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5 Mujeres y transformaciones con los usos de las TICS en América Latina

María José Olguín[1]

Introducción

Desde finales del siglo XX, asistimos al desarrollo de una revolución tecnológica sin precedentes que ha provocado cambios radicales en la manera en que las personas se relacionan entre sí, se comunican y se informan. Ha dado lugar a un espacio público virtual en el cual se disputan sentidos, conocimientos y contenidos. Se trata de un nuevo ágora, un nuevo espacio de poder y participación al cual se trasladan las luchas concretas y las desigualdades. En consecuencia, el feminismo latinoamericano ha bregado por hacer valer su presencia en ese ciberespacio, cuestionando las limitaciones y prejuicios que impiden el acceso igualitario y democrático de las mujeres a las tecnologías y al conocimiento, y capitalizando los beneficios y facilidades técnicos para alcanzar la igualdad entre los géneros, transformar las relaciones asimétricas y difundir su ideario.

Asimismo, y entendiendo que el lenguaje resulta fundamental en la comunicación, el aprendizaje y la transmisión de conocimientos, ha formulado alternativas verbales no sexistas que, numerosas veces, no se condicen con las normas emitidas por quienes detentan la autoridad en materia lingüística. De este modo, ha dado lugar a la apertura de diversos debates que ponen en relieve las relaciones de género y de poder subyacentes a las estructuras de la lengua española.

En el presente trabajo indagaremos acerca de los debates y discusiones en torno a los usos del habla y de la incidencia del avance de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) en aquellos. Particularmente, focalizaremos en el desarrollo y difusión de las alternativas de lenguaje no sexista esgrimidas por el movimiento feminista latinoamericano, y en cómo éste se ha apropiado de los beneficios de las TIC y los ha resignificado como herramientas para visibilizar a las mujeres, difundir su ideario y generar conciencia, en el contexto de las denominadas Sociedades del conocimiento/ de la Información, desde fines del siglo XX hasta la actualidad.

En la primera de las cuatro partes que desarrollaremos a continuación, nos referiremos al desarrollo del movimiento feminista latinoamericano contemporáneo. Para ello, haremos un recorrido por los objetivos, derroteros y principales aportes teóricos que caracterizaron a dicho movimiento en cada decenio, desde finales de 1970 hasta la actualidad. A su vez, describiremos, sucintamente, las implicancias de las denominadas Sociedades del Conocimiento y el posicionamiento del feminismo en América Latina frente a las mismas. Por otro lado, tomaremos en consideración el análisis epistemológico feminista y cómo este ha dado lugar a numerosas rupturas con las tradicionales concepciones de construcción científica.

En el segundo apartado, aludiremos a la centralidad de la educación en la construcción de las identidades y estereotipos de género y su estrecha vinculación con el lenguaje como vector para la transmisión de valores y prácticas sexistas y cosmovisiones androcéntricas. Enfatizaremos en la necesidad de una propuesta educativa alternativa, con perspectiva de género, para superar el modelo sexista representado por la escuela mixta. A su vez, haremos referencia a la desigualdad existente entre hombres y mujeres en el acceso a la educación científico-técnica.

En el tercer apartado analizaremos la importancia de las tecnologías de la información y la comunicación para la difusión del ideario feminista latinoamericano y la visibilización de las mujeres. Para ello, analizaremos cuatro páginas webs que apuntan a diversos objetivos: la Red Informativa de Mujeres de Argentina -RIMA-; Mujeres en Red de España; la Ruta Pacífica de las Mujeres, de Colombia y el sitio web de la Asociación para el Progreso de las Comunicaciones (APC), haciendo especial hincapié en las campañas y proyectos por ésta desarrollados. A su vez, nos referiremos a las herramientas digitales, como el software libre, que el feminismo vernáculo capitaliza en su lucha contra el patriarcado y enfatizaremos en la influencia de la tecnología en el lenguaje y en los hábitos comunicacionales. Citaremos como ejemplo el caso de las mujeres zapatistas, cuyo uso temprano de las tecnologías resulta paradigmático para el feminismo latinoamericano.

En el cuarto apartado, nos referiremos al origen y los alcances del lenguaje inclusivo. Asimismo, nos detendremos en la concepción sobre la lengua en la cual se sustenta y sus diferencias con la Real Academia Española. Por otro lado, analizaremos la polémica suscitada por la publicación del informe Sexismo lingüístico y visibilidad de la mujer, escrito por el Dr. Ignacio Bosque Muñoz, en el cual cuestiona las propuestas de lenguaje no sexista. A su vez, puntualizaremos sus repercusiones y la reacción que provocó en Venezuela -país cuya Carta Magna es criticada por el académico-, presentando tanto los argumentos que esgrimen sus defensores como sus detractores y enfatizaremos en el rol central que desempeñaron las tecnologías de la información y la comunicación en el desarrollo de dicha polémica.

Finalmente, concluiremos reconociendo la centralidad de las tecnologías informáticas y digitales en las sociedades actuales y en los debates respecto del conocimiento y los usos del lenguaje, así como también su importancia para el feminismo latinoamericano en la difusión de su ideario y en la concreción de sus objetivos.

A su vez, sostendremos que las polémicas y discusiones en torno a los usos del habla no remiten simplemente a aspectos técnicos del idioma sino que tiene alcances político-ideológicos, dado que la lengua constituye un instrumento de poder y dominación.

El movimiento feminista latinoamericano: haciendo historia

El movimiento feminista contemporáneo en América Latina, con sus características actuales, inició su derrotero a finales de la década de 1970, en el marco de la denominada segunda ola[2] de feminismo a nivel mundial.

Primigeniamente se desarrolló en Brasil, Perú, Argentina, Colombia, Uruguay, Chile, México y en el Caribe hispanohablante -principalmente en Puerto Rico, Cuba y República Dominicana-. Posteriormente, a mediados de la década de 1980, se extendió a Bolivia, Ecuador, Costa Rica y Paraguay, y a finales de dicho decenio, se generalizó en toda la región.

Si bien su desenvolvimiento fue heterogéneo -dado que respondió a las particularidades culturales, sociales, económicas e históricas de cada país, siguiendo diversas formas de organización, dinámicas y estrategias de lucha- tuvo algunas características comunes. Mayoritariamente se compuso de mujeres de clase media, provenientes de la izquierda del espectro político, que se organizaron en pequeños grupos de autoconciencia, convocados de manera independiente.

En estos primeros grupos, a través del diálogo, las mujeres intercambiaron sus experiencias, reconociéndose como sujetos sociales y políticos y creando, así, un espacio de debate y reapropiación del lenguaje. Se organizaron con el objetivo de reivindicarse a sí mismas en su esencia, nombrándose y dándose un nuevo significado, sin pretender alcanzar la igualdad con el hombre, porque éste ya no era su modelo de referencia. De acuerdo con Francesca Gargallo[3] este reconocimiento de la “mismidad” es lo que marcó la diferencia entre las expresiones feministas latinoamericanas de finales del siglo XIX y principios del siglo XX, -que bregaban por alcanzar la igualdad jurídica en materia civil, política, laboral y educativa con respecto a los hombres- y las de finales del siglo XX.

Las feministas de finales de la década del ´70 cuestionaban las relaciones humanas en su totalidad y el pensamiento hegemónico androcéntrico. Polemizaban sobre la política, la sociedad, la cultura, la economía y la sexualidad, a la luz de la dominación masculina y la consecuente subordinación femenina.

Así, el feminismo latinoamericano se definió como un movimiento de emancipación de las mujeres que recogió las influencias de las corrientes feministas libertarias estadounidenses y europeas.

Durante la década de 1980, caracterizada por el final de las dictaduras y la recuperación de la democracia,[4] el feminismo vernáculo se abocó a develar el carácter político de la subordinación de las mujeres en el ámbito privado-doméstico, elaborando nuevos lenguajes y categorías de análisis,[5] que dieron lugar a un discurso, estrategias de acción política y un corpus teórico propios, anclados en las experiencias personales y colectivas-militantes de sus integrantes en cada coyuntura. Fue en ese decenio que se organizó el Primer Encuentro Feminista Latinoamericano y de El Caribe (1981) en Bogotá, Colombia, como un espacio de confluencia, intercambio, debate y actualización teórica y práctica-estratégica, entre mujeres.

Algunos de los temas centrales abordados durante la década mencionada fueron la relación entre la explotación capitalista y el trabajo no remunerado de las amas de casa, las dificultades de las mujeres en el acceso a la propiedad de la tierra y la vivienda, el asedio sexual, el maternazgo, el derecho al divorcio vincular y la violencia doméstica.

En los ´90, el feminismo latinoamericano se diversificó en respuesta a los nuevos escenarios económico-políticos regidos por el neoliberalismo, la modernización del Estado y la globalización. Fue en este contexto que surgieron expresiones tales como “feminización de la pobreza” y “feminización de la exclusión social” para explicar las consecuencias que el aumento del desempleo y la profundización de las desigualdades socio-económicas acarreaban a las mujeres, ya que eran ellas las más empobrecidas entre los pobres y quienes se depauperaban más rápidamente. A su vez, abordó por primera vez el uso estratégico por parte de las mujeres de las entonces nuevas tecnologías de la información y la comunicación en la defensa de sus derechos, el fortalecimiento de sus redes y grupos a nivel mundial y la democratización de la comunicación. Así, por ejemplo, en 1993, se celebró en Quito, Ecuador, el Encuentro de Comunicación Alternativa y Popular, en el cual se planteó la reivindicación de la comunicación e información como derecho humano. Un año después, en la misma ciudad, se desarrolló el Encuentro Regional de Comunicación de Género, a partir del cual se creó el Foro Permanente de Comunicación y Género y se acordó trabajar para que la problemática de la comunicación de género se torne un tema en agenda para la ONU, de cara a la IV Conferencia Mundial de Mujeres,[6] que se celebraría en Beijing en 1995.

Fue en este decenio que se abrieron diferentes espacios (Estado, ámbito académico, ONGs, partidos políticos y movimientos sociales) y niveles (local, nacional, regional o global), desde los cuales las feministas latinoamericanas perfilaron su lucha, que dieron lugar a tendencias antagónicas como la autonomía o la institucionalización del movimiento. Su institucionalización trajo aparejado cambios que repercutieron en sus líneas de acción, espacios de disputa, demandas y en la definición de los destinatarios de sus discursos. Mientras que en las décadas anteriores habían sido las mujeres las principales destinatarias del feminismo latinoamericano, en los ´90, ese lugar lo ocuparon los gobiernos y los organismos internacionales. A su vez, el lenguaje empleado en su estrategia discursiva tomó un cariz jurídico que le restó politización y rebeldía. El feminismo latinoamericano ya no hablaba de feminismo o de mujeres sino de género; el derecho al aborto había sido edulcorado bajo la denominación “derechos reproductivos”. Otros términos como liberación y revolución, propios del discurso feminista setentista y ochentista, directamente desaparecieron en pos de la corrección política.

Por otro lado, surgieron nuevas identidades específicas basadas en la orientación sexual, la pertenencia étnica, cultural o religiosa y la actividad u oficio desempeñado.

Durante los ´90, el feminismo latinoamericano se academizó y profesionalizó, especialmente en temas específicos como los derechos sexuales y reproductivos, desarrollando una prolífica producción de estudios con perspectiva de género.

