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3 Voces de actores y actoras practicantes de las instituciones de La Plata que promueven, desarrollan y enseñan el voleibol

Introducción

En la actualidad, no caben dudas de que los deportes, en este caso el voleibol, no es un hecho natural sino es un hecho social[1]. El voleibol es el resultado de acciones sociales, consecuencia de múltiples factores y formas de relación, en las cuales ha cobrado diversos sentidos y significados y con ellas elaborado características, formas y usos, que resultan de momentos socio-históricos. Desde su creación se lo ha entendido de muchas formas y, con ello, se lo ha practicado también de diversas formas. En línea con ello, la(s) sociedad(es) lo han producido y han producido y producirán nuevos sentidos, significados y funcionalidades. Desde ese marco, concurre al esparcimiento, la recreación o el ocio, también a la profesionalización, otras palabras asume distintas formas, usos y funcionalidades, asume variadas formas prácticas, desde formas prácticas por pasatiempo hasta las formas prácticas con responsabilidad laboral.

Por otra parte, al menos en la Educación Física local, suele sostenerse que el deporte -vale para el voleibol como tal- logra un singular significado a partir de las relaciones que se establecen entre sus objetivos, sus reglas, las situaciones de juego y las acciones, pero también a partir de su relación con demandas sociales, políticas, culturales y hasta económicas (Crisorio, 2001: 3). Esta manera de presentarlo responde a una forma de entenderlo y proyectarlo que, si bien supone al deporte en una relación de lógicas, por lo general hace uso de la categoría lógica interna y con poca referencia a otra lógica[2] Este trabajo, tal y como fue dicho en el capítulo anterior, se apoya en una concepción de lógica diferente a la mencionada. En este libro se entiende a la lógica como la forma de validar y dar coherencia más que de estructurar o referir a un conjunto de componentes vinculados. Por ello, en esta investigación se hace referencia a una lógica que (inclusive con diversas formas, por lo tanto posible de dar lugar o reconocer otras diversas lógicas) construye y significa coherencia y validez.

La lógica(s) que se postula aquí, por una parte, refiere centralmente a dimensiones indisociables, entramadas, inexorablemente relacionadas, integradas en las prácticas que la significan. Es allí donde cada dimensión incide, opera y transforma a otras, sin desconocer componentes o estructuras posibles, aunque integrados, constituidos en ellas. No hay allí posibilidad de escisión, de fragmentación, de parcialización. Por otra parte, esta lógica no requiere de un registro que las visualice o identifique como algo objetivo, tal y como la perspectiva tradicional y positiva reclaman. Existen en el entramado multidimensional. Así una técnica puede o no resultar de reglas, puede producirlas sin necesariamente ofrecer o requerir una explicación, pues además puede brindar y requerir muchas y de diferentes niveles y dimensiones. En esta perspectiva las técnicas, las tácticas resultan, requieren y se constituyen desde otros desarrollos como el emocional, la oralidad, el político o el económico como ha sido dicho en los capítulos anteriores. No obstante, si bien esta perspectiva de interpretación y explicación excede este trabajo de investigación es necesaria su explicitación, pues el objeto construido claramente es visto desde otro lugar, desde otra perspectiva y así las explicaciones e interpretaciones incluyen y asumen otras formas.

Las instituciones carecen de autonomía absoluta, siguiendo a Bourdieu (1990) la mirada aguda y precisa, se observa que las instituciones disponen, desarrollan, producen desde un marco de autonomías relativas. Y por ello también se puede decir que su desenvolvimiento y producción resulta de un doble carácter, el de independencia y el de pertenencia con respecto a otras dimensiones, instituciones o hechos que pueden ser de contextos culturales y sociales determinados o no del todo determinados. Las instituciones deportivas, en este caso los clubes, articulan con confederaciones y asociaciones, generando y modificando las lógicas de funcionamiento y relaciones entre los actores y las actoras que las habitan. Una institución que pertenece a un barrio o punto barrial encuentra en el deporte una autonomía distinta a otra institución de otro punto geográfico o social, funcionando desde formas y modos de relación y vinculación que pueden ser muy diferentes y de diversos órdenes, con o sin dependencia económica, política y cultural. Económica en cuanto a cómo generan recursos para su sustento y el mantenimiento de las instalaciones. Política en tanto acciones con intención de gobierno o de organización de asuntos que afectan a la sociedad o a un grupo, política de dirigentes, profesores, familias, en sus formas de vinculación entre sí, con los miembros de la institución, con la sociedad a nivel gubernamental o con la federación a la que se encuentra afiliada y sus lazos. Cultural en tanto actores y actoras (sea quien entrena, juega, sea familia o dirigentes) dan forma y significan las prácticas, las caracterizan y producen y reproducen códigos sociales de vinculación y pertenencia a la institución.

Conocer y comprender las instituciones impone (re)conocer, diferenciar y distinguir sus formas de organización, los modos de relación entre actores y actoras y las manifestaciones sociales que sobresalen y expresan las maneras de interpretarlas, significarlas y demandarlas en su funcionamiento o desenvolvimiento[3]. También es necesario interpretar lo que en ellas sucede para reconocer principios y lógicas que lo expliquen y observar los acuerdos -tácitos o explicitados- entre la sociedad y los actores en los diferentes niveles involucrados y hasta en la práctica del juego del voleibol.

Difícilmente dos instituciones repliquen un modo de ser, de pensar y de decir, difícilmente las instituciones sostengan idénticas lógicas, dinámicas y prácticas (Ron, 2006) y ello parecería dar lugar también a diferentes maneras de desarrollo deportivo, de formas deportivas en el mismo deporte. En otras palabras las prácticas que se producen en las instituciones deportivas generan formas específicas y diferenciadas que los definen. En otras palabras el voleibol de GELP no es igual al de CULP o el de CFLH…

Entre otros actores y actoras, padreas, madres, familiares actúan a partir de un ideal de institución deportiva aunque en ocasiones las instituciones no logren cumplirlo o alcanzarlo, por ello la participación, la integración, la convocatoria como parte de la dimensión política cobra sentido. Como contraparte, dirigentes, jugadores, parecerían desarrollarse en función a las posibilidades que la institución les ofrece, tratando de cumplir expectativas deportivas y sociales. En muchos casos los padres piensan a los clubes como un centro de servicios que debe responder a la demanda social, con función formada de una moral deportiva y de representación social, y menor medida respecto al placer de la práctica. Hay allí parte de la razón fundacional o de principios fundacionales y de características sociales económicas y políticas distintas. Estas ideas o referencias son algunas de las posiciones o visiones que invitan a recuperar las voces a modo de perspectivas constituyentes de las instituciones y las prácticas que en ellos se desenvuelven en la cotidianidad institucional.

