia entre la representación y el mundo externo que se supone como causa de dicha representación (Walton, 1993a: 35). Es posible tener la representación de un color o un sonido pero no se pueden experimentar las ondas de luz o las vibraciones de aire que existen en el mundo físico externo a la mente (Rollinger, 2004: 260).[10] Hechas estas aclaraciones sobre la percepción interna y la percepción externa, es posible comprender con mayor claridad la distinción interna al acto mental entre objeto primario y objeto secundario.

1.2.3. Objeto primario y objeto secundario

Una distinción que describe la estructura de la relación intencional es la que Brentano hace entre objeto primario y objeto secundario del acto mental. Lo que intenta demostrar Brentano es que en un mismo acto mental hay una conexión entre el objeto de la representación interna y la representación misma (Brentano, 2009 [1874]: 98). El ejemplo utilizado por el autor es el de escuchar un sonido: “el sonido es el objeto primario del acto de escuchar y el acto de escuchar mismo es el objeto secundario” (Brentano, 2009 [1874]: 98). Un poco más adelante Brentano expresa la misma idea con otras palabras: “aparte del hecho de que éste [el acto mental] presenta el fenómeno físico del sonido, el acto mental de escuchar se convierte al mismo tiempo en su propio objeto y contenido, tomado como un todo” (Brentano, 2009 [1874]: 98).

Con estas afirmaciones de Brentano queda explicitada la teoría de la intencionalidad tal como la expone en 1874. Un primer aspecto es la direccionalidad primaria de la conciencia que se asocia a la percepción externa de fenómenos físicos. Un segundo aspecto es el objeto inmanente primario al que la conciencia se dirige. Y un tercer aspecto es una direccionalidad secundaria de la conciencia que se dirige de manera adicional sobre sí misma al mismo tiempo que se dirige sobre su objeto primario. Para esquematizar esta estructura de la relación intencional del primer Brentano, algunos comentadores suelen representar la forma más simple de la intencionalidad en la que se incluyen sólo los dos primeros aspectos y luego se agrega el tercer aspecto para completar el esquema de la forma más compleja (Bell, 1999: 11ss; Jacquette, 2004b: 101ss.). Introduzco seguidamente una representación de la forma más simple:

Figura 1. Forma simple de la intencionalidad o conciencia primaria. Fuente: Bell, 1999: 11.

Figura-01.jpg

La representación es ofrecida por Bell y se indica con ‘a’ el acto mental mientras que con ‘c’ se indica el contenido mental (Bell, 1999: 11). Cabe aclarar que Brentano no diferencia en Psicología de 1874 entre ‘contenido’ y ‘objeto’. En ambos casos se refiere al objeto inmanente. La flecha representa la direccionalidad de la conciencia que se dirige en todo acto mental a un objeto inmanente. Jacquette se refiere a dicha direccionalidad como “la proyección unidireccional de la relación intencional” (2004b: 99). Cuando a esto se suma el tercer aspecto de la tesis de la intencionalidad inmanente, resulta el siguiente esquema:

Figura 2. Forma compleja de la intencionalidad; conciencia primaria y secundaria. Fuente: Bell, 1999: 11.

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En este gráfico se observa el agregado de una flecha entrecortada que sale desde la flecha sin cortes. Esta flecha entrecortada representa la dirección secundaria de la conciencia sobre sí misma al momento de dirigirse primariamente hacia el objeto. Tal como lo aclara Bell, se trata de un “elemento reflexivo (…) que es dependiente de la presencia de la conciencia primaria sobre la cual sobreviene” (Bell, 1999: 11). La diferencia en los trazos intenta representar la prioridad de la dirección de la conciencia hacia el objeto. Brentano explica que si bien el objeto primario –por ejemplo el sonido– y el objeto secundario –el acto de escuchar– ocurren al mismo tiempo, hay una prioridad del objeto sobre el acto en cuanto a su naturaleza (Brentano, 2009 [1874]: 98).

Además de esto, no se debe olvidar que tanto el objeto primario como el objeto secundario se dan en el interior de la conciencia. Por esa razón los comentadores del Brentano de Psicología de 1874 le atribuyen la “tesis temprana de la intencionalidad inmanente o in-existencia intencional” (Jacquette, 2004b: 102). La forma simple de la intencionalidad expuesta en la Figura 1 debe considerarse de manera conjunta con la inmanencia que caracteriza a los términos de la relación intencional. Tal es la idea señalada por la tesis brentaniana de la intencionalidad inmanente que ha sido representada por Jacquette con el siguiente diagrama:

Figura 3. Tesis brentaniana de la intencionalidad inmanente. Fuente: Jacquette, 2004b: 102.

Figura-03.jpg

Tal como lo detalla Jacquette, la inmanencia del objeto intencional ocasiona serios problemas (Jacquette, 2004b: 103). El más importante de ellos es que si se acepta que el objeto es inmanente al acto psíquico de un individuo, no es posible que dos personas se refieran intencionalmente al mismo contenido sensible (Jacquette, 2004b: 103).[11] Por ejemplo, si Juan y Pedro se encuentran ante una esfera azul que está delante de ellos fuera de sus mentes en el mundo externo, cada uno de ellos tendrá su propia representación sensible de un color azul. El fenómeno físico que es el dato sensible constituido por el color azul al que se dirige primariamente el acto mental de Juan no es el mismo que el fenómeno físico intencionado por Pedro. La relación propia de la intencionalidad inmanente no excede los límites de la propia conciencia. El objeto físico extramental queda fuera de consideración en la teoría de la intencionalidad de Brentano ya que aunque se pueda suponer su existencia como causa de los fenómenos físicos intramentales, no se lo puede conocer pues es inaccesible. Pero si se considera sólo a Juan o a Pedro, se deja entrever otro problema al momento de dar cuenta cómo es posible que Juan, por ejemplo, mire la pelota azul y a la vez escuche una canción. En este caso se tiene simultáneamente ante la mente una multiplicidad de fenómenos psíquicos pero se trata sólo de una conciencia. El punto que debe aclarar Brentano es cómo es posible esa unidad de la conciencia.

