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5 ¿Cerrando la brecha digital?

Experiencias y expectativas de los asistentes a los NAC

Silvia Lago Martínez y Martín Ariel Gendler

Introducción

Hasta aquí, en los sucesivos capítulos de este libro, nos dedicamos a describir y analizar las políticas públicas de inclusión digital más destacadas de Argentina y de algunos países latinoamericanos, así como los supuestos y conceptos que subyacen a las mismas. También recorrimos los antecedentes del Programa Núcleos de Acceso al Conocimiento, su historia y desarrollo, así como las miradas, percepciones y expectativas de un grupo de coordinadores de los NAC, actores destacados e imprescindibles en este proyecto. De manera que este apartado del libro tiene por objetivo dar a conocer y analizar el estudio cuantitativo realizado en el marco de la investigación, basado en una encuesta a personas de diversas edades y sexo que asistían a los NAC en el período del relevamiento, es decir a los destinatarios de esta política pública.

Coincidiendo con Roxana Cabello (2017: 254), una de las dificultades con las que nos encontramos cuando investigamos sobre la inclusión digital es determinar si esta puede ser medida cuantitativamente a través de indicadores, índices y/o tipologías, o si se trata de un fenómeno que es perceptible a partir de abordajes cualitativos que permitan hacer visibles aspectos más latentes y subjetivos o, como señala la autora, una combinación de ambas estrategias.

Hecha esta salvedad, anticipamos que los resultados que presentamos a continuación no esperan dar cuenta de los alcances del programa como política de Estado, sino conocer a los asistentes a los NAC, detectar cuáles son sus necesidades, expectativas, demandas y qué rol cumple el núcleo en la comunidad o barrio donde se encuentra emplazado.

Si bien es un trabajo descriptivo, partimos de algunas hipótesis iniciales que sostienen que los beneficiarios de esta política pública de inclusión digital tenderán a presentar trayectorias muy diferentes en su vínculo con las tecnologías digitales según su edad, género, nivel socioeconómico, lugar de residencia, entre otros. Al mismo tiempo, se espera encontrar una parcial reducción de la/s brecha/s digital/es, pero no la suficiente para revertir las desigualdades de carácter económico, cultural, de género y generacional que influyen en la apropiación de las tecnologías digitales.

Para comenzar, es importante destacar los alcances y limitaciones de la muestra aplicada en este estudio. Se trata de un recorte geográfico que abarca al Área Metropolitana de Buenos Aires y dos ciudades de la provincia de Buenos Aires. Fue realizada en dos etapas, la primera, en el año 2015, incluyó dos NAC de la CABA y seis de localidades del resto del AMBA,[1] y la segunda, en 2016, incorporó a los NAC de las ciudades de San Antonio de Areco y Tandil. El muestreo fue no probabilístico, intencionado, considerando diversidad de edades y sexos; el número final de casos alcanzó a 251 encuestados. Dado que la muestra no posee representatividad estadística, resulta necesario tener en cuenta que los resultados obtenidos solo son válidos para la población efectivamente encuestada, sin poder realizarse inferencias para el total de los usuarios NAC. Se aplicó un cuestionario estructurado con algunas preguntas abiertas; los encuestados fueron seleccionados por asistencia al NAC en diferentes días y franjas horarias; la edad inicial de los mismos fue de 13 años, considerando la concurrencia de estudiantes de nivel medio, sin límite superior.

La selección de los NAC se realizó en función de la operatividad de los mismos, es decir, aquellos centros que se encontraban funcionando con una importante participación de beneficiarios y oferta de cursos y actividades. Esta información fue provista por responsables del programa entrevistados.

En cuanto a la delimitación del universo de estudio (la totalidad de los NAC), debemos tener en cuenta que nuestro trabajo de campo se extendió durante más de dos años y en este período el número de NAC se fue incrementando progresivamente. De esta forma, hasta julio del año 2015, según lo informado en el sitio oficial, se habían instalado 198 NAC en todo el país, por los cuales circulaban mensualmente más de 177 000 personas. En octubre de 2015, la OEI, en su informe sobre la evaluación del programa, daba a conocer un número de 203 NAC, en tanto, como ya se mencionó en apartados anteriores, según el sitio web del programa (no disponible de forma online desde 2018),[2] a fines de 2015 los NAC operativos (o en vías de estarlo) llegaban a 257, de los cuales 42 se localizaban en la provincia de Buenos Aires y 9 en la Ciudad de Buenos Aires. Por último, en 2016, según la misma fuente, los NAC alcanzaban 279 en todo el país.

A continuación, se ofrece una descripción de los asistentes a los NAC y las principales dimensiones, previstas en los objetivos, como el capital tecnológico con el que cuentan los beneficiarios y los usos que hacen de las tecnologías disponibles, la percepción que tienen del concepto de inclusión digital a través de sus opiniones acerca de lo que el NAC les ofrece y ellos esperan obtener y los contextos socioeconómicos de los mismos. Se establecen las relaciones más destacadas entre las variables mencionadas y otras, y por último, se analiza la correspondencia entre los objetivos del estudio y los resultados de nuestra investigación.

Los asistentes a los NAC: características

La muestra arroja una participación algo más elevada en mujeres (59%), mientras que en relación con la edad los que cuentan con menos de 18 años son el 26,3% y entre 18 y 35 años, el 29,5%, en tanto los asistentes de 36 a 50 años son casi el 17%, los que cuentan con 51 a 65 años, el 13% y el último intervalo, mayores de 65 años, poco más de 14%.

De manera que la concentración de casos se produce entre los adolescentes y los más jóvenes (hasta 35 años); entre ambos intervalos de edad alcanzan a más de la mitad de la muestra.

En relación con los menores de 18 años, este resultado es consistente con los vínculos que establecen los NAC con las escuelas primarias y secundarias de la zona de influencia del mismo (como surge de las entrevistas realizadas a coordinadores), de tal forma que el NAC obraría como soporte para el uso del equipamiento y ampliación de la base de capacitación y la acción que varios NAC desarrollan de convocar a chicos y chicas a utilizar el núcleo como espacio de recreación (cine, videojuegos, etcétera).

