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Introducción

El presente trabajo procura explorar algunas dimensiones relativas al ejercicio de la parentalidad, poniendo de relieve para su correcto abordaje la exigencia del desarrollo de los aspectos cualitativos implicados en esta noción. A tales fines, nos introducimos en el fundamento de la calidad parental, esbozando un modelo conceptual relacional que se asienta sobre una base tripartita: la parentalidad positiva, las competencias parentales y la reciprocidad y el complemento parental. Así, la parentalidad que llamamos complementaria viene a cerrar el círculo virtuoso de la calidad parental, considerando que la optimización de las funciones involucradas en su ejercicio se produce en la reciprocidad conyugal.

Describimos en este recorrido la naturaleza multidireccional e interactiva de la parentalidad, en tanto proceso dinámico que contiene y modifica a todos y cada uno de los actores intervinientes. Claro está, el dinamismo implícito en esta misión entraña hoy un reto colosal. El curso de la historia y las características de la sociedad contemporánea determinan que la función parental no admita ya improvisaciones y que exija la concurrencia de competencias específicas para afrontar las situaciones emergentes a diario.

Partimos de la constatación de que la parentalidad está en plena evolución. Tanto esta como la vida familiar en su conjunto transitan en la actualidad marcados giros. No obstante, la familia conserva su espacio protagónico en el tejido humano y social, y es por esto que el ejercicio de la parentalidad, la labor de padres y madres encaminada al impulso y educación de los hijos, es un punto de anclaje en medio de las continuas y vertiginosas transformaciones que la humanidad experimenta.

Las relaciones entre padres e hijos también se ven afectadas por las influencias externas, tanto que han pasado de tener una estructura jerárquica a plantearse como más horizontales e inmediatas. Por otra parte, hay que tener presente que la familia es en sí misma una entidad versátil, que va modificándose con el paso del tiempo y el curso de su ciclo vital, aunque es preciso puntualizar que cualquier variación accidental no llega a rozar su esencia.

La parentalidad debe ser considerada, entonces, como una etapa de la existencia familiar que evoluciona a medida que los años transcurren y las sociedades reflexionan sobre esta realidad, pues, evidentemente, los niños y jóvenes de hoy no solo reciben mandatos del con­texto familiar, sino que a medida que van creciendo, aumenta en ellos la ascendencia de otros entornos, como los pares, la escuela y los medios de comunicación. Pero, aun así, la familia sigue siendo el ámbito más relevante desde el punto de vista ontológico, probablemente porque su impronta es la prime­ra y más persistente, y, además, porque las relaciones intrafamiliares suelen caracterizarse por una intensidad afectiva especial, una marcada permanencia temporal y una capaci­dad configuradora de la totalidad de los vínculos posteriores. Volveremos sobre la idea para fundamentarla a lo largo de nuestro desarrollo.

En este orden de cosas, no debemos dejar de mencionar que uno de los elementos que contribuyó decisivamente a instaurar una nueva perspectiva fue la Convención sobre los Derechos del Niño, documento que ha modificado el contexto en el que se despliega la parentalidad. Al desplazar la mirada hacia los niños, a los que concede derechos en tanto que personas, se ha redefinido no solo su posición en la sociedad, sino también la relación entre padres e hijos. Sin embargo, si bien deben respetarse los derechos y el interés superior del niño, es imprescindible tener en cuenta, asimismo, las fortalezas y debilidades de los padres. El objetivo último es mejorar la calidad de la vida familiar en su conjunto. Y, consecuentemente, de la vida en sociedad.

El giro copernicano que supuso repensar las relaciones parentales desde el interés superior del niño define, pues, el enfoque de este estudio, en el que se destaca la necesidad de alcanzar un delicado equilibrio entre los postulados proclamados en la Convención y el principio de responsabilidad parental. Comenzando nuestro trayecto por las tradicionales clasificaciones de estilos educativos parentales, nos adentramos en el concepto de reciprocidad, que recorre en forma exhaustiva los vínculos que la parentalidad comporta, estableciendo un paralelo con el moderno fundamento del liderazgo y sus caracteres distintivos. A pesar de que son realmente escasos los textos que plantean su implicancia en la práctica de una parentalidad competente, estas capacidades no difieren en general de las manifiestas en toda relación interpersonal funcional. Efectuamos una extrapolación de datos en tal sentido, a partir de la definición del concepto de competencia, en tanto integración de conocimientos, habilidades y actitudes, y la capacidad de aplicarlos contextualmente, en permanente actualización. Y examinamos, asimismo, los criterios rectores de toda ejecución, foco de referencia ineludible de nuestra teorización.

