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3 El surgimiento de la noción de intencionalidad en el Husserl temprano

“Es primero y ante todo Franz Brentano quien hace un filósofo del joven matemático Edmund Husserl” (Chrudzimski, 2009: 427).

3.1. Husserl, de matemático a filósofo

Edmund Husserl nació en Prossnitz (Moravia) en 1859. Fue alumno de Brentano en la Universidad de Viena entre 1884 y 1886 pero también compartió con Brentano una estrecha relación personal e intelectual que excede los años marcados estrictamente por la relación discípulo-maestro. Se sabe que Husserl ha compartido con Brentano encuentros luego de los periodos académicos y se conserva gran parte de la correspondencia que intercambiaron (Albertazzi, 1996: 175, 199-200; Hua XXV, 304-305). En sus “Recuerdos sobre Franz Brentano”, Husserl (2006 [1987])[1] da testimonio de la cercanía con su maestro y le asigna el privilegio de ser quien lo ayudó a optar por la filosofía como profesión. Husserl afirma que “en un tiempo de creciente interés filosófico y de titubeo, si debía permanecer en las matemáticas como profesión o si debía dedicar[se] completamente a la filosofía, las lecciones de Brentano fueron decisivas” (Hua XXV, 304-305).[2] Brentano, por su parte, cuando recomienda a Husserl que se traslade a Halle para asistir a las lecciones de Stumpf, le escribe una carta a éste último en la que presenta a su alumno como un “matemático que también es un asiduo estudiante de filosofía” (Cf. Albertazzi, 1996: 178, n. 16).[3]

Ciertamente, el joven Husserl antes de moverse a Viena y de conocer a Brentano había estudiado matemática en Berlín entre 1880 y 1881 en la escuela de Weierstrass y Kronecker (Albertazzi, 1996: 175). Tal como lo detalla Willard, el problema filosófico central que preocupaba a Husserl mientras era estudiante de matemática se trataba de la cuestión de cómo en dicha disciplina era posible el conocimiento objetivo si a éste se accede por medio de actos cognitivos subjetivos. Concretamente, ¿cómo es posible que distintos matemáticos que defienden teorías divergentes cada una con su método matemático propio obtengan, sin embargo, resultados idénticos? (Willard, 1984: 3). De esta manera, siguiendo a Willard, se puede detectar en el pensamiento de Husserl una preocupación por el problema del conocimiento que se inicia en el ámbito de la matemática que forma parte del trasfondo problemático de su Filosofía de la aritmética de 1891. Esta pregunta de Husserl se generaliza a partir de 1894 con su artículo titulado “Estudios psicológicos sobre los elementos de la lógica” (Hua XXII, 92-123) los cuales constituyen “sus primeras afirmaciones publicadas sobre el problema general de la objetividad o posibilidad del conocimiento” (Willard, 1984: 3).

En el transcurso de la elaboración de su ensayo publicado en 1894, Husserl llegó a ciertos interrogantes sobre el problema de las representaciones sin objetos. Sus reflexiones sobre éste tópico dieron lugar ese mismo año a un manuscrito publicado póstumamente bajo el título de “Objetos intencionales” (Hua XXII, 303-348). Su principal interlocutor es Kasimir Twardowski, quien, como se detalló antes, había publicado –también en 1894– Contenido y objeto donde distingue, justamente, el contenido y el objeto de las representaciones a la vez que ofrece su solución para el mismo problema que motiva el escrito de Husserl. Dos años más tarde, en 1896, Husserl escribe una reseña crítica sobre el trabajo de Twardowski (Hua XXII, 349-356).

De manera general, se puede afirmar que a partir de su libro de 1891 Husserl inicia un proceso intelectual que culmina con la primera edición de sus Investigaciones lógicas (1900-1901) la cual constituye la primera obra literaria más extensa de Husserl hacia el final de su etapa temprana. Las mismas fueron publicadas en dos volúmenes; en 1900 aparece el primer volumen titulado Prolegómenos a la lógica pura y en 1901 aparece el segundo volumen titulado Investigaciones en fenomenología y la teoría del conocimiento. El segundo volumen contiene seis investigaciones, entre las cuales resulta particularmente significativa para el tema de la intencionalidad la quinta de ellas, titulada “Sobre las vivencias intencionales y sus ‘contenidos’”. En los primeros dos capítulos de dicha investigación Husserl se ocupa del tema de la intencionalidad y critica de manera conjunta tanto a Twardowski como a Brentano. Siguiendo a Fisette (2007) se entiende aquí que para el momento de la primera edición de Investigaciones lógicas, Husserl comprende la fenomenología como psicología descriptiva, la cual es una enseñanza preparatoria para la filosofía trascendental pero a la vez distinta de esta última (Fisette, 2007: 102). Los trabajos de Husserl posteriores a la primera edición de Investigaciones lógicas correspondientes a su fenomenología trascendental se encuentran en el marco de un nuevo enfoque de la intencionalidad en términos de conexión interna de noesis y noema tal como lo propone Husserl en 1913 al publicar Ideas I (Moran, 2013: 336).

En la mencionada obra de 1913 Husserl dice que “el problema que abarca la fenomenología entera tiene por nombre el de intencionalidad” (Id I, 303).[4] De modo que la relevancia de esta noción para la fenomenología es indicada por Husserl mismo explícitamente en 1913. Sin embargo, –como se verá– la noción de intencionalidad se cristaliza progresivamente sobre todo hacia 1894. Se trata, entonces, de un concepto que comienza a hacerse lugar ya desde los escritos tempranos de Husserl (De Boer, 1978: 4).

En este capítulo me ocuparé de la evolución del concepto de intencionalidad en Husserl siguiendo aquellos conceptos fundamentales que comienzan a ser planteados a partir de 1891 en Filosofía de la aritmética y que en los años sucesivos se articulan para dar lugar hacia 1894 la primera teoría general de la intencionalidad de las representaciones. En su proceso intelectual Husserl tiene como interlocutores, entre otros, a Brentano y a Twardowski de cuyas obras principales me he ocupado en los capítulos previos.

Antes de finalizar esta introducción y siguiendo a Beyer (2013) cabe mencionar que Husserl es considerado uno de los filósofos más influyentes del siglo XX por haber sido el principal fundador de la fenomenología. Husserl murió en 1938 en Friburgo (Alemania). Una muestra de la riqueza del intenso trabajo filosófico de Husserl son las más de 40 mil páginas de manuscritos que dejó tras de sí. Éstos fueron rescatados por Leo Van Breda y trasladados a Lovaina (Bélgica) donde en 1939 se fundó el primer archivo de Husserl.

3.2. Representaciones auténticas e inauténticas en Filosofía de la aritmética

Entre las distinciones que forman parte del núcleo conceptual a partir del cual Husserl comienza a elaborar el concepto de intencionalidad se encuentra la distinción entre representaciones auténticas e inauténticas heredada de Brentano (De Boer, 1978: 12). Dicha distinción es retomada por Husserl en su primer libro, Filosofía de la aritmética, en 1891. Ante todo cabe aclarar que existe un acuerdo entre algunos comentadores de Husserl en señalar que en Filosofía de la aritmética aún no hay un tratamiento del concepto de intencionalidad. Dentro de tal línea de interpretación Rizzo Patrón no sólo acuerda con la falta de un desarrollo del concepto de intencionalidad en Filosofía de la aritmética sino que también señala que Husserl en dicha obra se limitó a “recuperar y transformar la diferencia brentaniana entre representaciones auténticas e inauténticas” (2002: 228). Mohanty, por su parte, también señala la presencia de la mencionada distinción brentaniana en el libro de Husserl de 1891 aplicada a la cuestión de la posibilidad de la aritmética como ciencia  aunque en ausencia de un desarrollo del concepto de intencionalidad (Mohanty, 2008: 13, 36. 39).[5]

Tal como lo señala Rollinger y es reconocido por Husserl mismo, las lecciones de Brentano a las que Husserl asistió en Viena entre 1884 y 1886 se ocupaban, entre otras cuestiones, de la distinción entre representaciones auténticas e inauténticas (Rollinger, 1999: 17, 22; 2004: 256, n. 9). Según lo indica Rollinger basándose en manuscritos de apuntes de alumnos asistentes a las lecciones de Brentano, para éste último las representaciones “difieren en su grado de autenticidad” (Rollinger, 1999: 35). Así, “el caso extremo de autenticidad es el de las intuiciones (Anschauungen) (…) [m]ientras que el caso extremo de representaciones inauténticas se encuentra para [Brentano] en los conceptos contradictorios tales como ‘cuadrado redondo’” (Rollinger, 1999: 35). Intuición se debe entender aquí en el sentido brentaniano de una representación sensible, es decir, como “una sensación o la representación fundante de una percepción interna” (Rollinger, 1999: 35). Las representaciones inauténticas, en cambio, se asocian a las representaciones abstractas (conceptos) que siempre se derivan de representaciones concretas o auténticas (intuiciones) (Rollinger, 1999: 35).[6]

La presencia y aplicación de la distinción brentaniana en Filosofía de la aritmética de Husserl da lugar a que se la caracterice como un intento de desarrollar una “filosofía de la matemática brentaniana” (Rollinger, 1999: 126). El trasfondo de la visión del joven Husserl de 1891 es, tal como lo detalla Tieszen, “el intento de reconciliar los aspectos ‘psicológicos’ o subjetivos de nuestra experiencia de la matemática con los aspectos ‘lógicos’ u objetivos” (Tieszen, 1995: 443). De acuerdo a  la síntesis de Mohanty (1995), el libro de Husserl se divide en dos partes, en la primera de ellas realiza un análisis de los conceptos básicos de la aritmética. Se trata de una indagación psicológica sobre los conceptos de pluralidad, unidad y número en tanto que dichas entidades no se nos dan de manera simbólica. En la segunda parte, Husserl se ocupa de las representaciones simbólicas de pluralidad, unidad y número. En este último caso las cosas son representadas sólo a través de un símbolo mientras que, en contraste, las representaciones intuitivas son aquellas en las que la cosa representada se da en sí misma o de manera auténtica (Mohanty, 1995: 47; Mohanty, 2008: 3). Tal como lo sintetiza Angelelli, Husserl se refiere en primer lugar al “conocimiento auténtico de los números, que es posible en el caso de números pequeños, y en segundo lugar al conocimiento indirecto o simbólico, único posible en el caso de números grandes” (2013: 60). De acuerdo con ello, dado que “las representaciones auténticas son intuiciones, (…) Husserl sostiene en su Filosofía de la aritmética que hay un fundamento intuitivo de la aritmética” (Rollinger 2004, 263).