En cuanto al nivel socioeconómico (NSE), la distribución no presenta diferencias significativas entre sectores medios (34,3%), medios-bajos (33,1%) y bajos (32,7%). Por el contrario, los niveles educativos presentan algunos contrastes: el nivel más alto (terciario/universitario completo) alcanza a un grupo muy pequeño de encuestados, 3,3%, en tanto aquellos que cuentan con nivel secundario completo son el 20%, y la categoría más frecuente es secundario incompleto (52,2%), que incluye a los estudiantes, de tal forma que los adolescentes contribuyen decididamente al porcentual de esta categoría que no se refleja en el NSE, puesto que se consideró el NSE de sus padres.

Si miramos la región donde residen los asistentes de los NAC, vemos que un 22,7% de nuestros encuestados reside en la Ciudad de Buenos Aires, un 51% en el Gran Buenos Aires, un 17% en localidades lindantes con el conurbano bonaerense, como General Las Heras o Marcos Paz, y un 9,2% en otras ciudades de la provincia de Buenos Aires, como Tandil o San Antonio de Areco.

Acerca del capital tecnológico

Uno de los objetivos principales de este apartado es identificar la base tecnológica material y los conocimientos, saberes y capacidades sobre el uso y manipulación de tecnologías digitales que poseen los asistentes a los NAC.

Con esta finalidad, se conforma la variable capital tecnológico (CT), inspirada en el concepto de capital cultural de Pierre Bourdieu.[3] Salvando las distancias entre el gran aporte de Bourdieu y nuestra modesta contribución, el capital tecnológico se define como un stock tecnológico compuesto por la conjunción del acceso a los dispositivos informático-digitales e Internet, las estrategias para su acceso fuera del hogar (es decir, más allá de la mera compra o contratación) y los conocimientos, saberes y manipulaciones de artefactos, programas y aplicaciones.

Muchos otros investigadores e investigadoras han trabajado con propuestas de medición y/o aproximaciones cuantitativas a la inclusión digital de los sujetos. En esta dirección, Casamayou y Morales González (2017: 204-206), en su estudio sobre adultos mayores, intentan aproximarse a la medición de la apropiación de tecnologías proponiendo un modelo que incorpora cuatro tipos: elemental (corresponde a quienes inician un proceso de familiarización con las tecnologías o que, por desuso, no desarrollan habilidades); operante (quienes tienen habilidades en el manejo de los artefactos tecnológicos, pero no presentan diversificación ni creatividad en su uso); proxy (personas que significan positivamente las TIC en relación a proyectos propios, pero recurren a otras personas para concretarlos porque tienen insuficientes habilidades y destrezas en su empleo práctico); independiente (autonomía en el uso de la tecnología en su dimensión instrumental y construcción de significado que posibilita procesos creativos, productivos y con impacto social).

Bocic y Galassi (2017) afirman que un parámetro que permita dar cuenta de las capacidades que poseen los ciudadanos respecto a la tecnología no puede estar deslindado de la posesión de equipamiento y/o de las estrategias para su acceso además de las habilidades y conocimientos acerca de su uso, aplicación y/o apropiación.

En tanto, Espina Bocic y Gibert Galassi (2017) también retoman el concepto de capital informacional desde una óptica operacional cuantitativa para aplicarlo en un estudio sobre jóvenes universitarios chilenos. Abordan dos dimensiones del capital informacional: acceso (posesión de equipo móvil, disponibilidad de banda ancha o wifi de calidad, etcétera) y habilidades (destrezas técnicas, sociales, habilidades críticas en torno a las fuentes y habilidades creativas).

Por su parte, Cabello y Moyano (2015: 6) describen la construcción de un índice de acceso a la tecnología que considera posesión y usos de dispositivos. Los niveles se conformaron, considerando la cantidad de dispositivos, como alto, medio y bajo, ponderando en cada uno de ellos la utilización y la posesión de tecnologías digitales.

En nuestra investigación, para aproximarnos empíricamente al concepto de capital tecnológico, conformamos un índice donde confluyen varios indicadores.[4] Estos son: la posesión de computadora en el hogar y el uso de la misma; la cantidad de dispositivos digitales disponibles en el hogar (nos referimos a cámaras de fotos y filmadoras digitales, iPad/iPod, iPhone, tabletas, impresoras/escáner, ereader/ebook, consola de videojuegos, pen drive, etcétera); el acceso a servicio de Internet en el hogar; posesión de teléfono móvil y acceso a Internet desde el mismo; y actividades que realiza en el NAC.[5] Estos indicadores fueron ponderados según su importancia teórica, donde las actividades desarrolladas en el NAC adquieren mayor relevancia. Finalmente, se establecieron y definieron tres categorías:

  • Nivel inicial: se define como personas con escasos o nulos o muy básicos conocimientos sobre tecnologías digitales, y/o escasa o nula posesión de equipos informáticos y posibilidad de conectarse a Internet en el hogar. Conforman el 39,8% de la muestra.
  • Nivel intermedio: son quienes tienen conocimientos básicos y operativos sobre la utilización de tecnologías digitales y/o posesión de dispositivos informáticos y posibilidad de conectarse a Internet en el hogar. Conforman el grupo mayoritario, el 51,8%.
  • Nivel avanzado: son aquellos que poseen conocimientos operativos avanzados sobre la utilización de tecnologías, sumado a la disponibilidad de equipos y conexión en el hogar. Es el grupo más pequeño entre nuestros encuestados, el 8,4%.

Brecha de género

Si establecemos la relación entre el capital tecnológico y el género, observamos que son las mujeres las que cuentan con un menor capital tecnológico (cuadro 1).

Cuadro 1: Capital tecnológico de los asistentes al NAC, según género
Capital tecnológico Género Total
Mujeres Hombres
Inicial 62 
41,9%
38 
36,9%
100 
39,8%
Intermedio 77 
52,0%
53 
51,5%
130 
51,8%
Avanzado
6,1%
12 
11,7%
21 
8,4%
Total 148 103 251

Fuente: Relevamiento propio en el AMBA, San Antonio de Areco y Tandil, 2015-2016.

Si interviene la variable edad, la brecha de género –entendida como las diferencias entre hombres y mujeres en el acceso y apropiación de las tecnologías digitales– se amplía en algunos tramos de edad: las adolescentes (menores de 18 años) presentan un menor capital tecnológico, así como las que cuentan con 36 a 50 años (cuadro 2). Un elemento para destacar es que ninguno de los encuestados mayores de 50 años cuenta con un capital tecnológico avanzado, de manera que aquí no podemos establecer diferencias entre mujeres y hombres.

