Otras publicaciones:

9789877230666-frontcover

9789877230284-frontcover

Otras publicaciones:

Book cover

9789877230185-frontcover

3 Las damas y el financiamiento de su obra

Ya se ha trabajado a lo largo de esta tesis sobre el por qué de la preocupación por los poderes políticos y las elites de la época para intervenir con la niñez y cuáles organizaciones fueron las seleccionadas para tal fin. Al analizarlas también quedaron plasmadas las características de las intervenciones que realizaron y cómo ellas fueron cambiando a lo largo del período de estudio.

En este capítulo interesa profundizar el análisis acerca del lugar que ocupaba la mujer en ambas instituciones y cuál era la relación dama-intervención. Sin embargo esto no se hubiera podido realizar sin que ambas organizaciones contaran con recursos económicos para sostener su obra. Es por ello que analizaremos las fuentes de financiamiento tanto de la Sociedad de Beneficencia y el Patronato de la Infancia como así también el rol de la mujer para conseguirlo.

1. Mujeres de las elites y beneficencia

“[…]que vengará a las Damas de Buenos Ayres de la injusticia con que han estado privadas en la sociedad del lugar a que las hacen acreedoras sus virtudes y su mérito […] Estamos convencidos de que haciendo obrar a las Damas, como miembros activos de la sociedad, se pone en movimiento uno de los resortes más poderosos para crear la moral pública, uniformar la opinión y producir otras ventajas”. (El Centinela, 23/2/1883-AGN)

Según Barrancos,

[…] el siglo XIX irrumpió con transformaciones que tendrían largas consecuencias para lo que sería la Nación Argentina […] Las obligaciones de maternidad se hicieron más expresivas […] El estatuto madre se elevó a una mayor consideración y por doquier se expandieron manuales, instrucciones y predicados científicos que se unieron a los religiosos, ponderando los atributos de esta notable función (Barrancos, 2010: 53 y 54).

Para Tenti Fanfani “[…] en los principios estructuradores de la división del trabajo entre los sexos imperantes en ese momento histórico, la mujer fue la educadora moral por excelencia (Tenti, 1989:12). A la mujer se le otorgaba cualidades como paciencia, tolerancia o amor. Ella tenía los saberes especializados con relación a cuestiones domésticas ya que venían con el nacimiento y era la única capaz de trasmitirlos. Es que la familia se constituyó en el pilar fundamental sobre el que reposaba el sistema social y político, y esa condición se acentuó a medida que se salió del antiguo régimen (Barrancos, 2010). Cuando se aprueba el código civil argentino en el año 1869, el hombre se convierte en jefe indiscutido de la familia. Si bien hubo críticas porque se continuaba con la idea de familia tradicional de acuerdo al derecho canónico, Alberdi explica que

” […] dejar en pie la antigua ley civil era dejarle el cuidado de deshacer por un lado lo que la revolución de mayo fundaba por otro […] Todos estamos de acuerdo en América sobre que la educación incumbe crear la democracia […] pero olvidamos que la escuela favorita de esa educación es la familia y no el colegio […]” (Torrado; 2003: 133).

En el año 1888, si bien se sanciona la ley de matrimonio civil que reemplazó al matrimonio religioso, desde este marco legal la mujer continúa sometida al hombre en el ámbito doméstico y se le negaban los derechos políticos y su acción quedaba subordinada al hogar.

Sin embargo las mujeres de la alta sociedad pudieron romper con ese mandato. Rivadavia encarga la tarea benéfica a las mujeres de la elite porteña cuando decide crear la Sociedad de Beneficencia. Tenti al analizar discursos de Rivadavia expresa: “[…] poseen propiedades que se refieren a la posición que ocupan […] tales como distinguidas, elegidas, […] ser superior […] triunfadoras de los salones” (Tenti, 1989: 13) por lo que se encontraban capacitadas para enseñar y trasmitir la moral y buenas costumbres vigentes en el período estudiado.

El Código Civil Argentino vedaba a la mujer casada a actuar por sí sola. El art. 55 sostenía la incapacidad de la mujer y el art. 57 disponía que, a todos los efectos, su representante fuera el marido. La mujer casada no tenía derecho a educarse ni a realizar actividades comerciales sin su consentimiento. El marido se constituía en el administrador de todos los bienes incluidos los que la esposa aportara al vínculo y fue recién con la modificación del código en el año 1924, que pudo administrar sus propios bienes (Barrancos, 2010). Si se considera que el fin principal de las mujeres de la elites era el de contraer matrimonio y de esa forma perdían poder, la manera de ganarlo y recuperar su independencia fue, intervenir en la beneficencia.

Moreno al reflexionar sobre la mujer y su vinculación con la SB, explica que a éstas les “[...] otorgaba un escenario central de riqueza y el poder se podía mostrar sin remordimiento […]” (Moreno, 2000: 13). Ya sea para las mujeres de la SB como las que desempeñaban funciones en el PADELAI, la identidad femenina construida por el hombre desde una concepción de debilidad física, intelectual y moral como así también exceso de sentimentalismo las introdujo en la arena política.

