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Introducción

Heidegger y Husserl: Una relación viva

Andrés Gatica Gattamelati (PUC/CONICYT)

La relación filosófica entre Husserl y Heidegger se adentra hoy por hoy, en lo tocante al preciso mapeo historiográfico y sistemático de sus zonas de sobreposición, en un período de extraordinaria movilidad. La publicación paulatina de la Husserliana nos muestra a sus anchas que buena parte del imaginario que Heidegger y Gadamer ayudaron a construir sobre la obra de Husserl resulta en muchos puntos injusta y tendenciosa. A la visión que el grueso de la literatura consagrada a Heidegger y a sus epígonos nos ha transmitido de la fenomenología constitutiva de Husserl como una empresa furiosamente teorética, que propugna el establecimiento de un sujeto trascendental indeterminado ontológicamente y radicalmente desmundaneizado, se le opone una imagen mucho más concernida con lo que se puede denominar el problema de la pre-donación del mundo y que cristaliza en una preocupación marcada por la facticidad, un asunto que, progresivamente descubrimos, resultaba decisivo para ambas derivas fenomenológicas.

Hasta ahora, en efecto, uno de los puntos tradicionalmente más ricos de oposición entre la fenomenología hermenéutica de Heidegger y la fenomenología reflexiva de Husserl había sido fijado en el modo en que ambas derivas hacían frente a la cuestión de la relación entre la dimensión concreta y fáctica de la subjetividad y la dimensión constituyente del aparecer del mundo. El relato tradicional de esta oposición nos explicaba a grandes rasgos que, mientras que para Husserl la diferencia entre la esfera constituyente y la esfera constituida, vale decir, entre la dimensión trascendental del aparecer y la dimensión objetiva de lo que aparece, habría quedado enteramente ordenada por el hecho de que la conciencia trascendental operaba como una “trascendencia en la inmanencia” radicalmente diferenciada del mundo, para Heidegger, la dimensión constituyente nunca habría estado plenamente libre de lo constituido (en efecto, la aperturidad era para Heidegger siempre fáctica) toda vez que para éste la facticidad definiría estructuralmente el carácter inderivable de la vida de toda instancia superior o externa al mundo.

Este relato que tiene tanto sus luces como sus sombras, debe ser leído con muchísimas precauciones, en la medida en que, por una parte, la subjetividad para Husserl no fue únicamente una trascendencia en la inmanencia, sino también una inmanencia radicalmente afectada por la historia de los actos intencionales concretos que el sujeto ejecuta, y por otra parte, porque Heidegger nunca asumió radicalmente todas las consecuencias que se seguían de apuntar a la facticidad como el lugar de constitución trascendental del aparecer del mundo. Tanto en Husserl podemos encontrar un compromiso con la facticidad y con la historicidad concreta de las ejecuciones de la subjetividad, justamente como consecuencia, tal como lo ha puesto de relieve San Martín, de su carácter radicalmente descriptivo, y en Heidegger podemos encontrar reiterativamente, en contra de la resistida tesis de Gadamer, el emplazamiento en un trascendentalismo que en muchos puntos no puede ser atribuido meramente a una inconsistencia filosófica, sino que debe ser asumido como una tendencia sistemática e íntima de su período de Marburg.

La historia de encuentros y desavenencias entre Husserl y Heidegger, sin embargo, no se desplaza únicamente a un centro de mayor fidelidad textual, en la capacidad de mapear una relación de mutua influencia, por ejemplo, entre el giro genético husserliano y la analítica existencial de Heidegger –tal como sugieren Merleau-Ponty y Landgrebe-, o bien en la falta de esta presunta influencia, –tal como sugieren Jamme y otros-, sino que permite rastrear los hito de un diálogo inagotable, que excede derechamente la disputa ficticia entre una fenomenología reflexiva y otra hermenéutica, y que hace explotar las historias asentadas que circulan sobre esta relación y que se multiplican como la mala hierba.

