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Notas conclusivas

Temporalidad

La parentalidad es un ejercicio situado en el aquí y ahora histórico, por ser un concepto novedoso, asociado a su práctica y despliegue efectivo, a partir del nuevo enfoque introducido por la Convención sobre los Derechos del Niño y al moderno concepto de competencia.

Se establece, de esta forma, un doble juego temporal en la parentalidad. Por una parte, la noción es de reciente data y remite para su cabal comprensión a documentos internacionales. Por la otra, la parentalidad es, a su vez, una etapa de la vida familiar. Insistimos, por tanto, en el valor de la transformación y la progresión, pues uno de los principales fundamentos de la Convención es la idea de que las capacidades del niño evolucionan. Es por esto que las prácticas parentales deben ser adaptables, paulatinas y susceptibles de modificación también a medida que el hijo crece. Observamos en estas notas el dinamismo radical que el concepto entraña.

Reciprocidad

Parentalidad no es sinónimo de paternidad. Tampoco de maternidad. La parentalidad abarca paternidad, maternidad y filiación en un solo movimiento. Está centrada en el vínculo. Y así como es recíproca y complementaria desde la conyugalidad, lo es también desde el nexo paterno/materno-filial.

La parentalidad óptima es una relación triádica, recíproca y complementaria, entre las figuras parentales y abierta a un tercero, que siempre es otra persona. Es por esto que la parentalidad no solo involucra las cuestiones relativas a los hijos, sino que comprende también el vínculo entre el padre y la madre. Si el modelo de reciprocidad es el concepto de desarrollo de la infancia más ampliamente aceptado hoy en la literatura académica, esto respalda que la parentalidad complementaria se constituya como la tercera dimensión en el esquema de la calidad parental. La reciprocidad se establece entre los miembros de la relación parental, que siempre es tripartita. Porque lo es en su origen y continúa siéndolo de manera vitalicia, aun en ausencia de uno de los progenitores.

Calidad

La perfección de la parentalidad, la parentalidad óptima, es un objeto ideal, inexistente en la realidad. O bien, debemos plantear que no es posible hallar una única parentalidad óptima, sino que cada padre y cada madre hacen de esta ejecución una experiencia individual y personalísima, que los incluye a ambos y a cada hijo en particular.

Si bien no existe una sola forma de operar la parentalidad, sino padres y madres, diferentes todos, sí podemos establecer una tendencia que nos permita predecir el comportamiento de sus dimensiones cualitativas y, por ende, del nivel de calidad de la parentalidad ejercida. Así, la noción de calidad parental enlaza con la de parentalidad óptima. En la misma línea de razonamiento, podemos idealmente trazar los rasgos básicos de una parentalidad de calidad, pero estos deberán necesariamente ser adaptados a cada caso específico.

Recursos

La parentalidad de hoy no se improvisa; es urgente la adquisición de los recursos necesarios para su ejercicio. Nunca está de más insistir en que las competencias de una madre o un padre no están aseguradas por su capacidad de procrear. Los padres deben concebir la parentalidad como parte del contexto más amplio que abarca su evolución personal; descubrir y acrecentar sus capacidades y habilidades parentales, como el conjunto de recursos que les permitirá afrontar de manera flexible y adaptativa la tarea vital a la que están llamados. De esta forma, posibilitarán el desarrollo armónico de los hijos en cada una de sus etapas de crecimiento.

La parentalidad positiva, en lo esencial, refiere al ejercicio de los roles paterno y materno según la Convención, que sitúa los derechos del niño en primer plano. Son derechos que los adultos deben respetar como prioritarios. Cuando esta observancia es efectiva, los padres procuran adquirir las competencias necesarias para llevar adelante su función, como así también para asumir la parentalidad desde su asociación con la conyugalidad. El principio de finalidad es aquí determinante para conferir sentido a su labor. Y el proceso tampoco es unidireccional porque si usualmente tienen determinadas expectativas respecto de sus hijos, deben también esforzarse por actuar proporcionalmente, situándose a la altura del objetivo fijado.

La existencia o carencia de competencias parentales depende de los múltiples factores enunciados en el cuerpo de este trabajo. Intervienen, en cada caso, las posibilidades personales innatas, los aprendizajes sociales, lo incorporado culturalmente y las experiencias de parentalidad recibidas. También entran en juego las características y los recursos personales de los cónyuges, los del hijo y las fuentes externas de estrés y apoyo.

Patrones intergeneracionales

Está probado que los patrones disfuncionales de relaciones intrafamiliares se transmiten de generación en generación. Esto es válido tanto para la estructuración del niño, a través de la fijación de normas y límites, como para su desarrollo emocional y su habilidad para la resolución de conflictos, entre otros aspectos. En cada una de las tres dimensiones analizadas se destaca que en su adquisición replican modelos fijados de forma vivencial durante la infancia y adolescencia, a manera de esquemas genealógicamente perpetuados.

