El erotismo, tal y como hemos visto a lo largo de estas páginas, es eso de lo que es difícil hablar y que está definido por el secreto, como decía Georges Bataille. En tanto que movimiento humano, participa de las contradicciones y de las verdades que construyen una visión de mundo particular pero también, una noción paradójica del individuo.
Si hablamos del erotismo y la literatura, o sea, de los relatos de ficción, hay un discurso artístico inspirado por la realidad, el lenguaje y sus metáforas. Si es cierto que el erotismo se define por el secreto, este libro ha intentado sin embargo descifrarlo, sabiendo que la tarea es difícil pero necesaria. Había que problematizar el erotismo desde la literatura, la teología latinoamericana, desde los últimos estudios sobre el género, la diversidad sexual, y por último, desde las mujeres y sus textos, en una región poco conocida aún al momento de redactar estas páginas. Este libro ha intentado mostrar que el erotismo en los cuentos cortos escritos por mujeres centroamericanas es objeto de múltiples interpretaciones. Por una parte, comporta aspectos clásicos ligados con la violencia, la perversión, la muerte, y por otra, reviste componentes solares, optimistas y hasta liberadores. No hay un erotismo homogéneo, pues se trata de una noción ubicada bajo el signo de la diversidad y la metamorfosis.
Sin embargo, en el corpus analizado hay líneas recurrentes entre las escritoras. En la mayoría de los textos aparece una conciencia corporal en tanto que individuos deseantes. La conciencia corporal de la que se habló en el capítulo del despertar erótico, aunque se trate siempre de jovencitas, no es exclusiva de ellas. La conciencia corporal es la base de la experiencia erótica y eso confirma que la corporalidad es no solamente un espacio donde se confunden múltiples discursos sino también una noción clave en el erotismo de la región. La afirmación de Maurice Merleau-Ponty, cuando señala que no tenemos un cuerpo sino que, sobre todo, somos uno[1], ha sido totalmente comprendida por las autoras estudiadas; los cuentos analizados así lo constatan. El cuerpo de las muchachitas, de las mujeres dominantes, de las vulnerables, son todos cuerpos que revelan comportamientos eróticos que buscan romper la heteronormatividad, explorar el placer o denunciar las relaciones de poder.
Como se ha dicho, incluso si en el corpus no hay protagonistas gays o lesbianas stricto sensu, la ruptura con la heteronormatividad es una línea de pensamiento recurrente entre las escritoras. Las jovencitas no son sumisas, las adultas no se interesan ni en el matrimonio ni en la maternidad, e incluso, las que han vivido violencia muestran una conciencia que deja entrever los mecanismos de poder al interior de una sociedad patriarcal e injusta. La figura de las mujeres, si bien no fue el objeto de estudio, apuesta por un individuo rebelde, curioso, a veces ambivalente. El erotismo de la mayoría de los cuentos cuestiona el cuadro heteronormativo. La inestabilidad de nociones como la familia, la monogamia, la maternidad y hasta el goce sexual como un “deber ser” de la vida cotidiana son aspectos que los relatos muestran y sobre los que problematizan. Entonces, es posible decir que el erotismo de los textos pasa por la refutación de instituciones sociales y por el cuestionamiento de los discursos de autoridad ligados con el falso bienestar, la feminidad, la masculinidad y el amor romántico. Es decir, en el erotismo contemporáneo se encuentra no solamente la impugnación de una sociedad idealizada sino también la parodia de eso que había sido considerado erótico y que comienza a ser reformulado y desconstruido. La riqueza del concepto de erotismo permite esta dinámica.
Por otra parte, es posible afirmar que en los cuentos vistos, hay temas que operan como verdaderos despertadores de conciencia, en la medida en que desenmascaran estructuras de poder o mecanismos discursivos que subyacen a una verdadera apología de la violencia hacia las mujeres. Incluso si el objetivo no es forzosamente político o si no se encuentra una denuncia como lo haría un panfleto ideológico, los textos que hablan sobre la violencia atestiguan las contradicciones a las que se confronta un/a investigador/a cuando se estudia el erotismo.
