Querido Toño: No tengo acto de qué arrepentirme; seguí los mandatos de mi conciencia y si alguna vez me equivoqué hay que culpar la imperfección humana, pero nunca la intención. Muero sereno y conforme con mi conciencia. Decía Juliano, en su tienda de campaña, en los últimos momentos de su vida de Emperador, mientras Amaino Marcelino, historiador cristiano al lado del Apóstata grababa para eternizarlas las bellas frases de aquella oración postrera: ‘¡Oh, helios! ¡Oh, Sol! ¡Cuán bello eres! –exclamaba el moribundo en un rapto de final entusiasmo-; un día seré como tú, porque en el destino pleno de todas las criaturas está el día en que han de confundirse con la Divinidad, y todos seremos dioses’. Dijo, y murió mandando hacia el Sol su última mirada.
Última carta de Pío Tamayo[1]
El triunfo electoral de Hugo Chávez (1954- 2013) en 1998 significó un punto de inflexión para la política venezolana, conduciendo a enormes transformaciones a través de complejas relaciones que más allá de su ambigüedad, contribuyeron a la conformación de una nueva arquitectura institucional. Entre los principales elementos que sirvieron como condición de posibilidad para dicho fenómeno, se encuentra la sobredeterminación existente entre el chavismo entendido como identidad política hegemónica y el conjunto de mutaciones ocurridas en la estructura del Estado como producto de un juego ambivalente, donde este último responde a sus demandas mientras incide en la forma como se resignifica. Ocupando, la ciudadanía social, una función de puente que conecta ambos momentos (ruptura/institucionalización), en aquel proceso metonímico donde la figura del ciudadano como ente activo, como pueblo, la desborda.
Dicho esto, es posible avanzar sobre el quid de la investigación desarrollada partiendo de considerar junto a Alvarado Chacín (2009) que las Misiones Sociales son la base de la política social chavista, y en tal sentido, aclarando que la misma no pretende llevar a cabo un balance sobre su desempeño o efectividad, sino analizar el modo en que se fueron configurando hasta apropiarse de este rol. Para ello, se resolvió abarcar el período que transcurrió desde la victoria electoral de Hugo Chávez en 1998 hasta su fallecimiento en el año 2013.
Siguiendo a Derrida cuando señala que tras cada reflexión teórica hay un conjunto de decisiones ético-teóricas que le sirven de fundamento[2], se parte del concepto de populismo desarrollado por Laclau (2005) para aprehender al proceso político bajo estudio, el cual será operativizado en dos direcciones simultaneas: La influencia de una identidad concebida en tales circunstancias sobre la forma como se significan tanto la ciudadanía social como las Misiones Sociales; y la incidencia del Estado sobre dicho sujeto, produciendo una suerte de círculo virtuoso.
De modo tal que, en orden de cumplir con semejante tarea, el abordaje se construyó alrededor de la premisa donde toda práctica es discursiva siempre y cuando contribuya a la producción social de sentido (Laclau, 2006), lo que permite el desarrollo de un enfoque holístico que no se límite a analizar textos como discursos, leyes y programas, sino que se extienda al accionar mismo de los sujetos y su desempeño en el tablero político para influir sobre un Estado pensado como relación social. Todo esto, con la finalidad de evitar lo que Jessop (2008) considera como fetichización de las tipologías desarrolladas por Esping-Andersen (2000) sobre los modelos de régimen de bienestar, al resaltar la contingencia inherente a la forma como los mismos son articulados en cada caso.
1. Hoja de ruta
Desde 1959 el régimen de bienestar venezolano estuvo estructurado en torno a tres grandes ejes: salud, educación y seguridad social, que se sustentaban en el trabajo asalariado y articulaban con diversos programas respaldados por vínculos clientelares, los cuales eran pensados para atender a aquella población que no formaba parte del mercado de trabajo formal, condenándoles a ser recipientes de intervenciones residuales con contenidos simbólicos altamente estigmatizantes. Aunado a ello, en materia de política económica, la existencia de un modelo de acumulación esencialmente extractivista dificultó inclusive implementar aquellas políticas de sustitución de importaciones hegemónicas en el resto del continente[3] durante las décadas de los 60 y 70, generando pobreza y exclusión, e incidiendo sobre la forma en que era entendida la ciudadanía social.
