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Introducción

La significación histórica del programa político de Wyclif se comprende si se lo interpreta como el intento de un scholar inglés de destruir la teoría de la plenitudo potestatis papal con argumentos de la misma naturaleza teológica que los que el Papado había utilizado para construir esa misma teoría.

 

Francisco Bertelloni[1]

Las relaciones entre pecado original y dominio político[2] desarrolladas por el pensamiento medieval constituyen un tema clave en la filosofía política. De ahí la proliferación de todo tipo de escritos sobre ese tema y otros conexos durante el período en cuestión, y el interés que todavía despiertan en la actualidad.

La elección de la figura de John Wyclif (c. 1328-1384) como referencia principal, y de su Tractatus de statu innocencie (1376)[3] en particular, obedece a varias razones. Por un lado, es un autor sobre el que existe una amplísima bibliografía, pero que ha sido poco trabajado en nuestro medio, en especial en relación al tema de indagación elegido. Por otra parte, su visión sobre el mismo es compleja y meditada, a la vez que realiza una crítica que apunta a la reforma de lo existente. Todas estas cualidades lo convierten en un objeto adecuado para una investigación sobre el vínculo entre pecado original y dominio, enfocada especialmente desde la filosofía política.

Se debe tener presente que una teoría política separada de otros ámbitos teóricos era inimaginable en la Edad Media. Sí existió –como en toda época histórica– un pensamiento dirigido hacia lo político. Jürgen Miethke llama la atención sobre un acontecimiento que produciría un cambio, que él califica sin dudar como revolucionario, en el pensamiento medieval en todas sus facetas: el nacimiento, a partir del siglo XII, de las universidades en Occidente. El surgimiento de una nueva estructura formativa para la que no existían ni modelos ni antecedentes tradicionales proporciona un nuevo sostén institucional a toda la actividad teórica. Por otro lado, la facilidad sin precedentes de la que disponen los autores para procurarse textos hace posible un mejor acceso al saber, a lo que se suma el elevado número de intelectuales presentes en el mismo lugar y en competencia entre ellos. Todo esto colabora para hacer posible una profesionalización, una especialización y una diferenciación del trabajo teórico. A partir del siglo XIII –asegura Miethke– prácticamente ninguna teoría política es propuesta por un autor que no se hubiese formado en una universidad[4]. Pero también hay que tener presente que en ninguna universidad medieval la disciplina denominada “política” tiene un lugar específico propio dentro del programa obligatorio de estudios. Lo que sí sucede es que, a partir de su traducción por obra de Guillermo de Moerbeke, la Política de Aristóteles se comienza a estudiar en cursos no ordinarios[5].

Además de los universitarios, los teólogos y los juristas también aportan –de manera reconocida de alguna manera por todo el espectro de estudiosos– a la elaboración teórica sobre cuestiones políticas. Los teólogos encuentran un extenso material disponible en la patrística. Agustín de Hipona oficia de mediador con las tradiciones antiguas, tanto con su filosofía de la historia como con su recepción de las doctrinas ciceronianas[6]. Recordemos al respecto que Wyclif forma parte tanto de los académicos universitarios como de los teólogos, a la vez que integra la tradición agustiniana.

En cuanto a la fuente en sí, el tratado elegido, que forma parte de la extensa obra en latín de Wyclif, es relativamente breve –lo que nos permite abordarlo en su totalidad–, ha sido poco estudiado[7] y trata específicamente sobre lo que pretendemos investigar. Por otra parte, Elemér Boreczky afirma que las obras latinas de Wyclif no han recibido especial atención de parte de los investigadores en general[8], por lo que juzgamos que el presente podría ser un aporte para los estudios sobre Wyclif.

