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4 El valor revolucionario de Historia
y conciencia de clase de Georg Lukács

Diego Bruno

Introducción

Hacia fines de 1918 se terminaba la Primera Guerra Mundial y una oleada revolucionaria inspirada en la reciente Revolución Bolchevique comenzaba a expandirse por Europa. En ese contexto, el filósofo húngaro Georg Lukács se incorporaba al Partido Comunista de su país a escasos días de su fundación. Junto a su activa participación militante en la insurrección que proclamará la efímera República Soviética Húngara (1919) comenzará también a escribir los ensayos que serán parte de Historia y conciencia de clase (1923), su obra teórica fundamental. En el presente escrito nos proponemos desarrollar los aportes más significativos que esta obra, entendemos, ha brindado a la filosofía marxista y a la causa del socialismo revolucionario, teniendo en cuenta su contexto histórico y las polémicas que se desarrollaron al interior el marxismo de la época, en torno a la estrategia, las condiciones objetivas del capitalismo y la acción revolucionaria.

La crítica de la “ortodoxia”

Gran parte de la obra publicada en 1923 fue escrita durante su exilio en Viena, luego que la República Soviética Húngara fuera disuelta en agosto de 1919 y la represión desatada contra la clase obrera y los comunistas obligara a Lukács a pasar a la clandestinidad. Es importante señalar que durante el breve período que duró el gobierno revolucionario, Lukács jugó un rol protagónico y fue nombrado vicecomisario del pueblo para la educación. Ya en la capital austríaca se convertirá en uno de los dirigentes más importantes del Partido Comunista húngaro y a partir de 1921 participará plenamente de las actividades de la Internacional Comunista.

Una vez publicada, Historia y conciencia de clase no será bien recibida en los círculos ortodoxos del marxismo de la época. El rechazo vendrá tanto de la II Internacional a través de su principal teórico Karl Kautsky como de la III Internacional dirigida por Zinoviev. La principal de las acusaciones o críticas consistía en las “desviaciones de izquierda” en que incurrían las tesis principales de la obra, dado que éstas hacían hincapié en el rol fundamental de la subjetividad en el proceso revolucionario. Sus antecedentes “izquierdistas” en el proceso revolucionario reciente, con posicionamientos más cercanos al “consejismo” de Rosa Luxemburgo que a las posturas de Lenin[1], evidentemente eran una carga que todavía seguía pesando al interior de la polémica partidaria. Tampoco cayó bien a la ortodoxia comunista el subtítulo de la obra Estudios de dialéctica marxista, debido a que no se utilizaba el término “materialismo”, un rasgo fundamental de la filosofía marxista ampliamente desarrollado por Engels.

Sin embargo ¿esto era realmente así? Para arribar a una respuesta debemos primero analizar contra qué posiciones teóricas y posicionamientos políticos derivados de ellas está polemizando Lukács en la primera mitad de los años ’20. En segundo lugar, creemos que no se puede hacer un análisis preciso de las posiciones teórico-políticas de Lukács en este período si no vinculamos Historia y conciencia de clase a otras dos obras contemporáneas: Lenin (1924) y Seguidismo y dialéctica (1926), esta última dada a conocer hace pocos años. El conjunto de estos escritos dará cuenta de una identidad en las posiciones teórico-políticas y, a nuestro entender, son los aportes más importantes del autor al marxismo revolucionario antes de que se produjera un giro radical en sus concepciones una vez consolidado el dominio estalinista en el comunismo internacional.

Al rescate de la subjetividad revolucionaria

La labor teórica del filósofo húngaro en este período consistirá en recuperar para el marxismo el rol del elemento subjetivo y fundamentalmente su concepción dialéctico-histórica del sujeto/objeto. Para esto Lukács no hará otra cosa sino recuperar a Hegel, cuya filosofía había sido dejada de lado por los principales teóricos de la II Internacional. Como ya había señalado Lenin, la filosofía clásica alemana, y particularmente la dialéctica hegeliana, era una de las tres fuentes y partes constitutiva del marxismo[2]. Esta reevaluación de Hegel por Lukács fue mucho más allá de una cuestión meramente genealógica, y sus principales tesis teóricas iban a ejercer una influencia profunda, coincidieran o no, en la tradición posterior del llamado marxismo occidental[3].

