El proceso de ingreso de China a la OMC fue extenso, incluyó una serie de instancias multilaterales dentro del propio organismo y otros tantos acuerdos bilaterales con sus principales miembros. Aquí analizamos las distintas posiciones del gobierno norteamericano en las dos instancias de negociaciones bilaterales con China en 1999 determinando los argumentos esgrimidos por los representantes de Estados Unidos tanto en las reuniones fallidas de abril como en el acuerdo alcanzado en noviembre de tal año. Especialmente nos interesa indagar en qué elementos de la relación entre Estado y corporaciones empresarias se pueden dilucidar, observando las especificidades de Estados Unidos como principal potencia imperialista. Es decir, pretendemos ver la relación entre la formulación y los objetivos de la política exterior y su vínculo con la dinámica de relaciones de fuerza doméstica.
Con tal objetivo, comenzamos con una breve historización sobre las relaciones entre Estados Unidos y China para poder encuadrar la importancia de estas negociaciones. Luego, ahondamos en el viaje del primer ministro Zhu Rongji a Estados Unidos en abril de 1999 y posteriormente el que realizaron los representantes norteamericanos a China en noviembre del mismo año donde se selló finalmente el acuerdo. Trabajamos en este capítulo con documentos oficiales, los discursos del presidente Clinton, un relevamiento de prensa escrita (New York Times y The Washington Post) y las declaraciones de las principales corporaciones empresariales y organizaciones sindicales.
Una historización de las relaciones comerciales sinoestadounidenses
Tras el desarrollo de la Revolución China y en el marco de la Guerra Fría, las relaciones comerciales entre Estados Unidos y el gigante asiático se vieron interrumpidas y lógicamente se volvieron más complejas. El diálogo comenzó a reanudarse tras la histórica visita de Nixon a Pekín en 1972, en pleno desarrollo de la Guerra de Vietnam. En esa oportunidad se estableció el reconocimiento diplomático mutuo, abandonando así la política de aislamiento de China. Buscando profundizar las diferencias con la Unión Soviética, aquel acercamiento de la potencia estadounidense abrió paso a una forma de entablar la política exterior no focalizada en el enfrentamiento sino en la búsqueda de “engagement” de la economía china. Esta reorientación de la diplomacia norteamericana muchas veces categorizada como “pragmática” fue auspiciada por el principal asesor de Nixon en esta materia: Henry Kissinger. La reapertura de la relación diplomática que posibilitó este acuerdo fue importante en ese contexto, pero a la vez acotada en tanto aún no se normalizaba plenamente el vínculo comercial.
En ese sentido, el siguiente paso fue en 1979 con la firma de un acuerdo bilateral bajo la presidencia de Carter, en el cual formalmente se restablecieron las relaciones comerciales entre ambos países, otorgándose el status de “Nación más favorecida” (Most Favoured Nation, a partir de ahora MFN). Esta categoría no reflejaba una situación privilegiada ni un favor para el país que la detentase, sino que hacía referencia a la posibilidad de tener condiciones comerciales normales.
A partir de 1980 entró en vigencia el acuerdo, sin embargo, no se estableció un carácter permanente para el MFN. Producto del Trade Act of 1974 y la conocida Jackson-Vanik amendment, los países con economías de “no mercado”, aquellos asociados al bloque soviético, debían renovar cada año su status comercial. Así, comenzó en 1980 a desarrollarse en el Congreso estadounidense, el debate anual sobre el carácter de MFN de China, instancia que se presentaba como una herramienta de escrutinio e incluso castigo por parte de Estados Unidos. Tras la represión de Tiananmen Square en 1989 estas votaciones anuales en el Congreso norteamericano se transformaron en instancias de discusión más álgidas y controversiales. Convirtiéndose en un acontecimiento de debate público con presencia en la escena política, en estas votaciones principalmente se evaluaba el cumplimiento de acuerdos, la situación de los derechos humanos en China, pero también el armamento nuclear y la relación con Taiwán. Pese a que en todos los casos terminó aprobado con mayor o menor margen el status de MFN para China, las amenazas de sanciones estuvieron presentes.
George H. W. Bush tuvo una política de veto ante estos distintos intentos de sanciones o proyectos presentados en el Congreso para vincular temas comerciales con violación a los derechos humanos por parte de China. Durante su mandato, avanzó en el acercamiento con el país asiático y acordó un memorándum de entendimiento en 1992 donde Estados Unidos se comprometía a apoyar el ingreso de China al GATT a cambio de una reducción de tarifas por parte de China y una promesa de cumplimiento de derechos de propiedad intelectual. Esta política fue criticada por Bill Clinton durante su campaña electoral y una vez en el poder, sancionó en 1993 el Executive Order 12850 donde establecía las condiciones para la renovación de MFN para China. Allí se incluía la situación de los derechos humanos, la libertad y trato humanitario de los presos políticos, la protección del patrimonio cultural del Tíbet y el permiso de trasmisión de programas internacionales de radio y televisión[1].
Este decreto, impulsado con el apoyo de varios demócratas como la Representante Nancy Pelosi, recibió un fuerte rechazo de las principales corporaciones que le enviaron a Clinton una carta firmada por 298 empresas y 37 asociaciones comerciales exigiendo que no haya condiciones para el status de MFN de China. Esta “not-so-discreet pressure from the business community”[2] tuvo sus implicancias: finalmente fue aprobada la renovación anual pese a la ausencia de mejoras en la situación de derechos humanos en China y comenzaron negociaciones y presiones para el cumplimiento de los derechos de propiedad intelectual, cuestión que preocupaba especialmente al sector empresario. Esta votación de MFN en 1994 contó con una importante campaña de lobby empresarial impulsada por principalmente “the U.S.-China Business Council, the Emergency Committee for American Trade, and a small group of lobbyists representing other business, farm, and political groups” (Dietrich, 1999, p. 290). Los argumentos centrados en los beneficios que traía aparejados el vínculo comercial con China para los Estados Unidos cobraron mayor preponderancia, viéndose un cambio de posición en el propio gobierno de Clinton (Dietrich, 1999). La creación de la Business Coalition for US-China Trade durante su presidencia fue constituyendo the new China lobby considerado como la iniciativa protrade más importante del empresariado norteamericano[3] (Destler, 2005, p. 212).
