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4 La enseñanza del voleibol en los clubes de La Plata

Problemas y beneficios

Introducción: ¿cómo se piensa la enseñanza?

Dirigir un equipo es un equilibrio entre establecer normas y dejar mucha libertad. Para mí es muy importante convencer a los jugadores, pero a veces hay que imponer. Es siempre una cuestión de equilibrio.

                             

Julio Velasco (2018)[1]

Llegados a este punto y en base a registros logrados se puede decir que, entrenadores y entrenadoras valoran y consideran muy especialmente sus vivencias en el deporte, es decir su experiencia personal como jugadores o jugadoras.

En el diccionario de Oxford se define a la enseñanza como: “Transmisión de conocimientos, ideas, experiencias, habilidades o hábitos a una persona que no los tiene”[2]. Según la RAE enseñar implica “Instruir, doctrinar, amaestrar con reglas o preceptos”[3]. Coincidiendo con Stenhouse (1991: 53) entiendo por enseñanza las estrategias que adopta la escuela para cumplir con su responsabilidad. La enseñanza no equivale meramente a instrucción, sino a la promoción sistemática del aprendizaje mediante diversos medios. En línea con estas ideas, el club toma el lugar de la escuela en lo que respecta a la enseñanza del voleibol y es el entrenador quien toma las riendas de la enseñanza que desarrolla en su espacio. Sin embargo, la conducción de los medios y métodos[4] no escapa a las posibilidades que brinda el escenario en el cual se imparte, como tampoco a las características y a la lógica que la práctica o deporte voleibol tiene.

El voleibol tiene particularidades distintas si se lo compara con otros deportes. Esas particularidades distintivas son las que permiten referir a una lógica, lo sostienen y lo producen con formas corporales, comunicacionales y materiales diferentes que, a la vez, marcan diferencia con otros deportes.

El voleibol se despliega desde un reglamento específico estructurado desde reglas de orden general que permiten un tipo de juego y otras reglas particulares. Entre ambos tipos de reglas se posibilita un tipo de juego específico, particular e inconfundible, un tipo de práctica.

Las cuestiones tácticas más generales e importantes de este deporte, podrían distinguirse en relación a los distintos momentos que se van produciendo en el transcurso del juego. Luego de resolver las situaciones de recepción o de defensa, aparecen las situaciones de armado y después las de ataque. Es importante señalar que, todas estas situaciones no se suceden de forma aislada sino que se relacionan y se vinculan entre sí, donde la predecesora afecta y condiciona la siguiente, pudiendo favorecer o limitar la o las situaciones siguientes. A la vez, corresponde decir que no son situaciones posibles de reducirse a lo mecánico o automático, requieren de emocionalidad, de expresión, de proyección (ligada a lo institucional, vincular, político…). Respecto a la compresión de las situaciones del juego por parte de jugadores o jugadoras Velasco aporta: “el voleibol es bastante repetitivo y tiene una escuela muy de los profesores de educación física y poco del juego, aunque esto ha cambiado en los últimos 20 años, tiende a hablar de situaciones abstractas y no de las situaciones que se presentan en ese momento al jugador”[5]. En estas palabras se evidencian dos niveles de consideración: por una parte, habla de comprender la situación presente en el momento y saber resolverla y, por otra, se expresa no solo un estado de cosas también se evidencian tensiones relativas al saber, al saber enseñar y a niveles de conceptualización posibles.

Como todo deporte, el voleibol tiene técnicas particulares, propias de él, aplicables en él para la resolución de una determinada situación, por consiguiente no son acciones aisladas, sino que cobran sentido y significado en el juego, que varía y difícilmente se repita, Velasco las llama “técnicas de juego”[6]. Una técnica se utiliza en un momento determinado, de acuerdo a una resolución de una situación que el juego me plantea.

El reglamento, las tácticas y las técnicas se integran a aspectos culturales o expresiones sociales y demandan orden biológico. Una “técnica de juego” desde el punto de vista de la observación mecánica puede ser igual o repetida pero desde su desarrollo funcional y desde las cualidades que involucre o compromete no lo será. El movimiento no es un acto de repetición es un hecho social, cultural, emocional.

