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Introducción

Liliana Raggio y Cecilia Pinto Le Roux

La antropología clásica estuvo caracterizada por la pretensión del conocimiento de la totalidad de “otros” Estados y sociedades, definidos a partir de la negatividad y de la carencia: “no occidentales”, “sin Estado”, respecto de la civilización europea. Una totalidad construida como homogénea que velaba no solo las diferencias y desigualdades al interior de esas sociedades, por ejemplo de los niños y de las mujeres definidas como “la mitad peligrosa” al decir de Balandier (1975), sino que también ocultaba el dominio de los Estados imperialistas sobre sus colonias.

Una de las herencias de la mirada antropológica consiste en la recuperación contemporánea de esa totalidad, es decir, la consideración de la multiplicidad y articulación de las distintas dimensiones de la vida social, eludiendo la trobrianización[1] de la disciplina. Inscribir las prácticas de la cotidianeidad en los contextos socioeconómicos y político-culturales del país, de la región y de los imperativos de un mundo globalizado significa intentar comprender en el sentido de Bourdieu (1999) los efectos de las distintas políticas públicas en la vida de sus destinatarios. Implica también analizar las relaciones entre el Estado y la sociedad civil y situar histórica y políticamente la trayectoria de los colectivos sociales, de sus experiencias individuales y colectivas y de los lazos tejidos por las personas a través de las sucesivas crisis[2] sufridas en nuestro país, y de las prácticas desarrolladas para enfrentarlas.

Igualmente supone abordar el aparato estatal con una perspectiva que complejiza su supuesta homogeneidad e intenta captar los conflictos y contradicciones que transcurren en su interior, protagonizados por funcionarios y agentes institucionales portadores de ideologías, adscripciones y lealtades partidarias; y también dotados de autonomías relativas que se ponen en juego en las etapas de la implementación y en su relación con las y los destinatarios.

Con esta mirada teórica y metodológica compartida, en el marco del Congreso Argentino de Antropología Social (en adelante CAAS) convocado en La Plata en el año 2020, se propuso desde el equipo de investigación en Políticas Públicas del Instituto de Ciencias Antropológicas de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires, ICA, y el equipo “Antropología de las políticas públicas”, de la Universidad Nacional de Rosario, la conformación del grupo de trabajo “Por una antropología de las políticas públicas: perspectivas de análisis y cambios de signo de las políticas en la región”.

El espacio constituye un encuentro de las trayectorias que ambos equipos vienen consolidando en sus respectivos ámbitos académicos. Las investigaciones con foco en diversas políticas sociales y culturales realizadas por el grupo que tiene lugar de trabajo en la Sección de Antropología social del ICA[3] comenzaron hace más de diez años, y a través de sucesivos financiamientos de la UBA, produjeron diversos resultados que fueron plasmados en libros y publicaciones en revistas científicas. Al mismo tiempo se formaron investigadoras e investigadores que siguen desplegando su actividad académica y profesional aportando sus saberes para la comprensión de los constantes y cambiantes desafíos que la realidad socioeconómica y político-cultural del país y de la región latinoamericana presenta para la disciplina.

En Rosario, las reflexiones en torno de la política pública han generado interés en forma creciente a lo largo de los años. En el año 2007 en las Jornadas de Antropología Sociocultural, que tradicionalmente organiza el Departamento de Antropología Sociocultural de la Escuela de Antropología, se inauguró la comisión de Antropología y Políticas Públicas[4].

Producto de estas trayectorias y encuentros en sucesivos eventos académicos se constituyó la propuesta para el CAAS 2020, donde se planteó un espacio de discusión y profundización del análisis sobre las especificidades y las potencialidades que ofrecen las aproximaciones etnográficas al estudio de las políticas públicas. Estas reflexiones fueron pensadas desde una perspectiva diacrónica, dado que esa dimensión propicia el análisis de los cambios de orientación en las políticas públicas que se instrumentaron en los últimos años en nuestro país y en la región.

Así, se convocó a la presentación de ponencias sobre el campo de las políticas públicas en las que se problematizaran diferentes temas orientados a las formas de conceptualizar las políticas públicas y sus efectos; las complejas fronteras entre el Estado y la sociedad civil; las modalidades de participación de los sujetos en la producción y gestión de la política pública; las relaciones sociales entre los distintos actores sociales implicados: agentes estatales, miembros de organizaciones sociales o de organismos multilaterales, destinatarios; y los procesos de gestión de las políticas públicas y los modos de intervención de las antropólogas y los antropólogos en ellos.

