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8 Sostenibilidad de los emprendimientos de la economía social y solidaria

Apuntes para el debate teórico de un concepto en construcción

María Florencia Benedetich[1]

Resumen

El presente ensayo explora ideas de autores referentes del campo de la economía social y solidaria y recoge elementos para un debate en torno al concepto de sostenibilidad de los emprendimientos solidarios, así como los desafíos actuales a los que se enfrentan.

Palabras claves

Sostenibilidad – economía social y solidaria – emprendimientos solidarios


Un concepto en construcción

El concepto sostenibilidad de emprendimientos vinculados a la economía social y solidaria (ESyS), así como su alcance y complejidad, lejos de estar definidos, se encuentran actualmente en construcción. Esto podría explicarse en el propio debate más amplio que se da dentro de las ciencias sociales sobre qué se entiende por ESyS.

Diversos autores argumentan sobre los principios que guían la organización de la economía de estos emprendimientos, basándose en enfoques, a priori, contrapuestos: el de mercado y el de la solidaridad. Un aporte importante proviene de José Luis Coraggio (2009), al definir la reproducción ampliada de la vida de todos y todas, incluyendo a las generaciones futuras como propósito final de la economía. Esto presupone que hay otros principios de organización de la economía que no se reducen al principio de mercado y que subyacen, aun cuando sean ignorados por la economía tradicional: el principio de redistribución, el principio de reciprocidad entre los participantes, principio de comercio justo, autarquía. Agrega Coraggio (2013) que estos principios están vinculados a la solidaridad, de allí que la economía social sea también solidaria.

Este posicionamiento ético sobre la economía implica que la sostenibilidad de los emprendimientos solidarios, para perseguir el principio de reproducción ampliada de la vida, depende no sólo de los saldos financieros o comerciales, sino de, entre otras condiciones: a) la voluntad y consistencia de las acciones sociales, políticas y económicas de los trabajadores y sus comunidades inmediatas, b) un contexto que incluye como componente principal el acceso a bienes públicos no monetizados provistos en parte, pero no solamente, por el Estado en sus diversos niveles. Sobre estas condiciones deposita Coraggio las posibilidades de sostenibilidad de estos emprendimientos (2013).

Bajo estas consideraciones, el concepto emprendimiento solidario abarca diversas modalidades de organización económica, originadas en la libre asociación de los trabajadores, en las cuales la cooperación funciona como base de la eficiencia y la viabilidad (Gaiger, 2013). La presencia de las relaciones asalariadas está minimizada, dado que, a través de la socialización de los medios de producción y autogestión, expresan una tendencia de la economía popular, de base doméstica y familiar; incluso la reconversión de la experiencia obrera del trabajo en formas recuperadas de gestión autónoma. Combinan sus actividades económicas con acciones de índole educativa y cultural, de alcance comunitario.

Para profundizar en el debate teórico sobre estos principios, enfoques y conceptos, el contenido de este ensayo se organiza de la siguiente manera: en primer lugar, se esbozan las ideas vinculadas a la ESyS como campo de conocimiento y acción, su resurgimiento en el siglo XX, diversos enfoques conceptuales y los desafíos a los que se enfrenta como proyecto transformador. En segundo lugar, se aportan discusiones sobre lo que se entiende por sostenibilidad de los emprendimientos desarrollados en el marco de esta otra economía. Finalmente, se comparten algunos estudios recientes realizados sobre la problemática en ámbitos académicos nacionales.

Economía social y solidaria

La ESyS abarca un conjunto de emprendimientos económicos que han ido desarrollándose de manera diferenciada a la empresa típica de la economía capitalista o a la estatal, emprendimientos que también se diferencian de las iniciativas de las economías populares de subsistencia y que se caracterizan por realizar actividades económicas con miras al desarrollo humano, vinculado a la comunidad o territorio de pertenencia, siendo la autogestión asociativa y democrática el mecanismo de gestión y sostenibilidad de los mismos. Las organizaciones de la ESyS se proponen “objetivos sociales y políticos orientados hacia la satisfacción de las necesidades de sus integrantes y sus comunidades, a través de la integración y transformación social” (Vázquez, 2022, p. 34).