Es que en el período estudiado, las funciones fundamentales de la maternidad y el cuidado de la familia, que se creían constitutivas de la esencia femenina, la vedaban de otras responsabilidades entre ellas, como ya se dijo, las políticas. Estas tareas eran incompatibles con las rudas responsabilidades de la cosa pública, cosa de hombres en todo caso (Barrancos, 2010).

La Presidenta de la SB Sra. de Arana decía en una ceremonia religiosa de la Patrona de la Merced dirigiéndose a las personas presentes decía,

“Ni la orfandad que os atormente, ni las privaciones de vuestra posición social, triunfaran de los estímulos de la Virtud que se os imprima. Ella, fundada en los principios de la verdadera moral e impresa en nuestros tiernos corazones, os hará partícipes de los bienes de que a veces no prodiga la naturaleza […]” (Legajo 41 AGN).

Las palabras de Arana no solo representaban salir del arquetipo social de la época sino que las coloca como trabajadoras fuera del ámbito doméstico. La remuneración o se da mediante un salario sino a través de prebendas como asistir a congresos, comprar las alcancías para las colectas o telas para confeccionar la vestimenta de quienes estaban asilados en el exterior.

Si se repasa la historia política del territorio se encuentran evidencias que permiten afirmar que las mujeres que pertenecían a la Sociedad de Beneficencia como al Patronado de la Infancia eran esposas, hijas o parientes de los hombres que se destacaban en la política, en el circuito comercial como así también propietarios de grandes estancias o fincas situadas en la ciudad. Grassi dice sobre ellas

“[…] en tanto los hombres de la clase dominante estaban en los negocios o en la política […], eran sus mujeres – colocadas fuera del vértigo que arrebata a los hombres y sin aspiraciones ambiciosas – las llamadas a lograr la perfección moral” (1989: 38). [1]

En ambos modelos, la intervención con la niñez, era considerada una función subordinada del Estado por eso se le encomendaba a las mujeres de las elites. Sin embargo, como ya se expresara, esta situación le permitió abandonar el ámbito doméstico y comenzar a ocupar un lugar dentro de la estructura pública. Las mujeres ambiciosas al no encontrar lugar en la política o en el congreso se refugiaban en la beneficencia, lo que le permitía ocupar un lugar expectable (García analizado por Tenti, 1989). Por ejemplo,

Cuando se trató de sujetar la actuación de la Sociedad a un organismo administrativo del Estado mediante un proyecto de ley enviado en Octubre de 1888 hubo tanta inquietud en estas Damas que la Presidenta de esta Sociedad, la Sra. de Lavalle mantuvo una entrevista con el entonces Presidente de la Nación, el Dr. Juárez Celman quien ordenó retirar ese proyecto de ley del Congreso (Facciuto, 2005:86).

Como ya se dejara plasmado en el capítulo 1, esta situación se dio en todo el período estudiado. Incluso el Patronato de menores tampoco pudo controlar a la SB.

Otra situación que permite afirmar el nuevo espacio público que ocuparon estas mujeres y que refuerza como utilizaron los códigos de la domesticidad para trascender a la esfera pública lo son las elecciones de las cuales participaban al interior de sus organizaciones. Podían ser electoras y elegibles, convocar y asambleas ordinarias y extraordinarias, estaban disputando cargos en comisiones directivas y presentaban memorias y balances. Es evidente que aprendieron a articularse con los hombres y con los diferentes poderes institucionales estatales. Como afirma Tenti, estas mujeres que habían logrado ocupar un lugar en la sociedad de aquel entonces no estuvieron fácilmente dispuestas a perder un poder- tal vez ingenuamente otorgado- e intentaron acrecentarlo interviniendo en el ámbito público por cuestiones inherentes a la vida doméstica (Tenti, 1989).

Del análisis de los legajos de los menores internados por la SB se encuentra un hecho de relevancia que puede demostrar una alianza entre ellas con el fin de apoyarse y ganar espacios de reconocimiento. En una muestra de 15 legajos revisados aparece el nombre de mujeres como testigos prestigiosos para avalar a una familia a efectos de llevarse a su casa un expósito[2]. Por ejemplo,

Niño Santiago Nº 7709. Se hizo cargo del mismo la Sra. Catalina Maisonave. Los informes de aval correspondieron a las Sras. Catalina Vivot y Edelmira de Pedriel o la niña Marta Nº 7713. Se hizo cargo del mismo Ivonne Parcenes de Pellez. Los informes de aval corresponden a las Sra. Juana W. De Echague y Antonia Domínguez. También se puede leer lo mismo con elniño Santiago Nº 7708. Se hizo cargo del mismo la Sra. Micaela Tobal de Solari (Facciuto, 2005:86 y 87).