Cuadro 2: Capital tecnológico en menores de 18 años y de 36 a 50 años, según género
Menor de 18 años Género Total
Mujeres Hombres
Capital tecnológico Inicial 47,4% 31,9% 36,4%
Intermedio 47,4% 51,1% 50,0%
Avanzado 5,2% 17,0% 13,6%
36 a 50 años Género Total
Mujeres Hombres
Capital tecnológico Inicial 46,2% 33,3% 45,2%
Intermedio 48,7% 33,3% 47,6%
Avanzado 5,1% 33,4% 7,2%

Fuente: Relevamiento propio en el AMBA, San Antonio de Areco y Tandil, 2015-2016.

Cabe aclarar que el género es considerado por numerosos especialistas como una dimensión importante de análisis en los procesos de incorporación de las tecnologías en la vida de las personas. Según Houlin Zhao (2016: 1-2), secretario general de la Unión Internacional de Telecomunicaciones, las tasas de penetración de Internet son más elevadas para los hombres que para las mujeres en todas las regiones del mundo. Sin embargo, la situación de género en cuanto al acceso, uso y apropiación de las tecnologías digitales tiene muchos matices y variaciones, tanto a lo largo del tiempo como entre países. Se estima que en Argentina se redujo la brecha de género en el acceso básico, pero persiste en las habilidades digitales más complejas, mientras que se observa diferencias entre los sexos en cuanto a conductas, uso y habilidades (Lago Martínez, 2015).

Varios estudios señalan que a partir de los 50 años la disparidad en el uso de Internet y computadora entre hombres y mujeres tiende a aumentar y que este fenómeno podría estar asociado a los menores niveles de escolaridad de las mujeres mayores en comparación con los hombres en la misma franja de edad. De manera que tales discrepancias no se reducen solo a la diferencia de género, sino a las desigualdades históricas que se arrastran en esta diferencia.

Brecha generacional

Si analizamos los resultados por edad, percibimos que la brecha generacional es más pronunciada que la brecha de género, como se observa en el siguiente gráfico.

Gráfico 1: Capital tecnológico según edad

Fuente: Relevamiento propio en el AMBA, San Antonio de Areco y Tandil, 2015-2016.

Como señalamos, a partir de los 51 años, ninguno de nuestros encuestados cuenta con un capital tecnológico avanzado. En general, esto obedece a que la gran mayoría de los adultos mayores asiste principalmente para aprender a usar la computadora e Internet (69,4%), especialmente las mujeres que en esta franja de edad son mayoría. Aún más, cuando les preguntamos a los que cuentan en su hogar con computadora (68%) e Internet (91% de los que tienen computadora) sobre su utilización, la gran mayoría responde que la usa poco porque está aprendiendo.

Sin embargo, el uso del teléfono móvil es más extendido: entre los que tienen entre 51 y 65 años el 85% tiene celular y entre los mayores de 65 años el 81%, aunque cae el porcentual drásticamente cuando se les pregunta si posee acceso Internet a 46% y 35% respectivamente.

Estos resultados se encuentran atravesados por al menos dos factores: las computadoras pueden no ser de uso exclusivo de la persona, así como tampoco Internet, en tanto el celular es personal y el servicio de Internet tiene un costo que muchos adultos mayores no pueden asumir.

La brecha generacional es otra de las preocupaciones de investigadoras e investigadores. Morales y Rivoir (2018) señalan, para el caso uruguayo, que la brecha generacional, es decir aquella que excluye a las personas mayores, aún persiste en Uruguay. Esta afirmación, sin duda, es aplicable también para la Argentina. En su trabajo examinan los resultados parciales de una política pública destinada a los adultos mayores (Plan Ibirapitá) que se está implementando en el vecino país para atender a la primera brecha digital (acceso) y a la llamada brecha gris, vinculada al contacto previo con las tecnologías digitales en los últimos años laborales (Casamayou y Morales González, 2017).

Las autoras coinciden con otros investigadores (como Paz, 2013:10) en que se constata que el tipo de acceso, uso y apropiación de los adultos mayores difiere por el nivel de educativo previo y el nivel sociocultural en el que se está inserto.

Al mismo tiempo, señalan que algunas de las dificultades para el uso de las tecnologías digitales en mayores de deben a “[…] miedos a la tecnología en sí misma, falta de entendimiento de su funcionamiento, confianza en el uso de la misma para transacciones bancarias, hasta la falta de capacidades y competencias para su uso” (Casamayou y Morales González, 2017). Los coordinadores de los NAC entrevistados confirman estas dificultades al señalar que el miedo frente al artefacto es unos de los aspectos a tener en cuenta en términos pedagógicos.

No obstante, los mayores sienten la necesidad de desarrollar habilidades y destrezas en el uso de las tecnologías digitales. Muchas veces se ven compelidos por las circunstancias, por ejemplo las de comunicarse con familiares que se encuentran fuera del país o acercarse al mundo digital y poder compartirlo con sus hijos o nietos.

De esta forma, cuando les preguntamos la razón por la cual deseaban aprender o ampliar sus conocimientos, la mayoría afirmó “para desarrollo personal y ampliación de conocimientos” y “para integración y socialización”.

Respecto de lo que ofrece el NAC destinado específicamente a personas mayores, no se detectó en nuestro trabajo de campo que se implementaran cursos básicos destinados específicamente a este segmento de edad; solo se identificó un servicio destinado a los jubilados o en trámite de serlo. Se trata de una terminal de autogestión electrónica, mediante la cual se pueden realizar trámites y consultas referidas a la Administración Nacional de la Seguridad Social (ANSES).

Por último, respecto de los más jóvenes, nos encontramos con que tampoco poseen un capital tecnológico avanzado. Esto no coincide con la información general que establece que la brecha de acceso, uso y habilidades en los más jóvenes disminuye progresivamente, aunque no necesariamente habla de una apropiación que posibilite procesos creativos y productivos.

Este resultado puede estar relacionado con el indicador “actividades que realiza en el NAC”, por cuanto los menores de 18 años declaran mayormente que su principal actividad en el NAC es navegar en Internet (50%), es decir orientada a la recreación.