Indagar en el origen psicológico de una representación, significa para Husserl buscar los tipos de actos psíquicos que son necesarios para que tenga lugar dicha representación o, con otras palabras, determinar qué experiencias se deben tener para que dicha representación tenga lugar (Willard, 1984: 28). Realizar un ‘análisis psicológico’ de la representación en busca de las experiencias o estados psíquicos que constituyen su ‘origen psicológico’ era parte de una metodología corriente para la época en que Husserl escribe Filosofía de la aritmética (Willard, 1984: 32-33). En las publicaciones y escritos husserlianos de 1894 que serán motivo de tratamiento en las próximas secciones se verá un avance del autor en el desarrollo del concepto de representación (Vorstellung) que se aleja progresivamente de la influencia de Brentano y del contexto de la aritmética pero que supone ciertos aspectos de la temprana contraposición entre auténtico e inauténtico.[7]

3.3. Aspectos ontológicos y epistemológicos de los “Estudios psicológicos”

En 1894 Husserl publica su artículo titulado “Estudios psicológicos sobre los elementos de la lógica” –en adelante, “Estudios psicológicos”–.[8] Siguiendo a Willard se puede afirmar que a grandes rasgos dentro del proyecto filosófico del Husserl temprano los “Estudios psicológicos” contienen las primeras afirmaciones sobre el problema general de la posibilidad del conocimiento del que se había ocupado inicialmente sólo en la esfera de la matemática (Willard, 1984: 5). Se trata de un artículo en el que se observa un primer intento de responder a la necesidad de la reforma de la lógica que Husserl había planteado en 1891 en su Filosofía de la aritmética. Además, el artículo de Husserl constituye un primer antecedente de sus Investigaciones lógicas, especialmente de la tercera y de la quinta (Willard, 1984: 6).

Con respecto al título de este artículo cabe recordar que por ‘lógica’ Husserl comprende aquí una teoría que explica “por qué el proceso que nos lleva hacia el conocimiento debe resultar en conocimiento, en una posesión asegurada de la verdad” (Willard, 1994: xxx). Se trata de estudios caracterizados como ‘psicológicos’ pues las condiciones de tal conocimiento se buscan en los procesos mentales realizados por cada individuo (Willard, 1994: xxx). En este sentido hay una continuidad con el tipo de análisis psicológico ya presente en 1891 como se indicó anteriormente (Willard, 1984: 32-33). Por tal motivo es que Bernet –et. al.– se han referido a esta etapa del pensamiento del joven Husserl afirmando que “en su primera fase de desarrollo, la fenomenología es esencialmente la ciencia de los ‘orígenes’ o ‘fuentes’ subjetivas de las matemáticas (especialmente la aritmética y la geometría) y de la lógica formal” (Bernet et. al., 1995: 14).

3.3.1. ‘Abstracto’ y ‘concreto’

Ahora bien, la cita anterior debe ser tomada con precaución ya que en la primera parte de los “Estudios psicológicos”, tal como lo indica Willard, se puede detectar un “análisis ontológico del acto cognitivo” (Willard, 1994: 12). Con esto Willard se refiere sobre todo a la primera parte del mencionado artículo de 1894 donde Husserl se ocupa de la distinción entre elementos abstractos y elementos concretos que forman parte de la unidad de la conciencia (Hua XXII: 92). Como lo ha explicado Willard en distintas oportunidades, ‘concreto’ y ‘abstracto’ son definidos en referencia a la independencia o la no independencia de los elementos de los estados mentales, por ejemplo, un contenido sensible de un acto cognitivo en relación a otro elemento dentro de un todo de contenidos sensibles (Willard, 1984: 13).

La independencia implica la posibilidad de que un elemento de un determinado acto mental pueda darse de manera separada. Husserl lo ejemplifica al referirse a la posibilidad de pensar la cabeza de un caballo separada del resto de las partes del cuerpo del caballo (Hua XXII: 93). En contraste, no se puede pensar un color separadamente de una extensión o una forma separada del color y la extensión (Willard, 1984: 13). Luego de esto, es posible introducir unas palabras de Willard que permiten comprender mejor el estatus de la noción de abstracto para Husserl en los “Estudios psicológicos”:

“Es especialmente importante notar que ser abstracto, como aquí se explicó, no tiene esencialmente ninguna relación con ser conocido, o incluso con ser conocido de algún modo en especial. Abstracto es presentado como un [concepto] ontológico, no como un concepto epistemológico, a pesar de que aquí [este concepto] es analizado en su aplicación a los contenidos sensibles de los actos cognitivos” (Willard, 1984: 13).

Esta afirmación se sustenta en lo que Husserl mismo afirma en 1897 en una reseña[9] a diversos escritos sobre lógica en Alemania del año 1894 entre los que se refiere también a sus “Estudios psicológicos”. En una nota al pie, Husserl menciona su “giro objetivo” y remarca que la distinción entre independencia y no independencia se aplica a los objetos en general y no sólo a los contenidos mentales (Hua XXII, 133 n. 3; Willard, 1894: 13). Esto implica que para 1894 Husserl ha extendido sus análisis ontológicos más allá de los actos cognitivos y ha aplicado sus hallazgos a “los ‘objetos en general’, sin importar si son específicamente mentales o no, y sin importar si son reales o ideales” (Willard, 1994: xxxi). Ahora bien, lo mismo que se aplica para ‘abstracto’ se aplica para ‘concreto’; en ambos casos su estatus es ontológico y no epistemológico (Willard, 1994: xxxii).

De esta manera resulta más comprensible el rechazo de Husserl al modo de caracterizar a las representaciones como ‘abstractas’ o ‘concretas’ (Hua XXII, 99). Husserl también se resiste a que las definiciones de ‘abstracto’ se “refieran a actos especiales de abstracción o a modos de notar un contenido o un objeto” (Willard, 1984: 13. Cf. Hua XXII, 99-100). Esto permite ingresar con mayor precisión a la segunda parte de los “Estudios psicológicos” donde se realiza una distinción al interior de las representaciones en general. Se deberá tener en mente entonces que Husserl ya ha establecido en la primera parte de su artículo que tanto lo ‘abstracto’ como lo ‘concreto’ “pueden, en general, ser igualmente intuidos o representados o no [ni intuidos ni representados]” (Willard, 1984: xxxii). Willard, claramente, se refiere aquí con las palabras ‘intuido’ y ‘representado’ a la dupla de términos técnicos ‘intuición’ (Anschauung) y ‘representación’ (Repräsentation) que surgen, como explicaré a continuación, como parte de la división husserliana de las representaciones (Vorstellungen) en la segunda parte de sus “Estudios psicológicos”.

Según Willard, el punto central a tener en cuenta al pasar a la segunda parte es que en la primera parte Husserl establece que es posible conocer con evidencia las conexiones que se dan entre elementos abstractos de la conciencia: se puede intuir la necesidad de dichas conexiones (Willard, 1984: xxxi-xxii). Estas aclaraciones le permiten a Husserl discernir una conexión necesaria entre el plano ontológico y el epistemológico. Las operaciones de la conciencia donde el acto mental es considerado como un tipo de entidad o evento con relaciones de conexión necesaria en un plano ontológico permiten mostrar, en el plano epistemológico, la posibilidad de un conocimiento objetivo. Sobre todo cuando un símbolo forma parte de una representación simbólica –o inauténtica–, el mismo es una parte no independiente o inseparable de dicha representación y ello permite que tal representación pueda ser representación de un objeto o término último (Willard, 1994: xxx-xxxii; Willard, 1984: 12).

3.3.2. ‘Intuiciones’ y ‘Representaciones’

En su reporte de 1897 Husserl dice que “el segundo estudio es un fragmento de psicología puramente descriptiva” (Hua XXII: 133).[10] Se puede hallar aquí un ejemplo del método de la psicología descriptiva que Husserl aprendió de Brentano. Sin embargo, los elementos de la conciencia que delimita Husserl en esta parte de su artículo exponen diferencias conceptuales con respecto a los de su maestro; principalmente en el modo de comprender la inmanencia y en la descripción de las representaciones (Vorstellungen) (Mohanty, 2008: 44, 47).

La principal división que señala Husserl es entre representaciones que son intuiciones y aquellas que no lo son. Algunas ‘representaciones’ (Vorstellungen) no incluyen a sus objetos en sí mismas como contenidos inmanentes sino que ellas meramente intencionan sus objetos. Husserl explica que ‘mero intencionar’ significa que “un contenido es un contenido no dado en la conciencia, sino uno apuntado por, pensado, o referido con entendimiento, por medio de algunos contenidos que están dados en la conciencia” (Hua XXII: 107). De modo que las Representaciones[11] (Repräsentationen) son aquellos contenidos dados en la conciencia que son usados con entendimiento como representantes de contenidos no dados en la conciencia. Y son usados sin que intervenga un conocimiento conceptual de la relación entre la representación y el objeto intencionado (Hua XXII: 107-108). Las intuiciones, en cambio, son representaciones que no sólo intencionan sus objetos sino que “realmente incluyen esos objetos en sí mismos como contenidos inmanentes” (Hua XXII: 108). O como dirá más adelante, en el caso de las intuiciones se trata de “un tipo peculiar de compromiso o una manera característica de estar vuelto hacia un contenido que es notado de manera separada y específica” (Hua XXII: 113-114).

