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Conclusiones finales

A lo largo de este trabajo, se pusieron en evidencia los alcances teóricos del análisis del caso de la revista cultural La Garganta Poderosa para una contribución a la formulación de una teoría heurística sobre la resistencia y la ampliación de derechos. El caso permitió, además, hacer significativa la articulación crítica de aportes teóricos de diferentes tradiciones de pensamiento. Si, por un lado, la lectura filosófica del caso ayudó a desentramar su complejidad y comprender su significancia; por el otro, el caso de La Garganta ha servido de hilo conductor para la lectura crítica de la teoría, al presentar desafíos conceptuales que llevaron a revisar y repensar sus postulados. El punto de llegada es, pues, una teoría enriquecida, que puede dar cuenta de los procesos de resistencia de las subjetividades emergentes y de su éxito en la institución de nuevos derechos, a partir de la afirmación de la identidad y del poder de grupos humanos subalternizados en un contexto marcado por la colonialidad y la dominación.

El recorrido del presente trabajo se basó en tres ejes de estudio principales: a) la narración y el autorreconocimiento; b) la cultura y el poder; c) la resistencia y el poder. Para cada uno de estos ejes, se consideró la especificidad del caso analizado y se trabajaron los contenidos teóricos que aportaban claves hermenéuticas relevantes para su estudio. El caso de La Garganta Poderosa permitió, para cada eje propuesto, entablar un diálogo entre teorías filosóficas, politológicas y sociológicas de autores pertenecientes a tradiciones diversas, incluyendo el marxismo (Bourdieu, 1984; Chauí, 1981, 2006, 2008; García Canclini, 1982, 1988; Gramsci, 1924), la hermenéutica y la fenomenología (Butler, 2009; Certeau, 1980; Levinas, 1991; Ricoeur, 1983, 1984, 1986, 1996, 2000, 2001), la Filosofía de la Liberación (Dussel, 2008, 2009; Ellacuría, 1989; Roig, 1981, 2002), el Pensamiento Decolonial y Poscolonial (Mohanty, 2008; Quijano, 2000), las Epistemologías del Sur (Santos, 2002, 2009a, 2009b, 2010, 2011) y la Filosofía Intercultural (Acosta, 2008, 2011; Bonilla, 2008, 2015, 2017a, 2017b; Grimson, 2012; Mahmood, 2006; Panikkar, 2004; Rubinelli, 2004, 2012a, 2012b, 2014). También se tuvieron en cuenta los puntos de tensión y encuentro entre el caso y la teoría, que permitieron revisitar los postulados teóricos y aportar nuevos elementos para la evaluación y reformulación de conceptos.

A partir de la consideración del primer eje de análisis, referido a la narración y al autorreconocimiento, fue posible concluir que La Garganta Poderosa debe comprenderse como un caso de autorreconocimiento de subjetividades emergentes (Roig, 2002), en el sentido de una fuerza emergente que afirma su dignidad y asume su agencia frente a una situación de dominación.

Teniendo en cuenta la función de la narrativa en la configuración de la identidad de un grupo humano (Ricoeur, 1984; Rubinelli, 2012a), se valoró la significancia de un caso como La Garganta Poderosa, en el que sujetos plurales se afirman y reconocen a partir de la construcción y el posicionamiento en el espacio público de una narrativa contrahegemónica. La teoría narrativista (Ricoeur, 1983, 1984, 1986, 1996) resultó especialmente útil para la comprensión de la importancia de la lucha por el reconocimiento de la narrativa de una comunidad, en función del rol mediador de la narración en la apropiación de la propia identidad y en la refiguración del sentido sobre sí mismo, los otros y el mundo. Así, la narrativa se presentó como un importante recurso para la afirmación de la autonomía de los grupos más vulnerados (Ricoeur, 2001) y para la emergencia de nuevos sentidos contrahegemónicos que puedan contribuir a la transformación de la realidad (Rubinelli, 2012a). Esto llevó, a su vez, a considerar cómo puede darse la reconfiguración del espacio público en una sociedad (Acosta, 2008; Cullen, 2003) a partir de la participación de nuevos sujetos y la emergencia de nuevas narrativas. La afirmación de la capacidad de los sujetos de narrar sus propias vivencias y de dar cuenta de sus propias representaciones puede llevar a cuestionar la lógica de la exclusión que configura el espacio público desde la modernidad (Cullen, 2003), para la conformación de nuevos espacios que prioricen la dignidad, el (auto)reconocimiento y diálogo de los sujetos plurales (Acosta, 2011).