La fenomenología de Heidegger, dejando de lado su verdadera filiación con la filosofía trascendental, aun cuando se asiente en la facticidad y en la historicidad de un mundo significativo, no es capaz de diluir en todo sus puntos la necesidad de recurrir a ciertos complejos objetivantes para la acreditación de sus fenómenos, toda vez que su fenomenología es y se entiende a sí misma como una fenomenología consagrada a las cosas mismas. Esto implica que el Heidegger fenomenólogo de la década del 20 no es el Heidegger del desasimiento subjetivo, y no es tampoco, mucho menos, el Heidegger que ha sacado todas las consecuencias de la identificación entre ser y presencia. El Heidegger de la década del 20 oscila, por el contrario, entre la crítica al subjetivismo y su tenaz restitución, entre el rechazo de la interpretación presencialista del ser y su adopción más consagrada, en la acuñación de un lenguaje trascendental que recupera el proyecto de Kant y Husserl, y en su auto-crítica inmanente que sencillamente los disuelve. Por su parte, la fenomenología de Husserl, por su tendencia teleológica a la unidad, no es capaz de acceder a formas de acreditación que no tomen asiento en una experiencia cuasi-doméstica del mundo. La teleología fuerza a Husserl a re-encontrar en la dimensión pre-constituyente las semillas de las objetividades de orden superior, de modo que, o bien el mundo se vive como aquello que debe ser recortado en una auto-posición que nos conduciría a las aporías del idealismo y del realismo, o un mundo pre-dado que, en cuanto puesto, admite siempre un despliegue armónico con la subjetividad, y en ese sentido, tiene una tendencia insuprimible a la posición de un mundo en sí, idéntico y verdadero frente a la pluralidad de mundos no mediados por el esclarecimiento de las ciencias. Esto quiere decir que aunque el Husserl tardío aborde problemas como la muerte o como el otro, la muerte y el otro no son nunca lo otro que la razón. Siempre se despliegan armónicamente como fenómenos límites de su propia andadura.

Estas limitaciones, sin embargo, lejos de permitirnos una superación aparente, repleta de oscuridades conceptuales y de impulsos de refundación acelerada, nos debe hacer volver una y otra vez a las verdaderas fuentes de derecho de la fenomenología que en el trabajo de Husserl y Heidegger supieron despuntar bajo la forma de un diálogo vivo entre la sensibilidad por la historicidad y el desiderátum constante de ser ciencia rigurosa: la consagración a lo dado, en cualquiera de sus formas unitarias o disruptivas, y la afirmación cuidadosa del análisis intencional en su versión subjetiva o existencial, como la herramienta metódica privilegiada que permite poner al descubierto tanto los fenómenos de correlación como sus fenómenos de rompimiento. En cualquiera de sus formas, la fenomenología sigue estando en movimiento.

Aunque ninguno de los ensayos que presentamos al público a continuación se ofrece como un mapeo de la relación de herencia entre Husserl y Heidegger, cada uno de ellos, escrito por jóvenes fenomenólogos latinoamericanos, es capaz de echar una luz preciosa para profundizar en las sinuosidades más íntimas del pensamiento de ambos autores, y facilitar, de ese modo, que los excesos de la tradición, no sólo en contra de Husserl, sino también en contra del propio Heidegger, sean en principio contenidos, e idealmente remediados.

Considero una fortuna y una dicha enorme asumir la tarea de editar en esta publicación las contribuciones de quienes seguramente impactaran el desarrollo de la fenomenología latinoamericana en el futuro. Mi agradecimiento va, en ese sentido, dirigido a los colaboradores de este volumen: Jorge Pulido, Rodrigo Sandoval, Pablo Rojo y Pablo Guíñez.  

Quisiera, por otra parte, agradecer de la manera más obsequiosa al Dr. Francisco de Lara por la confianza irrestricta que ha depositado en nosotros al momento de llevar a cabo este  volumen. No sólo en este proyecto mi deuda para con él es incuantificable, sino en todos los hitos académicos que han marcado mi andadura en la filosofía, desde que hace poco más de 9 años comenzara a trabajar bajo su dirección en mi tesis de licenciatura. Asimismo, mi más sentido agradecimiento va para los Prof. Luis Mariano de la Maza y Eric Pommier. A Yuliana Leal, Mariya Veleva, Hugo Pérez, Roberto Quiñonez, Catalina Velarde, Megan Zeinal dedico un sentido y fraterno agradecimiento en su calidad de comité organizador  del  I Congreso Nacional de Doctorandos en Filosofía, evento que ha servido como marco para el desarrollo de este volumen. Mi agradecimiento para con ellos trasunta también la convicción de que la amistad y el esfuerzo denodado por instalar una comunidad de colaboración honesta y afectuosa, permiten no solo mejorar el espacio en el que desarrollamos nuestro trabajo, sino en último término, la propia calidad de éste. Mi agradecimiento, asimismo, va dirigido también a todos los administrativos de la facultad de filosofía de la Pontificia Universidad Católica de Chile, y muy especialmente, a Verónica Guajardo, Pamela Núñez y Pedro Órtiz, sin los cuales la organización del evento habría sido imposible. Agradezco, por último, a la Comisión Nacional de Investigación Científica y Tecnológica de Chile por su contribución ininterrumpida al desarrollo de la filosofía a nivel regional, y concretamente, por su influencia inestimable en esta publicación. Por último, mi agradecimiento va dirigido a Laura Díaz de Teseo Press por la posibilidad que nos ha brindado de publicar estas contribuciones.



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