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6 Sentidos del trabajo para los participantes del Movimiento de Trabajadores Excluidos (MTE) en la ciudad de Corrientes (2020-2021)

Celeste Nuñez Florentin[1]

Resumen

El presente estudio tiene por escenario las reorganizaciones del mundo laboral a partir de la crisis de la sociedad salarial, desempleo y precarización laboral. Se trata de procesos que han habilitado cambios en la percepción y sentido que se le otorga al trabajo, lo que nos lleva a repensar el lugar que ocupa el trabajo en las vidas de aquellos excluidos económica, social y laboralmente; y las diferentes situaciones que atraviesan. Desde una metodología de abordaje cualitativa se analizaron los sentidos que le atribuyen al trabajo los integrantes de la Economía Popular, en el marco de las estrategias reivindicativas de sus organizaciones. Se estudió el caso de los participantes del Movimiento de Trabajadores Excluidos (MTE) de la ciudad de Corrientes. Si bien los trabajadores recrean representaciones tradicionales sobre sus actividades, las valoraciones positivas se refuerzan a partir de la consolidación del MTE y de la Confederación de Trabajadores de la Economía Popular como órganos representativos del sector.

Palabras clave

Economía popular – trabajo – movimientos sociales – subjetividades


La expansión financiera y comercial que experimentó el capitalismo desde la década de 1970 debido a la concentración económica y la revolución tecnológica, la crisis estructural de la sociedad salarial en el contexto posthiperinflacionario y el ajuste estructural de los años 90 dieron lugar a la actual crisis del empleo. La incapacidad del mercado capitalista de generar empleo de calidad, incrementó el desempleo y los empleos no formales, como el informal, el atípico y el independiente informal (OIT, 2013). La flexibilización se inserta como un nuevo condicionante, repercutiendo de diversas maneras en las trayectorias y en el modo de concebir y construir su realidad. Estos cambios han llevado a la conformación de una estructura cada vez más polarizada en el mundo del trabajo (Maldovan Bonelli, 2018).

Como respuesta al desempleo, durante la década del 90 se implementaron algunos programas de promoción de autoempleo o empleo local. Sin embargo, a partir del cambio de gobierno en el año 2003 se promovió un cambio de paradigma, basado en el fomento de programas de desarrollo productivo de trabajo. En ese marco se le dio un mayor impulso al Ministerio de Desarrollo Social, y desde allí se promovieron emprendimientos mercantiles autogestionados a cargo de trabajadores individuales, grupos familiares o libremente asociados para que el capital de los mismos fuera puesto en valor y formalizado jurídicamente (Giovana, Sierra Di Lollo y Lopez, 2016; Fernández et al., 2018 y Hoop, 2010).

En este contexto comenzaron a observarse diversas prácticas asociativas y de autogestión, muchas de ellas llevadas a cabo por los sectores populares como medio para obtener recursos de diversa índole, ya sean monetarios como no monetarios (Maldovan Bonelli, 2018). No obstante, ante la condición precaria que caracteriza estas modalidades de organización del trabajo, emergen y se consolidan los movimientos populares que visibilizan al sector como un sujeto económico. En esta línea, en el 2011 se crea la Confederación de Trabajadores de la Economía Popular (en adelante CTEP) que ha orientado sus demandas en dos sentidos vinculados entre sí. Por un lado, reclama el reconocimiento de sus representados como “trabajadores” y por ende su inclusión como parte del mundo del trabajo organizado nucleado en la Confederación General del Trabajo (CGT). Por otro, exige al Estado el reconocimiento de estos trabajadores como sujetos de derecho y la construcción de marcos regulatorios específicos en el sector de la Economía Popular (en adelante EP). Para ello, luchan por un salario social, por paritarias populares y mejoras en las condiciones de trabajo (Maldovan Bonelli y Melgarejo, 2019).

En efecto, la CTEP se convirtió en una herramienta reivindicativa para los trabajadores de la EP nucleados en diversas organizaciones. Una de ellas es el Movimiento de Trabajadores Excluidos (MTE) que conforma la CTEP desde el 2011. Este movimiento surge en el año 2002, en el contexto de la crisis económica-social, a partir de un grupo de desocupados dedicados a la puesta en valor de la recuperación de residuos para reciclaje. En ese momento, con la finalidad de mejorar la situación laboral y las condiciones de vida de sus familias, se agruparon y conformaron el MTE: organización social y apartidaria, que acompaña a trabajadores de la EP, cooperativas y unidades económicas populares a lo largo y ancho del país.

A partir del acercamiento de militantes del MTE Buenos Aires a la provincia de Corrientes, en el 2014 comenzó a organizarse el MTE en la Ciudad de Corrientes. Dentro de los movimientos sociales que conforman la CTEP, el MTE es la organización con mayor presencia en Corrientes. Actualmente, se integra por más de 800 personas organizadas en diferentes ramas[2]. Por un lado las “ramas productivas”: cartoneros, carreros y recicladores urbanos; construcción; textil; rural; gastronomía. Por el otro las “no productivas”: liberados y liberadas; integración urbana y socio comunitario. Si bien existe un Referente Regional, en cada rama hay un Coordinador designado por los integrantes de la misma para representarlos en las instancias de negociación. Asimismo, reciben asesoramiento y contención de técnicos, especialistas en trabajo social, psicólogas/os, abogadas/os y militantes que fortalecen las unidades productivas. Por ello quienes integran las ramas poseen perfiles sociolaborales diversos. Además de los profesionales y militantes, el MTE Corrientes está integrado por trabajadores que se “rebuscaron” su trabajo (changarines), trabajadores desempleados o empleados precarizados que encontraron una oportunidad de trabajo en el Movimiento. Si bien, previo a la constitución del MTE en la ciudad de Corrientes ya existían trabajadores que realizaban dichas actividades, el movimiento ayudó a éstos a organizarse en Unidades Productivas Populares (UPP) conformadas por vecinos de los barrios; a facilitarles cuestiones administrativas y a velar por la buena relación entre compañeros.

