Los exégetas judíos habían sugerido que Adán y Eva habían consentido en ser penetrados por la serpiente, con objeto de explicar, mediante este mito, lo que les sorprendía como variantes particularmente extravagantes y aberrantes del comportamiento sexual, cual son el bestialismo y la sodomía.
Peter Brown[1]
Autora y texto
El texto de María del Carmen Pérez Cuadra, escritora nicaragüense, fue escogido porque los elementos eróticos y fantásticos que muestra le confieren una remarcable riqueza, especialmente desde el punto de vista del análisis literario clásico.
Carmen Pérez Cuadra, como Jessica Masaya y otras, no es citada ni en diccionarios de literatura de la región[2] ni en los trabajos académicos consultados para esta investigación. Consuelo Meza sí la incluye en su investigación bibliográfica y menciona su colección de cuentos cortos Sin luz artificial (2004) y dos libros de poesía: El monstruo entre las piernas y otras escrituras antropomorfas (2005) y Diálogo entre naturaleza muerta y naturaleza viva y otras respuestas pornoeroticidas (2003)[3]. Ya en el título de esos textos poéticos vemos la presencia del “monstruo” así como el interés por el erotismo.
El crítico Willy O. Muñoz habla también de nuestra escritora. Él destaca:
Su narrativa se encuentra a la vanguardia de la cuentística escrita por mujeres nicaragüenses, dado que trata temas novedosos y raramente abordados por sus congéneres, como la homosexualidad y el lesbianismo. Su prosa franca, a veces cáustica, lúdica y humorística, codifica las múltiples facetas de la mujer nicaragüense […]. Por otra parte, Pérez Cuadra enriquece su literatura con múltiples estrategias, como lo onírico, y emplea varias modalidades, como la sátira, lo grotesco y el surrealismo (Muñoz, 2012, p. 190).
Efectivamente, “Bicho raro”, como cuento fantástico, tiene su propia visión de mundo y algunas otras particularidades. Pero el relato fantástico muestra, también, una estructura tan recurrente que permitirá trazar un esquema general para comprender mejor el significado del texto.
Así también, se encuentran en el cuento intertextos o ecos provenientes de la cultura occidental, como los del Génesis[4], por ejemplo, pero también, el problema de la incertidumbre en todos los niveles, la aparición del monstruo ligado al “sex toy ideal” y a lo andrógino, y finalmente, una lectura crítica en términos de género.
Vemos también un narrador heterodiegético que cuenta la historia y algunos elementos relacionados con el discurso literario que se entremezclan con pasajes del discurso científico o realista del periódico que se menciona en la historia. Todo esto implica un análisis riguroso desde el punto de vista de la estructura del cuento, pero también de sus contenidos más importantes.
Para estudiar “Bicho raro”, hay que reflexionar sobre la noción de vacilación o duda según Todorov, concepto fundamental en los tres textos que componen este capítulo sobre el erotismo y lo fantástico, pero habrá, igualmente, algunos contenidos específicos que desarrollaremos: la presencia del monstruo, del intertexto del Génesis y de la “caída” de la primera pareja, según la Biblia. Luego, estudiaremos el paralelismo entre el bicho de la historia y la serpiente que penetra las conciencias de los personajes del Paraíso, entre otros temas.
En la sección de símbolos, veremos un enfoque del conocimiento desde un punto de vista filosófico, añadiendo algunas ideas al debate del erotismo. Es una especie de digresión necesaria en términos de contenido y de visión del mundo sobre la manera en que las mujeres se expresan y conciben la sexualidad y su deseo.
Además, podemos decir que en “Bicho raro” la vacilación fantástica encontrada corresponde a la indefinición del género, a la organización de los placeres, pero también a las fronteras del discurso heteronormativo que ofrecen, bajo la metáfora del monstruo fantástico, varios caminos hacia la construcción de nuevas subjetividades, especialmente sexuales y eróticas. A continuación, el análisis.
Argumento
“Bicho raro” es un cuento en el que el narrador heterodiegético[5] cuenta la misteriosa aparición de una cosa en la calle de un pueblo sin nombre. Una mañana, una mujer casada y con curvas seductoras encuentra una especie de animal parecido a un murciélago o a un pájaro. Ella lo lleva donde su marido, quien le sugiere botarlo. Pero dada la ternura que esa pequeña cosita transmite, la pareja decide quedársela. La mujer la amamanta con leche tibia y la toma por su hijo. El tiempo pasa y la cosa comienza a crecer. No habla, se mueve poco. Pasa todo el día en la cama, con las piernas abiertas esperando sexo. Sus pechos son enormes y su sexo, hinchado y rosado, se vuelve seductor. Una vez que la mujer estaba ayudando a la cosa a ducharse, repentinamente, el clítoris se transformó en un gran pene. La mujer, invadida por el deseo pero también por la culpabilidad de desear a alguien que podría ser su hijo, decide hacer penitencia religiosa. El marido, por el contrario, desde que nota el carácter voluptuoso de la cosa, se acuesta con ella. Él está fascinado porque el bicho se deja penetrar y lo penetra también. Un día, el marido se escapa con la cosa. En una carta que deja a su mujer, confiesa su fascinación por el bicho e incita a su esposa a intentar buscar otra criatura. La mujer, desesperada, muere sentada en el retrete, no sin antes expulsar, de forma misteriosa, otro bicho.
Cuando los policías llegan a la casa, mueven el cuerpo de la mujer y una agente se da cuenta de que hay una cosa en el fondo de la taza del inodoro… Conmovida por la vulnerabilidad de esta cosa, decide salvarla. La historia termina con una nota de periódico que habla sobre las apariciones de un extraño espécimen en la ciudad. El periódico dice ignorar el origen de la cosa pero menciona que algunas criaturas parecen despertar luego de tomar leche tibia.