Como señalamos en la introducción, muchos NAC establecen vínculos con escuelas primarias y secundarias para que los estudiantes puedan hacer uso del equipamiento, e incluso, de los cursos que se dictan, así como el ofrecimiento de las actividades recreativas (consolas de videojuegos, microcine y el uso de computadora e Internet) para los adolescentes del barrio. Además no debemos olvidar que uno de los objetivos específicos del NAC es brindar un soporte al Programa Conectar Igualdad, es decir constituir un espacio para aquellos jóvenes que no cuentan con Internet en su hogar; incluso pueden llevar su netbook y utilizarla allí, puesto que cuentan con wifi.

En este sentido, de manera indirecta, se observan los efectos de otros programas que tienen entre sus objetivos la inclusión digital, como el Programa Conectar Igualdad o el Plan Sarmiento en la CABA. El 42,7% de los encuestados posee en su hogar alguna computadora otorgada por dichos planes. Entre los menores de 18 años, este porcentual asciende al 74%, pero también en las personas de 36 a 50 años el valor es muy destacado (58%), que indica la presencia en el hogar de hijos/as en escuelas medias o de formación superior.

Esta información es muy interesante, puesto que indica la importante penetración de los programas mencionados en la muestra estudiada; la misma sería doblemente beneficiaria de las políticas gubernamentales de inclusión digital.

Brecha socioeconómica

Si observamos la variable NSE en relación con el capital tecnológico, reconocemos una relación directa: a medida que disminuye el NSE también disminuye el capital tecnológico, como se advierte en el cuadro 3.

Cuadro 3: Capital tecnológico de los asistentes al NAC, según el nivel socioeconómico
Capital tecnológico NSE Total
Medio Medio-bajo Bajo
Inicial 17 40 43 100
19,8% 48,2% 52,4% 39,8%
Intermedio 53 39 38 130
61,6% 47,0% 46,3% 51,8%
Avanzado 16 4 1 21
18,6% 4,8% 1,2% 8,4%
Total 86 83 82 251

Fuente: Relevamiento propio en el AMBA, San Antonio de Areco y Tandil, 2015-2016.

Cuando observamos esta relación al interior de cada intervalo de edad, encontramos que los menores de 18 años que provienen de hogares de NSE medio cuentan con un mayor capital tecnológico (89%) respecto de los adolescentes de niveles medios-bajos y bajos, en tanto estos últimos se ubican mayoritariamente en un nivel inicial (83%). Es decir, se reproduce lo que ocurre a nivel general: la variable edad prácticamente no interviene y el NSE surge como determinante.

Lo dicho se refuerza cuando vemos las razones de asistencia al NAC: las personas con niveles socioeconómicos bajos (41,5%) son las que más asisten para aprender a utilizar la computadora e Internet, mientras que en los niveles socioeconómicos medios-bajos y medios ese porcentaje es significativamente menor (25,3% y 22,1% respectivamente).

Brecha geográfica

Es importante destacar que el Programa NAC tiene entre sus objetivos la disminución de la brecha digital en poblaciones de significativa vulnerabilidad social y económica (aunque no era la única brecha a tener en cuenta) y efectivamente, muchos NAC se instalaron en barrios desfavorecidos, sobre todo del conurbano bonaerense (aunque en CABA también se ubicó un NAC en el borde la Villa 21 del barrio de Barracas), pero también en algunas localidades del borde del AMBA, como Gral. Las Heras, y ciudades de la provincia de Buenos Aires, como Tandil y San Antonio de Areco, que presumimos distintas en cuanto a la importancia que los Núcleos podrían asumir en la dinámica barrial.

Sin embargo, no parece que estas diferencias entre los NAC emplazados en el Gran Buenos Aires y localidades o ciudades aledañas estén íntimamente relacionadas con el capital tecnológico de los concurrentes, salvo para las ciudades de Areco y Tandil, donde el 30% de los asistentes a los NAC poseen un CT avanzado.

Pero todo tiene una explicación, al menos parcial. Según la información de los coordinadores entrevistados en Tandil y Areco, muchos de los concurrentes al NAC aprovechan de manera gratuita los cursos que en el mercado se ofrecen a alto costo, aunque tienen la posibilidad de acceder a las tecnologías. Hay que destacar que en San Antonio de Areco el NAC está ubicado en el Museo de la Ciudad, en pleno centro de la localidad, en tanto en Tandil se emplaza en un centro de extensión de la Universidad Nacional del Centro de la Provincia de Buenos Aires (UNICEN) y, si bien se encuentra localizada en un barrio de Tandil, ofrece cursos con reconocimiento universitario a los que asisten personas de diversos lugares de esa ciudad.

Con todo, cuando reducimos la variable lugar de emplazamiento del NAC (que denominamos región) a las categorías “áreas densamente pobladas” (CABA y conurbano) y “áreas menos pobladas” (resto de AMBA y otras ciudades), las diferencias surgen de manera más evidente. En las áreas más pobladas, el capital tecnológico inicial es mayor que en las menos pobladas (43% y 32% respectivamente) y al revés, en las menos pobladas se destaca el CT avanzado por sobre el porcentual de las más densamente pobladas, 15% y 6% respectivamente (gráfico 2).

Gráfico 2: Capital tecnológico según el lugar de emplazamiento del NAC agrupado

Fuente: Relevamiento propio en el AMBA, San Antonio de Areco y Tandil, 2015-2016.

Posesión de equipos y usos de computadora e Internet

El 74% de los encuestados que asisten a los NAC indicaron poseer al menos una computadora de escritorio, portátil, o ambas, mientras que un 26% mencionaron no poseer ninguna. Esta distribución se relaciona con fuerza con el nivel socioeconómico, de manera tal que a mayor nivel socioeconómico, mayor porcentaje de usuarios en posesión de ambos equipos, alcanzando un 86% en el nivel más alto frente a un 68% en el más bajo.

Una amplia mayoría de los encuestados utiliza las computadoras de su casa, siendo que un 59,7% las utiliza habitualmente frente a un 10,8% que no las utiliza, ya sea porque aún no saben manejarla o bien porque siempre “la utiliza otra persona” en la casa. Cabe destacar que los datos reflejan que a menor edad, corresponde mayor uso habitual de la computadora en el hogar (80,8% de los menores de 18 años frente a un 20% de los mayores de 65 años).