El ingreso total que perciben los y las trabajadoras de la EP se compone del programa de trabajo (Potenciar Trabajo), de lo que comercializan (bienes o servicios) en la Unidad Productiva y de otras fuentes laborales. De ese modo los trabajadores y las trabajadoras obtienen un ingreso que se aproxima al monto del Salario Mínimo Vital y Móvil (SMVM). Sin embargo, aquellos trabajadores que integran las unidades “no productivas”, como las vinculadas a salud y cuidados, perciben un ingreso inferior ya que no cuentan con la posibilidad de generar ingresos a partir de la Unidad Productiva. Tal es el caso de los trabajadores y las trabajadoras de la rama Sociocomunitaria, de Vientos de Libertad y de Liberados/as, que cumplen un rol fundamental en materia de reproducción social.

En la Argentina el 32.1% del trabajo urbano se desarrolla en unidades económicas de la EP (Grabois y Pérsico, 2017). En otras palabras, existen más de 4 millones y medio de trabajadores de la EP que viven del trabajo que realizan y específicamente en la provincia de Corrientes hay 47.597 trabajadores de la EP inscriptos en el RENATEP (Registro Nacional de Trabajadores y Trabajadoras de la Economía Popular) y si se compara estos trabajadores con la cantidad de asalariados/as privados/as respecto al total de la población en la franja etaria entre los 18 y los 65 años se observa que los trabajadores/as de la economía popular inscriptos/as superan a los/as asalariados/as privados/as. Es decir, en Corrientes hay un 2,3% de trabajadores inscriptos en el RENATEP, mientras que los trabajadores inscriptos al Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA) alcanzan solo el 1,3%. Estos datos evidencian la disminución paulatina de la sociedad salarial.[3]

Por otra parte, en el MTE se observa un universo laboral de ocupaciones y oficios muy heterogéneos y de diversos niveles de calificación que expresa la enorme amplitud del sector popular. En él, predominan los trabajadores con menores niveles educativos, siendo este uno de los motivos por el cual se dificulta la inserción a puestos o empleos formales, ya que el nivel secundario completo es el requisito mínimo excluyente.

Para analizar los sentidos del trabajo para los participantes del MTE fue necesario abordar la investigación en dos partes. Por un lado, conocer y describir al MTE, el rol que ocupa tanto en la EP como en la vida laboral de los integrantes y el perfil sociolaboral de los mismos. Por el otro, estudiar los sentidos que los trabajadores construyen a partir de estar inmersos en una economía aún poco conocida como categoría analítica en el plano provincial, enlazados a una organización de trabajo no clásica y en un contexto de estigmatización.

El estudio llevado a cabo es de tipo descriptivo con enfoque metodológico cualitativo, puesto que permitió conocer, comprender e interpretar las percepciones y significados atribuidos al trabajo por los participantes desde su punto de vista. Para recabar la información necesaria se realizaron diez entrevistas abiertas a integrantes de la organización que participan desde hace al menos dos años, procurando presentar una diversidad respecto a los roles y a las ramas a las que pertenecen (referentes del MTE, coordinadores de rama y trabajadores). Si bien las entrevistas se consiguieron a través de la técnica bola de nieve, los entrevistados fueron seleccionados en función de la disponibilidad y accesibilidad a la entrevista. Cabe destacar que dicho trabajo se llevó a cabo en el contexto de pandemia por COVID-19, y estuvo sujeto a las diferentes oportunidades que la situación epidemiológica permitía entre los años 2020-2021.

Asimismo, se analizaron otras fuentes secundarias, cuadernillos y documentos producidos por el MTE y la CTEP. También se utilizaron datos estadísticos provenientes de informes del Ministerio de Trabajo, Empleo y Seguridad Social y del Ministerio de Desarrollo Social tal como el informe del RENATEP.

El supuesto inicial del que partió este estudio fue que los significados atribuidos al trabajo por los participantes de la EP difieren de la representación hegemónica que prevalece en el mundo del empleo asalariado e individualizado. Puesto que en la EP intervienen características propias de la actividad, como su finalidad, valores y las trayectorias laborales de los trabajadores del sector.

Si bien existen investigaciones sobre los sentidos del trabajo en trabajadores informales, no asalariados o beneficiarios de programas de empleo, en esta oportunidad se abordó los significados del trabajo en la Economía Popular en relación y con sentidos de pertenencia a un movimiento social, particularidad que la distingue de otras investigaciones. Es decir que el discurso, estrategias y forma de organización del movimiento estudiado son considerados clave para el análisis de la construcción de los sentidos del trabajo para los participantes en estudio

Así como el mercado de trabajo y las relaciones laborales son dinámicas y se van modificando con el tiempo, lo mismo sucede con el sentido que se le atribuye al trabajo. Este se va reconfigurando a partir de variables personales y del contexto. Estos sentidos interpelan en la forma de concebir y abordar el mundo del trabajo y también en el diseño e implementación de políticas orientadas al sector, superando la dicotomía trabajadores versus asistidos.

En primera instancia se describe el desarrollo y afianzamiento de las organizaciones populares con especial énfasis en el MTE. Posteriormente se presenta el análisis correspondiente a los datos recabados en el trabajo de campo; se exponen los sentidos que los participantes del MTE le atribuyen al trabajo y la influencia percibida por otros sectores de la sociedad. Por último, se presentan las conclusiones de la investigación, haciendo mención a los aspectos más sobresalientes.