1.2.4. La unidad de la conciencia

En continuidad con el tema central de la intencionalidad cabe mencionar que el planteamiento de la conciencia como un todo que unifica múltiples fenómenos mentales es, de hecho, el sexto de los criterios que Brentano propone para distinguir entre fenómenos físicos y fenómenos mentales. He desarrollado con mayor extensión el tercer criterio porque representa su teoría de la intencionalidad pero vale la pena aquí enumerar los seis criterios: 1) los fenómenos mentales son representaciones o se basan en representaciones –el resto de los fenómenos son fenómenos físicos–; 2) los fenómenos mentales aparecen como siendo sin extensión –los fenómenos físicos poseen extensión–; 3) los fenómenos mentales in-existen en la mente y se dirigen intencionalmente hacia un objeto –los fenómenos físicos no son intencionales–; 4) los fenómenos mentales son objeto de la percepción interna y se perciben con evidencia inmediata –los fenómenos físicos son objeto de la percepción externa y su verdad siempre es relativa–; 5) sólo los fenómenos mentales poseen existencia real aparte de su existencia intencional y 6) “la total multiplicidad de fenómenos mentales que se nos aparece en nuestra percepción interna siempre aparece como una unidad, (…) [a diferencia de] los fenómenos físicos que captamos simultáneamente a través de la así llamada percepción externa” (Brentano 2009 [1874]: 74).

Luego de dar cuenta de la característica de los fenómenos mentales y de los fenómenos físicos Brentano debe dar cuenta de cómo se mantiene la unidad de la conciencia. Según Brentano todo acto mental implica multiplicidad y complejidad o –dicho negativamente– carece de simplicidad pero esto no implica falta de unidad. Incluso en un acto simple como la representación de un color o de un sonido hay, como se detalló antes, dos objetos; un objeto primario –el fenómeno físico, la representación del color– y un objeto secundario –el fenómeno psíquico, la representación de la representación–. Brentano distingue la conciencia del objeto primario y la conciencia del objeto secundario pero aclara que no se trata de dos fenómenos distintos sino que son “dos aspectos de uno y el mismo fenómeno unitario” (Brentano, 2009 [1874]: 120). En un comentario al respecto Illescas (2006) señala lo siguiente:

“[L]o verdaderamente importante es no perder de vista que la representación que acompaña a un acto psíquico y que a él se refiere forma parte del objeto al cual dicho acto se refiere, de ahí que la conciencia del objeto primero y la del objeto segundo constituyan tan sólo dos aspectos complementarios e indisociables del mismo fenómeno” (Illescas, 2006: 63-64).

Brentano considera que hay tres clases de fenómenos mentales: representaciones, juicios y fenómenos de amor y odio. A su vez, afirma que todos los fenómenos mentales son representaciones o se basan en representaciones. De modo que al considerar los juicios o los fenómenos de amor y odio también debe dar cuenta de cómo se unifican dichos fenómenos mentales ante la percepción interna de nuestra propia conciencia. Sin importar la complejidad de la experiencia, la conciencia siempre mantiene su unidad. Como lo indica Smith, en Brentano hay que diferenciar dos tipos de complejidad en el interior de la conciencia y dos correspondientes mecanismos de unificación (Smith, 1996: 44; Brentano, 2009 [1874]: 121-2).

La primera dificultad se da cuando hay una multiplicidad de actos psíquicos que se dirigen hacia un solo objeto (Brentano, 2009 [1874]: 121; Smith, 1996: 44). Por ejemplo, soy consciente del color de una copa de vino que tengo ante mi mente, sobre esa representación se basa mi juicio en el que acepto y creo en dicha representación –podría también negarla o no creer en ella– y finalmente me intereso por el objeto de mi representación y lo deseo –aunque podría también odiarlo– (Brentano, 2009 [1874]: 153). Siguiendo los comentarios de Smith, en este caso los tres fenómenos psíquicos son unificados porque comparten el mismo objeto intencional provisto por la representación. No puede haber juicios o fenómenos de interés sin que haya una representación en la que se basen. Pero a la vez dicho objeto intencional debe ser inmanente a la conciencia que realiza el acto mental.

Al tratarse de la complejidad de la conciencia que se da en casos que su unidad se encuentra dada por la referencia al mismo objeto intencional se puede realizar otra precisión. En estos casos se da una ‘independencia parcial’ o ‘unilateral’ (one-sided) entre los fenómenos mentales unificados. Así, no es posible desear la copa de vino sin tener una representación de ella pero sí es posible tener una representación sin desearla. Sólo uno de los dos fenómenos mentales es independiente del otro. Además de este tipo de independencia unilateral se puede dar una independencia multilateral entre los fenómenos mentales. En ninguno de los dos casos se altera la unidad de la conciencia (Brentano, 2009 [1874]: 122; Smith, 1996: 44).

Con la independencia multilateral se da la segunda dificultad que implica según Brentano una complejidad mayor y que consiste en “el hecho de que nuestra actividad mental puede ser dirigida hacia más de un objeto primario, por ejemplo, cuando vemos y escuchamos al mismo tiempo” (Brentano, 2009 [1874]: 121-122). Según Illescas (2006) lo que Brentano intenta explicar aquí es lo siguiente:

“[C]uando nuestra atención se fija al mismo tiempo en diversos objetos primeros, por ejemplo, cuando vemos y escuchamos simultáneamente, hay razones para afirmar que uno y otro fenómenos pertenecen a la misma unidad real. Podemos, en efecto, reconocer en ellos dos fenómenos distintos, pero si podemos comparar uno con otro es porque lo hacemos desde un acto que, al abrazarlos, constituye una unidad efectiva” (Illescas, 2006: 65).

A esto se puede agregar que si bien hay una relación de menor dependencia o menos intrínseca entre fenómenos mentales simultáneos dirigidos a distintos objetos, ello no impide que ambos formen parte de la unidad real de la conciencia. Esto se debe a que son fenómenos parciales o miembros particulares (divisives) de un todo real. Aunque uno de estos fenómenos psíquicos deje de existir, el todo real del que forman parte –la conciencia– continúa existiendo. Así, el hecho de que comiencen o dejen de existir diversos fenómenos mentales no afecta la unidad de la conciencia. Por ejemplo, no afecta la unidad de la conciencia el hecho de que alguien que está simultáneamente bebiendo una copa de vino y escuchando una música que entra por la ventana cierre los ojos al tomar un trago de vino, deje de ver la copa y siga escuchando la música (Brentano, 2009 [1874]: 124-125; Smith, 1996: 46; Huemer, 2014).