En los últimos quince años, el movimiento feminista latinoamericano ha recogido las experiencias y reivindicaciones de las décadas previas, en tanto “movimiento libertario que enfrenta el sexismo (…) típico de la década de los setenta; (…) movimiento social en construcción, que empieza a estructurarse en organismos no gubernamentales y asociaciones para trabajar con y para las mujeres, en ocasiones presionando al Estado, común en los ochenta y (…) movimiento identitario, organizado desde la diversidad de demandas y de pertenencias de las mujeres, preocupado por su visibilidad y presencia en el espacio público, mayoritario en los noventa”.[7]

El feminismo latinoamericano en las Sociedades del Conocimiento

Desde fines del siglo XX, asistimos al desarrollo de una revolución tecnológica sin igual que ha influido en los modos de producción, difusión y tratamiento del conocimiento. La centralidad del conocimiento, la educación, la ciencia y la información en las sociedades actuales ha dado lugar a que se las considere como Sociedades de la Información o Sociedades del Conocimiento. La diferencia entre sendos conceptos, estriba en que el primero hace hincapié en la enorme masa de información que puede almacenarse y ponerse en circulación gracias a las tecnologías digitales, mientras que el segundo pone el foco en la selección crítica y consciente de dicha información para su transformación en conocimiento. Ambas concepciones están ancladas en una ideología que pretende ser neutra pero que en verdad se sustenta en los valores del mercado, la acumulación, la globalización y la idea de progreso indefinido. La mercantilización de bienes inmateriales, como el conocimiento, la educación y la investigación científica, ha llevado a que muchos autores se refieran a dicho proceso mediante expresiones como economía del conocimiento o capitalismo cognitivo. En efecto, la gran mayoría de los contenidos que circulan por Internet o los que tienen más peso dentro de los buscadores, son elaborados por consorcios mediáticos e instituciones que cuentan con poderosos recursos monetarios y, por ende, mayores posibilidades de producción y divulgación que los producidos por el común de los ciudadanos.[8]

En este sentido, la idea de desarrollo tecnológico concebido como la panacea para subsanar las disparidades económicas, educativas, culturales y sociales, y alcanzar el bien común, cae por su propio peso. Los avances tecnológicos no escapan a las relaciones de poder que generan desigualdades entre países ricos y pobres, clases sociales y géneros, es por ello que, además de no haber logrado viabilizar la superación de dichas diferencias, han contribuido a acrecentarlas. Así, la brecha digital, definida como la desigualdad socioeconómica entre quienes tienen acceso a las tecnologías de la información y la comunicación y quienes no, se complementa con la brecha cognitiva, en tanto que el acceso a dichas tecnologías resulta fundamental en la producción de conocimiento.

Por otro lado, el desarrollo tecnológico ha provocado también cambios radicales en la manera en que las personas se relacionan entre sí, se comunican y se informan. Ha dado lugar a un espacio público virtual en el cual se disputan sentidos, conocimientos y contenidos, que cuenta con reglas de funcionamiento propias pero también con prácticas alternativas o contrahegemónicas.[9] Se trata de un nuevo ágora, un nuevo espacio de poder y participación -cuya importancia reside en que otorga entidad y visibilidad a quienes forman parte de él- al cual se trasladan las luchas concretas y las desigualdades socioeconómicas. Como afirma Joan Mayans I Planells,[10] el ciberespacio es y no puede ser más que sociedad.

El movimiento feminista latinoamericano ha interpretado las imbricaciones subyacentes al desarrollo tecnológico y, por ello, ha bregado por hacer valer su presencia en el ciberespacio, cuestionando las limitaciones y prejuicios que impiden el acceso igualitario y democrático de las mujeres a las tecnologías y al conocimiento, y capitalizando los beneficios y facilidades técnicos para alcanzar la igualdad entre los géneros, transformar las relaciones de poder asimétricas y difundir su ideario. En este contexto, conquistar un lugar en el espacio virtual se ha tornado parte de la batalla contra el patriarcado, como anteriormente lo fue tomar las calles o los medios de comunicación.

Desgenerando el conocimiento: la epistemología feminista

Como hemos mencionado, el feminismo latinoamericano tiene un carácter subversivo, dado que cuestiona abiertamente el trasfondo y la dinámica de las relaciones y prácticas sociales y los paradigmas teóricos de análisis con los que éstas son abordadas.

En efecto, el feminismo produjo “un conjunto de rupturas epistemológicas y la construcción de nuevos paradigmas y nuevas pautas interpretativas alrededor de la realidad. Su resultado fue el desarrollo de nuevas cosmovisiones que, más que añadir la ‘problemática’ de las mujeres a los campos tradicionales de pensamiento, comienzan a deconstruir y reconstruir el campo de conocimiento desde una perspectiva feminista”.[11]

Este abordaje ha denunciado, sistemáticamente, la exclusión de las mujeres de los ámbitos de producción y legitimación del conocimiento,[12] sustentándose en dos ideas nodales. En primer lugar, que aquello es consecuencia de la división sexual del trabajo que asigna a cada género roles y funciones sociales diferenciados y relega a las mujeres a desarrollar tareas de tipo prácticas- no intelectuales-, vinculadas a la reproducción de la vida dentro del ámbito privado-doméstico. En segundo lugar, por el desprecio del carácter científico de la intuición o la emotividad, socialmente asociadas a las identidades femeninas. Así, la ciencia, considerada como universal y objetiva, tiene un marcado sesgo masculino y reproduce la cosmovisión androcéntrica.

De acuerdo con la filósofa argentina Diana Maffía,[13] el sexismo en la ciencia se manifiesta en dos dimensiones. Por un lado, en las teorías -a las que entiende como producto- y, por otro lado, en las comunidades científicas, en cuanto a su composición, exigencias y méritos, que entiende como proceso. En consonancia, la CEPAL considera que “los criterios de evaluación y promoción de la carrera académica estándar se basan en el ciclo vital y profesional masculino de corte tradicional, de manera que la época de mayores exigencias para el despegue de la carrera profesional suele coincidir con la etapa de mayor fertilidad y de mayores demandas reproductivas o familiares de las mujeres. En consecuencia, de las mujeres se espera que se ajusten a los estándares, las normas y los valores construidos por y para los hombres cuando aspiran a una carrera profesional académica”.[14]

En este sentido, la Real Academia Española (RAE) es ejemplar. Si observamos su composición, resulta evidente el amplio predominio masculino. Desde su fundación, en el año 1713, por iniciativa del marqués Juan Manuel Fernández Pacheco -con la aprobación de Felipe V-, pocas han sido las mujeres incorporadas como miembros. En 1784 -71 años después de su creación-, se admitió el ingreso de una mujer, María de Guzmán, lo cual no volvió a suceder hasta casi doscientos años después, cuando en 1978 se eligió la primera académica de número. Actualmente, su máximo órgano rector, la Junta de Gobierno, está conformado por nueve miembros de los cuales sólo dos son mujeres y ocupan los cargos de censora y segunda vocal adjunta; de los cuarenta y cuatro académicos de número -sumando a los electos- sólo siete de ellos son mujeres. A su vez, este esquema se repite en casi la totalidad de las Academias de la Lengua dispersas por América Latina, Filipinas y Estados Unidos.

Su producción académica, como institución destinada a cuidar que los cambios en la evolución de la lengua no alteren la unidad existente en el ámbito hispánico, también trasluce su carácter sexista. Las normas emitidas por la RAE sobre el uso correcto del castellano invisibilizan a las mujeres bajo el masculino genérico o la inexistencia de la forma femenina para los sustantivos que se refieren a profesiones u ocupaciones, en pos de la economía del lenguaje. A su vez, dichas disposiciones desconocen las aportaciones que el movimiento feminista ha hecho a los debates en torno a los usos del habla, pero admiten como correctas la utilización de expresiones provenientes de la lengua inglesa, por ser utilizadas corrientemente por el común de los hablantes.

El ámbito de producción e investigación tecnológica, también representa un área restringida para las féminas. El origen económico-bélico de las tecnologías digitales, el marcado sesgo masculino presente en los sistemas operativos y software, -dado que al ser diseñados por varones, apuntan a satisfacer sus necesidades e intereses-, o la impronta militarista en el lenguaje[15] de programación y la denominación de sus funciones/acciones son algunas de las causas.

El desafío que enfrenta el feminismo respecta, entonces, no sólo a la incorporación de las mujeres al ámbito científico-técnico, con sus características y limitaciones, sino a generar un cisma dentro del mismo, por el cual los valores socialmente asociados a la femineidad sean incluidos y legitimados. Es decir, desnaturalizar la supuesta neutralidad de la ciencia evidenciando que, como toda construcción social, también está atravesada por los estereotipos de género y que, además, alberga en su seno una disputa por el poder -en tanto que crea e interpreta sentidos- y un reforzamiento de los valores androcéntricos hegemónicos.

El feminismo contemporáneo ha tomado como bandera la democratización del conocimiento, entendiendo que éste constituye un derecho ciudadano. Por ello, apunta a una noción de conocimiento comprendido como bien público, construido colectiva, horizontal y solidariamente, de libre circulación, que se adapte a las necesidades e intereses de las personas y beneficie al total de la comunidad, sin distinciones de género.

Siguiendo este objetivo, es que el feminismo ha emprendido la revisión de la lengua desde una perspectiva de género -dado que a través del lenguaje transmitimos valores, concepciones e ideas y disputamos poder- y la promoción de la participación de las mujeres en la investigación y producción científico-técnica.

Educación, género, lenguaje y tecnología

Construyendo géneros: de la socialización primaria a la coeducación

De acuerdo con la teoría de la socialización diferenciada, las personas adquieren diferentes identidades mediante un proceso de aprendizaje socio-cultural. Desde el momento del nacimiento, el entorno familiar transmite valores, maneras de comportarse, actuar, sentir y pensar basadas en su género, que la criatura interioriza a través de las actividades lúdicas, el tipo de relación que establece con sus congéneres, los juguetes, los gestos, el lenguaje, entre otros. Esta definición cultural de los géneros, tiene su anclaje en la división social del trabajo en dos ámbitos claramente diferenciados: el público, entendido como la esfera de la política, la ciencia, la técnica, el derecho, la universalidad y la razón, y el privado-doméstico, definido como el ámbito de la parcialidad, las pasiones, las necesidades, lo particular y los afectos.

En consecuencia, mientras que la femineidad, se vincula con la esfera privada, la docilidad, la sumisión, la pasividad, la intuición, la espontaneidad, el cuidado y los sentimientos; la masculinidad, está relacionada con el ámbito público, la autoridad, el dominio, la racionalidad, la fuerza, la toma de decisiones y la represión del plano afectivo-emocional.

De esta manera, desde la temprana infancia, las niñas aprenden a ser mujeres y los niños, varones según el sistema de valores, normas, expectativas, roles, significaciones y funciones que cada sociedad construye en un determinado contexto histórico. A su vez, incorporan las relaciones jerárquicas y de poder que entraña dicha división social, por las cuales la masculinidad es sobrevaluada en detrimento de la femineidad. Como afirman Bianchi y Sanchis: “…esta construcción cultural no es presentada como un mero producto social, sino que se naturaliza y adquiere rasgos cuasi biológicos al ser identificada con los papeles culturales y funciones sociales que se adscriben a los sexos: si el mundo público se rige por el principio de masculinidad, el privado-doméstico se transforma en el ámbito que es sostenido cotidianamente por las mujeres.”[16]

Esta socialización primaria se completa con la escuela mixta -entendida como aquella en la cual se educa conjuntamente a niños y niñas en un mismo tiempo y espacio- ya que en ella se enseñan las formas socialmente legítimas de feminidad y masculinidad.