Producto de la convocatoria se presentaron un conjunto de trabajos que representan la continuidad y el crecimiento de discusiones teóricas y metodológicas en el campo de las políticas públicas a lo largo del territorio nacional[5].

De este modo las experiencias situadas nos orientaron en la territorialidad de las políticas públicas y nos introdujeron en la descripción y resignificación de las diversas prácticas estudiadas.

Este mapa de itinerarios de las políticas en territorio nos trasladaron a diferentes espacios sociales[6], que más allá de las particularidades regionales, sociales y culturales, condensaron un núcleo de problematizaciones, tensiones y reflexiones que abonan en forma dinámica los espacios de discusión académica y la mirada sobre las políticas públicas en clave antropológica.

Uno de los ejes que transversalizó la discusión en las distintas presentaciones fue la construcción de la noción Estado, no solo en lo conceptual (recorrido recuperado desde la ciencia política, la sociología y la antropología política) sino desde las experiencias relacionales y en las interfaces de actuación entre la vida de los sujetos y la vida de las normas/leyes.

Esta perspectiva relacional ha permitido, desde la descripción etnográfica, buscar el Estado donde aparentemente no está y reconfigurar las percepciones que las poblaciones construyen de éste dando movimiento a una estructura que reguló el binomio público/privado durante siglos.

En esa dirección, Diana Bento de Mello en su artículo “Estado, cultura popular y políticas culturales en las rodas de samba en Río de Janeiro, Brasil, plantea que

[…] las manifestaciones culturales populares, especialmente las desarrolladas en el ámbito del espacio público, son factibles de ser pensadas como procesos políticos y estudiadas como problemas estatales en tanto se conforman como un locus no convencional para pensar el Estado, las políticas públicas y sus dinámicas en esta contemporaneidad compleja y de límites porosos.

Desde un enfoque etnográfico la autora indaga en las formas de relacionarse con el Estado de un grupo de sujetos del campo cultural, como músicos/as, trabajadores/as de la cultura y gestores/as culturales en las rodas de samba en la ciudad de Río de Janeiro, Brasil. Poniendo el foco en registrar los sentidos en los cuales el Estado existe y no existe [] a partir de dos ideas de Estado predominantes: por un lado, lo que conceptualizo como el Estado enemigo y, por otro lado, lo que denominó como Estado parcero”.

En tanto que Carolina Ciordia en “La participación infantil y adolescente en escena: narrativas, acciones estatales y prácticas que incomodan” nos propone pensar cómo los propios actores, en este caso jóvenes, contribuyen a la producción de políticas públicas estatales desde aquellos espacios que están en constante movimiento y redefinición de los modos de gobernar y legislar. Lo que la autora denomina el Estado desde sus márgenes.

A partir de esta perspectiva, el foco –ahora “desde abajo”– se traslada a las interacciones cotidianas entre los agentes institucionales y los niños, niñas y adolescentes, para iluminar los márgenes estatales, las modalidades que asume la participación de los adolescentes y sus condiciones de legibilidad.

Otra de las discusiones que estuvieron presentes en la mayoría de las ponencias es esta tensión entre la norma/ley como materialidad del Estado y el proceso social y simbólico que regula o instaura las prácticas sociales.

En este sentido la perspectiva que entiende las políticas públicas como constituyentes de los procesos sociales caracterizó la reunión, enfocando por un lado en la construcción de subjetividad y por otro en la construcción y delimitación de categorías de ciudadanos (como migrantes, productores, emprendedores, entre otros).

El artículo de Pablo Barbetti, “Emprendedorismo juvenil y políticas sociolaborales. Sentidos construidos por funcionarios y técnicos estatales en dos dispositivos en el Gran Resistencia (Chaco)”, analiza la construcción de las actuales políticas públicas que buscan promover el trabajo independiente, y los microemprendimientos en las y los jóvenes de Gran Resistencia, poniendo el acento en las prácticas sociales de los principales actores que lo integran. De este modo se pregunta:

[…] ¿Qué ocurre a nivel territorial?, ¿cómo significan estas experiencias los sujetos adultos que intervienen en estas políticas?, ¿los sentidos otorgados a estas intervenciones se ajustan a las concepciones teóricos presentes en sus diseños o los resignifican? […] los adultos vinculados a estos procesos producen sentidos muy diversos en torno a esta relación juventud-trabajo-emprendedorismo. Dichos sentidos, en algunas ocasiones, tensionan y resignifican los marcos teórico-conceptuales en los que se sostienen los diseños iniciales”.

Esta tensión entre la ley y las prácticas sociales también expresó otra discusión sobre los procesos de ampliación, equiparación o recuperación de derechos que se instauraron en contextos políticos particulares de nuestro país, pero que se asientan en disputas políticos-culturales previas y continuas.