Consideramos a John Wyclif como una figura particularmente polifacética y contradictoria, tanto por lo que efectivamente pueda haber sido como por todo lo que inspiró, en vida y después de su muerte. Wyclif ha sido estudiado –con razón o sin ella– como el precursor de la Reforma, el traductor de la Biblia al inglés, el instigador de la revuelta campesina inglesa de 1381, el cerebro y el alma detrás de la herejía lolarda y de la husita, el hereje cuyas obras fueron condenadas y quemadas y su cadáver exhumado y execrado por orden de la Iglesia, el político al servicio de Juan de Gante y de la Corona inglesa, el lógico implacable, el metafísico impulsor de un ultrarrealismo, el teólogo más profundo y sutil, y aun más. En el presente trabajo se tendrán en cuenta todos estos aspectos –ya que no se quiere perder la riqueza de la figura de Wyclif–, pero se focalizará en sus estudios sobre el pecado original y su relación con el dominio político.

En el Tractatus de statu innocencie –al que a partir de ahora nombraremos comoTDSI– Wyclif expone la insuficiencia del recurso a Aristóteles, porque este ignoraba que la naturaleza humana fuese caída. Indica que va a utilizar tres recursos, que son los que emplea el discurso teológico-filosófico escolástico: las Sagradas Escrituras (es decir, la palabra revelada), la autoridad (las palabras de los santos y padres de la Iglesia) y la razón (de la que invoca pruebas). Creemos que Wyclif, como tantos otros que lo precedieron y que lo seguirán, utiliza al estado de inocencia previo a la caída como una especie de laboratorio para componer un proyecto de reforma que –particularmente en el caso de nuestro autor– aunque se centra en la Iglesia, necesariamente trastorna a la sociedad toda.

A través de esta y otras obras, Wyclif reconoce tres tipos de dominio de los seres humanos, que van desde el estado de inocencia hasta la salvación de los predestinados, pasando por la vida postlapsaria. El dominio natural del Adán inocente y el dominio evangélico de la reconstitución de la inocencia por medio de la encarnación de Cristo son considerados legítimos por Wyclif. El nivel histórico –el dominium civile– solo puede volverse justo si obtiene la gracia de Dios. Para nuestro autor no hay nada en el mundo terrenal que pueda ser lícito si no obtiene la gracia divina; el único límite residiría en que el hombre no tiene conocimiento en el presente de quienes son los recipiendarios de esta gracia y, por lo tanto, los predestinados a la bienaventuranza. En relación a los bienes temporales, la Iglesia solo podría tenerlos en la modalidad de la comunidad de bienes. Los eclesiásticos deberían seguir el modelo de Cristo y sus apóstoles, quienes –como el hombre en el estado de inocencia– hicieron uso de bienes tenidos en común. De ahí la reforma radical que propone nuestro autor, con eje en el apartamiento total del clero de lo temporal y su sujeción a las autoridades laicas.

Si bien nuestra fuente principal es el tratado de Wyclif dedicado específicamente al estado de inocencia, para adentrarnos en estas nociones deberemos incursionar en otras obras del pensador inglés –en especial en algunos fragmentos de su Tractatus de civili dominio– que funcionarán como fuentes subsidiarias a la principal y, por lo tanto, seguiremos para su análisis a los intérpretes autorizados.

Queremos enfatizar que nuestra intención aquí es reconstruir una obra –el Tractatus de statu innocencie– que trata principalmente sobre el pecado original, por lo que haremos hincapié en ese aspecto, tal como lo evidencia el orden en el que aparecen los conceptos rectores en el título de nuestra obra. Por un lado, es eso lo que ofrece claramente la fuente. Por otro, consideramos que el tema es relevante por sí mismo. Para el estudio del otro tópico con el que intentaremos relacionarlo, el del dominio político, deberemos complementar con la bibliografía pertinente y actualizada, como indicamos en el párrafo precedente. Un aspecto clave reside en que la antropología prelapsaria –la que aborda principalmente Wyclif en este tratado, que es precisamente sobre el estado de inocencia–, aunque no tenga un desarrollo político específico y evidente, es, como veremos a lo largo de la presente investigación, profundamente metafísica, teológica y política.