Si bien parte de un principio de supuesta neutralidad que supera las diferencias de género, la escuela mixta, reproduce valores y prácticas sexistas y transmite el pensamiento androcéntrico. Esto se evidencia tanto en el currículo visible (lineamientos curriculares, programas de estudio, planificaciones, objetivos, enfoques y estrategias pedagógicas, reglamentos y criterios de evaluación) como en el currículo oculto. Son ejemplo de ello, la valoración de los saberes y valores consuetudinariamente asociados con la virilidad, y el relegamiento de aquellos vinculados a las identidades femeninas como el cuidado de las personas o las labores manuales; el fomento en el alumnado de la racionalidad, la competitividad y la autonomía y el consecuente menosprecio de la intuición, la docilidad o la afectividad; el ocultamiento de las aportaciones de las mujeres a la historia, las ciencias, la tecnología y a la cultura en general en los manuales de estudio; la representación de las féminas ocupando posiciones secundarias y dependientes o desempeñando los roles tradicionales de género -esposas, madres y amas de casa- en los libros de lectura y la caracterización de los personajes masculinos como sujetos activos, asociados con figuras heroicas o dominantes.

Asimismo, el sexismo es transmitido a través de prácticas arraigadas en el cuerpo docente, basadas en prejuicios que no se ejecutan de manera consciente o explícita sino que responden a la naturalización de los estereotipos de género.

En este sentido, el lenguaje resulta central para la transmisión del androcentrismo y la configuración de identidades de género en el ámbito educativo. Dado que todo el proceso de enseñanza-aprendizaje se asienta en él, funciona como un instrumento legitimador de los valores hegemónicos basados en la preeminencia masculina. Así, a través de sus estructuras, léxico, normas gramaticales y usos, oculta las identidades femeninas, reproduce estereotipos sexistas y refuerza la división y la jerarquización entre los géneros. Son ejemplos del sexismo lingüístico en el ámbito escolar que los docentes al ingresar al aula -y apelando a la economía del lenguaje- saluden con un genérico “Buen día niños” dirigiéndose así a todo el alumnado; que a las maestras se las trate de señoritas mientras que a los maestros se los llamen profesores o que en el lenguaje escrito en los manuales de estudio o en los libros de lectura, las figuras masculinas estén asociadas a palabras como fuerte, valiente, inteligente o curioso mientras que a las figuras femeninas se asocien a términos tales como bella, paciente, hacendosa o frágil.

Como resulta evidente, todo el proceso educativo -tanto el informal como el formal representado por la escuela mixta- transmite y reproduce el pensamiento androcéntrico y conlleva a formar a las mujeres de manera tal que consideren al ámbito de producción científica como un espacio masculino, poco atractivo para ellas.

Frente a esta situación, el movimiento feminista ha elaborado un enfoque educativo integral que supera a dicho modelo sexista y promueve la participación femenina en la producción de conocimiento.

La educación con perspectiva de género o coeducación presupone un proceso intencionado de intervención educativa, por el cual se desnaturalizan las desigualdades entre los géneros transmitidos a través de los contenidos curriculares, la organización educativa y los comportamientos y actitudes del cuerpo docente, para alcanzar el desarrollo integral de los sujetos. Está orientada a la transformación social, la inclusión y la potenciación del desarrollo personal, independientemente del sexo biológico, en condiciones de igualdad de oportunidades reales, solidaridad y libertad. Respeta las individualidades en el desenvolvimiento de la personalidad asegurando que todas las conductas y sentimientos estén disponibles para ambos géneros. Reconoce las diferencias de género existentes pero no jerarquiza uno por sobre el otro, sino que apunta a alcanzar la equidad entre los mismos, rescatando lo valioso de cada uno. A su vez, pondera los saberes, valores y cualidades tradicionalmente considerados femeninos sin subestimar los masculinos, preparando de este modo al alumnado tanto para la vida pública-laboral como para la doméstica- relacional. Para ello, presupone la utilización de materiales didácticos que ofrezcan una imagen equitativa de los géneros.

En contraposición a la escuela mixta, la educación con perspectiva de género, propone una utilización consciente del lenguaje, despojada de sexismo y apela a las alternativas de redacción inclusivas elaboradas por el movimiento feminista con el objetivo de visibilizar a ambos géneros por igual, superar las desigualdades entre ellos y revalorizar las experiencias de las mujeres. Para ello sugiere, por ejemplo, el uso de expresiones neutras, que comprendan a ambos sexos, para referirse a colectivos mixtos como alumnado en lugar de los alumnos o el empleo de las dobles formas como niñas y niños para evitar la utilización del masculino genérico.

Muchos de los principios básicos sobre los que se asienta la coeducación, fueron recogidos por la legislación internacional a través de los diversos Tratados de Derechos Humanos referentes a niñas, niños, adolescentes y mujeres.[17] Esto significó importantes avances normativos y políticos entre los países signatarios de los mismos. Sin embargo, aunque los progresos legales han sido importantes, en la práctica cotidiana los contenidos que se imparten responden a un enfoque educativo sexista, circunscribiéndose la educación con perspectiva de género a determinadas clases o asignaturas, según la formación de cada docente.

Educación, ciencia y tecnología: la brecha digital de género

Hemos mencionado los prejuicios que atraviesan el área científico-técnica y excluyen a las mujeres. Dado que en el imaginario social las tecnologías son entendidas como propiamente masculinas, se socializa a los niños para que desarrollen tareas técnicas como una preparación para la vida pública: se los incentiva a jugar con computadoras, robots para desarmar, artículos electrónicos y videojuegos. Estos últimos, “…remiten a la socialización de la violencia como uno de los rasgos-valores más estrechamente asociados a la virilidad…”[18] Mientras tanto, a las niñas se las estimula para que desarrollen actividades lúdicas vinculadas a su función social como madres y amas de casa, ligada al ámbito privado: cocinar, jugar a la mamá o a tomar el té con amigas.

Como es evidente, el género actúa tanto en la producción científico-técnica -en cuanto a su diseño, desarrollo, uso y difusión- como en las elecciones y vivencias de los sujetos con respecto a la misma.[19]

La escuela mixta reproduce y trasmite los estereotipos de género ya que, si bien imparte la misma educación en ciencia y tecnología a varones y mujeres en un contexto de supuesta igualdad, no cuestiona el marcado sesgo masculino -producto de su origen militarista- presente en el diseño de los sistemas operativos y software utilizados en las aulas ni estimula especialmente el interés de las niñas en las ciencias y la técnica. A su vez, tampoco pone en tela de juicio los contenidos sexistas que circulan por la red ni busca desnaturalizar el popularmente difundido estereotipo del experto en informática, representado en el imaginario colectivo, por un sujeto masculino y caucásico. Esto conlleva a que las estudiantes no se sientan cómodas ni interpeladas a participar en el ámbito tecnológico, encontrando grandes dificultades para crear, apropiarse y hacer un uso provechoso de las tecnologías. Como sostiene Gloria Bonder “no es extraño entonces, que la computadora este asociada emocional y culturalmente con los varones y que por tanto un gran número de mujeres deba adaptarse a esta cultura aunque no se sientan a gusto.”[20]

En consecuencia, el grado de analfabetismo digital es mayor entre mujeres -especialmente entre las adultas- y la proporción de féminas inscriptas en carreras técnicas, ampliamente menor que la de varones. Esta diferencia entre varones y mujeres en cuanto a su participación en la elaboración, acceso y utilización de las tecnologías de la información y la comunicación es lo que se denomina como brecha digital de género.[21].

En este sentido, resulta menester revisar y modificar los sistemas informáticos empleados (el uso del software libre puede ser una buena alternativa) y diseñar políticas y propuestas educativas con perspectiva de género para revertir dicha situación y estimular el acceso de las mujeres a los sectores estratégicos de la educación, la investigación y el empleo relacionados con las ingenierías y las TIC en general.[22]

La problemática de las tecnologías digitales y la educación ha resultado central en la XII Conferencia Regional sobre la Mujer de América Latina y el Caribe, celebrada en octubre de 2013 en República Dominicana. Allí, la Comisión Económica para América Latina y El Caribe (CEPAL), difundió un estudio titulado Mujeres en la economía digital: superar el umbral de la desigualdad, según el cual las mujeres latinoamericanas y caribeñas igualan a los hombres en el acceso a internet, pero hacen un uso del mismo más restringido -la tasa de uso es, en promedio, un 8,5 % menor a la de los hombres- y destinado a actividades que requieren menor destreza tecnológica. Esta brecha digital de género es más frecuente en las áreas urbanas que en las rurales; tiende a ser más intensa en los quintiles medios y altos de la distribución del ingreso y disminuye entre los individuos con mayor nivel educativo. El informe concluye afirmando que esta situación representa un límite en el desarrollo personal, profesional y laboral de las féminas.

Asimismo, en el marco de dicha Conferencia, el Foro de Organizaciones Feministas emitió una declaración, mediante la cual insta a los Estados latinoamericanos y caribeños, entre otras demandas, a

“estimular el interés y promover la elección y permanencia de las niñas y adolescentes en los campos científico, tecnológico y de la innovación, para la formación de las nuevas generaciones, como participantes, creadores de aplicaciones y contenidos y como ciudadanas conscientes de sus derechos en los ámbitos digitales (…) garantizar el derecho a una educación no sexista y de calidad que promueva la apropiación estratégica de las TIC e incentivar el uso, promoción y reglamentación de tecnologías apropiadas y el software libre como medio para la democratización del conocimiento…”[23]

Las TICS en el lenguaje y la comunicación

Ciberfeminismo: la conquista del espacio virtual[24]

Como mencionamos anteriormente, para el feminismo latinoamericano conquistar un lugar en el espacio virtual se ha tornado parte de la batalla contra el patriarcado, como anteriormente lo fue tomar las calles o los medios de comunicación. Las tecnologías de la información y la comunicación, como el internet, el smartphone o la tablet, le han permitido compartir, de manera sencilla y veloz, una enorme masa de información, divulgar su pensamiento, crear espacios de debate, reflexión y coordinación de estrategias para la acción e intercambiar experiencias y noticias acontecidas en cualquier lugar del mundo, en solo unos segundos.