Dirigentes

Buena parte de las acciones que producen los dirigentes de los clubes está vinculada a la toma de decisiones. Estas influyen el desarrollo de los clubes y en los deportes que en ellas se desarrollan. Como pudo verse en apartados anteriores entre los objetivos de la dirigencia de los clubes se pueden diferenciar:

  • Relaciones que vinculan a la institución con la federación de cada deporte a la que pertenece.
  • Planificación y control de aspectos financieros de cada actividad.
  • Resolución de las situaciones que pueden ocurrir en las actividades.
  • Organización del tiempo y recursos para cada actividad.

    Una síntesis pertinente respecto a estos cuatro aspectos es lo señalado por Cristhian Darío Rojas (2013) quien sostiene que: “la administración deportiva es poderosa, y para facilitar la implementación de sus métodos, la administración deportiva se clasifica como funciones de planificación, organización, dirección y control”[4], funciones que también se reconocen como procesos de gestión. Por ello suele decirse que un administrador de la organización deportiva aplica estas funciones en la organización y/o eventos deportivos, algunas de las cuales están estructuradas y tienen ejecución como resultado de la intuición. Más allá de estas particularidades respeto a la acción dirigencial, el hecho a destacar es que cualquier campo de acción de los dirigentes deportivos y de los entrenadores (como gestores o productores de prácticas), requiere de conocimientos teóricos y empíricos que aplican en la toma decisiones, tanto más si se considera que afectan a grupos específicos de personas, equipos, socios o planteles.

    Nuestro país presenta la particularidad de que los clubes, y más los clubes de barrio, como instituciones fundadas para el fomento, la asociación y la promoción social, cultural y/o deportivas se constituyeron como sociedades civiles, por lo común sin fines de lucro[5]. En parte por ello estos cargos de conducción o dirigentes son vocacionales, ocupados sin remuneración alguna aunque ello no evita quita responsabilidades civiles (desde el punto de vista legal o contable). Aunque, en la práctica de orden cotidiano de los clubes son más visibles y quizás por ello parecerían estar más presentes las tensiones o problemas sociales que las tensiones o dificultades y problemas legales y contables, que para alguien desprevenido podrían responder exclusivamente al orden económico. Sin dudas, la dirigencia además de una función social vinculada a la toma de decisiones también juega un papel fundamental desde lo educativo, pues sus decisiones impactan socialmente, y todo lo que lo sucede o deja pasar en su club refleja sus capacidades e intenciones.

    En estos sentido, la formación de actores y actoras líderes con cualidades para la conducción, el debate, la creación de condiciones o bien simplemente con una capacidad para afrontar problemas entrenada, que en la conducción institucional podrían ser los problemas cotidianos de la organización es crucial. Buenas y buenos dirigentes, actores y actoras interesados en el bien común y atentos a las necesidades son integrantes deseados y buscados a nivel institucional, no siempre al alcance.

    En palabras de Osvaldo Sumavil[6], reconocido dirigente[7] de la ciudad:

    Un dirigente deportivo debe ser serio, responsable, coherente, ecuánime, respetuoso, tener amplios y variados conocimientos sobre la gestión y administración deportiva y, por supuesto, tener la cautela, el respeto, la perspicacia y si se quiere, hasta la picardía adecuada para solucionar los problemas que siempre existen (…) en Argentina adolecemos algunos problemas, primero la falta de participación, y en segunda medida, a raíz de lo mismo, la eternización de algunos dirigentes en el deporte, tanto en clubes (donde nadie quiere participar por ser ad honorem), como en Asociaciones, Federaciones y Confederaciones Internacionales, lamentablemente, por lo del voluntariado, en los clubes la mayoría no tiene una buena formación desde el aspecto deportivo concreto, son personas comunes que le dedican un poco de tiempo a llevar adelante una gestión deportiva. Lo que creo es que, cuanto más preparado desde el punto de vista de la gestión deportiva, no necesariamente tiene que ser un profesor en Educación Física, si lo es mejor, pero cuanto más preparado esté con cursos, capacitaciones, con seminarios o algo de grado o postgrado en relación a la gestión deportiva es mucho más valioso. (2020: 2)

    Continuando con los aspectos que resalta Osvaldo se puede decir que para ser un buen dirigente no alcanza con tener ganas. En relación a ello, es importante aclarar que un presidente o dirigente de una institución no necesariamente debe ser un profesional o bien un profesor en educación física, aun cuando en la formación de este se incluyen temas concerniente en la enseñanza del deporte en distintos ámbitos, y en menor medida saberes de gestión. Sí es de muchísima importancia que el dirigente sepa, conozca y maneje saberes deportivos, y debe capacitarse para ello con cursos o seminarios relativos a la gestión y si fuera en gestión deportiva mejor. Su función implica dirigir, gestionar políticas deportivas para que su institución sea lo mejor posible, tanto en la enseñanza del deporte como en cuanto al desarrollo general y hasta lograr la mayor cantidad de socios posible.

    Dirigir una institución implica asumir responsabilidades y disponer de tiempo. Contrariamente a lo señalado antes, estas serían las condiciones iniciales. Sin que esto implique una valoración de tipo personalista en muchas ocasiones quien dirige o integra comisiones poco sabe del club como institución y de los deportes que en él se desarrollan, más allá del vínculo inicial por el cual se integran o participan, y en muchos casos no vienen del deporte sino de otras actividades. Así, el desconocimiento juega como un condicionante. En ocasiones si bien se observa procedencia deportiva la es desde deportes individuales y eso no aplica como conocimiento a las particularidades de deportes de equipo. En muchos casos los miembros dirigentes son padres de buena voluntad pero con escaso saber deportivo, organizacional, de conducción o institucional. Nuevamente las prácticas desde sus especificidades como diferenciadoras y productoras de saberes y conocimientos.

    La eternización en los puesto de la dirigencia a la que Osvaldo Sumavil hace referencia se debe sobre todo a que los estatutos la permiten, para superar esto se debe producir un cambio en los estatutos y dar lugar no solo a la rotación, también a los encuentros intergeneracionales entre miembros. Esto debería formar parte de un proyecto amplio y extendido así como la posibilidad de desarrollo, sostén y enriquecimiento de políticas deportivas, apuntando a aquellas que han sido exitosas en cada institución en particular, respetando identidades institucionales, grupos sociales de pertenencia institucional y potenciando fortaleces, intentando superar dificultades. Si se quisiera representar el estado de situación se podría decir que, a modo de corte transversal de las estructuras institucionales, esto evidencia un funcionamiento del tipo capas institucionales (así como la geología refiere a capas geológicas sedimentadas una sobre otra) que no muestra diálogo con otras, por ello se observan limitaciones condicionantes cuando se piensa la formación de dirigentes o la administración institucional, las relaciones entre actores y actoras de la misma institución o respecto a otras y hasta la elaboración de políticas deportivas.