Si tomamos como ejemplo el capítulo de la violencia, podemos afirmar que los sucesos contados en los relatos hacen pensar en los aspectos perversos del erotismo así como en las estrechas relaciones entre la vida, el goce y la muerte. La violencia de Estado, la violación, la agresión hacia el cuerpo dan cuenta de un discurso que mezcla el dolor y el sufrimiento. En los cuentos que tratan el tema de la violación, hay un erotismo torcido, oscuro, incluso es posible encontrar y evidenciar mecanismos de poder ligados con la raza, el sexo y la clase social de los individuos. El análisis de los textos prueba que el enfoque interseccional hoy es imprescindible. En efecto, incluso si la violencia –o específicamente, la violación– es un acontecimiento que toda mujer puede vivir, es irrefutable que las mujeres negras, las pobres, las personas más vulnerables desde el punto de vista de la raza y la clase social son objeto de una humillación sistemática y recurrente, en especial en nuestros países centroamericanos. Aún más, históricamente las cifras de violaciones de mujeres negras son altísimas en comparación con las de mujeres blancas. Angela Davis y otras lo han afirmado: cuando se trata de violación, el color de la piel importa y mucho. El estudio de cuentos como “El mulato” y “Cuando Claudina camina” constata que, si hablamos de la conformación de un discurso erótico, la raza, la clase social y el sexo son categorías ineludibles.
De la misma forma, hemos mostrado que el enfoque de la teología indecente constituye un abordaje y una propuesta interpretativa original que toma en cuenta la religión, las creencias y da contexto a los cuentos estudiados, sobre todo en una región centroamericana que es muy creyente. Como lo dijo G. Bataille, para estudiar el erotismo hay que examinar la religión. No se trata solo de entrever la experiencia mística y su relación con el erotismo sino de provocar un debate que le dé a lo teológico y lo religioso su justo valor dentro del engranaje de la crítica literaria como un todo. En los cuentos escritos por mujeres en Centroamérica, la religión esculpe una visión de mundo y por ende, un individuo particular. La indecencia como categoría de estudio, a partir de Marcella Althaus-Reid, es algo que se puede observar en el discurso erótico: en el retrato de la chiquilla deseante, de la mujer rebelde, de la adolescente que se convierte en poderosa gracias a su menstruación, de quienes salen del clóset o incluso de las voces narrativas que se burlan de los mandatos de la erótica tradicional. Todo ello implica un “indecentar”, o mejor dicho, otra visión de los hechos, una nueva versión de la historia. Pero “indecentar” también quiere decir refutar la imagen de la mujer piadosa y virgen por medio de una lectura materialista, en la medida en que no se puede olvidar aquello de que “las pobres son raramente vírgenes”[2]. Es decir, en el análisis del erotismo y a partir de la teología indecente, hay una crítica de la violación y la violencia originada desde los discursos de los textos bíblicos o sagrados.
Entonces, aproximaciones desde la interseccionalidad y la teología indecente permiten entrever una geografía del erotismo donde se encuentran zonas de pobreza, ideas que vienen del discurso religioso, poblaciones vulnerables, individuos marginados. Hay un mundo donde las mujeres pobres, las negras, las jovencitas e incluso los hombres que aparentan ser “viriles” son prisioneros de discursos normativos sobre la sexualidad y el placer. A partir de ahora, entonces, para estudiar el erotismo habrá que echar mano de todos esos enfoques teóricos.