Aunque es de destacar que el hombre era el que tenía el poder de decisión sobre si se aceptaba o no la entrega ya que en las 15 escrituras vistas se observa que la mujer casada que se presentaba a pedir la tenencia de un huérfano necesitaba tener el consentimiento de su esposo[3]; la mujer pudo establecer como norma no escrita que debía ser otra dama la que presentara a una familia postulante para llevarse a un huérfanoutilizando los discursos de esa época en los cuales se les depositaba saberes específicos por su género. En los casos vistos, se da esta situación por lo que se podría inferir que era un intento de detentar en forma implícita poder.[4]

Con relación al Patronato de la Infancia, si bien esta organización por estatuto, como ya se mencionó, podía ser conducida solo por hombres y su modificación se dio recién en el año 1960; al poco tiempo de su creación conformó la Comisión Auxiliar de Damas. Esta iniciativa se concretó el 17 de septiembre de 1895 y se disolvió cuando se modificó el estatuto que permitió a las mujeres ser parte de la comisión directiva[5]. En una reunión convocada por sus directivos y con presencia de sus socios el 22 de junio de 1894 se comprobó que los hombres que la dirigían expresaban […] la necesidad del concurso de señoras y jóvenes dispuestas a trabajar” (PADELAI, 1993: 31).

Si bien es difícil establecer en forma certera las acciones propias de esta comisión ya que no se detallan sus funciones, la lectura de la información registrada en el libro Cien Años de Amor y en sus libros de actas dan cuenta que se encargaban de cuestiones de relevancia. Por ejemplo, en 1905 fueron designadas para que gestionaran ante la municipalidad de Buenos Aires la donación de terrenos, lo cual se concreta en 1906. Para la colecta que se efectuaría en 1925 viajaron a París a comprar alcancías y también telas y ropa para las personas asiladas. Si bien estas acciones pueden estar emparentadas con el rol que se le otorgaba a la mujer ya que las tareas que se les asignaba se vinculaban con el mundo doméstico, algunas mujeres participaron de Congresos nacionales e internacionales. Por ejemplo, María Rosa Léxica de Pirovano participó con otros socios en el Primer Congreso Nacional de la Infancia en el año 1932 y Eloísa Sánchez Sorondo de Guerrero en el Congreso Internacional de Protección a la Infancia en París (PADELAI, 1993). También concurren las damas al Cuarto Congreso Internacional de Protección a la Infancia en 1935 y de ahí hasta la finalización del período estudiado no se observa una descripción más detallada de sus tareas. [6]

Sin embargo un episodio particular, que se dio el 22 de julio de 1918 cuando toda la Comisión Auxiliar de Damas presenta su renuncia por no estar conforme con la forma de trabajar de algunos de los integrantes de la comisión directiva del PADELAI, se convirtió en un asunto de relevancia para las autoridades del PADELAI. Dos meses duró el conflicto hasta que se resolvió por la intervención del Dr. Cárcano, vocal de esa comisión. Ellas lograron que se efectuaran algunas modificaciones en el reglamento interno y así fue que 59 mujeres que conformaban la comisión auxiliar depusieron su renuncia (PADELAI, 1993).

Esta intervención desde su lugar de saber considerado innato le permitía enfrentarse con su conyugue y al mismo tiempo sostener su independencia tanto social como económica. Como es sabido, las mujeres de ambas organizaciones manejaban recursos económicos a discrecionalidad y de ellos no daban cuenta porque eran destinados a un ámbito propio de las mujeres, la intervención con la niñez. Como ya se expresara, su tarea la convirtieron en una ocupación laboral, en ocasiones con sesgo de trabajo calificado. Sus opiniones eran escuchadas en los congresos nacionales sobre temas vinculados con los menores. Opiniones que después, si bien podían derivar o no en futuras leyes nacionales, les otorgaba voz. Otros ejemplos que podemos citar lo constituye la intervención de Rosa del Campo Botet, secretaria de la SB quien presentó, en nombre de la organización a la cual pertenecía, un proyecto de ley de adopción en la Primera Conferencia Nacional sobre Infancia Abandonada y Delincuente en 1933 (Elías, 2004: 44). Las Sras. de Lezica y de Amadeo Artayeta del PADELAI viajaron a Paris en 1925 a comprar 2500 alcancías para la colecta que efectuaba esa organización y telas para confeccionar ropa a los internos de los institutos (PADELAI, 1993: 149). La compra de géneros en Europa era una práctica recurrente también en la SB (Legajo 41, 42 y 43 AGN).