Vale aclarar que mi formación de base ha sido en la investigación histórica. En relación a la filosofía política, me he formado fundamentalmente a través de la Maestría en Filosofía Política[9] para la cual elaboré la tesis que dio origen a este libro. He tenido acercamientos previos por medio de lecturas, cursado de seminarios y redacción de ponencias y artículos. Siempre trabajé –por necesidades e inquietudes puramente personales– de manera interdisciplinaria[10], y entre las disciplinas que abordé la filosofía política estuvo entre las que les dediqué mayor atención. Por otra parte, aunque he cambiado de materia, de coordenadas espaciales y de lengua, sigo manteniéndome en el Occidente cristiano bajomedieval.

En cuanto a la organización de los contenidos de este libro, la investigación se distribuirá en una Introducción, cuatro Capítulos y un apartado final conteniendo las Conclusiones. En el Capítulo I. Pecado original y dominio político en el Génesis, se comenzará desarrollando ambos conceptos, deteniéndonos en la especificidad cristiana del pecado original y en los dos relatos bíblicos de la creación. Si bien se plantean los diferentes tipos de dominio que podrían identificarse en los relatos de la creación contenidos en el Génesis –el del ser humano sobre el resto de la creación, el del hombre sobre la mujer, el del hombre sobre el hombre– el foco estará puesto en esta última manifestación del dominio. Aunque todas las formas enunciadas tienen carácter político, consideramos que el dominio del hombre sobre el hombre sería el dominio político por excelencia, e intentaremos demostrarlo[11].

A continuación, presentaremos el célebre contrafáctico que permitió interpretaciones, de carácter que podríamos denominar filosófico, muy variadas: ¿qué habría pasado si Adán y Eva no hubieran pecado?, o, formulado en términos positivos: ¿qué habría pasado si los padres del género humano hubieran permanecido en el estado de inocencia original? A partir de este contrafáctico se derivan todo tipo de preguntas, respuestas e interpretaciones que apuntan al estudio de la vida política de los seres humanos tal como se desarrollaba en el momento en que los distintos pensadores escribían.

Finalmente, abordaremos los orígenes paulinos de la noción de pecado original –expresión que no aparece en la Biblia–, concretamente en algunas de las epístolas del apóstol. En este capítulo inicial emplearemos la Biblia, y en particular el Génesis, como fuente, pero esta no será analizada e interpretada en profundidad como nuestra documentación principal –el tratado sobre el estado de inocencia de John Wyclif– sino simplemente tomada como punto de partida de un abordaje que se operará principalmente por medio de bibliografía secundaria especializada.


En el Capítulo II. La tradición precedente: filiaciones y diferencias, emprenderemos una mirada relativamente breve pero a la vez abarcadora sobre la interrelación de nuestros conceptos rectores durante la Edad Media. Nos detendremos en algunos momentos que consideramos clave, privilegiando los que intuimos que han tenido más peso como antecedentes en la obra de Wyclif, si bien esto último probablemente sea muy variable: no se puede comparar la gran influencia de Agustín en las obras wyclifitas con la de las glosas y comentarios a la Biblia, por tomar como ejemplo solo los dos primeros apartados en los que se divide este capítulo. No abordaremos directamente las fuentes, sino que nos basaremos en bibliografía secundaria redactada por especialistas, ya que la función de esta sección es contextualizar el análisis que se hará con la fuente primaria en el Capítulo IV, que constituye el corazón de la presente investigación. Este tratamiento se consideró oportuno dado el interés principal de este trabajo y a efectos de no distraer la atención del mismo, ya que ante diferentes objetivos aplicamos diferentes estrategias. Así, si en el último capítulo pretendemos reconstruir una obra y analizarla paso a paso, debemos acercarnos de la manera más estrecha posible al texto original. Mientras que, en la instancia de presentación de los antecedentes sobre los temas que aborda Wyclif en su tratado sobre el estado de inocencia, la distancia será mediada por el tratamiento de los especialistas contemporáneos a nosotros, al solo efecto de armar un panorama de diversas visiones medievales al respecto.