Cabe resaltar que en la resolución de este segundo aspecto de la complejidad de la conciencia unitaria interviene el supuesto de la inmanencia intencional. Punto que Smith detalla de la siguiente manera:

“Así yo puedo por ejemplo aprehender automáticamente aquello que ahora veo y aquello que ahora escucho (los objetos que se me presentan de manera ordinaria en esas experiencias) no son idénticos, y de nuevo: esto es concebible sólo si los objetos son inmanentes al acto. (…) Cuando, por ejemplo, yo simultáneamente veo y escucho, entonces yo capto esta simultaneidad inmediata y automáticamente, de un modo que, sostiene Brentano, sería imposible si los dos actos constituyeran una mera pluralidad” (Smith, 1996: 45).

Para Brentano una mera pluralidad o una colección (collective) no es lo mismo que una cosa real. Una colección es un todo que resulta de una unificación abstracta o impropia. Un fenómeno parcial (divisive) “es una entidad que no es una entidad en y por sí misma, sino sólo como parte de algo más” (Smith, 1996: 45). Lo que Brentano parece querer afirmar es que los fenómenos mentales son fenómenos parciales del todo real y unitario de la conciencia. Es posible distinguir los fenómenos mentales con respecto a la unidad real de la conciencia sin por ello confundir los fenómenos parciales entre sí. Un fenómeno mental, en tanto fenómeno parcial no puede establecer una relación de identidad real con otro fenómeno mental (Brentano, 2009 [1874]: 124-125).

Es en base a la consideración de estos conceptos que introduce Brentano para explicar la unidad de la conciencia que se puede ver aquí un antecedente de la teoría de los todos y las partes –o mereología– que Brentano desarrolla posteriormente. Según Smith, para 1874 en Brentano sólo había en germen una ontología sobre las partes de la conciencia y los diferentes modos de relacionarse para formar distintos tipos de todos unitarios. Pero en los años posteriores, en Viena, Brentano (2002 [1890/1]) brindó una serie de lecciones en las que desarrolló una ontología y una mereología que constituyeron el núcleo de su Psicología descriptiva (Smith, 1996: 47). Dada esta influencia de la teoría de las partes sobre la noción de intencionalidad, algunos comentadores hablan de una forma mereológica de la tesis de la intencionalidad de Brentano (Smith, 1996: 51).

1.3. Psicología descriptiva: las partes y las relaciones de la conciencia

1.3.1. De las partes separables a las partes distincionales

Psicología descriptiva es una compilación de manuscritos de las lecciones que Brentano dictó en la Universidad de Viena entre 1887 y 1891. Las lecciones de 1887-8 y de 1888-9 se ocupan principalmente de cuestiones relacionadas con la psicología de los sentidos mientras que las de 1890-1 se ocupan sobre todo de la naturaleza de la psicología descriptiva (Baumgartner y Chisholm, 2002: xvi). Me ocuparé de algunas cuestiones de las lecciones de 1890-1 dado que en ellas Brentano se ocupa de manera detallada de los elementos de la conciencia y de los modos en que los mismos se relacionan bajo la convicción de que “la conciencia es algo que consiste en una multitud de partes” (Brentano, 2002 [1890/1]: 13). En continuidad con lo expuesto anteriormente, se observa que la profundización en el análisis de la conciencia utilizando elementos de la teoría de los todos y las partes está motivada por el problema de la unidad de la conciencia, la cual es una pero no es simple (Libardi, 1996: 38).

Para contextualizar el análisis que Brentano ofrece en Psicología descriptiva vale aclarar los tipos de partes que él distingue: físicas, lógicas y metafísicas. Tal como lo explican Baumgartner y Simons, las partes físicas son las partes de los cuerpos –por ejemplo, su cola es una parte del gorrión–. Las partes lógicas son las partes de la definición de algo; se trata de una determinación del tipo al que pertenece un individuo –por ejemplo, la determinación ‘Pájaro’ es una parte lógica de un gorrión–. Las partes metafísicas se diferencian de las partes físicas por su mayor generalidad. Las partes físicas son partes de substancias corporales y sólo pueden existir como partes de dichas substancias pero las partes metafísicas pueden ser partes de sustancias corporales y también pueden ser partes de otras partes metafísicas. De modo que esa teoría de las partes y todos metafísicos le permite a Brentano ocuparse de los problemas entre substancia y accidente y entre cuerpo y mente (Baumgartner y Simons, 1994: 62-63). En Psicología descriptiva Brentano no se ocupa de cómo una parte metafísica como el alma se relaciona con el cuerpo sino que se ocupa del todo metafísico de la conciencia y de sus partes metafísicas. En este sentido, tal como lo indica Smith, dado que Brentano considera que los objetos de la experiencia son partes de la mente, “la ontología es una parte propia de la psicología racional o descriptiva” (Smith, 1992/3: 1).[12]

Según Brentano el hecho de que haya partes implica que hay separación o separabilidad (Smith, 1992/3: 4). La principal distinción de partes que según Brentano se establece al interior de la conciencia es entre partes separables y partes distincionales. Las partes separables o realmente separables son aquellas tales que, al menos una de ellas, puede continuar existiendo aunque la otra deje de existir. Además, dado un par de partes separables, las mismas pueden ser mutuamente separables o sólo unilateralmente separables. Las partes mutuamente separables son aquellas en que cualquiera de las partes de un par de partes puede continuar existiendo cuando la otra deja de existir. Por ejemplo, si en mi conciencia tienen lugar dos representaciones, tales como ver y escuchar, es posible dejar de ver –la copa de vino– y seguir escuchando la música o bien dejar de escuchar la música y seguir viendo la copa de vino. Las partes unilateralmente separables son aquellas en las que sólo un miembro del par –el que ha existido primero– puede continuar existiendo cuando deja de existir el otro –el que ha existido más tarde–. Por ejemplo, cuando veo una copa y luego de dicha representación realizo un juicio sobre dicha copa. La representación puede continuar existiendo aunque no exista el juicio pero el juicio no puede existir separado de la representación; análogamente se puede pensar una premisa sin pensar en una conclusión pero no puede existir una inferencia sin pensar la premisa. Según Brentano, las partes separables de manera mutua o unilateral son actos psíquicos (Brentano, 2002 [1890/1]: 15; Baumgartner y Chisholm, 2002: xviii; Smith, 1992/93: 4-5).