Lo fantástico, los niveles de vacilación/duda y el problema del lector
Ya mencionamos el concepto de Todorov sobre lo fantástico. Sin embargo, la noción más importante para él es la de la vacilación, la duda. Ciertamente, no es fácil encontrar una clasificación para este tipo de narración, porque como se verá, los elementos corresponden al cuento contemporáneo que, justamente, implica una ruptura con relación a las estructuras tradicionales. De la misma forma, el concepto de Todorov aunque esté aún en vigor, debe ser completado[6] si se toman en cuenta la geografía y la historia de América Latina porque, para nosotros, lo fantástico se puede experimentar como parte de la vida cotidiana[7].
Sin embargo, es posible trazar algunos datos con el fin de comprender mejor el texto. De hecho, Todorov asevera que, en lo exótico maravilloso, “se relatan acontecimientos sobrenaturales sin presentarlos como tales” (Todorov, 1981, p. 41). La evidencia está ahí: a pesar del aspecto extraño del bicho, hay que enfatizar que su aparición –que trataremos de demostrar como fantástica– es asumida por la pareja sin ningún problema. Es cierto que la morfología del bicho es imprecisa pero es recibido como si se tratara de no importa qué animal o bien, como el nuevo hijo de la familia:
Estaba tan conmovida con la idea de que el cosito ese era tan tierno que se apretó el pezón chocolate hasta que se extrajo una gota de leche y se la puso en el piquito. La cosita se la tragó con hambre, con necesidad. Ella le dijo que lo tocara, el hombre tocó al animalito, ahora estaba tibio y parecía que se estaba durmiendo (Pérez Cuadra, 2012, p. 192).
Además, como se ha dicho, la incertidumbre es una condición esencial cuando hablamos de lo fantástico. En la historia se ven muchos niveles de vacilación que muestran la complicidad y, al mismo tiempo, la riqueza de la proposición del texto de Pérez Cuadra.
Comencemos por el nivel de la recepción. Los lectores del texto tratan de imaginarse a la cosa. Pero hay también como una incapacidad al momento de darle un nombre. No se sabe qué es ni de qué se trata. En este caso, la indefinición del objeto lleva a la vacilación. Este último aspecto es siempre problemático porque obliga a hacerse las siguientes preguntas: ¿a quién se dirige el texto?, ¿a quién se dirige la narración? ¿Es posible encontrar una interpretación específica en el sentido mismo del texto, adhiriéndose al concepto de Lotman según el cual “el texto guarda dentro de sí la fisonomía del auditorio”? (Lotman, 1996, p. 117). Es difícil de decir.
No obstante, es cierto que el mismo título del cuento confronta con un aspecto ligado con la extrañeza y el misterio, porque el adjetivo “raro” funciona como anzuelo seductor alrededor del cual todo se desarrolla. La incertidumbre es entonces prevista desde el inicio, razón por la cual se puede afirmar su carácter fantástico y el juego mismo con el destinatario y las categorías del género y del placer que se han formulado: es “la seducción de lo extraño”, tomando prestada la frase de Louis Vax, la que incita a los lectores a leer el texto y a tratar de descifrarlo. De esta manera, el cuento juega con el destinatario, a partir del momento en el que aparece la vacilación, la duda.
Algunas líneas más adelante, los lectores descubrirán otros aspectos de esta vacilación igualmente importantes. Por ejemplo, que el personaje femenino se siente ambiguo cuando habla de la emoción y la posible muerte que la cosa puede traerle si tienen sexo:
… pero también sentía que de un momento a otro podría ocurrir una desgracia. Imaginó; soñó, deseó o había sentido que en el acto sexual podía tocar la muerte, y disfrutarla como una agonía espantosa y deliciosa a la vez (Pérez Cuadra, 2012, p. 193).
Es por eso que, recurriendo a los elementos de la indeterminación y transmitiendo la idea de la duda, la historia de Pérez Cuadra traslada a lo fantástico pero también al encanto nacido de lo extraño.
Además, “Bicho raro” es un cuento que se desarrolla entre lo insólito y lo maravilloso porque, aunque haya incertidumbre, el texto trata de dar una especie de respuesta científica a lo que acabamos de leer. La presencia de datos “científicos” aparece con la referencia al periódico, al final de la historia:
En el periódico de la ciudad una notita interesante ocupaba la esquina de Curiosidades: “Entre los desastres que provocó la tormenta de anoche también se puede incluir la aparición de un extraño espécimen que probablemente fue sacado de su hábitat natural” (Pérez Cuadra, 2012, pp. 193-194).
Sin embargo, hay que sospechar de la palabra “aparición” porque casi siempre se liga con lo fantástico, aunque en este caso se mezcla con el discurso periodístico y objetivo.
Siempre sobre el mismo tema de la incertidumbre, está lo que concierne al placer masculino y femenino. Pareciera que la cosa les sirve a los dos sexos, que es una especie de hermafrodita o de andrógino, con un clítoris-pene y una vagina y una vulva prominentes:
… y le salieron tetas enormes como del tamaño 41D. Se le desarrolló un sexo gordo, oblicuo, hinchado, partido en dos, casi como el de una cerda colorada, siempre húmedo y tibio con unos cuantos pelos rojizos y ensortijados (Pérez Cuadra, 2012, p. 192).