    Entrenadoras y entrenadores

    Si algún día tuviera que analizar a un entrenador, prescindiría del resultado, examinaría el método.

                    

    Marcelo Bielsa (2013)

    Entrenadores y entrenadoras de los deportes tienen como principal objetivo el de ayudar a los practicantes deportistas alcanzar su máximo potencial. Son responsables de entrenar a deportistas a partir de analizar sus desempeños, guiándoles para que dominen las habilidades relevantes y brindándoles aliento.

    Quien tiene como función el entrenar a otras y otros es quien garantiza la enseñanza deportiva, por lo tanto, su papel comprende múltiples funciones en la vida deportiva del jugador o la jugadora. En ocasiones no solo en temas inherentes al desempeño o requerimiento deportivos pues su intervención se extiende a la de un disertante, consultor, amigo, consejero, moderador, conductor, referente, motivador, organizador, planificador y tantas otras como los vínculos, relaciones y prácticas demanden.

    No obstante, su principal función es crear las condiciones adecuadas para enseñar el deporte y encontrar formas de incentivar a los practicantes deportistas. En esta situación, en las diferentes realidades cotidianas, se puede encontrar practicantes con motivación, y allí parte de la tarea es mantener la motivación, generar entusiasmo, y si no fuera el caso, quien conduce el entrenamiento deben promover y generar entusiasmo y provocar los cambios necesarios para estimular la actitud en pos de querer mejorar.

    Quien conduce el entrenamiento debe ayudar a sus practicantes a desarrollar planes de entrenamientos acordes y adecuados a capacidades propias del practicante y del equipo. También, construir una comunicación efectivamente que colabore en el desarrollo de nuevas habilidades y acciones que permitan la evolución del juego del equipo e incluso realizar evaluaciones periódicas de manera de monitorear el proceso de progresos, mesetas, dificultades y de prever o anticipar situaciones futuras, rendimientos futuros. Con estos elementos podrá explorar, describir, comparar, analizar y también explicar los procesos.

    Como puede observarse, las funciones de conducción de entrenadores y entrenadoras se constituyen en una tarea sumamente compleja que requiere que quien la lleve adelante muestre experticia, profesionalidad y que cuente con conocimientos y capacidades para ello.

    Quien conduce un entrenamiento avanza sobre dimensiones y habilidades cognitivas, motrices, comportamentales, vinculares, interpretativas, posturales, alimenticias, comunicativas…

    En este sentido vale rescatar las palabras de Ibarra Julián cuando manifiesta que:

    las habilidades neurocognitivas pueden ayudar a conseguir jugadores más inteligentes, más concentrados y con una atención visual sostenida, así como optimizar las habilidades visuales cruciales en este deporte con velocidades de juego cada vez más alta. (2019: 3)

    Entrenadores y entrenadoras organizan y supervisan entrenamientos, planifican procedimientos para cada jugador o jugadora y crean recursos grupales para el equipo. En algunos casos cuentan con personal de apoyo como psicólogos, nutricionistas, kinesiólogos, entre otros, quienes en muchos casos coordinados bajo su responsabilidad aportan al equipo. También supervisan el juego y la competición, analizan el rendimiento del equipo e interactúan con el Secretario de Deportes o bien con el dirigente encargado del deporte del club (según el caso de cada club) para abordar temas específicos o de coordinación respecto a otros deportes. Sus tareas son tales tanto en clubes deportivos como en centros de fomento, y pueden entrenar a todos practicantes deportistas, sean iniciales y amateurs o a equipos de alto rendimiento.

    En los entrenamientos asumen obligaciones morales y legales, su rol está inscripto en un tipo una responsabilidad civil comprendida y conocida por todas y todos, en tanto su rol suele se homologado al a las responsabilidades y funciones de un docente y/o profesor en Educación Física. En ese cuadro, su accionar no escapa a las normas de responsabilidad civil y comercial de un educando, más aún con grupos de practicantes jugadores o jugadoras menores de edad.

    Como sostiene Agriman:

    En la obligación de resultados se debe garantizar la integridad física y moral del educando. No alcanza con demostrar el obrar diligente del docente, sino que la eximición de responsabilidad solamente resultará de un acontecimiento imprevisible o inevitable. (2020: 65)

    Puede decirse que, existe una relación directamente proporcional entre el obrar diligente, cuidadoso, prudente, consciente del docente y la posibilidad de demostrar luego el caso fortuito. El entrenador debe estar capacitado para prever y en lo posible evitar dejar cuestiones de inseguridad o riesgo libradas al azar. En definitiva el entrenador deberá actuar con la diligencia debida.

    En este sentido, Agriman expresa: “La responsabilidad es objetiva y se exime sólo con la prueba del caso fortuito” (2020: 45), o sea que la causa debe ser imprevisible, inevitable, extraordinaria, ajena al presunto responsable y externa.

    En este contexto quien conduce podrá ser demandado por el daño sufrido por jugadores o jugadoras a su cargo o por los daños provocados por un jugador o jugadora a su cargo contra otro, o contra un tercero.

    Como se puede ver, la experticia, el conocimiento, los saberes exceden las técnicas (golpe de manos altas, bloqueo, saque…) y se constituyen también en relación a ellas en tanto unas y otras implican un saber situado, con dimensiones de diversas índoles que las explican, las producen, las practican. Debe sumarse la condición particular de que muchas veces quien conduce lo hace de manera vocacional.

    La reglamentación o norma no sólo abarca al momento en que el practicante jugador o jugadora está en un entrenamiento, también se aplica en situaciones de partidos, torneos deportivos o actividades complementarias.

    Si bien el papel del entrenador o la entrenadora varía según el entorno, según el SENA[8] pueden considerarse como actividades laborales típicas las siguientes[9]:

    • gestión de planificación y desarrollo del rendimiento;
    • evaluar el rendimiento y proporcionar retroalimentación adecuada, equilibrar la crítica con la positividad y la motivación;
    • evaluar las fortalezas y debilidades en el desempeño de un equipo e identificar áreas para un mayor desarrollo, adaptándose a las necesidades e intereses de los participantes grupales o individuales;
    • comunicarse con un lenguaje claro y simple;
    • alentar a los participantes a obtener y desarrollar habilidades, conocimientos y técnicas;
    • desarrollar el conocimiento en distintas áreas como: kinesiológicas, psicología del deporte, nutrición y la ciencia del deporte;
    • actuar como un modelo a seguir, ganando el respeto y la confianza de las personas con las que trabaja;
    • trabajar con un alto requerimiento legal y ético en todo momento, particularmente en relación con cuestiones tales como la protección de los niños y los requisitos de salud y seguridad;
    • controlar la asistencia de los jugadores y jugadoras a los entrenamientos y eventos deportivos.

