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3 El apoyo de Antonio Gramsci a la Revolución de Octubre

Christian Rath

Introducción

En 1917, cuando tenía sólo veintiséis años, Antonio Gramsci fijó posición sobre la Revolución Rusa. Era, en ese momento, un joven dirigente del Partido Socialista Italiano (PSI), un partido en franco crecimiento, con representación parlamentaria y liderazgo en la central sindical, un ascendiente que ganó, en parte, al repudiar la Primera Guerra Mundial, no alinearse con la burguesía italiana y desprenderse del ala chauvinista incrustada en sus propias filas. Sostenemos que no existe una continuidad en el pensamiento de Antonio Gramsci y sus elaboraciones a lo largo de su vida política y éstas deben apreciarse en relación con el tema en consideración, a la intervención de la clase obrera, a su lucha al interior del PSI y luego del Partido Comunista Italiano (PCI) y al período de la lucha de clases. Como, a nuestro juicio, se expresa en la posición elaborada sobre la Revolución Rusa.

El impacto de la Revolución

El estallido de la Revolución Rusa produjo un extraordinario impacto en el socialismo italiano. Gramsci apoyó la Revolución Rusa a través de aproximaciones empíricas en las que advertía que los bolcheviques saltarían las etapas preconcebidas por el mecanicismo marxista, según el cual no habría revolución en Rusia sin un desarrollo previo y pleno del capitalismo y de la clase obrera – posición que habían enarbolado los marxistas “legales” entre los cuales Pléjanov haya sido quizás el más eminente-. En un texto de julio de 1917 Gramsci denunciará a Kerenski, Tseretelli, Chernov[1] como protagonistas del “estancamiento de la revolución”, en oposición a los “maximalistas” que “encarnan la idea límite del socialismo: quieren todo el socialismo”. A los “maximalistas” (bolcheviques) asigna la posibilidad de concretar la realización del socialismo en cualquier momento, un planteo nacido de la voluntad de acción y la convicción de ideas que rescataba del liberalismo italiano. Gramsci sostiene, en este momento, que Lenin y sus compañeros:

…son revolucionarios, no evolucionistas. Y el pensamiento revolucionario niega que el tiempo sea factor de progreso. Niega que todas las experiencias pasadas entre la concepción del socialismo y su realización deban tener una comprobación absoluta e integral en el tiempo y en el espacio (Gramsci, 1917)[2].

Un año después denuncia a los “filisteos” que no pueden concebir el desarrollo social por fuera de los esquemas establecidos y según los cuales a la economía patriarcal y feudal siempre debe suceder la economía y el orden político de la burguesía. Avanza en su elaboración y exclama: “¿Dónde estaba en Rusia la burguesía capaz de realizar esa tarea? Y si su dominio es una ley natural, ¿cómo esa ley natural no ha funcionado?” (Gramsci, 1999: 48). En definitiva, “la burguesía ha intentado imponer su dominio y ha fracasado”. Este salto de etapas habría sido el fruto, en su concepción, de la libre afirmación de las energías individuales y colectivas que ha llevado a la dictadura del proletariado y al “orden” de esta clase social. Este “orden” no sería el socialismo, al que Gramsci definió en ese entonces de modo ambiguo, como un producto de una evolución de “momentos sociales cada vez más ricos en valores colectivos.” (Gramsci, 1999: 49)[3]