También fueron las mujeres las que intervinieron en las disputas que había entre ambas instituciones para posicionar a una en detrimento de la otra como para solucionar las situaciones conflictivas y/o defender públicamente a ambas. Esto se vio reflejado en un episodio conflictivo que se dio en 1916 cuando el PADELAI suspendió la colecta de las alcancías en la vía pública, aunque las repartió en los comercios que adherían a su obra. Decían las mujeres de la comisión auxiliar de damas que […] otras instituciones habían imitado este sistema, en especial la Sociedad de Beneficencia habiendo elegido el día previo al 2 de octubre para su colecta (PADELAI, 1993:13). La situación dio lugar a confusiones y abusos, a los que había que poner coto definitivamente. Fue la Comisión Auxiliar de Damas la que tomó la decisión de este cambio y no la comisión directiva encarnada en los hombres e implicó una disputa pública de poder a la SB. El otro incidente ocurrió en 1921 cuando en el diario La Nación se publicaron los balances del PADELAI y se mencionaba que todos sus asilos eran gratuitos[7]. Esta aclaración ofendió a las damas de la SB ya que consideraron que el PADELAI estaba manifestando que la SB cobraba por los servicios que prestaba. Ante este hecho, la Sra. de Unzué -perteneciente al PADELAI y con nexo con la SB ya que su familia y ella estaban emparentada con ambas organizacionespublicó un escrito en el que manifestó que todos los asilos de la Sociedad de Beneficencia eran también gratuitos y que no se había querido ofender a esta Sociedad (PADELAI, 1993). Sin embargo de la lectura de la memoria del año 1931 se observa que la SB generaba ingresos propios por los servicios que brindaba en sus hospitales (Memorias 1932-1933).

A modo de síntesis se podría decir que las disputas de las mujeres significaban posicionarse, ganar poder y ese poder también se veía representado en los recursos que económicos y materiales que manejaban.

2. El financiamiento de la niñez y el rol de la mujer

Como expresan los economistas Barbeito y Lo Vuolo:

[…] los recursos de que disponen los individuos y las instituciones en un momento histórico definen a su vez las estructuras de dominación que caracterizan el sistema social, en tanto son los medios para ejercer y en su caso reproducir las particulares relaciones de autonomía y dependencia que caracterizan la distribución de poder en el sistema […] (Barbeito y Lo Vuolo, 1995: 7).

El Estado establecía partidas presupuestarias para ser destinadas a la atención de los menores y las principales asignaciones las tenía la Sociedad de Beneficencia. Torrado dice que la institución, […] se sostenía en parte con subsidios estatales y en parte con donaciones y padrinazgos privados […]” (Torrado, 2003: 601). Los particulares donaban muebles e inmuebles pero “[…] sin la colaboración estatal hubiese sido imposible el crecimiento sostenido de las instituciones benéficas de la Sociedad de Beneficencia […]” (Moreno, 2000: 136).

El decreto de creación de la SB hacía referencia a su sostenimiento y delegaba esta función al Estado. El art. 6 explicaba que el gobierno, para subvenir los gastos de la institución, asignaba la cantidad de seiscientos pesos anuales del fondo reservado y la cantidad de tres mil pesos por año para las escuelas de niñas, acordado esto en el presupuesto general para las primeras letras (Catálogo, 1999).

Otra de sus fuentes de financiamiento la constituyó la recaudación proveniente de la Lotería de Beneficencia Nacional.[8] Fue otorgada por ley en 1893 y recibió sus aportes hasta su disolución y en forma conjunta se establecieron donaciones especiales, como las recaudadas para Ayudas al Fondo de Pobres o para los llamados Premios a la Virtud (González en Moreno, 2000). El Estado, al permitirle a la SB la venta de cartones de la Lotería Nacional, le brindaba, al mismo tiempo, la posibilidad de dar empleo a sus ex asistidos y aquí se puede decir que esto implicaba también continuar con una forma de seguir controlando la vida cotidiana de ellos/as.[9]

Entre las fuentes de financiamiento no estatal estaban las donaciones de particulares, quienes entregaban, en muchos casos, sumas significativas de dinero. La donación implicaba, recurrentemente, que los institutos llevaran el nombre y apellido de familiares de los legadores o el de las damas que formaban parte de la elite. Por ejemplo, el predio para la construcción del Asilo que se denominó Estela Otamendi fue donado por el Ingeniero Rómulo Otamendi en memoria de su hija. En su interior se incluyó un busto de bronce con la efigie de la niña. El Asilo Manuel Rocca llevaba el nombre de quien hiciera el legado. La Colonia Agrícola Omar Ferrari y Angélica Areco de Ferrari fue construido sobre un campo donado por este matrimonio. La Maternidad Ramón Sarda se construyó con dinero legado por Delfina Marrull de Sardá, en memoria de su esposo. El asilo Martín Rodríguez llevó el nombre en honor de quien autorizara a Bernardino Rivadavia a instalar esta Sociedad. El Hospital Rivadavia constituyó un homenaje a esta figura pública. Por último, el instituto Crescencia Boado de Garrigós recuerda a quien fuera una de sus presidentas (Catálogo, 1999).

