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3 La educación femenina en el “Discurso en defensa del talento de las mujeres” de Josefa Amar y Borbón

Entre la innovación y las convenciones sociales

Cecilia Verino[1]

El presente trabajo se propone analizar el libro Discurso en defensa del talento de las mujeres, y de su aptitud para el gobierno, y otros cargos en que se emplean los hombres de Josefa Amar y Borbón. Este artículo busca realizar un aporte a los estudios sobre la Ilustración española en perspectiva de género de carácter transversal y con una mirada femenina que dé cuenta de la experiencia educativa de las mujeres en la Ilustración española. Para esto dividimos el ensayo en diferentes partes, realizando un recorrido desde el contexto general hasta el caso de la autora cuya obra analizaremos:

  • La educación de las mujeres en España a fines del siglo XVIII.
  • Reseña biográfica de Josefa Amar y Borbón
  • Los aportes de Josefa Amar y Borbón a la Ilustración española y la educación de las mujeres.
  • Discurso en defensa del talento de las mujeres.

La educación de las mujeres en España a fines del siglo XVIII

En primer lugar, nos interesa partir del análisis de la educación femenina en el contexto histórico del siglo XVIII. Consideramos importante para ello analizar los debates acerca de la naturaleza y los roles atribuidos a las mujeres a finales de la centuria en España y como eran entendidas las relaciones entre ambos sexos en dicho período. En este sentido, no podemos comprender cómo era pensada la educación de la mujer si no tenemos presente las características que le eran atribuidas y las funciones se esperaban de ella.

Para ser más específicos, Mónica Belufer Peruga (2004) sostiene que para el caso de España (como para otros países europeos) toma fuerza una idea de la feminidad con valor moral y utilidad para la sociedad, donde la mujer complementa al varón. En este sentido, menciona la autora, se justifican normas sociales a partir de condiciones biológicas y se espera que ambos sexos acepten y lleven adelante las funciones y los espacios que se le atribuyen según su naturaleza.

Este modelo educativo buscaba modernizar la didáctica para que los diversos estratos sociales pudieran ponerse al corriente de las transformaciones políticas, económicas y sociales. Los principales lineamientos residían en la difusión del conocimiento y las habilidades sobre las artes y los oficios mediante la formación profesional y religiosa, los preceptos morales y las nociones del orden público, junto con la escritora. El objetivo principal era encauzar a los diferentes estamentos dentro de un orden social (Perrupato, 2018).

En este contexto surgen tratados de higiene pública y privada y de buena conducta, productos de la mentalidad del Antiguo Régimen. En estos, la mujer debía contribuir al progreso de su país con sus funciones maternales y domésticas, trabajando en pos del bienestar de su familia. Teniendo en cuenta esto, nos planteamos el interrogante sobre si la educación femenina estaba pensada para brindarles empoderamiento y reconocimiento social a sus destinatarias; o más bien se limitaba a darles herramientas para que cumpliera mejor los roles que se le habían designado.

Además, cabe aclarar que existía una distinción en el tipo de educación que recibiría la mujer en base a su condición social. Una dama de los sectores más privilegiados económica y socialmente debía refinar su cultura, sus conocimientos religiosos y sus habilidades maternales. Las mujeres de los sectores medios aprendían lenguas modernas, religión, urbanidad y labores, pero sin profundizar en su formación (Gallego Abaroa, 2006).

Por lo cual, el rol social de la mujer sigue limitado por la dependencia a su esposo y a los deberes asignados a su género, fundamentalmente las labores domésticas. Sin embargo, en este esquema hubo una tarea que resultó ser renovadora para ellas: ser las primeras educadoras de sus hijos. Aunque dicha instrucción estuvo limitada a lograr que los niños aprendieran a desempeñar el rol que les correspondía en la sociedad, resultaba innovador el lugar destacado que adquiría la mujer en la educación de los hijos.

En este sentido, una de las preocupaciones de los ilustrados era la moral de las niñas, de ahí el énfasis en la instrucción religiosa de sus madres, es decir, sus educadoras. En esta enseñanza, los preceptos católicos se mezclaban con nociones de higiene, psicología, economía doméstica, para dar paso a nuevas configuraciones sociales (Perrupato, 2018).