Esto nos llevó a reflexionar sobre la fragilidad del derecho más allá de la norma, y sobre la sustentabilidad de la ley en el sentido de perpetuidad, continuidad y afianzamiento como desafíos de la práctica político-académica.

En esta línea, Érica Lander en “Las políticas públicas y la disputa político-cultural. La mirada antropológica sobre la política sociolaboral relacionada al trabajo en casas particulares” profundiza en un complejo nudo de tensiones entre las normas morales y la dimensión simbólica de lo que se hace, aportando a la perspectiva de las políticas públicas como constituidas a la par que constituyendo y organizando lógicas culturales.

La visibilización y valoración del trabajo doméstico remunerado, a través de la acción de diversas políticas públicas, abre diferentes líneas de acercamiento […] Pero también posibilita otra línea de análisis, focalizada en los aspectos del reconocimiento, o la falta de él, asociada a la injusticia cultural o simbólica, naturalizada en los modelos sociales y culturales de representación, interpretación y comunicación.

Un rasgo que adquirió relevancia en la producción de conocimiento en el ámbito de las políticas públicas es la relación entre investigación y gestión o investigación en gestión. Esta relación viene incrementándose y desarrollando procesos de reflexividad en los distintos lugares de trabajo, fundamentalmente por la inserción de investigadores en espacios de gestión estatal (municipales, provinciales o nacionales) que asumen la responsabilidad ética y política de producir conocimiento en y desde sus prácticas.

En esta perspectiva algunos nudos críticos que emergieron tienen que ver con la autonomía de los agentes y la posibilidad de interpelación a los destinatarios (como sujetos de derechos) y a los propios agentes institucionales (también como sujetos de derecho –trabajadoras/es– y dotados de autonomía relativa respecto de las directrices burocráticas), con el fin de recuperar así la potencialidad que la gestión ofrece como espacio de práctica profesional para la antropología, y al mismo tiempo como oportunidad de coconstrucción de la política pública.

En este sentido un conjunto de trabajos evidenció la utilización de las herramientas metodológicas que la etnografía ofrece para caracterizar por ejemplo el mundo de los gestores y el mundo de los usuarios. O para visibilizar las voces de diversos actores en programas particulares, que imprimen sentido a las políticas, frente a esta gran pregunta acerca de qué ocurre cuando las políticas llegan al territorio y cómo llegan a ese territorio.

El artículo de Mariano Gil, “Los abordajes de la SEDRONAR en la República Argentina (1989-2019). Hacia una historización de las políticas públicas sobre consumo problemático de sustancias desde una prespectiva antropológica relacional”, triangula la mirada sobre los diversos mundos que componen la política pública, incorporando metodológicamente el análisis de documentos con una perspectiva que define:

[…] los documentos de las políticas públicas como un género de escritura cuya principal orientación no es la información, sino la presentación de argumentos persuasivos […] producen su propia teoría causal del problema que pretenden abordar. Formulados en un lenguaje pretendidamente técnico y neutral, subyacen a ellos procesos de negociación y disputa [que tensionan el hacer y la práctica de los agentes en las propias perspectivas]. La movilización de colectivos de trabajadores/as y usuarios/as en la primera década del siglo XXI logró instalar otras lógicas para disputar sentidos en torno a los consumos problemáticos de sustancias y los padecimientos mentales en general.

Del mismo modo en la intersección de la investigación y la gestión se han podido construir cartografías de la asistencia y cartografías de las estrategias de intervención, y recuperar como marcos conceptuales categorías que los agentes expresan en sus tareas cotidianas como inempleables o parcero, entre otras. Estas categorías merecen ser analizadas en pos de comprender los impactos que producen en la constitución de los sujetos destinatarios de las políticas.

Las reflexiones precedentes respecto del Estado como abstracción y como realidad, del registro de su profunda heterogeneidad y al mismo tiempo de su omnipresencia en la configuración de las vidas cotidianas de nuestras sociedades a través de sus políticas, se dieron en el contexto de una situación extraordinaria y trágica: la pandemia de COVID-19 provocada por el virus SARS-CoV2.

Las medidas tomadas por los diversos Estados, del mundo y de la región, traducidas en las estrategias diseñadas para controlar la propagación del virus hasta el descubrimiento, fabricación y aplicación de las vacunas, y sobre todo las decisiones respecto de privilegiar la salud a través de confinamientos, versus priorizar el normal desenvolvimiento de la actividad económica, marcaron la orientación de las políticas públicas fundamentalmente durante el año 2020.