Las partes distincionales de la conciencia son identificadas a partir de una sucesiva división de las partes separables de la conciencia hasta llegar a partes que ya no pueden dividirse más, ya sea unilateralmente o recíprocamente. Brentano llama a este tipo de partes, elementos de la conciencia humana y dice que en algún sentido tales partes separables últimas pueden aún tener más partes distinguibles. Brentano ilustra este concepto con el siguiente ejemplo:

“Alguien que cree en átomos cree en corpúsculos que no pueden ser disueltos en cuerpos más pequeños. Pero incluso así él puede hablar de mitades, cuartos, etc. de átomos: partes que son distinguibles incluso cuando ellas no son realmente separables” (Brentano, 2002 [1890/1]: 16).

Tal como lo indican algunos comentadores, se puede decir que las partes distincionales son aquellas que “son distinguibles en el pensamiento pero no en la realidad” (Baumgartner y Chisholm, 2002: xix). También en el caso de las partes distincionales se puede hablar de distintos tipos de distincionalidad (Smith, 1988: 5). Uno de los tipos de partes distincionales son las partes mutuamente penetradas. Por ejemplo, dada en nuestra conciencia una representación visual, una experiencia visual, sólo se pueden separar distincionalmente las determinaciones de color, extensión espacial y luminosidad de una copa de vino que veo ante mí (Brentano, 2002 [1890/1]: 20, 22-23). Tal como lo explica Smith, Brentano está preocupado aquí sobre todo por el fenómeno en tanto espacio vivido: “un pedazo de espacio experienciado no existe fuera del contexto de un acto de conciencia dado, donde [el espacio] es siempre (por ej.) coloreado de este o aquel modo y con este o aquel momento específico de color” (Smith, 1992/93: 6).

Otro tipo de partes distincionales son las partes lógicas. Éstas se caracterizan por exponer una separabilidad unilateral (Brentano, 2002 [1890/1]: 24). Por ejemplo, en la representación del color rojo, la especie representación es una parte lógica de la representación individual del color rojo. No puede darse una representación si no es representación de algo. Según Smith esto puede interpretarse como una variante de la tesis de la intencionalidad de Brentano (Smith, 1992/93: 6). Análogamente, el carácter más general de acto consciente es una parte lógica de todos los fenómenos mentales; cada representación, juicio o deseo tiene como parte lógica el carácter de acto consciente (Smith, 1992/93: 7).[13]

Otro tipo de partes son las partes del par intencional de correlatos las cuales se caracterizan según Smith por una separabilidad distincional recíproca. Según Brentano todas las partes separables de la conciencia, es decir, todos los fenómenos mentales, se caracterizan por poseer una relación intencional. Dicha relación consta de dos correlatos: “un correlato es el acto de conciencia, el otro es aquello hacia lo que [el acto] se dirige” (Brentano, 2002 [1890/1]: 23). Algunos ejemplos son el ver y lo que es visto, la representación y lo que es representado, amar y lo que es amado.

Sólo uno de los pares del correlato es real –el acto– mientras el otro no es real –el objeto– (Brentano, 2002 [1890/1]: 24). Según Smith, Brentano entiende aquí por no real que el correlato objetivo del acto no tiene una causa en sentido propio y que tampoco ejerce ningún efecto en sentido propio. El acto de la conciencia es causado por la persona que piensa y por lo tanto el correlato de este acto, el objeto inmanente a la conciencia está también co-presente como correlato (Smith, 1992/93: 7).[14] De manera que el modo en que entra en la existencia el correlato objetual es similar al de un todo colectivo. Así como la colección existe automáticamente cuando comienzan a existir sus miembros, “el correlato objetual existe automáticamente cuando comienza a existir el correspondiente acto” (Smith, 1992/93: 8).

Brentano sigue sosteniendo aquí su teoría de la inmanencia del correlato objetivo del par intencional de correlatos. Se trata de un objeto que reside en la conciencia y no en el mundo externo (Brentano, 2002 [1890/1]: 24). En tanto que estos correlatos son interpretados por Brentano como separables el uno del otro sólo de una manera distincional, no puede haber un acto psíquico sin un contenido correspondiente ni un contenido sin un acto psíquico. Esto explica la unidad de los miembros del par intencional de correlatos y según Müller los fenómenos psíquicos “no son ni meros actos ni meros contenidos sino todos en los cuales contenido y acto están inseparablemente relacionados por medio de la intencionalidad” (Cf. Brentano 2002 [1890/1]: 180, n. 8a).

Además de las anteriores, Brentano también menciona otro tipo de partes distincionales; las partes de la relación intencional que así como el par de correlatos en el que se da esta direccionalidad posee una separabilidad distincional mutua (Smith, 1992/93: 8). Se trata de una relación dual o una doble energía en la que se distingue entre una relación psíquica primaria y una relación psíquica secundaria. La relación primaria se da entre el acto y el correlato objetivo inmanente y la relación secundaria se da entre el acto y el acto mismo. Dice Brentano que “toda conciencia, sobre cualquier objeto a la que esté primariamente dirigida, se dirige concomitantemente sobre sí misma” (Brentano, 2002 [1890/1]: 25). De modo que la conciencia tiene una direccionalidad primaria que se dirige sobre el objeto –por ejemplo, la relación del ver hacia lo visto– pero a su vez hay una direccionalidad secundaria que se dirige sobre la direccionalidad primaria misma (Smith, 1992/93: 8). La relación en cuestión no se puede caracterizar como la conexión de partes lógicas; no es una determinación genérica sobre una especie. Tampoco se trata de una relación entre partes mutuamente penetradas en la que la relación se dirige hacia uno y el mismo objeto. En el caso de la relación dual en cuestión, “el experienciar el color y la experiencia concomitante de esta experiencia están dirigidas hacia diferentes objetos” (Brentano, 2002 [1890/1]: 27).