Reseña biográfica de Josefa Amar y Borbón

Josefa Amar y Borbón nació en Zaragoza en 1749. Era hija de José Amar y Arguedas, médico de Fernando VI y luego de Carlos III. La muchacha había recibido una esmerada educación de parte de maestros y lingüistas de la Corte. De ellos aprendió latín, griego, lenguas modernas, teología y filosofía. También, recibió lecciones de literatura, historia, geografía y matemáticas (Bono Guardiola, 2003). Todo aquello redundó en una formación que no era frecuentemente impartida en las jovencitas de esa época. Además, poseía amplios conocimientos de medicina, posiblemente debido a la profesión de su padre.

Ingresó en 1782 en la Real Sociedad Económica Aragonesa, siendo la primera mujer en pertenecer a dicha asociación y en 1787 se incorporó a la Junta de Damas de Madrid. También fue miembro de la Sociedad Económica de Amigos del País de Zaragoza primero y de Madrid después donde participó durante 1786 en el debate sobre la admisión de las mujeres, lo cual le dio repercusión pública. Producto de este debate, publica ese mismo año Discurso en defensa del talento de las mujeres y su aptitud para el gobierno. En esta obra apostaba por las dotes intelectuales de las mujeres y sus capacidades para la actividad política.

En 1790 publica su escrito más conocido: Discurso sobre la educación física y moral de las mujeres, el cual puede ser considerado como una propuesta rupturista sobre la educación que debían recibir las mujeres y el rol que les correspondía cumplir a estas en la producción académica, con sugerencias como la incorporación de las damas a las sociedades.

Los aportes de Josefa Amar y Borbón a la Ilustración española y la educación las mujeres

Cabe mencionar que uno de los detonantes de la producción letrada de Josefa Amar y Borbón fue la influencia de antecesores suyos como Feijoo o Jovellanos. Estos se cuestionaban sobre la capacidad de las mujeres para las letras y los cargos políticos. En el siglo XVIII la discusión sobre el rol de la mujer en la sociedad se hizo cada vez más intenso y se potenció en función de la incorporación de la mujer en las Sociedades Económicas. El debate supuso un parte aguas, mientras algunos ilustrados como Campomanes o Jovellanos se mostraron a favor otros como es el caso de Cabarrús se manifestaron en contra.

La autora notaba que la mayoría de los intelectuales de la época definían a las mujeres en función de su supuesta naturaleza sensible y doméstica y que, por ello, consideraban necesario apartarlas de las esferas públicas. En este sentido, se convirtió en una ferviente defensora de la participación femenina en las Sociedades Económicas. Desde allí participó en diversos proyectos formativos, asistenciales y de caridad –considerados femeninos por la sociedad de la época– como en actividades intelectuales y políticas o de gestión (Bolufer Peruga, 2004). Pero fue desde sus escritos que Josefa Amar buscó presentar su punto de vista en cuanto a la educación pensada especialmente para la mujer, hablando en nombre de sus pares de género.

Coincidimos con Vicente Pedraz y Brozas Polo (2014) cuando señalan que en las ideas de la Ilustración, la educación era considerada como un bien necesario para todos, lo cual no quiere decir que todos deban recibir el mismo tipo de instrucción. Más bien, cada uno debería recibir el tipo de enseñanza que requería para cumplir con su rol social, para así contribuir a la felicidad y bienestar común. Teniendo en cuenta lo mencionado, sostenemos que Josefa Amar atribuye un papel limitado en la educación, siempre que esta no descuide a las labores domésticas de las mujeres: “No se pretende en esto que todas las mugeres indistintamente hayan de estudiar y aprender las materias que aquí se apuntarán: lo primero, porque no sería conveniente á todas el distraerse tanto de los negocios de la casa” (Amar y Borbón, 1790, p. 167). Se plantea entonces un nuevo interrogante sobre la prioridad que brindaba la autora a que la mujer cumpla con las tareas domésticas y el manejo de la casa.

En el prólogo del Discurso sobre la educación física y moral de las mujeres, dejaba en claro que sus líneas estaban dirigidas solamente a aquellas mujeres capaces de leer y escribir. Es decir, la nobleza, una ínfima parte de la sociedad y la más privilegiada. En este sentido, el mensaje dirigido a este estamento remarcaba la importancia de dedicarse al gobierno y administración de la casa, menesteres descuidados por las damas de alta sociedad.

Se ha considerado siempre la educación como el asunto mas grave y mas importante. De él depende la felicidad pública y privada: bien general del Estado. Así, quanto mejor fuere la educación, será mayor el número de las personas felices […] Por tanto no se hablará de aquellas mugeres de la clase común, que les basta saber hacer por sí mismas los oficios mecánicos de la casa (Amar y Borbón, 1790, p. I).