En su elaboración sobre la dictadura del proletariado, Gramsci parece innovar: ésta tendría por función garantizar la libertad, a través de órganos permanentes – los soviets, los partidos populares – en los que debería disolverse luego de haber cumplido su función el Estado obrero, pero está soslayada la función esencial de la dictadura, que es el aplastamiento de la contrarrevolución. ¿Hay un punto de conexión entre este planteo y la aseveración del dirigente italiano sobre el jacobinismo? Gramsci saluda que la Revolución Rusa haya “ignorado el jacobinismo” y caracterice a éste como “fenómeno puramente burgués”. El dirigente político italiano no había leído, con seguridad, el texto contemporáneo de Lenin sobre el punto: “Los historiadores de la burguesía ven en él (el jacobinismo) una caída. Los historiadores del proletariado, por el contrario, ven en el jacobinismo uno de los puntos culminantes de la lucha de emancipación de la nación oprimida. Los jacobinos dieron a Francia los mejores ejemplos de revolución democrática y de resistencia frente a la coalición monárquica contra la república… Los obreros y trabajadores conscientes creen en el paso del poder a la clase revolucionaria, oprimida, pues esa es la esencia del jacobinismo” (Lenin, 1960)[4]. No es, de todos modos, una “brecha” entre Lenin y Gramsci, sino una elaboración del pensador italiano con los datos del momento que no llegaría a cristalizar y sería retomada más tarde por otros autores, sin su participación.

Si se escarba en este debate se puede obtener otra conclusión. Gramsci escribió en abril de 1917 que la Revolución Rusa no había conocido el jacobinismo porque, para él, debía transitar por un gobierno de la mayoría revolucionaria, sancionado incluso electoralmente por la Asamblea Constituyente a la que se había comprometido el Gobierno Provisional. No sería necesaria una dictadura jacobina -propia de la revolución burguesa-. Gramsci se equivocó, pero en su defensa puede decirse que, en abril de 1917, su punto de vista era compartido por una parte importante de los dirigentes bolcheviques y, por otra parte, no conocía los debates en el seno del partido revolucionario ni las Tesis de Abril.

Más de un año después de sus primeras elaboraciones sobre la Revolución Rusa, Gramsci hizo una exposición mucho más elaborada del proceso revolucionario que lo acercó al concepto de revolución permanente:

Basándose en el estudio crítico profundo de las condiciones económicas y políticas de Rusia, de los caracteres de la burguesía rusa y de la misión histórica del proletariado ruso, Lenin había llegado ya en 1905 a la conclusión de que, por el alto grado de consciencia del proletariado y dado el desarrollo de la lucha de clases, toda lucha política en Rusia se transformaría necesariamente en lucha social contra el orden burgués. (…) la burguesía tuvo miedo de todo movimiento político en el que participara el proletariado y se hizo sustancialmente contrarrevolucionaria por necesidad histórica de conservación (Gramsci, 1999: 53-54).

Una omisión significativa

Lo más importante es que, en su razonamiento frente a la Revolución Rusa, está ausente la perspectiva de la revolución mundial. La Revolución de Octubre, sin embargo, alteró todas las caracterizaciones previas desde el momento que se produjo en un marco histórico totalmente diferente al de las revoluciones democráticas pasadas. La unificación de la economía mundial y la transformación del capitalismo de libre competencia en capitalismo imperialista crearon el escenario histórico en el que se operó, por primera vez, la descomposición del modo capitalista de producción y el ingreso a una fase de transición hacia la organización socialista. Un país atrasado, considerado aisladamente, puede no estar preparado para el socialismo, pero sí lo están la economía y política mundiales en las cuales la revolución nacional y democrática puede insertarse y actuar como palanca de la revolución socialista internacional. No es la perspectiva que Gramsci avizoraba para la Revolución Rusa en ese entonces. Respondiendo a una pregunta imaginaria: ¿Cuál es la perspectiva de la Revolución Rusa? responderá:

El proletariado ruso, educado de un modo socialista, empezará su historia partiendo del estadio máximo de producción al que ha llegado la Inglaterra de hoy, porque, puesto que tiene que empezar, empezará por lo que en otros países está ya consumado, y de esa consumación recibirá el impulso para conseguir la madurez económica que, según Marx, es la condición necesaria del colectivismo. Los revolucionarios mismos crearán las condiciones necesarias para la realización completa y plena de su ideal (Gramsci, 1999: 36)[5].

El análisis no está fundado metodológicamente en la evolución de la economía mundial, en su conjunto, en este periodo histórico, sino en un país capitalista tomado como modelo, algo cada vez menos posible de concebir en la medida que el desarrollo capitalista alcanza a todos los países, al margen de su evolución anterior y su nivel económico.