De excluidos a organizados

Las consecuencias más visibles de las nuevas formas de organización de la producción y el trabajo, enfocadas en la precarización de la fuerza de trabajo, han ocasionado una desigualdad en la distribución de los ingresos y, por ende, la exclusión de millones de personas del acceso a las vías tradicionales de integración social como el trabajo formal y estable (Saraví, 2007). Esto se debe a que el trabajo además de ser el principal medio de generación de ingresos es también fuente de identidades tanto individuales como colectivas: como ser de realización personal, de legitimidad y aceptación social, de bienestar psicológico y de autoestima (Maldovan Bonelli, 2018). El desempleo y la precariedad laboral generan, a su vez, que los sujetos queden excluidos de otros derechos, como el acceso a la vivienda, educación, servicios de salud, un ingreso suficiente y participación social y beneficios sociales.

La crisis de la sociedad salarial y el declive del sistema capitalista, que parece haber agotado su capacidad de producir bienestar, da lugar a nuevas formas posibles de organización social y productiva. En los últimos años, el trabajo, como actividad y también como eje de organización política, productiva y social ha ido mutando y tomando diferentes concepciones; particularmente en trabajadores con diferentes condiciones laborales y de vida, distintas al trabajador asalariado y formal. El trabajo autogestionado en unidades productivas, se lleva a cabo de modo defensivo, buscando oportunidades para los excluidos, ofreciéndoles la posibilidad, aunque sea limitada, de una reproducción social frente a una economía inestable. Esto se ve reflejado en lo mencionado por el Coordinador de la Rama de Cartoneros, Carreros y Recicladores Urbanos

Hay compañeros que están viviendo hace 20 años dentro del basural ubicado por ruta Nº5, y si vos te vas ellos viven en una choza hecho por ellos, comían de lo que encontraban. Nosotros las primeras veces que fuimos le asistimos con mercadería, con indumentaria, le asistimos con elementos higiénicos, para que ellos tengan algo ahí adentro. Eso fue lo que fuimos haciendo. Hoy en día se le consiguió Potenciar Trabajo, entonces ellos ya tienen una entrada más. Te puedo decir que de lo que estaban en el basural al conseguirle el Potenciar Trabajo muchos se fueron de ahí y se integran a otra rama del movimiento como es la rama de construcción y ellos salen del basural. Eso es lo bueno, salen porque ahí no es un lugar para estar (entrevista 9/04/2021).

En ese sentido el MTE, en tanto movimiento social, cumple una doble función. Por un lado, la organización de la producción popular que consiste en la creación y administración de unidades productivas que garanticen la distribución de bienes y servicios que permitan generar ingresos y mejorar la calidad de vida de los trabajadores y sus familias. Por otro lado, la representación sindical del sector; luchar por la reivindicación de los derechos laborales y sociales, mejorar ingresos, mejorar las condiciones de trabajo y de vida. Asimismo, lograr el reconocimiento de sus representados en carácter de “trabajadores” y su inclusión como parte de la economía. Esto refleja que no únicamente se abocan a la cuestión laboral, sino también a cuestiones habitacionales, ambientales, sanitarias, educativas y de acceso a la justicia, ya que consideran necesario que para abordar la deuda que existe con el núcleo duro de la pobreza urbana y rural es indispensable una planificación integral.[4]

El MTE cumple un rol de comunicador. Hacia dentro del movimiento organiza asambleas para debatir y poner en común problemáticas y modalidades de trabajo a seguir desarrollando. Hacia afuera genera mesas de diálogo con otros actores, principalmente con las autoridades municipales y provinciales. Es decir, hacia el Estado y las diferentes instituciones para lograr potenciar las UPP.

Para potenciar y fortalecer las UPP, el MTE se propuso adquirir maquinarias y herramientas necesarias para mejorar los procesos de trabajo desde la producción, la distribución y la comercialización; realizar capacitaciones en materia de higiene y seguridad; y ordenar y regular el trabajo de aquellos que realizan sus actividades en espacios públicos para evitar conflictos.

También prevalece en el Movimiento la participación de mujeres. El MTE, desde una perspectiva de género, promueve una equidad entre varones y mujeres, ya sea en la coordinación de las ramas como en la integración de las mismas. Sin embargo, debido al interés de los propios participantes, las ramas se integran con una marcada diferenciación de género. Es decir, la rama Construcción se encuentra integrada en su mayoría por varones, mientras que la rama socio comunitaria o textil está mayoritariamente conformada por mujeres.

Las distintas actividades que se realizan representan formas alternativas de resolver las necesidades propias de la organización y/o de su entorno, diferentes a las que se promueven desde la oferta pública o las formas privadas paradigmáticas en una economía de mercado capitalista (las empresas de capital), y también porque no predominan vínculos simétricos (sin jerarquías entre patrones y empleados, entre propietarios y no propietarios). En las UPP la responsabilidad es compartida, con diferentes grados de organización autogestionada. En ella, prima una lógica de organización basada en la reciprocidad, trabajo autogestionado y democratización de la información y toma de decisiones (Coraggio, Arancibia y Deux, 2010).

La mayoría de los entrevistados, tanto los trabajadores que ya se encontraban trabajando en la EP como aquellos que se incorporaron a las distintas unidades productivas, indican que desarrollarse en estos trabajos fue la única opción disponible. No obstante, hoy eligen continuar desarrollando actividades laborales dentro de la EP y en vinculación al MTE. Esto se debe en gran parte a que el movimiento les permitió tener experiencia laboral, aprender un oficio y conocer sus derechos.