Discurso sobre la educación física y moral de las mujeres

Publicado en 1790, el Discurso sobre la educación física y moral de las mujeres recogía los ecos del debate sobre la mujer en la literatura francesa en el siglo XVIII, así como el Discurso en defensa de las mujeres de Feijoo aparecido en 1726, aunque con unas leves diferencias. El mencionado autor reconoce que los defectos achacados a las mujeres se debían a que se les había negado una adecuada instrucción, pero solo se limitaba a enumerar una serie de cualidades netamente femeninas, quienes se limitaban a ser las encargadas del hogar. Amar y Borbón, por el contrario, abogaba por una igual educación entre hombres y mujeres y sostenía que deberían tener las mismas posibilidades para desempeñar cualquier función y trabajo (Bono Guardiola, 2003).

Josefa Amar separó el proceso educativo en dos partes: la educación física y la educación moral. Como sostiene Bono Guardiola (2003) por educación física entendía la importancia de la robustez del cuerpo en el curso de la vida, mientras que por educación moral concibió ordenar el entendimiento y las costumbres, a lo que consideró el único medio de adquirir una felicidad constante y verdadera (Bono Guardiola, 2003).

En cuanto a la educación física, se refería principalmente a la maternidad y todo lo que ella implica: embarazo, parto, lactancia, etc. Si leemos estas ideas a la luz de los postulados ilustrados, se entiende la importancia que la autora le daba a este aspecto. Hacia finales del siglo XVIII, la mujer de la clase acomodada en España, adolecían de una condición débil y enfermiza debido a la poca importancia que se le había dado a la salud física en la educación de estas damas. Para Josefa Amar esto las había convertido en débiles, miedosas y demasiado sensibles. Por lo cual, se encontraban en una precaria situación física y psicológica para enfrentar la gestación, el parto y la crianza, dando a luz niños débiles producto de su condición (Huguet Santos, 1989).

Tan léjos está de fomentar una fortaleza varonil en las mugeres, que se les permite contraer desde niñas el vicio de asustarse por qualquiera cosa, aun sin discernir entre los verdaderos peligros ó imaginarios. Lloran por costumbre; y todo esto ocasiona una delicadeza y pusilanimidad, que llega á hacerlas inútiles para todo (Amar y Borbón, 1790, p. 5).

Es por ello que las ideas ilustradas (incluyendo a Josefa Amar) abogaron por una educación que incluyera un fortalecimiento tanto físico como mental de las mujeres. Esto se proyectaba a los fines de poder tener la fortaleza necesaria para llevar a cabo tu tarea más importante: la maternidad. Así su principal aporte al bienestar de la sociedad era darle hijos sanos que puedan desempeñar de manera adecuada su rol en la comunidad. En este sentido, la ilustrada sostenía que la salud robusta y fortaleza física de la mujer iba a poder asegurar el nacimiento de niños en iguales condiciones. Por el contrario, cualquier vicio o mal hábito de los padres, podría afectar a su hijo:

El cuidado que han de tener los padres de la salud y buena complexion de sus hijos debe comenzar desde antes de su nacimiento; porque los vicios que se contraen por los humores de aquellos, y en particular por los desórdenes de la madre mientras el feto está en el vientre, suelen ser incurables (Amar y Borbón, 1790, p. 6).

El hecho de que dedique prácticamente la mitad de su tratado a la educación física orientada exclusivamente a la maternidad, da cuenta del papel principal que la dama cumple en el pensamiento de Josefa Amar. Es decir, el rol principal de la mujer es la de gestar y criar hijos (seguramente posibles herederos de los negocios, posesiones o títulos tanto suyos como de sus esposos) que puedan continuar con el linaje familiar.

En cuanto a la educación moral, priman en el escrito las labores manuales y la administración del hogar, apartados que ocupan dos capítulos. En el primero, la escritora muestra su visión tradicional al enumerar las siguientes funciones femeninas: tejer, bordar, coser e hilar. Estas labores resultan importantes para combatir la actitud preocupante de las mujeres, que “se estan ociosas ó pasan el dia en la calle; Fatal abuso, origen de varios disgustos en las familias” (Amar y Borbón, 1790, p. 155). Josefa Amar detallaba la importancia, según ella, de que las mujeres aprendieran esas labores. Al igual que las ideas comunes de la época, la autora se preocupaba por la curiosidad:

La curiosidad es muy característica en las mugeres. De este defecto se pudiera sacar mucho partido, y aun convertirlo en provecho, si se en caminase á cosas útiles. Por eso se han señalado las materias, á que podrían aplicarse evitando de este modo aquella curiosidad indiscreta (Amar y Borbón, 1790, p. 235).