Su vulva, pero también su pene, son la delicia del hombre y la mujer. La cosa tiene pechos enormes, atributos de la feminidad y de la fertilidad, y dos tipos de partes genitales. Estas características le permiten atraer a dos personas de sexos diferentes. Sin embargo, ella no es percibida de la misma forma: para la mujer, la cosa es como un niño, “su hija” o “su hijo”, lo que, aparentemente, le impide tener con él/ella una relación sexual, pero el hombre la considera como un objeto sexual a poseer como lo era antes su mujer. Tenemos, entonces, un juego sutil sobre el deseo de la mamá por su hijo y un eventual incesto, pero también, sobre la homosexualidad latente del esposo. Pero hay más. Porque se muestra una criatura andrógina que, dando placer a los dos sexos, refuerza la idea de incertidumbre y derriba la idea de pareja heterosexual, y con ella, la idea de pareja “normal” de la sociedad.
En ese sentido, recordamos la película Teorema (1968) de Pier Paolo Pasolini, en la que un personaje que viene de afuera (la película no precisa su origen) altera a la familia que lo recibe[8]. En la película, un personaje misterioso y encantador es recibido por una familia rica milanesa y mantiene relaciones sexuales con la mamá, el papá, el hijo, la hija, la sirvienta. Luego de cada encuentro, la vida de los personajes cambia radicalmente. Esto nos recuerda lo que sucede en “Bicho Raro”: hay efectivamente una incertidumbre sexual y erótica con relación al personaje, así como una revelación para cada individuo que se acuesta con él.
Igualmente, en 2017, una película mexicana hace eco del mundo de “Bicho raro”: se trata de La región salvaje de Amat Escalante[9]. Allí aparece un monstruo escondido en una casa de campo, un monstruo que da placer tanto a hombres como a mujeres. El monstruo sirve a los dos sexos y el éxtasis que da es tan fuerte e inolvidable que nadie, luego de haberse acostado con él, quiere acostarse con alguien más. El monstruo les revela algo que los transforma radicalmente.
Volviendo al cuento, la carta que el hombre dirige, al final de la historia, dice con un tono que trata de reafirmar su virilidad: “Me he dado cuenta de que soy muy hombre, me fascina poder penetrarlo y sentirle la forma de las tetas, pero también quiero ser el único penetrado por él” (Pérez Cuadra, 2012, p. 193). Y entonces, cabe preguntarse por qué razón él afirma que acaba de darse cuenta de lo que significa –aparentemente– “ser hombre”. ¿El personaje no lo sabía ya, desde el matrimonio con su mujer y el ritmo desenfrenado de sus relaciones sexuales[10]? ¿De dónde viene esta paradoja? ¿Un hombre es un hombre porque penetra una mujer? Pero si el hombre se deja penetrar, ¿se vuelve menos hombre[11]? ¿Pudo el bicho revelarle algo nuevo? La carta del protagonista se parece a aquella jocosa frase de Roger Peyrefitte: “nunca se debe perder la esperanza. La homosexualidad puede revelarse a cualquier heterosexual y a cualquier edad (Peyrefitte citado por Leyland, 2004, p. 173).
El hecho de que el hombre tenga dudas sobre su virilidad y sobre su deseo refuerza la incertidumbre. El personaje masculino admite que le da placer ser penetrado, pero para estar realmente convencido, se devuelve a su “normalidad” utilizando el adverbio “muy” para acentuar su virilidad. La frase “muy hombre” recuerda la idea de la verdadera virilidad, de una virilidad innegable, lo que, en realidad, es debatible desde el punto de vista de la heteronormatividad y de las normas sociales pues el bicho ha transformado los roles asignados desde el nacimiento.
De igual forma, se puede agregar que, como lo escribe Willy O. Muñoz, en Nicaragua, la palabra bicho “es una expresión vulgar que se refiere tanto a la genitalia femenina como a los homosexuales, duplicidad que incrementa la ambigüedad en el relato” (Muñoz, 2012, p. 190).
Entonces, el cuento juega con la duda desde el título mismo y, como consecuencia, los lectores desean saber por qué hay un bicho y, sobre todo, por qué es tan extraño. Con el fin de comprender mejor el tema, la siguiente ilustración presenta los diferentes niveles de vacilación en el texto de Pérez Cuadra:
Figura 1. Los diferentes niveles de vacilación en “Bicho raro”

Fuente: elaboración propia.
El último nivel es el pseudocientífico, que aparece en la prensa como prueba irrefutable de la veracidad de los hechos. Al igual que los personajes y los lectores, el periódico ignora el origen de la cosa. Los lectores saben que las tormentas son perturbaciones atmosféricas que pueden provocar fenómenos extraordinarios. Sin embargo, el periódico intenta dar una explicación racional hablando de “hábitat natural”. Pero la frase no logra convencer porque, en el mismo párrafo, la palabra “aparición” evoca el dominio de lo fantástico. Y así se vuelve a lo escrito por Todorov:
El que percibe el acontecimiento debe optar por una de las dos soluciones posibles: o bien se trata de una ilusión de los sentidos, de un producto de la imaginación, y las leyes del mundo siguen siendo lo que son, o bien el acontecimiento se produjo realmente, es parte integrante de la realidad, y entonces esta realidad está regida por leyes que desconocemos (Todorov, 1981, pp. 18-19).
Hay pues una confrontación entre dos esferas, por un lado se muestra una historia fantástica desde el punto de vista del personaje “andrógino” y, por otro, termina la historia con dos figuras de autoridad y de verdad: a saber, el periódico y la mujer agente de la policía, que encuentra una cosa nueva en la taza del inodoro: “La mujer policía observó que en el fondo de la taza del retrete se movía algo; lo sacó. No sabía qué era, pero se llenó de ternura y se lo llevó a su casa para ver si lograba revivirlo” (Pérez Cuadra, 2012, p. 193). Entonces, esta figura de autoridad da al cuento un carácter circular porque el descubrimiento del “bicho” es el evento que pone todo en marcha. La historia termina como comenzó, es decir, con el rescate de la cosa y, particularmente, con la figura de una mujer que la salva.