Una caracterización inicial del voleibol implica presentarlo como un juego socialmente entendido como deporte, como deporte de equipo, sin contacto, de cooperación y de oposición y de cancha dividida[7]. Otra característica es que como deporte puede practicarse como manera profesional o amateur. Si se considera la formación de valores se puede sostener que el voleibol se caracteriza por el requerimiento de valores como el respeto, la cooperación y la solidaridad.

En términos histórico, como fue visto en el desarrollo inicial de este libro, el voleibol convive con estas características en tanto fue creado para ello por actores sociales interesados en ello. Ha sido la sociedad, los actores y actoras sociales que significándolo en ese lugar lo validaron y validan. En ese marco, construido por la sociedad, emerge de un conjunto de manifestaciones culturales que promueven un tipo de compromiso corporal regulado, en relación con su vínculo y con la competencia, que se puede encontrar en el orden de instituciones privadas o públicas. Las reglas permiten organizar, estructurar, habilitar e inhabilitar formas de juego, métodos de entrenamiento, formas de resolución de una situación despliegues técnicos y el tipo de espectáculo posible.

El reglamento es resultado de una búsqueda en un momento histórico con una impronta política particular. El reglamento actual responde a intereses comerciales y políticos puntuales. Las condiciones de la competencia del alto rendimiento actuales exigen un tipo de jugadora o jugador para un tipo de juego. El voleibol hoy es un deporte con mucha velocidad de juego, con alturas de impacto a la pelota cada vez más altas, cuestiones que exigen jugadores y jugadoras veloces, potentes, flexibles, jugadores y jugadoras que impacten la pelota en el menor tiempo posible. Esta particularidad lleva a suponer que los jugadores y las jugadoras de más altura pueden ofrecer un mejor rendimiento.

El voleibol actual, asistido y estrechamente vinculado a partir de la globalización a los medios de comunicación y televisación sufrió mutaciones que progresivamente lo llevaron a ofrecer jugadas más espectaculares y breves. En ese mismo marco, fue necesario agilizar los procesos y formas de producción (enseñanza y búsquedas) de modo de lograr un impacto inmediato y con efectos en el rendimiento, en dirección a la competencia del alto rendimiento.

Sin dudas, las producciones deportivas exigen del entrenador conocimientos específicos que no necesariamente están vinculados con saberes propios de la educación física, no obstante esto último podría ser un valor agregado. En este sentido, los debates o posiciones disciplinares se expresan en textos que como tradicionales postulan desde el jugar por recreación o el practicar un deporte para el desarrollo de hábitos y valores hasta textos con orientaciones deportivas dirigidas al crecimiento y desarrollo hacia un alto rendimiento[8].

Por otra parte, en los registros obtenidos se puede observar que en la enseñanza del voleibol en la infancia, sobre todo cuando esta se centra en aspectos recreativos provoca un modo práctico que despoja a esa práctica de sentidos técnicos, de formas específicas que lo explican o caracterizan. Los profesores y las profesoras tienden a reproducir modelos de enseñanza escolar sin atender a las diferencias de contexto institucional. También se observa, coincidiendo con Ron (2006 y 2010), que en muchos casos el conocimiento de entrenadores, entrenadores, profesores y profesoras se reduce -y parcialmente- a conocimientos técnicos, tácticos y reglamentarios e institucionales, siendo las mismas instituciones las que suelen resaltarlos y demandarlos como requisitos centrales, prioritarios y suficientes. Y estos actores y actoras favorecidos por su propia historia deportiva suelen vincularse mejor que quienes no cuentan con esa experiencia y formación tanto con el voleibol como con la institución.

A la vez, los registros obtenidos muestran que la enseñanza, dicho con mayor justeza, las diferentes formas de enseñanza del voleibol desarrollada en los clubes en la ciudad están íntimamente relacionadas con las características de cada club, particularidades y sentidos que se abordarán en este capítulo.