Además de los cuatro tipos de partes distincionales en sentido propio hay también, según Brentano, partes distincionales en sentido modificado o impropio. Se trata de una distinción entre el color como objeto primario inmanente –que es uno de los correlatos del par intencional– y el color real de una cosa externa. El color visto contiene al color real pero no como una parte distincional en sentido propio sino en sentido impropio (Brentano, 2002 [1890/1]: 29; Smith, 1992/93: 9). Tal como lo indica Smith, el tratamiento de las partes distincionales en sentido impropio está en línea con la doctrina de la inexistencia intencional del objeto del acto psíquico y con la falta de correspondencia entre dicho objeto inmanente y el objeto en el mundo externo (Smith, 1992/93: 9).

1.3.2. El substrato físico de los actos psíquicos

El recorrido del apartado anterior señala que los actos psíquicos se pueden analizar desde la psicología descriptiva identificando sus partes separables y sus partes distincionales. Brentano además explica que hay actos fundamentales y actos superpuestos lo cual implica un orden de jerarquía entre los actos psíquicos (Smith, 1988: 78). Los actos superpuestos son los juicios o los deseos que se realizan en base a una representación. En cambio, las representaciones son actos fundamentales, son las bases sobre los que se fundamentan los demás actos. Ahora bien, Brentano aclara que los actos fundamentales son actos relativos a un substrato físico o que tienen como objeto primario un fenómeno sensorial:

“Si miramos a aquellos actos psíquicos que siendo fundamentales pertenecen a la primera clase principal, [podremos ver que] ellos son sin excepción actos que tienen fenómenos sensoriales como objetos primarios. Es decir, ellos contienen como relación primaria un presentar de un contenido sensorial concreto. [Por] ejemplo: toda experiencia sensorial (…).” (Brentano, 2002 [1890/1]: 90).[15]

Esta afirmación de Brentano resalta la importancia del contenido sensorial de la representación sobre la que se basan los actos superpuestos. Tal como lo indica Bell, Brentano es más insistente sobre este punto en los años de sus lecciones sobre psicología descriptiva que en su Psicología de 1874; cada “representación tiene como núcleo un fenómeno físico” (Bell, 1999: 27). La siguiente figura de Bell es útil para ilustrar las relaciones entre las partes de la conciencia a la que da lugar el planteamiento del mencionado núcleo sensible:

Figura 4. Fenómeno físico como núcleo de la representación y juicio sobre la representación. Fuente: Bell, 1999: 22.

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El círculo sombreado del centro representa un fenómeno físico (x), un objeto primario de una representación. Esta es la base sobre la cual se establecen las representaciones (y) y los demás fenómenos psíquicos que se basan en las representaciones –juicios, deseos–. Las áreas claras representan los fenómenos psíquicos. El fenómeno físico (x) en tanto objeto primario es una parte propia del acto de representación (y) que se dirige a él. A su vez la representación puede ser el objeto primario de un juicio (z). Ahora bien, en este punto es conveniente aclarar la noción de parte propia.

Tal como lo aclara Bell, “si x es una parte propia de y, entonces x no es idéntica a y” (Bell, 1999: 19). Si el fenómeno físico x –por ejemplo, una copa de vino– es una parte propia de la representación y –por ejemplo, el ver la copa de vino–, entonces el objeto intencional inmanente que es la copa de vino no es idéntico al acto psíquico de ver la copa de vino. Al referirse a las partes propias, Bell tiene en cuenta la noción de fenómeno parcial (divisive) que como lo indica Smith no existe por sí solo sino como parte de un todo más amplio que lo incluye (Smith, 1996: 45). El objeto inmanente sólo existe en la conciencia, in-existe en ella como correlato del acto psíquico intencional. De modo que el tipo de relación todo-parte entre la conciencia y sus partes se dice que es la de un todo fuerte constituido por partes propias donde hay una dependencia mutua entre el todo y sus partes (Bell, 1999: 20).

Esta explicación en base al esquema de Bell del tipo de relación entre todo y parte, donde los fenómenos físicos son partes propias de las representaciones y éstas a su vez son partes propias de fenómenos psíquicos es aplicable sólo a la relación primaria de la doble direccionalidad intencional. Esto es, cuando la conciencia se dirige primariamente hacia un fenómeno físico en la representación o cuando el fenómeno psíquico se refiere primariamente a otro fenómeno psíquico –por ejemplo, el juzgar sobre una representación–. Sin embargo, no es posible representar la relación de parte-todo de la direccionalidad secundaria de la conciencia con el modelo de las partes propias. Esto se debe a que en el planteo de Brentano la direccionalidad secundaria de la conciencia no se puede separar de la direccionalidad primaria pero sí se la puede distinguir. Dicho de otra manera, dado que una parte propia –a diferencia de una parte impropia– no es idéntica al todo del que es parte, el fenómeno mental en Brentano tiene una parte propia que es el acto primario dirigido intencionalmente al objeto inmanente y una parte impropia que es el mismo acto mental en tanto parte distincional al cual la conciencia se dirige por medio de la percepción interna.[16]

Como se vio en Psicología de 1894 y luego al indicar la doble energía psíquica propia de las partes distincionales de la relación intencional, la direccionalidad secundaria de la conciencia se da entre el acto y sí mismo. Esta direccionalidad secundaria es la que caracteriza a la percepción interna que se dirige sobre sí misma. Si bien de acuerdo con una noción de parte en sentido amplio es posible que una cosa sea parte de sí misma, este abarcarse a sí misma no es posible en el caso de la noción más estrecha de parte que implica el concepto de parte propia. De modo que si se aplican los conceptos de parte propia y todo fuerte, éstos no se ajustan a la direccionalidad secundaria que se da al interior de la conciencia. Según Bell, no es que un modelo o esquema teórico sea inadecuado para representar correctamente las ideas de Brentano, sino que hay incoherencias al interior de la teoría de las partes y los todos de Brentano (Bell, 1999: 22).[17] Más allá de la corrección de la crítica de Bell, me interesa indicar aquí que es posible suponer entonces que Brentano en algún sentido se percató de la dificultad de utilizar el mismo criterio para distinguir las relaciones parte-todo en el caso de la direccionalidad primaria y en el de la direccionalidad secundaria. En Psicología aclara que ambos objetos forman parte de un único y simple acto que sólo pueden ser divididos conceptualmente (Brentano, 2009 [1874]: 98). Y en Psicología descriptiva las partes distincionales son aquellas que sólo se pueden distinguir en el pensamiento pero no en la realidad (Baumgartner y Chisholm, 2002: xix).