Un particular que donó sistemáticamente a la SB sus haberes de docente y Presidente de la Nación fue Hipólito Yrigoyen (Catálogo, 1999:). Esta situación demuestra la vinculación entre la institución y el poder político, ya que el mismo presidente destinaba fondos privados para ella y significaba obtener prestigio dentro de ciertos sectores de la elite como concordar con las actividades desplegadas por esta SB.

Hipólito Yrigoyen no hizo más que cumplir con una de sus promesas para alcanzar la presidencia. En una carta dirigida en el año 1916 a la entonces presidenta Elena Napp de Green le informa:

Distinguida Señora: una imposición nacional ha hecho que mi nombre figure en la fórmula con el que el pueblo argentino concurrirá a los comicios generales de la República buscando la reparación moral y política al que está consagrado. Ante esta sanción pública deseo cuanto menos por impulso de mi fuero íntimo, poner en conocimiento de la Sociedad de Beneficencia, tan dignamente presidida por usted, que si llegara al ejercicio de tales funciones, renuncio a los emolumentos correspondientes a todo el período gubernativo, en favor de las instituciones de misericordia que más lo requieran. Con este motivo, tengo el agrado de saludar a usted, con mi más respetuosa consideración (Núñez, 2007: s/d).[10]

La carta dejó plasmada el sostén monetario particular el cual, posteriormente, se tradujo también en brindar apoyo estatal a través de la entrega de subsidios. Buscó a través del soporte de cierto grupo elitista, garantizar su llegada al poder y demarcar su intervención en materia social con los menores.

Con relación a los registros administrativos de la SB, se puede decir que estaban ordenados en forma clara y se observa celeridad, tanto en los pedidos como en las respuestas escritas, específicamente de licitaciones, concursos y facturas presentadas por obras de refacciones. Cabe señalar que se encontró más de un presupuesto y que se estudiaban en forma detenida los costos y la inmediatez de las empresas en dar respuestas a las demandas (Legajos 41, 42 y 43 AGN). Además, todos los institutos contaban con sus planos y modificaciones. Esta situación antes descripta le permitía a esa SB justificar los subsidios recibidos, la utilización de ellos e implicó una fuerte presencia del Estado en la entrega de subsidios para sostener la obra de la SB en todo su accionar, incluso durante la intervención de ésta por el gobierno del general Juan Domingo Perón.

Con relación al PADELAI, al igual que la SB, contó con aportes estatales y anuencia de los gobernantes en el período de estudio. No solo le otorgaron subsidios sino que la autorizaron a realizar colectas públicas.

Es así que todos los 2 de octubre[…] organizaba el llamado Día de los Niños Pobres, momento en que – junto a los menesterosos- los hijos de familias acomodadas recorrían la ciudad con alcancías en busca de óbolos para el Patronato” (Torrado, 2003: 603 y 604). El día elegido concordaba con el día de los “Ángeles Custodios” y bajo su protección y amparo estaba esta institución. Esta idea fue propuesta por Jorge Williams, quien a su vez había sido trasmitida por un amigo que vivía en Europa. Tanto en Berlín como en Copenhague se habían instituido la Fiesta de los Niños y había remitido fotos con los festejos que se realizaba en esas ciudades (PADELAI, 1993: 62 y 63). También se les solicitaba a los teatros, a los ferrocarriles y a las casas de comercio que donaran las ganancias pertenecientes al día en que se efectuara la colecta. El Teatro Colón donó sus ganancias en la fecha en que se realizaba la colecta hasta su suspensión (Libro de Actas- Tomo 5 Años 1904-1907: 2)[11]. Otros ingresos significativos provinieron de las recaudaciones de las fiestas realizadas anualmente en el Parque Lezama durante los carnavales, donde se brindaban atracciones y la gente que concurría colaboraba. Se realizaron desde el año 1895 y por espacio de una década (PADELAI, 1993).

No menos importantes fueron las donaciones de particulares y empresas que también recibía esta organización. Un ejemplo de ello lo constituyen las empresas Santa Brígida, Cruz, Casa Escassany, Noel y Geniol, quienes donaron las alcancías con sus emblemas para la Colecta de los Niños Pobres entre 1932 y 1942 (PADELAI, 1993).

La Infanta Isabel, quien visitó Buenos Aires en ocasión del centenario de la Independencia, donó en mayo de 1910 una importante suma de dinero. La tienda Harrod´s, cuando inauguró su local en Buenos Aires en 1914, “[…] entregó 9.000$ de lo recaudado el día de su apertura (PADELAI, 1993: 75).