Por lo tanto, la economía popular tiene en su raíz una forma socioeconómica diferente a la hegemónica, debido a que ubica al trabajo sobre el capital. Los trabajadores son el eje ordenador de la producción, poniendo sus esfuerzos en la generación de excedente económico para la sustentabilidad a futuro de la unidad productiva. Estas unidades económicas se van a sustentar en valores de reciprocidad y no en contratos bilaterales mediados por el dinero. Desarrollan respuestas reactivas con nuevas formas de producción y cooperación que permiten la reintegración de los excluidos tanto a nivel de producción como de consumo que bajo el modelo actual quedaron relegados (Hintze, citado en Herrán Gómez, 2013). Los diferentes emprendimientos son considerados medios de inclusión social, ya que a través de los mismos los integrantes pueden adquirir y/o desarrollar capacidades y habilidades, promovidos por la capacidad de trabajo y el fortalecimiento de los lazos de cooperación.

Sentidos del trabajo en la periferia

Las representaciones que los sujetos estructuran en torno al trabajo adquieren diferentes significados como resultado de la interacción de factores personales y ambientales complejizados en el marco de la cultura y de la sociedad de la que son parte. Las personas asignan sentido al trabajo a partir de sus experiencias laborales y modelos culturales transmitidos por la propia sociedad a través de la educación y comunicación social. Por lo tanto, “el significado del trabajo es diferente atendiendo a las historias individuales de las personas, y a sus inserciones sociales específicas que operan como condicionantes del proceso de socialización laboral” (Pérez, 1996, p. 17) Como así también de los nuevos valores que responden a diferentes hechos históricos, políticos, económicos y psicosociales de una cultura determinada en un momento dado.

Las representaciones sociales (en adelante RS) establecen la conducta de una persona hacia un objeto, como consecuencia de la valoración del mismo. Así, el sentido atribuido varía de un contexto social a otro y entre distintos grupos sociales debido a la interacción entre sus experiencias personales y los factores del medio en el que están inmersos. Estas representaciones funcionan como un sistema de referencia para la interpretación y valoración hacia el trabajo y el hecho de trabajar para las personas (Pérez, 1996). Resulta relevante indagar sobre las representaciones sociales de los trabajadores de la EP vinculados a un movimiento social, ya que si bien este sector es heterogéneo, presenta características particulares y diferentes al sector formal. Los participantes al estar inmersos y en constante vinculación con el movimiento popular en estudio pueden realizar una valoración del trabajo asociada a su realidad social.

Para llevar a cabo la investigación de los sentidos del trabajo fue necesario analizar las entrevistas a partir de las cuatro dimensiones propuestas por la teoría del Meaning of Working (MOW) Internacional Research Team (citado en Filippi, 2006): Centralidad del trabajo, Normas societales sobre el trabajo, Metas laborales y resultados valorados del trabajo.[5]

La primera dimensión a desarrollar es la centralidad relativa que analiza la percepción del trabajo asociada con los aspectos de la vida cotidiana. Si bien los participantes del MTE se desempeñan en la misma organización popular presentan diversos perfiles sociolaborales por las diferentes situaciones laborales y de vida. Para los trabajadores de la EP, el aspecto más importante en sus vidas es la familia. Esto se debe a que la familia es parte de la socialización primaria y en ella se aprenden habilidades y valores que le permiten crecer, realizarse y proyectarse.

El segundo aspecto mayormente mencionado en la vida de los participantes es el trabajo. Este está fuertemente vinculado al primer aspecto. Como la familia es importante en sus vidas, el trabajo también lo es, ya que el bienestar familiar depende del trabajo. En este sentido, puede considerarse necesario e importante por dos cuestiones mencionadas: la primera porque a través del trabajo se puede satisfacer necesidades básicas; y la segunda porque mediante el trabajo logran la autorrealización. En definitiva, se evidencia que el trabajo es un medio para un fin y no un fin en sí mismo. En efecto, no se encontraron diferencias significativas en relación con otras investigaciones previas, en donde el aspecto familiar es escogido en primer lugar, y luego el trabajo.

El tercer aspecto destacado es la formación, señalada por los militantes populares y coordinadores de ramas del MTE, quienes alcanzaron un mayor nivel educativo o una experiencia laboral más amplia. Consideran importante estudiar y capacitarse, puesto que les permite estar informados y preparados para optimizar los procesos de trabajo en las Unidades Productivas y luchar por mejorar la calidad de vida de los sectores populares.

La segunda dimensión analizada fue la centralidad absoluta del trabajo, la cual se presenta con una importancia moderada para los integrantes de la EP. Estos trabajadores deben hacer frente a muchas problemáticas y por su condición de “excluidos, marginados, que sobran, los últimos de la fila” (Grabois y Pérsico, 2014, p. 2), ya sea en materia sanitaria, educacional y/o habitacional; por lo que el trabajo no es considerado como un valor primordial. Sin embargo, si se analiza este factor en relación con el trabajo actual, adquiere connotaciones significativas y absolutas. En sus relatos se identifican dos de las principales características de este factor: compromiso e identificación psicológica con el trabajo, donde hay semejanza entre las actividades que realizan y la percepción de la autoimagen.

Ay el trabajo para mi es todo. Yo me siento re orgullosa de trabajar… siempre trabajé en el comedor, hace 20 años que estoy ahí (Entrevista a integrante de la Rama construcción, 20/03/2021).

Esto evidencia que el trabajo adquiere una centralidad absoluta y relativa, al encontrarse fuertemente vinculado a lo territorial. Ambos campos, el laboral y territorial, se encuentran cada vez más unificados, puesto que los trabajos en la EP generan un beneficio para los sectores populares.

Con relación a la dimensión de normas societales, se identificó que los trabajadores en estudio conciben al trabajo como obligación y como derecho. Por un lado, sienten la obligación de contribuir a la sociedad a través de su esfuerzo.

Quería tener un trabajo y ayudar a mi casa económicamente y salir adelante […] yo me siento re orgullosa de trabajar… nosotros ayudamos acá en nuestro barrio limpiándolo y sirviendo la copa de leche. Hace 20 años que estoy ahí (Entrevista a integrante de la rama Construcción, 21/04/2021).

