Otras publicaciones:

12-2842t

9789877230383-frontcover

Otras publicaciones:

9789871867868_frontcover

2 Educación y reformismo ilustrado en la Monarquía Hispánica

La propuesta de Cándido Trigueros (1767)

Laura Graciela Escanes[1]

Introducción

Pensar en posible la innovación educativa[2] en la Monarquía Hispánica en el siglo XVIII, en una coyuntura de cambios y circulación permanente de nuevas ideas, implica articular y cruzar la didáctica con la disciplina histórica. En este marco, se produce la dialéctica tradición/modernización que permite la coexistencia y el solapamiento de viejas y nuevas prácticas de enseñanza para escenarios cambiantes.

El presente trabajo pretende analizar y discutir el complejo proceso que se produce en la Monarquía Católica con la llegada de los Borbones al poder. El advenimiento de ideas ilustradas tendrá como correlato un cambio de modelo político que se verá reflejado en la introducción de prácticas cada vez más modernas en los ámbitos educativos. A partir del análisis del plan de estudios de Cándido Triguero buscamos rastrear estas transformaciones.

Se nos presenta una serie de interrogantes que se desarrollan a lo largo de este trabajo ¿Qué continuidades y rupturas podemos establecer entre el “mundo tradicional” y el “mundo moderno”? ¿Qué métodos y reflexiones pedagógicas innovadoras para la época podemos distinguir en el plan de estudios de Trigueros? ¿En qué medida todos estos cambios respondieron a las ideas que circulaban en Europa?

Entendemos que en la propuesta educativa que elaboró el ilustrado Cándido María de Trigueros en su “Plan de un nuevo método de estudios” (1767) se identifican algunos avances que, en torno a la secularización e innovación pedagógica, se propusieron en tiempos del reformismo ilustrado. En dicha fuente se identifican elementos pedagógicos y metodológicos considerados disruptivos de acuerdo a los criterios educativos de la época al tiempo que se visualizan muchas ideas que circulaban entre los grupos ilustrados no solo españoles sino también europeos.

En este sentido, pretendemos pensar la propuesta educativa dentro de un contexto más amplio de circulación de ideas dentro y fuera de la Monarquía Hispánica, en el que se dieron fenómenos de apropiación y resignificación de discursos y prácticas. Pensar la innovación educativa en el siglo XVIII nos abre una nueva oportunidad de análisis al comprender que enseñamos y aprendemos al calor de una época y que toda institución educativa es una construcción histórica y social. Como ha señalado Litwin (2016), los contextos explican, justifican, dotan de sentido, reconceptualizan o agregan una nueva dimensión.

La monarquía hispánica: entre la tradición y la modernización

Los Borbones repensaron España, a la luz de las nuevas ideas que circulaban por toda Europa. Las nuevas estructuras políticas y reformas encarnadas por esta dinastía coincidieron con el advenimiento de las ideas ilustradas en el siglo XVIII y con un proceso lento y complejo que tiene como corolario la reestructuración de las organizaciones sociales. Estas reformas no tuvieron como meta modificar ciertos aspectos de la sociedad sino reformular a la sociedad entera en todos sus niveles, por lo que se implementaron cambios fundamentales que reforzaron la autoridad de la Corona (Ayluardo, 2019). No obstante, la Monarquía Hispánica continuará muy aferrada a sus bases tradicionales, guiadas por la doctrina católica. Si bien las reformas borbónicas, al procurar darse una imagen imperial y centralizar el poder, intentaron reducir la influencia de las comunidades religiosas en nombre de una nueva razón de estado, de ningún modo, se buscó cambiar las bases católicas del orden vigente (Ternavasio, 2009). La dicotomía que se presentaba era mantener la tradición monárquica y católica española, e incluso fortalecerla y al mismo tiempo, generar un proceso de modernización en distintas esferas de la sociedad, sin apartarse del dogma.

En las obras ilustradas, la educación adquiere un lugar por demás destacado, ya que los ilustrados veían en ella, un objeto prioritario de intervención y reforma en la sociedad. Estos intelectuales orientaron nuevos planteos acerca del tipo de educación que se debía impartir. Construyeron propuestas de reformas tendientes a repensar los sentidos de la enseñanza y buscaron generar ciertas modificaciones de las prácticas imperantes en esas escuelas hispánicas dominadas por la escolástica. Coexistiendo así, viejos y nuevos métodos educativos, producto de la dialéctica tradición/modernización que operaba en la Monarquía Hispánica. En este sentido, se estableció la necesidad de una reforma en los métodos de enseñanza sin apartarse de la doctrina católica. La circulación de ideas se producía en distintas direcciones. Habrá ilustrados más apegados a la tradición, y junto con ella a la doctrina católica, y otros que comenzaron a pensar en clave de una secularización educativa (Perrupato, 2018).