Para Lukács, el origen del reformismo de la socialdemocracia de la II Internacional coincidía con el abandono de las raíces hegelianas del pensamiento marxista. Era, fundamentalmente, una cuestión de método, se había sustituido la dialéctica revolucionaria del sujeto/objeto por una filosofía evolucionista en donde las leyes objetivas del desarrollo histórico eran las encargadas del devenir socialista de la humanidad. Se dejaba de lado el rol fundamental de la subjetividad en este proceso.

La concepción dialéctica, en cambio, entiende el devenir histórico como una continua interacción entre lo subjetivo y lo objetivo. Entre la acción revolucionaria y las leyes de funcionamiento del capital. La conciencia también es constitutiva del mundo y no un simple reflejo mecánico de la realidad objetiva. En la raíz del marxismo está la idea de que la interpretación del mundo está siempre en función de la praxis. La acción revolucionaria del proletariado no puede darse sino como una identidad entre conciencia y realidad objetiva. Una identidad del sujeto con el objeto de conocimiento. En donde la subjetividad se vuelve objetiva y viceversa. Señala Lukács:

Esta relación de la conciencia con la realidad es lo que realmente posibilita la unidad de la teoría con la práctica (…) Sólo si está dada una situación histórica en la cual el correcto conocimiento de la sociedad resulta ser para una clase condición inmediata de su autoafirmación en la lucha; sólo si para esa clase su autoconocimiento es al mismo tiempo un conocimiento recto de la entera sociedad; y sólo si, consiguientemente, esa clase es al mismo, para ese conocimiento, sujeto y objeto del conocer y la teoría interviene de este modo inmediata y adecuadamente en el proceso de subversión de la sociedad: sólo entonces es posible la unidad de la teoría y la práctica, el presupuesto de la función revolucionaria de la teoría (1987: 75).

Por todo esto, la esencia metódica del materialismo histórico, su conocimiento de la realidad, no puede separarse de la “actividad práctico-crítica” del proletariado: ambos son momentos del mismo proceso de desarrollo de la sociedad. Para Lukács, el planteamiento neopositivista del austromarxismo, que plantea la separación metódica de la “pura” ciencia del marxismo respecto del socialismo, es un pseudo problema como todas las cuestiones análogas. El método marxista, como conocimiento de la realidad, no se consigue más que desde el punto de vista de clase, desde el punto de vista de la lucha del proletariado (1985: 97). El rol de la subjetividad en el proceso de conocimiento tiene que ver con esta determinación práctica de los actos de conciencia, en donde se ponen en juego los intereses y objetivos del sujeto cognoscente.

Esto último no significa, en modo alguno, que el conocimiento de los intereses históricos del proletariado como clase, o la actitud metódica respecto de aquél, se den en el proletariado (y aún menos en el proletariado individual) de un modo natural e inmediato. El papel dirigente del proletariado en la revolución tiene su fundamento objetivo debido al lugar que ocupa en el proceso capitalista de producción. Sin embargo, la conciencia de esta situación, su conciencia de clase, no nace en él de manera progresiva y espontánea, sin tropiezos ni regresiones, como si pudiera desarrollar ideológicamente su misión revolucionaria a partir tan solo de su posición de clase. Pensar esto último sería aplicar el marxismo de manera mecánica (2004: 32). Las polémicas contra la Segunda Internacional apuntan justamente a esta imposibilidad de una transformación puramente económica del capitalismo en socialismo. A menudo existe una brecha muy significativa entre la “madurez” de las condiciones objetivas (derrumbe capitalista e intensificación del sufrimiento de las masas) y el nivel de conciencia de la mayoría de los trabajadores que no logra comprender claramente las fuentes de su miseria y qué hacer para acabar con ella. Las malas condiciones de existencia no se reflejan inevitablemente en un cada vez mayor grado de conciencia revolucionaria por parte de los trabajadores. La incomprensión de este problema por parte del marxismo economicista-objetivista lleva a la conclusión errónea de que la ausencia o el fracaso de la revolución demuestra su imposibilidad debido a que las condiciones “objetivas” de la crisis capitalista no estaban lo suficientemente maduras. (2000: 66-68)