Esta situación inédita puso de manifiesto entre otras cuestiones el alcance de la capacidad soberana de los Estados respecto de las corporaciones económicas globalizadas para adoptar decisiones; la pavorosa desigualdad entre países y regiones del mundo; y la magnitud de la dependencia de nuestra región y en particular de nuestro país, de los organismos internacionales de crédito, a la hora de implementar políticas que protegieran a la población.

También se evidenciaron las diferencias entre la orientación del gobierno argentino, recientemente asumido[7], cuya acción se centró en fortalecer el sistema de salud y generalizar la vacunación con la mayor premura que le permitió el acceso a las vacunas, frente a la posición de presidentes de otros países de la región y del mundo, quienes minimizaron la enfermedad y no restringieron las actividades económicas que podían propiciar contagios, con las consecuencias de cientos de miles de fallecidos y también de deterioro económico.

Este es el marco en el que la perspectiva antropológica cobra singular trascendencia en la actualidad al interrogarse acerca de cuáles son los carriles por los que debería transitar la construcción de sociedades más igualitarias en nuestra región y en nuestro país. Y cuáles son los múltiples significados de la desigualdad, o pensando en su contracara, las distintas igualdades que persiguen las clases sociales subalternas, las identidades étnicas discriminadas, las mujeres y colectivos de diversas orientaciones sexuales violentados y estigmatizados, las infancias y juventudes empobrecidas y destinadas a una vida sin posibilidades de realización feliz.

Como indicamos al comienzo de esta Introducción, nuestra disciplina posee herramientas teóricas y metodológicas adecuadas para la comprensión de la cotidianeidad de las personas y los colectivos destinatarios de las políticas públicas, de sus demandas, necesidades y reivindicaciones; y al mismo tiempo las antropólogas y los antropólogos debemos, por un compromiso ideológico y ético con aquellas y aquellos con quienes investigamos, trasladar esas observaciones al ámbito de la gestión de las políticas. Ese es nuestro desafío y está presente en los distintos artículos que componen este libro, resultado del fructífero encuentro de nuestros equipos de investigación y de la valiosa participación de todas y todos quienes presentaron sus trabajos.

Bibliografía

Balandier, G. (1975). Antropológicas. Barcelona: Ediciones Península.

Bourdieu, P. (1999). “Comprender”. En La miseria del mundo. Buenos Aires, Fondo de Cultura Económica.

Hintze, S.; Grassi, E. (1996). “Políticas sociales: contribución al debate teórico-metodológico”. Buenos Aires: CEA/UBA.


  1. Nos referimos a los estudios microcentrados, que obvian los contextos económicos y políticos más amplios, al modo del desarrollado por Malinowski en las Islas Trobriand, y que precisamente fue tomado como modelo metodológico de los estudios holísticos.
  2. Mientras escribimos estas líneas se cumplen 20 años de la peor crisis de nuestra historia reciente, que tuvo su pico en los días 19 y 20 de diciembre del año 2001.
  3. El conjunto de investigadoras e investigadores desarrolla su actividad tanto en localidades del AMBA como en la ciudad de Olavarría, en la provincia de Buenos Aires.
  4. Las ponencias presentadas en ese momento provenían de distintos campos disciplinares: Ciencia Política, Trabajo Social, Arquitectura, Arqueología e Historia, poniendo en evidencia como plantea Hintze (1996) que la “realidad no es disciplinaria” y que por tanto la complejidad de los procesos sociales ofrece múltiples entradas.
    El espacio de trabajo se consolidó en las sucesivas jornadas, contando con la presentación de un importante número de ponencias, con discusiones que profundizaron cuestiones teóricas, metodológicas y de ética profesional.
    En el Congreso Nacional de Antropología de 2014 también se presentó un espacio de trabajo coordinado con otras universidades nacionales y contó con numerosas presentaciones, que ocuparon todas las jornadas del Congreso, junto con la organización de un simposio interdisciplinario de discusión de abordajes de la política pública.
  5. Al final de los artículos se consigna la lista de ponencias.
  6. Experiencias presentadas desde Bariloche, Resistencia, Gran Buenos Aires, Santiago del Estero, Capital Federal, Norte de Córdoba, Entre Ríos, Jujuy, Rosario, Rio de Janeiro.
  7. La fórmula integrada por Alberto Fernández y Cristina Fernández de Kirchner ganó las elecciones al frente de la coalición el Frente de Todos en el mes de octubre de 2019 y asumió el 10 de diciembre del mismo año. La declaración de la pandemia ocurrió en el mes de marzo del año 2020.


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