Como se señaló anteriormente, en la ciudad de La Plata el voleibol se encuentra generalizado en el género femenino y es una forma reducida -con escaso desarrollo desde la cantidad- en el género masculino. Los registros muestran veintiséis (26) instituciones con equipos femeninos y solo dos (2) en la rama masculino. La cantidad de jugadoras en la ciudad es de tres mil (3000) y la de varones apenas llega a un total de aproximadamente cien (100) practicantes. Con estos números, el voleibol femenino se encuentra dentro del segundo o tercer deporte elegido de la ciudad y el de varones fluctúa entre el cuarto o quinto deporte elegido.

En algunos casos esto se explica por la oferta deportiva de los clubes, en tanto la diversidad conlleva a particiones de grupos, en otros casos se explica desde las dificultades de infraestructura, equipamiento y espacios, en otros casos se debe a decisiones de política institucional en relación a ofertas para la inclusión familiar por ambas ramas de género. El CULP desarrolla tanto el voleibol masculino como el femenino, cuenta con buenas condiciones de infraestructura y dispone de espacio propio para el deporte, lo que permite el desarrollo de las dos ramas. El Club GELP dispone un espacio propio para el desarrollo del voleibol pero en él sólo se desarrollan las categorías femeninas, en algún momento hubo categorías masculinas pero luego fueron cerradas en tanto la decisión política fue la de potenciar el voleibol femenino, que evidenciaba mayores posibilidades de crecimiento, desarrollo y logros. Distintos son los casos de Asociación Cultural y Deportiva Universal y Centro de Fomento Los Hornos que toman como solo el desarrollo de las categorías femeninas, no disponen de un espacio propio sino que lo comparten con otro deporte. En diálogo con referentes de estas instituciones se revela que no contar con espacio es lo que conlleva a optar por una rama deportiva, frente a lo cual se opta por la femenina, que suele ser la que encuentra menor cantidad de ofertas en otros deportes y en los clubes de la región.

No obstante ello, dado este marco de posibilidad una pregunta de relevancia es ¿cuál es el tiempo mínimo de entrenamiento semanal que ofrece cada institución para el desarrollo de un equipo? Si se siguen los lineamientos de la fisiología aplicada al deporte para mejorar las capacidades condicionales -fuerza, flexibilidad, resistencia y velocidad- esta disponibilidad es claramente un obstáculo. Si se piensa desde el punto de vista del aprendizaje motor, el abordaje de una técnica o una táctica con intención de mejorar el juego, si bien puede implicar diferentes frecuencias e intensidades de trabajo en función a diferentes factores -equipamiento, condiciones alimenticias, contexto- también encuentra en estos casos dificultades. Estos aspectos muestran claramente que los sentidos de enseñanza cobran importancia pues desde ellos la intervención puede cubrir, o subsanar, al menos en parte las dificultades señaladas. En otras palabras, una propuesta suficientemente articulada y lógicamente estructurada, desde su integración conceptual y práctica, puede cooperar en robustecer y significar sentidos particulares de lo que se enseña. En ese marco, toda propuesta de intervención requiere de articular, coherentizar y especificar sentidos y significados prácticos.

Las grillas horarias de los clubes, según sus proyectos, muestran que cumplen una frecuencia de tres (3) veces por semana, con una duración de una hora y media cada entrenamiento de voleibol. A ello se suma una (1) hora de preparación o acondicionamiento físico fuera del espacio de la cancha.

Respecto a la etapa de inicio o inserción en la práctica del voleibol las mujeres comienzan a los 8/9 años, en cambio los varones a los 12/13 años.

Todos los clubes considerados tienen la categoría formativa llamada minivoleibol, que considera las edades de los 7 u 8 a los 11 años, además pensada como mixta, aunque en las matrículas de los clubes no se observa que se desarrolle de esa forma. En este sentido, los reglamentos de minivoleibol en ARVA y en FMV no diferencian los géneros, no obstante la mayoría de los clubes rara vez cuentan con jugadores varones en estas edades. Considerando este punto, y observando que la presencia de varones se registra desde los 11 años, es claro que el proceso de formación en ellos es más corto y evidenciando un menor número de practicantes, lo que podría ser una particularidad que abone a condiciones más favorables para el logro de resultados, aunque ello no se refleja con claridad en los procesos.