Podrían observarse, al menos, dos trayectorias empíricas: la economía social tradicional o histórica y la nueva economía social o economía solidaria.

Las experiencias comprendidas en la economía social tradicional o histórica presentan antecedentes que, según Pastore (2006), se remontan a la primera mitad del siglo XIX, emergiendo como respuesta a los efectos sociales adversos de la revolución industrial cuando surgen las primeras manifestaciones de cooperativismo obrero. Estas experiencias tomaron las formas sociales hoy conocidas como cooperativas y mutuales.

Ya en el siglo XX, la ESyS resurge como estrategia para afrontar los cambios trascendentales de época que minaron los acuerdos comunitarios y reglas institucionales que constituían la matriz del modelo de desarrollo de posguerra y que derivaron en crisis de la sociedad salarial.

El desarrollo de posguerra se sustentó en un modelo de acumulación, el capitalismo fordista (Hirsch, 1999), cuyas características preponderantes fueron: producción en masa y ampliación del mercado interno estimulado por el consumo de los asalariados. Este modelo, junto a la formalización de los sindicatos y la expansión del Estado de Bienestar, permitió que las sociedades se integraran en torno al trabajo asalariado.

Sin embargo, la crisis económica mundial de los años 70 y posteriormente las medidas neoliberales y los gobiernos dictatoriales socavaron las bases del modelo de acumulación fordista hacia un nuevo modelo de capitalismo global caracterizado por la deslocalización de la producción, la comercialización a través de monopolios y oligopolios y el imperio del capital financiero. El concepto de acumulación por desposesión de Harvey (2007) caracteriza a esta nueva etapa del capitalismo, que incluye procesos como: la mercantilización y privatización de la tierra, la expulsión forzosa de poblaciones campesinas, la conversión de derechos de propiedad colectiva en exclusivamente privados y a la supresión de formas de producción y consumo alternativos. Polanyi (2011) advierte que la consolidación del capitalismo a nivel mundial, con mercados autónomos del resto de la sociedad y la mercantilización de bienes como el trabajo, la naturaleza o el dinero, amenazan la reproducción de la vida y profundizan las crisis salarial, económica y financiera. Castel (2009) señala como tendencias actuales del mercado de trabajo la instalación de una desocupación masiva y la precarización de las condiciones laborales.

Es ante esta perspectiva que (re) surge la ESyS como respuesta a las consecuencias más extremas del capitalismo global: desempleo en masa, cierre de empresas y creciente marginalización de los desempleos crónicos (Singer, 2004). Resurgen y se repiensan las modalidades de resistencia y acción transformadora de experiencias, basadas en otra lógica económica; una lógica centrada en el trabajo, que permita la reproducción ampliada de la vida y el buen vivir (Coraggio, 2002).

En este sentido, Pastore (2010) expresa que son las nuevas experiencias de la ESyS, expandidas en las últimas décadas, la respuesta social a la problemática del desempleo, resignificando y revalorizando al trabajo como elemento articulador y al entramado social que sustenta los vínculos de solidaridad y apoyo mutuo, incorporando a los colectivos sociales más vulnerables y gestionando, a través de formas alternativas, las necesidades emergentes de la sociedad.

Para comprender los procesos de la economía social, podría partirse de diferentes enfoques.

Desde una perspectiva de economía alternativa, los sujetos e instituciones vinculados a la economía social manifiestan una lógica distinta a la del mercado maximizador de utilidades, la de la solidaridad. Persiguen el bienestar para todos los miembros de los emprendimientos y de las comunidades en las cuales están insertos y para los cuales el trabajo es un vehículo para establecer relaciones de reciprocidad y solidaridad (además de meramente de intercambio y distributivas).