Como explica la Licenciada en Ciencias de la Información, Monserrat Boix: “Para las mujeres habitualmente marginadas en los medios de comunicación tradicionales, al igual que para muchos colectivos sociales excluidos porque sus discursos no coinciden con el discurso dominante del poder, las características de la internet resultan vitales en la utilización de la comunicación para el desarrollo de una sociedad más justa e igualitaria.”[25]

El movimiento feminista se ha apropiado de los beneficios de dichas tecnologías, resignificándolos en tres sentidos. En un primer sentido, para brindar un espacio de participación, contención y debate entre quienes ya se encuentran sensibilizados frente a la problemática femenina. Así, se pueden encontrar múltiples blogs, foros, periódicos digitales y páginas webs de diferentes partes del mundo, sobre diversas temáticas como violencia de género, aborto, sexualidad, maternidad, lesbianismo, entre otros, que intercambian experiencias, novedades, estrategias e ideas. En Argentina, se destaca la Red Informativa de Mujeres de Argentina -RIMA-, creada en julio de 2000. Cuenta con una página web y una lista de distribución por correo electrónico mediante la cual se intercambia información, se realizan convocatorias a eventos, talleres, movilizaciones y actos, y se brinda un espacio para el debate entre las suscriptoras. En la misma, participan feministas, periodistas, filósofas, sociólogas, organizaciones del movimiento de mujeres, investigadoras, estudiantes, y activistas de Argentina, España y toda Latinoamérica. La Red apunta a promover el uso de las tecnologías de la información y la comunicación por parte de las mujeres; fomentar la inclusión de las problemáticas femeninas en las agendas de los medios de comunicación; investigar, producir y difundir información y trabajos académicos con una perspectiva feminista y promover el uso del lenguaje no sexista en noticias y documentos públicos, entre otros. La página web, está organizada por secciones que abarcan diferentes temáticas como aborto, femicidio, trata de personas, violencia de género y educación sexual. A su vez, cuenta con un apartado de archivos, en el que se pueden encontrar numerosos documentos y recursos digitales en línea. Otro sitio web feminista, referente para el mundo de habla hispana, es Mujeres en Red. Fue creado en 1997, en España, con los objetivos de brindar un espacio virtual que aglutine textos y recursos informáticos sobre género dispersos en la red; indexar páginas web feministas[26] de todo el mundo; facilitar el intercambio de información; coordinar estrategias y establecer vínculos de contacto entre los diferentes grupos y organizaciones feministas del planeta. Alojado en el servidor alternativo Nodo 50 -orientado a la contrainformación y al uso de internet como herramienta de comunicación de los movimientos sociales- Mujeres en Red está organizado en torno a una multiplicidad de temas como violencia de género, sexismo y lenguaje, prostitución, economía, política, educación, globalización y comunicación, entre otros. Asimismo, posee una sección que recoge los trabajos de diversas autoras como Celia Amorós, Marcela Lagarde, Montserrat Boix, Naomi Klain y Sally Burch.

En un segundo sentido, el movimiento feminista latinoamericano se ha reapropiado de las tecnologías con el fin de empoderar y visibilizar a las mujeres dando a conocer la dominación y la violencia a la que están sometidas en una sociedad construida con parámetros masculinos y en la cual son los hombres quienes detentan el poder. En este orden de cosas, el objetivo es concientizar a aquellos sectores que aún no han desnaturalizado la situación de la mujer en el mundo y, al mismo tiempo, interpelar a organismos e instituciones públicas y privadas con el fin de que tomen cartas en el asunto. Por ejemplo, la organización feminista colombiana Ruta Pacífica de las Mujeres[27], cuenta con una página web, una cuenta de Facebook y otra de Twitter, a través de las cuales intenta dar a conocer los efectos del conflicto armado entre las FARC, las fuerzas armadas y los paramilitares en la vida y el cuerpo de miles de mujeres colombianas. A través del sitio web, es posible descargar documentos, videos, imágenes, informes y comunicados mediante los cuales se insta a los organismos y la comunidad internacional a presionar al gobierno colombiano para que ejecute políticas públicas integrales que protejan a las mujeres afectadas por la guerra. El sitio web, diseñado por la Fundación Chasquis Comunicaciones -orientada a la creación de contenidos digitales de calidad que permitan fortalecer los procesos desarrollados por las organizaciones populares colombianas-, está organizado en diferentes secciones que reflejan el trabajo realizado por el movimiento: comunicados de prensa, campañas, movilizaciones, publicaciones y comisiones temáticas regionales.

El tercer y último sentido, es desarrollar las herramientas necesarias que acerquen a las mujeres a la ciencia y la investigación en tecnología con el objetivo de reducir la brecha digital de género. En este aspecto, resulta central destacar el trabajo de la Asociación para el Progreso de las Comunicaciones (APC). En 1993, se creó al interior de la misma el Programa de apoyo a las redes de mujeres de APC (PARM de APC), con el objetivo de concientizar y debatir acerca de la importancia de las tecnologías de la información y la comunicación, fortalecer los vínculos entre las redes de mujeres, responder a cuestiones de acceso y brindar capacitación. De esta manera, APC fue pionera, al haberse anticipado incluso a la IV Conferencia Mundial de Mujeres (ONU) celebrada en Beijing en septiembre de 1995, en la cual por primera vez se planteó la reivindicación de la comunicación como derecho humano básico y como elemento estratégico para el empoderamiento de las mujeres (punto J).

Actualmente, APC desarrolla el Programa de derechos de las mujeres, con el fin de fomentar la igualdad de género en la producción, implementación, acceso y uso estratégico de las tecnologías de la información y la comunicación. Para ello, capacita a los movimientos de mujeres en el uso estratégico y creativo de dichas tecnologías para que puedan moldearla y adaptarla a sus necesidades. El mismo constituye tanto un programa como una red de mujeres, conformado por activistas de 35 países de América Latina, África, Asia y Europa, que se reúnen en línea para trabajar, mancomunadamente, diversos proyectos. Las principales áreas de trabajo responden a cuatro ejes temáticos: activismo en género y políticas tecnológicas; violencia hacia las mujeres y tecnologías; evaluación de género e investigación en tecnologías de la información y la comunicación, y capacitación y fortalecimiento de capacidades. En el marco de dicho Programa, APC, ha elaborado importantes recursos en línea que vinculan las tecnologías con diferentes temáticas como la violencia de género y los derechos sexuales. Entre ellos podemos encontrar un informe del año 2005, titulado ¿Cultivando la violencia mediante la tecnología?, en el cual se analiza la incidencia del uso de dispositivos tecnológicos como internet o teléfonos móviles en el ejercicio de la violencia contra las mujeres. Allí se enumeran diversas situaciones que representan una vulneración a los derechos de las mujeres, como el asedio cibernético, el acoso en línea, el voyeurismo digital, el robo de información y la publicación de imágenes y videos íntimos de mujeres sin su consentimiento, entre otras. En octubre de 2013, junto a la organización colombiana Colnodo, ha publicado tres investigaciones que abordan los diferentes tipos de violencia perpetrada contra las mujeres en los espacio digitales, dentro del territorio colombiano.

Asimismo, APC desarrolló un ambicioso proyecto en doce países de América Latina, Asia y África denominado ¡Dominemos la tecnología para erradicar la violencia contra las mujeres! (2009-2011). Los datos y experiencias recogidos a partir del mismo, permitieron tipificar las principales modalidades de violencia contra las mujeres en internet y determinar la existencia de un mismo patrón de violencia de género mediante el uso de la tecnología que se repite en todos los países comprendidos en el proyecto, y que apunta a disciplinar y mantener bajo control la autonomía y libertad de las mujeres. El informe final Voces desde los espacios digitales: la violencia contra las mujeres y usos de la tecnología, concluye que son tres las principales formas de violencia utilizando las tecnologías de la información y la comunicación: acoso sexual, acecho cibernético y robo, y uso de imágenes y videos para agredir y desprestigiar a las mujeres. A su vez, afirma que es habitual que la violencia en los espacios digitales sea ejercida por allegados y personas conocidas por la víctima, a través de herramientas sencillas como el correo electrónico, las redes sociales o los mensajes de texto.[28]

En materia de derechos sexuales, APC desarrolló entre los años 2008 y 2014, el proyecto de investigación EROTICS, destinado a indagar acerca de la sexualidad y el uso de internet en los espacios digitales y del impacto de las políticas regulatorias y las prácticas de censura sobre la sexualidad, la salud y los derechos sexuales. Dicha investigación se centró en las redes y grupos de activistas de Sudáfrica, Brasil, Estados Unidos, India y Líbano, que trabajan en la web por los derechos, la salud y la educación sexuales. Las encuestas realizadas en el marco de dicho proyecto han arrojado interesantes resultados acerca de la centralidad de internet como espacio para expresar, compartir y adquirir información vinculada a la sexualidad por parte de las mujeres, que fueron compilados en el libro EROTICS: sex, rights and the internet.

Del software libre al conocimiento libre

El feminismo latinoamericano ha tomado como bandera de lucha la democratización del conocimiento. Sistemáticamente, ha denunciado la exclusión de las mujeres de los espacios de producción intelectual como consecuencia de la división sexual del trabajo -por la cual, las mujeres son compelidas a desarrollar tareas prácticas y repetitivas, vinculadas a la reproducción de la vida dentro del ámbito privado-doméstico- y porque las mujeres “basan sus afirmaciones sobre la realidad en cosas que están muy desvalorizadas por la epistemología tradicional; por ejemplo, que una mujer afirme que está absolutamente segura de algo porque tiene una intuición profunda al respecto, o porque se inclina emocionalmente a cierto tipo de respuesta, de ninguna manera es aceptado en la ciencia.”[29]

Por ello, apunta a una noción de conocimiento entendido como bien público, construido colectiva y solidariamente, de libre circulación, que se adapte a las necesidades e intereses de las personas y beneficie al total de la comunidad.

En este sentido, el software libre constituye una herramienta fundamental dado que por sus características permite su libre utilización (más allá de los objetivos o metas para los cuales ha sido diseñado); su libre distribución (ya que puede ser copiado y compartido sin restricciones legales), su libre estudio (porque puede adaptarse a las diferentes necesidades de quienes lo utilizan, con el sólo acceso a un código fuente abierto)[30] y su libre modificación (ya que cualquier usuario puede introducir cambios y mejoras al programa). A diferencia del software propietario o privativo, aquel cuya licencia no permite su libre uso, modificación y distribución por poseer el proveedor derechos de autor sobre el mismo, el software libre facilita el acercamiento de las mujeres a la informática no solamente como usuarias pasivas sino también como productoras de contenidos. Como afirma la activista colombiana de la Fundación Casa del Bosque,[31] Liliana Cruz “El software libre es un campo de lucha feminista, que nos permitirá crear tecnologías justas e igualitarias, que nos incluyan en su lenguaje y visibilicen a través de ellas el papel de la mujer en el mundo tecnológico.”[32]

Sin embargo, dentro del movimiento por el software libre, la participación de las mujeres es escasa y sus reivindicaciones de género, son resistidas o soslayadas en numerosas ocasiones. Según el informe elaborado por Unesco sobre Equidad de género y Software Libre y de Código abierto, las mujeres representan menos del 20% del total de desarrolladores y usuarios del software libre a nivel mundial.[33] En este sentido, y pese a su indiscutible enfoque político emancipador, los valores éticos pregonados y su carácter contrahegemónico y antisistémico, el movimiento por el software libre presenta muchas lagunas con respecto al sistema patriarcal, sexista y misógino. (Schenerock, 2013)

Un caso paradigmático: las mujeres zapatistas y la Internet

El Movimiento Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), cuya base está compuesta en un 45% por mujeres, fue uno de los pioneros en la utilización de las tecnologías de la información y la comunicación para sumar apoyos, difundir su ideario y convocar a la movilización. A través de internet, el movimiento publicó videos, documentos, cartas, audios y comunicados que, en cuestión de segundos, fueron replicados en todo el mundo a través de blogs, páginas webs no oficiales y medios de comunicación masivos, como la televisión y la radio. De esta manera, algunos autores califican al EZLN como una ciberguerrilla -entendida como aquellas organizaciones que utilizan las tecnologías para conducir o preparar operaciones de tipo militar- dada su actuación en el espacio virtual. Como sostiene Maite Rico: “Nunca una guerrilla tan débil desde el punto de vista político y militar, recibió una atención periodística tan desmesurada. Doce días de disparos garantizaron al Ejército Zapatista más cobertura informativa que 30 años de guerra en Guatemala o Colombia”.[34]

El 1 de diciembre de 1993 -un mes antes del levantamiento en el Estado mexicano de Chiapas-, como parte de una fuerte estrategia comunicacional, las mujeres del movimiento publicaron la Ley Revolucionaria de Mujeres. A través de El Despertador Mexicano, órgano informativo del EZLN, las zapatistas dieron a conocer sus demandas de justicia e igualdad.