Husserl señala entonces que la intuición y la Representación son estados mentales diferentes. La intuición implica un “peculiar volverse hacia un contenido que es notado por sí mismo” (Mohanty, 2008: 46). Mientras que el contenido inmanente de una Representación no es un contenido intuido. En la Representación hay un contenido dado a la conciencia pero la conciencia se dirige por medio de dicho contenido a un contenido no dado a la conciencia (Mohanty, 2008: 45-46). Mohanty señala que esta diferencia entre representaciones intuitivas y representaciones simbólicas no había sido notada por Brentano y que Husserl al descubrir la equivocación en el modo de comprender el concepto de representación (Vorstellung) se aleja definitivamente del punto de vista brentaniano (Mohanty, 2008: 47). La siguiente cita de Mohanty sintetiza este cambio en la teoría de Husserl:

“Es con respecto a la intuición [Anschauung] que la caracterización de Brentano sigue vigente: el objeto es el contenido inmanente. El objeto ‘in-existe’ en el acto. (…) [En cambio, e]n el caso de la Representación [Repräsentation], el contenido representante, esto es, el contenido inmanente, es muy diferente del objeto representado. Es en el caso de tales actos de Representación [Repräsentation] que Husserl descubre por primera vez los conceptos de ‘intención’, ‘intencionar’ y ‘significar’” (Mohanty, 2008: 47).

De modo que estrechamente vinculada a la distinción husserliana entre intuición y Representación surge el reconocimiento por parte de Husserl de la intencionalidad que se aplica a la Representación (Mohanty, 2008: 48). Si bien Husserl no llega aquí a plantear de manera acabada la noción de intencionalidad para todos los tipos de representaciones mentales, sí la reconoce como presente en las representaciones inauténticas (Mohanty, 2008: 48; Benoist, 2001a: 18).

Para ejemplificar la diferencia entre representaciones intuitivas y representaciones simbólicas Husserl trae a colación el caso de ciertas figuras o arabescos que primero nos impresionan de manera puramente estética y luego de manera repentina nos iluminan el entendimiento y comprendemos que pueden ser símbolos o signos (Hua XXII: 115). Se trata de dos modos diferentes de recibir el contenido en la conciencia. Sin embargo, aunque la Representación se base en una intuición inmediatamente previa, no es por ello una intuición (Hua XXII: 116). Y sobre el contenido inmanente de una Representación Husserl aclara que el mismo no es en tanto tal intuido (Hua XXII: 117).

Antes de continuar, cabe realizar una serie de aclaraciones sobre la terminología técnica asociada en el joven Husserl a las divisiones conceptuales realizadas con respecto a las representaciones (Vorstellungen). Como lo señala De Boer, en los “Estudios psicológicos” hay una continuidad en el tratamiento de ciertos tópicos de los que Husserl ya se había ocupado en 1891 en su primer libro, Filosofía de la aritmética. De hecho, en su libro de 1891 Husserl reconoce con agradecimiento que el tema de las representaciones simbólicas, inauténticas o no intuitivas son un tema que proviene de una distinción hecha por Brentano (De Boer, 1978: 12, n. 1). Para Husserl una representación simbólica es una representación a través de signos. En tales casos el signo se presenta directamente pero la cosa real desaparece completamente de nuestra atención (De Boer, 1978: 12). De modo que cuando en sus “Estudios psicológicos” Husserl habla de Representaciones se refiere a representaciones inauténticas, simbólicas o no intuitivas. Esto en contraposición de intuiciones entendidas como representaciones auténticas. Reflexionando sobre las raíces de esta serie de términos contrapuestos Benoist sostiene que “la construcción de la intencionalidad, en Husserl, será profundamente determinada por la dualidad originaria brindada en Filosofía de la aritmética entre intuición y signos” (Benoist, 2001a: 10). Y aclara que en el caso de los “Estudios psicológicos” además de esa dualidad también se encuentra la división u oposición entre ‘abstracto’ y ‘concreto’. De modo que “la teoría husserliana de la intencionalidad se delimita sobre el fondo de una combinación de un doble sistema de contrarios” (Benoist, 2001a: 11). La oposición ‘abstracto’–‘concreto’ es propia de la primera parte del artículo y la dupla ‘intuición’–‘signo’ es propia de la segunda parte.

De este modo, en relación al signo es importante notar que cuando un arabesco deja de ser una figura ingeniosa y se convierte en un signo, obtiene el carácter de un contenido de la Representación y, según Husserl, el estado psíquico de cosas cambia por completo (Hua XXII: 116; De Boer, 1978: 14). Cuando dicho cambio sucede, se ve el signo pero no se lo intuye. Dicho de otra manera, “primero un contenido es intuido pero luego somos conscientes de él de una manera diferente” (De Boer, 1978: 14). Tal como lo explica Fisette, el objeto de una representación simbólica no es el contenido inmanente sino aquello que el signo o el símbolo designa. El signo o la figura intuidos se convierten en representantes o en medios que permiten a la Representación intencionar su objeto (Fisette, 2003: 71). En tal intencionar la direccionalidad de la intencionalidad forma parte del acto mental (Cf. Willard, 1984: 238). Esto se relaciona con lo que Mohanty ha detallado como el carácter teleológico de la intención que está presente en 1894 cuando Husserl se pregunta por cómo se originan los actos de Representación. En tal sentido, Mohanty explica que en ese tiempo Husserl comprende la “intención (…) [como] un sentimiento de querer, [como] una conciencia de lo que no es presentado [intuido] (…), [como] el interés en remover un querer y el intento de intuir lo que no está dado” (Mohanty, 2008: 47).[12]

Husserl aclara que hay casos donde la intuición del objeto de la Representación no es posible (Hua XXII: 109-110). Tal como lo explica Willard, en tal caso “la Representación deberá sugerir una serie de Representaciones las cuales deben sacar a la luz, precisamente, la no existencia del objeto (y de la correlativa no-trascendencia de esas Representaciones)” (Willard, 1984: 16-17). Esto conecta el tema de la Representación con la pregunta por el objeto de la Representación, es decir con la cuestión del objeto intencional y con la paradoja de las representaciones sin objeto que también fue motivo de estudio en un manuscrito de Husserl de 1894 que presentaré en la próxima sección.

3.4. Los aspectos del acto psíquico a partir del manuscrito de 1894

En esta sección me ocuparé de algunas cuestiones relacionadas con el tema de la intencionalidad que se encuentran principalmente en los manuscritos reunidos bajo el título “Objetos intencionales” (Hua XXII, 303-348) y en la reseña crítica de Husserl a Contenido y objeto de Twardowski (Hua XXII, 303-348). Los tres textos contenidos en “Objetos intencionales” fueron escritos por Husserl en tres años distintos y la reseña fue realizada luego de los dos primeros textos y antes del último texto de “Objetos intencionales”. Además, Husserl dictó lecciones sobre la conciencia de imagen, tema que no es el principal aquí pero que por ciertas discusiones sobre la teoría de la imagen será traída a colación. Dada esta complejidad del material bibliográfico, detallo en la siguiente tabla los datos cronológicos y la paginación de Husserliana correspondientes a cada texto o grupo de manuscritos a los que me referiré o que forman parte del periodo en cuestión:

Tabla 1. Detalle cronológico general de textos de Husserl entre 1894 y 1898.

Texto

Año

Husserliana

Objetos intencionales

1894

Hua XXII: 303-337

Objetos intencionales

1895

Hua XXII: 337-338

Reseña crítica de Twardowski

1896

Hua XXII: 349-356

Objetos intencionales

1898

Hua XXII: 338/9-348

Fantasía, conciencia de imagen, memoria

1898

Hua XXIII

Tal como lo indica Willard (Husserl, 1994 [1894]: 345, n. 1), según Karl Schuhmann el título “Objetos intencionales” sólo es correcto para la primera parte del mismo, es decir, la que incluye principalmente lo que fue escrito entre 1894 (Hua XXII, 303-337) y 1895 (Hua XXII, 337-338). Dicha parte será nuestra principal referencia en las secciones que siguen junto con la reseña crítica a Contenido y objeto de Twardowski.

3.4.1. La ‘paradoja’ de las representaciones sin objeto

En “Objetos intencionales” Husserl propone su solución a la paradoja de las representaciones sin objetos. Dicha paradoja surge cuando entran en conflicto dos afirmaciones. Por un lado la afirmación de que a toda representación le corresponde un objeto (Cf. Hua XXII, 303). Este término de la paradoja, contiene según Fisette una tesis psicológica que se refiere al carácter intencional de la representación en lo que concierne a “la idea misma de direccionalidad” (Fisette, 2003:73). Y, por otro lado, la afirmación de que no a todo objeto le corresponde una representación; por ejemplo, a un ‘círculo cuadrado’ (Cf. Hua XXII, 303). Este término de la paradoja se ocupa de otro tipo de problema, “el de la referencia o del referente” (Fisette, 2003:73). La solución que había dado Twardowski a esta paradoja fue que toda representación tiene un contenido que es inmanente al acto de representación y que por medio de dicho contenido la representación se dirige a un objeto externo. Si tal objeto no existe, la representación igualmente se dirige a dicho objeto cuyo modo de ser es justamente el ser en tanto objeto intencional u objeto representado. En otras palabras, siguiendo la síntesis de Fisette, la distinción entre determinaciones atributivas (por ejemplo, ‘diamante brilloso’) y determinaciones modificativas (por ej., ‘diamante falso’) se aplica a la cuestión de la existencia de los objetos y permite distinguir “entre los objetos efectivos y los objetos en los cuales la existencia es simplemente intencional” (Fisette, 2003: 75). Finalmente, según Twardowski, todas las representaciones se dirigen a un objeto independientemente de la existencia o no existencia de dicho objeto (Cf. Mohanty, 2008: 48).