Asimismo, se reconoció en aquellos militantes que trabajan en la EP el compromiso que tienen con los sectores populares. Estos conciben al trabajo como el medio adecuado para realizar su aporte a la sociedad. Este sentido del trabajo se identificó en cuadernillos de formación para militantes de la CTEP, siendo otro medio de anclaje.

El militante es un compañero que tomó como opción de vida no dedicarse exclusivamente a su familia o sus propias ocupaciones, sino trabajar intensa y gratuitamente para impulsar la lucha del Pueblo, para alcanzar la hermandad entre las personas y la justicia social para todos. Esta opción de vida se toma por distintos motivos. Algunos por sus ideas políticas, otros por su fe religiosa y otros por un instinto de solidaridad y justicia que los llama a entregarse a la lucha por el cambio social. Creemos que un militante debe siempre tener como la más alta motivación el amor al prójimo y al Pueblo, sobre todo a los que sufren (Grabois y Pérsico, 2014, p. 32).

A su vez, para los trabajadores de la EP, la construcción simbólica que se constituye en las interacciones y hechos sociales dota de sentido al trabajo como un derecho. Esta concepción del trabajo se visualiza principalmente en los trabajadores militantes. Ellos expresan la necesidad de trabajar en algo que les permita alcanzar sus objetivos personales en armonía con su filosofía de vida y puedan reconocerse como trabajadores formales. A la vez consideran como un derecho que su trabajo abarque las siguientes características: un horario adecuado, condiciones salubres y un buen clima laboral.

Queremos tener una obra social que realmente funcione, y poder acceder a todo lo que los demás trabajadores tienen… tener comodidades a la hora de trabajar, que no corramos peligro, ni dentro ni fuera de la organización (Entrevista a integrante de la Rama construcción, 20/03/2021).

Por otra parte, los trabajadores de la EP consideran las siguientes metas laborales: condiciones de trabajo, económicos, relacionados con el aprendizaje y simbólico.

Las condiciones y medio ambiente de trabajo, fueron mencionados por los militantes por unanimidad en las entrevistas. Este aspecto es una de las principales características que distingue a la economía popular de las otras economías. “La economía popular en general tiene condiciones precarias de trabajo: trabajamos mal, muchas horas, ganamos poco, no tenemos un sueldo mínimo, ni vacaciones pagas, ni aguinaldo, ni asignaciones familiares, ni obra social, ni seguro de accidentes” (Grabois, y Pérsico, 2014, p. 32).

No es singular que los entrevistados persigan como objetivo trabajar en mejores condiciones ya que desde la organización que representa sus intereses, la CTEP, se establecen como meta mejorar las condiciones laborales.

Así como en Bs. As. queremos una planta recicladora, que tenga todas las comodidades, que tenga todas las medidas de seguridad e higiene, que hoy no las tenemos pero por lo menos estamos organizados (Entrevista al Coordinador de la Rama de Cartoneros, Carreros y Recicladores Urbanos, 9/04/2021).

Otro objetivo laboral de interés para los trabajadores de la EP y en relación con el objetivo anterior, es el factor económico. Este objetivo se visualizó tanto en aquellos trabajadores que siempre se desempeñaron en la EP como en aquellos que fueron precarizados por el mercado de trabajo informal. Por los bajos ingresos percibidos y la necesidad económica (por ser jefe o jefa de hogar o porque su entorno familiar también se encuentra en la misma situación económica y laboral), es que valoran mucho más el aspecto económico y la urgencia por satisfacer necesidades básicas. Por consiguiente, la representación social en torno a la importancia que se le concede a este objetivo está atravesada por la posición que ocupa el sujeto dentro de la estructura social.

En los entrevistados, también se identificó como meta laboral el aprendizaje y formación. Este objetivo está sujeto, por un lado, a la falta de formación educativa y profesional de estos trabajadores que se evidencia en las estadísticas del RENATEP. Sin embargo, desde su incorporación al MTE se prepondera este aspecto como objetivo laboral, puesto que desde el movimiento se busca fortalecer las unidades productivas y por ende los oficios populares.

La meta laboral simbólica, es decir el interés por el trabajo que realizan, se identificó únicamente en los militantes del MTE que fueron entrevistados. Esto no quiere decir que los demás entrevistados no tengan interés por su trabajo, sino que los militantes de la organización fueron quienes lo manifestaron al mencionar la experiencia familiar, la trayectoria en el movimiento y el deseo de mejorar la realidad en la que viven sus compañeros.

Con relación a la última dimensión del MOW, se hallaron diversos resultados valorados del trabajo. Entre aquellos mencionados se destaca el desarrollo de habilidades. Los trabajadores al incorporarse a las ramas contaban con muy poco o nada de conocimientos previos sobre el oficio a ejercer. No obstante, a través de las capacitaciones brindadas por el MTE y otras organizaciones y/o centros de formación como es el caso de la ENOCEP[6] y la ayuda y acompañamiento de compañeros con más experiencia es que se desarrollan y fortalecen las capacidades técnicas de los participantes. Como resultado de ello, se valora este aspecto ya que en muchos casos les permitió, no solo tener un oficio, sino aplicar esos conocimientos en su cotidianidad y mejorar así su calidad de vida.

Yo ahora estoy haciendo mi bañito en mi casa yo sola. Gracias a que aprendí muchas cosas, a levantar paredes, revocar. De todo aprendí (Entrevista a integrante de la Rama construcción, 21/04/2021).

