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Discusión

Ser madre o padre es uno de los desafíos más complejos que en la actualidad un ser adulto puede afrontar. En reconocimiento a ello, hemos analizado y sintetizado los rasgos salientes que comporta hoy el ejercicio de la parentalidad. El análisis se llevó a término mediante una exposición detallada de los elementos involucrados en nuestra anticipación de sentido. La síntesis, por su parte, estuvo dada por la abstracción de las cualidades que, de acuerdo con los autores y trabajos citados en el cuerpo del texto, proporcionan a cada práctica parental particular una impronta de calidad.

De tal manera y a lo largo del presente trabajo, nos hemos adentrado en las dimensiones cualitativas implicadas en la noción de parentalidad y, con vistas a profundizar en el fundamento de la calidad parental, formulamos un modelo conceptual asentado sobre tres pilares: la parentalidad positiva, las competencias parentales y la reciprocidad y el complemento parental.

En base a nuestra labor de cotejo del material bibliográfico y hemerográfico seleccionado, hemos realizado una aproximación teórica al estado de la relación entre las categorías identificadas como salientes, observando entre ellas una correlación positiva. Esto es, la calidad parental se verá incrementada al elevarse el ejercicio positivo, competente y recíproco-complementario de la parentalidad. A su vez, cualquiera de estos elementos va de la mano de los restantes, estableciendo entre sí una interdependencia que viene a reforzar esta relación. Es por eso que en la introducción aludimos al delicado engranaje que la calidad parental representa. Y en el cuerpo del trabajo hemos citado diversas investigaciones que corroboran el peso de cada uno de los factores en el desarrollo infantil, por lo que concluimos que los tres confluyen e integran, con fuerte sujeción, el sistema de la calidad parental.

La diferencia entre la hipótesis spillover y nuestro planteo radica en que, en la primera, la conyugalidad es un elemento independiente en relación con la parentalidad. Para nosotros, en cambio, parentalidad y conyugalidad se conjugan y fusionan desde el momento mismo de su constitución, en su modalidad complementaria. La disociación conyugalidad-parentalidad corresponde, como vimos, a la disolución del sistema familiar y, aun en tal caso, mantendría una retroalimentación positiva con las restantes variables, que verían afectado su trazado; puesto que a niveles decrecientes de parentalidad complementaria, corresponderían también bajos niveles de competencia y de ejercicio positivo de la parentalidad, pudiéndose verificar, asimismo, una inclinación a la retracción de la calidad parental.

Por cierto, el propósito principal del modelo propuesto es predecir una tendencia de comportamiento de cada uno de los elementos del sistema. Encontramos así que las tres dimensiones cualitativas bajo estudio presentan una retroalimentación teórica marcadamente positiva, que sugiere que en una situación concreta altos valores en una de ellas depararían idéntica conducta en las restantes. Presumimos que la variación que puede presentarse seguiría un patrón sistemático, al que se integraría también el concepto de calidad parental. Es por esto que hablamos de dimensiones cualitativas de la parentalidad, a partir de la comprobación –por la consistencia de los resultados de las investigaciones citadas– de la importancia y centralidad de las variables abordadas. Esto no indica que la pauta sugerida agote la realidad y, como todo trabajo comprometido con la búsqueda de la verdad, deja abierta la puerta para la elaboración de nuevas aportaciones que eleven, completen o refuten la propuesta.

No hablamos de indicadores, puesto que no hemos llevado a cabo un examen cuantitativo. Nuestra investigación apunta de manera llana y directa a establecer una relación entre conceptos teóricos, deviniendo un instrumento apto para designar las propiedades del sistema real, mediante la abstracción de sus características y relaciones básicas. A partir del proceso de modelación desarrollado, fijamos estándares que nos ayudan a continuar investigando la realidad –en tanto reproducción que esquematiza las notas de un determinado escenario–, posibilitando su abordaje y la extrapolación de los datos obtenidos al fenómeno explorado. Señalamos una tendencia general, no un caso individual, y dentro del diseño definimos las que a nuestro entender configuran hoy las categorías intervinientes, que no son excluyentes, sino que son las que destacamos como nucleares. Como en toda aproximación cualitativa, aportamos cierta información explicativa, aunque parcial, pues existen otros factores involucrados que no se extinguen aquí.

Podemos concluir, entonces, que las aristas exploradas del objeto bajo análisis –la parentalidad– son: la calidad parental como ideal, y la parentalidad positiva, competente y complementaria, como atributos, modalidades o vías simultáneas de ejecución. Identificamos una relación entre dimensiones, que incluye en su diagrama de influencias también a la calidad parental, conformando un sistema dinámico de retroalimentación positiva.

Ahora bien, ¿cómo llegamos a establecer esta relación? A partir de las diversas estructuras que surgen de la descripción de cada una de las dimensiones bajo examen. Con base en nuestro desarrollo, hallamos una marcada interactividad entre las notas constituyentes de las tres dimensiones abordadas. Esto viene a reforzar nuestra intención especulativa: el desarrollo de competencias parentales favorecerá el ejercicio de una parentalidad positiva, como así también, de la reciprocidad y el complemento parental. Parentalidad positiva, competente y complementaria se instalan, de esta manera, como dimensiones cualitativas de la parentalidad.

Parentalidad y calidad parental

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Fuente: Elaboración propia.

El establecimiento del subsistema conyugal como fundador de la familia reafirma aquí su jerarquía, pues las características que lo definen se corresponden con los niveles de calidad de crianza y educación brindadas a los hijos. Sin embargo, de acuerdo con nuestro razonamiento, este proceso parece no ser estanco: en la medida en que los padres adquieren competencias e información, esto se ve reflejado en sus conductas parentales y en el trato que prodigan a sus hijos, respetuoso de su persona y sus derechos, en consonancia con sus necesidades y guiados por el principio de finalidad y el interés superior del niño. De tal manera, resignifican su conyugalidad, al ponerla en línea con la misión trascendente que los convoca. Se observa así una retroalimentación que estimula aún más la interacción positiva. Similar mecanismo se pondría en movimiento en las interacciones negativas.

Podemos afirmar que nuestra intuición inicial fue convalidada por el análisis del corpus textual recopilado, y las fuentes confirmaron la relación anticipada. El modelo identificado nos ofrece un panorama de interacciones relevantes entre calidad parental y las dimensiones de la parentalidad descriptas.



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