La Ley Revolucionaria de Mujeres constaba de diez artículos entre los que se reclamaba el derecho de las mujeres a la educación, la salud y el trabajo, a elegir a sus parejas, a decidir sobre cuestiones concernientes a la maternidad y su acceso a cargos directivos y grados militares dentro de la organización.

En este sentido, el documento representó una verdadera revolución para las comunidades indígenas cuya organización social se basaba en roles y valores de género tradicionales. A su vez, gracias a la enorme difusión a través de la red, se convirtió en un punto de referencia para los movimientos feministas y para la lucha por el reconocimiento de los derechos de las mujeres indígenas en toda Latinoamérica.

Desarrollo tecnológico y transformaciones
en el lenguaje

El desarrollo de las TIC ha provocado cambios tanto en nuestros hábitos comunicacionales como en el lenguaje. Los mensajes de texto (SMS:Short Message Service) o las redes sociales como Twitter, que exigen que en una limitada cantidad de caracteres se elabore un mensaje, conllevaron a una adaptación del lenguaje a las nuevas formas de comunicación breve mediante la omisión de conectores, la abreviatura de palabras y la utilización de símbolos en lugar de vocablos, entre otros. Por ejemplo, en el caso de las propuestas de lenguaje no sexista, y en pos de la economía del lenguaje, la arroba (@) ha sido resignificada con el fin de representar a ambos sexos en simultáneo en los discursos escritos informales.

Estas tecnologías, asimismo, han desempeñado un papel imponderable en la difusión de las alternativas de lenguaje con perspectiva de género, dado que si bien las guías y documentos que promueven la utilización de lenguaje no sexista han sido elaboradas hace más de una década, fue gracias a la posibilidad de digitalizarlos y la masificación del acceso a internet lo que permitió que se extendiera su influencia entre el común de los hablantes y no sólo dentro de los ámbitos académicos y oficiales. Así, han sido fundamentales las cadenas de envío masivo de mails y las suscripciones, que permiten difundir un mismo mensaje simultáneamente a miles de personas, y las redes sociales que se han transformado en una gran ágora virtual. Son numerosos los blogs y perfiles de Facebook sobre coeducación, en toda América Latina y España, que promueven, de manera didáctica y novedosa a través de artículos, ejercicios y actividades en línea para implementar en las aulas, la utilización de un lenguaje en el cual ambos géneros estén representados. A su vez, existen programas, de sencilla utilización, para instalar en la computadora que cuentan con una base de datos que recoge, a partir del relevamiento de distintos textos, expresiones sexistas de la lengua española y sus correspondientes alternativas de lenguaje inclusivo. Uno de los más conocidos es Nombra.En.Red, un diccionario electrónico elaborado por el Instituto de la Mujer, del Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales de España, que puede descargarse gratuitamente en internet.

Por su parte, los equipamientos lógicos libres que brindan la posibilidad de modificar el lenguaje, muchas veces sesgado por la mayor participación masculina en la producción de programas y tecnologías digitales, favorecen el acercamiento de las mujeres a la tecnología, a la vez que fungen como herramientas fundamentales en la lucha contra el sexismo lingüístico dentro del espacio público virtual. Como afirma Monserrat Boix: “El lenguaje también en informática es fundamental y la utilización de un lenguaje no sexista en este territorio es básico para combatir la brecha digital de género.”[35]

Feminismo y lenguaje: tomar la lengua por asalto

Para el feminismo latinoamericano, el lenguaje representa una arena de combate en su lucha contra el patriarcado. Los primeros grupos de mujeres que se organizaron a finales de 1970, conscientes de que controlar la lengua es controlar la realidad, buscaron desarrollar un lenguaje propio que les permitiera visibilizarse y hacer públicos sus cosmovisiones, intereses y pensamientos. En palabras de Francesca Gargallo “un grupo de mujeres se encontró entre sí, se reconoció en el derecho de estar juntas, se arrogó la facultad de analizar y transformar el lenguaje que hablaban.”[36]

La revisión de las estructuras lingüísticas del castellano desde una perspectiva de género se asentó en un corpus teórico que reflejó el devenir del movimiento feminista latinoamericano a lo largo de estos últimos treinta años. De este modo, fueron variados los objetivos que promovieron la elaboración de alternativas de lenguaje no sexista. Entre ellos podemos enumerar la visibilización y revalorización de las experiencias de las mujeres mediante la apropiación de un orden simbólico y cultural que las excluía; el ofrecimiento de alternativas a las formas de comunicación androcéntricas; la superación de las desigualdades entre los géneros y sus roles tradicionales y la ruptura de la inercia por la cual el “lenguaje del amo” es naturalizado, dificultando la posibilidad de cuestionamiento por parte de quienes lo hablan.

Para el feminismo, el lenguaje es una institución de la sociedad que expresa ideas, valores y convenciones que aquella (re)produce y acepta. Crea e interpreta la realidad a su vez que estructura y condiciona el pensamiento. Dado que la sociedad occidental es caracterizada como patriarcal, ya que desde hace siglos los hombres han ejercido la autoridad, alejando a las mujeres de los ámbitos de toma de decisiones e impidiéndoles, durante mucho tiempo, la participación en la vida política, científica y social, todo el orden simbólico y cultural tiene un marcado sesgo masculino. En consecuencia, la lengua es un instrumento de poder y dominación y, por ello, jamás puede ser considerada neutral. Funciona como refuerzo de los valores hegemónicos, perpetuando relaciones sociales asimétricas en las cuales las identidades femeninas se subsumen en las masculinas, y transmitiendo visiones y experiencias androcéntricas a través de sus estructuras, sus normas gramaticales, su léxico- inclusive ante la ausencia de una terminología adecuada – y sus usos.[37]

La lengua castellana manifiesta su carácter sexista, androcéntrico y herteronormativo a través del uso del masculino como falso genérico para referirse a colectivos integrados por hombres y mujeres, es decir, la ausencia de una tercera forma de plural que indique un grupo mixto; la precedencia del varón por sobre la mujer en los pares de palabras como marido y mujer o padre y madre; la presentación del masculino como sujeto de referencia para establecer definiciones y del femenino como una sub-categoría derivada de la primera;[38] la asimetría en los títulos de cortesía como señor, que se utiliza invariablemente para denominar a un hombre sin importar su estado civil, y señora/señorita para remitirse a una mujer casada o soltera respectivamente; el uso del género femenino con acepciones peyorativas e insultantes hacia las mujeres como las palabras zorra o yegua; la inexistencia de la forma femenina para los sustantivos que se refieren a profesiones u ocupaciones; la modificación del significado de un sustantivo que en masculino se refiere a un oficio y en femenino se refiere a otra cosa como sucede con vidriero y vidriera, o general y generala, entre otros.

Como es evidente, el lenguaje sexista naturaliza la preponderancia masculina, promueve una visión de la identidad femenina minusvalorada que solo puede definirse por su constante relación o referencia a la masculina, e invisibiliza las aportaciones de las mujeres a la historia, la cultura y el conocimiento.

Para superar el sexismo lingüístico, las alternativas verbales inclusivas proponen la utilización de expresiones neutras que comprendan a ambos sexos para referirse a colectivos mixtos, como ciudadanía en lugar de los ciudadanos; el empleo de las dobles formas como compañeras y compañeros; el uso de signos como la barra o la arroba que permiten remitirse a ambos sexos (siempre que el lenguaje sea escrito); la feminización de profesiones u ocupaciones como oficiala o peona; la sustitución de formas verbales pasivas por activas como Quienes se hayan comprometido en vez de Quienes estén comprometidos; el empleo de palabras como personas o seres humanos en vez de hombres, entre otras.

La mayor parte de las guías de redacción inclusiva apuntan a introducir cambios lingüísticos en el registro administrativo por su carácter repetitivo, ya que se basa en fórmulas preestablecidas, y por la importancia que reviste dado que las instituciones y organismos públicos emiten constantemente mensajes dirigidos a la ciudadanía en general, como pautas publicitarias, carteles, documentos, leyes, reglamentos, etc.

En Argentina, en julio de 2015, tan solo un mes después de la masiva marcha contra la violencia de género conocida como Ni una menos, la Secretaría Parlamentaria de la Honorable Cámara de Diputados de la Nación elaboró la “Guía para el uso de un lenguaje no sexista e igualitario en la HCDN”, un manual de estilo para la redacción de documentos administrativos y la exposición en el recinto bajo las pautas del lenguaje inclusivo. El mismo, sólo tiene alcance dentro de dicha Cámara y no constituye una obligación sino una recomendación para quienes trabajan allí. Más ambicioso era el proyecto, presentado en 2008 por la senadora Mandato Cumplido, María Cristina Perceval, que contemplaba la elaboración de un manual de estilo para promover la utilización de un lenguaje no sexista en todos los organismos del Estado Nacional (incluso en los descentralizados) y fomentaba la enseñanza del mismo en todos los establecimientos educativos de gestión estatal y privada. Si bien, este había sido aprobado por unanimidad en la H.C de Senadores, no alcanzó su sanción en Diputados.

La Real Academia Española: la defensa del statu quo

La Real Academia Española ha sido profundamente crítica con respecto a las propuestas de lenguaje inclusivo impulsadas por el feminismo. Por un lado, porque comprende a la lengua como un sistema de símbolos, producto de la sedimentación de ideas, usos y costumbres social e históricamente construidos a través de los siglos, que ha evolucionado de manera espontánea. Los hablantes, desde su niñez, incorporan la lengua nativa de manera automática e involuntaria y de esa manera también, la (re)definen. Así, las palabras varían su sentido con el paso del tiempo y los cambios sociales. De este modo, considera forzado intentar modificar las estructuras lingüísticas mediante políticas o disposiciones normativas como propone el feminismo. En concomitancia, para la edición 2014 del Diccionario de la lengua Española, la RAE, anunció que revisará las acepciones de algunos vocablos considerados machistas.[39] Sin embargo, el director de la institución, Darío Villanueva, aclaró que no se eliminarán del diccionario todos los términos que pueden resultar ofensivos sino que se revisarán las definiciones que, por el paso del tiempo, han dejado de tener vigencia. Así, sostuvo que “lo que nunca hará el Diccionario de la Lengua Española es suprimir palabras que se usan porque sean ofensivas o desagradables (…) Podemos revisar definiciones, pero la Academia no inventa palabras ofensivas ni las promociona.”[40]

Por otro lado, considera que la lengua no es sexista ni discriminatoria sino que lo son las personas y las sociedades que ellas conforman. Entiende que pueden existir usos verbales sexistas pero no lenguajes. En el informe escrito por el Dr. Ignacio Bosque Muñoz y firmado por 26 académicos de número -tres de ellos mujeres-, Sexismo lingüístico y visibilidad de la mujer, publicado en marzo de 2012, el autor sostiene que pueden encontrarse en la lengua, especialmente en el componente léxico, distinciones de naturaleza social surgidas antaño, pero que actualmente resultan un reflejo opaco cuyas consecuencias en la conciencia lingüística de los hablantes son casi nulas.[41]

Asimismo, considera que las propuestas de lenguaje no sexista confunden el sexo biológico con el género gramatical del castellano -que clasifica arbitrariamente los sustantivos en masculino y femenino y se remite al sexo semántico- que es abstracto. De esta manera, el uso del masculino genérico es correcto para designar a colectivos conformados tanto por mujeres como por hombres. Además, sostiene que si bien esto puede generar cierta ambigüedad interpretativa en los receptores, como le sucede a quienes entienden al masculino genérico en un sentido restringido, tener en cuenta el contexto aclara inmediatamente la cuestión -interpretación pragmática. Álvaro García Meseguer sostiene que el origen del sexismo lingüístico no se encuentra en la lengua española sino en el hablante, que construye frases sexistas o elige determinadas palabras aisladas, y en el oyente que interpreta el mensaje, ya sea cuando detecta sexismo en un enunciado no sexista o cuando no lo detecta en uno que sí lo es.[42]

Aunque el estatuto actual de la Academia ya no aspire a “fijar las voces y vocablos de la lengua castellana en su mayor propiedad, elegancia y pureza”[43], sino más bien exprese que su propósito es cuidar que los cambios en la evolución de la lengua no alteren la unidad existente en el ámbito hispánico, el hecho de que haya sido ella la que, trescientos años atrás, se erigió como única autoridad competente para dictaminar cómo debe hablarse, explica su apego a las estructuras y normas lingüísticas establecidas. Así, a través de herramientas como el Diccionario de la lengua española y el Diccionario panhispánico de dudas, emite valoraciones sobre el buen uso del lenguaje, (re)produciendo y acrecentando su autoridad en la materia.