Otro aspecto valorado del hecho de trabajar fueron los contactos personales. En otras palabras, la interacción con otras personas fuera del núcleo familiar adquiere valoraciones positivas. Al constituir el trabajo es una de las principales fuentes de interacción social, la exclusión del mercado laboral tiene como consecuencia el deterioro del tejido y los lazos sociales. Pero a través de la participación en las diversas ramas, se generan distintas instancias de socialización, de vínculos y redes, que en muchos casos va más allá del propio trabajo. Tal como en el caso de los viajes de formación, cursos, marchas y manifestaciones. De esta manera se evidencia que en la Economía Popular más que reproducir el capital, lo que intentan es reproducir la sociedad, priorizando los lazos sociales sobre la acumulación de capital.

La vinculación con los compañeros eso es lo que más me gusta, me hizo ver como es la realidad de algunas personas como es la vida en sí de cada uno. Yo vivo en otro mundo y conocer el de otros es fuerte en algunas ocasiones y a veces positivo en otras porque podés comprender la realidad de ellos y salir de la burbuja en la que estás vos (Entrevista a integrante de la Rama Textil, 05/04/2021).

Otro aspecto que los entrevistados manifestaron valorar es la jornada de trabajo. Los participantes realizan sus actividades laborales vinculadas al MTE de lunes a viernes solo media jornada. Esto les posibilita la realización de otros trabajos por fuera del Movimiento y, por ende, la obtención de otro ingreso para el hogar, como así también el desarrollo de otras actividades, o de disponer de mayor tiempo para el cuidado de hijos y/o adultos mayores.

Yo trabajo acá y a veces también hago mis cosas, mis changas, por ahí hago peluquería a la tarde, hago planchita y ya es un aporte más. Yo con el MTE aprendí, tengo un oficio, y me da los tiempos para hacer otras cosas incluso de mi familia (Entrevista a integrante de la Rama Construcción, 22/04/2021).

Servir a la sociedad es otro aspecto que los participantes destacan de su trabajo. Principalmente los militantes entrevistados sienten satisfacción por realizar un trabajo destinado al mejoramiento de los sectores populares. Esto refleja los valores de la EP, tales como cooperación, solidaridad, sororidad y reciprocidad con la finalidad de mejorar su calidad de vida. Para ellos es muy importante la realización de tareas en pos de una sociedad más justa. Continuando con esta línea, el resultado del trabajo menos valorado fue el económico. El trabajo en el MTE se constituye en un valor que no es sólo instrumental, sino también como un aspecto identitario y de propósito.

Las diversas connotaciones y sentidos al trabajo se expresan en algunos casos con conceptos y características de un “trabajo clásico y/o tradicional”. Es decir, como una actividad diaria que implica esfuerzo, que tiene una finalidad social, que se realiza dentro de una jornada de trabajo y en un espacio concreto y por la que se percibe una remuneración. Sobre esta base se erigieron la mayoría de los conceptos de la sociología del trabajo, del derecho laboral, de la economía, de las relaciones industriales (De la Garza Toledo, 2017). Esta representación es la idea de trabajo tradicional e incluso algunos trabajadores de las ramas identifican al MTE como una “empresa”. Las construcciones sociales y el sentido común le confieren al trabajo un carácter universal en el cual un buen trabajo debe ser aquel en relación de dependencia, que se realiza en una empresa y con un empleador. En consecuencia, algunos de los entrevistados vinculan aspectos de su trabajo con uno tradicional (con empleador, salario, beneficios del salario) aun considerando que el trabajo en la economía popular es una alternativa al trabajo formal.

para mi todos deberían ser responsables y cumplir en el horario los días que se tiene que venir a trabajar. Yo no lo tomo como algo militante, lo tomo como un trabajo, para mí es como una empresa… vengo acá a trabajar cuando me corresponde y me pagan por ello (Entrevista a integrante de la Rama construcción, 20/03/2021).

Por otro lado, otros entrevistados del MTE le atribuyen al trabajo un sentido más amplio que el “trabajo clásico”. Para ellos, el trabajo no puede limitarse únicamente en un trabajo remunerado, realizado en un espacio específico y en relación de dependencia. En esta línea, el MTE a través de diferentes estrategias, como son los talleres de género, desarrolla un pensamiento social con perspectiva de género que busca reconocer y valorizar el trabajo comunitario y reproductivo. En este caso se identifica el anclaje del objeto representado. Es decir, que a través de estos talleres se busca valorizar, reconocer y comprender a las tareas de cuidado del hogar y de personas como un rol fundamental en materia de reproducción social, dando respuesta a una necesidad emergente. Dichas tareas son indispensables para las actividades productivas puesto que generan de manera directa e indirecta beneficios para la sociedad y la economía en su conjunto. Se puede decir entonces que en estos sentidos se le atribuye al trabajo una valoración no sólo en términos económicos sino también sociales.

Por su parte, la respuesta coincidente entre los entrevistados fue que el trabajo es colectivo. Sostienen que el desarrollo y mejoramiento de las UP depende de la cooperación de todos.

Los compañeros se dan cuenta de la organización, que uno solo no puede ir a competir con un mercado muy grande y sin embargo cuando se juntan pelean mejor y sacan mejor precio (Entrevista a administrativo de la Rama construcción, 29/03/2021).

También reconocen la importancia de efectuar lazos y ser solidarios con todas las ramas del Movimiento. De esta manera se observa cómo en el trabajo ampliado puede existir identidad entre sujetos no clásicos dentro de la relación laboral, dentro de otros territorios y tiempos no laborales. Estos tienen una vinculación con lo laboral en sentido amplio (De la Garza Toledo, 2010).

Valoraciones sociales del trabajo en la economía popular: sociedad, Estado y movimientos populares

En esta sección se analizará cómo influyen en los entrevistados las representaciones sobre políticas públicas en materia laboral y social.