    Nuevamente, se observan como responsabilidades y funciones un sin número de tareas de no menor rango. En muchos casos, recluta practicantes, jugadores y jugadoras y asume la responsabilidad de hacer diferentes planificaciones para períodos específicos y diferenciados, dependiendo del formato de torneos que la Federación dispuso o de participaciones que la institución define, en la intención de optimizar posibilidades de acción de acuerdo al contexto, el momento particular y los recursos de que se dispone. Todo ello siempre variable, mucho de ello ligado a otras y otros que implican modos de vinculación, funcionamiento y gestión de empleados, instalaciones, materiales, prácticas laborales y otros como personal de apoyo. Complejidades entrelazadas, complejidades diferenciadas, Intervenciones específicas, saberes propios de prácticas diferenciadas y necesariamente e inevitablemente vinculadas y en ocasiones integradas o desintegradas. Diversidades diversas, contextos particulares, instituciones y prácticas distadas, clubes diferenciados, actores y actoras políticos, institucionalizaciones en proceso.

    Además y sobre todo, quien conduce prepara y gestiona el juego. Es el primer responsable en desarrollar una idea de juego, idea que todos los participantes entiendan y a partir de la cual se espera que cada quien cumpla dando lugar un concepto del juego a alcanzar, con un nivel de exigencia que el equipo y cada jugador pueda desarrollar. Nuevamente saberes, conocimientos y prácticas. Nuevamente quien conduce como actor o actora generadores de políticas. Llegados a este punto, es claro que las instituciones no se cristalizan, no son inmóviles ni pueden quedar fijadas a una forma, sus actores y actoras y las prácticas que desenvuelven dinamizan y jerarquizan de forma particular y específica a la vez a esas instituciones y al deporte. He ahí práctica (social obviamente, queda claro que es inevitable que así lo sea), he ahí producciones. Dinámica, diversidad, igualación y diferencias, todo ello parte de una misma cosa.

    Otro aspecto relevante de estos tiempos es el desarrollo del coaching, término de moda, muy instalado en el deporte, y en las formas de institucionalidad construidas en estos tiempos a partir de relaciones precisas y orientadas al fortalecimiento de entramados propios del capitalismo y por lo tanto del deporte moderno.

    Las ideas y las decisiones de entrenadores y entrenadoras suelen surgir de otras y otros. Para el caso vale la expresión atribuida a Picasso “El artista mediocre copia, el genio roba” aunque también podría decirse que está basada en la de Oscar Wilde: “El talentoso toma prestado, pero el genio roba”, sea cual fuera su origen claramente se puede pensar en una relación constructiva entre la genialidad de transformar, de recrear ideas de otros, hecho por cierto muy habitual en el deporte, tan habitual como la mera copia. De modelo aplicados por otros. En este punto el deporte, la enseñanza deportiva muestra una tensión no resulta, sin importar en qué dimensión lo hacen, es visible que conviven formas tradicionales donde se replican modelos y formas creativas, que pueden ser producto de las anteriores o bien totalmente novedosas. Datos y características que guían una forma de entrenar se adaptan por entrenadoras y entrenadores a otros escenarios o grupos de trabajo. Como se señaló antes, los registros obtenidos de las prácticas muestran que las entrenadoras y los entrenadores exploran, describen, comparan, analizan y también explican los procesos. Producen prácticas, producen modelos de intervención.

    Es muy interesante y provocadora, la voz de Pep Guardiola -aun cuando no es una personalidad del voleibol pero sí de un deporte popular y actor conocido por todos y por ello con significativa presencia y reconocimiento de sus ideas y posiciones en el ambiente-, cuando sostiene:

    Me agarré de todo. De Barcelona me fui a Italia y agarré cosas; luego me fui a México y agarré cosas (…) Luego metí todo en una trituradora, hice el mix y las cosas se quedaron en mi cabeza. Y esas me pertenecen. (…) Y si quieren robar de mí, róbenme, porque al final se juega para la gente[10].

    Estas palabras evidencian una posición de proceso, de construcción, de significación y creación. Se recupera el valor de todo procedimiento, de cada práctica, de cada competición. Se evidencia reconocimiento de aprendizajes posibles y de un proceso de reflexión constante, en donde todo se constituye como un registro de proceso signado por las diferencias.

    Los registros obtenidos también muestran que entrenadores y entrenadoras que se desenvuelven en otras instituciones donde se enseña el voleibol o también otros deportes y ello provoca relaciones con otros entrenadores del mismo u otros deportes afectan y se ven afectados por ello, muestran cambios en cuanto a sus formas de intervención, de organización y principalmente integran pautas educativas.

    Las particularidades aquí descriptas muestran cómo entrenadores y entrenadoras entraman sus prácticas para lograr sus objetivos. Entrenadoras y entrenadores con experiencia suelen evidenciar compromiso en todas las funciones, entrenadores y entrenadoras principiantes muestran en este punto algunas limitaciones, su atención está más focalizada respecto a enseñanza y modelos de proposición. No obstante, con independencia de la experiencia o el tiempo de la misma, todas y todos asumen responsabilidades que desbordan la situación concreta de enseñanza, configurando sus intervenciones desde un nivel de complejidad que excede el método tal y como se piensa la intervención desde la perspectiva tradicional. De algún modo, la práctica se ha transformado en las prácticas y su composición evidencia un tipo complejidad diferente a la vista décadas atrás cuando el positivismos marcó a fuego las intervenciones. Su desenvolvimiento y desempeño manifiesta y pone en evidencia, en detalle, múltiples y diversos conocimientos y habilidades relacionados con funciones no consideradas en los discursos de enseñanza deportiva tradicional. Sus intervenciones exceden las clásicas propuestas basadas en la enseñanza de técnicas, tácticas y reglamento como aspectos suficientes.

    Otro aspecto a destacar, mencionado antes, es el de la construcción de formas de intervención basadas en roles o distintas categorías de entrenadores que, por razones prácticas, están interrelacionados y que a partir de una relación y comunicación adecuadas que resultan de la necesidad de estructurar formas de encontrarse y potenciar sus desarrollos mejoran el proceso y con él también la planificación, la implementación, la observación, la evaluación y los ajustes, todo ello como parte del reconocimiento del valor de la experiencia como instancia habilitadora de conceptualizaciones y de producción de ideas.