El estudio del caso permitió, por su parte, repensar la teoría narrativa ricoeuriana desde principios éticos fundados en la afirmación de la dignidad de los sujetos sometidos a situaciones de dominación (Roig, 2002). Gracias a la puesta en diálogo de las propuestas teóricas de la hermenéutica y de los aportes de la Filosofía de la Liberación (Roig, 1981, 2002) y la Filosofía Intercultural (Rubinelli, 2010), fue posible profundizar la consideración de las narrativas de sujetos plurales en situaciones de dominación, teniendo en cuenta el diálogo y conflicto intrínsecos a todo universo discursivo. Este recorrido permitió concluir que la lectura crítica de toda narrativa deberá necesariamente priorizar la pregunta por los procesos de configuración de las autoridades narrativas, y los lugares de enunciación en una comunidad. También llama a contemplar la relación de dicho relato con la afirmación de la capacidad de hacer y decir de un grupo humano. En este marco, la legitimidad de un relato como el de La Garganta Poderosa se funda necesariamente en criterios éticos vinculados al reconocimiento de los procesos de afirmación de subjetividades negadas, para la quiebra de la lógica colonial (Quijano, 2000).

En relación con el segundo eje de análisis propuesto, sobre los vínculos entre cultura y poder, se consideró La Garganta Poderosa en el marco de la disputa cultural contra la hegemonía, como herramienta para la afirmación del valor de la cultura villera y la defensa del derecho a la cultura (Chauí, 2006).

Fue imprescindible, en este recorrido, la visibilización de la cultura como espacio de disputa y conflicto en constante configuración. Los aportes de autores como García Canclini (1982, 1988), Chauí (1981, 2006, 2008) y Grimson (2012) fueron especialmente relevantes para dicho fin. La Garganta Poderosa pudo ser concebida, en este marco, como un discurso en diálogo con un contexto cultural concreto, en tensión con la industria cultural, la cultura académica y los medios de comunicación hegemónicos. La riqueza de su praxis pudo estimarse en función del objetivo de reposicionamiento de la cultura villera en el campo cultural, a partir del reconocimiento de su valor intrínseco.

La práctica de la revista debió interpretarse en relación con un contexto de dominación cultural, que impacta en la autonomía de los sujetos, su capacidad de autorrepresentación y sus prácticas culturales. La lectura de autores vinculados con el Pensamiento Decolonial, las Epistemologías del Sur y la Filosofía Intercultural resultó útil para complejizar las articulaciones entre la cultura y la afirmación de la identidad y autonomía de los sujetos, en relación con la colonialidad del poder (Quijano, 2000), la lógica monocultural (Panikkar, 2004) y la persistencia del pensamiento abismal (Santos, 2009). Evaluar el peso de estas situaciones de dominación en los procesos de identificación de grupos humanos y de sus producciones culturales permitió valorar las prácticas culturales de consumo (Certeau, 1980) y de reapropiación de sentidos (Briggs y Bauman, 1996), como prácticas que suponen una transformación de las fronteras de la hegemonía dentro de una configuración cultural. La cultura pudo entreverse como un espacio privilegiado para la desnaturalización de las lógicas de dominación, la resistencia contra la exclusión y el epistemicidio (Santos, 2009), y la emergencia de significados, prácticas y proyectos de vida alternativos. De esta manera, la reivindicación de la cultura como un derecho a ser ejercido por todos pudo ser concebida como un paso fundamental en la afirmación de la dignidad de un grupo humano, que puede redundar en la ampliación de sus derechos y de la noción misma de ciudadanía.

El caso analizado ayudó, a su vez, a comprender la importancia de una teoría que pueda advertir la riqueza irreductible de las prácticas culturales de los grupos subalternizados, valorando la agencia de los sujetos en todas las prácticas de consumo, reproducción y reconfiguración de contenidos culturales, aún en situaciones de dominación. Esto se vio, especialmente, en el nivel de las categorías de identificación, donde la reapropiación de categorías hegemónicas pudo interpretarse como una práctica autónoma y crítica, que da cuenta de la emergencia de algo “nuevo” en el campo cultural. El estudio del caso también permitió complejizar la mirada sobre las distinciones entre cultura popular y cultura de masas, para visibilizar y poner en valor prácticas y significados alternativos en espacios culturales marginales. A partir de la articulación de la teoría con el estudio de caso, fue posible advertir la significatividad del campo cultural y de la “batalla cultural” en la lucha de las subjetividades emergentes por la efectivización y la ampliación de sus derechos.

Finalmente, en lo que respecta al eje de análisis vinculado con la resistencia y el poder, el caso de La Garganta Poderosa resultó significativo para enriquecer y reformular aportes teóricos que tomen en cuenta positivamente la agencia de las subjetividades emergentes y que, en consonancia, contribuyan a redefinir la noción de ciudadanía.