Para la época de Psicología descriptiva Brentano conserva las principales tesis de la teoría de la intencionalidad propuestas en 1874. En síntesis, comprende la intencionalidad como “una relación entre un acto y un contenido inmanente u ‘objeto del pensamiento’ (sobre todo como una relación entre actos de sensación y datos sensoriales inmanentes)” (Smith, 1996: 54) Al ser antecedidas por ‘sobre todo’ las palabras del paréntesis indican el énfasis que señala Smith específicamente para el caso de la intencionalidad de los actos de percepción externa de los fenómenos físicos. En tal caso, como lo explica Smith, se da una relación entre el acto de sensación, –por ejemplo, el ver y el oír– y la cualidad sentida –por ejemplo, el color y el sonido– (Smith, 1996: 41). De manera que aquí se vuelve a resaltar el antes mencionado énfasis en la importancia del substrato físico para el Brentano de 1890/1 (Bell, 1999: 27; Smith, 1992/93: 4-5). Este énfasis en la importancia del substrato parece un indicio de una preocupación latente pero no manifiesta por el correlato real de la experiencia en el mundo externo. En cambio, los alumnos de Brentano –de los cuales aquí Twardowski y el temprano Husserl serán tomados como ejemplo– no sólo plantean críticas a la doctrina del objeto inmanente sino que también comienzan a concebir a los objetos trascendentes como término de la relación intencional (Smith, 1996: 54).[18]

Expondré en los próximos capítulos algunas de las reacciones de Twardowski y Husserl en el marco de la noción de intencionalidad que Brentano reintroduce en la modernidad. Pero antes, cerraré este primer capítulo con una breve alusión a las principales tesis de su etapa final. Los principales cambios serán expuestos por Brentano en 1911 en el apéndice de la segunda edición de su Psicología.

1.4. La noción de intencionalidad en el Apéndice de Psicología de 1911

1.4.1. La crisis de la inmanencia

Casi cuarenta años después de la primera edición de su Psicología de 1874 Brentano prepara una nueva publicación del mismo libro. El texto de 1911 consiste básicamente en la edición de los capítulos 5 a 9 del segundo libro de su Psicología de 1874 y en el agregado de un apéndice con once secciones. La nueva introducción, las notas a los capítulos y las aclaraciones del apéndice testimonian que Brentano para 1911 ha examinado y modificado su teoría de 1874 (Albertazzi, 2006: 155). Según lo explicita en el título del apéndice su objetivo es “explicar y defender como así también corregir y expandir la teoría” (Brentano, 2009 [1911]: 211). Este apéndice se inscribe dentro de un periodo de años que va de 1902 a 1916 donde Brentano ingresa en la fase final del desarrollo de su pensamiento. Tal como lo explica Jacquette, el principal cambio es la adopción de una posición reista según la cual “sólo los objetos físicos concretos pueden ser legítimamente intencionados” (Jacquette, 2004b: 116). Según la síntesis de Woleński, el ‘reismo’ es la doctrina que sostiene que “sólo las cosas existen [y su] nombre se deriva del sustantivo latino ‘res’ (‘cosa’)” (Woleński, 2012; Cf. Albertazzi, 2006: 37, n. 143). Así, los objetos intencionados no son inmanentes sino trascendentes. Brentano abandona su primera tesis de la intencionalidad inmanente y comienza a defender la aprehensión directa de los objetos como intencionalidades independientes de la mente (Jacquette, 2004b: 116). Dentro del periodo reista mencionado se sitúa la llamada crisis de la inmanenciade Brentano (Jacquette, 2004b: 106).

Antes de ingresar a la crisis de la inmanencia Brentano considera que dentro de la esfera de las cosas existentes no se encuentran solamente la totalidad de las cosas reales sino también muchos existentes no reales. Entre éstos últimos se cuentan, por ejemplo, los objetos inmanentes, los agregados, las propiedades, las relaciones y los contenidos proposicionales (Chrudzimski y Smith, 2004: 210). Pero al ingresar en su etapa reista parece quedar al descubierto que Brentano había aceptado en su período temprano muchas entidades no reales de manera forzada sin sentirse totalmente a gusto con ellas. De modo que algunas entidades que antes se habían considerado como no reales–tales como las partes físicas, los agregados, los límites y los accidentes– ahora se consideran como reales. Por otra parte, las entidades no reales –tales como los objetos inmanentes, los objetos temporalmente modificados y las entidades proposicionales– son rechazadas y consideradas como el resultado de una inadecuada interpretación del lenguaje (Chrudzimski y Smith, 2004: 211).

Dicho en otros términos, en el Brentano temprano y medio los fenómenos sensibles que forman parte del acto psíquico fundamental antes indicado son cosas individuales. Estos objetos de la sensación son objetos intencionales inmanentes; sólo “existen como correlatos insubstanciales de la experiencia” (Baumgartner y Chisholm, 2002: xxii). Ver –en tanto experiencia– es algo real mientras que la copa de vino que es objeto de mi representación no es algo real. Pero en el Brentano tardío no hay entidades insubstanciales y por lo tanto “las cosas individuales que son objetos de la sensación no existen” (Baumgartner y Chisholm, 2002: xxii).

Estas nuevas ideas son las que llevan a Brentano a afirmar en la introducción a la edición de Psicología de 1911 que ha dejado de lado “la opinión de que la relación mental pueda tener algo distinto que la cosa real [Reales] como su objeto” (Brentano, 2009 [1911]: xxiii). En el contexto del reismo, para la ontología del Brentano tardío sólo existen las cosas individuales y sus propiedades particulares (Jacquette, 2004b: 116). Ahora bien, esto implica un cambio en la teoría de la intencionalidad que Brentano va a exponer en el mencionado apéndice donde pretende, entre otras cosas, dar cuenta de que la referencia mental a un objeto no es una relación en un sentido estricto.