Con esto último, podríamos aseverar que el interés de Josefa Amar por la educación radica en aprovechar las características atribuidas a ella para que cumpla mejor su rol en pos de contribuir a la felicidad común, como requerían los ideales de la Ilustración. En este sentido, la educación cumple un papel de utilidad para las mujeres, dado que le ayudan a sobrellevar las dificultades del matrimonio y la administración del hogar. Siguiendo la postura de Viñao Frago (2003) se percibe el discurso de Amar entre felicidad privada, familiar, social y pública tan característica del pensamiento ilustrado. Esto es debido a la casi nula separación entre las esferas públicas y privadas de la vida, así como al hecho de que –según el discurso ilustrado– la prosperidad de la nación residía en la instrucción de los súbditos y en los aportes de los mismos al bienestar común.

Podría decirse que una de las maneras que tenían las damas para contribuir a este bienestar colectivo era el cumplimiento de sus labores domésticas, de vital importancia para la escritora: “Estas labores son de gran de utilidad para la casa; porque siendo absolutamente precisas en todas, si no las hacen las señoras ó sus criadas, es menester mandarlas hacer á costa de dinero” (Amar y Borbón, 1790, p. 151).

En este sentido, la autora considera la importancia de instruir a las niñas desde la más tierna infancia en que aprendan estas labores, siendo la madre, la principal educadora:

Es menester pues aplicar á las niñas desde muy temprano a áprender primero aquellas cosas más conducentes primero aquellas cosas mas conducentes en las casas, como hacer calceta, coser é hilar; y en sabiendo éstas, las demás que pueden servirles alguna vez […] Procuren las madres dar buen exemplo en esta materia, trabajando algunas veces en presencia de sus hijas (Amar y Borbón, 1790, p. 49).

Es necesario destacar también que Josefa Amar procura explicar el motivo por el cual el trabajo doméstico atañe a las mujeres, estableciendo una división del trabajo según los sexos:

De la economía y gobierno doméstico, los hombres ó tienen empleo que los precisa á salir lo mas del día, ó viven de su trabajo, y no pueden cuidar de las demás cosas, ó aun quando tengan haciendas para mantenerse necesitan otro género de vida de más acción y exercicio que las mujeres […] Que este cargo sea como privativo de la mujer (Amar y Borbón, 1790, p. 156).

Tampoco se cuestiona mucho en cuanto a la imagen, defectos y virtudes atribuidos a las mujeres, de quienes se espera que sean moderadas, con templanza, juiciosas y reservadas. Por ejemplo, en el capítulo tercero de su Discurso sobre la educación física y moral Amar y Borbón daba cuenta del modo en que se debía preparar el temperamento de las niñas:

Una máxima muy importante es la de acostumbrar á las muchachas á moderar sus deseos, y contentarse para su adorno con lo que sus padres buenamente les quieran conceder. No se ha de permitir á las niñas que se mezclen en las conversaciones de los grandes, y menos de sus padres; pues lo contrario es falta de respeto, y ocasiona también el perjuicio de que acostumbrándose á hablar demasiado, hablan sin reflexión. (Amar y Borbón, 1790, p. 32)

Esto puede relacionarse con otro defecto que la autora achaca a las mujeres: la verborragia, idea muy común en la época y que la escritora relaciona con el riesgo de que la mujer caiga en “actividades banales” las cuales detalla en el siguiente fragmento:

El hablar demasiado es un vicio muy común en las mugeres. La viveza de su imaginación se conoce en la multitud de especies que mezclan en sus conversaciones y en la facilidad con que las producen. Esta redundancia es defectuosa; porque las más veces se emplea en asuntos vanos y pueriles (Amar y Borbón, 1790, p. 229).

La educación de la mujer también es importante para mantenerla ocupada, productiva y que no recaiga en distracciones: “La labor y el gobierno doméstico es un empleo preciso; pero sin faltar á él se pueden hallar varios huecos, que si no se ocupan útilmente se hacen enfadosos, y se procura buscar la distracción á qualquiera precio.” (Amar y Borbón, 1790, p. 167). En este sentido, nos preguntamos si aquella inquietud podría explicarse por la necesidad de mantener a la mujer ocupada, productiva y aportando siempre desde su papel de madre y esposa al bienestar de la familia y con ello, a la prosperidad del país.