En este contexto y con la creación de la OMC en 1995, se profundizaron en paralelo las discusiones multilaterales por la plena integración de China al mercado mundial. En este sentido, Clinton viajó en 1998 comenzando el diálogo y las negociaciones bilaterales invitando al primer ministro Zhu Rongji a visitar Estados Unidos el año siguiente en pos de lograr un acuerdo. Retomando las formulaciones de Panitch y Gindin (2013a), un elemento fundamental para el creciente interés en avanzar con este proceso remitió al papel jugado por China en la estabilización de la crisis económica asiática de 1997-1998, evitando devaluaciones competitivas[4].
En el marco de este largo proceso de restablecimiento del vínculo entre China y Estados Unidos y especialmente durante estos años de renovación anual de MFN, el volumen del comercio bilateral entre ambos países creció ampliamente: las importaciones crecieron de 12 mil millones en 1989 a 102 mil millones en 2001, mientras que las exportaciones lo hicieron de 5,7 mil millones a 19 mil millones[5]. Se modificó a su vez, qué tipo de productos exportaba China a Estados Unidos: si al principio de los años 80 era petróleo crudo y productos refinados de petróleo, para fines de los 80 y principios los 90, China empezó a exportar manufacturas como calzado, textiles, juguetes entre otros productos realizados con mano de obra intensiva (Devereaux et al., 2006, p. 253). En esta línea, se ve claramente el crecimiento del déficit comercial de Estados Unidos respecto a China, pasando alrededor de 6 mil millones de dólares en 1989 a 83 mil millones de dólares en el año 2001[6], cuestión que se observa como una tendencia que se fue agudizando en el transcurso de las últimas dos décadas.
Existen debates respecto a la importancia que se le debe otorgar al déficit comercial en el marco de una internacionalización mayor del capital durante las últimas décadas. Al respecto Panitch y Gindin sostienen que el déficit comercial no puede ser un indicador de un declive industrial. Advierten que las exportaciones crecieron, pero lo hicieron en mayor medida las importaciones producto de un consumo creciente y el papel de Estados Unidos en el capitalismo global y en la división del trabajo a nivel internacional. Ejemplifican con los productos de Apple que cuyo punto último de fabricación se desenvuelve en China y por ende, cada una de sus ventas significa un aumento en el déficit aunque represente un plusvalor capturado por Apple tanto por trabajo doméstico como principalmente extranjero (Panitch y Gindin, 2013a, p. 428). El argumento esgrimido por Panitch y Gindin es pertinente, lo cual a su vez refiere a otro dato significativo: el aumento de la inversión extranjera directa (FDI) de empresas norteamericanas en territorio chino de 436 millones de dólares en 1989 a 12.081 millones de dólares en 2001[7]. Sin embargo, no debe por ello desestimarse la creciente cifra de déficit comercial en tanto no deja de alarmar al Estado norteamericano y resulta uno de los indicadores más retomados políticamente (especialmente bajo la presidencia Donald Trump en el marco de su conflicto con China).
Ahora bien. esta creciente interdependencia entre ambas economías fue analizada de diversos modos. Como mencionamos en los capítulos anteriores, las perspectivas herederas del realismo sostienen que esta situación conlleva a un mayor enfrentamiento entre los dos países y la constitución del gigante asiático como una amenaza para los Estados Unidos. En contraste, la tradición liberal plantea una mirada más optimista, considerando que la mayor dependencia económica entre los países lleva a una resolución de los conflictos de manera pacífica y cooperativa. Sostienen que se consolidan intereses en común y grandes beneficios para los Estados Unidos, descartando así una situación de rivalidad.
Encuadradas en estas perspectivas teóricas generales, se destacan un conjunto de estudios de caso que desde una perspectiva propia del pluralismo explican el fracaso del acuerdo en abril por la falta de apoyo doméstico viendo el accionar de actores diversos (Devereaux et al., 2006; Lampton, 2001; Yee, 2004). En estos casos no hay una jerarquización de estos actores, cuestión que tratan de resolver quienes desde este paradigma analizan el accionar de los llamados “grupos de interés” en la elaboración de la política exterior (Dietrich, 1999; Dumbaugh, 2001). En estos planteos la carencia se encuentra en poder ver la relación entre estos grupos y cómo sus acciones se determinan mutuamente y tienen su impacto en el Estado. Otros explican la política de Clinton por las posiciones de los distintos asesores y funcionarios dentro de su gobierno (Destler, 2005; Fewsmith, 1999), pero sin ahondar en su vinculación con la dinámica social en su conjunto. Siguiendo una perspectiva distinta, proponemos aquí un abordaje desde el marxismo, analizando la dinámica de la lucha de clases en la relación Estado-clase dominante. Especialmente indagaremos en las particularidades que afronta el Estado norteamericano en su doble papel de dominación doméstica e imperialista.
Abril de 1999: el acuerdo fallido
Previo a la visita del primer ministro Zhu Rongji, Clinton ya había comenzado a mencionar en sus discursos la importancia del ingreso de China a la OMC y la necesidad de lograr apoyo en el Congreso para garantizar un acuerdo[8]. Los principales argumentos esgrimidos giraban en torno a la idea de progreso asociada a la de globalización. El aislamiento de China era rebatido fuertemente, señalando que mediante su incorporación a las “leyes del comercio internacional”, es decir a la OMC, se propiciaría una liberalización de la economía y una democratización del país. Clinton sostenía, en este sentido, que el rol de Estados Unidos era organizar ese ideal de un siglo XXI “próspero y democrático” para el mundo.