En 1919 recibieron de un particular que quiso permanecer en el anonimato, como donación, un collar de perlas, el cual fue subastado. El Dr. Alfredo Mihura donó una joya perteneciente a su mujer, la cual fue también subastada. La nieta de San Martín, la Sra. Josefa Dominga Balcarce, era donante, lo mismo que otras familias de la sociedad porteña, como ser los Alzaga Unzué y Martínez de Hoz. Parmenio Piñero testó una suma de $ 50.000, la cual fue entregada, luego de su fallecimiento, por su hermano Justo Piñero (PADELAI, 1993). Esto significa que ya sea con sumas de dinero, predios para construcción de institutos como elementos de valor, las donaciones de particulares contribuyeron también al sostenimiento de la organización.

Al igual que la SB, el PADELAI también registraba a sus instituciones con los nombres de sus donantes y autoridades. Por ejemplo, el Internado Teodolina Alvear de Léxica llevaba el nombre de la primera presidenta de la Comisión Auxiliar de Damas El internado Antonio Devoto y Elena Pombo de Devoto se construyó con aportes de este matrimonio En las Escuelas Patrias se inauguró un pabellón con el nombre Juan Girondo, ya que éste había donado 100.000 $ en títulos municipales para que se pudiera construir (PADELAI, 1993).

Aquí queda evidenciado cómo surge la necesidad de destacarse del resto de los integrantes de la sociedad. Elite y poder se constituyeron en una dupla inseparable que implicó, a través de sus legados, dictar las pautas moralizantes a través de las intervenciones desplegadas.[12] Lejos de la entrega sin búsqueda de contrapartida que proclama el Evangelio, la donación, ese acto de “dar”, debía tomar estado público. La perdurabilidad en el tiempo, ya sea a través de diversas formas simbólicas materiales o inmateriales, como ser bustos, edificios y /o premios con nombres propios, también son consideradas formas materializadas de perdurabilidad y de poder.

Es de destacar que, entrecruzando datos de los particulares que donaban tanto al PADELAI como a la SB, había personas que entrelazaban a ambas instituciones. Por ejemplo, Saturnino Unzué y sus hijas María Unzué de Alvear y Concepción Unzué de Cáseres fueron socias fundadoras del PADELAI (PADELAI, 1993). Realizaban aportes monetarios a esta organización, pero también donaron terrenos a la SB para erigir institutos que llevaban sus nombres. El Asilo Unzué fue donado por sus dos hijas en honor a su padre Saturnino (Catálogo, 1999) y el marido de Concepción, el Sr. Ángel Torcuato de Alvear, también fue socio fundador del Patronato. Ambos también donaron campos a la SB para la construcción de la Colonia Ángel Torcuato de Alvear. A su vez, Saturnino Unzué también donó dinero en 1918 para construir el Solarium Mar del Plata (Catálogo, 1999: 54). Es de destacar esta información ya que ambas instituciones, si bien tenían puntos en común en cuanto a considerar el espacio asilar como forma de intervención, en otros no coincidía como se ha dejado reflejado en el trabajo. Lo que podría ser interpretado como una contradicción tal vez no lo fue. Se considera que pudo influir la necesidad de apoyar ambos modelos de intervención ante la duda de conocer con certeza cual modelo sería el más factible para sostener sus propios intereses políticos y económicos.

Losada explica que los Alzaga, Anchorena, Azcuenaga, Escalada, Martínez de Hoz, Alvear, Lezica y Pueyrredón eran apellidos ilustres. Sus antepasados fueron parte de la inmigración peninsular y ocuparon el pináculo de la elite económica porteña virreinal. Posteriormente surgieron otras familias como los Ramos Mejía, los Sáenz Valiente, Piñeiro y Castex o los Devoto, Campomar, Tornquist, entre otros (Losada, 2009: 31,32, 138 y 139). Estas familias, al igual que otras, estaban ligadas a las elites económicas terrateniente e industrial y se emparentaban a través del matrimonio, con hombres pertenecientes a la elite política. Sus apellidos se pueden ver en los cargos directivos tanto en la SB como en el PADELAI y/o en donaciones y en las denominaciones de las instituciones de ambas organizaciones.

Es por ello que no podían quedar exentas de análisis las fuentes de financiamiento de ambas instituciones. Esto nos permitió reconocer la legitimación que ambas tuvieron por las personas vinculadas al poder político y económico, las cuales realizaban donaciones a una o ambas instituciones. La relación entre elite política, elite económica, el PADELAI y la SB indica que no había autonomía en las decisiones que adoptaban ambas instituciones. Una variación en los objetivos fundantes y en las líneas de intervención hacia ciertos grupos sociales podría implicar el cese de otorgamiento de subsidios y/o donaciones monetarias por parte de particulares y legados.[13] Esto hubiera provocado una crisis de legitimación de los gobiernos de época.