El quiebre definitivo de este régimen se da en 1989 con el programa de ajuste económico implementado por Carlos Andrés Pérez (1922- 2010), conformado por un grupo de medidas destinadas a dinamizar la economía desde una visión neoliberal, donde sobresalían: Privatizar empresas públicas deficitarias e incrementar tarifas en el caso de prestadoras de servicios básicos como electricidad y teléfono; eliminar el control de precios sobre productos considerados esenciales; aumentar los precios de la gasolina; entre otras. Imponiéndose así, la cara residual del Jano que había sido la política social hasta el momento.
Para compensar los efectos negativos de dicho ajuste, se implementó un Plan de Enfrentamiento a la Pobreza que abordaba seis áreas de interés: Nutrición, salud, educación, protección social, empleo y seguridad social, y vivienda e infraestructura, formulado desde una lógica de crisis que repercutió en el limitado éxito obtenido al momento de lograr el impacto masivo sobre la población vulnerable que se esperaba. Sin embargo, a pesar de las dificultades encontradas por esta iniciativa dada la escasa gobernabilidad que caracterizó al periodo a pesar de la destitución del presidente Carlos Andrés Pérez por la Corte Suprema en 1993, el programa pudo mantenerse a través de la Agenda Venezuela que impulsó Rafael Caldera (1916- 2009).
En 1998 un nuevo bloque de poder irrumpe en el escenario político y lo subvierte, cuando asume la presidencia Hugo Chávez. Si bien para el momento no estaba suficientemente claro qué dirección tomaría el nuevo gobierno, pregonaba la instalación de una asamblea nacional constituyente y no concebía a la pobreza como una externalidad que eventualmente podría ser aplacada por mecanismos de mercado, sino que ubicaba la exclusión “…de gran parte de la población venezolana en las limitaciones de la democracia representativa…Así lo social, más que la asistencia de estos sectores, representa la posibilidad de romper esta exclusión y de realmente redistribuir la riqueza petrolera.” (Lacruz y González, 2008, p. 70)
Así las cosas, atravesando este proceso se iba configurando una nueva identidad política que traía consigo formas distintas de ver su relación con el Estado y una concepción normativa del bienestar social con mayores niveles de exigencia, la cual interpelaba a la noción de ciudadanía social dominante, elevando sus demandas al Estado mientras quienes lo ocupaban respondían rearticulando a los diversos actores políticos y resignificando la idea que tenían sobre la ciudadanía social en un primer momento. Siendo, por todo lo antes expuesto, que la investigación se propuso analizar el fenómeno resultante de la crisis hegemónica descrita, a las Misiones Sociales como modelo de política social característico del período en cuestión y al contenido de aquella representación sobre la ciudadanía social preponderante, vistos desde una perspectiva relacional donde lo discursivo sirve como eje central.
2. Relevancia del fenómeno para la política social
Aunque puede resultar redundante reiterar la importancia que para el estudio de la política social tiene la ciudadanía social, considerando que junto a la cuestión social emergió como respuesta a la interpelación de la naciente sociedad industrial frente a un Estado que tendía a democratizarse producto de la revolución francesa, creando un conjunto de demandas políticas que direccionarían el accionar del Estado a resolver determinadas exigencias emanadas de la sociedad, con el objetivo de evitar todo acontecimiento que atentara contra el orden social existente[4] , no es excesivo reiterar que la ciudadanía social es precisamente su condición de posibilidad. No obstante, al momento de decidir cual vendría a ser el objeto de estudio más pertinente en orden de aprehender la complejidad fenoménica del período espaciotemporal analizado, fue necesario delimitar claramente hasta qué punto dicha afirmación resultaba de utilidad, tratándose de un proceso social amalgamado por componentes contingentes y contradictorios.