La llegada del primer ministro Zhu Rongji a los Estados Unidos el 7 de abril de 1999 fue un acontecimiento con gran repercusión en el escenario político. En la conferencia de prensa junto con el mandatario chino, el 8 de abril, Clinton anunció acuerdos sobre aviación civil que permitía duplicar la cantidad de vuelos; sobre uso de software y sobre apertura del mercado chino para exportaciones de productos agropecuarios (Sino-US Agricultural Cooperation Agreement[9]). Sostuvo respecto a las negociaciones bilaterales para el ingreso de China a la OMC que se lograron importantes avances, pero “although we are not quite there yet”[10]. Esta frase circuló por la prensa como la principal definición del presidente al respecto.
En respuesta, en la misma conferencia, el primer ministro chino sostuvo que las diferencias respecto al acuerdo para el ingreso de China a la OMC no eran significativas para él, aunque evidentemente sí lo eran para Clinton. Mencionó que le habían alertado del clima político “antichina” que iba a encontrar en Estados Unidos y reafirmó que habían hecho varias concesiones y que su país venía desarrollando una serie de reformas[11].
En la declaración conjunta de ambos mandatarios aclarando los avances en las negociaciones, remarcaron como principales diferencias a resolver: “a mechanism to ensure implementation, the duration of provisions governing dumping and product safeguards, and rules governing textiles trade”[12]. Pese a estos puntos, que de por sí fueron conflictivos en las negociaciones (principalmente las cuotas para la importación de textiles) las trabas para sellar el acuerdo en abril de 1999 fueron de índole política.
Ya desde la llegada de Zhu Rongji, en el New York Times se señalaba que “Whether Mr. Clinton decides to sign a deal may depend on his calculation about how strongly American businesses will support it”[13]. Sin embargo, el apoyo empresarial estaba. Las concesiones propuestas por el mandatario chino en las negociaciones fueron sorprendentes para el propio empresariado y aún así no fue alcanzado el pacto. Principalmente las corporaciones destacaban el permiso para las empresas de telecomunicaciones para controlar las firmas de telefonía celular e internet. También fueron muy bien recibidas las reducciones arancelarias en productos agropecuarios y automóviles. Sin embargo, aún faltaban por resolver detalles respecto a sectores estratégicos como el financiero y el audiovisual: Wall Street y Hollywood[14]. Igualmente, sostenían la importancia de lograr un acuerdo y de incorporar a China en el comercio internacional basado en las reglas de la OMC[15].
¿A qué se debió entonces el fracaso? Varios elementos deben considerarse. En primer lugar, debe tenerse en cuenta el contexto internacional en el cual se desarrollaba este viaje: la guerra en los Balcanes por la desintegración de la ex Yugoslavia, donde las posiciones de ambos países eran abiertamente contrarias. Mientras Estados Unidos intervino militarmente mediante la OTAN, China rechazaba esta intromisión en el conflicto. Hay quienes sostienen que la principal preocupación de Clinton y Samuel R. Berger (el Consejero de Seguridad Nacional) estaba en la situación en Kosovo y no en las negociaciones con China y así explican los vaivenes del gobierno al respecto (Suettinger, 2003). Sin embargo, esta visión, asociada sobre todo a una interpretación realista, deja sin entrever otros aspectos principalmente domésticos.
El contexto político interno estaba signado, por un lado, por una serie de críticas al gobierno por parte de un sector del Partido Republicano centradas en acusar al Partido Demócrata de recibir financiamiento chino en las elecciones de 1996, mientras que también desarrollaban denuncias de espionaje ilegal. Violación de derechos humanos y armamento nuclear eran otras de las críticas a China propiciadas por este sector[16].
Si bien estas críticas “desde la derecha” tenían asidero en el escenario político, el principal problema para la posterior aprobación en el Congreso eran los propios representantes demócratas. Preocupaba al gobierno la alianza entre “la izquierda demócrata y la derecha republicana” contra el ingreso de China a la OMC[17] conformada por muchos de los que ya se venían manifestando en contra en las votaciones anteriores de MFN.
La fractura al interior del Partido Demócrata respecto al comercio con China se temía especialmente por su vínculo con el movimiento sindical preocupado por el impacto en los puestos de trabajo tras un aumento de las importaciones de productos baratos provenientes de China[18]. Si bien no se encuentran declaraciones específicas de la principal central sindical, AFL-CIO, sobre las negociaciones de abril de 1999, sí lo hay respecto a la relación con China en general. En febrero de 1999, la AFL-CIO publicó dos declaraciones[19] donde denunciaban la violación de los derechos humanos y laborales y por ello pedían que no se aceptara el ingreso de China a la OMC hasta que no se resolviera esta situación. A su vez, criticaban los efectos del NAFTA, la pérdida de puestos de trabajo y el creciente déficit comercial. Incluían también, la importancia de la intervención del Congreso en las negociaciones de tratados comerciales, lo cual remite a las debilidades que tuvo Clinton para asegurarse el fast-track[20] durante su presidencia. La presión sindical fue una de las principales razones que se le atribuyeron a la caída del acuerdo, a tal punto que Clinton, meses después salió a desmentir intentando fortalecer su figura:
Well, a lot of people have said we had an agreement in April, and we walked away from it because there was opposition from the American labor movement. I’ve read that a hundred times. That is absolutely not true. Number one, we didn’t have an agreement, and number two, let me remind you of what the climate was at that time. It wasn’t because of what the labor leaders were saying. Some of the very people now who want the WTO agreement with China, at that time were banging away at China on a whole wide range of issues, which all of you remember very well. [21]
Pasado un año, con el acuerdo ya saldado y en pleno debate público sobre la aprobación del carácter de Permanent Normal Trade Relations, Clinton admitió que dio marcha atrás en las negociaciones de abril de 1999 por pedido de la AFL-CIO:
In addition to that, you should know that last April, a year ago, we had most of this, but not all this agreement. And I consulted with, among others, the AFL–CIO and other people who were concerned about whether the economics work out fairly, and they asked me to go back and get some new provisions about our trade relations, so that if China dumped a lot of products into our market in a certain area, which threatened a lot of jobs, we could take immediate and quick action. I did that; that’s why we didn’t get this agreement last April.[22]
Se comprende, en este marco, que el empresariado haya respondido criticando fuertemente al Ejecutivo por no alcanzar un acuerdo que tanto anhelaban[23]. El gobierno decidió publicar la lista de concesiones dadas por China en las negociaciones como estrategia para evitar que el gigante asiático diera marcha atrás en ellas a posteriori. Sin embargo, logró que el mandatario chino saliera a desmentir esa lista y también que los empresarios presionasen aún más al gobierno para obtener el acuerdo. Acompañaron así al primer ministro Zhu Rongji que continuó sus días en Estados Unidos viajando por distintos lugares del país haciendo campaña política a favor del ingreso de China a la OMC.