Otro punto interesante de analizar es la situación laboral a la que estaban sometidos sus asilados. Tanto en la SB como en el PADELAI no se pudo determinar que los aportes monetarios provenientes de los menores que trabajaban fueran significativos, pero se tomó conocimiento que los niños internados en sus institutos eran empleados y de su trabajo se obtenían ganancias para la institución. Por ejemplo, en 1933 el PADELAI compró maquinaria para la elaboración de cuadernos en el internado Antonio Devoto. Estas máquinas eran operadas por sus alumnos, quienes elaboraban cuadernos para ser utilizados en sus propios institutos y también vendidos a particulares. Las ganancias permanecían en la institución (PADELAI 1993: 188). También firmaron convenio hacia 1935 con la Empresa Noel para que los alumnos fabricaran mermeladas y conservas para ser utilizadas como alimentos en sus propias instituciones (PADELAI, 1993). Esta práctica se venía implementando desde la década del 20, ya que se encontró información sobre la capacitación de alumnos de las escuelas industriales para la elaboración de 1000 Kg. diarios de pan. Si se tiene en cuenta la cantidad del producto elaborado, el mismo podía ser utilizado para su venta y para abastecer a sus instituciones.

En la escuela de artes y oficios, por fotos que obran en el libro Cien años de amor, se puede observar como los asilados manejaban maquinaria peligrosa para su edad, ya que quedó registrada la utilización de herramientas eléctricas para cortar madera o carne (PADELAI, 1993: 120).

La SB, ya desde sus inicios, también hacía trabajar a las personas que eran entregadas a distintas familias. De la lectura del libro Nº 1 de la Sociedad de Beneficencia, en el cual están anotadas las niñas que fueron ubicadas como empleadas domésticas, se observa en los registros escritos cómo eran sometidas a maltrato psicológico y hasta físico en las tareas laborales asignadas. Con su corta edad afrontaban una jornada laboral de más de 15 horas. Debían servir a las personas con quienes trabajaban y realizar quehaceres domésticos. Dora Barrancos en Mujeres de la Sociedad Argentina (2010) expresa que las mujeres de los sectores populares se empleaban principalmente como cocineras, mucamas y lavanderas y que si bien esto les permitiría cierta autonomía económica también les ocasionaba sinsabores.

Los cambios en la producción manufacturera e industrial impactaron en la ubicación laboral femenina perteneciente a este sector pero la SB respondía a una visión tradicional de la mujer la cual debía incorporarse a tareas vinculadas con el mundo doméstico y no de la fábrica (Barrancos, 2010). Se ha encontrado también documentación en donde obra información sobre internas con edades de 18 años que suplantaban al personal estable cuando éste tomaba licencia, ya sea por vacaciones o enfermedad. El Costurero Central funcionaba como fuente de trabajo para las internas que estaban por egresar o para las ya egresadas. Las postulantes a estar allí se seleccionaban de acuerdo a constancias de buena conducta y de su desempeño como suplentes en otros institutos de la Sociedad de Beneficencia. No se halló registro de cobro de salario por las tareas efectuadas durante su internación (Legajo 41 AGN)[14].

Lo antes expuesto permite visualizar la utilización de mano de obra gratuita y reflexionar sobre cómo los asilados autofinanciaban con su trabajo los gastos que estas instituciones tenían para con ellos incumpliendo las leyes laborales, tema ya abordado en la tesis.

A modo de síntesis del presente capítulo se puede decir que la mujer de la élite si bien no dejó de ser considerada solo apta para el maternaje, la organización del hogar y transmisora de esos valores-como ya citamos-; rompió con ese esquema societal, se metió en la cosa pública e hizo uso de los recursos económicos a discrecionalidad.