No obstante, la idea de vacilación desarrollada no desaparece, todo lo contrario. Es un tema que se encuentra a lo largo de la historia. El hecho de no saber de dónde viene el “bicho” reenvía a los símbolos de la serpiente, del uróboros que se come su propia cola (no tiene origen ni fin), y eso es lo que le da al cuento un carácter cíclico.
Asimismo, la incertidumbre sobre el origen de “la cosa” puede ser interpretada como la ambigüedad sobre el origen del placer y del gozo en hombres y mujeres. Dicho de otra forma, el bicho funciona como la personificación misma del placer, sin origen preciso, sin clasificación determinada, sin un telos. Su existencia se justifica por ella misma, y no por un objetivo por alcanzar. Es por ello que el cuento de Pérez Cuadra trastorna la noción de placer, haciendo dudar de las masculinidades, de las feminidades y de los estereotipos sociales ligados con el género. La indeterminación constante permite este juego.
Es preciso volver a la cuestión de la circularidad: los espacios y las figuras míticas del Génesis afianzan este ciclo del que hemos venido hablando.
Adán y Eva en el paraíso: penetración y conocimiento
En BR se aprecia una circularidad con respecto a los eventos. La historia comienza con el descubrimiento de la cosa en la calle y termina con el descubrimiento de la cosa en un retrete. De igual forma, se observa que la historia comienza y termina en la mañana, y por lo tanto tenemos allí una estructura cíclica. Pero no se trata solamente del espacio. De hecho, es posible señalar un evento donde la materia primordial juega un papel similar al de la historia mítica del Génesis. En efecto, la cosa nace de la tierra (barro) y simbólicamente, se puede decir que la tierra es el lugar donde la vida comienza. A este respecto, el paralelismo con la historia bíblica de los orígenes es interesante:
Entonces Jehová Dios formó al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su nariz aliento de vida, y fue el hombre un ser viviente.
Jehová Dios formó, pues, de la tierra toda bestia del campo, y toda ave de los cielos, y las trajo a Adán para que viese cómo las había de llamar; y todo lo que Adán llamó a los animales vivientes, ese es su nombre… (Génesis 2: 7.9).
La vida emerge de la tierra, y la cosa hace lo mismo, lo que la acerca al reino animal. Regresaremos a este punto cuando se hable de criaturas fantásticas y de algunos símbolos.
En lo que respecta al tiempo, el momento escogido para la aparición de la cosa es la mañana. Si se acepta una lectura que comparte semejanzas entre el Génesis y el cuento, habría que decir que “la cosa” podría interpretarse como una utopía, el placer sexual de la primera pareja en el Paraíso. La vida que nace en la primera mañana y el placer sexual pleno son posibles, según el cuento. El hombre y la mujer perciben la voluptuosidad del “bicho” y el placer comienza entonces a nacer y a florecer. Si la mañana es el momento de la vida plena y del gozo, es comprensible que la aparición de la cosa tenga lugar en ese momento y no durante la noche.
Un segundo elemento muy interesante es el del verbo “descubrir”. En el cuento, el verbo implica el conocimiento de la cosa y sus continuas mutaciones. La historia dice que “El hombre descubrió que la cosita esa que ahora se le hacía tan provocativa, no necesitaba ropa…”[12] (Pérez Cuadra, 2012, p. 192).
En la Biblia, tanto el verbo “descubrir” como el verbo “conocer” tienen connotaciones sexuales. Cuando el cuento habla del conocimiento, se puede afirmar que el significado es doble: es el conocimiento de la sabiduría, de la vida y también de la conciencia sexual. Hay que recordar que al inicio, la mujer descubre la cosa en la calle:
Cuando se disponía a saltarse un charquito de lodo que dejó el torrencial de la noche anterior descubrió una cosita que se movía casi en el último momento de la muerte, ella no sabía qué era, lo recogió conmovida y se fue de regreso a su casa (Pérez Cuadra, 2012, p. 191).
“Descubrir” es comenzar a conocer, revelar lo que estaba escondido o lo desconocido, y el momento del descubrimiento es la mañana, lo que da aún más sentido al verbo porque reafirma la historia bíblica del origen y enfatiza en lo que es más importante en el cuento de Pérez Cuadra: el conocimiento sexual.
Más adelante, la protagonista “había descubierto que la cosa era como una hija, que tenía una especie de clítoris muy desarrollado” (Pérez Cuadra, 2012, p. 192). Aparece de nuevo el verbo del principio, el verbo del Génesis, pero además la descripción de los órganos genitales de la cosa y, al mismo tiempo, el asombro de la mujer y su excitación.
“Luego de la tormenta, viene la calma”, según el proverbio, pero en esta ocasión, luego de la tormenta vino el bicho, y en la mañana… Es el momento de renovación, de la vida que renace, pero la renovación aquí coincide con la aparición de “la cosa” al inicio de la historia y en la calle. Luego, ese bicho sale de la calle y es desplazado a la casa de los protagonistas del cuento. El bicho representa este descubrimiento que de tan repentino, resulta fantástico.
De acuerdo con nuestra interpretación, hay una similitud entre la pareja de la historia y Adán y Eva. Es la mujer quien toma al bicho y quien enseguida lo muestra a su marido. La cosa juega el rol de la serpiente de la Biblia porque es el ser que “abre los ojos” de la pareja mítica, de ahí la semejanza con el Génesis[13]:
Ella lo detuvo un poco y le mostró lo que se había encontrado. Él le preguntó que qué era eso, que no parecía un pájaro, tal vez era un embrión de ratón o quizás un murciélago tierno porque no tenía ojos, pero sí unas alas enormes y translúcidas y rosadas. Parece un juguete de goma, botá eso, le ordenó el marido. Ella le demostró que respiraba (Pérez Cuadra, 2021, p. 192).