Ante esta imposibilidad de una transformación mecánica de las condiciones objetivas en subjetivas, Lukács plantea que Lenin fue el primero en atacar este problema en su dimensión teórica y en su aspecto práctico más importante: el de la organización revolucionaria. Centrado en este rol activo de la subjetividad, Lukács toma nota de la perspectiva formulada por Lenin durante la crisis de la Primera Guerra Mundial:

Porque no es el caso de que de cada situación revolucionaria se desprenda una revolución, para desembocar en una situación tal es necesario que además de las condiciones objetivas, se desarrolle el factor subjetivo, a saber, la capacidad de las organizaciones revolucionarias para llevar acciones revolucionarias de masas que sean lo suficientemente fuerte como para acabar con el antiguo régimen, que nunca, ni siquiera en un período de crisis, colapsa, a menos que uno lo haga estallar (2000: 50-51 y 101).

La clave del leninismo radica en esta suficiente autonomía relativa del factor subjetivo que incide de manera determinante en la situación objetiva. Existe una dialéctica de los factores subjetivos/objetivos, una interacción que se opone a la inevitabilidad del socialismo del fatalismo objetivista. En este sentido agrega Lukács, los éxitos o fracasos del movimiento obrero, las acciones subjetivas y sus consecuencias, conforman posteriormente realidades objetivas que condicionan las acciones futuras de la clase obrera, lo que significa que las “causas objetivas eran …previamente subjetivas” (2000: 52 y 55). El enfoque marxista no puede sino fundarse en esta compleja interacción concreta de ambos factores.

Como se puede ver, el rescate del rol subjetivo en Historia y conciencia de clase es fundamental para recuperar el rol revolucionario del marxismo en un contexto en donde la ola revolucionaria desatada por la Revolución Rusa comenzaba a disiparse producto de un conjunto de derrotas (Alemania, Hungría e Italia) que inevitablemente golpearon la confianza revolucionaria del proletariado. Pero fundamentalmente por la adaptación a los hechos consumados (de ahí su objetivismo metodológico) que comenzaba a manifestar la dirección del comunismo internacional. La función básica de la Comintern sería la de “defender y fortalecer a la Unión Soviética” y ya no promover el comunismo a escala internacional, cuestión que Stalin postuló con insistencia como parte de su política de socialismo en un solo país que sería implantada en la URSS.

La insistencia en la importancia del factor subjetivo jugaba su rol revolucionario en un contexto que propiciaba abandonar la lucha por la revolución. Si bien era fácil para los sectores de la ortodoxia acusar a Lukács de voluntarista o izquierdista, ésta no dejaba de ser una crítica superficial. Por un lado, como señalamos antes, por el papel político que jugaba esta posición teórica frente al adaptacionismo objetivista de las direcciones. Pero, por otro, porque Lukács rescata la subjetividad desde una posición dialéctica. Es decir, en interacción con los elementos objetivos del desarrollo histórico. No hay aquí un abordaje unilateral (espontaneísta) y esto quedará aún más claro con las publicaciónes de Lenin (2004) en 1924 y, fundamentalmente con el manuscrito de 1926 Seguidismo y dialéctica. En defensa de Historia y Conciencia de clase (2000). Como lo señala la segunda parte del título de esta obra, Lukács se encargara de defender las tesis centrales de su obra y refutar las acusaciones de subjetivismo que se le endilgan. Sin embargo, este último texto no será publicado en la época porque Lukács entenderá que esta era una disputa que debía librarse al interior del comunismo, en un contexto internacional que comenzaba a ser adverso a los planteamientos revolucionarios. Aunque también las presiones de censura sobre aquellas posiciones que disentían con la línea oficial de la Comintern comenzaban a su vez a ser cada vez más duras, hasta que finalmente los debates terminaran totalmente clausurados a finales de la década del ’20.

Totalidad y objetividad

El abandono de la dialéctica por parte de la “ortodoxia” llevará al marxismo a recaer en un materialismo vulgar, fundamentalmente empirista, que impedirá hacer un análisis de conjunto, es decir, de la totalidad del proceso; de la compleja interacción de los factores objetivos y subjetivos, ya sea en el plano del conocimiento como en el del devenir histórico. Para Lukács es obvio que el conocimiento de la realidad parte de los hechos concretos, pero señala:

…el conocimiento de los hechos no es posible más que en ese contexto que articula los hechos individuales de la vida social en una totalidad como momentos del desarrollo social. Este conocimiento parte de las determinaciones naturales, inmediatas, puras, simples (en el mundo capitalista) para avanzar desde ellas hasta el conocimiento de la totalidad concreta como reproducción intelectual de la realidad. Esta totalidad concreta no está en modo alguno dada inmediatamente al pensamiento (1985: 82).