Agustín de Hipona –que puede ser considerado como el creador o el “padre” de la noción de pecado original tal como la conocemos hasta ahora– funda básicamente a esa falta primigenia en la doble desobediencia del hombre: primero a Dios y luego a él mismo, como castigo divino. Por otra parte, el pensamiento de Wyclif está inscripto en la corriente filosófica agustiniana. Continuamos el recorrido con las glosas y comentarios al Génesis, particularmente de los siglos XI-XIII, que aportan datos de interés para nuestro estudio. Abordamos posteriormente la que se conoce como la “Escuela de Oxford”, de la cual tomamos particularmente la figura de Roberto Grosseteste, considerado por algunos como el fundador de dicha escuela y citado reiteradamente por Wyclif. Otra visión destacable es la de Tomás de Aquino, que muestra la posibilidad de un dominio prelapsario que se podría considerar a la vez como prepolítico. Egidio Romano y Juan de París presentan las dos caras del enfrentamiento entre el papado y el imperio, privilegiando el primero al pontífice –por lo menos en el tratado que abordaremos principalmente aquí– y el segundo a los reinos. Marsilio de Padua, por su parte, encuentra el origen de la civitas en el pecado original. Por otro lado, Guillermo de Ockham marca una ruptura profunda entre el antes y el después de la caída, pero tomando en cuenta parámetros diferentes a los de Agustín, acordes con sus distintos objetivos políticos. Finalmente, Richard Fitzralph –al que Wyclif cita expresamente y del que continúa parte de sus reflexiones trabaja sobre la comunicación divina del dominio.


En el Capítulo III. Lecturas, usos y proyecciones de la figura de Wyclif, comenzaremos comentando el contexto en el que se mueve nuestro autor, la Inglaterra bajomedieval signada por el conflicto, el levantamiento popular de 1381 y la reacción al mismo. Examinaremos brevemente las etapas de la recepción de Wyclif. Proseguiremos con dos elaboraciones wyclifitas que serán claves en nuestro trabajo: su propuesta de reforma de todo lo existente y su teoría del dominio. En relación al primer tema, veremos los diferentes pasos que ha seguido la reforma wyclifita, que transitaría por la utopía, la propuesta concreta y el retorno a la utopía. Abordaremos la relación entre la jerarquía y la revuelta, donde aparece la visión de Wyclif de los tres órdenes y el carácter de revuelta que tiene el pecado original. También lo veremos específicamente como funcionario de la Corona, ejerciendo –en su forma más clara– su rol de actor político. Respecto al segundo tema, la teoría del dominio, consiste en una parte fundamental de nuestra exploración. La exponemos en este apartado y la retomaremos en el último capítulo.

Luego presentaremos brevemente otros temas de peso en la obra de Wyclif, que afectan de alguna manera esta investigación; entre ellos, su tratamiento de la predestinación, la eucaristía, la corrección fraterna, el bautismo, el debate sobre su determinismo extremo, etc. Finalmente abordaremos lo que algunos califican como la herencia de Wyclif, donde incluimos comentarios sobre sus vínculos con la traducción de la Biblia al inglés, sus relaciones con la herejía –como inspirador de por lo menos dos de las más importantes herejías bajomedievales, la lolarda y la husita– y la condena de su propia obra e incluso de su persona, aunque en este caso luego de su muerte. Finalmente lo veremos en una de sus caracterizaciones post mortem más conocidas: la que lo identifica como “el lucero de la Reforma”.