Siguiendo esta perspectiva, Arroyo (2004) denomina sistema alternativo a aquél con un sujeto histórico distinto coincidiendo con Nosetto (2005), quien manifiesta que la economía social puede entenderse como preexistente al mercado y al Estado, porque lo natural es lo social. Coraggio (2002) establece el concepto de economía del trabajo, refiriéndose al último y más acabado grado de desarrollo de la economía social, en la cual parece no haber lugar para una economía basada en otra lógica que no sea la solidaria. Así, el autor define a la economía como:

[…] el sistema de instituciones, valores y prácticas que se da una sociedad para definir, movilizar, distribuir y organizar capacidades y recursos a fin de resolver de la mejor manera posible las necesidades y deseos legítimos de todos sus miembros (reproducción ampliada de la vida de todas y todos, incluyendo las generaciones futuras) (Coraggio, 2009, p. 147).

La segunda perspectiva para abordar la economía social utiliza un enfoque que no pretende confrontar, sino más bien convivir con el sistema dominante, siendo complementarios dentro de un sistema plural, emergiendo coyunturalmente ante la incapacidad de estos últimos para resolver la satisfacción de sus necesidades. Así, para algunos autores (Nosetto, 2005; Pastore, 2006, 2010) puede entenderse a la economía social como un subsistema que coexiste con lo público y lo privado; y en esta convivencia plural, las instituciones llamadas mercado, estado y familia interactúan equilibrándose.

Un tercer enfoque emerge en la disputa entre los dos primeros: la visión de la economía social como emergente coyuntural. En este sector, no hay opciones para seguir perteneciendo al mercado, pero tampoco el estado atiende las necesidades de los actores involucrados. Sin embargo, esta economía social friccional se plantea como transitoria, dado que, eventualmente cuando las otras dos instituciones solucionen sus fallas, no tendría razón de existir, pues, desde esta óptica, lo natural es el mercado. Nosetto (2005) ejemplifica este concepto con el llamado tercer sector.

Sector informal es una denominación utilizada por Arroyo (2003) y podría incluirse en esta última categoría en cuanto que está compuesto por los excluidos del modelo, con poco o nulo desarrollo de pensamiento crítico, quienes reaccionan ante el contexto pues carecen de elementos culturales, sociales, materiales como para modificarlo. El autor ubica al sector informal como integrante de la economía social, junto a otras dos corrientes: una, opuesta abiertamente al sistema capitalista y otra que adopta formas organizacionales diferentes pero que coexiste sin cuestionamientos al mismo. El sector de la economía informal está constituido por trabajadores que subsisten, excluidos del modelo, es decir, del mercado, del sistema laboral, financiero, de oportunidades. En esta situación, los actores no acceden al crédito, sus escalas de producción son ineficientes, presentan dificultades para insertarse en el medio, necesitan capitalizarse en sentido humano, social y económico y no están constituidos bajo ningún formato establecido por ley como sujetos de derechos y obligaciones en el campo de la economía formal. Es esta condición, fundamentalmente, la que les impone la característica de informales y la que los excluye.

Coraggio (2013) también señala a la economía popular[2] como sector vinculado a la economía social. Este grupo coexiste con las formas capitalistas de producción y con la economía estatal. Esta economía popular está conformada por unidades domésticas y las instituciones generadas ad hoc, cuya lógica es la reproducción ampliada de la vida de todos los miembros y para lograrlo realizan actividades que no necesariamente son reconocidas en forma de salario. El conjunto de estas actividades, saberes, valores es llamado fondo de trabajo y es ejecutado por trabajadores ininterrumpidamente. Aquí, la coordinación se logra a través de la cooperación solidaria y negociada. Las unidades domésticas vinculadas a través de redes organizadas conformarían la economía social.

La diferencia fundamental que se plantea entre ambos conceptos radica en el valor y las características que los actores asignarían al trabajo. Para los de la economía informal, en la visión de Arroyo (2003), es un medio de subsistencia y a través del cual, eventualmente, ingresar al sistema formal. En cambio, los actores de la economía popular, según Coraggio (2010), consideran al trabajo como capacidad humana, no como mero factor de la producción y sus metas están relacionadas con la satisfacción de las necesidades tanto materiales como inmateriales de todos los integrantes de las unidades económicas.