Respondiendo a una pregunta similar: ¿Cómo se presentaba el partido a sí mismo el desarrollo ulterior de la revolución y que esperaba de ella? León Trotsky se respondía, años más tarde:

La política oficial de la Unión Soviética parte de la teoría del ´socialismo en un solo país´…la realidad histórica no tiene nada que ver con este mito”. “Con una extrema simplicidad, Lenin explicaba el sentido de la estrategia bolchevique al final del quinto año siguiente a la toma del poder. ´Cuando, en nuestros tiempos, inauguramos la revolución internacional actuamos así no porque estuviésemos convencidos de poder determinar de antemano el movimiento, sino porque numerosas circunstancias nos empujaban a comenzar esta revolución. Pensábamos: o bien la revolución internacional vendría en nuestra ayuda, y entonces nuestras victorias estarían completamente aseguradas, o bien cumpliremos nuestro modesto trabajo revolucionario, comprendiendo que en caso de derrota habríamos servido a la causa de la revolución, y que nuestra experiencia sería de determinada utilidad para otras revoluciones. Teníamos claro que sin el apoyo de una revolución internacional, mundial, la victoria de la revolución proletaria era imposible… pensábamos: enseguida, o al menos muy pronto, estallará la revolución en el resto de países, en aquellos que están más desarrollados en el plano capitalista, o en caso contrario, pereceremos (Trotsky, 1969).

“La revolución contra ‘El Capital’”

Una gran parte de los investigadores de la elaboración del pensador italiano concentraron la mirada sobre la provocadora nota que, con este título, dio a conocer después de la Revolución de Octubre y no en la vasta y sucesiva producción que dedicó al tema. Efectivamente, Gramsci interpretó la Revolución Rusa como una refutación de los pronósticos de Marx. La Revolución Rusa es una revolución contra ´El Capital´, escribió, atribuyéndole a Marx el evolucionismo de los reformistas de la II Internacional y de los mencheviques, ubicándose en un campo anti evolucionista y anti positivista. Dirá Gramsci:

…si los bolcheviques reniegan de algunas afirmaciones de El Capital, no reniegan, en cambio, de su pensamiento inmanente, vivificador. No son “marxistas”, y eso es todo; no han levantado sobre las obras del maestro una exterior doctrina de afirmaciones dogmáticas e indiscutibles. Viven el pensamiento marxista, el que nunca muere, que es la continuación del pensamiento idealista italiano y alemán, y que en Marx se había contaminado con incrustaciones positivistas y naturalistas. Y ese pensamiento no sitúa nunca como factor máximo de la historia los hechos económicos en bruto, sino siempre el hombre, la sociedad de los hombres, de los hombres que se reúnen, se comprenden, desarrollan a través de esos contactos (cultura) una voluntad social, colectiva, y entienden los hechos económicos, los juzgan y los adaptan a su voluntad hasta que ésta se convierta en motor de la economía… (Gramsci, 1999: 34-35).

El joven Gramsci exaltará el valor de la propaganda en el nivel de conciencia y organización del movimiento revolucionario. Dirá:

La predicación socialista ha creado la voluntad social del pueblo ruso. ¿Por qué había de esperar que se renovase en Rusia la historia de Inglaterra, que se formase en Rusia una burguesía, que se suscitara la lucha de clases y que llegara finalmente la catástrofe del mundo capitalista? (Gramsci, 1999: 36).

La propaganda socialista tendría así la virtud de suscitar la voluntad revolucionaria, capaz de actuar con independencia de las etapas del desenvolvimiento económico y social, incluso, aunque ésta no sea mayoritaria; “…el pueblo ruso ha pasado por todas estas experiencias, aunque haya sido con el pensamiento de una minoría.” Se puede debatir el concepto que Gramsci pretendió desenvolver al hablar de una “voluntad social, colectiva” que juzga y adapta los hechos económicos hasta dominarlos: ¿No permite acaso una interpretación de otro tipo, referida a la intervención de una vanguardia y de la propia clase obrera?