El bicho fue recibido y al final de la historia, el hombre que al inicio no apreciaba a “la cosa” encontrada, se escapa con ella[14] y deja a su mujer desesperada: ella se siente vieja, fea, arrugada y gorda. En esta ocasión, es el esposo quien expulsa a la mujer, no Dios o alguna divinidad: “La mujer se sintió vieja; fofa, arrugada, acabada. Recordó que esa mañana se vio canas en el pubis y nuevas arrugas en la frente” (Pérez Cuadra, 2012, p. 192).
El último retrato de la mujer se opone al descrito en las primeras líneas. Ella era voluptuosa, con un bello busto redondo y firme y de nalgas redondas. ¿Qué le paso? ¿Por qué fue expulsada del Edén? ¿Se liga esta expulsión con la vejez o con la muerte del amor y del placer?, ¿es la culpa de alguien? ¿Es la soledad en la que queda la mujer la puerta que conduce a eso que es contrario al paraíso? ¿En qué medida el bicho alteró la relación entre los personajes? Ciertamente, él/ella les dio el conocimiento pero el precio por pagar es, justamente, la soledad, el envejecimiento de la mujer, incluso su muerte, pero también el “desenclosetamiento” del hombre así como su eventual distanciamiento de una sociedad heteronormativa. Los encuentros con los seres humanos nunca más serán los mismos porque la cosa ha puesto todo al revés. Es en ese sentido que se ha hecho alusión a Teorema de Pasolini porque, en efecto, hay una especie de revelación que el bicho, al igual que el personaje misterioso de la película, hace emerger.
De igual forma, el bicho, como la serpiente en el paraíso, los penetra a ambos. Su aparición les muestra la conciencia de la voluntad y del placer. El Génesis describe así el momento de la caída:
Pero la serpiente era astuta, más que todos los animales del campo que Jehová Dios había hecho; la cual dijo a la mujer: ¿Conque Dios os ha dicho: ¿No comáis de todo árbol del huerto? Y la mujer respondió a la serpiente: Del fruto de los árboles del huerto podemos comer; pero del fruto del árbol que está en medio del huerto dijo Dios: No comeréis de él, ni le tocaréis, para que no muráis. Entonces la serpiente dijo a la mujer: No moriréis; sino que sabe Dios que el día que comáis de él, serán abiertos vuestros ojos, y seréis como Dios, sabiendo el bien y el mal (Génesis 3: 1-5).
Evidentemente, con la aparición de la cosa, el conocimiento cambia pero se trata de un giro epistemológico, es decir, de un desplazamiento en la forma como se entenderá la realidad. Como se ha señalado al inicio, el verbo “conocer” está ligado con las relaciones sexuales, y ciertamente la serpiente no ha escapado jamás de esta distinción[15]. Pero de igual forma, hay una especie de aprehensión de la realidad que no es racional, pues está subordinada al campo intuitivo, vital, primario, podríamos decir. Es por ello que la afirmación de la serpiente sobre la cuestión de “ser como dioses”, distinguiendo el bien y el mal, es tan provocadora. En la relectura del Génesis propuesta aquí, el dominio sexual es otra manera de acceder a la realidad, a la vida misma, al conocimiento de ella. Esto se relaciona con una idea que toca la noción de racionalidad y de inteligencia, tal y como la sugiere David Bohm: “Intelligence is thus not deducible or explainable on the basis of any branch of knowledge (e.g., physics or biology). Its origin is deeper and more inward than any knowable order that could describe”[16].
Así, BR nos confronta con la conciencia sexual y con una manera infinita y profunda de comprender la realidad y como consecuencia, el erotismo. Las nociones tradicionales de inteligencia, racionalidad son insuficientes, precarias. El hecho de que el hombre sea seducido y penetrado por la cosa muestra hasta qué punto las nociones de género, de identidad y, por supuesto, de placer sexual son inestables. Se podría modificar la frase cartesiana “Pienso, luego existo” por “Cojo, luego existo”. O incluso “Fornico, entonces, conozco”. Es por ello que, detrás de la historia que interesa, hay un verdadero desafío filosófico. El diálogo del Génesis y el intertexto que implica solo muestra que la dualidad de la vida humana está siempre dividida entre dos posturas éticas que van, evidentemente, más allá de la religión y de la teología.
Y sin embargo, los caminos que conducen hacia el conocimiento de la realidad son el sexo y el erotismo. No accedemos a la realidad solo a través de la lógica o la ciencia. El texto de Pérez Cuadra indica que hay otros medios para alcanzarlo. Ser penetrado por la serpiente o ser penetrado por la cosa equivale a decir que la conciencia sexual, o más bien el placer, vienen con la apertura del cuerpo, de los espíritus, de las categorías… No obstante, hay un precio por pagar de acuerdo con el resultado obtenido, lo que no impide el desafío de intentarlo. De esta manera, BR muestra los límites de las clasificaciones, pero también la profundidad de la experiencia humana y erótica, siempre en construcción.
Luego de haber estudiado el tema de la penetración, desde el punto de vista literal y metafórico (y de los intertextos), pasemos al de los monstruos, los símbolos y los deseos prohibidos, pero también examinemos el paralelismo entre el bicho y la serpiente, figura maldita ligada con el sexo y el binomio bien/mal mencionado pero que profundizamos ahora.
La serpiente, el monstruo, el andrógino
Mónica Ressel nos dice que “el monstruo normalmente no solo está caracterizado por una sexualidad anormal e incluso peligrosa para los seres humanos, sino que nace de una concepción anómala” (Ressel, 2005, p. 50). Este tema reúne a la serpiente (y su simbología) y al andrógino en una suerte de lo que hemos llamado una “teratología del placer”, como trataremos de explicar.