En su visita a Denver, Chicago y Nueva York lo recibieron con protestas de grupos pidiendo por respeto a los derechos humanos y la independencia del Tíbet[24]. En Chicago se reunió con 1500 empresarios, entre los que se destacaban los CEO de Motorola y United Airlines[25], en Nueva York participó de una cena organizada por The Economic Club, y de reuniones con empresarios de medios de comunicación y luego con ejecutivos de bancos y compañías de seguros[26]. Después, durante su paso por Boston, el mandatario visitó la ciudad cercana, Cambridge[27], donde propició un discurso en el Massachusetts Institute of Technology (MIT) orientado a rebatir los argumentos de quienes se oponían al ingreso de China a la OMC.
La presión lograda conjuntamente por el lobby empresarial y el propio mandatario chino llevó a Clinton a modificar su posición. Más de 100 empresarios pidieron en la Casa Blanca que se reanudasen las negociaciones quejándose de la mala lectura del presidente de la situación en el Congreso y la opinión pública respecto a China[28]. The Business Coalition for U.S-China Trade publicó un anuncio de página completa en The Washington Post explícitamente pagado por The Business Roundtable, donde sostuvieron que “Now is the time to bring China into the global trading system”[29]. A su vez, le exigían al gobierno que sellara el acuerdo y se ponían a disposición para trabajar conjuntamente para su aprobación en el Congreso.
Tras las críticas, Clinton retomó el diálogo con el primer ministro Zhu Rongji pidiéndole que enviase a sus negociadores a Washington para cerrar rápido el acuerdo. Sin embargo, el mandatario chino exigió que viajasen representantes estadounidenses a China a continuar las negociaciones[30]. Se desarrolló esta instancia a fines de abril, sin embargo, se trabó tras el bombardeo de Estados Unidos a la embajada china en Belgrado a principios de mayo de 1999. En sucesivas oportunidades Clinton sostuvo que este bombardeo fue un error y expresó sus disculpas y condolencias[31], pero faltarían varios meses para que las negociaciones finalmente se restablecieran.
Noviembre de 1999: acuerdo firmado
En noviembre del mismo año, el contexto resultaba más apremiante para que el gobierno norteamericano sellara un acuerdo con China[32]. La cercanía con la Ronda de Seattle de la OMC convocada para fines de dicho mes y principios de diciembre se presentaba como la instancia ideal para presentar el acuerdo.
Clinton no fue en persona al país asiático envió, por el contrario, a Charlene Barshefsky, la Representante Comercial de Estados Unidos (USTR) y principal impulsora del acuerdo, y a Gene Sperling quien estaba a la cabeza del National Economic Council, el cual en abril tenía la posición de no firmar aún el acuerdo ante el posible rechazo en el Congreso.
Los principales temas para trabajar en las negociaciones eran las cuotas para la importación de textiles (medida proteccionista reclamada por un sector del empresariado y el movimiento sindical) y el porcentaje de participación de capitales norteamericanos en empresas chinas de telecomunicaciones, bancos y servicios financieros[33]. Así como también la posibilidad de establecer sanciones, cuestión reclamada especialmente por los sindicatos al vicepresidente Al Gore[34] en un contexto en el cual ya se preparaba la conocida “Batalla de Seattle” y había fuertes presiones para incluir en la cumbre de la OMC la discusión sobre normas tanto en materia ambiental como laboral.
A su vez, los representantes norteamericanos se encontraron con una China menos dispuesta a ceder que en abril. Las negociaciones tuvieron una serie de tensiones, se estimaba que podría no alcanzarse un acuerdo y se extendieron más de lo previsto[35]. El principal aspecto que China no estaba dispuesto a conceder era el control del 51% de las empresas de telecomunicaciones y financieras[36].
Luego de seis días de negociaciones, el 15 de noviembre de 1999, se llegó a un acuerdo[37] que incluyó la significativa reducción general de los aranceles aduaneros de un promedio de 22.1% a 17%, con una disminución mayor en el caso de productos agropecuarios a 15% o menos. Respecto a la industria automotriz protegida con arancel del 100% se acordó una progresiva reducción en un período de seis años hasta llegar a un 25%. Se estableció con esto, la posibilidad de que las empresas automotrices como los bancos, por primera vez, puedan ofrecer préstamos para comprar autos. También China cedió respecto a la posibilidad de que las empresas extranjeras puedan distribuir sus mercancías sin la mediación de empresas chinas[38]. Se incorporó a su vez, la duplicación de la cantidad de películas norteamericanas con permiso para ser distribuidas en China, considerado como un primer paso para la industria cinematográfica hollywoodense[39].