Entonces, para consolidarse como proyecto de transformación, ¿cuáles son los desafíos que enfrenta la ESyS? José Luis Coraggio y de Jean Louis Laville proponen aportes para la reflexión.

La institucionalización de los valores de solidaridad emerge como prioritario.

Coraggio (2008) afirma que los esfuerzos por mantener y consolidar la solidaridad no alcanzan si estos valores y prácticas complejas no se cristalizan en un cambio de paradigma cultural que genere transformaciones radicales, respecto de valores asumidos como naturales impuestos por la economía de mercado. Entonces, institucionalizar los valores de solidaridad implica un acuerdo social sobre la necesidad de desarrollar una economía que integre sociedades justas. Esa otra economía, según el autor, se funda en el valor del trabajo y configura un proyecto superador respecto de la ESyS.[3]

Laville (2004) expone el reto de institucionalizar estos valores, pero desde la consideración de la economía en sentido plural, basada en distintas combinaciones de los principios de intercambio, reciprocidad y redistribución (que coexisten), reconociendo formas organizativas diversas. El autor reconoce la importancia de la ESyS como vehículo para la profundización democrática, dado que posibilita el acceso a la sociedad a los espacios públicos de participación y deliberación.

Señala Laville (2004) que las instituciones, en tanto construcción social, son cambiantes. Partiendo de esa afirmación, entonces, es posible cambiar los valores institucionalizados de la economía de mercado a través del cambio de paradigma que menciona Coraggio (2008), construyendo así otra economía, que contemple las necesidades legítimas de todos los miembros de la sociedad y que las resuelva de la mejor manera posible en cada situación y momento histórico. No se trata de construir una economía para pobres sino, más bien, una propuesta para toda la ciudadanía. En definitiva, una economía en la que la sociedad sea el origen y destino de las actividades económicas.

Se tornan requisitos para alcanzar esta meta social la revisión de los supuestos o rasgos característicos de la economía de mercado subrayados por Polanyi (2011) y compartidos por Laville (2004): la autorregulación del mercado y la autonomización de la esfera económica (separada de la esfera política), asimilada únicamente al mercado. Esto conllevaría a la distinción entre economía formal, entendida en los términos clásicos,[4] y economía sustantiva, la que tiene como elementos constitutivos a las relaciones e interdependencias entre los seres y el ambiente.

Estos supuestos generan otro reto para la consolidación de la ESyS como proyecto de transformación: el encastramiento de la economía en el ámbito de la sociedad para evitar desembocar en una sociedad de mercado que dirima sus conflictos y organice sus intereses a través de la mano invisible en detrimento de la deliberación política y democrática.

En este sentido, Coraggio (2010) señala que la economía real está fuertemente asociada con la capacidad política de una sociedad,[5] siendo la política la herramienta para evitar la acumulación ilimitada de la riqueza en una sociedad democrática.

Para Laville (2005), las acciones colectivas iniciadas en nombre de la solidaridad son indisolublemente sociales, económicas y políticas. Esta economía de la solidaridad abarca las actividades que fomentan el compromiso de los ciudadanos y, en consecuencia, fortalezca la democratización de la economía (Laville, 2009). En definitiva, el autor propone restablecer, como forma de afrontar este reto y de legitimar la economía social, un cuestionamiento político por parte de la sociedad sobre la economía. Este cuestionamiento tenderá a sustituir la institucionalización de la sociedad de mercado por la de una economía pluralista con mercado, como fue mencionado anteriormente.

Una economía con conciencia social, señala Coraggio (2010) “es una propuesta de acción, una propuesta de construcción de otra organización económica, una propuesta política que requiere la crítica de lo existente y la formación de una voluntad política mayoritaria” (p. 35).