Continuando con la reflexión, hemos constatado que lo fantástico funciona como una utopía que expresa lo inconfesable en el erotismo. En el capítulo consagrado a lo fantástico y lo erótico, se vio el tema de las mujeres poderosas, de los monstruos de dos sexos, de la metamorfosis de una mujer en hombre. Lo fantástico, como se dijo, opera como un más allá erótico, como un espacio de erotismo que aún no existe. En “Diosas decadentes” la duda es: ¿existen realmente esas mujeres o son un invento del narrador? ¿Tan difícil es concebir ese tipo de mujer emancipada, que administra su propio placer? Lo fantástico nos coloca en la utopía bajo el pretexto de que este tipo de mujeres solo pertenecen a los cuentos de hadas o a la pura ficción. Lo mismo vale decir de “Bicho raro” o de “Memoria de Siam”. En el primero, la utopía pasa por el sex toy ideal una especie de monstruo que da placer a hombres y mujeres pues tiene dos sexos. Como en la película mexicana La región salvaje (2017) de Amat Escalante[3], hay un monstruo que ofrece placeres inolvidables y que trastoca las relaciones de pareja. Pero esas relaciones están fundadas sobre la base de la heteronormatividad, de la que ya se habló bastante. El monstruo revela la precariedad de la norma y al mismo tiempo, la utopía erótica. En “Memoria de Siam”, la utopía es otra: es el cambio de sexo, la metamorfosis del personaje. Lo fantástico pasa por la disolución de límites de sexo y género pues la protagonista se convierte de mujer a hombre, de sopetón. Es el deseo el que parece ser el germen de esa transformación. Si uno considera que el cambio de sexo hoy se alcanza con una cirugía y que la tecnología puede hacerlo casi todo, eso no altera el carácter fantástico y clásico del tema de la metamorfosis. En palabras simples, si uno lee una historia en la que un personaje transexual se opera, eso no desconcierta. Pero cuando se lee que un personaje se transformó, cambió de esencia, de cuerpo, estamos frente a la irrupción de lo fantástico, es otra cosa. El análisis del erotismo y lo fantástico muestra que este último es una forma de expresar la utopía del erotismo, o bien de un eros que está por llegar, quizá, pero que todavía no existe entre nosotros, no tiene un topos definido o pertenece a otro mundo.
Este libro ha tomado como base mucho de lo estudiado por Georges Bataille pues su texto El erotismo está vigente. Sus formulaciones sobre el gasto improductivo, la parte maldita de los seres humanos y la sexualidad perversa, alejada de los mandatos reproductivos, han guiado estas páginas. Durante toda la investigación, hemos constatado que el discurso erótico tradicional excluye temas como la higiene, las enfermedades venéreas, la procreación. Pero el erotismo también excluye la exageración o la sobreabundancia. Incluso hay un cierto equilibrio en los textos, pues si se lee algo con demasiado sexo, demasiado de queer, se estará más bien en las antípodas del erotismo. La banalización de la experiencia erótica es siempre un riesgo contra el que la literatura contemporánea deberá luchar si quiere mantener un discurso erótico con salud. No es que el erotismo deba seguir una receta, sino que si su discurso desea perdurar, tendrá que tomar ese aspecto de la exageración muy en serio.
El proyecto de Bataille, aunque no aborde el tema de la homosexualidad o de lo queer, encuentra su valor en la apología de la libertad de los individuos y en la noción de erotismo como “el problema de problemas”, en términos filosóficos. Es decir, si hay un Homo ludens, como proponía Johan Huizinga, también existe un Homo eroticus, según Bataille, que sería un individuo que desea, que es objeto y sujeto de contradicciones, un ser que oscila entre la luz y la sombra, la ternura y la violencia, entre la muerte y la vida. Se constata esta dinámica en los escritos que escogimos: hay violencia, perversión, violación, pero al mismo tiempo, gozo, despertar erótico luminoso y una ética del placer libremente escogida. Una última acotación sobre el pensador francés. Si bien algunas de sus ideas todavía son vigentes y han guiado estas disquisiciones, no se le disculpa cuando afirma la existencia del fantasma de la violación entre las mujeres[4] o cuando aparece con su conservadora apología de la monogamia y el matrimonio[5]. Parece increíble que en El erotismo, un texto que habla de transgresiones y prohibiciones, Bataille haya podido mantener una tesis tan misógina y conservadora sobre el matrimonio. En ese sentido, Alexandra Kollöntai y Wilhem Reich fueron más revolucionarios que el francés, pues criticaron el matrimonio, la familia autoritaria y el sistema coercitivo de la sociedad en general. Con todo, Bataille tiene el mérito de haber considerado el erotismo en toda su complejidad y, cronológicamente, aventaja a muchos.
Este estudio permitió mostrar las metamorfosis, la evolución del Eros a través del estudio de los últimos discursos que refutan el imaginario erótico tradicional. Como se señaló, hoy asistimos a la parodia, la negación y el desencanto erótico. Los textos contemporáneos no reconocen más ni el amor romántico ni la estabilidad del discurso erótico, al contrario, mediante la ironía, la exageración, la denuncia de lo grotesco y lo criminal, surge un erotismo nuevo que intenta encontrar un lugar dentro del engranaje literario actual. Habrá que esperar algunos años para determinar cuáles serán las próximas características del eros del futuro.
