Como en toda tesis, detrás de la autoría individual, hay muchas personas e instituciones que hicieron posible este trabajo. Aquí me gustaría reconocer el acompañamiento, el aliento durante estos años y su colaboración directa o indirectamente. Considero necesario, una vez más, visibilizar el trabajo social y colectivo detrás de toda investigación.
Esto no hubiera sido posible, materialmente, sin el financiamiento otorgado por el CONICET y la formación que tuve en la Universidad de Buenos Aires. El agradecimiento a quienes sostienen con su trabajo día a día estas instituciones es fundamental en tiempos donde lamentablemente abundan los ataques y los intentos de desfinanciar la ciencia y la educación pública en nuestro país. A todos los docentes que me formaron, a quienes me crucé en el camino y con quienes comparto la profesión, gracias.
En segundo lugar, quisiera agradecer a Adrián Piva por su dirección en todo el proceso de investigación y escritura de la tesis. Por su paciencia ante mi testarudez, el debate siempre respetuoso y sus valiosos comentarios que me ayudaron a pensar los problemas aquí trabajados. Por su confianza, su generosidad y su actitud siempre abierta ante mis inquietudes. Hago extensivos los agradecimientos también a las y los compañeros del equipo dirigido por Adrián. Los debates y formaciones compartidas contribuyeron significativamente a esta investigación.
Quiero agradecer especialmente también a Corina Luchía. Su influencia excede ampliamente a sus clases, lecturas y comentarios, de por sí esenciales. Las preocupaciones que orientan esta tesis, que parecen tan lejanas a la Historia Medieval, encuentran su nexo indisociable en la misma intención de comprender y transformar este mundo cada vez más horroroso. Su amistad a lo largo de todos estos años y sobre todo la posibilidad de pensar juntas son para mí un honor. Le debo sin dudas, haber descubierto en ese taller de historia allá por 2008 que tenía algo para decir, que estudiar historia era posible y que valía la pena que lo haga. Fue, a su vez, fundamental su aliento para que no abandone, para que me banque las trabas de la burocracia y persevere ante las injusticias. A su vez, quiero agradecerle por presentarme a Adrián Piva como director y a Martín Mangiantini a quien principalmente le agradezco por abrirme camino en la docencia cuando más lo necesitaba y orientarme en aspectos importantes de la vida académica.
Párrafo aparte merecen mis amigues y compañeres de estudio y militancia. Una mención especial para Ana Laura Sucari, Bryam Herrera Jurado, Lucas Glasman, Jazmín Beltram, Rodrigo Fernández, Florencia Podestá y Florencia Morales, con quienes compartimos años de cursada y debates, y cuyos comentarios y acompañamiento durante este proceso fueron decisivos. Las redes de sostén y los espacios de trabajo colectivo que construimos fueron fundamentales para transitar la solitaria tarea de escribir una tesis. A los nuevos y viejos amigues que me acompañaron, gracias.
Principalmente quiero agradecerles a las incondicionales: Lola Kuperman, Débora Iaschinsky y Camila Artana, que me honran con su amistad hace tantos años y son mis grandes compañeras de la vida. A su vez, dedico esta tesis a Nahuel Chipo Fernández y Sofía Farace, amigues a quienes extraño cada día, cuya su ausencia es un hueco que me acompaña, pero que se llena siempre de hermosos recuerdos. Esta dedicatoria resulta, al menos, una forma de compartir con ellos esta alegría.
Por último, quiero agradecerle a toda mi familia por su apoyo y cariño siempre. Aprovecho este momento para también recordar a mis abuelos Ernesto y Elías y a quienes habitaron el título de abuelas con muchísimo amor Alicia y Rebeca. Especialmente, quiero honrar en esta tesis la memoria de mis tíos Daniel y Mónica y a los 30.000 compañeros y compañeras detenidos desaparecidos. En la historia de esta familia, en el dolor silencioso que nos atraviesa, está uno de los motores por los cuales me dedico a estudiar “al enemigo”. Cuando elegí la carrera de Historia, siempre tuve en claro que no iba a especializarme en la historia de nuestro país, sentía que esta herida abierta no me lo iba a permitir. Encontré, sin embargo, en el estudio de los Estados Unidos una revancha. No oculto, entonces, como definió Pedro Lemebel que “la rabia es la tinta de mi escritura” y los deseos de un mundo sin explotación resultan aquello que motiva y trasciende a estas páginas. En los tiempos que corren, con el ascenso al poder de quienes reivindican la dictadura, una vez más es necesario dar batalla y gritar con más fuerza: memoria, verdad y justicia.
Diciembre 2023