    En este punto, por su valor se recupera parte de la narrativa con la que inicia el programa “Entrenadores” que emite la señal de DeporTV, conducido por Sergio “Oveja” Hernández, técnico de la selección nacional de básquetbol y donde presenta funciones del entrenador:

    Trazar un plan, pensar las formas, establecer una identidad, reconocer el talento, darle libertad, potenciarlo, saber atacar, saber defender, asumir riesgos, pensar el partido una y mil veces, conocer el juego y vivir para el (juego), lograr que un grupo se transforme en un equipo, exigir, motivar, inspirar, ser líder, ser maestro, ser entrenador[11].

    Frases como estas son las que emanan desde lo popular y común que se escucha en los distintos escenarios deportivos, y del voleibol en particular. No obstante, para desarrollarlas es necesaria una preparación, capacitación.

    Está el concepto en la gente que no ha hecho mucho deporte que al entrenador que escuchan es al que tiene una personalidad fuerte…pero en la realidad los jugadores respetan al entrenador que sabe y lo que sabe debe ser útil.[12]

    La capacitación del entrenador y la entrenadora es muy importante y requiere de un programa constante y permanente si el progreso o la evolución es meta o parte de la búsqueda.

    En la entrevista realizada en este programa por el “Oveja” a Velasco, Julio distingue como una capacidad importante que debe tener un entrenador “… la capacidad de conceptualización, la posibilidad de explicar algo de forma clara y sintética.”[13] Quien conduce debe ser claro al hablar, pues ello facilita el desarrollo de su idea de juego.

    Jugadoras y jugadores

    Las diferencias entre jugadoras o jugadores inciden en todo el proceso de enseñanza y aprendizaje. Quien entrena está obligado a considerar esas diferencias cuando organiza el proceso, cuando establece los objetivos y expectativas, cuando define metodologías de trabajo. Los grupos también se caracterizan por las diferencias que muestran o los constituyen. En este sentido, con buen criterio Guardiola recupera una frase de Velasco quien sostiene que: “es erróneo pensar que se debe tratar a todos los jugadores de forma igual para no generar diferencias entre ellos, sino por el contrario, lo fascinante de la labor del entrenador es descubrir a cada jugador”[14].

    La experiencia y las referencias colectadas permiten decir que un tipo de análisis que podría diferenciar la enseñanza podría centrarse en cuestiones de distinta índole, por ejemplo: la talla (altura en centímetros), la disponibilidad para entrenar y los intereses individuales de cada uno o una.

    La concepción de un biotipo de jugador de voleibol para cada género, ha posibilitado diseñar formas de entrenamiento y de detección de talentos que han sido determinantes para la enseñanza desde los primeros momentos de la formación de un jugador, que claramente se encuentran ligados a las ideas de talento natural y a los procesos por los cuales se pueden identificar a temprana edad esos talentos naturales (Berton 2018: 97).

    Los diferentes alcances[15] de una jugadora o un jugador inciden tanto en los planes de entrenamiento cuanto en la funcionalidad que pudiera ocupar dentro de un equipo, que a la vez podría variar en relación al equipo al que se pertenece. En este sentido, es representativo el caso del jugador platense Gonzalo Campaña, quien jugaba en el CULP con la función de punta pero en la selección argentina menor era considerado como armador y, a la vez, se desempeñó como líbero en varias Ligas Nacionales, considerado como el mejor líbero en la edición 2006-07.

    Muchos entrenadores acuerdan que la capacidad de alcance que dispone un jugador o jugadora afecta la elección táctica de la función a desempeñar en un equipo en relación y, en consecuencia, también cuáles técnicas un entrenador podría pretender enseñarle. En el caso de que se posea un bajo alcance, esta capacidad limita unas las técnicas que se le podrían enseñar aunque favorece otras y, en el caso inverso, aquellos con un alcance superior, posibilita un mejor desempeño en otras técnicas aunque en menor medida en otras.

    En las entrevistas realizadas una mayoría responde que los jugadores o jugadoras con más alcance desarrollan más las técnicas de bloqueo y ataque y las de menor alcance las técnicas de defensa y recepción. Por consiguiente, este punto afecta al desenvolvimiento y desarrollo táctico y determinar la funcionalidad que se logra en un equipo.

    Por otra parte, si se considera la disponibilidad de tiempo para entrenar en jugadores y jugadoras de nuestra ciudad, se observa que está relacionada con su edad. Esta disponibilidad incide en el plan de enseñanza dado que hay una relación directa entre la posibilidad de disposición de tiempo y la formación. En este punto, a la vez, otros factores vinculados a la edad son la autonomía en la movilidad, posibilidades económicas y organización familiar. En suma, el tiempo disponible a lo largo del proceso, en tanto acumulado, cumple un papel crucial para la formación.

    Un dato diferenciador está vinculado a la edad de iniciación deportiva en voleibol. En la ciudad, los varones se inician a los 12-13 años y las mujeres desde los 8-9 años. A la vista, el proceso de formación en mujeres puede considerarse como un proceso de enseñanza más largo, con más tiempo de desarrollo.

    Volviendo al factor autonomía de movilidad, en edades tempranas los tiempos disponibles para entrenar están muy atados a las posibilidades de los padres para permitir horas de entrenamiento, pues estos son quienes se encargan de la movilidad de sus hijos o hijas, dependiendo de sus labores cotidianas. En la etapa inicial de juventud la autonomía es mayor y con ella la posibilidad de disponer de tiempos varía notablemente. Sin embargo, avanzada la etapa de juventud, esta disponibilidad vuelve a decaer por condicionantes familiares, laborales, económicos o de estudio. Claramente, la etapa que permite, en términos generales, mayor disponibilidad horaria para entrenar y así desarrollar sería a partir del momento en que se alcanza la autonomía de movilidad hasta que aparecen nuevas obligaciones que limitan esta disposición.

    Según datos de las Federaciones y clubes, el número de jugadoras y jugadores baja drásticamente entre las edades de 18 a 21 años, y como efecto la Federación Bonaerense ha retirado la categoría sub21 de sus torneos oficiales.

    Distintos entrenadores de la ciudad tienen miradas diferentes sobre la reducción en la cantidad de practicantes en la franja etaria de 18 a 21 años. Según Miguel, entrenador muy reconocido de ARVA, en el club donde él es entrenador, este fenómeno es producto de la necesidad de trabajo que tienen las familias, por esa razón sus jugadoras se retiran del ámbito deportivo (2020: 2). En cambio Sebastián, otro entrenador de la ciudad, sostiene que ello es producto del inicio de la vida universitaria, que hace que horarios y obligaciones recorten el tiempo disponible (2020: 3). José Luis, entrenador y profesor en educación física, lo adjudica al hacerse evidente que no pueden lograr el alto rendimiento que pretendían y en consecuencia no poder participar de una competencia de más alto nivel, que fuera su motivación inicial (2020: 2).