El desafío es pensar cómo construir otro sistema económico que no se plantee ser antipolítico, sino pro democracia participativa (Coraggio, 2011), atendiendo las formas en que la economía social puede expandirse sin alienarse, poniendo límites a la economía del capital y a la economía pública a través de la reproducción ampliada basada en sus propios fundamentos materiales, políticos e institucionales. El autor interpreta que el desarrollo de una socioeconomía es posible si los agentes económicos no son observados como entes separados de su historia y sus identidades, sino que, por el contrario, se movilizan e interactúan dentro de instituciones acordadas voluntariamente, bajo el paraguas de su propia cultura. Estas interacciones cotidianas, en el ámbito local, permitirían superar la alienación por concentración de poder en manos del estado. La estrategia para la expansión se basa en el ensanchamiento de los límites del campo de la economía social.

Para Laville (2004), no se trata de reemplazar al estado ni al mercado, sino de combinar la solidaridad redistributiva de la economía no mercantil[6] y la solidaridad recíproca, presente en una economía no monetaria, para propender al empoderamiento y autogestión de la sociedad. Es aquí que Laville (2005) plantea el concepto de hibridación para comprender el papel de la economía solidaria como equilibradora de los tres polos de la economía.

Sostenibilidad de los emprendimientos

La sostenibilidad de estos emprendimientos comprendidos en esta otra economía es objeto de análisis a lo largo de las últimas décadas. Incluso, señala Vázquez (2010), el concepto de sostenibilidad continúa debatiéndose y construyéndose. Al intentar abordar las implicancias y alcances del mismo, especialmente vinculado a los emprendimientos de la ESyS, Litman et al. (2015) indican que “resulta hoy uno de los tópicos más complejos dentro del campo de la llamada economía social” (p. 27).

Existe una idea naturalizada respecto a que la sostenibilidad implica que las cuentas cierren y, de ser posible, quede un saldo monetario positivo (Coraggio, 2013). Sin embargo, el autor advierte que la mirada microeconómica sobre las experiencias, a nivel individual, no alcanza; es necesario observar el contexto socioeconómico y político en el que se desarrollan las mismas y las condiciones sistémicas que posibilitan, a nivel meso y macro, la reproducción ampliada de la vida de todos, a través de una gestión consciente. A modo de aproximación a la visión del autor, se puede establecer que la sostenibilidad de los emprendimientos y experiencias de la economía social está condicionada, entre otros factores, por el rol que desempeñan los agentes vinculados a los mismos, por las condiciones del contexto en el que se desarrollan y los tipos de relaciones que puedan establecerse entre ambos.

En cuanto a los agentes vinculados directamente, los actores locales, no evidenciarían, en ciertos casos, la capacidad para asociarse y desarrollar actividades productivas, es decir, la aptitud para autogestionarse. En relación con esto, Arroyo (2004) expresa que prevalecen sectores vinculados más al mundo del empleo (y a la idea de ser empleados) que al mundo del emprendedurismo. Esto se relaciona directamente con las oportunidades de capacitación, no solo en términos de oficio y gestión estratégica, sino, particularmente, con relación a las virtudes del asociativismo y la cooperación hacia dentro del emprendimiento y también hacia fuera del mismo, con otras organizaciones, de forma tal que puedan consolidarse redes de contención socioeconómicas.

Coraggio (2013) nomina a estas categorías como condiciones micro y meso, respectivamente. Un factor muy importante es la aceptación por parte de estos actores de un modelo distinto de acumulación y de distribución, un modelo construido en torno al trabajo y las relaciones humanas. Asumida esta idea, el eje de esta economía sería el incremento de la calidad de vida de sus actores, basado en el trabajo asociado, no en el trabajo asalariado.

Con base en esta idea, Fournier y Rofman (2006) mencionan al precio justo, cuidado de la naturaleza, cuidado de las relaciones laborales, integración social y acceso a derechos ciudadanos como condicionantes de la sostenibilidad de las experiencias dentro del esquema ético de la economía social.

Respecto del contexto y su influencia en los casos, debe entenderse y estudiarse los emprendimientos interrelacionados con su medio socioeconómico, lo que implica que esta sostenibilidad debe ser medida en sentido sistémico.