La metodología utilizada permitió un acercamiento interdisciplinario a los cuentos escogidos. En el caso de la teoría literaria, se retomaron las ideas de Gérard Genette y de Iuri Lotman. El estudio de los epígrafes, algo recurrente en este libro, ha mostrado que el análisis literario clásico todavía goza de salud, sobre todo si se buscan interpretaciones coherentes. Sin el exceso de tecnicismos, la teoría literaria puede ser comprendida incluso por gente que no es especialista en el tema o por aquellos que buscan estudiar la literatura de forma libre. Este texto ofrece esas opciones pues hemos visto que es posible hablar de literatura sin recurrir a términos rebuscados (o muy técnicos) volviendo el análisis más accesible. Sin embargo, aún falta profundizar en ciertos temas. Por ejemplo, la confesión y la narración en primera persona, pues pareciera que la elección de la voz que narra hechos sexuales es algo fundamental. También habría sido pertinente saber en qué medida los textos eróticos prefieren o no este tipo de narración: esto ayudaría a establecer estructuras recurrentes en el discurso erótico. Incluso se podría pensar en un tema como “El yo, el sexo y el erotismo” que estudie el narrador en primera persona, así como en el hecho de si contar de esa forma comporta siempre un elemento autobiográfico, o es un simple recurso estilístico/estético escogido por las autoras.
Otro de los temas pendientes es el de la transformación, la metamorfosis y su relación con lo erótico. En la literatura latinoamericana no se recuerda una historia que hable de una metamorfosis de ese tipo, al menos, no la conocemos. Es verdad que en la actualidad hay novelas y escritos que hablan de transexuales, o de alguien que se opera[6], o historias gays o lesbianas en las que convertirse en hombre es lo deseado. Sin embargo, la literatura centroamericana no se ha fijado mucho en este tipo de problemática. Lo fantástico ha sido ampliamente abordado por la crítica literaria, sin embargo, su relación con el erotismo no lo ha sido tanto. Alguien podría preguntarse: ¿cuál es su relación con el erotismo?, ¿cuáles son las formas que toma el erotismo para coexistir con lo fantástico? Por eso, aunque este libro es finito, sería bueno continuar estudiando ciertos temas pendientes.
Con respecto al erotismo, en general, los años dedicados a este tema me permitieron conocer escritoras centroamericanas no inscritas en el canon tradicional, y su abordaje del tema en cuestión. Desde los primeros cursos recibidos en la UNA y los primeros diálogos con compañeros de carrera, he recordado las lecturas de Georges Bataille, las novelas de Gioconda Belli, de Anacristina Rossi y de otras autoras que, por cierto, no son numerosas dentro de las mallas curriculares de las universidades. El erotismo en aquella época parecía un tema entre otros. Años más tarde, luego de experiencias vividas y de algunas lecturas inolvidables que marcan la vida, encontré en el erotismo un verdadero objeto de estudio y a la vez, una liberación. El cuerpo, las mujeres, las sexualidades al margen, todo ello tenía para mí el sentido de la emancipación y del goce. Los relatos escritos por mujeres centroamericanas me han guiado hacia el estudio de un eros en transformación constante. Incluso, si se han respondido algunas preguntas durante el transcurso de este libro, siempre habrá tiempo para reflexionar sobre eso que Bataille denominó como “ese inmenso aleluya, perdido en el silencio sin fin”[7], es decir, el erotismo.
- Maurice Merleau-Ponty, Phénoménologie de la perception, op. cit., p. 239.↵
- Marcella Althaus-Reid, La teología indecente, op. cit., p. 76.↵
- Amat Escalante, La región salvaje, México, 2017.↵
- Georges Bataille, L’érotisme, op. cit., p. 114.↵
- Ibid., p. 118.↵
- Arturo Arias, Arias de Don Giovanni, Guatemala: F&G Editores, 2010. ↵
- Georges Bataille, L’érotisme, op. cit., p. 276. Mi traducción.↵