    Sin dudas, las razones o factores son o responden a muy diversos motivos u órdenes, cada jugador o jugadora es una historia diferente y sus experiencias y sentidos también. Sin embargo, establecer objetivos y trabajar en ello genera condiciones especiales y favorece la creación o el desarrollo del sentido de pertenencia a la institución que representa. Alcanzar objetivos realimenta de forma positiva, construye identidad y pertenencia al club. Caso contrario, se distingue mayor movilidad o deserción. Los registros disponibles muestran que jugadores y jugadoras con entusiasmo, alegría y satisfacción deportiva permanecen o logran sostener por más tiempo su vínculo. La sensación de fracaso, las frustraciones generan dudas, incertidumbres y desconfianza, lo que conduce al abandono y, en muchos casos, en la búsqueda de otras instituciones que cuenten con éxitos deportivos visibles.

    En este sentido, bien vale considerar lo sostenido por Robertson (2016)[16]: “el efecto ganador, los que sienten que ganaron se sienten capaces de ganar otra vez”[17], pues en este sentido “el éxito llama al éxito”, se podría pensar que quienes sienten frustración muy probablemente busquen asilo en las instituciones ganadoras.

    Otro aspecto a tener en cuenta se relaciona con que las instituciones que logran resultados deportivos presentan como particularidad que logran una mejor captación de jugadores, tiene buenas instalaciones y mejores ubicaciones dentro de la ciudad. En ese sentido, GELP es el club con mayor cantidad de jugadoras de voleibol en nuestra ciudad. Respecto a ello Casamiquela señala que aun así el club tiene dificultades para buscar integrantes: “En las instituciones que tengan representación en el fútbol, como el caso de GELP, tenemos la dificultad de ser un club con representación futbolística, lo que hace que jugadoras aficionadas al CELP no quieran acercarse, reduciendo las posibilidades” (2020: 3).

    Las instituciones deportivas barriales no cuentan con esta contención lograda por adhesiones deportivas populares como las del futbol, por la camiseta futbolera, más bien se relaciona con la obtención de los logros deportivos de sus equipos representativos.

    Factores de diversos órdenes, condiciones particulares y diferenciadas, razones sociales, problemas comunes. Actores y actoras comprometidos con sus vínculos, identidades y pertenencias. Construcciones posibles y necesarias desde los clubes y los equipos. Razones sociales inherentes a la educación y la formación de deportistas, actores y actores. Prácticas necesarias. Prácticas fundadas y consolidadas desde dimensiones integradas que las constituyen y exceden las técnicas, las tácticas y los reglamentos. Prácticas de institucionalización particulares.

    Padres, madres, familiares

    Si quiere un campeón en la familia, entrénese. Mientras tanto, deje que su hijo juegue feliz.

                        

    Marcelo Roffé (2003: 1)

    Un logro deportivo es resultado de muchas y variadas acciones y actores y actores. El imaginario social suele creer que es consecuencia de la calidad y cantidad de jugadoras y jugadores, del nivel dirigencial y las condiciones que ofrece, de la experticia y sapiencia de entrenadores y entrenadoras y, por cierto, en ocasiones algunos de estos factores o condiciones son determinantes aunque no dan garantía de progreso real ni de continuidad como proyecto. Otras y otros actores, menos visibles del proyecto deportivo institucional, y no por ello menos importante, la familia. El entrenador y la entrenadora son referentes para jugadores y jugadoras, los familiares sin dudas también tienen un papel fundamental en el desarrollo de sus hijos o hijas.

    ¿Qué papel juegan los padres en el desarrollo de sus hijos o hijas respecto al voleibol? Los padres son un referente constante para sus hijos o hijas por lo que influencian a favor o en contra se da por sentada. En este sentido las partes implicadas en la enseñanza suelen actuar como garantía equilibradora con prácticas adecuadas y con intervenciones sociales propicias orientadas hacia la comprensión de las lógicas deportivas y la formación cuidada. Así como en la escuela el docente promueve, alienta, integra y acerca conocimientos con sentido educativo, en las instituciones deportivas las entrenadoras y los entrenadores también transmiten saberes y conocimientos que se integran a los que la perspectiva tradicionalista considera como principales. La emoción, los vínculos, la comprensión del juego, el respeto a la autoridad, las pautas y sentidos sociales constituyen las prácticas y significan al deporte, al voleibol como tal.

    En el voleibol, son infrecuentes los episodios en los que los padres, madres o familiares se convierten en desafortunados protagonistas del partido del fin de semana o que interfieren de manera significativa con la formación de un niño o niña como deportista. Es ciertamente una constante la participación que habilita y favorece el desarrollo de practicantes, jugadores y jugadoras, hijos e hijas. A partir de esta descripción, se podría pensar que ello es efecto de un desinterés de exigencias para con jugadores y jugadoras, e inclusive hasta se podría suponer que ello puede estar relacionado con la poca proyección económica que el deporte genera, o inclusive por la incomprensión o desconocimiento que tienen los mismos del voleibol.

    Aquí se hará referencia puntual a padres y madres pues es en estos casos que la evidencia recolectada ofrece mejores explicaciones. Obviamente ello no implica desconocer otras y otros actores o familiares, solo es un recorte ajustado a la información recolectada y los datos construidos desde ella. Las madres, en diferentes clubes de la ciudad y de distintas condición económica y social, no han llevado a registros que muestren tensiones conceptuales, por el contrario han llevado a registros de buen trato, elogios, aliento… se podría un tipo de registro con buenas prácticas sociales.

    Si se toma como referencia al Psicólogo deportivo Marcelo Roffe[18], que en el 3er foro sobre desarrollo infantil hace referencia a tres tipos de padres: “indiferentes, equilibrados y sobreprotectores” (2006: 2). Joan Rivas[19] los distingue como: entrenador, camaleón, canguro, porteador, hooligan, invisible, criticón, lapa, mal de Sambito y normal. Como primera síntesis, es claro que no hay un solo tipo de comportamiento y que muchos padres pueden mostrar comportamientos bien similares o bien diferentes. Sin dudas, se relacionan con el deporte que sus hijos e hijas practican y, por consiguiente, esa relación produce efectos en las prácticas y en sus hijas e hijos, y de forma distinta inciden en la enseñanza.