Si mantenemos el paralelismo entre el bicho y la serpiente, podemos decir que este último es uno de los símbolos de la cultura más conocidos y sobre el cual existen muchísimos trabajos. No obstante, hay algunas particularidades que ayudan a comprender mejor el sentido del texto, por ejemplo, el uróboros, que significa la vida que nace de la muerte y a la inversa, la fuerza sexual pero también el tiempo. La serpiente es un símbolo de conocimiento y de circularidad por excelencia pero también es
… matriz y falo. Este hecho está atestiguado por una gran cantidad de documentos iconográficos, tanto del período neolítico asiático como de culturas nativas americanas en las que el cuerpo del animal (fálico en su totalidad) está decorado con rombos (símbolos de la vulva) (Chevalier y Gheerbrant, 1996, p. 876).
Recordemos que la cosa es andrógina, porque posee los dos tipos de órganos genitales y porque penetra y se deja penetrar. Es por ello que la comparación con la serpiente resulta plausible y aceptable. En la medida en que se incite a descubrir, a gozar y a desafiar el placer, el ser humano tendrá siempre una serpiente en la cabeza.
La ambigüedad de la serpiente y en particular, la de la historia reenvía, como se ha señalado, al placer pero también a la transgresión. Porque el hecho de aceptar la indefinición del bicho es aceptar los peligros de la experiencia erótica con ese misterio que se intenta descifrar constantemente. El bicho es una metáfora del enigma del placer y algunas veces, hasta de la literatura y sus interpretaciones tan variables.
Otro elemento estrechamente ligado con la serpiente y con la cosa es el tema de la fertilidad y la reproducción. No se debe olvidar que al final de la historia, el bicho aparece “en todas las calles de la ciudad”, es decir que él/ella se multiplica. La serpiente es el símbolo de la fecundidad pero en el texto, la multiplicación es pesadilla fantástica[17]. Aquí, cabe mencionar la idea de Louis Vax según la cual:
Lo fantástico, que es una especie de sagrado al revés, contamina todo lo que lo toca. Las víctimas de los vampiros se convierten a su vez en vampiros. A un dragón celestial le iría mal en el medio acuático, pues el monstruo no solo se encuentra en el medio privilegiado, sino que nace del medio ambiente mismo; él es el alma de la misma. El ambiente no es telón de fondo indiferente sino que es el embrión del drama (Vax, 1987, p. 127).
Por otro lado, debemos interrogarnos sobre lo que es un monstruo con el fin de entender mejor las relaciones entre el erotismo y lo fantástico, sobre todo en este cuento. De acuerdo con Gilbert Lascault: “en general, el monstruo, representado como el monstruo biológico, fascina a la vez que angustia y repugna. Es rechazado y deseado” (Lascault, 2004, p. 6)[18]. Lascault diferencia al monstruo biológico del monstruo objeto del arte. Y lo que es útil para esta investigación es que el bicho se encuentra entre esas dos esferas. Se debe enfatizar en la principal característica del monstruo, le mysterium tremendum et fascinans muy frecuente en el tema que estudiamos y especialmente en la literatura. El bicho se encuentra entre la fascinación y la repulsión. Por una parte, él/ella provoca sentimientos maternales (es el caso de la primera escena y de la escena donde la mujer policía lo salva, al final del cuento) y por otra parte, él/ella es el objeto mismo del placer. Pero también, él/ella provoca la angustia, la incertidumbre y el conocimiento de la realidad y el placer. Este monstruo funciona como una especie de serpiente que abre la conciencia al placer pero en silencio: “el bicho” no se expresa. Su cuerpo habla quizás, pero él/ella no dice una sola palabra. También es cierto que las palabras están de más y son inútiles[19] durante un acto sexual.
En la literatura y, por supuesto, en la cultura hay una impotencia del habla[20] cuando se trata del placer y del gozo. En el momento del éxtasis, sea sexual o místico, no hay necesidad de hablar. Bataille lo afirma: “Si el cuerpo llega a triunfar, el lenguaje que expresa esos triunfos no tiene la fuerza de hacerlo más que un movimiento de retirada” (Bataille, 2008, pp. 84-85). Y el monstruo, en el texto de Pérez Cuadra, se caracteriza, justamente, por esta ausencia de lenguaje. El cuento dice:
El hombre descubrió que la cosita esa que ahora se le hacía tan provocativa, no necesitaba ropa, era ciega y no hablaba pues lo único que le gustaba o se limitaba a hacer era estar acostada(o) con las piernas abiertas, esperándolo a él, que por dentro se sentía como una máquina demoledora, que se agitaba suave, fuerte, salvaje y trémula (Pérez Cuadra, 2012, p. 192).
Aparece, además, la oposición entre la actividad y la pasividad, como cada vez que el tema de la sexualidad se aborda. Pero más que sexual, la cosa es carnal o mejor aún, ella misma es la carne. La expresión cristiana sobre “los pecados de la carne” encontraría aquí su justo sentido. Quizás es a causa de esta presencia innegable de la carne, que la mujer de la historia se vuelve cada vez más devota:
El hombre, insaciable mujeriego, se calmó. Ella no volvió a tener sexo con él; se entregó a rezar el rosario día y noche; caminó de rodillas por las calles asfaltadas de la ciudad. Nadie supo a qué se debía tanto sacrificio (Pérez Cuadra, 2021, p. 193).