Sexismo lingüístico y visibilidad de la mujer: informe
y polémica

En el informe mencionado anteriormente, el Dr. Ignacio Bosque Muñoz, sostiene que las guías de lenguaje inclusivo infieren de premisas verdaderas una conclusión falsa. Por un lado, reconocen la discriminación hacia las mujeres existente en la sociedad y, por ende, la necesidad de alcanzar la igualdad social entre los géneros. Por otro lado, advierten la presencia de usos verbales sexistas arraigados y, por ello, proponen evitarlos. Sin embargo, deducen que la lengua española explicita esta realidad a través de la relación entre género gramatical y sexo. Así, confunden la utilización del genérico masculino con el verdadero sexismo verbal: aquel que es producto de la elección de determinadas palabras y de la manera en que se las emplea. Según el autor, las guías incurren en este tipo de falacias, infringiendo reglas gramaticales y léxicas, porque fueron elaboradas considerando como único principio regente la conciencia social de quienes buscan visibilizar y empoderar a las mujeres, sin contar con el concurso de lingüistas o de otro profesional idóneo en la materia. Por consiguiente, sentencia que si se aplicaran los criterios propuestos por las mismas no se podría hablar.

A su vez, afirma que los criterios de lenguaje no sexista crean un doble estándar y alejan el lenguaje oficial del real, haciéndolo aún más incomprensible, ya que apuntan a modificar los hábitos verbales en discursos y documentos oficiales y no en el lenguaje cotidiano y corriente de los hablantes. Finalmente, concluye que no tiene coherencia forzar las estructuras lingüísticas para que constituyan un espejo de la realidad dado que considera que la conformación de la lengua es producto de la evolución histórica de la misma y no de las decisiones de los hablantes.[44]

La publicación de este documento suscitó una fuerte polémica en España y América Latina, recibiendo críticas y apoyos de profesionales del ámbito académico, literario, educativo y periodístico. En efecto, a los pocos días de su aparición, se difundió en internet un manifiesto escrito por cuatro catedráticos -curiosamente tres mujeres y un hombre- y firmado por unos cuatrocientos académicos con el objetivo de “mostrar que las conclusiones del informe del Prof. Bosque son inobjetables y que somos muchos los lingüistas que -independientemente de nuestro sexo y edad- suscribimos sus conclusiones.” En el mismo, los autores sostenían que el componente léxico del lenguaje refleja, en ocasiones, usos sexistas culturalmente arraigados, pero que, a nivel gramatical, es absolutamente falaz que la lengua española sea sexista. Así, argumentaban que la gramática es un sistema formal de reglas que no tiene correlato con la cultura de los hablantes, y que el único género que existe es el femenino dado que el masculino genérico es en realidad asexuado. Por otro lado, criticaban la idea de que los lingüistas deban introducir modificaciones en la gramática española, aún contradiciendo las formas en que los hablantes utilizan el lenguaje, ya que su función no es recomendar ciertos usos y prohibir otros sino estudiar cómo funciona la lengua, y concluían que las guías de lenguaje no sexista no son adecuadas para los fines que se proponen porque no resuelven el problema real de la discriminación hacia las mujeres.

Al respecto, también se pronunció el entonces ministro de Educación y Cultura español, José Ignacio Wert, para quien el informe constituía una contribución muy positiva que debía ser valorada.

A su vez, quienes defendían la postura de la Real Academia, esgrimieron otras dos importantes razones. La primera es la que se refiere a la practicidad del lenguaje: el lenguaje debe ser simple para lograr, con el menor esfuerzo posible, la máxima comunicación. Así, las reglas gramaticales han evolucionado dentro de un orden natural según la necesidad de los hablantes, sin ningún tipo de imposición político-normativa. Como declaró el escritor Enrique Vila-Matas “El lenguaje está hecho esencialmente para entenderse. Por tanto, todo lo que se aparte de esto es un despropósito.” La segunda de ellas, es la referida a la cuestión del poder: las guías de lenguaje inclusivo forman parte de una estrategia del movimiento feminista que busca obtener mayores cuotas de poder.

En contrapartida, las críticas al documento del Dr. Bosque fueron tan numerosas como los apoyos. Agrupaciones feministas, periodistas, literatos y académicos españoles y latinoamericanos que promueven las propuestas de lenguaje no sexista, respondieron a la controversia en páginas webs, periódicos digitales, etc.

Uno de los principales cuestionamientos que se le realizó al informe fue por qué la Academia volvía a pronunciarse en 2012, cuando ya lo había hecho en 2005 y 2009, si las guías habían sido elaboradas más de diez años antes. En líneas generales, argumentaban que lo hizo porque quería volver a erigirse como autoridad lingüística, al verse contradicha por quienes abogan por el uso de un lenguaje inclusivo, y por la creciente influencia alcanzada por las guías entre los hablantes. Como afirmó la ensayista y lingüista Ivonne Bordelois: “Aquí no se está hablando de corrección gramatical sino acerca de quienes tienen derecho a interpretar las pautas de la lengua.”[45] Algunos otros sostenían que en realidad, se debía a que la Real Academia siempre reaccionó con retraso para incorporar y reconocer los usos que los hablantes ya hace tiempo utilizan, porque para hacerlo, exige que estos hayan sido utilizados masivamente en documentos o discursos selectos que ella misma considera válidos.

Otro argumento alegado fue que el Dr. Bosque Muñoz consideraba al lenguaje como una construcción arbitraria e inocente sin tener en cuenta que las estructuras lingüísticas son el producto de antiguas convenciones propias de la sociedad patriarcal, en la cual los hombres detentan el poder y fijan las normas, entre ellas las gramaticales. De esta manera, el debate no era meramente técnico sino también político e ideológico, ya que el lenguaje es un instrumento de poder y dominación y, por ello, el masculino genérico es un concepto cultural que subsume a la mujer en la categoría hombre.

Por otro lado, también se puso en tela de juicio la historia de la Real Academia y su conformación predominantemente masculina. Muchos autores la calificaron como una institución misógina, sexista, patriarcal y reaccionaria que busca mantener el statu quo frente al avance de una tendencia de cambio. Esto explicaría la razón por la cual nunca se ha posicionado a favor de la igualdad entre hombres y mujeres. Resulta esclarecedora, en este aspecto, la postura del ex director de la institución, Víctor García De la Concha, quien en 2009 sostenía que “la Academia no quiere ser ni feminista ni machista sino estar en ese feliz punto medio.” Sin embargo, según el propio diccionario de la RAE, machismo y feminismo no son pares antitéticos sino que el primero es una actitud prepotente de los varones respecto de las mujeres mientras que el segundo es un movimiento que exige para las mujeres iguales derechos que para los hombres.

La réplica bolivariana

En el documento analizado, el Dr. Bosque Muñoz citó la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela de 1999, para ejemplificar la confusión que podría generarle al lector abundar en dobletes de género. En su redacción, los constituyentes han utilizado el desdoblamiento en femenino y masculino de los cargos públicos para dar mayor visibilidad a las mujeres. El párrafo en cuestión era el siguiente: “Sólo los venezolanos y venezolanas por nacimiento y sin otra nacionalidad podrán ejercer los cargos de Presidente o Presidenta de la República, Vicepresidente Ejecutivo o Vicepresidenta Ejecutiva, Presidente o Presidenta y Vicepresidentes o Vicepresidentas de la Asamblea Nacional, magistrados o magistradas del Tribunal Supremo de Justicia, Presidente o Presidenta del Consejo Nacional Electoral, Procurador o Procuradora General de la República, Contralor o Contralora General de la República, Fiscal General de la República, Defensor o Defensora del Pueblo, Ministros o Ministras de los despachos relacionados con la seguridad de la Nación, finanzas, energía y minas, educación; Gobernadores o Gobernadoras y Alcaldes o Alcaldesas de los Estados y Municipios fronterizos y de aquellos contemplados en la Ley Orgánica de la Fuerza Armada Nacional.”[46]

La primera respuesta al informe la brindó Luisa Estella Morales, Presidenta del Tribunal Supremo de Justicia, quien sostuvo que se trató de ridiculizar la Constitución, criticando uno de sus principales logros: la visibilización de la mujer en el idioma. En este mismo sentido, la diputada oficialista ante el Parlamento Latinoamericano (Parlatino), Ana Elisa Osorio, afirmó que el lenguaje es un instrumento para luchar en contra de la discriminación y que ello es uno de los logros más importantes de la Revolución Bolivariana. Por su parte, el escritor Luis Britto argumentó que “al no incluirse los femeninos se están negando la existencia de funcionarias y mandatarias mujeres, por ello quien redactó la Carta Magna prefirió ser redundante antes que cometer una especie de genocidio de género.”

No obstante, también hubo quienes apoyaron el documento, como el presidente de la Academia Venezolana de la Lengua, Francisco Javier Pérez, para quien se trató de un texto objetivo sobre un problema lingüístico puntual, que no tenía ninguna intencionalidad política o ideológica crítica hacia la Carta Magna de su país.

Los debates sobre los usos de la lengua en el espacio virtual

Las tecnologías de la información y la comunicación desempeñaron un papel central en esta polémica. En primera instancia, porque el informe fue presentado en la publicación electrónica de la Real Academia Española, el Boletín de información lingüística (BILRAE), que recopila artículos relacionados con el correcto uso de la lengua. De la misma manera, desde hace unos pocos años, la Academia ha comenzado a servirse de los avances tecnológicos para divulgar y actualizar sus diccionarios, permitiendo realizar consultas interactivas desde su página web.