Es el producto de una elaboración teórica del sujeto y, parafraseando a Marx, añade que “el idealismo sucumbe en este punto a la ilusión que consiste en confundir ese proceso mental de reproducción de la realidad con el proceso de construcción de la realidad misma” (1985: 82).

Esta misma concepción es la que desarrolla en Seguidismo y Dialéctica, pero en un plano político. Lukács hace una distinción entre la conciencia revolucionaria de la clase obrera y la conciencia real de los trabajadores. Aquí el partido, señala, juega un papel esencial en el establecimiento y difusión de la conciencia de clase verdadera. Pero, se pregunta:

¿Qué es lo que hace que una conciencia sea más verdadera o correcta que otra? La respuesta es simple: porque una conciencia corresponde a la posición económica y social de la clase en su totalidad, mientras que la otra se queda en la inmediatez de los intereses particulares y temporales (2000: 71-72).

La perspectiva, entonces, que implica una visión de conjunto de los hechos, es decir, una visión de la totalidad (histórica) de la realidad social y del lugar que se ocupa en ella, ofrece pautas más adecuadas, no solo para la comprensión de la realidad objetiva, sino para la transformación de ella. Por esto mismo, para Lukács, un nivel de conciencia tal no puede surgir espontáneamente sino que debe implicar un cierto grado de deliberación y compresión por parte de la vanguardia obrera. Si no hay comprensión de la situación objetiva en su totalidad, la realidad se impone, como al empirista los hechos, y no hay subjetividad transformadora sino contemplativa.

Llegado a este punto, es importante remarcar entonces que para el Lukács de los años ’20, claramente influenciado por el pensamiento de Lenin, la recuperación de la subjetividad frente al economicismo de la II internacional, no implica la negación de la supremacía de las fuerzas objetivas materiales que condicionan en conjunto el proceso histórico. En Lenin señala claramente:

Los acontecimientos y situaciones que van sucediéndose son, de todos modos, fruto de las fuerzas económicas de la producción capitalista, fuerzas cuya influencia determinante acontece de manera ciega, como sucede con las leyes de la naturaleza. Pero tampoco de manera mecánica y fatalista (2004: 40).

En este período de su pensamiento nunca abandona el materialismo epistemológico que es una piedra fundacional del pensamiento marxista. El rol de la subjetividad se inserta siempre en una relación concreta de lo subjetivo/objetivo que, para el marxismo, puede resumirse en la conocida frase de El Dieciocho Brumario de Luis Bonaparte:

Los hombres moldean su propia historia, pero no la hacen libremente, influidos por condiciones que ellos han elegido, sino bajo las circunstancias con que se tropiezan inexorablemente, que están ahí, transmitidas por el pasado (Marx, 1998:13).

Estas circunstancias son el resultado de todo un desarrollo histórico que es preciso develar científicamente para poder actuar en función de una transformación de dichas circunstancias.

Aquí vale la apreciación de Lukács acerca de que, la escisión del movimiento obrero, tiende cada vez más a adoptar la forma de una controversia en torno a la caracterización general de la época. Controversia sobre si ciertos fenómenos económicos (concentración del capital, colonialismo, etc.) son sólo estadios cuantitativamente superiores de la evolución normal del capitalismo o vienen a insinuar, por el contrario, la inminencia de una nueva época del capitalismo (imperialismo). Controversia en torno a si las guerras, cada vez más frecuentes, han de ser consideradas como algo episódico o bien han de ser consideradas como signos de un período en el que irán desarrollándose guerras cada vez más violentas. En función de una u otra caracterización de las condiciones objetivas es que se derivaran distintos métodos de lucha del proletariado (2004: 48).

La historia y la conciencia de clase

La conciencia revolucionaria se desarrolla entonces a través de la experiencia de una lucha de conjunto, es decir, histórica y no limitada a la discusión del precio de la fuerza de trabajo. La conciencia de clase implica una lucha política contra el Estado y el conjunto de la organización social capitalista. Hay una unidad metodológica entre la idea objetiva de que el capitalismo ya no puede dar ninguna salida positiva a las necesidades más elementales de las masas (derrumbe) y la conciencia revolucionaria.