Un hecho de gran trascendencia para comprender esta compleja coyuntura es la expulsión de la Compañía de Jesús de los dominios españoles. Ya que suscitó un vacío educativo, un período de excepcionalidad, que generó múltiples propuestas tendientes a innovar la educación. Como plantea Agamben (2004), trazaba nuevas maneras para pensar la educación dado que se constituía como un momento de indeterminación donde la “normalidad” debía replantearse permitiendo nuevos abordajes y métodos de enseñanza. Entre estos nuevos proyectos sobresale el Plan de un nuevo método de estudios, realizado en Sevilla en 1767 por Cándido María de Trigueros. Su propuesta, al igual que otras producidas por ilustrados en la segunda mitad del siglo XVIII, otorgaba gran significatividad a los métodos de enseñanza que, en este proceso de modernización educativa, serán de suma importancia para alcanzar un control social efectivo de una sociedad que estaba cambiando. Siendo las instituciones educativas construcciones sociales, históricamente producidas por el conjunto de sujetos que intervienen en la vida escolar y reproductoras de la sociedad en general –incluyendo sus injusticias y desigualdades– en este marco de crisis del Antiguo Régimen, se pretendió reproducir la sociedad estamental.

Trigueros en la historiografía española

Las líneas de investigación que se han desarrollado, con diferente intensidad, sobre la educación e Ilustración en la Monarquía Hispánica en general, y de Cándido Trigueros en particular, son diversas. Desde diferentes perspectivas un conjunto de investigaciones trazó un panorama general de los intelectuales del siglo XVIII. Estos abordajes ofrecen un conocimiento complejo de ese pasado y dan cuenta de un grupo de ilustrados heterogéneos, que, más allá de sus diferencias, compartían muchas ideas.

Distintos estudios se realizaron en torno a la Educación española del siglo XVIII. Diversos investigadores, desde la pedagogía o desde la historia han abordado la temática con múltiples perspectivas, enfoques y métodos. Podemos encontrar una intensa producción historiográfica que se vio atravesada por las circunstancias políticas y sociales del contexto. Sebastián Perrupato (2017) establece cuatro momentos históricos para entender la historiografía en torno a la educación española en el siglo XVIII. El primero incluiría el siglo XIX y se extendería hasta principios del XX. Surgieron en este periodo historias generales de España que, abocadas a cubrir un vacío historiográfico, fueron despojadas de todo cientificismo pese a la gran documentación inédita consultada.

Las primeras décadas del siglo XX han sido muy productivas para la historia de la educación en España. A mediados de este nuevo siglo, se observa un influjo de la escuela de Annales que se vio reflejado en el hecho de que la atención fue puesta en los temas sociales y económicos. Además, la dictadura franquista, que para muchos significó un retroceso historiográfico, impulsó un evidente relevo temático del siglo XIX, relegando a un segundo plano el siglo XVIII (Pasamar, 2004).

El tercer momento comenzaría con los últimos años del gobierno de Franco. Los mismos se caracterizan por nuevas perspectivas de análisis y la inclusión de perspectivas historiográficas hasta el momento desconocidas en España. Así las dos décadas posteriores fueron muy ricas en investigaciones sobre el tema, incorporando nuevas perspectivas analíticas provenientes del campo de la educación. El retorno a la democracia significó una ruptura no solo con la forma de hacer historia, sino también con la forma de concebirla (Peiró, 2013). Fue entonces cuando se dio una eclosión en contenidos y métodos que la llevaron a superar el aislamiento y retraso que traía. El auge de la historia social favoreció el desarrollo de nuevos intereses dentro de la investigación histórica.

El último momento historiográfico que distingue Perrupato (2017), tendría su comienzo con el nuevo milenio y se extendería hasta la actualidad. En las investigaciones recientes, podemos distinguir algunos ejes sobre los que se ha desarrollado la historiografía educativa entre ellos cabe señalar la historia regional, la historia de las instituciones, la historia de las mujeres y el análisis biográfico de los ilustrados.