1.4.2. El cuestionamiento de la ‘relación’ intencional

Como se detalló antes, la llamada ‘crisis de la inmanencia’ es el marco teórico en el cual Brentano deja de utilizar la expresión ‘objeto intencional’ pues cesa de afirmar la existencia de los objetos inmanentes (Libardi, 1996: 60 y 68). Junto a este cambio se debe considerar una modificación en su teoría de las relaciones. Brentano ahora no afirma que la actividad mental tenga el carácter de una relación en sentido estricto sino que sólo “parece ser algo relacional” (Brentano, 2009 [1911]: 211). A diferencia de otras relaciones donde los dos términos son reales, en esta ‘relación’ intencional propia de la actividad intencional sólo es real uno de los términos, al que Brentano llama “el primer término” o “el fundamento” (Brentano, 2009 [1911]: 211). Tal primer término es la persona que piensa: “la única cosa que es requerida por la referencia mental es la persona que piensa” (Brentano, 2009 [1911]: 212).

Pero, ¿qué sucede con el segundo término de la ‘relación’? Según Brentano tal término no es necesario que exista (Brentano, 2009 [1911]: 212). De modo que para Brentano en su etapa tardía la direccionalidad de la intencionalidad no implica una relación en sentido estricto. Como lo detalla Libardi, al desaparecer el carácter de relacionalidad que se le atribuía, “la intencionalidad se convierte sólo en la ‘ficción’ de una relación (etwas Relativliches), mientras que el objeto inmanente se convierte en un mero término ‘sincategoremático’” (Libardi, 1996: 60). Como se indicó antes, la teoría brentaniana de las relaciones no es precisamente uno de los aspectos más estudiados de su filosofía (Libardi, 1996: 57). Sin embargo, dado que los cambios que Brentano realiza en su teoría de la intencionalidad van de la mano de los cambios en su teoría de las relaciones en su última etapa reista, haré unas breves consideraciones al respecto.

Como lo explica Libardi, “la principal característica de una relación es el hecho de que tanto el fundamento como el término son reales” (Libardi, 1996: 57). ‘Real’ y ‘existente’ no se deben confundir. Para comprenderlo se debe diferenciar entre “existencia en sentido propio o efectivo (Dingliches, Wesenhaftes, Reales) y existencia mental, intencional o fenomenal o in-existencia” (Libardi, 1996: 60). El concepto de existencia, además, también se puede aplicar a no-cosas (non-things, Undinge) (Cf. Libardi, 1996: 60). Teniendo en cuenta esta diferencia entre ‘real’ y ‘existente’, se comprende mejor que según Libardi “Brentano sostiene que una relación puede subsistir incluso si el término no existe” (Libardi, 1996: 57).

Todos estas observaciones están supuestas en la afirmación que el mismo comentador hace al definir la primera tesis de la intencionalidad de Brentano donde aún se le atribuye el carácter de una relación: “la tesis fundamental de la teoría de la intencionalidad de Brentano afirma que la conciencia es siempre conciencia de algo, incluso si este ‘algo’ (Etwas) no siempre es necesariamente una ‘cosa’ (Ding)” (Libardi, 1996: 59). Dicho con otras palabras, en el primer Brentano, aún se atribuye un tipo de existencia – la existencia intencional, mental– a las no-cosas (non-things, Undinge); se trata, de los objetos intencionales que son inmanentes a la conciencia. Como lo señala Libardi, cuando Brentano pasa por la crisis de la inmanencia y se convierte al reismo, rechaza la existencia de las entidades no reales. En el reismo atribuye existencia sólo a las cosas (Dinge) (Libardi, 1996: 60). Este cambio en su modo de comprender la existencia o no existencia de las entidades reales y de las no reales es lo que ocasiona en Brentano el cambio en su teoría de las relaciones.

Sin embargo, el criterio fundamental de la teoría de las relaciones es el mismo tanto en el primer Brentano como en el Brentano tardío. Como lo afirma Libardi: “Brentano siempre sostuvo que la existencia del término es el criterio por el cual se distinguen los diversos tipos de relación” (Libardi, 1996: 61). En la etapa reista, la relación psíquica llega a definirse como una cuasi-relación o una referencia psíquica pero no es una “relación en el sentido propio”(Libardi, 1996: 61). En el contexto reista, los dos términos de la relación deben ser reales y como se deja de reconocer a los objetos inmanentes, la relación psíquica deja de ser una relación. De modo que “en la relación psíquica –esto es, cuando alguien piensa algo– por necesidad sólo el pensador existe, [pero] no [existe] el objeto de su pensamiento” (Libardi, 1996: 61). Mulligan y Smith (1986) han señalado de manera sintética el mismo punto en el que se contrasta este cambio que ocurre entre el periodo temprano y el periodo tardío de Brentano:

“El Brentano temprano entendía los términos de las actividades mentales como siendo entidades intencionales peculiares, que él llamó ‘objetos del pensamiento’. El Brentano tardío redujo [dichas entidades] al estatus de meras ficciones. De ese modo cambió [su opinión] hacia una posición donde los actos mentales son solo ‘como una relación’ (relation-like) (etwas Relativliches)” (Mulligan y Smith, 1986: 21, n. 40).[19]

En su apéndice Brentano también dedica un apartado para distinguir entre objetos genuinos y objetos ficticios (Brentano, 2009 [1911]: 227-234). Como trasfondo de este apartado se encuentra una distinción entre el contenido y el objeto de las representaciones pero tal como lo indican algunos comentadores Brentano no parece haber entendido –o al menos no del mismo modo que sus contemporáneos– la distinción entre contenido y objeto (Jacquette, 2004b: 117). Dentro de los límites de la presente instancia, esta breve alusión a la etapa final del pensamiento de Brentano basta para marcar el contraste con su etapa temprana y principalmente para introducir la cuestión del contenido de las representaciones como una de las claves para ver otras nociones de intencionalidad que surgen a partir de la propuesta inicial de Brentano. Con respecto a él, se debe reconocer que su mayor mérito, claro está, no es haber brindado todas las respuestas sobre la noción de intencionalidad sino haber motivado discusiones que dieron lugar a distintas líneas de investigación entre sus alumnos. La alusión a la noción de ‘contenido’ de la representación será frecuente a partir del próximo capítulo en el que me ocuparé de la teoría de la intencionalidad en Kasimir Twardowski. Éste fue uno de los alumnos de Brentano en su etapa temprana y que en respuesta a los problemas generados por la teoría de la intencionalidad de su maestro introduce la distinción entre acto, contenido y objeto de la representación.