La argumentación de Husserl procura mostrar que el contraste entre objetos intencionales y objetos reales de la conciencia es un contraste sólo aparente (Hua XXII, 312, 315). En realidad el contraste no implica una clasificación de objetos sino una clasificación de representaciones (Willard, 1994: xliii). Para Twardowski, cuando se dan representaciones contradictorias las características incompatibles no pertenecen al contenido de la representación sino al objeto de la representación. Pues, según él, si pertenecieran al contenido, el mismo no podría existir, pero el objeto, en cambio, puede tener una existencia intencional más allá de que sea imposible o contradictorio. Ahora bien, Husserl objeta a Twardowski que las mencionadas propiedades contradictorias tampoco pertenecen al objeto representado debido a que si el objeto no existe tampoco puede tener tales propiedades. Según Husserl “esas propiedades son sólo representadas como perteneciendo al objeto” (Hua XXII, 308 n. 5). De modo que Husserl reconduce la cuestión al plano de las representaciones en vez de situar el problema en el plano de los objetos representados.

Ahora bien, poner el énfasis en la cuestión de la representación implica en algún sentido dar una respuesta a la corriente división entre objetos existentes y objetos intencionales. Husserl rechaza esta división de Twardowski aplicada al conjunto de todos los objetos (Mohanty, 2008: 48-49). Para Husserl “un objeto meramente intencional es un objeto no existente” (Hua XXII, 315). Si, por ejemplo, para explicar lo que es un león meramente intencional se dice que se trata de un león meramente representado, tal como lo indica Mohanty, esto no ayuda mucho (Mohanty, 2008: 49). En tal caso parece que el recurso habitual ha sido la aplicación de la distinción brentaniana entre adjetivos atributivos o determinantes y adjetivos modificativos (Mohanty, 2008: 49). El adjetivo ‘representado’ no determina al sustantivo ‘león’, sino que lo modifica del mismo modo que en la expresión ‘diamante falso’ el adjetivo ‘falso’ modifica a ‘diamante’, ya no se trata de un diamante. De ese modo decir que un león es meramente intencionado o meramente representado no implica algo distinto con respecto al mismo león que es un león inexistente (Cf. Mohanty, 2008: 49).

Sin embargo ‘inexistente’ no se debe confundir con ‘in-existencia’ en el sentido brentaniano. Hablar de existencia meramente intencional de un objeto es lo mismo que decir que se trata de un objeto inexistente. Pero ello no implica que el objeto exista ‘en’ la intención (Mohanty, 2008: 49). Ahora bien, a esta altura es posible preguntar: ¿qué hay en el acto mental de representación si el objeto al que se dirige la misma no existe ni fuera ni dentro de la representación? Como se vio antes, el término para referirse a ‘eso’ que hay ‘en’ el acto psíquico es lo que se ha llamado ‘contenido’. Husserl, al igual que Twardowski, acepta la división entre acto, contenido y objeto. A su vez, toma distancia con respecto a Brentano en algunas consideraciones que le impiden resolver la paradoja de las representaciones sin objeto. Su principal modificación con respecto a su maestro es no confundir contenido y objeto de la representación. Luego de esto rechaza la tesis de Brentano de que toda representación tiene un objeto, que como se detalló antes forma parte de la forma simple de la intencionalidad que implica un objeto que in-exista en el acto psíquico (Mohanty, 2008: 49). Sin embargo, tal como lo aclara Mohanty, Husserl “acepta la tesis de Brentano de que toda representación –sin importar si tiene un objeto o es ‘sin objeto’ (objectless)– tiene un contenido inmanente que [Husserl] suele llamar su ‘significado’” (Mohanty, 2008: 49). Explicaré en el siguiente apartado lo que implica la referencia de Husserl al contenido como significado ya que esto implica un desarrollo importante en su comprensión de la noción de contenido.

Si bien me he referido hasta aquí a objetos inexistentes, cabe mencionar que las argumentaciones de Husserl tienden a demostrar que sus resultados se aplican a todos los tipos de representaciones. Por lo cual, no se ocupa solamente de las representaciones inauténticas donde no se da el objeto sino también de las representaciones auténticas. Por tal motivo, será aclaradora la siguiente cita de Husserl en la que se refiere a las representaciones intuitivas propias de la percepción sensible:

“En la percepción (…) se representa el objeto mismo. En la percepción [el objeto] por supuesto tiene los atributos que le pertenecen. Pero que el objeto es algo que tiene esos [atributos] no pertenece al contenido (Gehalt) de la representación. La representación en sí misma no tiene la forma, ‘Algo que es α, β, …’. Más bien, ésta [la representación] se agota en el puro y simple representar del objeto ‘tal como éste es’” (Hua XXII, 320).

Esto es, las representaciones perceptivas son representaciones singulares que representan a un objeto de una manera directa y auténtica. Y si bien el objeto percibido tiene atributos, éstos no pertenecen al contenido de la representación (Cf. Hua XXII, 320). En este caso, no se trata del objeto contradictorio sino del objeto efectivamente intuido. En tal caso, el contenido de la representación es distinto del objeto de la representación y Husserl se esfuerza por marcar dicha diferencia y avanzar hacia una mayor precisión en lo que respecta a la relación entre el contenido y el acto de representación.

La definición de intencionalidad que Husserl brinda en “Objetos intencionales” se relaciona con la diferencia entre el contenido psicológico o real y el contenido ideal o lógico (Fisette, 2003: 79). Por lo tanto, el tipo de inmanencia del contenido en tanto significado o como entidad ideal no debe ser confundido con un contenido o una parte real o psicológica de la conciencia (Mohanty, 2008: 49). Hechas estas aclaraciones es posible presentar la definición general de intencionalidad que según Mohanty está presente en “Objetos intencionales” y que no estaba presente en los “Estudios psicológicos” puesto que en dicho ensayo sólo se atribuía intencionalidad a las Representaciones pero no a las intuiciones (Mohanty, 2008: 48):

“Husserl ya ha arribado a su concepto de intencionalidad de acuerdo con el cual todas las representaciones –intuiciones y [R]epresentaciones– –sin importar si son objetivas o sin objetos– tienen su contenido inmanente o significado, el cual, por cierto, no es una parte real de la vida mental del sujeto cuya representación está bajo consideración” (Mohanty, 2008: 49).

El subrayado es mío y resalta un punto importante de la definición de la intencionalidad en “Objetos intencionales” que trataré en la próxima subsección con más detalle. Como se podrá notar y tal como lo indican Willard y Mohanty, la terminología introducida por Husserl hasta este punto conserva ciertos términos del vocabulario brentaniano pero es necesario reparar en ellos cuidadosamente para evitar errores. Según lo aclara Willard, si bien Husserl varios años después del periodo aquí explorado –puntualmente hacia 1908– llega a diferenciar entre una inmanencia en sentido epistémico y una inmanencia en sentido ontológico, para 1894 –época de sus “Estudios psicológicos” y de “Objetos intencionales”– las dos inmanencias están “oscuramente juntas” (Willard, 1994: xxxiv). Sin embargo, como se verá en la próxima sección siguiendo a Fisette, en el período de 1894 a 1896 ya se pueden encontrar distinciones precisas al interior de la noción de contenido que se relacionan con el modo en que Husserl comprende la intencionalidad de las representaciones. Según Mohanty, este uso de la terminología del Husserl temprano se debe entender como una parte del proceso intelectual que lleva a Husserl hacia una teoría de la trascendencia de los contenidos ideales y aunque en ciertas ocasiones usa el vocabulario brentaniano, ya ha modificado su interpretación de dicho vocabulario (Mohanty, 2008: 50). Sin embargo, como ya se ha comenzado a ver en esta sección y se profundizará en las dos siguientes, el principal interlocutor de la tradición brentaniana con quien Husserl confronta sus ideas en este tiempo es Twardowski.

3.4.2. El concepto husserliano de contenido y su relación con la intencionalidad

La noción de intencionalidad sintetizada en la versión de Mohanty hacia el final de la sección anterior ha dejado planteada algunas cuestiones que aún merecen aclaración. Sobre todo, intentaré detallar aquí qué noción de contenido de la representación es propia de Husserl en su manuscrito de 1894 y en su reseña crítica a Twardowski de 1896. Esto permitirá comprender mejor a qué se refiere Husserl con los predicados ‘intencional’ e ‘inmanente’ cuando se aplican al ‘contenido’. Estas precisiones son necesarias para comprender la manera en que Husserl entiende la relación intencional entre acto y objeto. Lo cual, a su vez, le brinda una teoría de la direccionalidad de la intencionalidad que según Husserl elude el error de la doble direccionalidad de la intencionalidad del que Twardowski no se percata.

Aclarado lo anterior, el punto de partida en esta sección es lo que Fisette señala como “la ambigüedad de la noción de contenido” (Fisette, 2003: 75). Como se ha visto en las secciones anteriores, Brentano no realizaba una separación entre el contenido y el objeto de las representaciones. Ante lo cual, Twardowski propone su famosa división tripartita entre acto, contenido y objeto de las representaciones. Husserl avanza aún más y establece distinciones al interior del contenido. La división más importante separa el contenido inmanente del contenido intencional. De ahora en más, inmanente e intencional referidos al contenido detallarán aspectos muy distintos. Un contenido intencional no es un contenido inmanente.

Como contenido inmanente Husserl comprende el contenido psíquico de las vivencias reales. Se trata de los datos psíquicos o contenidos sensibles, cualquier concreto puramente sensible que pueda servir como soporte sensible inmanente para una representación (Fisette, 2003: 75-76). Sin embargo, no se debe confundir estos contenidos con los objetos representados en la representación, más bien se los debe colocar del lado de las vivencias reales, las cuales “sirven de soporte a la representación de los objetos” (Fisette, 2003: 75-76). En oposición a los anteriores se encuentran los contenidos intencionales asociados a la significación comprendida como una entidad ideal. Estos contenidos no son inmanentes sino que son propios de las vivencias intencionales. A su vez no se trata de un aspecto psicológico sino de un aspecto lógico de la representación. La siguiente tabla muestra las oposiciones mencionadas:

Tabla 2. Contenido inmanente y contenido intencional en Husserl.

CONTENIDO (Gehalt)

INMANENTE

INTENCIONAL

Real

Ideal

Psicológico

Lógico

Vivencias reales

Vivencias intencionales

Datos psíquicos, contenidos sensibles, imágenes, sensaciones

Significado

Hechas estas aclaraciones es posible presentar cómo se articulan las nociones correspondientes a cada uno de estos aspectos del contenido en la relación intencional de la representación. En este punto también seguiré a Fisette quien ofrece un esquema básico de dicha relación (Fisette, 2003: 79). He tomado dicho esquema como base y lo he modificado para ilustrar algunas características por medio del agregado de algunas convenciones de las que me he servido en gráficos anteriores.