    Como resultado de una búsqueda extensa, contando con abundante información recolectada, aunque sin intención de fijar perfiles sino a manera de organizar y sintetizar conceptualmente la información de los registros realizados, se presentan algunas formas de comportamiento que permiten ilustrar situaciones dadas en las prácticas:

    • El padre inversor: los madrugones del domingo, los viajes, el gasto en ropa y los largos entrenamientos se ven como una inversión que recuperarían cuando su hijo o hija pueda tener un contrato deportivo. Un ejemplo que podría graficar esta situación es el de Claudio, papá de un jugador, entrenó a su hijo de 13 años durante todo un verano y quería participar de los entrenamientos, en una entrevista expresó que “todo era para lograr que su hijo pudiera alcanzar un desarrollo que le posibilite vivir de la práctica del voleibol” (2020: 1).
    • El padre entrenador: el padre que también es entrenador del deporte, por lo que su entrenador y su padre son figuras de referencia para un niño y al recibir instrucciones por parte de ambos genera conflictos. En este caso se podría decir que la persona titulada y autorizada para dar las indicaciones tácticas en un partido o entrenamiento es el entrenador y no el padre. Eduardo, papá de una jugadora, se sentaba en la tribuna todos los partidos, incluso en los jugados en otras provincias. Llevaba estadísticas sobre distintos aspectos del partido y de su hija, y luego a escondidas del entrenador se las comunicaba a ella. En oportunidad de ser entrevistado manifestó que “las efectuaba con el afán de que su hija desarrollara la máxima efectividad y así llegará a ser reconocida” (2020: 1).
    • El padre animador de hinchada: gritar instrucciones como público es potencialmente negativo aunque el mayor peligro está dramatizar el juego y trasmitirlo así a jugadores o jugadoras. Marcelo, padre de una jugadora, anima de forma deliberada en todos los partidos a su hija, la molesta, la inquieta, la desconcentra, la quita del juego, y en ocasiones lo hace con compañeras y con las rivales. En ocasiones tuvo que ser retirado del partido por el árbitro o por padres del mismo equipo o del otro equipo.
    • El padre desinteresado: tanto el exceso, como la falta de interés incide en el desarrollo de jugadores o jugadoras. Padres ausentes, sin preocupación pueden provocar el mismo efecto en hijas o hijos. Muchas jugadoras y jugadores expresan abiertamente que les gustaría ver la presencia de sus padres en las tribunas, alentándolos y compartiendo un espacio al que se llegó con esfuerzo.

    El triángulo formado por el entrenador, jugador y padres (Fernández 1996; Sánchez 2001) destaca la figura de los padres en la enseñanza del deportista, más aún en el inicio de las prácticas, como una de las piezas claves para el rendimiento del deportista. En el comienzo de una etapa deportiva la familia coopera en la vinculación sea buscando información, acercándose, ayudando a cumplir con las exigencias y presentando soluciones a distintas situaciones, luego de este inicio, se produce un progresivo distanciamiento en el proceso.

    Construir relaciones y vínculos desde lo deportivo es una manera diferente de vincularse, de ahí su importancia. Es claro que ello re-significa las relaciones y los vínculos, tanto los previos como los nuevos. Un espacio diferente, comportamientos particulares, identidades desplegadas en planos no habituales y por lo tanto especiales. La integración, la cercanía mejoran el espacio de enseñanza, facilitan y robustecen el clima de participación del jugador y del equipo.

    Si de enseñanza se trata, los padres deberían ser educados o formados de modo de permitir un entorno saludable que favorezca el despliegue, el desarrollo y la producción de motivaciones de jugadores y jugadoras. Sí, eso se enseña. Eso se aprende jugando y dando lugar, y aprendido, eso no se olvida. Esa motivación permita continuar el proceso de formación, persistiendo tras los errores y disfrutando, acompañados por padres, madres y familiares que se interesan y disfrutan del disfrute de hijos o hijas. Sin dudas así como padres, madres y familiares pueden ser un modelo de comportamiento, hijas e hijos también pueden serlo, sin intentar serlo, con independencia de éxitos o fracasos de partidos.

    En relación a lo dicho, Marcelo Roffé en el libro “MI hijo el campeón” sostiene: “Existe una cantidad enorme de deportistas con condiciones, con talento, que quedan en el camino, a partir de las presiones, conscientes o inconscientes, que los padres desarrollan sobre ellos”[20]. En concordancia con ello Velasco plantea:

    Por qué llamo a mi hijo como campeón si lo tengo que querer porque es mi hijo y no porque es campeón. Siempre está el modelo de que en todo hay que ganar, por lo que se filtra muy rápido de que hay que ganar de cualquier manera… yo vivo de ganar, estoy acá porque he ganado, pero no quiere decir que sea el modelo o paradigma para todo[21]

    En la ciudad de La Plata es notable que padres y madres dejen de acompañar a sus hijos e hijas cuando estos llegan a la edad juvenil de 16/17 años. Salvo en raras ocasiones o en partidos clásicos o determinantes, es poco común ver a padres en la categoría sub 21 o mayores. Cuando se desarrolla una jornada de competencia, comienzan jugando las categorías menores y terminan las más grandes, siendo la categoría sub 21 la última de la jornada de competencia, y en los partidos de inicio se observa una gran cantidad de espectadores, y al final de la jornada competitiva un casi total vacío.

    Conclusiones del capítulo

    Al momentos de describir y presentar instituciones se observó sobre todo diversidad entre las mimas, también se registraron semejanzas y diferencias. Todo ello permite caracterizar y distinguir las diferentes formas de organización y de funcionamiento, los distintos requisitos y regulaciones, algunas de las formas de relación dirigentes, jugadoras, jugadores, padres, madres y entrenadores. En este capítulo, se acompañan las caracterizaciones con voces particulares y referenciales que construyen significatividad y particularidades. Todo ello coopera y construye formas de caracterizar, diferenciar y distinguir a las instituciones desde las y los actores. Todo ello construye formas de intervención y de tratamiento del voleibol y su enseñanza en los diferentes clubes.

    Como fue dicho, la dirigencia de estos clubes no obtiene retribución económica alguna por su tarea, se desempeña de forma vocacional con todo lo que ello implica e impone. Otra semejanza que hallada es que entrenadoras y entrenadores de los clubes registran capacitación alcanzada con cursos habilitantes generados por las propias ligas. En cambio lo que varía y significativamente es el número de ellas y ellos con que cada club cuenta. En este sentido CFLH, CULP y GELP disponen de mayor estructura, y cuentan hasta con kinesiólogos y personal para trabajos estadísticos mientras que otros como ACyDU cuenta solo con dos entrenadores.