Nos encontramos en un punto de inflexión en la historia de la parentalidad y la familia, en el que el ejercicio parental presenta un carácter único: los adultos se ven en la paradójica obligación de resignificar el compromiso conyugal y familiar con vistas a que el desafío de la calidad parental sea posible. Esta última afirmación subraya el peso del componente social de la parentalidad. Si en numerosos aspectos, su carácter relacional y sus prácticas son de orden privado, está igualmente formada por lo que la comunidad entiende y espera de un comportamiento parental adecuado. De ahí que se recomiende un enfoque plural.

Por cierto, el conjunto de opiniones predominante sobre lo que constituye una buena parentalidad o una infancia positiva tiene un fuerte contenido normativo y, aunque no encontremos una única forma estandarizada de ejercer la parentalidad, pues coexisten múltiples, siempre está implícito un modelo ideal. A la descripción de algunos aspectos puntuales del ideal mencionado se orienta nuestro trabajo, circunscripto dentro de los alcances que en esta introducción se detallan.

Dada la centralidad de las funciones propias de la familia y las di­ficultades añadidas generadas por el contexto social aludido, es imprescindible que los padres dispongan de recursos personales para afrontar y dar respuesta satisfactoria a las diferentes problemáticas y necesidades actuales. Entonces, por un lado, si bien la misión de la familia es interna, en tanto sus beneficios afectan a las personas de sus componentes, se proyecta decididamente hacia el afuera como contracara de un movimiento que, a través de la socialización y personalización de sus miembros, coadyuva a una evolución humana más amplia, insertándose de pleno en el conjunto social.

Así pues, sobre la familia y las figuras parentales recae la responsabilidad de la promoción de valores, actitudes y comportamientos saluda­bles y responsables que favorezcan el crecimiento sano de los hijos, y el establecimiento de un ámbito adecuado para que esto se lleve a cabo. Pero para lograrlo, con frecuencia, la familia necesita respaldo; especialmente, para sortear los retos que las sociedades cambiantes comportan y poder así aprovechar las oportunidades que crisis y transformaciones ofrecen. Esta urgencia de asistencia es aún más visible en aquellas familias que atraviesan situaciones difíciles o viven en contextos socialmente desfavorecidos.

En todas y cada una de las circunstancias, si el trípode no puede afirmarse convenientemente, los apoyos son imprescindibles. Algunos deberán ser mayores, como en el caso de una estructura monoparental, por ejemplo. Otros, de menor incidencia. Pero es una realidad incontrastable que en algún momento de la etapa parental la familia experimenta la necesidad de una orientación concreta. Es por esto que los esfuerzos de cada uno de los sectores de la sociedad deben estar hoy encaminados a una mejora integral de las condiciones de ejercicio de la parentalidad. Al punto que toda investigación que se coloque en línea con esta problemática resulta no solo oportuna, sino primordial en materia de estudios de familia. Porque si en el pasado el abordaje de la infancia y, por extensión, de la parentalidad, era obra de psicólogos y especialistas en el desarrollo infantil, hoy en día constituye un campo prolífico de exploración multidisciplinar. Las ciencias sociales han redescubierto la familia, y actualmente existe un número creciente de pensadores, provenientes de distintas ramas, interesados en su examen y abocados a él.

La complejidad del escenario es proporcional al interés de la comunidad científica respecto de estos temas, lo que ha agilizado numerosas y valiosas aportaciones. Es por ello que para la concreción de este informe se ha llevado a término una revisión y selección bibliográfica de estudios que se aproximan a la materia, de diferentes publicaciones que echan luz sobre el entramado de la calidad parental y su posible correlación con la adquisición de competencias parentales en aras del ejercicio de una parentalidad positiva.

La calidad parental que recibe un niño se considera el principal factor de riesgo modificable que contribuye al desarrollo de problemas emocionales y conductuales. El agente es la índole de la educación que le proporcionan sus padres; y a su identificación, diagnóstico y alcances nos dedicamos de manera transversal a lo largo de nuestro estudio. Presentamos el concepto de calidad parental íntimamente ligado al del ejercicio de una parentalidad positiva, competente y recíproco-complementaria. También aquí referimos influencias y condicionamientos que hacen de estos términos una combinación obligada para cualquier expectativa formal de análisis. Las problemáticas señaladas ajustan el diseño de nuestra investigación, en la que indagaremos con particular énfasis la naturaleza de las relaciones parentales, en tanto encuentro interpersonal que depara una mutua transformación, así como un singular acomodamiento y encaje entre los participantes de esta escena vincular específica.