  1. Las indicaciones bibliográficas entre paréntesis incluyen el año de la edición de la versión del texto que utilizo en cada caso y entre corchetes se indica el año de la publicación original por parte del autor en caso de textos publicados en vida o el año en que fue escrito por el autor en caso de textos publicados póstumamente.
  2. El detalle cronológico fue corregido con posterioridad a la defensa oral de esta tesis debido a una indicación del Dr. Andrés Osswald a quien agradezco esta sutil observación.
  3. Los números de página corresponden a la versión digital de libro disponible en el sitio web del autor. Cf. Smith (1996).
  4. Utilizaré Psicología como una forma abreviada para referirme a Psicología desde un punto de vista empírico de Brentano; indicando en cada caso si se trata de la primera edición [1874] o de la segunda [1911] donde se encuentra un importante apéndice.
  5. Los números de página corresponden a la versión digital del artículo disponible en el sitio web del autor. Cf. Smith (1988).
  6. Tal como lo indica en el primer párrafo de la introducción a la primera edición de 1874, Brentano había proyectado inicialmente publicar seis libros (Brentano, 2009: xxv). Sin embargo, sólo publicó los dos primeros libros (Brentano, 2009: xiv).
  7. Como lo indica Libardi, “la teoría de las relaciones de Brentano es uno de los aspectos menos estudiados de su filosofía” (Libardi, 1996: 57). Por tal motivo, las eventuales reposiciones parciales de algunos conceptos de la teoría brentaniana de las relaciones no pretenden exponer exhaustivamente dicha teoría sino ayudar a comprender mejor la noción de intencionalidad que es aquí el principal tema de estudio.
  8. Al inicio de este párrafo he indicado junto a la palabra ‘representación’ que la misma corresponde al término alemán Vorstellung. La mayoría de las traducciones al inglés utilizan ‘presentación’ (presentation) para traducir Vorstellung (Smith, 1996: 42, n. 11; Rollinger, 2004: 259, n. 25). Sin embargo es posible encontrar excepciones donde el término alemán se traduce en inglés por ‘representation’ (George y Koehn, 2004: 30). Para evitar generar confusiones con el uso de la terminología husserliana, opto por la traducción de Vorstellung como ‘representación’ (English, 1975: 166-167). Cf. Cairns (1973) y Zirión Quijano (2013 y 2014).
  9. Si bien un desarrollo amplio de la teoría brentaniana de la percepción excede el alcance de esta tesis, cabe aclarar que Brentano adhiere a la inmanencia de los datos de la sensación según su interpretación de la teoría aristotélica de la percepción. Para un estudio más detallado de la relación entre Brentano y Aristóteles, ver George y Koehn (2004).
  10. Con respecto al modo en que se originan esos contenidos en la mente, Walton insiste en la pasividad de la conciencia tal como la describe Brentano; “lo que se representa como color es un contenido que es incorporado pasivamente” (Walton, 1993a: 34). Esa pasividad también es indicada por Smith cuando explica que en las representaciones “el sujeto es consciente del objeto, lo tiene ante su mente, sin tomar ninguna posición con respecto a él [el objeto]” (Smith, 1996: 42-43).
  11. La afirmación de Jacquette se refiere a la imposibilidad creada por la tesis de la intencionalidad inmanente o de la in-existencia intencional que consiste en que “nunca dos personas puedan pensar precisamente la misma cosa” (Jacquette, 2004b: 103). Interpreto aquí que la afirmación de Jacquette se aplica correctamente si se supone que al decir ‘pensar’ ser refiere a representaciones perceptivas que resultan de particular interés en esta exposición.
  12. Los números de página corresponden a la versión digital del artículo disponible en el sitio web del autor. Cf. Smith (1992/93).
  13. Sin embargo, el análisis de las partes de la conciencia en términos de partes lógicas no parece ser el que predomina en la psicología descriptiva.
  14. De modo que la dualidad que implica hablar de un par de correlatos no debe entenderse sino dentro del contexto de una de las características principales del tópico dominante en la fenomenología austríaca del que Rollinger se ha ocupado. De ese modo cuando aquí se habla de acto y objeto o de mente y objeto, se debe entender no una dualidad sino una unidad compleja. Y esto está en estrecha conexión con el tema de la intencionalidad ya que “cuando usamos la frase ‘mente y objeto’, es primero y sobre todo la intencionalidad lo que es mentado” (Rollinger, 2008: 7).
  15. Las cursivas son mías.
  16. Agradezco a mi director quien me ha indicado que estas aclaraciones se deben considerar en el marco de la mereología intensional propuesta por Brentano, Stumpf y Husserl como reacción a la mereología extensional de corte humenano. Dicha consideración, claro está, excede el alcance de esta tesis pero lo indico como posible línea de indagación para futuras investigaciones.
  17. Introduzco este parecer de Bell sólo para mostrar cómo concluye su argumento pero cabe aclarar que queda pendiente verificar si es correcta su afirmación. Para ello sería necesario un estudio exhaustivo de la mereología Brentaniana que excede los límites de la presente instancia.
  18. Así mismo, muchos de los aspectos de la mereología de Brentano que aquí repuse de modo general para ejemplificar la etapa de Psicología descriptiva fueron objeto de estudio y aplicación en las teorías de varios de sus discípulos y no sólo por Twardowski y Husserl (Müller, 2002: xv).
  19. La paginación indicada corresponde a la del documento en línea disponible en el sitio web de uno de los autores. Cf. Smith y Mulligan (1986).


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