En esta última línea podemos enmarcar la historiografía disponible sobre Cándido Trigueros. Por lo que sabemos al momento las investigaciones que sobre él se realizaron hicieron énfasis en sus obras literarias y no en su propuesta pedagógica. Sobre la reforma del plan de estudios debemos mencionar la conferencia pronunciada por Aguilar Piñal en el III Coloquio de Historia de la Educación organizado por la Sociedad Española de Pedagogía de 1984 y dos libros del mismo autor (1987 y 2001) cuyo centro de análisis fluctúa entre la pedagogía y la literatura. También Perrupato (2018) ha trabajado el plan como parte de su libro Ilustración, educación y cultura, pero su preocupación por la Ilustración en general no le permitió avanzar sobre la propuesta de Trigueros. Fuera de estas publicaciones solo se encuentran estudios que abordan sus obras literarias descuidando la perspectiva educativa del ilustrado.

Como se desprende de las investigaciones previas, los trabajos no se han dedicado a todos los ilustrados por igual, relegando aquellos que no tuvieron un lugar protagónico en el programa del reformismo borbónico ignorando que, como afirma Aguilar Piñal (1987), si se pretende conocer la Ilustración en profundidad es necesario acudir tanto a autores destacados como a aquellos personajes menos conocidos. Ilustrados como Cándido Trigueros adquieren entonces singular importancia ya que nos permiten conocer mejor la realidad educativa de la Monarquía hispánica del momento.

Cándido Triguero y su propuesta educativa

El análisis de la obra de Trigueros nos permite comprender elementos pedagógicos y metodológicos novedosos según los criterios educativos del Siglo XVIII en la Monarquía Hispánica. En dicho plan podemos establecer que se gestaron nuevas concepciones de enseñanza y nuevas estrategias para llevarlas a cabo, en esta línea se comprenden las palabras de Trigueros (1767) cuando afirma “Ciertamente, la costumbre de enseñar, no del mejor modo que se debiera, es que se intenta corregir al dar un plan de reforma del método de la enseñanza pública” (p. 31).

La preocupación por los nuevos métodos llevó al ilustrado español a plantearse la utilización adecuada del tiempo, considerando necesario que no haya tiempos perdidos, superfluos, durante el periodo de enseñanza, y a la vez considerando necesarios la aplicación de tiempos libres. En esta misma línea, el autor analizaba la duración que cada asignatura debe tener y en qué momento debe ser enseñada.

Es costumbre en algunas facultades, que los maestros dicten y los jóvenes escriban lo que van estudiando, […] No obstante, yo quería mejor, que se imprimiesen los referidos compendios y que los que estudiasen no malgastasen, como mal gastar más de la mitad del tiempo en escribir lo que deben estudiar (Trigueros, 1767, p. 256).

Para maximizar el tiempo el autor proponía estructurar los niveles de enseñanza de acuerdo a las posibilidades de los estudiantes buscando en todos los casos avanzar en la enseñanza de las ciencias modernas y en el conocimiento de las artes. Por otra parte, se incorporaron dispositivos didácticos, como letras de madera, cartillas y catones cuyo uso contribuiría a que la enseñanza no sea un espacio de angustia o aburrimiento, sino de motivación a los alumnos.

Cándido Trigueros establecía que la educación del niño debía comenzar por la observación de lo más cercano y la memorización de cuestiones sencillas. El autor incorporaba la idea de gradualidad y categorización de los alumnos en diferentes clases. Proponía un método de enseñanza gradual que partiera de aquello más conocido a aquello menos conocido y que requiriera de una base sobre la cual asentar el conocimiento posterior.

Las dificultades la vencerá, el que, comenzando este cultivo desde temprano, se acomode desde luego a lo que puede un niño, y rija desde entonces, procurando siempre cuanto sea posible buscar lo más fácil para el niño, lo más útil y usando un método que jamás se desmienta […] Que la buena educación debe comenzar desde las primeras letras y que en cualquiera cosa se debe principiar por lo más fácil (Trigueros, 1767, p. 9)

Esta idea no es nueva ya había sido planteada por Comenio en su Didáctica Magna. De él hereda también la preocupación por la búsqueda del mejor camino para que los estudiantes aprendan, el mejor método para enseñar, al tiempo que pretendía una mayor claridad, reglas breves, sin incluir en nada superfluo y que permitan conocer bien los saberes a enseñar. Los recursos humanos para emprender la tarea no serían un problema para Trigueros ya que, según él, “Sobran en las ciudades de España personas hábiles para desempeñar tal cosa (buenos maestros), sin superfluidades, ni pérdida de tiempo; y que todo se afirma más en la memoria por medio de exámenes periódicos, muy repetidos” (1767, p. 257).