Cuando se habla de la semiótica del texto, hay otro elemento referido al monstruo. En la mayoría de los cuentos de hadas o de narraciones maravillosas el monstruo funciona como un obstáculo a vencer antes de la obtención de cualquier trofeo[21]. Este es el caso de los cuentos fantásticos ligados con dragones, botines de guerra, historias de héroes, entre otros.
Sin embargo, el tesoro que encierra el bicho es, precisamente, el conocimiento del placer y del gozo, el placer sexual sin barreras de ningún tipo. Este conocimiento viene de la monstruosidad, de la ambigüedad, de la fascinación y del horror. El tesoro que esconde el bicho es entonces el placer sexual difícil irrestricto. En el caso del marido, él se da a la fuga, se “desencloseta” y abandona a su mujer. Por el contrario, el precio que paga la mujer es la muerte, luego de la huida de su marido. Ciertamente el tesoro les fue revelado, pero también la toma de conciencia de la vejez, la soledad y finalmente, de la muerte: “La mujer se sintió vieja; fofa, arrugada, acabada” (Pérez Cuadra, 2012, p. 193). De cierta manera, el tesoro que el monstruo lleva en él es una especie de maldición, en la medida en que todo es trastornado y porque con él, la muerte está presente. Y no hay que olvidar que la muerte está también ligada con el erotismo y su lado obscuro.
No obstante, la muerte también puede ser interpretada como un elemento positivo ya que comprende tanto la ruptura de géneros como el fin de las categorías inmutables en el discurso y en la sociedad donde estos discursos son producidos. Por ejemplo, el “coming out” o “desenclosetamiento” del hombre de la historia podría también explicarse como su muerte en tanto heterosexual o su liberación, ya que las dos palabras corresponden a la ruptura de un paradigma.
Dijimos que la cosa se asemeja a un sex toy, es decir, a un “juguete de goma” (Pérez Cuadra, 2012, p. 192) literalmente. Debido a su apariencia, en la primera escena, el hombre quiere deshacerse de ella, tirarla, pero su mujer quiere quedársela. Enseguida la cosa es salvada y alimentada por la pareja. El bicho entonces evoca el campo lúdico, pero también señala los límites entre la realidad y la fantasía, o entre la realidad y el juego mismo que surge con ella.
El monstruo tiene una morfología andrógina: tiene dos tipos de órganos genitales y eso recuerda el mito del andrógino o del hermafrodita. Sin embargo, si se habla del primero, es posible decir que
El andrógino moderno no es un mito degradado, sino una figuración imaginaria en un contexto social inédito, en este proceso no pierde su distintivo bisexual, cruzado como está por renovadas líneas de fuerza: el feminismo, la magia, el erotismo… (Cháves, 2000, p. 14).
De esta forma, podemos afirmar que el bicho es el sex toy ideal en la medida en que comparte funciones aparentemente contrarias[22]. El monstruo de la historia es una criatura total, con senos, piernas, cabeza y cuerpo. A pesar de ello, su descripción hace pensar también en los consoladores. ¿Es posible imaginar que el bicho tiene una especie de consolador fantástico y maravilloso entre sus piernas? Sí, y en este caso, la monstruosidad reside en la ambivalencia, la doble funcionalidad del cuerpo. En ese sentido, vienen a la mente dos ideas desarrolladas por Beatriz/Paul Preciado: la primera dice que “en el principio era el dildo” y la segunda, menos breve, agrega:
Si el dildo es disruptivo, no lo es porque permita a la lesbiana entrar en el paraíso del falo, sino porque muestra que la masculinidad está, tanto como la feminidad, sujeta a las tecnologías sociales y políticas de construcción y de control (Preciado, 2011, p. 67).
Por ello es posible afirmar que el bicho es un monstruo, una especie de tecnología metaforizada, que da miedo porque suscita la disolución de los límites de género. Si el monstruo participa de una doble naturaleza construida a partir de elementos contrarios, esto nos lleva al andrógino, una criatura mítica que ocupa un lugar importante en la cultura occidental. Desde Platón, los latinos, los alquimistas de la Edad Media, hasta el Romanticismo Negro, según la clasificación de Mario Praz, el andrógino es un tema sobre el cual el arte y la ciencia vuelven a menudo. En El Banquete, es descrito así:
Primero había tres clases de hombres: los dos sexos que hoy existen, y uno tercero compuesto de estos dos, el cual ha desaparecido conservándose sólo el nombre. Este animal formaba una especie particular, y se llamaba andrógino, porque reunía el sexo masculino y el femenino; pero ya no existe y su nombre está en descrédito… (Platón, 1986, p. 320).
El mito dice que al inicio, existían tres tipos de sexos, pero más tarde, el andrógino se atreve a desafiar a Zeus y al Olimpo. Es por ello que los andróginos son castigados, su cuerpo termina “incompleto”, y buscan su otra mitad, “su propio símbolo”, por toda la eternidad.
Lo interesante en BR es la fusión del relato del Génesis con el del castigo del mito griego. Hay una expulsión del paraíso tanto en la Biblia como en el diálogo de Platón y en el cuento. Pérez Cuadra propone una teratología ligada con el placer porque el bicho y su revelación con-voca y e-voca una nostalgia de felicidad sexual pura, pero también categorías de género, ya superadas. La vacilación, la serpiente, la narración fantástica, la repulsión, el retorno al primer estado del mundo se encuentran en este breve cuento centroamericano.
El bicho raro está presente, “porque lo monstruoso siempre quedará como un diálogo con la norma, un asunto de orden o de desorden y, en ese sentido, un asunto de sociedad”[23] (Didier, 2009, p. 11).