Respecto a los saberes y conocimientos impartidos en las instituciones consideradas según las ligas de pertenencia (ARVA con los clubes que están en FMV). En la entrevista realizada a Miguel, entrenador característico de ARVA, se observa que: “los clubes de ARVA desarrollan más en la defensa del equipo, en cambio los clubes de la FMV se preocupan más en el ataque y si bien mi club participa en ARVA, debo ser el único que prefiere desarrollar el ataque”.

Según los registros obtenidos, los clubes de ARVA se desarrollan con jugadoras en formación, jugadoras que empiezan a tener sus primeros pasos en el voleibol y que hasta incluso no saben si lo jugarían por mucho tiempo. Por ello, los procesos de enseñanza en las instituciones vinculadas a esta liga comienzan desde objetivos muy básicos, simples, logrables, con equipos siempre en formación, por lo que es difícil encontrar un proceso que muestre mejoras año tras años según objetivos de equipo a largo plazo. Esta característica particular en parte los empaña frente al desarrollo que obtienen los clubes de la ciudad que participan de la FMV, con jugadoras formadas y decididas y definidas en su orientación y elección deportiva. Jugadoras que avanzan, que evidencian mejoras y que buscan mejorar su desempeño, salen del club de ARVA y continúan en un club de la FMV. Este proceso, a modo de desgranamiento constante no inactiva a los clubes de ARVA en tanto estos regularmente se nutren de nuevas jugadoras y, a partir de ello, reinician sus procesos de formación y armado de equipo, aunque esta particularidad claramente no permite un crecimiento sostenido sino que consolida la dinámica descripta y, por lo tanto, obstruye un desarrollo en proyección hacia adelante. En síntesis, los clubes de FMV se nutren con las jugadoras con mayor desarrollo, con base previa lograda en los clubes de ARVA cuestión que limita el crecimiento de estos últimos. La migración de las jugadoras[9] es casi siempre en las menores de dieciocho años y la reglamentación establecida por la FEVA la exige que la jugadora que pasa de un club de ARVA federado a la FBV a un club de la FMV debe abonar el costo de un pase interfederativo de menores de edad, pero si luego, años más tarde, la misma jugadora quiere regresar a su club de origen ya siendo mayor de dieciocho, debe volver a pagar un pase interfederativo pero de mayor de edad, el cual es de mayor valor y con el agravante de que la condición de jugadora de mayor de edad habilita al club saliente a exigir una retribución -sin límite alguno-, lo que en ocasiones lleva a que la jugadora abandone el deporte o regrese a su club de ARVA pero sin posibilidad de participar de un torneo oficial de FEVA.

Una pregunta posible es ¿Por qué una jugadora o jugador decide salir de una institución y pasar a otra? Sin dudas los factores, los motivos pueden ser muy diferentes, particulares, recurrentes, legítimos. En este sentido, Sebastián, entrenador de la ciudad, siendo su club el más ganador de la ciudad y con el menos porcentaje de pases a otra institución, consultado sobre cómo hacía para que sus jugadoras no sintieran la necesidad de irse, sostuvo:

Cuando un jugador o jugadora desarrolla una afinidad con el club, un sentimiento y donde está se encuentra cómodo o cómoda y el desarrollo es en todos los sentidos, se logra la pertenencia a la institución y se desarrolla el arraigo necesario para permanecer en el club. (2020: 2)

En cambio Marcelo, un padre de jugadora, desde una perspectiva diferente, en una charla de tribuna me dijo “el éxito llama al éxito”. Las prácticas se configuran desde diversidad de perspectivas, eso es claro, y estas voces, de lo corriente lo evidencian. Constituyen las prácticas y definen, situaciones, posibilidades, formas.