En este sentido, una primera línea de análisis se vinculó con la superación del concepto de poder del pensamiento moderno-colonial, entendido como dominación. La puesta en duda de la lógica binaria implícita, que contrapone poder y resistencia (Mohanty, 2008), permitió revisar los aportes de la Filosofía de la Liberación (Dussel, 2008, 2009), cuya teoría de la resistencia, como negación de la dominación y afirmación de la dignidad de los sujetos dominados, no logra superar dicha lógica. Resultó por lo tanto interesante profundizar en una reconceptualización de la noción de poder, en la línea propuesta por autoras como Mahmood (2006), Mohanty (2008) y Chauí (1981, 2006, 2008): la agencia de los sujetos subalternizados debió encontrarse no sólo en los actos de resistencia a las normas, sino también en la forma en que las normas son incorporadas, resignificadas y representadas en el contexto de estructuras de poder determinadas. Nuevamente, la cultura se presentó, aquí, como un campo de acción que permite visualizar dicha agencia, a partir de la construcción de un sentido de poder directamente vinculado con la emergencia de lo nuevo y el ejercicio de nuevas formas de ciudadanía (Chauí, 2008).

Estas consideraciones llevaron a que, en un segundo momento, resultara imprescindible revisar el concepto de ciudadanía, para la reconfiguración del lugar del ciudadano y de sus ámbitos y modalidades de participación. Como se vio, la noción de poder como dominación se correspondía con una concepción de la ciudadanía como estatuto excluyente, que determinaba qué identidades eran “competentes” y estaban autorizadas a participar en el espacio público, a reclamar sus derechos y a negociar sus intereses (Bonilla, Vior, 2015). Una revisión de la teoría sobre el poder conllevaba, luego, la reconceptualización de la ciudadanía, y de las nociones de totalidad y universalidad, que sustentaban el concepto moderno-colonial. Así, la “ciudadanía cultural” (Chauí, 2006) y las “ciudadanías interculturales emergentes” (Bonilla, 2015) se presentaron como formas superadoras para la comprensión de la ciudadanía, en tanto están vinculadas con el ejercicio, la ampliación y la creación democrática de derechos (Chauí, 2006), en el marco del constante y conflictivo diálogo intercultural establecido por dentro y por fuera de los límites territoriales de un Estado nacional (Bonilla, 2015).

La lectura de La Garganta Poderosa planteó, por su parte, la pregunta por el sujeto que afirma y ejerce el poder, en el sentido que afirma un “nosotros” que recupera categorías de identificación hegemónicas a la vez que subraya la importancia, para su uso contrahegemónico, de su enunciación en primera persona, “desde adentro”. Esta tematización de los límites culturales, epistemológicos y éticos entre el “adentro” y el “afuera” permitió revisar el sujeto de la resistencia defendido desde la Filosofía de la Liberación (Dussel, 2008) y cuestionar la centralidad del lugar de enunciación y de producción de saberes para la liberación del “pueblo” de las teorías académicas. Por otro lado, la lectura de la revista acompañó la reconceptualización teórica de los conceptos de poder y ciudadanía, aportando nuevos elementos vinculados a la puesta en acto de nuevas formas de agencia y participación, que evidencian, desde la “batalla cultural”, la emergencia de lógicas alternativas al sistema vigente. En esta instancia fue posible, nuevamente, concluir en la importancia fundamental del reconocimiento de la dignidad y del valor de las prácticas culturales, como un derecho humano esencial para la ampliación de la ciudadanía y de los derechos ciudadanos.

La revista La Garganta Poderosa se presenta, en definitiva, como un caso de enorme interés para la formulación de una teoría que resulte útil para interpretar y promover la emergencia de nuevas subjetividades, el reconocimiento de nuevas prácticas, y la defensa y la ampliación de derechos. El corpus de revistas estudiado, que culmina en la publicación del primer ejemplar con una entrevista a un villero como nota de tapa, da cuenta de una trayectoria de empoderamiento que deja una huella en el sector de las industrias culturales, pero que también sienta un precedente en la afirmación de voces que contradicen los discursos hegemónicos, y en la disputa por la reconfiguración de los lugares de enunciación de los sujetos y de la legitimidad de sus discursos en nuestra sociedad. La práctica de La Garganta Poderosa es un testimonio de la agencia del “pueblo”; y su crecimiento, desde el 2010 hasta hoy, pone en evidencia los límites y las fisuras de la hegemonía y del sistema de dominación. Ciertamente, la revista renueva las subjetividades, los relatos, las prácticas y los saberes del espacio público, contradiciendo la supuesta totalidad cerrada de la hegemonía, desnaturalizando la lógica colonial de la dominación y reivindicando lógicas alternativas de organización y de participación ciudadana. Visibiliza y pone en valor, de esta forma, los márgenes de agencia que escapan a la dominación y que posibilitan la emergencia y el (auto)reconocimiento de las subjetividades que la hegemonía descarta como “incompetentes” (Chauí, 1981).