Entre aquellos que poseen computadora en el hogar, un 82,7% manifestó poseer conexión a Internet de algún tipo; sobre el total de la muestra representan un 61%.

En tanto, entre los encuestados que no poseen computadora y/o conexión a Internet o bien poseen computadora en su casa pero no la utilizan (112 casos), un 87,5% manifestó utilizar computadoras o conectarse a Internet en el NAC. En estos casos se hace evidente que el programa genera oportunidades para la reducción de la brecha de acceso y de uso.

Dado que el alcance de nuestra muestra es acotado, contrastamos nuestros resultados con la Segunda Encuesta Nacional sobre Acceso y Uso de Tecnologías de la Información y la Comunicación (ENTIC), que llevó a cabo el INDEC en hogares de los 31 aglomerados urbanos que releva la Encuesta Permanente de Hogares (EPH), en el año 2015.

Si se comparan nuestros resultados con los de la ENTIC, se observa que la posesión de computadora en hogares a nivel nacional alcanza al 67% y en nuestra muestra, al 74%, en tanto se presentan valores equivalentes en el acceso a Internet (61,8% y 61% respectivamente).

Sin embargo, si se circunscribe la información a la CABA, el valor alcanza al 78% en la ENTIC y en nuestro estudio al 72%, mientras que en el conurbano bonaerense cae al 63% en la ENTIC y aumenta muy levemente en nuestra muestra (73%). Vale destacar que en las ciudades de Tandil y Areco el porcentaje de hogares que posee computadora sube al 83%; este dato explica de alguna manera el porcentaje total de los poseedores de computadora en nuestra encuesta.

Respecto del uso de teléfono celular, el 84% de los encuestados utiliza este dispositivo. De este porcentaje, casi el 75% accede a Internet (ya sea por conexión 3G/4G o wifi) desde su celular.

En el sector socioeconómico medio, un 36% posee conexión 3G o 4G, porcentaje que contrasta a lo indicado por los niveles más bajos: un 20,3%. Como ya señalamos, el 65,5% de los adultos mayores declaran no tener Internet en su celular, mientras que solo el 1% de los encuestados más jóvenes no accede a Internet desde su dispositivo.

Al comparar el tiempo que pasan los usuarios de los NAC frente a los celulares (específicamente aquellos que poseen Internet) y el tiempo que pasan frente a las computadoras, observamos que el uso de celular duplica al uso de computadoras.

En cuanto a los usos frecuentes, entre aquellos que utilizan computadora e Internet en su casa, predominan las redes sociales (76,3%), búsquedas en Internet (72%) y uso de fotos, videos o música (64%). Al particularizar en la actividad principal, las redes sociales aparecen como la opción más elegida por los usuarios (33,8%), y le siguen las búsquedas en la web (18%). Todas las otras opciones, como correo electrónico, hacer trámites online, uso del paquete Office, tareas escolares, juegos, etcétera, fueron elegidas como principales por menos del 10% de los usuarios.

En tanto los usos que realizan de Internet desde sus dispositivos móviles, las opciones más elegidas fueron Whatsapp (84%) y redes sociales (78,2%); en un segundo nivel, fotos, videos o música (57,7%) y búsquedas en la web (56,4%).

Habitar el NAC: motivaciones, usos, experiencias y aprendizaje

En este apartado, observamos las razones por las cuales los encuestados se acercan al NAC y qué actividades eligen, la frecuencia y el tiempo de permanencia, el contexto y su experiencia que se traduce en niveles de satisfacción con las actividades que llevan a cabo, motivaciones para aprender y lo que efectivamente aprendieron.

Motivos de asistencia al NAC

Como ya se mencionó, los usuarios de los NAC se acercan por dos motivos bien diferenciados: para obtener capacitación y asistir a los talleres y para aprender a usar la PC y/o Internet.

Las personas mayores de 65 años declaran asistir a los NAC principalmente para aprender a usar la computadora e Internet, mientras que los jóvenes adultos (18 a 35 años) y adultos (36 a 65 años) se interesan por tomar cursos o asistir a talleres de capacitación. Dentro del grupo de los menores de 18 años, el principal motivo es la búsqueda de entretenimiento (juegos, cine, etcétera), con un 36,4%.

Cabe destacar, a su vez, una interesante diferencia por región en la que viven los asistentes. Si bien el taller básico de computación es la actividad más mencionada en todas las regiones, los que viven en zonas menos pobladas declaran en mayor medida asistir a cursos del paquete Office (24,2% frente a 6,5% de las zonas más pobladas de CABA y GBA), cursos de programas de computación avanzados (22,7% frente a un 0% de las zonas más pobladas) y taller de videojuegos (18,2% frente a un 4,3%).

En relación a la frecuencia de asistencia, destacamos que el 76,1% de los usuarios asiste una o dos veces a la semana. Existe una relación directamente proporcional entre la edad y la frecuencia: mientras que más de la mitad de los menores de 18 años declaran asistir con esta frecuencia (siendo un 39,4% los que declaran asistir tres veces o más por semana), la casi totalidad de los adultos mayores lo hacen solo una vez a la semana.

Respecto al promedio diario de horas que los usuarios permanecen en el NAC encontramos que en general lo hacen dos horas; este dato coincide con la duración de las actividades realizadas.

Como surge de las observaciones realizadas de los espacios físicos, el equipamiento del NAC es muy completo, las salas son en general amplias y confortables y en la mayoría de los casos la disposición de las computadoras indica una situación de aula, aunque en algunos NAC se pudo observar otra disposición. De manera que respecto a la utilización de los equipos en los talleres y cursos, se corrobora que la mayor parte de los usuarios (87,3%) no deben compartir su PC con otros asistentes; esto se debe principalmente a que los usuarios no superan los 20 inscriptos por actividad y el equipamiento disponible es el adecuado.

Observando los usuarios del NAC que solo se acercan al mismo para utilizar los equipos de manera personal –no a través de un curso o capacitación–, vemos que muchos coinciden en utilizar la PC para realizar búsquedas en la web (52,7%), acceder a redes sociales (52,1%) y acceder al correo electrónico (39,6%). También existe la utilización de juegos, aunque son más de la mitad de los menores de 18 años los que declararon hacer este uso de los equipos y, en mayor proporción, los varones.