  1. Ya Rivadavia en su discurso inaugural dejó claro que las mujeres seleccionadas pertenecían a la elite porteña y tomando al Patronato, se daba lo mismo. Por ejemplo una de sus mayores benefactoras era la nieta del General José de San Martín y al morir la Sra Teodolina Alvear de Lezica, una de las Presidentas de la Comisión auxiliar de Damas, escribía el diario La nación en sus necrológicas “Por su abolengo pertenecía a uno de los apellidos de mayor alcurnia. Su origen se remonta a la historia de la nación” (PADELAI, 1993: 157).
  2. Se hace referencia a la primera etapa delimitada de acuerdo al accionar de esta institución y la cual fue demarcada de acuerdo a la lectura de los legajos – Abarcaría desde el año 1857 hasta las primeras décadas del 1900. Sin embargo esta lectura es válida también para los años subsiguientes ya que si bien la forma de registro infiere cambios significativos, la salida de las niñas asistidas a familias con buena conducta moral para trabajar; corrobora también lo expuesto.
  3. Esto se debe a que en el Código Civil se impuso fuertes restricciones a los derechos civiles de entre los cuales se encuentra que no podía ser tutora salvo que la misma fuera abuela viuda con respecto a sus nietos( Torrado:2003:130).
  4. De un total de 20 actas revisadas, en todas se da esta constante.
  5. La primera comisión mixta fue en el año 1960 y la primera mujer que pudo ocupar su presidencia fue en la comisión posterior, en el año 1967 (PADELAI;1993:331 y 332)
  6. En el libro Cien Años de Amor se observa que en los períodos 1892-1902, 1902-1912 y 1912-1933 no hacen referencia a la presencia de mujeres en los asuntos antes mencionados. Hay participación de las mujeres pertenecientes a la comisión auxiliar en el período 1933-1942.
  7. En el libro no se aclara la fecha de publicación exacta. Se toma conocimiento de acuerdo a la lectura del material que se produjo en el año 1921 y pudo haber sido entre los meses de junio y julio.
  8. Según Alayón la lotería aportaba en 1941 el 20,7 % de los recursos mientras que de las rentas, legados y donaciones provenían un 3% (Alayón, 1980).
    De aquí se puede inferir que el 76,3 % restante provenía del Estado y era quien asignaba mayores recursos.
  9. De la lectura de legajos, se puede citar el caso de Máxima, Nº 4621 (Legajo 4701 4800 (a) SENAF), quien escribió en 1928 una carta a la entonces presidenta de la Sociedad de Beneficencia, la Sra. María Unzué de Alvear. Le explica su situación económica y le pide vender decenas de cartones de lotería para sostenerse. Podía ser autorizada ya que había sido una ex expósita de esa Sociedad. Se comprobaron sus antecedentes, pero la respuesta fue negativa, debido a que no contaban con decenas de loterías vacantes y existían otras solicitudes de demanda, anteriores a la presentada por Máxima. De esto se puede inferir que la lotería no solo significaba ingresos a esta institución sino también fuentes de trabajo para sus ex internados. Se puede suponer que los vendedores debían ser solo ex asistidos por esta SB, ya que cuando se recibe la carta, la presidenta solicita antecedentes, a fin de constatar si había sido alojada por algunas de las instituciones dependientes de la organización.
  10. Núñez, Jorge, Tensiones entre los poderes. El ejecutivo, el legislativo y los proyectos de salud pública en tiempos de Hipólito Yrigoyen, ponencia presentada en la XI Jornadas Interescuelas/departamento de Historia, septiembre de 2007, www.unpocodehistoria.com/publicaciones/Yrigoyen.
  11. Esta información surge del acta del día 25 de Enero de 1904. También se constató en la lectura de los Balances de fechas 5 de diciembre de 1907, 4 de diciembre de 1919, 7 de diciembre de 1928 y 15 de diciembre de 1942, por ejemplo, que el Teatro Colón, los ferrocarriles del Sud y Casa Escassany donaron ese día sus ganancias (Libros de Actas -Tomos 5, 11 y 18).
  12. Leandro Losada en Historias de las elites en la Argentina. Desde la Conquista hasta el surgimiento del Peronismo aborda la historia de la elite en la Argentina define el concepto de elite y para ello se basa en los estudios de Mosca y Pareto. Menciona que no hay una sola elite sino elites políticas, económicas, intelectuales. Puede existir menor o mayor grado de afinidad entre ellas como bases y capitales singulares y específicos para cada una. De lo cual se deriva que el conflicto y no solo la coincidencia puede signar las relaciones recíprocas entre los sectores que ocupan lugares y posiciones gravitantes en la condición de la sociedad.
    Si bien se puede observar que la conformación de la “elite argentina” fue cambiando en el período que abarca la tesis, implicó que los hombres y las mujeres que la componían fueran los rectores de los estilos de vida que se impusieron, identidades, pautas matrimoniales y morales ya que estudió en ellas las relaciones entre el poder, la riqueza y el status (Losada, 2009: 19 y 20 y 239, 240 y 241).
  13. Debido a que la tesista pertenece a la planta de personal permanente de la Secretaría Nacional de Niñez, Adolescencia y Familia, ex Consejo Nacional de Niñez, Adolescencia y Familia del cual dependen algunas de las instituciones de niñez que pertenecían a la Sociedad de Beneficencia y trabajo junto a equipo profesional en la desactivación del Instituto Otamendi en sus inicios en 2002, se tiene conocimiento , por ejemplo, que los predios que correspondían a los Instituto Riglos en la localidad de moreno, el instituto Estela Otamendi en la localidad de San Fernando y el Instituto Arenaza en la localidad de Boulogne, si bien fueron desactivados y transferidos- no en forma definitiva- a los municipios de esas localidades; sus espacios físicos son destinados a ejecutar diferentes programas sociales. Sus legadores incluyeron cláusulas en las cuales si se decidiera vender los terrenos, estos deben ser restituidos a sus familiares descendientes. De acuerdo a lo comentado por personal del PADELAI expresaron que, al igual que la Sociedad de Beneficencia, sus legados también tenían la misma cláusula
  14. Se hallaron notas de internas que habían cubierto suplencias en el Instituto Riglos, Hospitales y Casa de Expósitos. Legajo N º 41 – Archivo General de la Nación.


Deja un comentario