    Respecto a cantidad de jugadoras, GELP, CFLH y ACDU son las que muestran mayor número y con jugadoras desde las edades más tempranas dando los primeros pasos en el voleibol. En contrapartida el CULP cuenta con menor cantidad de jugadoras y jugadores, aunque allí lo practican mujeres y hombres. Por lo visto, el único que desarrolla las categorías masculinas es el CULP, contando todas las categorías juveniles y mayores completas, aunque con números justos. En términos generales, se observa una baja pronunciada de jugadoras en el rango etario de los 18 años, y las que continúan son jugadoras que han participado en los equipos de mayores de su club.

    Otro dato a tener en cuenta es que de los clubes considerados en este estudio, GELP y CULP son clubes han participado de torneos de ligas nacionales.

    En referencia a la participación de padres, madres y familiares en la organización de los clubes y las prácticas, el CULP es la única institución que cuenta con una subcomisión de voleibol por padres y madres de las jugadoras y jugadores. Esta subcomisión se desarrolla como un apéndice de la Comisión Directiva centrada en el propio deporte.

    Los clubes CFLH, GELP y CULP desarrollan sus entrenamientos en una de sus sedes. No obstante, CFLH es el único club que no tiene un espacio específico de voleibol, comparte espacio con otro deporte, con lo cual se compromete la oferta horaria. El déficit obliga a trabajar en simultáneo muchos grupos en armados y distribuciones concentradas (tres canchas por horario en el único espacio de trabajo), concretamente tres (3) categorías o grupos funcionan a la vez.

    En relación a padres a modo de conceptualización de organización se observan principalmente tres formas de comportamientos: inversores, entrenadores y desinteresados, todos ellos con incidencia en la enseñanza. El CULP, que cuenta con una subcomisión específica logra formas más horizontales e integradas de vinculación y construye alternativas que abonan a apoyar, colaborar y sostener el desarrollo del voleibol en esa institución, fortaleciendo y multiplicando también los vínculos entre los entrenadores, la subcomisión y por extensión con la comisión directiva.

    A modo de cierre, y si bien este estudio no aborda como problema o tema el desarrollo de programas o políticas deportivas, corresponde señalar que, salvo lo dado en el caso del CULP, es evidente la carencia de proyectos que permitan trabajar propuestas de programas institucionales que articulen o potencien la vinculación o integración de padres, madres y familiares desde espacios concretos y funcionales para realizar aportes. La dimensión dirigencial claramente es un déficit en la formación de las y los deportivas. Entender al deporte como un conjunto de reglas, técnicas o tácticas despoja al deporte y por lo tanto resta sentidos a la enseñanza, resta saberes, conocimientos y prácticas que lo justifican y desarrollan. El deporte no está atravesado por el contexto, por la política o la economía, el deporte se constituye desde ellos, en ellos, cobra sentidos en y desde ellos.


    1. Julián Pérez Porto y María Merino: del latín “sociales”, es aquello perteneciente o relativo a la sociedad. Lo social puede otorgar un sentido de pertenencia ya que implica algo que se comparte a nivel comunitario.
    2. En el caso, no sería un exceso pensar en tomar la formulación praxiológica de lógicas interna y externa para abordarlas aun cuando sus postulados y componentes pudieran variar.
    3. Parte de esta tarea ha sido desarrollada y presentada en los capítulos anteriores, ahora se presenta para integrar esas búsquedas con otras que integradas ofrecerán interpretaciones más acabadas.
    4. https://addeportiva-poli.blogspot.com/p/que-es.html Consultado 15/5/2020.
    5. Este modelo de institución ha sido sumamente exitoso y fecundo. En Argentina, las instituciones desarrolladas en el formato de sociedades civiles sin fines de lucro son una marca distintiva que caracteriza y cubre las necesidades de fomento y desarrollo de un país abierto al mundo, signado por propia decisión por la inmigración y la diversidad cultural y social.
    6. Entrevista realizada el 23 de marzo de 2020.
    7. Osvaldo Sumavil es árbitro olímpico y presidente de la ARVA. Incursionó en el arbitraje del beach voley en la década del 90, convirtiéndose luego el primer árbitro internacional de dicha disciplina en la historia argentina. Es Instructor y Supervisor Circuito Sudamericano de Voley Playa CSV. Entrevistado el 23 de marzo de 2020.
    8. Servicio Nacional de Aprendizaje (SENA) es una institución pública colombiana enfocada en el desarrollo de programas de formación profesional que desarrolla la educación y fomenta el empleo. El instituto deportivo SENA prepara especialistas en el ámbito deportivo y la actividad física que ayuden a competir de manera profesional. También se ocupa de captar interesados en desarrollo del área deportiva utilizando las herramientas de diseño, tecnologías de la información y comunicación.
    9. https://micarrerauniversitaria.com/c-deporte/entrenador-deportivo/ Consultado 22/8/2020.
    10. https://www.elgrafico.com.ar/articulo/0/4788/guardiola-charla-tecnica Consultado 18/8/2020.
    11. https://www.youtube.com/watch?v=e25hrz3VRG4.
    12. Op. Cit.
    13. Op. Cit.
    14. https://www.elgrafico.com.ar/articulo/0/4788/guardiola-charla-tecnica. Consultado 16/7/2020.
    15. Alcance: es considerado como el punto más alto que un jugador/a pudiera tocar con sus dedos. A este lo afectan, la talla, la envergadura de los miembros superiores y la saltabilidad.
    16. Ian Robertson es un reconocido neurocientífico y psicólogo clínico escocés, profesor del Trinity College de Dublin, de basta producción vinculada al tema en cuestión y en referencia al deporte.
    17. https://psicopedia.org/3576/el-exito-llama-al-exito-el-efecto-ganador-video/. Consultado 14/8/2020.
    18. Marcelo Roffe es Presidente de la Asociación de Psicología del Deporte Argentino (A.P.D.A.) desde el año 2003 y responsable del área de Psicología del Deporte de las Selecciones Juveniles de Fútbol de la AFA (Asociación de Fútbol Argentino) desde el año 2000 (sub 17 y sub 20), y además autor de cuatro libros sobre desarrollo deportivo, entre los que destacamos, “Mi Hijo el Campeón” y “Alto Rendimiento”.
    19. Joan Ribas Marín es psicólogo, coach y entrenador nacional de tenis. https://joanribasmarin.wordpress.com/2014/10/28/tipos-de-padres-de-deportistas/ Consultado 8/5/2020.
    20. Roffe, M. https://www.youtube.com/watch?app=desktop&v=B3YsrLLO3Ls Consultado 15/8/2020.
    21. Velasco, J. https://www.youtube.com/watch?v=t6_ub2CPXsc Consultado 18/8/2020.


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