Figura 6: Aspectos del contenido de la relación intencional en Husserl. Fuente: Fisette, 2003: 79.[13]

Figura-06.jpg

Según Husserl, en toda representación hay dos componentes esenciales que son el contenido inmanente y la significación. Como se observa en el gráfico, la noción de contenido tiene características que lo diferencian de la misma noción en Twardowski. Sobre todo, se ve una complejidad de la noción de contenido. Para comprender dicha estructura del contenido es necesario indicar cuál es el rol específico de cada uno de sus aspectos. Así, surgen dos tipos de relación que se dan en todo acto. Una primera relación es entre el contenido psicológico-real y el acto. La otra relación es entre el contenido lógico-ideal y el objeto (Fisette, 2003: 78). Esta división de funciones, o el doble contenido del acto psíquico es presentada por Husserl en su reseña crítica de Contenido y objeto de Twardowski (Hua XXII, 350).

El primer aspecto de la relación lo he delimitado en lado izquierdo del esquema por medio de la línea sin interrupciones. El segundo aspecto está marcado en el lado derecho por medio de una línea de rayas. Esta diferencia en los trazos pretende indicar que la división entre la relación psicológica-real y la relación lógica-ideal se corresponde con los dos planos indicados en la tabla de arriba. Esto está señalado con la palabra ‘inmanente’ que encabeza el lado izquierdo del cuadro y lleva implícita la idea de que esa parte del contenido es la que corresponde a las vivencias no intencionales; mientras que el lado derecho encabezado por la palabra ‘intencional’ es el propio de las vivencias intencionales (Cf. Fisette, 2003: 79)

Siguiendo a Fisette, se observa que al contenido inmanente le son propios los datos psíquicos individuales que sirven como substrato de los actos de aprehensión. Las vivencias no intencionales son aquellas en las que su contenido psicológico son imágenes o sensaciones (Fisette, 2003: 79). En estas vivencias, aún no hay una relación con el objeto. Para esto último es necesaria la intervención del contenido lógico, el cual no es una parte real de la conciencia. El contenido lógico toma como soporte sensible al contenido psicológico pero esto no hace del contenido intencional un contenido psicológico (Fisette, 2003: 80). Como lo aclara Husserl, “la ‘dirección hacia el objeto’ no es un ingrediente psicológico del acto sino una función lógica de tal acto” (Hua XXII, 515, n. 3).

Esto recuerda un tema propio de la escuela de Brentano y no sólo de Husserl; la direccionalidad de la intencionalidad. Pero, tal como lo señala Fisette, Husserl se distancia de Brentano y Twardowski en tanto que no atribuye a la intencionalidad una inexistencia intencional o una interpretación como contenido psíquico (Fisette, 2003: 80). La direccionalidad es un ingrediente no psicológico del acto y es aportada por el significado. Esta caracterización de la direccionalidad es uno de los dos elementos propios de la tesis de la intencionalidad en Husserl. El segundo aspecto de la relación intencional es que el modo en que la significación relaciona la conciencia con un objeto es aquel de la mediación y no de término de la relación (Hua XXII, 338). Al funcionar como medio de la relación de la conciencia hacia un objeto permite que a un mismo contenido psicológico sensible puedan corresponder distintos significados y, por lo tanto, que varíe el objeto al cual se dirige la conciencia (Hua XXII, 307). Dicho objeto, constituye el tercer elemento en esta relación junto con la direccionalidad y la mediación. Mencionada la relación entre las tres principales tesis que describen la noción de intencionalidad tomando como eje la cuestión de la direccionalidad, será útil citarlas todas juntas en las palabras de Fisette:

“[1.] La direccionalidad no es un ingrediente psicológico sino una ‘función lógica’ del acto. Es la significación o representación objetiva que da a un acto su direccionalidad (…) [2.] La significación juega un rol de mediación en la relación del acto a su objeto. (…) [3.] El acto está dirigido en primer lugar hacia el objeto” (Fisette, 2003: 81- 82).

Es importante notar que se trata de una sola dirección hacia el objeto y de un sólo acto. Si bien el acto tiene un contenido con dos aspectos, sólo uno de ellos otorga la direccionalidad al acto y es una mediación hacia el objeto. Es necesario tener en cuenta este punto para el próximo apartado donde Husserl criticará a Twardowski por atribuir a la relación intencional una doble direccionalidad en un mismo acto. En Husserl eso no ocurre porque si bien para él la significación misma puede ser objeto de una representación esto se da en un nuevo acto. Lo que Fisette llama “la tesis de la relación indirecta o reflexiva hacia la significación: la significación no deviene objeto sino en un acto de reflexión” (Fisette, 2003: 82; cf. Hua XXII, 351). Dicho esto quedan detalladas las principales características de la noción de representación en esta etapa del Husserl temprano que incluye su manuscrito de 1894 y su reseña crítica de la obra de Twardowski dos años después. En la siguiente sección detallaré algunos aspectos de la crítica de Husserl a Twardowski.

3.4.3. Las principales críticas de Husserl a Twardowski

En base a lo expuesto anteriormente sobre las ideas a las que había llegado Husserl por 1894 resultan más comprensibles aquellos aspectos de Contenido y objeto de Twardowski con los que está en desacuerdo. Resaltaré aquí dos aspectos fundamentales de la crítica husserliana a Twardowski. Por un lado, critica la doble direccionalidad que, según Husserl, Twardowski supone en el acto de representación. Por otro lado, ataca la noción twardowskiana de contenido de la representación. Comenzaré por la primera crítica y para ello me serviré del siguiente esquema:

Figura 7: Crítica de Husserl a la doble direccionalidad de la intencionalidad en Twardowski.

Figura-07.jpg

En el esquema se muestran dos interpretaciones de la direccionalidad de la intencionalidad. En la parte superior se observa la interpretación de Twardowski quien resuelve la tensión brentaniana entre la direccionalidad primaria de la intencionalidad hacia el objeto y la dirección secundaria hacia el mismo acto. En Twardowski hay una diferencia entre el contenido y el objeto de la representación y la intencionalidad se dirige hacia el objeto por medio del contenido.

Ahora bien, según Husserl, la direccionalidad que Twardowski supone en la relación intencional no es simple sino que es doble (Hua XXII, 308, 351). Esto está indicado en la parte inferior del esquema donde una llave horizontal señala hacia una flecha punteada que sería la dirección del acto a su contenido. Tal como lo sintetiza Fisette, aquella diferencia de la que no se percata Twardowski según Husserl es la que se da “entre el hecho de tener un contenido inmanente y el hecho de apuntar, por medio de ese mismo contenido, a un objeto cualquiera” (Fisette, 2003: 77). Husserl, como se vio antes, diferencia al interior del contenido aquel componente que da la direccionalidad pero que no es inmanente sino que es intencional. En Husserl se trata de un solo acto mental. La reflexión o percepción interna implica un nuevo acto de la conciencia. En Twardowski, hay “un solo y mismo acto que llevaría tanto en una dirección como en la otra” (Fisette, 2003: 82).

En lo que se refiere a la segunda crítica, Husserl parte de un acuerdo con Twardowski en que en toda representación hay una tripartición entre acto, contenido y objeto (Benoist, 2001a: 119). Pero no está de acuerdo en la manera en que Twardowski interpreta la relación entre el contenido psíquico y la significación a la que Twardowski apela en su teoría de la imagen (Fisette, 2003: 74). Representar un objeto es tener una imagen psíquica del mismo y en tal sentido se supone, al menos en la teoría clásica de la imagen, una analogía entre el objeto representado y el contenido. Dicho contenido- imagen es para Twardowski un medio de acceso al objeto. Husserl detecta la ambigüedad de tal noción de contenido y desarrolla su propia explicación del contenido del acto psíquico ya mencionada (Fisette, 2003: 74-75).

Con respecto a la relación de influencia entre Twardowski y Husserl se debe evitar radicalizar la influencia de sólo uno sobre el otro. Ciertamente, Twardowski fue un interlocutor de Husserl en el desarrollo de su teoría de la intencionalidad y es alguien de quien Husserl se distancia en su proceso de alejamiento de algunos puntos de la ortodoxia brentaniana (Benoist, 2001a; 119; Mohanty, 2008: 47). Sin embargo, me parece arriesgado afirmar que la lectura del texto de Twardowski fue lo que llevó a Husserl a desarrollar toda su fenomenología tal como lo afirma Cavallin.[14] El desarrollo de la teoría husserliana de la intencionalidad comienza a manifestarse ya en sus “Estudios psicológicos”. Tampoco es acertado decir que Husserl haya ignorado el problema de la paradoja de las representaciones sin objeto pues conocía las raíces bolzanianas del problema antes de escribir “Objetos intencionales” (Mohanty, 2008: 50). En fin, se puede afirmar con Fisette que “el problema de las representaciones sin objeto se impone al Husserl temprano, y esto es mucho antes de su lectura de la obra de 1894 de Twardowski” (Fisette, 2003: 90).