Dentro de los saberes a enseñar adquiría especial énfasis la lectoescritura que era acompañaba de un catecismo católico que los estudiantes debían repetir de manera memorística. No encontramos en Trigueros una crítica a este método, aunque sí a las formas de enseñanza sobre la lectoescritura. Escribe el autor en su tratado:

Suelen adiestrarlos (a los muchachos) a lo que llaman leer en proceso, que es letra de mano. Me parece a mí, que se podría hacer esto mismo con mayor provecho, si el libro, que han de leer en este tiempo fuese un breve y exacto compendio de la historia de España, en el cual estuviesen escritos con buen orden y estilo, los principales acontecimientos de ella, […] Apenas había un muchacho de mediano o menor talento […] que cuando le ponen a escribir no sepa de memoria todo el catecismo, de modo que nada más tiene entonces que hacer, que escribir lo que le mandan y repetir un día en la semana uno o más capítulos de la doctrina que ya sabe, a fin de que no se le olvide. Entonces es la ocasión de que aprenda la gramática española, y que pasado algún tiempo, comience a repetir también semanariamente las reglas de ella para que mejor se le impriman (Trigueros, 1767, p. 34).

Así mismo, el ilustrado español le daba importancia a la aparición de distintos dispositivos de control que garantizaran el orden necesario para las instituciones educativas. Muchas de las disposiciones ilustradas fueron utilizadas en función de la homogeneización y adoctrinamiento de los cuerpos ejemplo de ello es la necesidad de “vestirse con la decencia correspondiente” (Closa, 1801, f. 18). Se pretendía establecer un habitus del comportamiento que sostuviera la sociedad estamental en evidente crisis.

El fin es que los jóvenes sean de tal modo dirigidos que puedan saber perfectamente, con el menor trabajo posible y sin dispendio de tiempo, y fatigas individuales que han de servir después para que, aprovechados en ella, o en ellas, pueden ser útiles a sí, y a la República (Trigueros, 1767, p. 7).

En esta línea, se refuerza la necesidad de generar una formación basada en los principios básicos de la doctrina cristiana y de la moral. A partir de las enseñanzas del catecismo “En estas escuelas se enseña a los niños la doctrina cristiana, haciéndoles aprender de memoria el catecismo, con utilidad tan notoria y manifiesta […] En efecto, lo que entonces se aprende bien, tarde o nunca se borrará de la memoria” (Trigueros, 1767, p. 17).

Al mismo tiempo se incorporaban nuevos saberes que podríamos considerar más modernos, asociados al desarrollo de las ciencias y de la filosofía moderna. Incluso muchos de estos puntos entraban en contradicción con la doctrina cristiana. Evidentemente la propuesta de Trigueros mostraba atisbos de secularización que avanzaban sobre el lugar de la religión pero no la excluían. Esto no implicaba dejar de tener cuidado con algunas doctrinas consideradas perjudiciales para los jóvenes. En este sentido, cabía prestar atención a los libros que se usaban para la enseñanza:

Los libros que se dan a los niños para adiestrarse en leer, merecen también algún cuidado. Deben buscarse para estos libros, en los cuales no se mire al fin de que lean, sino también de otros fines no menos útiles, y hacedores […] Debe haber mucho cuidado a que lean libros útiles a las costumbres, y de los cuales pudiese pegárseles algo provechoso para en adelante (Trigueros, 1767, p. 22).

Consideraciones finales

Podemos observar la existencia de continuidades y rupturas que se producen en el seno de una sociedad estamental en crisis y que necesitó generar nuevas estrategias de reproducción. Situación en la que conviven diferentes tensiones, las cuales podemos percibir en el “Plan de un nuevo método de estudios” de Cándido M. Trigueros, ya que da cuenta de la necesidad de incorporar y combinar propuestas de innovaciones educativas generadas en un marco más general de reformismo ilustrado, que va más allá de la Monarquía Hispánica, y donde se reproduce una sociedad estamental, una doctrina católica y moral, y una tradición monárquica que busca permanecer.