Resulta necesario delimitar, en primer término, cuál es la pretensión de nuestra aportación. Inicialmente, podemos apuntar que no es la elaboración de un listado de notas ideales de la parentalidad, sino la verificación de hasta qué punto son factores de peso dentro de un esquema que describe las dimensiones cualitativas de la parentalidad. Es decir, definir si la calidad parental se basa hoy en una parentalidad estructuralmente compuesta por los tres movimientos introducidos y a los que dedicamos el presente trabajo: la parentalidad positiva, la parentalidad competente y la parentalidad recíproco-complementaria.

El trazado es eminentemente teórico y se utiliza el análisis documental como metodología. Para esto se han examinado diversas fuentes, como documentos, investigaciones y bases de datos especializadas, buscando reflejar mediante este recorrido las relaciones esenciales existentes entre las cualidades, los objetos y los procesos interpelados. Se recurre a la selección, clasificación y comparación textual, haciendo abstracción de las propiedades salientes y posibilitando el establecimiento de correspondencias entre los distintos principios bajo estudio. A tales fines y como punto de partida, procuramos aquí obtener una clara formulación de la situación problemática a abordar, por medio del planteamiento de una pregunta inicial.

Como vimos, de los múltiples aspectos que pueden ser sometidos a reconocimiento en el campo referido, tres toman especial relevancia a nuestro criterio desde la perspectiva pedagógica, configurando un sistema dinámico en proceso constante de retroalimentación. La calidad parental entendida como la bondad, la perfección de la parentalidadestá condicionada por un ejercicio definido por los siguientes tres rasgos centrales: el interés superior del niño, la competencia, y la reciprocidad y complementariedad parental. Estos elementos conforman un basamento tripartito sobre el que se asienta la índole cualitativa de la parentalidad, y esta es la anticipación de sentido que nos proponemos profundizar a lo largo del estudio. Intentamos establecer un correlato entre las categorías que, a nuestro parecer, integran el concepto de calidad parental, en el entendimiento de que nuestras observaciones explican un modelo tan ideal como inexistente en la realidad. Desde luego, las conclusiones a las que arribamos no describen con rigurosa exactitud lo que ocurre en el sistema real, pero aportan un conocimiento significativamente mayor al que obtendríamos sin la aplicación de patrón teórico alguno.

Parentalidad positiva, desarrollo de competencias parentales y ejercicio recíproco y complementario de la parentalidad son nociones que hoy coexisten sin intersecarse en diversos textos académicos. Establecer una relación entre ellas se nos presenta no solo como un buen ejercicio conjetural, sino como una eventual plataforma de partida para futuras problematizaciones.

El texto está organizado en cuatro capítulos interrelacionados. El primero de ellos abarca el marco teórico y contextual que sirve de referencia a nuestro estudio. En los capítulos segundo, tercero y cuarto se introducen cada una de las líneas propuestas como ejes en torno a los cuales gira el concepto de parentalidad en las sociedades occidentales actuales. Concebimos la noción de calidad parental como un delicado engranaje que requiere del ajuste constante de cada una de sus piezas para un mantenimiento funcional. Estas secciones, integradas en un todo, conforman una realidad nueva, una unidad que es más que una simple sumatoria, pues siempre existe un valor agregado en la totalidad.

El capítulo segundo se refiere a la parentalidad positiva, que es precisamente la parentalidad situada en el hoy, a partir del advenimiento del nuevo paradigma dado por la Convención sobre los Derechos del Niño y el principio del interés superior del niño. El tercer capítulo integra una aproximación a las competencias parentales, comenzando por el concepto de competencia y su aplicación en el ámbito familiar. Planteamos la urgencia de los padres por desarrollar capacidades para el cumplimiento de su función educativa y socializadora. En el capítulo cuarto, se explica nuestra concepción de la parentalidad como un todo inescindible de la conyugalidad. Según nuestro enfoque, toda parentalidad óptima es conjunta, pues de la unión conyugal toma sus notas de reciprocidad y complementariedad, haciéndolas extensivas al vínculo parental triádico.

Cabe remarcar, llegado este punto, que nuestro proyecto de investigación original fue modificado en función de los hallazgos derivados del curso de la exploración teórica. Esto determinó la incorporación de un tercer factor en relación, que adquirió el estatus de dimensión cualitativa y hemos denominado parentalidad complementaria.

Dejamos aclarado que, a lo largo de este trabajo, y con el ánimo de agilizar su lectura, utilizamos el genérico masculino para referirnos a personas de ambos sexos. Por último, en el apartado destinado a conclusiones intentaremos retomar las categorías expuestas en el desarrollo y sintetizar las principales líneas obtenidas, así como también exponer algunas implicaciones que, para un futuro diseño de planes y proyectos, puedan desprenderse de nuestra tarea.



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