Un actor de particular peso en el contexto de estos emprendimientos es el Estado y el rol que éste asume (articulado en sus tres niveles) adquiere especial relevancia. Es vital la importancia de la acción estatal en el diseño, implementación y promoción de políticas públicas que estimulen la economía social con base en el desarrollo local o regional; por ejemplo, articulando cadenas productivas o financiando estos emprendimientos y adecuando el sistema tributario a las necesidades de los mismos. Esto requiere un Estado activo en cuya agenda esté priorizada la necesidad del cambio hacia modelos distintos al conocido asistencialismo burocrático. Asimismo, se requiere la correcta aplicación de instrumentos legales que posibiliten y sustenten la ejecución de dichas políticas, permitiendo, fundamentalmente, la sostenibilidad de las experiencias.

En el contexto, además, aparecen las universidades con un papel a desarrollar realmente significativo, favoreciendo la difusión de ideas, facilitando ámbitos de discusión democráticos o gestando proyectos de asesoría o desarrollo. Como usinas de pensamiento, son el ámbito ideal para desarrollar modelos alternativos al de la economía neoclásica y su racionalidad instrumental medio-fin.

En Argentina, los estudios sobre la temática han ido ganando en volumen y calidad, desde comienzos del 2000 hasta el presente, particularmente estimulados por programas académicos y de investigación enraizados en universidades nacionales o institutos de investigación. En otros países como Ecuador, Bolivia, España o Francia, el acervo es aún mayor habida cuenta que el nivel de institucionalización de la ESyS es superior a lo observado en Argentina. En los países sudamericanos mencionados, los derechos de la naturaleza y el Buen Vivir han sido incorporados a sendas constituciones nacionales; en el caso de los países europeos, la larga tradición de convivencia entre organizaciones mercantiles de la economía capitalista con organizaciones de la economía social tradicional (cooperativos y mutuales) estimula y acrecienta la investigación en este campo disciplinar.

En la esfera nacional, la Universidad Nacional de General Sarmiento en el marco de la Maestría en Economía Social (MAES), es una de las instituciones que suma aportes teóricos, empíricos y metodológicos con los trabajos de investigación realizados por los estudiantes que egresaron de dicho trayecto formativo.

Coraggio y Deux Marzi (2015), a partir de la sistematización de las tesis producidas en este la MAES, observan algunas prioridades para seguir avanzando en la investigación en el campo. Los autores expresan que “hay un vacío en lo relativo a estudios teóricos y empíricos referidos al nivel sistémico, así como al enfoque macro” (p. 106). Agregan, entre otros aspectos, la necesidad de avanzar en el diseño de políticas públicas amplias relacionadas con la ESyS y no focalizadas en un determinado ámbito de la vida comunitaria.

En general, las futuras líneas de investigación sobre la ESyS deberían investigar, entre otros aspectos, cómo crear condiciones para hacer sostenibles los emprendimientos con inclinaciones hacia la solidaridad económica (Coraggio, 2021).