Existen representaciones sociales que consideran a muchos trabajos de la EP como tareas desvalorizadas, que no se equiparan al trabajo “real” porque no reúnen todas o algunas de sus condiciones tradicionales (horarios, control de asistencia, derechos laborales, ingresos mensuales o “salarización”, etc.) o bien porque están más sujetos a condiciones de inestabilidad socioeconómica y a la intervención del Estado. Esto se ve expresado en lo mencionado por un militante del MTE quien pretende que se visualice la situación de hostigamiento a los cartoneros:

No puede ser que le sigan diciendo negro planero. Está dentro de la EP y es un trabajador como todo. Hoy en día nos pueden tratar de los planeros, nos pueden manchar de lo que quieren. Socialmente ya se instaló, y no ven más allá de eso. Y nosotros mismos no nos defendemos. Eso también es una realidad (Entrevista a administrativo de la Rama Construcción, 29/03/2021).

Por lo tanto, la denigración a los trabajadores de la EP por parte de un conjunto de la sociedad considerándolos únicamente como objetos de subsidios, genera que el trabajo adquiera características de lucha. Las demandas se direccionan hacia el reconocimiento como trabajadores, lo cual conlleva la reparación de una injusticia histórica que en términos simbólicos tiende a despreciar a este sector por su lugar de subordinación en la estructura productiva, laboral, gremial y social (Maldovan Bonelli y Melgarejo, 2019).

Que el trabajo en la EP se encuentre fuertemente estigmatizado genera representaciones en sentido negativo para una parte de los propios sujetos involucrados. Esto expone las representaciones que consideran a los trabajos de la EP como “degradados” en relación con otras formas de empleo, sin poseer el conocimiento del trabajo que realizan y los puestos de trabajo que generan. Aunque no haya un contrato de trabajo, ni un salario por productividad, sus actividades contribuyen al sustento comunitario ya que permite la supervivencia material de la sociedad. En este sentido las organizaciones jugaron un papel fundamental de manera conjunta con las políticas públicas para las resignificaciones y transformaciones: del trabajador desocupado al trabajador de la economía popular, de la organización social al sindicato y del reclamo de subsidio a la propuesta de política pública. De esta manera, se demandó programas centrados en la figura del trabajador y no como beneficiario con un perfil asistencialista no productivista (Muñoz, 2018).

Los movimientos populares no pretenden que la economía popular sea una economía de subsistencia, ni tampoco que los programas Potenciar Trabajo o el Salario Social Complementario (SSC) reduzcan a la EP en una economía de pobres para pobres. En el Cuadernillo de la CTEP se considera que, si bien los trabajadores no son improductivos ya que producen su trabajo, las actividades que realizan “no dan ganancia como para comprar nuevas máquinas o progresar, a lo sumo el pan de cada día y con mucha suerte un cachito para ahorrar. Nuestro trabajo es de subsistencia” (Grabois y Pérsico, 2014, p. 29). Debido a ello en el MTE-Corrientes se implementan diferentes estrategias y alianzas con entidades nacionales y de la región para potenciar las UP y afianzarlas como cooperativas.

Por otra parte, el Estado a través del SSC re-nomina a estos participantes como trabajadores y reconoce, ramas y actividades que antes eran consideradas cómo trabajos informales, cuentapropistas o voluntariado social. La unión de los diferentes trabajadores de la EP a través del MTE y CTEP les permite más allá de sentirse representados, consolidarse y manifestarse como trabajadores. Esto tiene respuesta en que al ser apartados del mercado formal de trabajo y por ende de los derechos relacionados con el trabajo, queda en ellos la lucha por el reconocimiento de su trabajo y la mejora en la calidad de vida. Esto se ve reflejado en lo mencionado por una integrante de la rama Cartonera.

Por medio del movimiento, de forma organizada se puede reclamar y generar mesas de diálogo porque por pertenecer al MTE los compañeros y compañeras tienen diálogo con las autoridades municipales y provinciales, y somos escuchados (Entrevista a Coordinador de la Rama Cartonera, 21/05/2021).

Consideraciones finales

En esta investigación se analizaron los sentidos que los trabajadores de la Economía Popular vinculados al MTE le atribuyen al trabajo. A partir del trabajo de campo, se identificó que los sujetos en estudio poseen representaciones del trabajo clásico y no clásico. Es decir que el sentido del trabajo para los integrantes del MTE se construye, por un lado, a través de concepciones tradicionales del trabajo transmitidas de generación en generación y por medio de la socialización; por otro, el sentido de trabajo se vincula con la actividad propia que realizan. Es decir, que al estar inmersos en una economía que poco se asemeja a la economía clásica y formal del mercado, los trabajadores le atribuyen un sentido más amplio al trabajo. Horarios de trabajo flexibles y la inclusión de actividades no meramente mercantiles sino de cuidado y reproducción serían un claro ejemplo de ello.

El trabajo adquiere un sentido colectivo e implica unidad, pero también esfuerzo y sacrificio por parte de todos para lograr el bienestar común. También se observa que, si bien la retribución económica es fundamental en las vidas de los trabajadores en estudio, lo que valoran del trabajo es la interacción con los compañeros. Conciben al trabajo no solo como un medio de generación de ingresos, sino como medio de integración social que les permite sentirse parte de algo. A los participantes se les presentan nuevos horizontes de posibilidades al trabajar organizados. Se amplían sus redes de vínculos, espacios de socialización y encuentro con otros trabajadores. Pueden desarrollar nuevas habilidades, ampliar su perspectiva de vida y crecimiento personal.

Por lo tanto, se evidencia que la construcción de su significado del trabajo en la EP, se encuentra intervenida por elementos de su círculo social más próximo, atribuciones dadas por otros actores y por el valor que le atribuye el conjunto de la sociedad al trabajo que ellos realizan. Si bien los diversos autores conceptualizan a la EP como una economía de subsistencia, en este caso el trabajo no es solo la vía para ganarse la vida o el medio de generación de ingresos, sino que es fuente de identidades, lugar de encuentros sociales, de expectativas laborales, de oportunidad para sentirse integrados y “ser parte de algo”.