En este marco de circulación de ideas contrapuestas y tensiones, es esencial comprender la educación y cualquier reflexión que se realice en torno a ella, como un elemento de control y de reproducción social. Reproducción que no es lineal ni estática, y que implica tensiones y conflictos. La expulsión de los jesuitas de los territorios de la Monarquía Hispánica en 1767 por obra del reformismo ilustrado generó un vacío educativo que obligo a muchos intelectuales a generar propuestas alternativas tendientes a sobrellevar este vacío. En esta misma línea, consideramos de vital importancia destacar la evidente historicidad que posee todo hecho educativo, elemento coyuntural para la comprensión de la realidad.

Referencias bibliográficas

Aguilar, P. (1984) “El Plan de estudios de Cándido María Trigueros (1768)”. III Coloquio de Historia de la Educación organizado por la Sociedad Española de Pedagogía. Universidad de Barcelona.

Aguilar, P. (1987) Un escritor ilustrado: Cándido María Trigueros. Madrid: CSIC.

Aguilar, P. (2001) El académico Cándido María Trigueros (1736-1798). Madrid, Real Academia de Historia.

Ayluardo, G. (2019) Las Reformas Borbónicas, 1750-1808. México: Fondo de Cultura Económica.

Bourdieu, P. (2011) Las estrategias de reproducción social. Buenos Aires: Siglo XXI.

Closa, J. (1801) Oración Inaugural sobre los deberes del maestro de primera educación leída en la Junta General Celebrada la tarde del día 29 de Enero del año 1801. Barcelona. Compañía de Jordi, Roca y Gaspar. BNE, Sermones Varios. Mss. 3433.

Gruzinski, S. (2010) Las cuatro partes del mundo. Historia de una mundialización. México: Fondo de Cultura Económica.

Litwin, Edith (2016) El oficio de enseñar. Buenos Aires: Paidós.

Negrín Fajardo, O. (1987) Educación popular en la España de la segunda mitad del siglo XVIII. Madrid, UNED.

Pasamar, G. (2004) “La influencia de “Annales” en la historiografía española durante el franquismo: un esbozo de explicación”. Historia Social, 83, pp. 149-172

Peiró, I. (2013) Historiadores en España. Historia de la Historia y memoria de la profesión, Zaragoza, Prensa de la Universidad de Zaragoza.

Perrupato, S. (2013) “Secularización, desacralización o laicización. Aportes para un debate en torno a la cuestión española en el siglo XVIII”, en Actas XIV Jornadas Interescuelas, Mendoza, UNCu, en línea: http://cdsa.aacademica.org/000-010/96.pdf.

Perrupato, S. (2017) Historiografía, educación e Ilustración en la Monarquía hispánica. Un estado de la cuestión sobre la Educación en el siglo XVIII español. Cuadernos dieciochistas. N° 18, 2017, pp. 295-329.

Perrupato, S. (2017) Pensar América desde Europa. Propuestas de educación en la Monarquía Hispánica del siglo XVIII. En: AAVV Estudios en Historia Moderna desde una visión Atlántica. La Plata: Universidad Nacional de La Plata. Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación.

Perrupato, S. (2018) “Ilustración y circulación de ideas pedagógicas en la Monarquía Hispánica”. Revista Humanidades. Vol. 8, Núm. 2, 2018, pp. 1-33.

Perrupato, S. (2020) “Pensar la investigación imaginando mundos. Narrativa e imaginación en la (re) construcción de la cultura escolar”. Revista de Educación, 19, 2020, pp. 285-302.

Sánchez Blanco, F. (2013) La Ilustración y la Unidad cultural europea. Madrid, Marcial Pons.

Tietz, M. (1992) La secularización de la cultura española en el siglo de las luces. Wiesbaden, Herzog Agust Bibliohek.

Ternavasio, M. (2009). Historia de la Argentina, 1806-1852. Buenos Aires: Siglo Veitiuno.

Trigueros, C. Plan de un nuevo método de Estudio, Sevilla 15 de Octubre de 1767, BNE. Mss. 20.287-352.


  1. Profesora en Historia por la UNMdP. Miembro del Grupo de Extensión en Innovación Educativa e integrante del proyecto La cultura escolar en la historia de educación (OCS 5304/21) dependiente de la Secretaría de Investigación de la UNMdP. E-mail: lauragracielaescanes@gmail.com.
  2. Entendemos por innovación educativa toda planeación y puesta en práctica creada con el objeto de promover el mejoramiento institucional de las prácticas de la enseñanza y/o de sus resultados (Litwin, 2016, p. 65).


Deja un comentario