Al interrogarlos por el conocimiento que tienen sobre el tipo de software que utilizaban en las actividades programadas, la tercera parte de las personas no supo responder, más de la mitad declaró usar software privativo y solo un 6% mencionó software libre. Se observó a su vez que el desconocimiento es mayor en los más jóvenes; casi la mitad de ellos no saben si trabajan con software privativo o libre.

Esto da cuenta del limitado conocimiento de la existencia de alternativas para los usos informáticos, o mismo para la creación de herramientas digitales por parte de los usuarios. Pero, fundamentalmente, llama la atención que la gestión de la política pública no utilice el software libre y tampoco informe o asesore sobre su uso, lo que resulta en una orientación sesgada en el proceso de aprendizaje de los sujetos.

Experiencia en el NAC

La mitad de los encuestados expresaron que tenían formación y conocimientos básicos en el uso de computadora y de Internet antes de comenzar a asistir a los NAC. Casi el 20% de ellos indicó tener buen manejo de aplicaciones y de navegación (38,4% de los sectores socioeconómicos medios frente a un 10% de los bajos), pero no obstante ello, concurren para realizar alguna actividad, taller o curso específico. Solo un 20,7% declaró que no sabía usar la PC e Internet previo a su asistencia al NAC (gráfico 3).

Gráfico 3: Conocimientos previos a la asistencia al NAC

Fuente: Relevamiento propio en el AMBA, San Antonio de Areco y Tandil, 2015-2016.

Si analizamos por región, los asistentes que viven en zonas menos pobladas declaran que tenían conocimientos expertos en mayor proporción (31,8%) que los que viven en zonas más pobladas (15,7%).

Pese a estos datos, identificamos que desde la asistencia a los NAC aprendieron a usar la computadora e Internet el 27,5 % de los encuestados (34,5% de las mujeres y 17,5% de hombres, el 78% de los adultos mayores).

Gráfico 4: Conocimientos adquiridos tras la asistencia al NAC

Fuente: Relevamiento propio en el AMBA, San Antonio de Areco y Tandil, 2015-2016.

Cuando miramos por región, vemos un dato interesante: los asistentes que residen en zonas más altamente pobladas (CABA y conurbano) declaran mayormente que desde que asisten a los NAC, ampliaron los conocimientos básicos que tenían (52,2%). En cambio, los que residen en zonas menos pobladas mencionan el aprendizaje de software y programas específicos brindados por los talleres (57,6%) como el principal aprendizaje desde que asisten. Esto también se corresponde con el mayor nivel de CT de los asistentes de las zonas menos pobladas respecto a los de las más pobladas.

Se les consultó a los encuestados que realizan actividades pautadas, tales como cursos, talleres y capacitaciones (190 personas), por el grado de satisfacción con las actividades realizadas en el NAC. Resultó alto el índice de satisfacción, ya que apenas el 1% manifiesta estar insatisfecho con las mismas.

En relación a las razones por las cuales los concurrentes a los NAC desean aprender o ampliar sus conocimientos y/o habilidades sobre las tecnologías, se deben principalmente a necesidades de desarrollo personal y actualización de conocimientos (37,8%), a herramienta para un futuro laboral (21,9%), para integración y socialización (7,2%) y entretenimiento (6,4%).

Percepciones acerca del concepto inclusión digital

Antes de incursionar en lo que el concepto inclusión digital sugiere a los encuestados, es interesante saber cuánto conocen o reconocen acerca esta política pública y si se identifican como beneficiarios de la misma.

Respecto del conocimiento sobre el Programa Núcleos de Acceso, llama la atención que tan solo el 44,2% de los asistentes al NAC señalan que lo conocen, a pesar de que el logo y la información sobre el programa sea muy visible tanto en las salas como en el fondo de pantalla de las computadoras.

Analizando por género, las mujeres muestran mayor conocimiento del programa (49,3% frente a un 36,9% de los varones).

En cuanto a la edad, el conocimiento declarado es directamente proporcional a la mayor edad de los encuestados, ya que los menores de 18 años son los que menos declaran conocerlo (13,6%) frente a los mayores de 65 años que son los que mayor conocimiento tienen (61,6%). Asimismo, los sectores de nivel socioeconómico medio son los que más declaran conocer el programa.

Este desconocimiento del programa está relacionado con la importancia que tiene la institución huésped (donde funciona el NAC) en el territorio, las actividades que desarrolla y su vinculación con las instituciones de su entorno, tal como se advirtió en el capítulo anterior. Para muchos de los encuestados, es una propuesta más de las que ya ofrecía el establecimiento; de allí que se desdibuje como programa específico.

Aún más, cuando se formula la pregunta ¿Quién piensa que es el responsable de los NAC?, si bien la principal mención remite al ámbito nacional, especialmente a la figura de la presidencia (40,6%), le sigue el municipio o el intendente como responsable directo en un 16,7%, en tanto que el 36,7% de los usuarios declaró no saber quién era la figura responsable de la implementación y mantenimiento del NAC.

Sobre la percepción acerca del concepto inclusión digital, en una primera aproximación consultamos acerca de si “escuchó hablar de inclusión digital, y la mitad de los encuestados declaró afirmativamente.

Asimismo, vuelve a darse una proporción directamente proporcional entre edad y respuestas afirmativas, ya que los menores de 18 años son los que en menor medida declaran haber escuchado hablar de inclusión digital (22,7%), pese a ser muchos de ellos los beneficiarios directos de planes con tal finalidad, como el Programa Conectar Igualdad o el Plan Sarmiento. Por el contrario, las tres cuartas parte de los adultos mayores reconocieron el término.

En cuanto al capital tecnológico y al NSE, la proporción aumenta a medida que mayor es el indicador.

Se consultó a los entrevistados por el significado que les sugiere la noción de inclusión digital. En base a sus respuestas se creó una categorización excluyente donde la capacitación para tener conocimientos resultó ser la definición más destacada, seguida por el acceso a la tecnología y la inclusión en la tecnología. Cabe destacar que el acceso a la tecnología y la inclusión en la misma fueron tomadas como dos categorías distintas, ya que remitir a “inclusión” y no solo a “acceso” ya da cuenta de la apropiación de ciertas categorías e imaginarios sociales.

Las respuestas vertidas fueron tabuladas según la tabla 1, donde se observa que la percepción general resulta bastante aproximada al concepto, y al combinar los porcentajes obtenidos por las tres principales respuestas que compondrían el concepto, el porcentaje total obtenido es del 49,3%.