Pero al comprender que todo análisis acerca de la política social debe tomar en cuenta elementos de carácter contextual, los cuales invitan a considerar no solo aquellos procesos de output donde se materializa un programa específico, sino a todo el conjunto de relaciones que lo hicieron viable como los actores involucrados, a que demanda dan respuesta y en torno a que noción de justicia se organizan, deconstruyendo la noción de ciudadanía social y posicionándola así en un espacio territorial concreto durante un periodo histórico determinado, fue posible estructurar una caja de herramientas teórico-conceptual capaz de abordar al objeto de estudio en todo su complejidad, sin aislarlo del medio sobre el cual se despliega.
3. Análisis en proceso de un proyecto inconcluso
En Venezuela, los partidos políticos ocuparon un rol determinante para canalizar el descontento social desde la última dictadura que finalizó en 1958. Sin embargo, en la medida en que comienza a entrar en crisis el pacto de punto fijo[5] parecen pasar momentáneamente a un segundo plano, de cara a una sociedad que los cuestiona y desborda. Crisis que llegaría a su punto álgido con el Caracazo[6], que se caracterizó por la ausencia de una direccionalidad política suficientemente clara considerando las dimensiones del acontecimiento, lo que resultó en su relativa normalización tras varios días de protestas, saqueos y múltiples asesinatos ordenados por el Estado, como evidencian las fosas comunes que fueron descubiertas con posterioridad[7] .
Es significativo que no exista mucha literatura en el país abocada a desenredar la compleja trama donde se interrelacionan Estado-sociedad civil-partidos políticos[8] dificultando dilucidar la ambigüedad del fenómeno ciudadanía social. Situación que ha resultado sobre todo del rol predominante que aún conservan los partidos, el cual no solo no es excluyente, sino que durante una crisis de representación pierde vitalidad, dejando grietas abiertas donde pueden emerger diversos actores sociales.
En tal sentido, si se desea llevar a cabo políticas sociales capaces de contribuir no solo al bienestar social sino a la gobernabilidad, es necesario estudiar a fondo la relativa autonomía de los actores y su performance como ciudadanía social a través del modo en que se articulan espacial y temporalmente, alcanzando a las diversas demandas sociales que producen el contexto sobre el cual se interviene y llevando a cabo un feedback efectivo que resulte en políticas públicas eficientes.
En consecuencia, la investigación efectuada no surgió del vacío, sino que resultó de un intento por deconstruir aquel movimiento que, dada su posición dominante en la disputa hegemónica, sirvió para definir la composición del bloque de poder posicionado desde 1998 y denominado como chavista, la cual se elaboró en marco a la Maestría en Ciencia Política y Administración Pública que dicta la Universidad de Carabobo, Venezuela.
Dicho trabajo, fue titulado El sujeto político chavista desde la perspectiva discursiva de Ernesto Laclau y aprobado por la directiva del programa al ser presentado como tesis. En el mismo, se llevó a cabo un estudio acerca de la constitución del sujeto político chavista visto desde lo discursivo, dejando pendiente su relación con el Estado al enfocarse sobre todo en los momentos disruptivos, mientras planteaba las interrogantes ya esbozadas por Laclau acerca de aquella relación de retroalimentación que se da entre líder y pueblo, perfectamente extrapolable entre ciudadanía social y Estado.
De modo tal, que la presente investigación fue pensada para complejizar aquellas cuestiones que por falta de tiempo y recursos no pudieron debatirse en tal ocasión. Es decir, conformada la identidad política chavista y considerando el rol cuasi hegemónico que jugo en el tablero político durante los mandatos de Hugo Chávez, se hace necesario preguntarse ¿de qué manera influyó sobre la constitución del régimen de bienestar, específicamente en las Misiones Sociales como paradigma de la política social chavista? y más aún, habiendo analizado la forma en que el líder no solo funge como representante del pueblo, sino que contribuye a definir sus límites cuando lo interpela ¿hasta qué punto podría hacerse una analogía para estudiar la relación entre régimen de bienestar y ciudadanía social.