En segundo lugar, porque la mayor parte de la controversia se desarrolló a través de debates en páginas webs, blogs, periódicos en línea y en las redes sociales como Twitter y Facebook. Como resultado, proliferaron casi simultáneamente numerosas respuestas de apoyo o críticas al documento tanto en España como en América Latina y El Caribe. Así, por ejemplo, se crearon blogs ad hoc para apoyar al Dr. Bosque Muñoz como el que nucleaba a casi 500 lingüistas y académicos, Acerca de la discriminación de la mujer y de los lingüistas en la sociedad. El mismo poseía una sección para dejar adhesiones o comentarios. Paralelamente, algunas páginas webs y blogs feministas elaboraron notas y artículos en respuesta al catedrático que luego furon replicados –total o parcialmente- en periódicos y sitios de izquierda, no precisamente feministas, como Rebelión.org o Alinet.org.

En el caso de Venezuela, los diarios nacionales y locales se hicieron eco de las repercusiones suscitadas por el informe que podían encontrarse en la sección virtual cultural de El País -diario español que fue el primero en re-publicar el documento-. A su vez, se amplió y extendió el debate, recogiendo declaraciones de importantes figuras de la política y la cultura de su país y dejando abierto el espacio para nuevas respuestas.

Consideraciones finales

Como mostramos a lo largo del presente trabajo, las tecnologías de la información y la comunicación desempeñan un rol central en las sociedades actuales. En primer lugar, porque han provocado importantes cambios en nuestras maneras de informarnos, conocer y comunicarnos. En segundo lugar, porque han resultado ser un soporte imponderable en la difusión de las alternativas de lenguaje con perspectiva de género -dado que la posibilidad de digitalizarlos y subirlos a internet permitió que se extendiera su influencia entre el común de los hablantes y no sólo dentro de los ámbitos académicos y oficiales-, y en el desarrollo de los debates y discusiones en torno a los usos del lenguaje suscitados por las mismas. Finalmente, porque el desarrollo del software libre ha brindado la posibilidad de modificar el lenguaje, sesgado por la mayor participación masculina en la producción de programas y tecnologías digitales, favoreciendo el acercamiento de las mujeres a la tecnología. En este sentido, el feminismo latinoamericano ha bregado por hacer valer su presencia en el ciberespacio, cuestionando las limitaciones y prejuicios que impiden el acceso igualitario y democrático de las mujeres a las tecnologías -y al conocimiento-, y capitalizando los beneficios y facilidades técnicos para alcanzar la igualdad entre los géneros, transformar las relaciones de poder asimétricas y difundir su ideario.

Por otro lado, consideramos que los debates en torno a los usos del habla no remiten simplemente a aspectos técnicos del idioma sino que también se vinculan con el rol que cada participante en la controversia desempeña en la sociedad. El lenguaje no es neutral ni es producto de la arbitrariedad léxica sino que es, literalmente, resultado del dominio del hombre y de las distinciones sociales que él construyó.

En consecuencia, a través de la lengua transmitimos valores e ideas, incluimos y excluimos grupos raciales, sociales, religiosos, sexuales, etc. Cuando no existe un significante o un uso verbal adecuado para representar lo que queremos nombrar, lo invisibilizamos y, por ende, lo tornamos inexistente. Al designar un vocablo a un objeto, una persona o un hecho, le damos existencia, lo hacemos formar parte de la realidad. Es por ello que podemos afirmar que las polémicas en torno a los usos del habla revisten una disputa por el poder, porque quien controla el lenguaje también controla la realidad.

Con respecto a la coeducación, entendemos que es una herramienta fundamental para el feminismo en su lucha contra el sexismo lingüístico. Dado que todo el sistema de aprendizaje-enseñanza se asienta sobre el lenguaje, propone su utilización de manera consciente y despojada de estereotipos y promueve la visibilización y el empoderamiento de las mujeres y su participación en la producción de conocimiento.

 

DEFINICIONES

Androcentrismo

Sistema de pensamiento que sitúa al hombre como centro y unidad de medida de todas las cosas. Implica una visión sesgada del mundo dado que se sustenta en la idea de que la mirada masculina es universal y extensible a ambos géneros. Conlleva a la negación y al ocultamientos de la mirada y las experiencias femeninas.

Coeducación

Método educativo orientado a la transformación social y la equidad entre las personas, independientemente de su sexo. Apunta a la inclusión, el reconocimiento de las potencialidades e individualidades y la no discriminación.

Currículo oculto

Creencias, normas, actitudes y prácticas educativas que se transmiten de manera inconsciente, que no están planificadas pero que influyen en el proceso de aprendizaje.

Feminismo

Movimiento social y político que lucha por alcanzar la igualdad entre los géneros en tanto seres humanos; eliminar toda forma de discriminación y explotación y transformar las relaciones de poder  asimétricas entre varones y mujeres. A su vez, es una teoría crítica de la sociedad que posibilita la resignificación de los marcos de referencia con los que vemos la realidad.

Género

Construcción socio-cultural que define los comportamientos, valores, funciones y roles asignados como propios y naturales a mujeres y hombres, basados en su sexo biológico. Varía según cada contexto histórico, político, socioeconómico y cultural particular y entraña relaciones jerárquicas, por las cuales lo masculino es sobrevaluado en detrimento de lo femenino.

Hetero-normatividad

Imposición de la heterosexualidad por considerarla como la única sexualidad válida. Se basa en las diferencias anatómicas entre los sexos, por la cual se considera que solo existen dos géneros -masculino y femenino-.

Misoginia

Ideología social y política que se sustenta en el odio hacia las mujeres y pregona la subordinación de las mismas a los hombres.

Patriarcado

Sistema de organización socio-político en el cual los hombres ejercen el poder y la dominación sobre las mujeres, sometiendo sus cuerpos, apropiándose de su fuerza de trabajo y sus productos, asignándoles roles y espacios y constriñendo su sexualidad y capacidad reproductiva.

Sexismo

Conducta o comportamiento por el cual se privilegia un sexo sobre el otro. Se sustenta en la supuesta inferioridad biológica del sexo femenino y por ello perpetúa el dominio de los hombres y la subordinación de las mujeres en todos los aspectos de la vida social y de las relaciones humanas.

Sexo

Características biológicas que determinan que una persona sea hombre o mujer.

Socialización diferenciada

Proceso educativo, psico-social por el cual los sujetos asimilan determinadas maneras de actuar, pensar, valorar, sentir y comportarse de acuerdo a las funciones, normas, creencias y valores socialmente asignados a cada género en un determinado contexto histórico, político, socioeconómico y cultural particular.

Software libre

Soporte lógico que una vez adquirido por el usuario puede ser modificado, copiado, estudiado y redistribuido libremente. No posee sobre sí derechos de autor.

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Cuadro 01. Características de la escuela mixta y la escuela coeducadora

ESCUELA MIXTA

ESCUELA COEDUCADORA

No contempla las diferencias de género

Reconoce las diferencias de género

Transmite relaciones jerarquizadas y de poder entre los géneros

Apunta a una relación equitativa entre los géneros.

Igualdad formal

Igualdad real

sexismo lingüístico

lenguaje inclusivo

Reproduce conocimientos y valores sexistas. transmite el pensamiento androcéntrico

Pondera los saberes y valores tradicionalmente asociados a cada género por igual

A través del currículo oculto reproduce prácticas y creencias sexistas

Es un proceso intencionado y por ello, consciente, que abarca tanto los aprendizajes explícitos como los no explícitos

Cuadro 02. Alternativas para un uso no sexista del lenguaje

USOS LINGUISTICOS NO SEXISTAS

USOS LINGÜÍSTICOS SEXISTAS

Utilizar sustantivos colectivos, abstractos, metonimias, dobles formas del sustantivo, barras, arroba, expresiones neutras como el “se” impersonal, formas verbales pasivas.

Masculino genérico

Alternar el orden del femenino y el masculino.

Precedencia del varón por sobre la mujer en los pares de palabras

Utilizar expresiones neutras.

Salto semántico

Emplear adjetivos sinónimos invariables, dobles formas, sustituir el adjetivo por un sustantivo de la misma familia léxica.

Empleo de adjetivos sexuados masculinos

Emplear un sustantivo genérico, sustituir el participio sustantivado por un sustantivo de la misma familia léxica.

Utilización de participios sustantivados y adjetivos sexuados

Optar por formas verbales activas o por el “se” impersonal.

Utilización de participios pasados con marca de género

Reemplazar por pronombres relativos como quien/quienes o adjetivos o pronombres indefinidos como alguien/ cualquiera y expresiones neutras.

Utilización de pronombres demostrativos masculinos

Utilizar del femenino según corresponda.

Utilización del masculino de una profesión u oficio.