Este tipo de análisis no puede surgir espontáneamente y en consecuencia Lukács reivindica la idea de Lenin del ¿Qué hacer? acerca de que la conciencia revolucionaria solo puede ser introducida en los trabajadores desde afuera, es decir, desde las organizaciones de revolucionarios que dan una lucha sistemática por derrotar al capitalismo. Esta tesis de Lenin, muchas veces criticada como elitista, sin embargo está en la génesis misma del marxismo ya que, después de todo, la extracción social de Marx y Engels era no proletaria. La cuestión consiste, en realidad, en explicar por qué es posible un desarrollo teórico como el de Marx y Engels. Lukács señala que los que acusan a Lenin, en realidad, no ven la “interrelación dialéctica entre el ‘desde afuera’ y ‘la clase obrera’.” Ya que “…aunque Marx y Engels provengan de la clase burguesa, el desarrollo de su doctrina es, sin embargo, un producto del desarrollo histórico de la clase obrera.” Y también, agrega, “…de la confluencia en la figura de Marx de lo mejor del pensamiento de la época: la filosofía alemana, la economía inglesa y la política francesa (Hegel, Ricardo y los historiadores socialistas franceses)” (2000: 82). Una doctrina, que es el resultado de todo un desarrollo histórico de la clase obrera y del pensamiento social de la época pero que, a la vez, se enriquece y prosigue su desarrollo en estrecho contacto con el movimiento obrero real.

Los fundadores de la Primera Internacional pueden introducir su doctrina en el movimiento obrero porque ya existía un movimiento obrero que comenzaba a organizarse y dar batalla contra el capitalismo. Y la doctrina elaborada por Marx y Engels rápidamente reveló toda su realidad cuando comenzó a dar forma y expresión a esas luchas, marcando una perspectiva y un programa como salida: la lucha por el poder y el socialismo. Es importante señalar aquí que, entre las condiciones “objetivas”, siempre hay que considerar la evolución política de la clase obrera; un punto imposible de abordar sin la intervención de la vanguardia organizada como partido. En este punto lo “subjetivo” toma las formas de la acción objetiva y viceversa, ésta última se expresa como voluntad y práctica colectiva de los sujetos.

Por lo tanto, para Lukács, la teoría, el programa, el análisis de las condiciones objetivas y la lucha de clases del proletariado no se desarrollan a lo largo de dos líneas paralelas que sólo se reúnen en un sentido externo; por el contrario, forman una unidad de interacción. Lukács insiste en la idea de Lenin de que la conciencia de clase revolucionaria (socialista) va más allá de la simple confrontación entre obreros y patrones en los lugares de trabajo. “La lucha espontánea del proletariado no se convertirá en verdadera lucha de clases hasta que la lucha del proletariado esté dirigida por una fuerte organización de revolucionarios” (2000: 83). Esto no significa, sin embargo, asignar el liderazgo a los intelectuales que provienen de la burguesía, como tampoco plantear a los intelectuales y a los trabajadores como categorías distintas, como elementos separados. Dentro del partido revolucionario toda dualidad entre intelectuales y obreros, entre programa y acción, entre teoría y movimiento obrero deben cancelarse y fusionarse en una acción común en función de los intereses de clase y el socialismo.

La comprensión metodológica de esta interacción, entre lo subjetivo y lo objetivo, lleva al marxismo a la conclusión de que la lucha contra el enemigo de clase implica una lucha de conjunto y una comprensión del rol del proletariado en la totalidad social capitalista, y de su evolución política en ella y, por lo tanto, no puede prescindir ni desarrollarse independientemente de la elaboración estratégica y organización que implica la lucha política de partidos.

