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Prólogo

María Mercedes Di Virgilio

En un tiempo en el cual la educación sexual integral (ESI) está puesta en cuestión, el libro de María Julia Cimarosti nos recuerda que, a pesar de ello, sigue viva en las aulas. Especialmente, Julia nos invita a visitar las experiencias de lxs docentes de Teatro de escuelas primarias públicas porteñas que incorporan la ESI a sus espacios de enseñanza.

Conocí a Julia en el marco del Seminario de Metodología de la Investigación que hace ya muchos años dicto en la Maestría en Educación de la Universidad de San Andrés. Recuerdo muy nítidamente su entusiasmo por la investigación, su avidez por apropiarse de herramientas que se revelaban como novedosas y desafiantes a partes iguales. Sin duda, la curiosidad y el entusiasmo la definen. Esas cualidades la condujeron, también, en el camino de elaboración de la tesis. En ese marco, se alió a otra de sus pasiones: el teatro. Tamizadas por su propia experiencia, surgieron las preguntas que fundan este volumen sobre las clases de Teatro como un ámbito propicio para la enseñanza de la ESI.

A través de una metodología cualitativa que incluye entrevistas en profundidad, la investigación explora las percepciones, creencias y estrategias pedagógicas que lxs profesores utilizan para abordar la sexualidad y el género. Las clases de Teatro se revelaron para Julia como un espacio fértil para indagar la implementación de la ESI.

La propia experiencia de la autora como docente de Teatro le permitió advertir que el lenguaje teatral ofrecía condiciones especialmente favorables para abordar la ESI, en tanto habita realidades diversas, abre diálogos genuinos y promueve la igualdad de oportunidades. La formación actoral, centrada en el autoconocimiento corporal y emotivo, desarrolla en lxs docentes competencias que facilitan el tratamiento de estas temáticas. Asimismo, ambas áreas comparten ejes fundamentales como el trabajo con el cuerpo, las emociones y los vínculos grupales, lo que ofrece condiciones para la integración de los aspectos físicos, emocionales, intelectuales y sociales de la sexualidad al currículum.

Sin dudas, este es uno de los aportes más significativos del libro: el reconocimiento de que muchos contenidos específicos de Teatro coinciden con los ejes de la ESI. Por un lado, el trabajo sobre la conciencia corporal y el respeto por los límites del propio cuerpo y el de lxs otrxs es percibido por lxs docentes como una práctica intrínseca de ESI. El espacio teatral, además, permite a lxs estudiantes reconocer, manejar y verbalizar sentimientos y emociones, lo cual fortalece los vínculos y la resolución de conflictos. Finalmente, el teatro se revela como un espacio de diálogo. El espacio se presenta como una oportunidad para habitar realidades diversas y abrir un diálogo genuino que permite cuestionar estereotipos y mandatos sociales, especialmente a través del juego y la improvisación. Así, el uso de estrategias teatrales (juegos, literatura, imágenes) permite a lxs docentes problematizar los roles de género y la identidad, y a lxs estudiantes reflexionar críticamente sobre discursos hegemónicos. Lxs docentes de Teatro ponen en juego estrategias disciplinares para problematizar estos discursos. Aportan ejemplos de cómo resignificar la literatura clásica, la poesía y las publicidades para cuestionar estereotipos de género y mandatos sociales y para visibilizar la diversidad.

Sin embargo, el texto también pone en evidencia los desafíos institucionales que enfrentan lxs docentes de Teatro para la enseñanza de la ESI. Con base en una mirada crítica sobre cómo el arraigo de la ESI no depende solo del docente individual, la autora señala que la implementación de la ESI es inescindible de la visión de los equipos de conducción escolar. Desde su perspectiva, la organización institucional, la distribución del poder y la comunicación interna determinan si la ESI se aborda de forma integral o si queda reducida a enfoques parciales o meramente moralistas.

Si bien existen lineamientos curriculares oficiales, la autora advierte que las conducciones escolares imponen el enfoque pedagógico que en tiempo real organiza la tarea en cada establecimiento. Su discurso y acompañamiento definen, en parte, el destino de la ESI. En algunos casos, la dirección reduce la ESI a una educación en “valores” (como la amistad o la solidaridad) y evita temas como la identidad de género o los derechos por considerarlos inmanejables para la escuela. En otros casos, se sostiene el silenciamiento histórico sobre temas de género, lo que reproduce versiones dominantes y binarias que invisibilizan la diversidad. Asimismo, el rol directivo es clave para unificar a lxs docentes de diferentes áreas y disciplinas en pos de objetivos comunes. El equipo de conducción facilita (o dificulta) la comunicación entre docentes de Teatro, docentes de grado y otros equipos (como los de mediación o vínculos saludables) y, ante situaciones de vulneración de derechos o conflictos (como denuncias de familias o casos de abuso), es quien decide cómo proceder.

La investigación revela que, aunque lxs docentes de Teatro tienen una disposición favorable para implementar la ESI en sus espacios de enseñanza, persiste entre ellxs una demanda de capacitación continua y específica que les brinde herramientas para manejar temas complejos, como la perspectiva de género y la vulneración de derechos, con el fin de superar miedos o visiones puramente biologicistas. Cimarosti arriesga algunas hipótesis al respecto. Lxs docentes de Teatro suelen trabajar en múltiples instituciones y cuentan con muy poca o nula carga horaria destinada a tareas que no sean estar frente al grado. Esta falta de “tiempo físico real” les impide participar en las discusiones institucionales, jornadas de formación (EMI) o proyectos colaborativos de ESI. Asimismo, algunas cuestiones organizativas, como por ejemplo el hecho de que algunas actividades se realicen en sedes distintas a la escuela, dificultan el vínculo y la comunicación con el resto del equipo docente, lo que resulta en proyectos aislados donde lxs docentes de artes quedan “afuera” de la formación común. Como consecuencia de esta exclusión, muchxs docentes de Teatro optan por la formación autogestionada, buscando cursos externos (por ejemplo, en la Escuela de Maestros) para obtener las herramientas que la institución no logra asegurar.

En este recorrido, el estudio busca comprender la brecha entre los lineamientos curriculares oficiales y la práctica docente real en el aula. A pesar de las potencialidades del espacio, el libro señala que el arraigo efectivo de la ESI en la escuela depende de la articulación entre el trabajo en el aula, la visión de los equipos de conducción y la participación de las familias en acuerdos y toma de decisiones. De este modo, el abordaje significativo de la ESI en los espacios de Teatro requeriría necesariamente un trabajo multidisciplinario y colaborativo entre docentes de Teatro y de grado, directivos y comunidad educativa.



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