A cambio de estas concesiones, Estados Unidos debía eliminar la votación anual de MFN, otorgando el carácter de Permanent Normal Trade Relations y apoyar el ingreso de China a la OMC en las negociaciones multilaterales. Respecto a los puntos más polémicos, Estados Unidos no logró el 51% de control sobre las empresas del sector de telecomunicaciones como se prometía en abril, pero sí hasta un 50%. Mientras que, en el caso de la industria textil, donde quien tenía una posición proteccionista era Estados Unidos, se acordó terminar con las cuotas en cinco años en vez de diez[40]. Respecto a la posibilidad de sanciones por caso de dumping (venta ilegal de productos por debajo de su costo) se estableció que se mantenían las medidas de protección especial del régimen antidumping por 15 años más[41].
El acuerdo fue presentado por Clinton como positivo para los Estados Unidos, para China y para el mundo. Saludó a los mandatarios chinos, celebró la apertura de China y las reformas económicas que permitirían oportunidades sin precedentes para farmers, trabajadores y empresarios norteamericanos[42].
Sin embargo, el acuerdo tuvo sus ganadores y perdedores dentro de los Estados Unidos. Claramente las empresas de telecomunicaciones, electrónica, financieras, automotrices, fabricación de aviones, agropecuarias, agroindustriales y alimenticias se vieron ampliamente beneficiadas por el acuerdo y fueron sus principales impulsoras[43]. La aseguradora American International Group, la proveedora de internet AT&T, Boeing, Microsoft, General Motors, Caterpillar y Motorola fueron grandes voceras y exponentes en la presión para que se materialice el acuerdo. The Business Coalition for US-China Trade, que agrupaba a 12000 empresas y a asociaciones como Business Roundtable, US Chamber of Commerce, US Business Council, Emergency Committee for American Trade, felicitó ampliamente el acuerdo e hizo público su compromiso de trabajar para la aprobación de PNTR en el Congreso[44].
Por el contrario, las empresas textiles rechazaban la eliminación del régimen de cuotas. Desde la gran compañía Milliken & Company, trascendió que consideraban que esta política del gobierno era una sentencia de muerte para la industria textil norteamericana y que ponía en riesgo muchos de los 551.000 puestos de trabajo del sector[45].
Con este miedo, se pronunció la AFL-CIO y varios sindicatos rechazando el acuerdo y especialmente presionando al vicepresidente Al Gore candidato a la presidencia por el Partido Demócrata[46]. John Sweeney, el presidente de la AFL-CIO, argumentó en contra del ingreso de China a la OMC por la violación de los derechos humanos y laborales en el país y sostuvo que el acuerdo era un grave error, que el gobierno estaba siendo hipócrita al pensar que esto llevaría a China a modificar su comportamiento[47]. El sindicato de camioneros, Teamsters, sostuvo en un comunicado que el acuerdo era un golpe para los trabajadores en Estados Unidos y en China en beneficio de las empresas multinacionales que buscan maximizar sus ganancias. Denunciaron al gobierno de Clinton por realizar un acuerdo con un país comunista, a la vez que convocaron a movilizarse en Seattle contra la OMC[48]. Desde la AFL-CIO aseguraron también que iban a desarrollar una campaña para que se votase en contra en el Congreso, entendiendo que se trataba de una batalla aún más importante que la del fast-track[49] y que estaban dispuestos a gastar la cantidad de dinero que fuera necesaria en esta campaña[50]. Esto generaba preocupación para el gobierno en tanto los sindicatos iban a destinar menos fondos en la candidatura presidencial de Gore para desarrollar a la campaña contra el ingreso de China a la OMC[51].
En este contexto, el acuerdo impactó en ambos partidos políticos generando divisiones y opiniones contrarias. En el Partido Republicano, George W. Bush, en ese entonces candidato presidencial y gobernador de Texas, saludó la apertura del mercado chino, mientras que sus contrincantes en la interna republicana, Gary Bauer y Steve Forbes mostraron su perspectiva más conservadora rechazando el acuerdo y esgrimiendo argumentos vinculados a violación de derechos humanos, proliferación de armamento nuclear y las amenazas a Taiwán[52]. Por su parte, en el Partido Demócrata, como mencionamos, las críticas al candidato Al Gore por parte de los sindicatos resultaban una gran preocupación por su impacto en la campaña electoral del año 2000 y principalmente por la fractura que se iba a generar en el bloque parlamentario[53].
Las negociaciones entre China y Estados Unidos en noviembre abrieron el camino para la batalla central que se desarrollaría en House of Representatives con un lobby empresarial muy organizado y un movimiento sindical abocado a desplegar importantes manifestaciones en la Ronda de Seattle y a aprovechar su impacto posterior.
Conclusiones del capítulo
En este análisis de la evolución de las negociaciones bilaterales durante 1999, observamos que el gobierno norteamericano con un claro objetivo por delante, el ingreso de China a la OMC, debió articular una compleja relación de fuerzas a nivel doméstico e internacional.
En abril, la presión del movimiento sindical sobre el Partido Demócrata, conjugado con un contexto adverso tanto respecto a la situación internacional como a la relación con el Partido Republicano, llevaron a la caída del acuerdo con China. El Partido Demócrata con su histórico vínculo con el sindicalismo, garante de sus votos y aportante en sus campañas electorales en varias oportunidades, se veía presionado por el rechazo de este sector, lo cual se manifestó a su vez en diferencias dentro de los propios funcionarios del Ejecutivo. La recurrente preocupación del gobierno por las condiciones para una aprobación o no en el Congreso se presentaba como un límite para su accionar dado por la relación de fuerzas a nivel nacional. Las tensiones entre Ejecutivo y Congreso aparecen como expresión de las contradicciones entre la dominación doméstica e imperial (Panitch y Gindin, 2013a).
Ahora bien, no sólo la relación de fuerzas doméstica imposibilitó el acuerdo en abril, la intervención en la guerra en los Balcanes y especialmente el bombardeo a la embajada china en Belgrado como parte de la política imperialista de Estados Unidos generaron tensiones en las negociaciones bilaterales. Los límites del Estado norteamericano se expresaron en sus dos planos de acción y su mutua determinación, lo cual nos permite comprender las ambivalencias del gobierno y su constante “ensayo y error” (Álvarez Huwiler y Bonnet, 2018) que le valieron de fuertes críticas de la propia clase dominante.