Conclusión

La importancia para el marxismo de la producción teórica del joven Lukács reside en su capacidad de vincular la teoría con la acción revolucionaria. Lo novedoso de su aporte es que no se limita a los análisis de coyuntura sino que su trabajo se remonta a las raíces filosóficas del marxismo. Comprende a éste no como una teoría más sobre el desarrollo de la sociedad, sino fundamentalmente como un método. Un método que consiste en comprender la realidad para transformarla. Pero esta perspectiva metódica no surge por el simple desarrollo del pensamiento sin más, sino que es el producto, y así lo comprende Lukács, del desarrollo histórico de una clase revolucionaria: el proletariado. Una teoría que plantea la transformación de la realidad y que surge de la necesidad práctica (material) de transformar esa realidad. Y esa necesidad sólo puede ser comprendida desde el punto de vista del proletariado. La dialéctica no es sino la forma en que este proceso real se elabora en el pensamiento. La recuperación de esta esencia metódica para la filosofía marxista es el aporte más significativo de los escritos que componen Historia y conciencia de clase. Sin embargo, toda la vitalidad de esta elaboración teórica reside en la capacidad de Lukács, no sólo de remontarse en función de su análisis a los fundamentos filosóficos del marxismo (la dialéctica y el materialismo), sino en su capacidad de captar las fuerzas elementales del proceso histórico en el que se desenvuelve la lucha del proletariado. En este sentido, su actividad militante (teórica y práctica) se inscribe en las filas del leninismo y los sucesos históricos abiertos por la Revolución de Octubre. Lukács se identifica con esta tradición y en este período desarrolla una actividad consecuente en defensa del marxismo revolucionario, tanto frente a las concepciones del reformismo economicista de la socialdemocracia como al creciente oportunismo que comenzaba a instalarse en las filas del comunismo internacional, luego de la muerte de Lenin (1924), bajo la dirección de Stalin. Su rescate de la acción revolucionaria, a través de la dialéctica y el rol de la subjetividad, estaba dirigido a librar esa lucha dentro de las filas del proletariado internacional. Su compresión de la catástrofe a la que llevaba el imperialismo, y de la necesidad de la revolución proletaria para acabar con ella, son aspectos esenciales que direccionan el desarrollo teórico tanto de Historia y conciencia de clase como de las obras inmediatas que hemos mencionado. He aquí el valor revolucionario de su obra durante este período. El derrotero posterior que se inicia a finales de la década del ’20 ya poco tendrá que ver con lo mencionado hasta aquí. Las censuras del estalinismo hacia sus posiciones, las amenazas de expulsión en un contexto de aislamiento de la revolución mundial y ascenso del fascismo harán mella no solo en su actividad política sino también en sus producciones teóricas, obligado a confinarse en la filosofía y la crítica literaria. Las autocriticas posteriores que lleva adelante Lukács (1933 y 1967), sin embargo, no quitan ningún valor a la obra que en este texto rescatamos, no sólo porque fueron realizadas bajo las presiones de la burocracia soviética, sino, porque la producción en cuestión tiene un valor teórico-político en sí misma: por su lógica de análisis, por el contexto histórico en el que tuvo lugar y por su influencia posterior. Entendemos entonces que estos escritos son de los más relevantes que el marxismo del siglo XX ha aportado a la causa del proletariado internacional.

Bibliografía

Anderson, Perry (2005) Consideraciones sobre el marxismo occidental. México: Siglo XXI.

Lenin (1971) El izquierdismo enfermedad infantil del comunismo. Buenos Aires: Anteo.

Lenin (1980) Obras completas. México: Ediciones de Cultura Popular/Akal.

Lukács, Georg (1985) Historia y conciencia de clase. España: Sarpe.

Lukács, Georg (2000) A Defence of History and Class Consciousness: Tailism and the Dialectic. London: Verso.

Lukács, Georg (2004) Lenin. La coherencia de su pensamiento. Buenos Aires: La Rosa Blindada.

Marx, C. (1998) El Dieciocho Brumario de Luis Bonaparte. Buenos Aires: NEED.

Sacristán, Manuel (1971) Sobre el “marxismo ortodoxo” de Gyorgy Lukács, recuperado en 2017 de http://archivo.juventudes.org/manuel-sacristán/sobre-el-marxismo-ortodoxo-de-gyorgy-lukacs


  1. Ver Lenin, El izquierdismo, enfermedad infantil del comunismo, cap. V. ed. Cit.
  2. Lenin, “Tres fuentes y tres partes integrantes del marxismo”, en Obras completas, ed Cit.
  3. Ver Perry Anderson, Consideraciones sobre el marxismo occidental, pp. 74 y ss., ed. Cit.


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