En la segunda parte del discurso, se plantea la educación letrada de las mujeres. Aquí Amar y Borbón sostiene la necesidad de discutir sobre un tema sobre el que poco se ha escrito: la educación de la mujer. La misma, sostiene, debe tener un doble sentido: social e individual. Es decir, que brindará herramientas para que la mujer pueda desenvolverse en la comunidad, pero también para que pueda valerse por sí misma. Las dos principales incumbencias de esta formación son: poder sobrellevar mejor el matrimonio y ejercer de la manera más adecuada la maternidad.

Otro papel importante lo cumple la instrucción cristiana, cuyo fin era comprender de manera cabal las leyes evangélicas. Para ello, es recomendable que la mujer aprenda latín para leer las sagradas escrituras por sí mismas. Además, es importante que pueda encaminar su conducta, eliminando los efectos más comunes atribuidos a los miembros de su género, aunque no exclusivos de ellas. Finalmente, concluye Amar y Borbón, es imprescindible que la mujer transmita todos sus conocimientos y entrene en sus habilidades a sus hijas, para que estas puedan tener una vida lo menos desgraciada, en lo posible (Bono Guardiola, 2003).

Llegado este punto evidenciamos que, en cuanto a sus tareas centrales, la autora no avanza en el cuestionamiento del orden establecido ya que las dos funciones principales de la formación femenina son: hacer más llevadero el matrimonio y llevar a cabo de manera adecuada el rol de madres.

Esa instrucción cristiana, afirma Amar y Borbón, es igual de necesaria a todos porque ni los mandamientos divinos ni las leyes evangélicas hacen la menor distinción, ya que hablan del mismo modo con las mujeres que con los hombres. Posteriormente, cuando en su escrito haga referencia al conocimiento de la lengua latina por parte de aquellas mujeres que quieren adquirir una instrucción más completa, hará hincapié en su importancia para leer directamente los textos sagrados y profundizar en ellos, aunque ya existan algunas traducciones. Las propuestas de educación religiosa para las niñas son sencillas y de fácil comprensión y comprenderá el uso ejemplos ilustrativos para responder a las dudas de las alumnas.

Según Josefa Amar para que el matrimonio sea más llevadero, debe cuidarse siempre la comunicación sin dar lugar a sentimientos amorosos o pasionales. También considera imperativo una educación similar entre ambos miembros de la pareja, donde se tenga en cuenta la voluntad de la joven. Como señala Bono Guardiola, la sujeción al marido debe entenderse como un dominio parecido al político, encaminado a la utilidad común y diferente del que se tiene sobre los hijos, que es semejante al dominio real y soberano (Bono Guardiola, 2003). Además, podría inferirse que lo que afecta a una familia, termina por afectar al país, por lo que, en pos del bien común, cada uno de los integrantes deben atenerse a su papel:

Las obligaciones del matrimonio son muy extensas, y su influxo da sobrado impulso al bien ó daño de la sociedad general; porque el órden o desórden de las familias privadas trasciende y se comunica a la felicidad y quietud pública. No hay cantinela mas ordinaria quela de que las mugeres dominan y gobiernan á los hombres á su antojo (Amar y Borbón, 1790, p. XII).

En última instancia, sostiene Amar y Borbón, se le debía dar a la mujer una educación que le permitiera ser lo menos desgraciada posible y le permita llevar de mejor manera la vida que le espera. En este sentido, se le debía educar en su conducta para eliminar los defectos más comunes de las mujeres (aunque algunos no sean exclusivos de ellas) y para que aprenda la virtud más importante: la modestia.

En este sentido, coincidimos con Vicente Pedraz y Brozas Polo (Pedraz y Brozas Polo, 2014) en cuanto a que Josefa Amar contribuyó a la construcción de nuevas relaciones de poder. En este sentido, según los autores mencionados, realizó su aporte al proceso de legitimación del orden social disciplinario, en el cual la mujer y su cuerpo eran objeto de las políticas basadas en la división estamental del Antiguo Régimen. Una mujer que vaya más allá de lo que se espera de ella, implica ir en contra del orden, afectando incluso a nivel institucional, así como también lo establecido para ellas:

Sin embargo, de lo dicho acerca de la aptitud de las mugeres, no se pide, ni seria del caso, que todas indistintamente se dedicasen al estudio como si hubieran de seguir una profesión ó exercicio. Esto traería necesariamente el desorden: porque, ó era preciso que fuesen á una Universidad en compañía de los hombres, lo qual causaría mas daño que provecho, ó que hubiese escuelas separadas […] Si se quisiese invertir este órden de manera que estuviesen estudiando todo el dia, se precisaria á los hombres á cuidar de casa, y si se invertia igualmente la costumbre de obtener estos los empleos, serian inútiles para ambos fines (Amar y Borbón, 1790, p. XXX).