Tabla 1: Total de encuestados según el significado atribuido a inclusión digital
Capacitación para tener conocimientos de tecnología 17,9%
Acceso a la tecnología o computadoras 16,3%
Inclusión en la tecnología/ Equidad/ Acortar la brecha digital 15,1%
Sirve para estudiar o alfabetizarse 9,2%
Algo relacionado con la tecnología, computadoras y/o Internet 8,8%
Algo bueno y/o importante 2,4%
Otros 4%
NS/NC. No recuerda 26,3%
Total 251

Fuente: Relevamiento propio en el AMBA, San Antonio de Areco y Tandil, 2015-2016.

El 73,7% de los encuestados pudieron esbozar una definición, aunque son los menores de 18 años los que más desconocimiento mostraron frente a la misma (40,9%).

Al analizar según el capital tecnológico, se puede apreciar que cuanto mayor capital tecnológico, más porcentaje acumulado de las tres respuestas que componen el concepto de inclusión digital tiene (58,8% del nivel avanzado frente a un 47,9% del nivel intermedio y 39,5% del nivel inicial). Similar es el caso del análisis por NSE, donde los sectores medios son los que más respondieron las tres respuestas que componen el concepto (70,9%). A su vez, los sectores medios son los que más intentaron precisar una respuesta en general (94,2%), mientras que los sectores de nivel socioeconómico bajo son los que más desconocimiento declararon tener (37,8% declararon un total desconocimiento del término) (tabla 2).

Tabla 2: Significado atribuido a inclusión digital, según capital tecnológico y nivel socioeconómico

Total

Capital tecnológico

Nivel socioeconómico

Avanzado

Intermedio

Inicial

Medio

Medio-bajo

Bajo

Capacitación para tener conocimientos de tecnología

17,9% 21,6% 19,2% 16% 20,9% 15,7% 17,1%

Acceso a la tecnología o computadoras

16,3% 19,6% 17,7% 15% 26,7% 9,6% 12,2%

Inclusión en la tecnología/Equidad/Acortar brecha digital

15,1% 17,5% 18,5% 12% 23,3% 12,0% 9,8%

Suma tres principales categorías 

49,4% 58,8% 55,4% 43% 70,9% 37,3% 39,0%

No sabe/No contesta/ Desconoce

26,3% 14,4% 25,4% 34,60% 5,8% 36,1% 37,8%

Total

251 21 130 100 86 83 82

Fuente: Relevamiento propio en el AMBA, San Antonio de Areco y Tandil, 2015-2016.

Finalmente, se consultó si las actividades que ofrece el NAC contribuyen a la inclusión digital del entrevistado: la gran mayoría opinó positivamente (82,5%), con mayor énfasis en las mujeres (64,9% de las mujeres y 48,5% de los hombres) y en los adultos mayores (80,6%).

En síntesis, se aprecia que la noción inclusión digital se conoce o se intuye relacionada con el acceder, aprender, formarse o capacitarse con las tecnologías digitales; después de todo, el Núcleo propone el “acceso al conocimiento” de manera gratuita y esto parece que se logra, al menos para las personas que tienen más de 18 años.

Conclusiones

En el presente trabajo hemos realizado un amplio recorrido sobre los resultados de la encuesta aplicada a los usuarios de los NAC intentando en todo momento tener en claro que este trabajo no intenta corroborar el cumplimiento o no de los objetivos del NAC como política pública, sino que se adentró en la descripción y caracterización de sus usuarios: sus trayectorias, características, capitales y conocimientos, como también en los motivos de asistencia al NAC, como en sus experiencias, progresos (o no) e imaginarios.

La mayoría posee computadora fija o portátil con conexión a Internet en sus hogares; sin embargo, un escaso porcentaje de asistentes llega al NAC con conocimientos y saberes expertos sobre cómo utilizarlas. Debido a eso los niveles intermedios e iniciales de la variable capital tecnológico, creada y aplicada para este estudio, predominan ampliamente entre los asistentes al NAC.

De esta forma, podemos ver la importancia de que lo NAC sean núcleos de acceso “al conocimiento” donde estén planteadas actividades y cursos para aprender a utilizar y apropiarse de las tecnologías y no meramente núcleos de acceso “a las tecnologías”, ya que lo que muchos de sus asistentes buscaban no era meramente utilizar un dispositivo digital (que ya poseen), sino aprender a usarlo o mejorar sus conocimientos intermedios o expertos al respecto.

Vimos así que más de la cuarta parte de las personas encuestadas aprendió a utilizar la computadora y/o Internet, mientras que casi la mitad declararon ampliar los conocimientos básicos que tenían, y un tercio aprendió a utilizar aplicaciones avanzadas o software específico importante para su desarrollo personal y/o laboral.

Respecto a los motivos de asistencia, se puede observar que los usuarios concurren al NAC principalmente para paliar la brecha de conocimiento y, en segundo lugar, para paliar la brecha de acceso resultante de no disponer de los dispositivos e Internet en su hogar.

De esta forma, se detecta que el programa no solo recibe a los usuarios más desfavorecidos socioeconómicamente, sino que es utilizado también por personas que pertenecen a los sectores medios.

Asimismo, se percibe una brecha generacional que influye en los motivos de asistencia al ser los adultos mayores los que más declaran acercarse al NAC para suplir una brecha de conocimiento. En este sentido, se puede apreciar que la política resultó exitosa como espacio de capacitación y enseñanza.

Sin embargo, llama la atención que menos de la mitad de los asistentes declaren conocer el programa NAC al que asisten, que solo un 40% lo haya podido relacionar con una política llevada a cabo por el Estado nacional, que solo la mitad de los encuestados declaren haber escuchado hablar sobre inclusión digital en general y que, al solicitarles que definan este concepto, solo la mitad se acerque a una definición correcta.

Es decir, en nuestra encuesta podemos evidenciar que si bien el programa NAC fue exitoso en el sentido de la capacitación de sus usuarios, no lo fue en el sentido de que estos comprendan qué tipo de política se estaba llevando a cabo, quién la implementaba o siquiera que el proceso que estaban atravesando era un proceso de inclusión digital.