Dentro de este marco, la tesis de maestría de Ana Luz Abramovich (2007) centra el problema de investigación en dos dimensiones: 1. las capacidades y habilidades organizativas, productivas y de gestión (de la información y comercial) que se crean o recuperan en los beneficiarios de un programa público destinado a promover actividades socioproductivas (Tipología 6 del Plan Jefes y Jefas de Hogar Desocupados, PJJHD), en cuanto productores, así como las que tienen más dificultad para consolidarse; 2. las dificultades internas y externas que se les presentan a los emprendedores en su intento de llevar sus productos al mercado tal como el Programa lo establece. Para abordar el problema se plantea dos objetivos: 1. Analizar las capacidades-habilidades organizativas, productivas y de gestión que se crean o recuperan en los beneficiarios del PJJHD; 2. Describir otras dificultades internas y externas que se les presentan a los emprendedores al llevar sus productos al mercado. Los casos analizados están localizados en los partidos de Malvinas Argentinas, La Matanza y José C. Paz (Gran Buenos Aires) y el intervalo temporal bajo análisis es el período 2004 y 2005. Propone un abordaje cualitativo y cuantitativo. Recurre a una estrategia de triangulación basada en una amplia diversidad de fuentes de información primarias y secundarias. La autora concluye que, para la promoción de emprendimientos, no alcanza con generar las capacidades internas de producción, gestión y comercialización; debe tenerse en cuenta la manera en que los factores externos, específicamente el funcionamiento del mercado de productos, afectan en su desempeño. Como resultado de la investigación, se sintetizan diferentes obstáculos que inciden en el éxito de los emprendimientos. Este trabajo aporta elementos, desde un análisis de determinadas trayectorias empíricas, para pensar los condicionantes sistémicos en tanto que explicita la interacción entre factores internos y factores externos, poniendo luz sobre los limitantes que operan sobre la sostenibilidad de las mismas.

Por su lado, Gonzalo Vázquez (2010) desarrolla una conceptualización acerca de los emprendimientos asociativos de trabajadores autogestionados que posibilita repensar sus condiciones de sostenibilidad. Para ello, parte de caracterizar la economía desde una perspectiva sustantiva, siguiendo a Polanyi. Es un trabajo teórico basado en desarrollos conceptuales predominantemente latinoamericanos en el período 1990-2009. Metodológicamente, utiliza la revisión y análisis bibliográfico de los autores predominantes del campo, entre ellos Coraggio, Razeto, Singer, Gaiger, Tiriba, Hintze. Las contribuciones del trabajo de Vázquez son sustantivas en el campo teórico. Por un lado, revisa conceptos relacionados con el trabajo asociativo y autogestionado y analiza su potencial para el desarrollo de formas económicas alternativas a las de la economía de mercado. A su vez, analiza las condiciones de sostenibilidad de los emprendimientos asociativos de trabajadores autogestionados en términos de inserción de los mismos en los mercados.

El trabajo de Malena Hopp (2018) es otro aporte significativo. Enrolada en instituciones tales como CONICET, Instituto de Investigaciones Gino Germani, Universidad de Buenos Aires, Centro Cultural de la Cooperación, la autora sostiene que la problemática acerca de la sostenibilidad requiere la referencia necesaria a las condiciones políticas, económicas, sociales, culturales e institucionales en las que se desarrollan los trabajos cooperativos, asociativos o autogestionados. Hopp se plantea analizar el modo en que las transformaciones de las políticas públicas argentinas afectan el desarrollo y las condiciones para la sostenibilidad de las experiencias de la ESyS, durante el período del gobierno de la coalición Juntos por el Cambio (2015-2019). Utiliza el análisis documental como estrategia metodológica, junto a un trabajo de campo cualitativo con base en entrevistas a técnicos profesionales de determinadas áreas del Ministerio de Desarrollo Social de la Nación; así como grupos focales en los que participaron cooperativistas y destinatarios de los programas de Ingreso social con Trabajo Ellas Hacen y Argentina Trabaja. El trabajo de Hopp se acerca a la propuesta conceptual de Coraggio sobre las condiciones sistémicas de sostenibilidad de los emprendimientos de la ESyS, poniendo foco en las políticas públicas diseñadas e implementadas en un período reciente, a la vez que converge en el trabajo de Abramovich mencionado anteriormente, particularmente en el planteo de factores internos y externos/contextuales que deben ser analizados para evaluar la sostenibilidad de los emprendimientos.

Consideraciones parciales para seguir pensando

La sostenibilidad de los emprendimientos de la ESyS es, actualmente, un fenómeno en discusión. Dos enfoques contrapuestos parecen definir los valores (y el campo) de esta otra economía; por un lado, la lógica clásica del mercado, cuyo criterio de éxito y sostenibilidad radica en la acumulación de capital a través de la eficiencia económica y el logro de beneficios; por otro, principios de organización de la economía que buscan la reproducción ampliada de la vida comunitaria con criterio solidario. Entre estos enfoques, se cuelan variantes friccionales que entienden a la ESyS como un estadio emergente, coyuntural y transitorio entre mercado y estado.