- El cuerpo y la sociedad. Los hombres, las mujeres y la renuncia sexual en el cristianismo primitivo, Barcelona: Muchnik Editores S. A., 1988, p. 141.↵
- Se alude una vez más al Diccionario de la Literatura Centroamericana dirigido por Albino Chacón (2011) y a Literatura centroamericana. Diccionario de autores contemporáneos. Fuentes para su estudio, de Jorge Arellano (2003). ↵
- Consuelo Meza, Diccionario bibliográfico de narradoras centroamericanas, op. cit., pp. 341-342. ↵
- Vladimir Propp ya había señalado algunas conexiones entre los elementos del relato y la religión. Según él, esta última estaba al inicio, porque “de forma general el movimiento va en el sentido de la religión hacia el cuento y no a la inversa”. Cf. Vladimir Propp, Morfología del cuento, Madrid: Editorial Fundamentos, 1974. La noción de Propp parece bastante relevante porque se analiza lo fantástico en este capítulo pero también porque “Bicho raro” contiene muchos elementos del ámbito religioso.↵
- El paradigma de este narrador es Homero porque le cuenta en primer grado (extradiegético), una historia de la que está ausente. Cf. Gérard Genette, Figuras III, op. cit., p. 302.↵
- Hay otro problema señalado previamente con Todorov. Es el de la elaboración de su corpus: un corpus muy francés, muy europeo y, por tanto, limitado.↵
- Gabriel García Márquez, L’écriture sorcière, documental de Yves Billon y Mauricio Martinez-Cavard, 1998.↵
- Pier Paolo Pasolini, Teorema, Italia, 1968.↵
- Amat Escalante, La región salvaje, México, 2017. ↵
- “… él no necesitaba ningún estimulante para hacerle el amor de tres a cinco veces en el día; un ritmo mantenido a pesar del año que tenían de casados” (Pérez Cuadra, 2012, p. 191).↵
- Como dijo Marie-Hélène/Sam Bourcier, existe un temor generalizado entre los hombres “de ser sodomizados”, mientras que esta práctica está presente entre las mujeres en el porno heterosexual. La película francesa Baise-moi estrenada en 2000 fue prohibida en su propio país, por las escenas en las que los hombres eran penetrados y, peor aún, por dos mujeres. Cf. Queer zones. Politique des identités sexuelles et des savoirs, op. cit., p. 16.↵
- El tema de la desnudez es fundamental aquí porque remite al intertexto del Génesis. Desde este punto de vista, la desnudez será un elemento impreso en el imaginario social, a partir del relato bíblico. ↵
- Cf. Génesis 3: 6: “Y vio la mujer que el árbol era bueno para comer, y que era agradable a los ojos, y árbol codiciable para alcanzar la sabiduría; y tomó de su fruto, y comió”. ↵
- Aquí también hay que pensar en la figura de Prometeo que roba el fuego del cielo. Robar fuego es como robar el bicho, porque este es el acto que abre el camino y por el cual uno se hace humano.↵
- Casi toda la tradición patrística occidental afirma la conexión entre la serpiente, la mujer y el pecado original, es decir, el pecado carnal, sexual. Peter Brown nos dice: “Incluso hubo discípulos radicales de Taciano que atribuyeron la pérdida original del Espíritu por parte de Adán y Eva directamente a un acto sexual. Sostenían que Eva había encontrado a la serpiente, que representaba el mundo animal, y que la serpiente había enseñado a Eva a hacer lo que hacen los animales: copular. Por lo tanto, agregados al reino animal ‘al sexualizarse’ Adán y Eva se encontraron en una resbaladiza pendiente que conducía, a través de la sexualidad, al reino animal y, de este, a la tumba”. Cf. El cuerpo y la sociedad, op. cit., p. 139. Asimismo, durante siglos la llamada cultura “popular” ha cantado, pintado, teorizado y sigue haciéndolo reproduciendo a través de canciones, textos, publicidad y similares, la idea equivocada de que la mujer es menos racional, es decir, más animal, más cercana a la serpiente que los hombres.↵
- David Bohm, Wholeness and the Implicate Order, London, Routledge, 2005, p. 67.↵
- Ya se ha mencionado que la proliferación de monstruos es el tema principal en muchos “thrillers” contemporáneos, por ejemplo, Alien, Gremlins y otros.↵
- Gilbert Lascault, Le monstre dans l’art occidental, Paris: Klincksieck, 2004.↵
- Octavio Paz lo ha dicho bien: “el acto en que culmina la experiencia erótica, el orgasmo, es indecible”, La llama doble. Amor y erotismo, Barcelona: Seix Barral, 1993, p. 110.↵
- Hay que reflexionar sobre algunas letras de pop y eróticas como las siguientes: “Today is the last day that I am using words; they’ve gone out; lost their meaning; don’t function anymore”, Madonna, “Bedtime story”, 1994. También aquello de “no me sirven las palabras, gemir es mejor”, Soda Stereo, “Canción animal”, 1990. De igual forma, Octavio Paz nos dice a propósito del encuentro erótico: “Nueva dificultad: la comunión es indecible y, en cierto modo, excluye la comunicación: no es un intercambio de noticias sino una fusión”. La llama doble, p. 204.↵
- Uno de los ejemplos más recientes se muestra en la película El Hobbit, del texto de J. R. R. Tolkien. Allí se encuentra el dragón que cuida el tesoro de los enanos. ↵
- Porque hoy es cierto que la tecnología de los consoladores ha cambiado mucho. Pero no se encuentra un “toy” que se parezca a la descripción de Pérez Cuadra. Hay patitos, muñecos, consoladores dobles para penetrar a dos personas al mismo tiempo, pero un “sex toy” con vagina y pene es algo que aún no existe.↵
- Manuel Didier, La figure du monstre. Phénoménologie de la monstruosité dans l’imaginaire contemporain, Nancy: Presses Universitaires de Nancy, 2009. Mi traducción.↵