Observamos, por lo tanto, que el accionar y la posición de Estados Unidos no aparece como mero reflejo de los intereses de la burguesía. Las intenciones de las grandes corporaciones de sellar el acuerdo en abril no fueron suficientes en el marco de una relación de fuerzas compleja a nivel doméstico y un escenario internacional adverso para las negociaciones. Sin embargo, su activa intervención y organización política, participando, por ejemplo, de la gira que hizo el mandatario chino, fueron decisivas para imponer otra relación de fuerzas.
La búsqueda de articular y garantizarse el apoyo político de este sector era definitoria para el Ejecutivo. Charlene Barshefsky, la Representante Comercial de Estados Unidos (USTR) a cargo de las negociaciones, antes de la llegada de Zhu Rongji en abril de 1999 lo decía claramente: ”Any deal that doesn’t have the seal of approval of the business community isn’t a deal worth doing”[54].
En noviembre, la articulación entre el gobierno y las principales corporaciones empresarias se consolidó constituyéndose éstas últimas como garantes para el lobby necesario en la contienda posterior en el Congreso. A su vez, la necesidad de presentar el acuerdo previo a la Ronda de Seattle resultaba un especial interés político para el gobierno de cara al conjunto de los miembros de la OMC.
En este sentido, el interés por la liberalización de la economía china respondía al reclamo del gran empresariado estadounidense de abrir un amplio mercado tanto para obtener mano de obra barata como una masa de millones de posibles consumidores de mercancías. En esta línea, implicaba también la profundización de la restauración capitalista en China y, por lo tanto, su subordinación y plena inserción a la dinámica del mercado mundial.
El uso en el discurso tanto de las corporaciones empresarias como del gobierno de la importancia tanto a nivel doméstico como mundial del ingreso de China a la OMC, remitían a ese doble juego de intereses. La búsqueda de legitimación bajo el discurso de la globalización como progreso inevitable, pero a la vez basado en reglas de los organismos internacionales, resonaba con fuerza en todas las intervenciones.
En este caso, apreciamos como el proceso de expansión global de los capitales norteamericanos y especialmente la deslocalización y fragmentación territorial de los procesos productivos fue impulsada desde el Estado. La dominación imperialista aparece como garante y condición de posibilidad para la internacionalización productiva especialmente para la privatización de gran parte de la economía china y la imposición de la disciplina de mercado desde la OMC. Ahora bien, como desarrollamos, no estamos ante una correspondencia mecánica y lineal, por el contrario, el análisis de este capítulo nos permite concluir que este avance concreto sobre el mercado chino fue producto de una serie de marchas y contramarchas mediadas por la relación de fuerzas a nivel doméstico e internacional.
En este mismo sentido, finalmente al concretar el acuerdo, se abrieron nuevas contradicciones para el Estado norteamericano y especialmente para el gobierno de Clinton ya que no logró construir un consenso doméstico al respecto. Por su parte, el sindicalismo respondió articulando una alianza con sectores ecologistas y estudiantiles tanto a nivel nacional como internacional condensada en el movimiento antiglobalización de Seattle, con el rechazo del ingreso de China a la OMC como una de sus banderas. El gobierno a su vez temió por su continuidad y el impacto tanto en las elecciones como en el control de su propio partido. El acuerdo estaba sellado en noviembre de 1999 pero el conflicto aún no estaba resuelto.
- Executive Order 12850—Conditions for Renewal of Most-Favored-Nation Status for the People’s Republic of China in 1994, 28 de mayo de 1993. Disponible en: https://www.govinfo.gov/content/pkg/WCPD-1993-05-31/pdf/WCPD-1993-05-31-Pg983.pdf↵
- Kruger, J. y Lewis, C. “Bill’s Long March; When Big Money Talked, Clinton Retreated to George Bush’s Policy,” The Washington Post, 7/11/1993.↵
- Hay autores que rechazan esta afirmación y sostienen que China utilizó el lobby de empresas norteamericanas para impulsar sus intereses, incluso afirman que las principales impulsoras de estas acciones de presión no eran las directamente beneficiadas por la liberalización comercial (Hung, 2020; Wagreich, 2013). Sin negar la existencia de posibles vínculos entre el gobierno chino y las empresas norteamericanas resulta poco convincente que estas últimas vehiculicen los intereses del gigante asiático a cambio de “beneficios contingentes” por sobre los intereses propios. Las empresas que mencionan como Boeing y varias telecomunicaciones sí resultaron importantes ganadoras de la apertura comercial de China, no debe subestimarse. ↵
- En la prensa escrita también se destaca positivamente en sucesivas oportunidades el papel de China en la crisis asiática. Véase por ejemplo: Sanger, D. “U.S-China talks fail to produce major trade deal”, New York Times, 09/04/1999; Kahn, J. “Why the Chinese Are Fretting: Is Clinton Fickle?”, New York Times, 13/04/1999; Ignatius, D. “Clinton’s Capitulation on China” The Washington Post, 12/04/1999.↵
- Datos oficiales del United States Census Bureau disponibles en: https://www.census.gov/foreign-trade/balance/c5700.html↵
- Datos oficiales del United States Census Bureau disponibles en: https://www.census.gov/foreign-trade/balance/c5700.html↵