En el Capítulo IV. Pecado original y dominio en el Tractatus de statu innocencie, emprenderemos el análisis e interpretación del documento en cuestión, en lo que será el núcleo de nuestro trabajo. Aquí comenzaremos por presentar el tratado y su ubicación dentro del corpus wyclifita, e intentaremos identificar fuentes y autoridades del mismo. Otros ítems que proponemos abordar son el carácter a la vez utópico y modélico del Edén, los contrastes entre el mundo prelapsario y el postlapsario, las diferencias entre pena dampni y pena sensus, y entre pecado esse primum y esse secundum. También trabajaremos sobre las diferentes jerarquías identificables entre animales, humanos y ángeles; sobre la soberbia, la subversión, el sexo y la muerte. Y finalmente –siempre reflexionando dentro de lo que nos puede ofrecer el tratado y la bibliografía sobre el mismo– desarrollaremos las transformaciones que sufre el dominio, que implican la comunidad de bienes, la posesión, el uso, la propiedad.


No se elaborarán apartados dedicados específicamente al estado de la cuestión, sino que este se desplegará en el transcurso de los diferentes capítulos. Por lo tanto, en la práctica se tratará de diversos estados de la cuestión, no de uno solo, y entre ellos habrá variaciones tanto en extensión como en profundidad, de acuerdo a criterios de prioridad relacionados con nuestra propuesta principal de investigación.

Siguiendo nuevamente a Miethke cuando indica que una “clara imagen de validez de cada teoría solo puede […] ser proporcionada por un diligente esfuerzo de comprensión que reconstruya el contexto en el que se ubican los textos de los teóricos de la política”, es que nos sentimos obligados a demorarnos en los antecedentes y tradiciones que hacen al pensamiento de nuestro autor. El filósofo alemán insiste incluso en que no resulta suficiente individualizar “el horizonte cultural y filosófico de una teoría o identificar una filiación de ideas dentro de determinadas tradiciones de pensamiento”, sino que también deberían estudiarse “el contexto de controversias político-ideológicas concretas, las escuelas de pensamiento y las tradiciones culturales” que circundan a un autor, un tema de estudio, una obra. También forman parte de estos contextos el impacto que haya tenido “determinada teoría, de su recepción, de sus transformaciones en el uso y de su relevancia práctica”[12]. Si bien no hemos abordado exhaustivamente todas estas facetas que invoca Miethke, presentamos sus reflexiones al respecto para reforzar la importancia que le acordamos a la reconstrucción del contexto de un autor y de una obra.


Presentamos aquí brevemente las principales preguntas que nos surgen al emprender esta investigación: ¿cómo afecta la idea cristiana del pecado original a la concepción del dominio del hombre sobre el hombre, cuáles son los antecedentes medievales sobre los que se apoya Wyclif para su tratamiento de la cuestión, cuál es su aporte a la misma y qué proyecciones filosófico-políticas relevantes de esta relación se pueden identificar en nuestro autor?

Como interrogaciones secundarias, sobre las que se harán algunas reflexiones durante el desarrollo del presente trabajo, identificamos las siguientes: ¿el pecado original explica la dominación del hombre sobre el hombre? Si respondemos positivamente a esta pregunta, como creemos que lo hace Wyclif, ¿cómo juega la igualdad sustancial de todos los hombres que predica el cristianismo con la idea de jerarquía en el Occidente medieval? Por otra parte, en este extenso marco de tiempo y espacio se desenvuelve la profunda y variable disputa entre el poder espiritual y temporal. De aquí nace otro interrogante, sobre el que nos interesaría también aproximar algunos comentarios: ¿cuál fue el peso del aporte de Wyclif a los debates, proyectos y propuestas de soluciones a los problemas surgidos de esa relación?

La figura de Wyclif es tan polifacética que nos permite abrir un campo amplísimo de preguntas, aunque nos limitemos particularmente a las de carácter filosófico político. Intentaremos responder durante el transcurso de esta investigación a las enunciadas en los párrafos inmediatamente anteriores y a otras que vayan surgiendo.