Por lo tanto, este trabajo forma parte de un estudio más extenso en proceso, el cual intentará abordar las dinámicas de ruptura y reconfiguración tanto del régimen de bienestar como de la ciudadanía social en un contexto que supera a ambos conceptos, procediendo desde el momento de ruptura populista hasta la rearticulación de la cadena equivalencial, el posicionamiento de un nuevo bloque de poder y la forma en que se resignificaron las demandas que gravitaban en dicha cadena.
Esfuerzo que busca contribuir con el realizado por distintos investigadores alrededor del mundo, quienes han procurado descifrar la especificad del ciclo progresista Latinoamericano analizando procesos sociales desplegados por todo el subcontinente. Entre ellos, es relevante señalar a Alvarado (2005) en su intento por desarrollar una relación teórico conceptual entre ciudadanía social y populismo en el caso venezolano; a Gómez (2007), quien se ha abocado a descifrar la función que cumplen las misiones sociales en la configuración de la identidad política hegemónica entre aquellos titulares de derecho sobre los cuales interviene; y Urbaneja (2013), por estudiar la dinámica que surge entre diversas demandas que se articulan en la sociedad y los actores que las representan frente al Estado desde principios del siglo XX hasta el último mandato de Hugo Chávez, partiendo de una hipótesis mediante la cual toda disertación pensada desde la economía política que busque desenmarañar la complicada relación que se da entre el Estado y la sociedad civil venezolana, debe partir de una pugna distributiva en torno a los excedentes petroleros.
4. Propuesta metodológica
Ahora bien, para llevar a cabo tal pretensión, se utilizó un enfoque cualitativo pensado sobre el análisis de aquellas prácticas discursivas que permitan entrever el contenido subyacente a su propia performatividad desde una óptica posestructuralista, es decir, un análisis que más allá de cruzar datos estadísticos o contar palabras, trata de exponer las relaciones de imbricación que se dan entre diversos actores políticos y el Estado a través del vehículo ciudadanía social. En tal sentido, el abordaje elegido puede ser pensado como comprensivista, puesto que conoce las limitaciones inherentes al método matemático y defiende la particularidad del accionar de los diversos sujetos involucrados, reivindicando el carácter contingente de las relaciones que se construyen entre ellos.
- Pío Tamayo (1898-1935) Fue un poeta venezolano nacido en el Estado Lara, precursor del marxismo y fundador en el exilio del Partido Comunista de Cuba.↵
- Dicho Razonamiento se extrae de Errejon y Mouffe (2015).↵
- Coronil (2013), elabora un análisis sobre cómo el modelo de sustitución de importaciones fracaso incluso antes del viraje neoliberal, utilizando como ejemplo a la guerra de los motores↵
- Vease Dozenlot (2007)↵
- Acuerdo político de alternancia celebrado tras ser derrocado el dictador Marcos Pérez Jiménez (1914-2001) entre los principales partidos políticos que organizaron la coalición vencedora, AD, COPEI y URD. El Partido Comunista de Venezuela sería excluido de dicho pacto por el presidente de turno y principal dirigente del partido mayoritario AD, Rómulo Betancourt, cuya posición de intransigencia frente a Cuba, la Unión Soviética y China conduciría al quiebre del mismo con tan solo 3 años de vigencia tras la salida de URD, dando forma a un sistema bipartidista.↵
- Estallido social desarrollado entre el 27 de febrero y el 8 de marzo de 1989 en la ciudad de Caracas.↵
- Si bien aún se debaten las cifras, autores como Stephany (2006) hablan de 5000 víctima .↵
- Los partidos políticos no se considerarán como parte integrante la sociedad civil para hacer más accesible la argumentación a lectores extranjeros, tomando en cuenta la presencia de un Estado monopolizador de la mayor riqueza que existe en el país como es el petróleo, lo que produce cierto efecto de sinécdoque entre los partidos hegemónicos y este, narrativa, además, predominante entre las ciencias sociales venezolanas, como afirma Lander (1994).↵