- Datos oficiales del Bureau of Economic Analysis disponibles en: https://www.bea.gov/international/di1usdbal↵
- Ver por ejemplo: Clinton, B., “Remarks on United States Foreign Policy in San Francisco”, 26/02/1999; “Remarks at the Electronic Industries Alliance Dinner”, 30/03/1999; “Remarks to the United States Institute of Peace”, 07/04/1999. Disponibles en: Public Papers of the Presidents of the United States: William J. Clinton (1999, Book I), https://www.govinfo.gov/content/pkg/PPP-1999-book1/pdf/PPP-1999-book1.pdf↵
- Especialmente se desarrolla a partir de este acuerdo una apertura del mercado chino para cítricos, carnes y trigo producidos en Estados Unidos.↵
- “Aún no estamos en ese punto” [Traducción propia]. Clinton, B. “The President’s News Conference With Premier Zhu Rongji of China”, Public Papers of the Presidents of the United States: William J. Clinton (1999, Book I), 8/4/1999, pp. 518-519.↵
- Zhu Rongji, “The President’s News Conference With Premier Zhu Rongji of China”, Public Papers of the Presidents of the United States: William J. Clinton (1999, Book I), 8/4/1999, pp.519-527.↵
- “Un mecanismo para garantizar su implementación, la duración de las disposiciones respecto al dumping y las reglas respecto al comercio de textiles” [Traducción propia]. “Joint United States-China Statement: Status of Negotiations on China’s Accession to the World Trade Organization”, Public Papers of the Presidents of the United States: William J. Clinton (1999, Book I), 8/4/1999, pp. 527-528. ↵
- “Si Clinton decide firmar o no el acuerdo depende de su cálculo respecto a cuán fuerte sería el apoyo del empresariado nortemaericano” [Traducción propia]. Sanger, D. “International Business: A China Trade Deal Is Now Up to Clinton”, New York Times, 07/04/1999.↵
- Véase Sanger, D. “U.S-China talks fail to produce major trade deal”, New York Times, 09/04/1999.↵
- Véase Blustein, P. “Executives frustrated with U.S.-China talks”, The Washington Post, 09/04/1999.↵
- Véase en Mufson, S. “Chinese Premier Zhu Arrives in U.S. as ‘Partnership’ is Frayed” The Washington Post, 07/04/1999; Seelye, K. Q. “After Criticisms, Clinton Moves To Restart Talks With Chinese”, New York Times, 14/04/1999.↵
- Ver Sanger, D. “U.S-China talks fail to produce major trade deal”, op.cit.↵
- Véase: Seelye, K. Q. “After Criticisms, Clinton Moves To Restart Talks With Chinese”, op.cit.↵
- AFL-CIO, “Trade and Deindustrialization”, 18/2/1999 disponible en https://aflcio.org/about/leadership/statements/trade-and-deindustrialization; AFL-CIO, “Crackdown in China”, 19/2/1999 disponible en: https://aflcio.org/about/leadership/statements/crackdown-china↵
- Se trata de un poder que le otorga el Congreso al Presidente de los Estados Unidos para poder negociar tratados comerciales. El Capitolio luego debe aprobar o vetar el acuerdo, pero no cuenta con la capacidad de enmendarlo. Este poder fue renovado históricamente a todos los presidentes desde su establecimiento en 1975 hasta 1994 cuando se le fue rechazado a Clinton. La polarización de la discusión sobre este mecanismo refiere a su asociación con el NAFTA. Los opositores a este acuerdo, veían la renovación del fast-track como un referéndum del acuerdo, En 1997 nuevamente sufrió ese rechazo con un fuerte lobby de la AFL-CIO y grupos ecologistas (Cezar y Carvalho, 2017; Shoch, 2001). ↵
- “Bueno, mucha gente ha dicho que teníamos un acuerdo en abril y que hemos dado marcha atrás por la oposición del movimiento obrero norteamericano. He leído esto miles de veces. Esto no es verdad. Primero, no teníamos un acuerdo, y segundo, déjenme recordarles cuál era el clima político en ese momento. No fue por lo que decían los líderes sindicales. Algunos de los que ahora quieren un acuerdo de ingreso de China a la OMC, en ese momento, estaban golpeando a China por una serie de temas que ustedes recuerdan bien”. [Traducción propia]. Clinton, B., “Remarks on Returning Without Approval to the House of Representatives Appropriations Legislation for the District of Columbia and Labor, Health, and Education Programs and an Exchange With Reporters”, Public Papers of the Presidents of the United States: William J. Clinton (1999, Book II), 3/11/1999, pp. 1956.↵
- “Además, ustedes deben saber que en abril del año pasado teníamos casi todo esto, pero no todo lo acordado. Y yo consulté a, entre otros, la AFL-CIO y otras personas que estaban preocupados por si la economía funcionaba de manera justa, y me pidieron que diera marcha atrás y que consiga nuevas disposiciones sobre nuestras relaciones comerciales de modo tal que, si China insertase un montón de productos en nuestro mercado en cierta área amenazando muchos puestos de trabajo, nosotros podamos accionar rápida e inmediatamente. Hice eso; por eso no tuvimos un acuerdo el pasado abril”. [Traducción propia]. Clinton, B., “Opening Remarks at a Roundtable Discussion in Akron on Permanent Normal Trade Relations With China”, Public Papers of the Presidents of the United States: William J. Clinton (2000, Book I), 12/05/2000, pp. 919.↵
- Véase Blustein, P. “Executives Frustrated with U.S.-China Talks.” The Washington Post, 09/04/1999; Blustein, P. “U.S. Tries to Placate China on WTO Talks; Bid’s Rejection also Angers American Firms” The Washington Post, 13/04/1999. ↵
- Véase Kahn, J. “Chinese Guest Visits Broncos and Other Mysteries”, New York Times, 12/04/1999; Kahn, J. “China Leader Concentrates On Capitalism In New York”, New York Times, 14/04/1999.↵