Gramsci afirmará, con relación a la revolución soviética:

El Capital, de Marx, era en Rusia el libro de los burgueses más que de los proletarios. Era la demostración crítica de la fatal necesidad de que en Rusia se formara una burguesía, empezara una Era capitalista, se instaurase una civilización de tipo occidental, antes de que el proletariado pudiera pensar siquiera en su ofensiva, en sus reivindicaciones de clase, en su revolución (Gramsci, 1999: 34).

Lo que Gramsci difícilmente haya conocido

Nadie puede pretender que el líder italiano conociera las elaboraciones del propio Marx o de Engels desmintiendo estas caracterizaciones. En el final de una respuesta epistolar a Vera Zasúlich[6] sobre la comuna rural rusa -que sería conocida recién en 1924-, Marx había escrito, retomando su análisis de la génesis de la producción capitalista en El Capital que:

Al tratar de la génesis de la producción capitalista, yo he dicho que su secreto consiste en que tiene por base “la separación radical entre el productor y los medios de producción” y que “la base de toda esta evolución es la expropiación de los agricultores. Esta no se ha efectuado radicalmente por el momento más que en Inglaterra… Pero todos los demás países de Europa Occidental siguen el mismo camino”.

Por tanto, he restringido expresamente la “fatalidad histórica” de este movimiento a los países de Europa Occidental. Y ¿por qué? Tenga la bondad de comparar el capítulo XXXII, en el que se dice: “…La propiedad privada, basada en el trabajo personal…, está siendo suplantada por la propiedad privada capitalista, basada en la explotación del trabajo ajeno, en el trabajo asalariado”

Por tanto, en resumidas cuentas, tenemos el cambio de una forma de la propiedad privada en otra forma de propiedad privada. Habiendo sido jamás la tierra propiedad privada de los campesinos rusos… (Marx y Engels, 1881).

El análisis presentado en El Capital –concluirá Marx en su carta– no da, pues, razones en pro ni en contra de la vitalidad de la comuna rural, pero el estudio especial que de ella ha hecho lo termina convenciendo de que esta comuna es el punto de apoyo de la regeneración social en Rusia (a condición de) asegurarle las condiciones para un desarrollo espontáneo.

En 1882, en el prefacio a la traducción rusa de Pléjanov del Manifiesto Comunista, Marx y Engels plantearon lo siguiente:

En Rusia, encontramos que en contraste con el creciente sistema capitalista y con el flamante sistema burgués de propiedad rural, más de la mitad de la tierra es de propiedad común de los campesinos. La cuestión crucial es ésta: ¿puede la obstchina (comunidad aldeana) rusa, una forma ya seriamente minada de la antigua propiedad comunal, transformarse directamente en la forma superior de propiedad comunista de la tierra o tendrá que pasar por el mismo proceso de descomposición que exhibió el curso de la evolución histórica de Occidente? Hoy solo existe una única respuesta posible a esta pregunta. Si la revolución rusa da la señal para una revolución proletaria de Occidente, de manera que la una complemente a la otra, la forma prevaleciente de la propiedad de la tierra en Rusia puede ser el punto de partida para una evolución comunista (Marx, 1965: 228).

Es decir, el propio Marx elaboró aportes y formuló interrogantes que la II Internacional, primero, y el estalinismo, después, censuraron deliberadamente, incluso en vida de Gramsci. Riazanov[7] exhumó los borradores de la carta y la carta de Marx en ruso a Vera Zasúlich recién en 1924, pero los textos volvieron a ser enterrados como parte de la reescritura de la historia rusa consumada por el estalinismo, una falsificación que empalidece cualquier objetivo. El análisis de Marx sobre la política y la diplomacia rusa, desde Iván hasta los Romanov, fue reemplazado por la historiografía de la burocracia de la URSS, orientada a la glorificación de la política anexionista y expansionista del zarismo, un sendero por el que hoy transita el régimen encabezado por Vladimir Putin[8]. En esa mutilación monstruosa cayó la última elaboración de Marx sobre Rusia, aquella que advirtiera sobre la posibilidad de que la revolución en el imperio de los zares se convirtiera en el punto de partida de la revolución obrera en Occidente.