Conclusión

Josefa Amar entendía conveniente la instrucción de las mujeres, sin faltar a las labores domésticas y los hábitos de buen gobierno, siempre con la prevención de que ello no supusiera alterar el orden social vigente. Es por ello que su planteo presenta un límite estamental debido a que solo se dirigía al papel de la mujer en la casa. En este sentido, queremos retomar el postulado de Bolufer Peruga (2004) en cuanto a que la autora defendió la educación de las mujeres influida por su formación y experiencia intelectual, dentro de los límites que le imponían los márgenes y las convenciones sociales la época.

Coincidimos con la historiadora en que Josefa Amar supo aprovechar las grietas del discurso ilustrado para introducir su defensa de las mujeres. Podría decirse que formuló su discurso pensando en conseguir un lugar en la Sociedad Económica madrileña, para acrecentar su prestigio como intelectual. También aspiraría a que las mujeres tuvieran más margen de participación en la educación y debates intelectuales, aprovechando como antecedentes casos de mujeres admitidas a merced de su privilegiada posición social pero que ella usaba como ejemplos de la capacidad intelectual de la mujer.

A este respecto, aunque el logro de la igualdad entre los sexos era entendido por muchos de los contemporáneos de Josefa Amar, y por ella misma, como una parte sustantiva de la reforma del hombre, en la práctica –y en muy buena parte, también, en el discurso– el estatuto de mujer perseveró en los ideales de obediencia, recato, modestia y entrega como baluartes de la virtud y del orden.

En este sentido, queremos traer a colación el postulado de Miguel Vicente Pedraz y María Brozas Polo (2014) cuando afirma que la educación de las mujeres, aunque suele tener una postura progresista, parece más proclive a las ideas viejas que a las nuevas. Es decir, Josefa Amar no escapa a la contradicción de la mayoría de los letrados contemporáneos, quienes se preguntan y discuten sobre la importancia de la Ilustración y las letras para el progreso, pero que siguen anclados en nociones propias del Antiguo Régimen.

Bibliografía

Amar y Borbón, J., Discurso sobre la educación física y moral de las mujeres, 1790. ed. a cargo de M.ª Victoria López-Cordón, Madrid, 1994.

Bolufer Peruga, M. “Mujeres ilustradas en el debate de la educación. Francia y España” Cuadernos de Historia Moderna. Anejos, 2004, III 59-84

Bono Guardiola, M. “La educación religiosa de una mujer ilustrada”. Revista de historia moderna. Anales de la Universidad de Alicante, Nº 21. 2003, pp. 7-48.

Gallego Abaroa, E. “La educación de las mujeres en los discursos ilustrados”. Mediterráneo económico, núm.9. CAJAMAR. 2006.

Huguet Santos, Montserrat. “La mujer española del siglo XVIII en la obra de Josefa Amar”. Boletín de la Institución Libre de Enseñanza, Nº 7, 1989, pp. 43-57

Morant Deusa, I. “Mujeres ilustradas en el debate de la educación. Francia y España” Cuadernos de Historia Moderna. Anejos. 2004, III, pp. 59-84

Morant Deusa, I y Bolufer Peruga, M. “Sobre la razón, la educación y el amor de las mujeres: mujeres y hombres en la España y en la Francia de las Luces” Stud, hist., H.a mod., 15, 1996, pp. 179-208.

Perrupato, Sebastián. Ilustración, Educación y Cultura. La monarquía hispánica en la segunda mitad del siglo XVIII. Eudem, Universidad Nacional de Mar del Plata, 2018.

Vicente Pedraz y Brozas Polo. El “discurso sobre la Educación Física y moral de las mujeres” (1790) de Josefa Amar y Borbón: feminidad y el arte de gobernar el cuerpo en la ilustración española. Movimiento, vol. 20, núm. 2, abril-junio, 2014, pp. 799-818.

Viñao, Antonio. “La educación en la obra de Josefa Amar y Borbón”: Sarmiento: Revista Galego-Portuguesa de Historia da Educación, Nº 7, 2003, pp. 35-60.


  1. Profesora y Licenciada en Historia por la Universidad Nacional de Rosario. Maestranda en Historia. cecilialaura@gmail.com.


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