En cuanto a un tópico de interés pero que excede los límites de la presente instancia me parece conveniente al menos dedicarle unas líneas. Se trata de la crítica de Husserl a la teoría de la imagen de Twardowski. Al parecer, Husserl asocia la teoría de la imagen de Twardowski con la concepción popular de dicha teoría difundida en aquella época. Esta última interpretaba la relación entre el objeto y la imagen como la de una semejanza fotográfica. Twardowski mismo se defiende anticipadamente de esta crítica en el parágrafo 12 de Contenido y objeto ya que se pone a sí mismo fuera de dicha línea de interpretación. Y como lo aclara Benoist, “es verdad que Twardowski mismo pone un límite al modelo de la ‘imagen-copia’” (Benoist, 2001b, 182). En el caso de la teoría de la imagen de Twardowski se trata más bien de un modelo proyectivo que implica cuestiones de mereología (Cf. Benoist, 2001b, 182-183).[15] En relación con la posterior teoría de la imaginación de Husserl, Rollinger se ocupa de un manuscrito de 1898 (Hua XXIII) que fue la base para las lecciones que Husserl dictó sobre ese tema entre 1904 y 1905 (Rollinger, 2008: 37). Según Rollinger, a partir de 1894 Husserl fue muy influenciado en su modo de comprender las representaciones de la fantasía en tanto actualizaciones de la imaginación (Rollinger, 2008: 39-40). Sin embargo, Husserl interpreta de un modo diferente la imagen de la fantasía.[16]

3.5. El aspecto ‘relacional’ de la intencionalidad

Luego de lo expuesto sobre Husserl en las secciones anteriores, me parece oportuno dedicar la última sección de este capítulo a un aspecto problemático de la noción de intencionalidad tal como la ha planteado Husserl hacia el final de su etapa temprana. Según Benoist, la dificultad de la teoría de la intencionalidad está dada por el hecho de que “no es una teoría de las relaciones (…) y [sin embargo] se presenta sobre la apariencia de una teoría tal” (Benoist, 2001a: 118). La dificultad señalada por Benoist se puede hallar especialmente en la quinta de las Investigaciones lógicas de Husserl. Por tal motivo, antes de ingresar en los detalles del problema señalado conviene realizar una introducción al proyecto general de dicha obra de Husserl.

Tal como lo indica Moran, Husserl publicó Investigaciones lógicas por primera vez en dos volúmenes en 1900 y en 1901. En julio de 1900 aparece el primer volumen titulado Prolegómenos a la lógica pura. Y en 1901 aparece el segundo volumen titulado Investigaciones en fenomenología y la teoría del conocimiento donde Husserl expone sus seis Investigaciones (Moran, 2001: xxi). En 1913 aparece una segunda edición revisada de los Prolegómenos y de las cinco primeras Investigaciones (Moran, 2001: lxvi, n. 1). Dicho año, Husserl también publica Ideas I y para ese entonces ya ha adoptado el idealismo trascendental al cual adapta la terminología y el contenido de sus Investigaciones lógicas (Benoist, 2001: 131; Mulligan y Smith, 1986: 205). La noción de intencionalidad presentada en esta sección corresponde a la presentada por Husserl en la primera edición de sus Investigaciones lógicas, en particular, en la quinta de ellas.

Los dos tomos de las Investigaciones lógicas de Husserl publicados entre 1900 y 1901 exponen sus consideraciones filosóficas en el marco teórico de la fenomenología husserliana temprana. El primer tomo, Prolegómenos a la lógica pura, constituye una introducción a las Investigaciones siguientes y su principal objetivo es distanciarse del enfoque psicológico presente en su Filosofía de la aritmética de 1891 lo cual se corresponde con el giro ontológico que Husserl realiza a partir de 1894. Además, el título de estos Prolegómenos lleva implícita la propia consideración que Husserl tenía de la lógica en contraste con los enfoques lógicos vigentes en su época. En general, Husserl entiende como teorías que se agrupan bajo el término de ‘lógica’ a los sistemas formales, esto es, sistemas que no consideran en sus desarrollos la conexión con lo empírico; por ejemplo, la naciente teoría de conjuntos y la aritmética. De estas lógicas o sistemas formales Husserl criticará cualquier forma de relativismo contenida en ellas y opondrá su propia consideración de la lógica como teoría de todas las teorías.

Como lo comenta Zahavi, según lo indica Husserl en el prefacio de sus Investigaciones lógicas su propósito es brindar una nueva fundamentación a la lógica pura y a la epistemología (Zahavi, 2003: 8). En la época que Husserl escribe sus Investigaciones, la epistemología en tanto teoría del conocimiento implicaba dar una respuesta a la pregunta sobre cómo era posible el conocimiento. Y dentro del proyecto general de Husserl en esta obra “el estatus de la lógica y las condiciones para la posibilidad del conocimiento y la teoría científica son sus intereses particulares” (Zahavi, 2003: 8).

En el marco del psicologismo la psicología se atribuye a sí misma el rol de investigar científicamente la naturaleza cognitiva de los distintos tipos de fenómenos psíquicos y también la estructura del razonamiento científico y lógico. Y en última instancia la psicología se considera capaz de brindar una fundamentación teórica de la lógica. La principal crítica de Husserl contra el psicologismo es que “comete el error de ignorar la fundamental diferencia que existe entre el dominio de la lógica y el de la psicología” (Zahavi, 2003: 8). La lógica, a diferencia de la psicología, no es una ciencia empírica. La lógica investiga estructuras y leyes ideales con certidumbre y exactitud (Zahavi, 2003: 8). Los resultados de los estudios de la psicología empírica, en tanto investiga la naturaleza fáctica de la naturaleza, se caracterizan por su vaguedad y mera probabilidad. De modo que no se puede reducir la lógica a la psicología (Zahavi, 2003: 9).

Para evitar caer en este error es necesario distinguir entre el acto de conocimiento y el objeto del conocimiento. La experiencia subjetiva de conocer tiene duración temporal, es un acto mental o proceso psíquico que comienza y termina en un lapso de tiempo. Las verdades matemáticas, los principios de la lógica, etc. son objetivos y atemporales. “Aunque los principios de la lógicas sean captados y conocidos por la conciencia, somos conscientes de algo ideal que es irreducible y totalmente diferente de los actos psíquicos reales de conocimiento” (Zahavi, 2003: 9). Estas diferencias y esta crítica al psicologismo forman el trasfondo de las seis Investigaciones.

La primera de las Investigaciones se titula “Expresión y significación”. Husserl se refiere a la expresión por medio del lenguaje, en particular, cuando éste es considerado como el medio que permite a las teorías científicas manifestar con palabras sus afirmaciones. Esto último se hace concreto en los textos académicos o científicos de los que dispone cada comunidad científica en un momento histórico determinado. Husserl detecta la importancia del lenguaje en la ciencia y se propone analizar la cuestión del significado que es considerado por él como un objeto ideal. Una serie de palabras expresadas acústicamente por la voz o gráficamente por medio de símbolos escritos no tiene significado a menos que instancie un significado ideal. El significado en tanto objeto ideal es lo que se instancia en una frase expresada verbalmente por un hablante o gráficamente por alguien que escribe y tal instanciación se da por medio de la intención significativa del individuo. Además, la vivencia que dicho individuo tiene de esa intención significativa instancia a su vez el significado ideal atribuido a la expresión lingüística. Husserl también considera que es posible arribar al significado –especie ideal– partiendo de una abstracción ideatoria aplicada a las intenciones significativas que otorgan significado a las expresiones lingüísticas. Estas consideraciones pertenecen al ámbito de la teoría semántica que sostiene Husserl para la época y si bien los detalles exceden el alcance de esta tesis, cabe aclarar que hay una estrecha relación entre su teoría semántica y su teoría de la intencionalidad.[17]

Dos de las cuestiones abiertas por el planteo de Husserl en la primera Investigación son motivo de tratamiento en las dos Investigaciones siguientes. Por un lado, intenta explicar qué es la idealidad del significado en tanto objeto ideal. Por otro lado, lleva a cabo una descripción lógica para explicar cómo funciona la abstracción ideatoria que permite acceder a la especie ideal del significado en cuestión. De esta manera, en la segunda Investigación– “La unidad ideal de la especie y las teorías modernas de la abstracción”– se ocupa del tema de los universales o ‘especies’ y, en conexión con ellos, de las cosas individuales como así también de las propiedades individuales y las relaciones. Puntualmente, en relación con las preguntas que se abren en la primera Investigación una de las cuestiones abordadas es la de las condiciones de identidad de objetos ideales o universales.

En la tercera Investigación –“Sobre la teoría de los todos y las partes”–Husserl propone una teoría de las partes y los todos o mereología de corte intensional dado que rechaza el extensionalismo en mereología. La ontología propuesta por Husserl es formal dado que pretende aplicarse a cualquier dominio de objetos y distinguir sobre todo los objetos concretos y los objetos abstractos. En esta Investigación los términos ‘independencia’, ‘no independencia’, ‘parte’ y ‘momento’ exceden el ámbito de aplicación a la descripción psicológica de los elementos de la conciencia y se aplican a cualquier tipo de objetos. Para este entonces Husserl ha realizado el giro ontológico explicitado por él mismo en 1897 pero que ya se encuentra operante desde la primera parte de sus “Estudios psicológicos” de 1894. Dicho artículo es un primer borrador de esta tercera Investigación. La cual, tal como lo detallan Mulligan y Smith, es una de las claves de lectura y de organización de la totalidad de Investigaciones lógicas (Mulligan y Smith, 1986: 202). Es en la tercera Investigación donde se pueden encontrar las claves para explorar la relación entre la teoría semántica y la teoría de la intencionalidad en Husserl. Esto sugiere que una investigación exhaustiva de la noción de intencionalidad en la etapa temprana de Husserl implica atender no sólo a la fenomenología en tanto psicología descriptiva –a la cual me limito aquí– sino también a una mereología y a una teoría semántica.

Tal como lo detalla Sokolowski, “la cuarta Investigación entera es una aplicación de la lógica parte-todo al dominio de los significados” (Sokolowski, 1977: 99). Al ocuparse de la naturaleza de una gramática ideal o pura, Husserl considera que partiendo de diversas combinaciones de significados simples se pueden formar significados complejos. Sin embargo, para que esas combinaciones se constituyan en todos verdaderamente significativos deben seguir ciertas reglas (Cf. Sokolowski, 1977: 99ss). Dicho de otra manera, el intento de Husserl en la cuarta Investigación es aplicar los resultados de la investigación anterior –especialmente lo desarrollado sobre el tema de los universales y las relaciones de no independencia– en vistas a dar una explicación a cómo una variedad de representaciones [Vorstellungen] “permanecen unidas con el acto de nombrar-significar de tal modo que contribuyen a la direccionalidad intencional de este acto sin formar una parte del significado del nombre en sí mismo” (Mulligan y Smith, 1986: 203). Según Benoist, en esta Investigación llega a su término la elaboración de la modalidad significativa de la intencionalidad (Benoist, 2001a: 135). Antes de referirme a la quinta Investigación, cabe señalar que la sexta Investigación contiene una teoría de la confirmación que busca dar una respuesta al problema de las representaciones sin objetos introducido pero no resuelto en la quinta Investigación (Benoist, 2001a: 112). Su principal objetivo es determinar cómo se distinguen los objetos verdaderos “de toda forma de pseudo-objetos, efectos o productos de la intención” (Benoist, 2001a: 135). Sin embargo, el tema abordado en esta tesis es previo a lo que ocupa a Husserl en la sexta Investigación ya que, según como se lo presenta en la quinta Investigación, es posible indagar en la cuestión del problemático carácter relacional de la intencionalidad de manera previa a la teoría de la confirmación.