Un año después de la Revolución de Octubre, comenzará a abrirse paso la revolución en Italia, se desenvolverán los Consejos de Fábrica y la lucha al interior del Partido Socialista. Gramsci será, en este período, protagonista de un capitulo esencial de su vida política. El desafío de abordarlo queda planteado.

Bibliografía

Gramsci, Antonio [1917] Los maximalistas rusos son la misma revolución rusa. Il Grido del Popolo (28 de julio). Recuperado el 16 de octubre de 2017 de www.gramsci.org.ar

Gramsci, Antonio (1999) Antología, Siglo XXI: Buenos Aires.

Lenin [1917] (1960) “¿Puede asustarse a la clase obrera con el jacobinismo?”. Obras Completas, Tomo XXV. Buenos Aires: Cartago.

Marx, C. y Engels, F. (1881). Proyecto de respuesta a la carta de V. I. Zasulich. Recuperado el 16 de octubre de 2017, de https://www.marxists.org/espanol/m-e/1880s/81-a-zasu.htm

Rubel, Maximilien (ed.) (1965) Marx y Engels contra Rusia. Buenos Aires: Ediciones Libera.

Trotsky, León [1934] (1969) “Le socialisme dans un seul pays?”. L’Internationale communiste aprés Lénine, Tomo II. Paris: Presses Universitaires de France.


  1. En estos -mencheviques y social-revolucionarios- se representaba a los sectores políticos que fueron criticados por Gramsci. Kerensky, Chernov (ambos social-revolucionarios) y Tseretelli (menchevique) conformaron la plana mayor del gobierno de coalición surgido luego de la crisis abierta en abril de 1917 y la posterior caída de Georgi Lvov como presidente del gobierno provisional. Fue Kerensky quien ocupó este rol desde julio a noviembre de 1917, Chernov fue ministro de agricultura entre mayo y septiembre del mismo año. Tseretelli ocupó, entre julio y agosto, el cargo de ministro del interior.
  2. Esta frase fue extraída del semanario Il grito del popolo, periódico socialista publicado desde el año 1892 hasta la segunda guerra mundial.
  3. Estas citas fueron publicadas originalmente en Avanti, órgano del PSI. El texto del que fue extraído lleva por nombre Utopia, con fecha 25 de julio de 1918 y recopilado en la Antonio Gramsci Antología, selección y traducción de Manuel Sacristán y editado por Siglo XXI.
  4. El destacado pertenece al original.
  5. Artículo publicado en Il grido del popolo el 5 de enero de 1918 bajo el título La revolución contra ‘El Capital’. El destacado pertenece al original.
  6. La carta a Vera Zasúlich fue enviada por Marx el 8 de marzo de 1881. El esbozo de esta carta puede ser consultada en https://www.marxists.org/espanol/m-e/1880s/81-a-zasu.htm
  7. El plan para una edición histórica y crítica de las obras de Marx y Engels (MEGA, por sus siglas en alemán) presentado por David Riazanov fue aprobado por el gobierno soviético en 1922 e iba a comprender cuarenta volúmenes. De ellos Riazanov no pudo publicar más de cinco, porque fue defenestrado en 1931 por la burocracia estalinista, que impugnó su escrupulosidad en la elaboración de la historia del partido. Esta burocracia ordenó su fusilamiento en 1938, luego de negarse a “confesar”. Entre los documentos inéditos de la edición nunca consumada estaba la primera parte de un manuscrito de La Ideología Alemana y la correspondencia entre Marx y Vera Zasulitch en torno a Rusia, que aquí comentamos.
  8. Vladimir Putin ocupa, al momento de escribir este texto, el cargo de presidente de la Federación Rusa desde el 7 de mayo de 2012 hasta la actualidad, luego de un interregno de cuatro años de Dmitri Medvédev, que lo separan de sus primeros dos mandatos ocurridos desde el año 2000 hasta el 7 de mayo de 2008.


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