Condicionantes

Cuando hablamos de factores que intervienen en la parentalidad, optamos siempre por llamarlos “condicionantes”, en la clara conciencia de que regulan y moldean su ejercicio. Procuramos no utilizar la expresión “determinantes” de la parentalidad, aun contrariando la terminología utilizada por diversos autores, en el convencimiento de que el ser humano y sus circunstancias contienen siempre el rasgo esencial y constitutivo de la libertad personal, junto con la potencialidad de torcer el curso, de desafiar lo preestablecido, lo que da testimonio de su capacidad resiliente y de la fuerza de su voluntad.

Incompetencia parental

Diferentes investigaciones han dejado claramente demostrada la relación causal existente entre parentalidad incompetente, disociada, contraria al interés superior del niño y/o conculcadora de derechos, y el sufrimiento infantil, traducido en trastornos del desarrollo y problemas de compor­tamiento. Destacamos algunos de los indicadores de incompetencia parental recurrentemente mencionados:

  • La falta de inteligencia emocional de los padres, en especial, desórdenes del apego y carencia de disposición empática.
  • La disociación conyugalidad-parentalidad, particularmente cuando media conflicto.
  • La ausencia de límites claros, de normas parentales legítimas y unívocas. El establecimiento de una disciplina constructiva, por medio de reglas claras y coherentes, es un factor que influye en la calidad parental.
  • Las situaciones de maltrato vividas tanto a escala familiar como institucional y/o social.
  • La escasez de modelos válidos. En los capítulos dedicados a la descripción de las dimensiones cualitativas de la parentalidad se destaca el valor de los ejemplos positivos que sirven como referencia a los niños, mucho más si están encarnados en su padre y su madre, que en todos los casos se constituyen en figuras paradigmáticas.

Liderazgo parental

El asentamiento de un enfoque basado en el concepto de liderazgo parental es posible por la adhesión al ideal de reciprocidad que en la actualidad encuadra la relación padre/madre-hijo. La naturaleza bidireccional de las interacciones contribuye a configurar el perfil del líder parental dentro del sistema familiar, ligada al desarrollo de la inteligencia emocional y las competencias relacionales básicas: autoconciencia, autogestión, conciencia social y gestión de las relaciones.

Implicaciones de nuestro trabajo

Como vimos, desde una perspectiva socio-ecológica, cuanto más significativo y cercano es el sistema, mayor es la influencia que ejerce sobre el niño. Así, resulta innegable que una parentalidad de calidad será benéfica para su desarrollo sano, mucho más que la influencia de los restantes ámbitos en los que está contenido, como la escuela o la cultura. Por ello, los padres no deben quedar desamparados. Creemos, y es también una de las ideas subyacentes de la Convención sobre los Derechos del Niño, que la sociedad debe garantizarles el acceso a los recursos necesarios para que puedan optimizar su ejercicio parental.

El respeto de los derechos infantiles y del principio del interés superior del niño debe convertirse en un tema prioritario en las sociedades modernas, entendiendo que los esfuerzos merecen concentrarse en su promoción primaria dentro de ámbito familiar y anclarse en el impulso de dinámicas de desarrollo de competencias parentales que garanticen un ejercicio idóneo y conjunto de la parentalidad, en aras de la consecución del ideal de la calidad parental.

Considerando la mutua influencia entre dimensiones, los cónyuges con dificultades de relación deben recibir apoyo específico, y también relacionado con las posibles consecuencias del conflicto en la parentalidad. El proceso dinámico que caracteriza a las relaciones familiares y su complejidad es el foco de las intervenciones. En todos los casos, los esfuerzos tienen que centrarse en promover el desarrollo de habilidades personales, al demostrarse que la dificultad para resolver problemas de forma general se traduce persistentemente en disfunciones vinculares.

El debate sobre las prácticas parentales productivas y recomendables no está zanjado: surgen diferencias a la hora de traducir los grandes postulados en planes de acción concretos a ser aplicados por los padres en su vida cotidiana. Resulta no solo oportuno, sino también necesario progresar en esta línea de trabajo.

A los fines del mayor desarrollo del estudio de las dimensiones cualitativas de la parentalidad y el modelo teórico delineado, sería pertinente el diseño y ejecución de una fase experimental que, mediante la aplicación de diversas técnicas e instrumentos, contribuyera a profundizar en sus alcances. La integración empírico-conceptual propuesta favorecería en gran manera la ampliación de nuestra comprensión sobre las líneas relacionales abordadas y, paralelamente, propiciaría la apertura, sucesión y réplica de nuevos interrogantes.



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