Por otra parte, gran parte de las políticas públicas aún están impregnadas de una visión que tiene al trabajo formal, estable y asalariado como principal referencia analítica, a pesar de la metamorfosis del mundo del trabajo en las últimas décadas y de la incapacidad del sistema capitalista de crear y mantener “verdaderos empleos”. Una contrapartida de este aspecto se refleja en las dificultades para identificar y comprender las prácticas laborales y económicas de los sectores populares en la región. También, esto puede influir en las representaciones del trabajo, que consideran trabajo únicamente a aquel clásico. Si bien desde el MTE se realizan talleres y se fomenta que se vean a sí mismos como trabajadores con plenos derechos y luchen por mejorar sus condiciones de trabajo, existen algunos participantes, que sólo ven como un plan social a las actividades que realizan en el movimiento, y no como trabajo. Esto es considerado por los militantes del movimiento como falta de información de los participantes.

También resulta interesante destacar el aporte del MTE en la vida de sus integrantes a través de la red de apoyo y contención. Estos trabajadores viven en barrios populares, los cuales en su mayoría no cuentan con una infraestructura urbana adecuada con los servicios de agua potable, cloacas, red eléctrica segura, espacios públicos, sistema de transportes accesible, entre otros. En general, el hogar también es el lugar donde realizan sus labores. De modo que esta problemática atraviesa tanto a una cuestión social, laboral y de salud. Por esta razón el MTE se encuentra presente en la mayoría de los barrios correntinos generando oportunidades de mejora en la calidad de vida de los participantes: organización del trabajo, formalización de cooperativas de trabajo, gestión de proyectos laborales y urbanos o creación de una guardería popular.

Por todo lo expuesto, el sentido de trabajo que los participantes construyen está muy atravesado por el discurso del MTE y de la CTEP. Estas organizaciones sociales son el contexto concreto en que actúan los trabajadores. Son intermediarias comunicacionales y de representaciones sociales a través de la formación (en distintas instancias: talleres, material de prensa y difusión). En los últimos años, la presencia de dichas organizaciones al legitimar espacios de participación, generó en los trabajadores una valorización positiva de su trabajo. No obstante, desde el Movimiento hay poca difusión del trabajo realizado en las distintas UP, del valor económico y social de las tareas que llevan a cabo y el gran aporte al cuidado del medio ambiente. Ello conlleva aún más que deban hacer frente a los discursos y miradas condenatorias por el hecho de pertenecer a un determinado sector de la sociedad. Si bien el Estado implementó políticas públicas que pretenden fortalecer al trabajo en la EP, estas son impulsadas desde el Ministerio de Desarrollo Social y no desde el Ministerio de Economía o de Trabajo. Esto conlleva a que el conjunto de la sociedad continúe identificándolos como asistidos por el Estado y no como trabajadores.

Bibliografía

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Fernández Mouján, L., Maldovan Bonelli, J.y Ynoub, E. (2018). Debates, alcances y encrucijadas de la organización de los sectores populares: la CTEP, una nueva experiencia sindical. Colección Trabajo y Economía Popular, Emilce Moler (coord.). (2). Buenos Aires: UMET

Filippi, G. l. (2006). El significado y el valor del trabajo en distintos grupos socio laborales de Argentina en los albores del siglo XXI. Tesis doctoral. Facultad de Ciencias Económicas, Universidad de Buenos Aires.

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Maldovan Bonelli, J. (2018). La economía popular: debate conceptual de un campo en construcción. Colección Trabajo y Economía Popular, Emilce Moler (Ed), (1). Buenos Aires: UMET.

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Fuentes documentales

Grabois, J., y Pérsico, E. (2014). Nuestra organización. Ciudad Autónoma de Buenos Aires: Asociación Civil de los Trabajadores de la Economía Popular. Recuperado de https://www.ctepargentina.org/descargas/2.pdf

Grabois, J., y Pérsico, E. (2017). Organización y economía popular. Ciudad Autónoma de Buenos Aires: Asociación Civil de los Trabajadores de la Economía Popular. Disponible en https://bit.ly/3TbkRQu

Ministerio de Desarrollo Social (2021). Informe del RENATEP. Hacia el reconocimiento de las trabajadoras y los trabajadores de la economía popular. Disponible en: https://bit.ly/3g1royf


  1. celeste.nflorentin@gmail.com.
  2. Dato extraído de la entrevista realizada al Referente Regional del MTE Corrientes. Realizada el día 22 de septiembre del 2020.
  3. Dato extraído del Informe del RENATEP 2021.
  4. MTE. (2019). Programa de Buen Gobierno.
  5. El modelo de investigación del significado del trabajo propuesto por el MOW Internacional Research Team (1987) es el primer modelo teórico referido al tema de las creencias, expectativas y valores que posee el trabajador en relación con el trabajo. De acuerdo al estudio del grupo, el significado de trabajo funciona como un marco de referencia para el accionar a través de: las creencias individuales sobre los resultados que deberían esperarse o desearse del trabajo (metas laborales), lo que se tiene que dar o recibir de la situación laboral (normas societales) para lograr esos resultados, y el grado en que uno se identifica con el trabajo (centralidad del trabajo). Por lo tanto, el significado del trabajo es multidimensional, es decir que está compuesto por diferentes variables o dimensiones. Estas se construyen a partir de las representaciones sociales que las personas incorporan a su realidad y guían su comportamiento (Filippi, 2006).
  6. Escuela Nacional de Organización Comunitaria y Economía Popular. Espacio de formación que tiene la CTEP y movimientos populares para los delegados, militantes y trabajadores de la Economía Popular en distintos puntos de la Argentina.


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