Esto no es menor al evaluar la experiencia de los asistentes, ya que una política de inclusión digital no puede desligarse de que sus beneficiarios puedan comprender, o aunque sea reconocer, un esfuerzo económico e infraestructural con vías a la misma y no meramente una impartición gratuita de cursos y talleres.

Vemos así que en parte se corrobora nuestra hipótesis inicial: si bien los NAC han sido efectivos para aportar en una parcial reducción de la/s brecha/s digital/es, estos avances son importantes pero no suficientes para revertir las desigualdades de carácter económico, cultural, de género y generacional que influyen en la apropiación de las tecnologías digitales. Sumado a esto, el hecho de que la mayoría de sus asistentes no comprenda (o les fuera explicado siquiera) el carácter y objetivos de los NAC generó que la mitad de los beneficiarios de esta política pudieran confundirla con cursos y talleres gratuitos impartidos por la institución huésped y no como parte de una política nacional.

Por último, podemos evaluar que todas las acciones efectuadas en los NAC, si bien tendieron a acortar brechas y a capacitar a los usuarios, esto fue principalmente en el sentido de que estos aprendan a usar las tecnologías, pero sin ahondar en su apropiación, teniendo como máximo logro una apropiación de tipo reproductivo para un pequeño porcentaje de concurrentes, es decir, un saber y manejo experto de tecnologías, dispositivos, programas, etcétera, pero sin siquiera contemplar usos y creaciones alternativos, creativos o ajenos “al manual” (Lago Martínez, Gendler y Méndez, 2017).

Referencias

Cabello, R. (2017). “La vida en los bordes. Reflexiones sobre el acceso a las tecnologías y la inclusión digital”. En Psicología, Conocimiento y Sociedad 7 (2), pp. 252-278.

Cabello, R. y Moyano, R. (2015). Estudio de las relaciones entre inclusión digital e inclusión social. En Actas del VIII Seminario Regional (Cono Sur) ALAIC. Escuela de Ciencias de la Información, Universidad Nacional de Córdoba. Disponible en: https://bit.ly/2WURl3z.

Casamayou, A. y Morales González, M. (2017). “Personas mayores y tecnologías digitales: desafíos de un binomio”. En Psicología, Conocimiento y Sociedad, 7(2), pp. 199-226.

Espina Bocic, P. y Gibert Galassi, J. (2017). “El capital informacional como condición de la inclusión digital: un análisis exploratorio”. En Psicología, Conocimiento y Sociedad 7(2), pp. 35-63.

INDEC (2015). Encuesta Nacional sobre Acceso y Uso de Tecnologías de la Información y la Comunicación (ENTIC). Informe preliminar sobre indicadores básicos de acceso y uso. Instituto Nacional de Estadísticas y Censos de la República Argentina.

Lago Martínez, S. (2015). “Los jóvenes, las tecnologías y la escuela”. En S. Lago Martínez (coord.), De Tecnologías digitales, educación formal y políticas públicas. Aportes para el debate. Buenos Aires: Teseo, pp. 271-296.

Lago Martínez, S.; Gendler, M. y Méndez, A. (2017). “Teoría, debates y nuevas perspectivas sobre la apropiación de tecnologías digitales”. En R. Cabello y A. López (eds.), Contribuciones al estudio de procesos de apropiación de tecnologías. Chubut: Ediciones del gato gris, pp. 75-86. Disponible en: https://bit.ly/2Iq4TQg.

Morales, M. J. y Rivoir A. (2018). “Personas mayores y tecnologías digitales. Uso y apropiaciones de tabletas en personas mayores en Uruguay”. En S. Lago Martínez, A. Álvarez, M. Gendler y A. Méndez (eds.), Acerca de la apropiación de tecnologías. Teoría, estudios y debates. Buenos Aires: Teseo, pp. 113-120.

Paz, M. L. (2013). Puentes Digitales-AbuelosTEC: Sistematización de Experiencias en Talleres de Inclusión Digital con Adultos Mayores. En Actas de las X Jornadas de Sociología. Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de Buenos Aires, Buenos Aires. Disponible en: https://bit.ly/2JqG4Tx.

Zhao, H. (2016). “Fomentar la participación de las mujeres y las niñas en las TIC”. En ITU News. Magazine, pp. 1-2. Disponible en: https://bit.ly/2HKHtFM.


  1. En CABA, los NAC que forman parte de la muestra se encuentran en Recoleta (Casa del Bicentenario) y en Barracas (Casa de la Cultura en la Villa 21), en tanto en el resto del AMBA se emplazan en las localidades de Caseros, Castelar, San Fernando, Marcos Paz, Gral. Rodríguez y Gral. Las Heras.
  2. El programa, como se mencionó en capítulos anteriores del libro, se desplazó al Ministerio de Modernización y mudó su denominación de Núcleos de Acceso al Conocimiento a Punto Digital, cuya web sí se encuentra operativa, pero no registra antecedentes de los NAC, como si no hubieran existido, aunque en el listado de Puntos Digitales están incorporados los mismos NAC que son el objeto de nuestro estudio. Ver: https://bit.ly/2OL3Ue6.
  3. El concepto de “capital cultural” se refiere a una serie de diversos recursos, conocimientos y certificaciones relacionados con el ámbito de los signos y significaciones culturales, lo educativo y el conocimiento general, los cuales se encuentran disponibles para ser esgrimidos y/o ejercidos por el individuo que los posee. Bourdieu distingue entre el capital cultural objetivado (presente en objetos que brindan un cierto estatus), incorporado (en forma de conocimientos, disposiciones para la acción, modos corporales, etc.) e institucionalizado (certificados, títulos, etc.).
  4. Este concepto de capital tecnológico, operacionalizado por medio de los indicadores mencionados y otros, fue utilizado en nuestra investigación sobre estudiantes de escuelas públicas de educación media y técnica beneficiarios del Programa Conectar Igualdad (Lago Martínez, 2015).
  5. Las actividades desarrolladas en los NAC son múltiples y abarcan desde aquellas no relacionadas con las tecnologías digitales (taller de ajedrez, taller de cine, cine-debate), pasando por taller de computación básico, utilización de wifi, navegación en Internet o usos recreativos, hasta actividades que requieren saberes avanzados, como talleres de edición de video, de creación de videojuegos, de edición de imágenes nivel avanzado, de efectos visuales, de música digital, de programas avanzados específicos, como los contables y de diseño.


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