- Véase Kahn, J. “Why the Chinese Are Fretting: Is Clinton Fickle?”, New York Times, 13/04/1999.↵
- Véase Kahn, J. “China Leader Concentrates On Capitalism In New York”, op.cit.↵
- En este caso hubo manifestaciones de grupos anti-China, pero también otros a favor, lo cual generó ciertas tensiones. Ver: Kahn, J. “China Leader Ends U.S. Visit With Trade Talk at M.I.T”, New York Times, 15/04/1999.↵
- Véase: Kahn, J. “Why the Chinese Are Fretting: Is Clinton Fickle?”, op.cit.↵
- “Ahora es el momento de traer a China al sistema de comercio mundial” [Traducción propia]. “Display Ad 7 — no Title.” The Washington Post, 13/04/1999. Recuperado del archivo: https://search.proquest.com/docview/1707338314?accountid=189667↵
- Véase: Sanger, D. E. “How Push by China And U.S. Business Won Over Clinton”, New York Times, 15/04/1999.↵
- Ver por ejemplo: Clinton, B. “Remarks on Departure From Tinker Air Force Base, Oklahoma, and an Exchange With Reporters”, 8/5/1999; “Remarks at the White House Strategy Meeting on Children, Violence, and Responsibility”, 10/5/1999. Disponibles en: Public Papers of the Presidents of the United States: William J. Clinton (1999, Book I), pp. 732-734.↵
- US Chamber of Commerce, por ejemplo, reiteraba en octubre los pedidos para que el gobierno avance en las negociaciones para profundizar la liberalización comercial a nivel mundial. Explicitaba que las movilizaciones convocadas a Seattle no debían obstaculizar el trabajo de la OMC: “Demonstrations planned for the WTO negotiations by labor and environmentalist groups, as mentioned in a number of recent news articles, must not detract from the serious work of the organization” En: US. Chamber of Commerce, “U.S. Chamber Calls for Greater Effort in World Trade Negotiations”, 13/10/1999, https://www.uschamber.com/press-release/us-chamber-calls-greater-effort-world-trade-negotiations↵
- Véase Sanger, D. “Clinton Seeks China Deal On Trade by Month’s End”, New York Times, 02/11/1999; Sanger, D. “Clinton Sends Envoys to Try to Close a Deal on Opening Chinese Markets to the U.S.”, New York Times, 09/11/1999; Pomfret, J., “U.S., Chinese Trade Officials Hold Last-Ditch WTO Talks”, The Washington Post, 11/11/1999.↵
- Véase Sanger, D. “Clinton Sends Envoys to Try to Close a Deal on Opening Chinese Markets to the U.S.”, op.cit.↵
- Véase Eckholm, E. “Talks on China Trade Deal In Peril, the U.S. Side Says”, New York Times, 12/11/1999.↵
- Véase Eckholm, E. “U.S. Negotiators Extend Trade Talks in Beijing for 4th Day”, New York Times, 13/11/1999.↵
- Adjuntamos en el anexo un cuadro con el detalle del acuerdo y los beneficios alcanzados para cada sector.↵
- Véase Eckholm, E. y Sanger, D. “The trade deal: the overview; U.S reaches an accord to open China economy as worldwide market”, New York Times, 16/11/1999; Burgess, J. “U.S., China agree on trade; pact on entry into WTO climaxes 13 years of talks”, The Washington Post, 16/11/1999.↵
- Véase: Kahn, J. “THE TRADE DEAL: NEWS ANALYSIS; Trade Path Is Not Clear”, New York Times, 17/11/1999.↵
- Véase Eckholm, E. y Sanger, D. “The trade deal: the overview; U.S reaches an accord to open China economy as worldwide market”, op.cit. ↵
- Véase Eckholm, E. y Sanger, D. “The trade deal: the overview; U.S reaches an accord to open China economy as worldwide market”, op.cit.; Burgess, J. “U.S., China agree on trade; pact on entry into WTO climaxes 13 years of talks”, op.cit.↵
- Clinton, B. “Remarks to the American Embassy Community in Ankara, Turkey”, Public Papers of the Presidents of the United States: William J. Clinton (1999, Book II), 15/11/1999.↵
- Véase: Uchitelle, L. “Many Winners and Some Losers in Trade Accord With China”, New York Times, 16/11/1999; Kaiser, R. G., y Mufson, S. “U.S. business lobby poised for China trade deal”, The Washington Post, 14/11/1999. ↵
- The Business Coalition for US-China Trade, “Statement by The Business Coalition for U.S-China Trade regarding U.S- China WTO Agreement” Disponible en http://lobby.la.psu.edu/040_PNTR/Organizational_Statements/US-China/Statement.htm↵
- Uchitelle, L. “Many Winners and Some Losers in Trade Accord With China”, op.cit.↵
- Véase Seeyle, K. y Greenhouse, S. “China Deal Adds a Sour Note to Gore’s Sweet Labor Tune”, New York Times, 25/11/1999.↵
- Broder, J. “THE TRADE DEAL: THE POLITICS; Agreement Presents a Split for Republicans in residential Race”, New York Times, 16/11/1999.↵
- Teamsters Union, “The China deal”, disponible en: http://lobby.la.psu.edu/040_PNTR/Organizational_Statements/Teamsters/Deal.htm↵
- Greenhouse, S. “THE TRADE DEAL: THE AMERICAN WORKER; Union Leaders, Sensing Betrayal, Will Try to Block Agreement in Congress” New York Times, 17/11/1999.↵
- “Unions vow to fight china pact; leaders say american jobs, workers’ rights are at stake”, The Washington Post, 20/11/1999.↵
- Greenhouse, S., “Trade Pacts Must Safeguard Workers, Union Chief Says”, New York Times, 20/11/1999.↵
- Broder, J. “THE TRADE DEAL: THE POLITICS; Agreement Presents a Split for Republicans in residential Race”, op.cit.↵
- Kaiser, R. “House Democrats Facing A Dilemma on China Deal; Party Striving for Unity in Election Year Is Split on WTO”, The Washington Post, 21/11/1999.↵
- “Cualquier acuerdo que no cuente con la aprobación de la comunidad empresarial no es un acuerdo que valga la pena” [Traducción propia]. Palabras de Charlene Barshefsky citadas en Sanger, D. “International Business: A China Trade Deal Is Now Up to Clinton”, New York Times, 07/04/1999.↵