A modo de conclusión de esta presentación, sostenemos que Wyclif es un claro exponente bajomedieval de la fusión entre teoría y praxis, entre el filósofo y la figura política. La investigación sobre el estudio que lleva a cabo el pensador inglés respecto a la relación entre el pecado original y el dominio político nos permitirá acercarnos tanto a un desarrollo coherente y profundo de una teología política innovadora como a los posibles efectos de la misma en la práctica de su propia época y de momentos históricos posteriores.


  1. Bertelloni, Francisco, “Implicaciones políticas de la predestinación al comienzo y al final de la Edad Media: Juan Escoto Erígena y John Wyclif”, Veritas, Vol. 41, n° 163, 1996, pp. 391-409 (p. 401).
  2. En comunicación personal posterior a mi defensa de la tesis que dio origen a este libro, el Dr. Carlos Astarita me comenta la elección de la expresión “dominio político”, recordando que para el medievalista el dominio es básicamente una unidad de producción. Si se habla de “dominio” sin ninguna acotación, la atención se dirigirá automáticamente a ese dominio (domaine en francés). Por lo tanto, resulta imprescindible aclarar de qué se trata y considera apropiada la calificación de “político” a ese fin.
  3. Wyclif, Johannis, Tractatus de statu innocencie, in Loserth, Johann and Matthew, Frederic David (Eds.), Tractatus de mandatis divinis, London, The Wyclif Society, 1922, pp. 475-524.
  4. Miethke añade que las excepciones más conocidas –la Monarchia de Dante, las obras de Ramón Llull–, están tan influenciadas por la escolástica que serían más una confirmación que una excepción a la regla. Miethke, Jürgen, “La teoría política del medioevo tardío en la vía de la modernidad. Cambios de perspectiva en los estudios de los últimos decenios”, Patristica et Mediaevalia, XXI, 2000, pp. 3-21 (p. 5). Ver también Miethke, Jürgen, “La teoría política y la universidad en el siglo XIV”, Patristica et Mediaevalia, XXV, 2004, pp. 3-24
  5. Miethke, La teoría política del medioevo tardío, pp. 4-6.
  6. Miethke, La teoría política del medioevo tardío, pp. 7-9.
  7. Un primer indicio de ello es que, hasta el momento en que defendí mi tesis, no se había publicado otra versión de esta obra que la original en latín. La Dra. Carolina Julieta Fernández y yo estamos preparando una versión bilingüe latín-castellano –de la cual tengo a mi cargo introducción y notas– a publicarse por la editorial de la Sociedad Argentina de Estudios Medievales (SAEMED).
  8. Boreczky, Elemér, John Wyclif’s Discourse on Dominion in Community, Leiden-Boston, Brill, 2008, p. 6.
  9. Que dicta la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires.
  10. Tarea emprendida sistemáticamente desde hace alrededor de veinte años, antes de comenzar mi investigación doctoral. Mi tesis de doctorado, por ejemplo, consta de dos partes, estando compuesta la primera solo por aportes teóricos: Violencia y dominación en la Baja Edad Media castellana, Buenos Aires, Editorial de la Facultad de Filosofía y Letras, Universidad de Buenos Aires, 2014 (e-book). En relación a la interdisciplinariedad, Miethke insiste en que “todas las disciplinas […] están llamadas a ofrecer su contribución cuando se trata de comprender la importancia efectiva de una teoría política medieval”. Miethke, La teoría política del medioevo tardío, p. 10.
  11. Respecto al uso de “hombre” por “humanidad”, reiterado en las fuentes y en la bibliografía, tenemos conciencia de la conflictividad que puede surgir ante dicha asimilación, pero consideramos que no tendría mucho sentido intentar corregirla, dado que es uno de los presupuestos que rigen la Biblia y los estudios basados en ella. En cuanto a mis preferencias personales, se inclinan a hablar de Adán y Eva o de la primera pareja humana.
  12. Miethke, La teoría política del medioevo tardío, pp. 19-20.


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