En el plano concreto, se observan dificultades presentes en las experiencias de la ESyS que se constituyen en grandes desafíos a ser abordados si el objetivo es la sostenibilidad de las mismas. La necesidad de fortalecimiento de las organizaciones y redes de la ESyS, a través del desarrollo del poder económico sistémico del sector se observa relevante, tanto en las escalas micro, meso y macrosocial dado que posibilitaría la sostenibilidad de las experiencias, así como la articulación entre las escalas productivas. Además, organizaciones y redes deberían propender al desarrollo de capacidades organizativas y de gestión social, sin perder el horizonte de los valores y principios de solidaridad, reciprocidad, redistribución, comercio justo, autarquía. La educación popular y la divulgación académica tienen un rol preponderante en tanto espacio de formación y conformación de conocimiento y técnicas a partir de la recopilación de las experiencias. La educación participativa, además, podría propiciar al empoderamiento de la sociedad, lo que permitiría superar los desafíos aquí planteados, debido a que el conjunto social podrá institucionalizar y abrazar otra economía, una economía que se construye para la reproducción de la vida, así como desarrollarse a través de la autogestión, democráticamente.

El campo de la ESyS es periférico en la consideración de la doctrina económica hegemónica. De allí que estas prácticas sociales y las condiciones para su sostenibilidad no pueden ser explicadas desde el enfoque dominante. Dada la potencialidad que presentan los emprendimientos solidarios para construir o reconstruir tejido social y económico fragmentado, dinamizar economías regionales y propender al desarrollo territorial y humano, emerge como necesario aportar al debate teórico sobre su sostenibilidad.

Bibliografía

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Pegoraro, L. (2022). Una lectura de la economía popular desde sus disputas conceptuales y políticas, en: Alegre, Javier; Bartlett, Joaquín y Gómez, César (2022). Dimensiones situadas del trabajo: actores, contextos y formas de organización y producción. Buenos Aires: Teseo

Polanyi, K. ([1944], 2011). La gran transformación. Fondo de Cultura Económica.

Singer, P. (2011). A América Latina na crise mundial. Revista Otra Economía, 3(4), 7-15. Disponible en: https://bit.ly/3EMFCxe

Vázquez, G. (2010). El debate sobre la sostenibilidad de los emprendimientos asociativos de trabajadores autogestionados. [Tesis de Maestría, Universidad Nacional de General Sarmiento]. Disponible en: https://bit.ly/3EMBEVn

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Vázquez, G. (2022). Aportes para pensar y actuar en la gestión de las organizaciones autogestionadas. Otra Economía, 15(27), 33-48.


  1. fbenedetich@gmail.com.
  2. Para un mejor desarrollo del concepto de Economía Popular, ver en este libro el artículo Una lectura de la economía popular desde sus disputas conceptuales y políticas de Laura Pegoraro.
  3. Coraggio (2008) considera a la ESyS como una construcción práctica y de sentidos que propende al desarrollo de esa “otra economía”.
  4. Se entiende por economía formal a aquella que se organiza en referencia a la escasez y que se escinde de las dimensiones política, cultural y social, persiguiendo la eficiencia en la asignación de los recursos.
  5. Coraggio (2011) afirma que todo aquel proyecto que impulse o promueva la economía social es uno de carácter político, dado que su meta es la transformación de la realidad a través de acciones colectivas.
  6. Laville considera tres polos de la economía real: la economía mercantil; la no mercantil y la no monetaria. En la economía mercantil la distribución de bienes está en manos, principalmente, del mercado. En la no mercantil, la redistribución de bienes se realiza primordialmente a través de la autoridad pública. En la economía no monetaria, es la reciprocidad la que distribuye bienes y servicios. Estos tres polos están jerarquizados y es el rol de la economía social reequilibrar la economía.


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