  1. Politóloga. Facultad de Ciencias Sociales. UBA.
  2. Compartimos la clasificación temporal del feminismo en tres olas esbozada por Montserrat Boix y Ana de Miguel. La primera ola es la referida al feminismo ilustrado y a la Revolución Francesa (1789), cuyo principal exponente es Olympe de Gouges. Abarca desde finales del siglo XVIII hasta mediados del siglo XX. Durante esta etapa, las mujeres adoptaron una táctica de lucha basada en campañas, marchas y actos públicos en las calles, con el objetivo de alcanzar la igualdad con los hombres, en materia de derechos civiles y políticos. La segunda, comprende desde inicios de los años ´60 hasta principios de la década del ´90. En este periodo las mujeres apuntaron a la creación de espectáculos de oposición que atrajeran la atención de los medios masivos de comunicación. Finalmente, la tercera ola de feminismo a nivel mundial es la que se refiere al post-feminismo o neo-feminismo, que abarca desde 1990 hasta la actualidad, en la cual las estrategias de lucha retoman ambos modelos de acción pública. Véase Montserrat Boix y Ana de Miguel, “Los géneros de la red: los ciberfeminismos” en Graciela Natanshon (Coord.), Internet en código femenino: teorías y prácticas, Buenos Aires, La Crujía, 2013, p. 69.
  3. Francesca Gargallo, “Ideas feministas latinoamericanas”, 2006. Disponible en: http://francescagargallo.wordpress.com/ensayos/librosdefg/ideas-feministas-latinoamericanas-2a-ed-aumentada-y-corregida-2006, consultado el 25 de abril de 2012.
  4. Fue una consigna particular de este contexto histórico, el lema feminista “Democracia en el país, en la casa y en la cama”.
  5. Por ejemplo, el concepto de patriarcado se generalizó a partir del Segundo Encuentro Feminista Latinoamericano y de El Caribe, celebrado en Lima en 1982.
  6. Dicha Conferencia fue un hito en el uso de las tecnologías de la información y la comunicación por parte de las mujeres. Por primera vez, y en tiempo real, mujeres de todo el mundo pudieron hacer un seguimiento online de los trabajos presentados, intervenir y dara conocer su opinión.
  7. Francesca Gargallo, Op. Cit., p. 33.
  8. Raúl Trejo Delarbre, “Internet como expresión y extensión del espacio público” en Revista Matrizes. Vol. 2, n° 2, 2009. Disponible en: http://rtrejo.wordpress.com/2012/04/10/internet-como-expresion-y-extension-del-espacio-publico, consultado el 17 de agosto de 2013.
  9. De acuerdo con Graciela Baroni Selaimen las tecnologías informáticas traen en sí potencialidades contradictorias, dado que pueden ser desarrolladas para la conservación o la subversión de las jerarquías y el statu quo. Véase Graciela Baroni Selaimen “Mujeres desarrolladoras de tecnologías. El desafío de las historias invisibles que viven entre ceros y unos” enGraciela Natanshon, op. cit, p. 131.
  10. Joan Mayans I Planells, “El ciberespacio, un nuevo espacio público para el desarrollo de la identidad local”, 2005. Disponible en: http://www.edicionessimbioticas.info/El-ciberespacio-un-nuevo-espacio, consultado el 20 de agosto de 2013, s/p.
  11. Virginia Vargas Valente, “Los feminismos latinoamericanos en su tránsito al nuevo milenio. Una lectura político-personal”, 2002. Disponible en: www.bibliotecavirtual.clacso.org.ar/ar/libros/cultura/vargas.doc, consultado el 25 de abril de 2012, p. 3.
  12. Para Boix y de Miguel las mujeres siempre se han relacionado con la ciencia y la técnica sólo que han sido silenciados sus aportes en pos de magnificar el papel de los varones. De esta manera, se remiten a los trabajos de las antropólogas feministas sobre el rol de las mujeres en las sociedades primitivas, según los cuales, habrían sido ellas las poseedoras del saber y protagonistas del proceso de producción y desarrollo de la agricultura, el arte y la medicina, debido a que permanecían con sus hijos en un lugar estable, sin salir con las partidas de caza de las tribus. A su vez reivindican las figuras de Ada Lovelace, considerada la primera programadora de la historia, y Grace Murray Hopper, tercera programadora de la computadora Mark I, desarrollada por IBM durante la Segunda Guerra Mundial. Véase Montserrat Boix y Ana de Miguel, Op. Cit., pp.55-56.
  13. Diana Maffía, “Epistemología feminista: la subversión semiótica de las mujeres en la ciencia” en Revista Venezolana de Estudios de la Mujer. Vol. 12, n° 28, enero-junio, 2007, Caracas. Disponible en: http://www.rimaweb.com.ar/wp-content/uploads/2012/07/Rev-28-063-092.pdf, consultado el 13 de agosto de 2013, pp. 63-98.
  14. CEPAL, “Mujeres en la economía digital: superar el umbral de la desigualdad”, 2013. Disponible en: http://www.cepal.org/publicaciones/xml/3/51083/Mujeresenlaeconomiadigital.pdf, consultado el 10 de noviembre de 2013, p.69.
  15. Por ejemplo, algunos sistemas informáticos utilizan términos como kill (matar) para eliminar archivos o mensajes, por lo cual el lenguaje, excesivamente técnico y sexista, resulta ser una barrera infranqueable en el acceso de las mujeres a la tecnología.
  16. Susana Bianchi y Norma Sanchis, El Partido Peronista Femenino. Vol. 1, Buenos Aires, Centro Editor de América Latina, 1988, p.14.
  17. Uno de los más importantes a nivel mundial, es la Convención sobre la Eliminación de Todas las formas de Discriminación contra la Mujer (CEDAW, por sus siglas en inglés) aprobada por la Asamblea General de las Naciones Unidas en 1979. A nivel regional, podemos mencionar la Convención Interamericana para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra la Mujer (Convención de Belem Do Pará), ratificada en 1994 por la Organización de Estados Americanos y signada por casi la totalidad de los estados miembros. En Argentina, país signatario de numerosos Tratados Internacionales de Derechos Humanos, ambas convenciones se han complementado con normas internas, tanto nacionales como locales, que cumplen con las disposiciones específicas de las mismas. Por ejemplo, a través de la Ley Nacional N° 26.150, sancionada en 2006, se creó el Programa Nacional de Educación Sexual Integral, por el cual se imparten contenidos orientados a la formación armónica, equilibrada y permanente de las personas y a procurar la igualdad entre varones y mujeres en todos los establecimientos educativos públicos, de gestión estatal y privada a nivel nacional, provincial y municipal. A su vez, en el ámbito de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, existen diversas normas que promueven la institucionalización de la educación integral con perspectiva de género. Entre ellas podemos mencionar la Constitución de la Ciudad (Arts. 23, 24 y 38); la Ley N° 114 (Art. 27) y LeyN° 474 (Art. 13), entre otras.
  18. Montserrat Boix y Ana de Miguel, Op. Cit., p. 49.
  19. Graciela Natanshon, op. cit.
  20. Gloria Bonder, “Las nuevas tecnologías de información y las mujeres: reflexiones necesarias”. Serie Mujer y Desarrollo, N° 39, ECLAC, CEPAL, 2002. Disponible en: www.eclac.org/publicaciones/xml/6/10626/lcl1742e.pdf, consultado el 23 de mayo de 2012, p. 42.
  21. La brecha digital es entendida como la desigualdad socioeconómica entre quienes tienen acceso a las tecnologías de la información y la comunicación y quienes no. De acuerdo con la CEPAL, actualmente, existen dos brechas digitales. La primera de ellas se refiere al acceso a las computadoras y a la conexión a Internet, según las características socio-demográficas de las personas, mientras que la segunda se relaciona con los usos, tanto con la intensidad como con la variedad, y está determinada por las capacidades y habilidades generadas por los individuos para utilizar los aparatos y recursos del nuevo paradigma tecnológico. Véase CEPAL, op. cit.
  22. Gil Juarez, Feliu & Vitores, “Género y TIC: en torno a la brecha digital de género”. Athenea Digital, s/d, noviembre de 2012. Disponible en: http://psicologiasocial.uab.es/athenea/index.php/atheneaDigital/article/view/Gil, consultado el 24 de diciembre de 2012.
  23. Foro de Organizaciones Feministas, “Declaración del Foro de Organizaciones Feministas a la plenaria de la XII Conferencia Regional sobre la Mujer en América Latina y El Caribe de la CEPAL”, 13 de octubre de 2013. Disponible en: http://www.cipaf.org.do/index.php/fof-santo-domingo-2013/item/260-declaraci%C3%B3n-del-foro-de-organizaciones-feministas, consultado el 18 de octubre de 2013.
  24. El término ciberfeminismo fue usado por primera vez en 1992, por las australianas Francesca da Rimini, Josephine Starrs, Julianne Pierce y Virginia Barratt, cuando conformaron un grupo de artistas y activistas llamado VNS Matrix (VNS=VeNuS) que publicó el primer Manifiesto Ciberfeminista.
  25. Montserrat Boix, “ Las TIC, un nuevo espacio de intervención en la defensa de los derechos sociales. Las mujeres okupan la red”, 2005. Disponible en:  www.mujeresenred.net/article.php3?id_article=293>, consultado el 28 de diciembre de 2012, p.156.
  26. Mujeres en Red excluye en su indexación a aquellas páginas web dirigidas a mujeres con fines comerciales- moda, cocina, maternidad, estética- que reproducen estereotipos sexistas.
  27. La Ruta Pacífica de las Mujeres es un movimiento feminista colombiano integrado por mujeres campesinas, indígenas, afrodescendientes, jóvenes, profesionales, intelectuales y estudiantes, mayormente provenientes de sectores populares. Su primera aparición pública fue en 1996, a partir de una movilización social en respuesta a la grave situación de violencia en la que se encuentran las mujeres en las zonas de conflicto armado, tanto rurales como urbanas. Trabaja por la tramitación negociada del conflicto armado en Colombia, por la visibilización de los efectos de la guerra en la vida de las mujeres y por la exigibilidad de los derechos a la verdad, la justicia, la reparación y la reconstrucción de la memoria histórica individual y colectiva para la no repetición. Esta información se encuentra disponible en http://www.rutapacifica.org.co
  28. Dafne Sabanes Plou, “Nuevos escenarios, viejas prácticas de dominación: la violencia contra la mujeres en la era digital” en Natanshon, Op. Cit.
  29. Francesca Gargallo, Op. Cit., p. 61.
  30. El código fuente de un software es el que define el funcionamiento del mismo. En él, se determinan las órdenes que la computadora debe seguir para ejecutar dicho programa. Un código fuente es abierto cuando su licencia permite que cualquier usuario pueda accederse a él para su estudio y modificación de manera libre ( copyleft ).
  31. La Fundación Casa del Bosque es una organización colombiana que aborda de manera transversal las relaciones entre género y tecnología, a través de la promoción de las tecnologías libres, la cultura digital, el activismo tecnopolítico, la reducción de la brecha digital y el empoderamiento tecnológico ciudadano. Esta información se encuentra disponible en: http://fcbosque.org
  32. Liliana Cruz, “El poder emancipador del software libre. Feminismo y software libre”, 2013. Disponible en: http://fcbosque.org/index/activistas-tecnoculturales-opinan/itemlist/user/353-liliana-cruz.html,consultado el 09 de julio de 2013, s/p.
  33. Graciela Baroni Selaimen, op. cit.
  34. Maite Rico, “El conflicto de Chiapas y los medios”, 1999. Disponible en: http://estepais.com/inicio/historicos/100/7_ensayo_conflicto.pdf , consultado el 22 de marzo de 2013.
  35. Montserrat Boix, “Una informática con lenguaje no sexista”, 2004. Disponible en: www.mujeresenred.net/article.php3?id_article=11>, consultado el 04 de julio de 2012, p. 2.
  36. Francesca Gargallo, op. cit., p. 22.
  37. García Meseguer reconoce dos tipos de sexismos: uno léxico y otro sintáctico. En el primero se incurre al utilizar ciertas palabras sesgadamente sexistas, el segundo, en cambio, se refiere a la forma en que se construyen as frases. Hay dos clases de sexismo sintáctico: 1.La óptica de varón que consiste en identificar a un colectivo con una perspectiva masculina. Por ejemplo: Gente que sólo busca su pan, su hembra, su fiesta en paz y 2.El salto semántico, que es el pasaje de una frase a otra, saltando de un colectivo de personas a uno de varones como en la frase Los ingleses prefieren el té al café. También prefieren las mujeres rubias a las morenas. Véase Álvaro García Meseguer,“El español, una lengua no sexista”, Estudios de Lingüística del Español, nº 16., 2002. Disponible en: http://elies.rediris.es/elies16/Garcia.html>, consultado el 01 de julio 2012.
  38. Por ejemplo se define edil como miembro de un ayuntamiento y edila como mujer miembro de un ayuntamiento. Véase Instituto de la mujer, “En Femenino y en masculino. Nombra. En. Red”, 2006. Disponible en: http://www.mujeresenred.net/spip.php?article862, consultado el 07 de mayo de 2012.
  39. Entre las definiciones sujetas a revisión se encuentran, por ejemplo, las de femenino, hombre, mujer, masculino, padre, madre y periquear, entre otros. Por otro lado, se incorporarán el femenino de algunas profesiones, como alfarera, enterradora, costalera y herrera.
  40. Alejandro Millán Valencia, “La Real Academia elimina definiciones machistas” en BBC, Mundo, 28 de noviembre de 2013. Disponible en: www.bbc.co.uk/mundo/noticias/2013/11/131127_diccionariorae, consultado el 30 de noviembre de 2013.
  41. Ignacio Bosque Muñoz, “Sexismo lingüístico y visibilidad de la mujer”, 2012. Disponible en: www.rae.es/rae/Sexismo_linguistico_y_visibilidad_de_la_mujer.pdf, consultado el 01 de abril de 2012.
  42. Álvaro García Meseguer, op. cit.
  43. Real Academia Española, www.rae.es, consultado en julio de 2012.
  44. Ignacio Bosque Muñoz, op. cit.
  45. Evangelina Himitian, “El “todos y todas” divide a intelectuales”. En La Nación, Cultura, 10 de marzo de 2012. Disponible en: www.lanacion.com.ar/1455443-el-todos-y-todas-divide-a-intelectuales.
  46. Ignacio Bosque Muñoz, op. cit., p. 11.


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