A lo largo de la tesis se evidenció la importancia del reconocimiento de este tipo de casos para el enriquecimiento y la reorganización de la teoría en función de un principio ético fundamental: la dignidad humana. Efectivamente, a partir del trabajo realizado, es posible concluir que dicho principio deberá reconocerse como regulador de toda teoría y de toda praxis como punto de unión entre la una y la otra. Las subjetividades emergentes sólo pueden afirmarse y liberarse de las situaciones de opresión sobre la base de dicho principio, que les permite reconocer su propio valor y el de sus reclamos y luchas. Es también a partir del reconocimiento de la dignidad de los sujetos oprimidos que pueden valorarse todas sus prácticas culturales y políticas, rompiendo dicotomías estigmatizantes y excluyentes que niegan su agencia y su poder. De la defensa de su dignidad por parte de un grupo humano depende que pueda hacerse oír de manera genuina todo reclamo por la efectivización de sus derechos, por la ampliación de derechos ya existentes y por la creación de nuevos derechos, para una reconfiguración de una ciudadanía que no sea excluyente. De esta manera, la dignidad humana puede advertirse como el nexo que vincula la resistencia y la ampliación de derechos con la defensa, en el campo cultural, de la autoridad narrativa de las subjetividades emergentes. La narrativa, la cultura y el poder se presentan como tres niveles que necesariamente deben articularse para la construcción de alternativas que permitan ampliar el horizonte de las prácticas y los derechos de los grupos humanos subalternizados.

De lo anterior podría deducirse que los aportes de este trabajo son, no sólo teóricos, sino también metodológicos. El estudio de La Garganta Poderosa reafirmó la importancia de articular la teoría con la práctica, para el redireccionamiento y el enriquecimiento de la primera a partir de los aportes de la segunda. La casuística permite, entre otras cosas, cuestionar algunas distinciones teóricas, repensar conceptos que no resultan siempre útiles para analizar lo que ocurre en la práctica, e incorporar nuevos parámetros de reflexión. El recurso al estudio de caso permite, en definitiva, solucionar “olvidos” de la teoría, que redundan en el silenciamiento de los sujetos concretos y la invisibilización del valor de sus prácticas, de tal modo que refuerza la necesidad de anteponer criterios éticos a la hora de evaluar una teoría. Así, el estudio de casos supone centrar la atención en las consecuencias prácticas de las teorías y visibilizar la imbricación entre la ciencia, el sentido común (Argumedo, 1993) y el contexto socio-cultural, para que la teoría pueda acompañar los reclamos de los sectores dominados. La articulación de la teoría con la práctica busca, en este sentido, construir un conocimiento filosófico integrado a una ecología de saberes (Santos, 2011), que pueda coexistir y nutrirse de los saberes derivados de la práctica concreta de los movimientos sociales, acompañando la construcción de alternativas y la ampliación de horizontes de posibilidad.

Recuperando las ideas expuestas al principio de este trabajo, estos aportes deberán valorarse en el marco de una redefinición de la filosofía como disciplina, para abandonar su consideración abstracta y escindida de su contexto sociocultural de producción. La filosofía deberá entenderse como una praxis histórica enraizada de un contexto sociocultural determinado, que está en constante construcción y reconstrucción a partir del polilogo (Estermann, 2006) o inter-conocimiento (Meneses, 2016) con las prácticas concretas que permiten transformar las situaciones de dominación. Incorporar el estudio de casos al proceso de conceptualización y teorización en filosofía implica hacerse cargo de la materialidad de la disciplina y de su ineludible pertenencia a la realidad concreta. Supone, además, partir del reconocimiento de la incompletud (Santos, 2011) de los saberes filosóficos producidos en la academia y la universidad, y de la necesidad de promover una articulación con los saberes producidos desde otros lugares de enunciación.

Deberá tenerse en cuenta, finalmente, la insuperable irreductibilidad de la realidad, que impide su comprensión absoluta desde cualquier teoría, por más dialógica que ésta pueda ser. Se abre, por lo tanto, en lo sucesivo, un constante trabajo de revisión, en el cual el pensamiento teórico siempre estará a la retaguardia de la lucha de los movimientos sociales (Santos, 2011).



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