Siguiendo a Mulligan y Smith se puede afirmar que, a grandes rasgos, en las Investigaciones lógicas de 1900/1 Husserl –más allá de las diferencias con su maestro Brentano– aún se inscribe dentro de la psicología descriptiva a la cual identifica con la fenomenología (Mulligan y Smith, 1986: 201). Husserl mismo ha dicho que la segunda parte de sus “Estudios psicológicos” –que le sirven de base para la quinta Investigación– eran un ejercicio de psicología descriptiva. Sin embargo, tal como lo señala Zahavi, esto no implica que Husserl recaiga aquí en un nuevo tipo de psicologismo. Se trata de un estudio de la subjetividad que tiene experiencia de objetos y principios ideales. Y en lo que está interesado Husserl es “en un entendimiento de lo que intrínsecamente y en principio caracteriza las percepciones, los juicios, los sentimientos” y otro tipo de vivencias (Zahavi, 2003: 12). Así, la intencionalidad forma parte de tal indagación de Husserl en tanto se trata de la característica intrínseca de la conciencia que será tema de la quinta Investigación.

Hechas estas aclaraciones sobre las Investigaciones lógicas retomo ahora el punto problemático anticipado al principio de la sección y que ha sido presentado de manera particular por Benoist (2001a). Se trata del carácter problemático de la teoría de la intencionalidad en tanto se presenta como una teoría de las relaciones pero en realidad no lo es (Benoist, 2001a: 118). Este problema se comienza a plantear en la quinta Investigación cuando Husserl al describir los actos psíquicos como vivencias intencionales remarca que al utilizar la expresión ‘acto’ se la debe disociar totalmente de la idea de ‘actividad’ (Cf. Husserl, 1976/1982: 499, n. 17). Esta noción de acto está en el centro del carácter problemático de la relación intencional tal como la plantea Benoist: “la intencionalidad, lejos de ser una relación que ocurre ‘entre’ un objeto y otro, es una relación que es en sí misma un objeto (pero un objeto de un tipo particular: un acto)” (Benoist, 2001a: 118). Dicho de otra manera, la intencionalidad no se delimita como una relación entre dos pilares o términos; un yo y una referencia objetiva. Pero tampoco es ninguno de esos términos. En el caso de las vivencias intencionales se supone más bien un tipo particular de “actos sin soporte previo más que ellos mismos” (Benoist, 2001a: 121).

Esta falta de necesidad del “yo” como supuesto primer polo de una relación entendida de manera corriente como una actividad entre dos términos coincide con la teoría no egológica de la conciencia propia de Husserl en 1901. Tal como lo detalla Zahavi, en esta etapa de su pensamiento Husserl rechaza la idea de un “un polo-ego puro idéntico al que todas las vivencias se refieren, comparten y que condiciona su unidad”, además, está de acuerdo con que “las vivencias no son estados o propiedades de nadie sino eventos mentales que simplemente suceden” (Zahavi, 2002: 52). Éste ocurrir del acto psíquico sin la intervención de un polo egológico implica dejar de lado “la dualidad involucrada en la intencionalidad [y por lo tanto] la diferencia entre el sujeto que intenciona y el objeto intencionado no se puede sostener más” (Zahavi, 2002: 58. Cf. Hua XIX, 362). De esta manera, es posible liberarse del “anclaje egológico” que, tal como lo señala Benoist, se puede estar tentado de realizar al momento de analizar el concepto de intencionalidad (Benoist, 2001a: 116).

Según Benoist, esto permite definir a la intencionalidad como una ‘relación primitiva’. Esto quiere decir que previamente al hecho de que haya una relación del yo al objeto está el hecho de que hay una relación hacia el objeto que es tan previa, “tan primitiva que no tiene sentido buscar un yo al cual sujetarla” (Benoist, 2001a: 117). Cuando se dice que se trata de una ‘relación’ primitiva se debe tener en cuenta que Benoist deja en claro que lo que se llama aquí ‘relación’ aparenta ser una relación pero no lo es (Benoist, 2001a: 118). En otras palabras, si bien sigue hablando aquí de una ‘relación’ ya no se supone una teoría de las relaciones naturales donde se presupone la existencia de los dos relata (Zahavi, 2003: 20). Éste aspecto relacional de la intencionalidad –que sin embargo no es una relación– es el que me interesa remarcar aquí y que supongo de aquí en adelante al utilizar el término ‘relación’ –de lo contrario, será aclarado–.

Queda por indagar cómo se explica en esta teoría husserliana de la intencionalidad el supuesto polo objetivo de la ‘relación’ intencional. Siguiendo a Benoist, la disociación fundamental que se debe hacer para comprender este punto es entre la vivencia y el objeto. En tal sentido, un “enunciado que dice que un objeto es intencionado no dice en efecto nada de ese objeto” (Benoist, 2001a: 120). Lo que se dice en este caso es dicho sobre la vivencia y no sobre el objeto; lo único que se dice es que la vivencia en cuestión es una vivencia intencional. Para Benoist lo que Husserl quiere decir es que “donde hay intencionalidad no hay nada más que la vivencia” (Benoist, 2001: 120). Siguiendo esta idea y contrastando la edición alemana con la traducción francesa, Benoist detecta un error y propone una valiosa alternativa de traducción para las dos últimas palabras del siguiente pasaje de Husserl:

“Prescindiendo de ciertos casos excepcionales, no hay dos cosas que estén presentes en el modo de la vivencia, no es vivido el objeto y junto a él la vivencia intencional que se dirige a él. Tampoco son dos cosas, en el mismo sentido que una parte y el todo que la comprende. Sino que sólo hay presente una cosa, la vivencia intencional, cuyo carácter descriptivo esencial es justamente la intención referencial” (Husserl, 1976/1982: 495 [cursivas mías]).

El párrafo citado corresponde a la traducción española de Gaos y está reproducido sin cambios excepto por las dos últimas palabras. Donde Gaos dice ‘intención respectiva’ introduje ‘intención referencial’ (intention rèférentielle) tal como lo propone Benoist (2001a: 121, nota 1). El punto problemático que detecta Benoist es que la traducción francesa introduce de manera errónea el término ‘objeto’ al final de la frase, con lo que queda afirmada una “intención relativa al objeto” (intention relativa à l’objet) (Benoist, 2001a: 121, nota 1). Dado que el texto alemán –bezügliche Intention– no habla de ‘objeto’ en esa parte, es conveniente seguir la traducción de Gaos o la de Benoist. Justamente, “el problema es precisamente ver cómo puede haber una tal Bezug sans objet [relación sin objeto]” (Benoist. 2001a: 121, n. 1).

Siguiendo a Benoist, cabe recordar que no está claro si la intencionalidad –tal como la considera Husserl en 1901– es una relación pero en caso de que lo sea, tiene un carácter extraño (Benoist, 2001a: 121). Por ello, se trata de un tema que se puede prestar fácilmente a confusión. Si no se repara en esto, se corre el riesgo de caer en dos malentendidos al intentar explicar la noción de intencionalidad en esta fase del periodo temprano de Husserl. Por un lado se puede caer en la trampa de pensar que es necesario un primer pilar para dicha relación que sería el ‘yo’. Pero como lo indica Benoist, esto no representa el punto de vista de Husserl en la primera edición de Investigaciones lógicas donde “los actos no tienen otro soporte más que ellos mismos”; se basan “en su propia efectividad y [son] ellos mismos los vectores y la puesta en acto de la relación pero no constituyen ninguno de los términos” (Benoist, 2001a: 121).

Ahora bien, aunque se descarte el equívoco de suponer el primer término aparentemente necesario de la relación intencional, se puede incurrir en segundo lugar en el error de suponer la idea de referencia objetiva como el término hacia el cual tiende la relación. En este caso se debe comprender, según Benoist, que cuando se coloca como contrapartida de la vivencia intencional un objeto que está presente intencionalmente se debe tener en cuenta que aquí Husserl parece entender ‘intencional’ –aplicado al objeto– como un adjetivo modificativo en el sentido de Twardowski. Esto es, un objeto ‘intencionalmente’ presente ya no es un objeto. El predicado modifica a aquello a lo que se predica, lo altera radicalmente; como ‘falso’, en la expresión ‘diamante falso’ o como ‘pintado’ en la expresión ‘cuadro pintado’. En cambio, ‘intencional’ aplicado a la vivencia tiene un empleo determinativo que no afecta el estatus ontológico de la vivencia (Benoist, 2001a: 121). De modo que la intencionalidad existe de manera independiente del estatus ontológico que pueda caracterizar al objeto intencional (Cf. Zahavi, 2003: 21). Con respecto a dicho objeto Husserl dice que “no hay diferencia si dicho objeto existe o es imaginario o absurdo. ‘El objeto es meramente intencional’ (…) significa que la intención, la referencia al objeto así caracterizado, existe, pero no que el objeto existe” (Hua XIX, 439).[18]

Según Benoist, esto forma parte de la estrategia husserliana donde se resalta “la inconsistencia ontológica del objeto de la intencionalidad” (Benoist, 2001a: 122). Esta inconsistencia está dada por el hecho de que la intencionalidad tiene al parecer dos niveles o aspectos. Por un lado, la intencionalidad está atravesada por una referencia fundamental al objeto y, por otro lado, ella puede no necesitar de dicho objeto (Benoist, 2001a: 122). Esto no está en desacuerdo con lo que señala Zahavi al explicar que la característica de la intencionalidad es tal que si “A intenciona a B, sólo A debe existir” (Zahavi, 2003: 20).

Según Benoist hay una gramática de la representación en Husserl que se caracteriza por ser siempre “representación de algo, comporta una referencia a algo, pero esta referencia no da absolutamente, en sí misma, un objeto” (Benoist, 2001a: 123). Para comprender esto es necesario alejarse de una lectura estándar de la intencionalidad donde se supone una conjunción de la ‘referencia’ y el ‘objeto’. Es decir, es necesario disociar dichos términos para una correcta comprensión de la intencionalidad en el Husserl de Investigaciones lógicas de 1900/1.

En este punto conviene recordar que si bien Husserl hacia el final de la etapa temprana modifica el uso de la terminología proveniente de la psicología descriptiva brentaniana, sigue siendo deudor de ella. Tal como lo indica Benoist, esto se aplica sobre todo a su relación con Twardowski:

“La edificación de un verdadero pensamiento de la intencionalidad pasa (…) a los ojos de Husserl por una clara disociación del «contenido», psíquico o semántico, del acto y de su «objeto», tal como aquel operado por Twardowski en su opúsculo de 1894. Desde este punto de vista, como lo ha mostrado notablemente Karl Schuhmann, la lectura de Twardowski constituye así un hito esencial sobre el camino de la invención husserliana de la intencionalidad, en la ruptura con Brentano” (Benoist, 2001a: 119).

Según mi entender el punto clave de la cita de Benoist está en el significado que se otorgue a la palabra ‘acto’ que pongo en cursiva. Tal acto contiene la idea de la intencionalidad en tanto relación primitiva que es independiente de los posibles polos de la relación. Y además, el acto en tanto vivencia intencional ha sido despojado por Husserl de toda idea de actividad. De modo que esta forma de describir la intencionalidad es paradigmática a tal punto que se sirve del tema de la representación sin objeto no para resolver la paradoja o definir el objeto intencional sino para profundizar en la descripción de esa peculiar ‘actividad’ psíquica. El interés de Husserl en la quinta Investigación parece ser ante todo la intencionalidad y no el objeto intencional.[19] Este énfasis de Husserl en la intencionalidad en sí misma parece quedar confirmado por la afirmación de Benoist de que el motivo por el que Husserl apela a la intencionalidad es “para mostrar el carácter superfluo del objeto” (Benoist, 2001a: 122).

Esta propuesta de Husserl le permite definir la intencionalidad dentro de los límites de la ‘aparente’ paradoja de la representación sin objeto. Paradoja que comienza a resolverse cuando se comprende el tipo de ‘relación’ que es intrínseca a todo tipo de fenómeno psíquico. De modo que según lo expuesto hasta aquí, lo propio de la intencionalidad así aislada descriptivamente parece ser una especie de tensión que se mantiene a sí misma. En esta tensión hay direccionalidad pero el punto u objeto al que se dirige no forma parte de dicha tensión. Tal tensión es previa al sujeto que la vivencia. Y esta tensión no es tampoco una actividad. Esta tensión es una intención referencial donde la exigencia de referencialidad no implica la necesidad de un término de dicha extraña relación para que subsista o se mantenga la tensión.

Esto no implica negar que los esfuerzos posteriores de Husserl en relación al objeto intencional y a la relación de cumplimiento sean altamente valorables. Sino que ellos no deben hacer pasar por alto que gracias al enfoque de la psicología descriptiva es posible un nivel de análisis en el que el centro de la indagación es la cuestión de la intencionalidad en sí misma como tensión o relación primitiva. La cual, como indica Zahavi, es una “característica intrínseca de la conciencia” caracterizada simultáneamente por su “existencia independiente” y su “direccionalidad objetiva” (object-directedness) (Zahavi, 2003: 21).


  1. Entre corchetes se indica el año de publicación en Hua XXV. Cf. Xolocotzi, 2006: 13, n. 1.
  2. La traducción es de Carlos Lozano. Cf. Husserl, 2006: 13.
  3. En la nota indicada Albertazzi traduce al inglés el texto en alemán de Schuhmann (1997: 16ss).
  4. La traducción del alemán es de Gaos y Zirión. Cf. Husserl, 2013 [1913]: 441.
  5. Para una propuesta alternativa que sostiene la presencia de cierta noción de intencionalidad en Filosofía de la aritmética de Husserl, ver Willard (1984).
  6. La cuestión de la noción de ‘concepto’ tanto en Brentano como en Husserl excede los límites del planteo de esta tesis. Sin embargo, cabe aclarar a grandes rasgos que cuando se alude a dicho término en estos autores se debe reparar en que lo que se resalta es una actividad cognitiva relacionada con la representación indirecta o simbólica. Ésta última como contrapuesta a una representación directa o intuitiva de la cual se deriva. En tal sentido, los términos  ‘auténtico’, ‘inauténtico’, ‘conceptual’ y ‘abstracto’ son predicados psicológicos para el Husserl temprano de 1891 influido por la doctrina de su maestro. En vistas a lograr una continuidad con las siguientes secciones, optaré siempre que sea posible por la dupla ‘representaciones auténticas’ e ‘inauténticas’.
  7. Una de las principales actividades cognitivas a considerar en Filosofía de la aritmética como parte del origen psicológico del concepto de número es la ‘abstracción’. La complejidad de dicha cuestión impide que me ocupe aquí de ella y también implica un alejamiento del tema de la intencionalidad. Cf. Angelelli (1989 y 2013).
  8. Tal como lo detalla Willard en una nota al pie en la página inicial de la traducción al inglés que sigo aquí, este artículo de Husserl apareció por primera vez en 1894 en Philosophische Monatshefte, Vol. 30, pp. 159-191 y fue republicado en Husserliana XXII, pp. 92-123. La versión de dicho texto aquí utilizada está detallada en la bibliografía (Cf. Husserl, 1994 [1894a]: 139-170). También utilizaré la traducción de Willard al ocuparme del manuscrito “Objetos intencionales” (Cf. Husserl, 1994 [1894b], pp. 345-387; publicado inicialmente en Husserliana XXII, pp. 303-348) y de la reseña crítica de Husserl a Contenido y objeto de Twardowski (Cf. Husserl, 1994 [1896], pp. 388-395; publicada por primera vez en Husserliana XXII, pp. 349-356). Las referencias a estos tres textos de Husserl se indicarán por la paginación de Husserliana XXII, en adelante ‘Hua XXII’.
  9. Tal como lo indica Willard en nota al pie en la página inicial de la versión en inglés de este texto, el mismo apareció por primera vez en Archiv für systematische Philosophie, 3, 1897, pp. 216-244. Fue republicado en Husserliana XXII, 1979, p. 124-151. Cf. Husserl (1994 [1897]).
  10. Sigo aquí la traducción directa del alemán de Walton. Cf. Walton, 1993a: 35.
  11. De aquí en adelante utilizaré “Representación” y sus variantes con “R” mayúscula cuando se trate del término en alemán Repräsentationen y sus variantes. Cuando se hable de “representación” y sus variantes con “r” minúscula se trata del término alemán Vorstellung y sus variantes. Sigo la convención indicada por Willard (1994: xxxiii). Cf. English, 1975: 166-167. Cf. Cairns (1973) y Zirión Quijano (2013 y 2014).
  12. Según la propuesta de De Boer, es posible relacionar algunos tópicos husserlianos de Ideas I de 1913 con la cuestión de 1894 referida al nuevo modo de conciencia implicado en el caso de las Representaciones que Husserl ilustra con el ejemplo de los ‘arabescos’ (Hua XXII: 114-116). Si bien esta confrontación excede el marco de los escritos tempranos de Husserl que son objeto de estudio en esta tesis, cabe mencionar brevemente que De Boer indica que en esta descripción husserliana de la experiencia de transición entre dos actos se encuentra el primer antecedente del tema de los actos de síntesis que luego serán desarrollados por Husserl. De Boer recuerda que en 1913 Husserl critica a Brentano por su concepción estática de la intencionalidad que lo hace fallar al momento de proveer un análisis de las síntesis de la conciencia (De Boer, 1978: 14-15, esp. n. 12). Cf. Walton, 1993b: 10-11.
  13. El esquema contiene algunas modificaciones que detallo en la explicación.
  14. Cito aquí la afirmación aludida de Cavallin: “Verdaderamente, el trabajo de Twardowski debería ser descrito como teniendo un efecto ‘desencadenante’ (triggering effect), [en primer lugar] sobre el desarrollo de la primera versión de la fenomenología de Husserl, centrada en torno a la crítica del psicologismo en filosofía y [por otro lado] sobre el segundo momento de la fenomenología de Husserl, esto es fenomenología ‘pura’ o ‘trascendental’” (Cavallin, 1997: 29).
  15. Según Benoist, dicho modelo proyectivo era algo profundamente extraño para el pensamiento de Husserl al menos en 1894 (Cf. Benoist, 2001b: 183).
  16. La siguiente cita sintetiza las principales indicaciones de Rollinger al respecto: “Mientras la concepción de Husserl de la representación de la fantasía por medio de la analogía con la representación de imagen va más allá de la teoría de Brentano, ciertamente muestra la influencia de Twardowski. En dos aspectos importantes, sin embargo, el pensamiento de Husserl difiere del de Twardowski. Primero, la analogía en cuestión no es extendida por Husserl a todas las representaciones sino que se aplica sólo a las representaciones de la fantasía. Segundo, los análogos de figuras no son comprendidos como inmanentes a la conciencia” (Rollinger, 2008: 45).
  17. Este punto ha sido motivo de análisis por parte de Benoist (2001a).
  18. La traducción del alemán al inglés es de Zahavi. Cf. Zahavi, 2013: 20.
  19. Según Benoist, Husserl no resuelve el problema del objeto intencional en la quinta Investigación. Cf. Benoist, 2001a: 112.


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