El “éxito” de un equipo, de una institución… se funda también en la sensibilidad del entrenador o entrenadora al detectar las condiciones o tener la visión de a dónde se busca llegar, hacia dónde se va. En la entrevista realizada a Alicia Casamiquela, ella sostiene que el club GELP logró no solo ser un representativo del voleibol de nuestra ciudad, también de nuestro país, por la pasión que ella le inculcó a su proyecto. Según sus palabras el gran salto de calidad de sus equipos se produce luego de que ella, junto a su marido, en los años 1980, 1985 y 1990, recorrieron toda Europa durante 2 meses, observando cómo se entrenaba en distintos lugares, viendo las condiciones, recursos humanos, infraestructura, tiempo de entrenamiento, los staff que integraban los cuerpos técnicos, capacidades de las jugadoras, métodos utilizados por los entrenadores. En línea a ello se expresan Diana Fernández de Liger (ACDU) y María Cecilia D`Stefano (CFLH), cuando sostienen que en ellas una paso hacia adelante lo permitió la formación como entrenadoras en relación a la capacitación -posible de ser lograda de forma académica o de forma empírica-. Búsqueda, iniciativa, estudio, observación, registro, procesos, diferenciación, proyección… componentes necesarios, requerimientos de formación… diversidades y complejidades que dan forma a las prácticas.

Como referencia, hacia finales de 2020 los clubes, respecto a cantidad de jugadoras y entrenadores mostraban los siguientes números:

  • GELP 186 jugadoras y 6 entrenadoras y 1 Preparador Física (PF).
  • ACDU 120 jugadoras 3 entrenadores y 1 PF
  • CFLH 160 jugadoras 5 entrenadores y 1 PF
  • CULP 100 Jugadores y Jugadoras 5 entrenadores y 2 PF

Si se consideran estos números es evidente que las condiciones de relación jugadoras-entrenadoras, aunque ajustadas, son favorables, y en la mayoría de los casos ya no tanto en el caso de grupo-PF.

Solo el club GELP tiene médico en el lugar de entrenamiento (Médico de la Sede), pero no del deporte en sí. El resto de los clubes cuenta con servicio por una cobertura médica.

Ser entrenador por cursos de la FeVA. Experiencia, formalización de saberes y elaboración de principios

Las Federaciones y ligas han elaborado programas o sistemas de capacitación y/o legitimación formadores en la pretensión de garantizar una adecuada enseñanza en los clubes o instituciones que la constituyen.

La FeVA habilita o reconoce tres (3) niveles de cursos para entrenadores, que aprobados permiten el desempeño laboral en categorías más grandes: curso de carácter provincial, nacional e internacional, cada uno de ellos correlativo con el nivel anterior.

Los cursos de carácter provincial se dividen en los niveles uno y dos. Cada provincia se encarga de su organización y de la designación de los instructores. También determina en qué lugar de su jurisdicción resulta más necesario y cuál de los niveles es más adecuado o importante de desarrollar. Los cursos nacionales también se dividen en los niveles uno y dos aunque en este caso quien lo coordina y designa a los instructores es la FeVA. Los cursos Internacionales están organizados por la FIVB y la Confederación correspondiente y cuentan con tres niveles (uno, dos y tres). Como se señaló antes, los cursos son correlativos y mantienen relación con la posible habilitación que el entrenador pueda ejercer:

  • Provincial 1 hasta la categoría Sub 16.
  • Provincial 2 hasta la categoría Sub 21.
  • Nacional 1 hasta la categoría Mayor en torneos de nivel Provincial.
  • Nacional 2 hasta la categoría Mayor en torneos de nivel Nacional.
  • Internacional 1 hasta la categoría 16 en cualquier Federación Nacional afiliada a la FIVB.
  • Internacional 2 hasta la categoría Sub 21 en cualquier Federación Nacional afiliada a la FIVB.
  • Internacional 3 tanto en la categoría Mayor en cualquier Federación Nacional afiliada a la FIVB, como en cualquier categoría de representación internacional.

Además los cursos se diferencian por su extensión o duración. Los cursos de nivel provincial y nacional se dictan en tres (3) o cuatro (4) días bajo formato teórico y práctico intensivo. Los cursos internacionales tienen una extensión de entre catorce (14) y dieciséis (16) días, también con formato intensivo y de tratamiento teórico y práctico.

Anteriormente, las federaciones que estaban encargadas de desarrollar los cursos, involucraron o invirtieron en la formación de los entrenadores que luego se desarrollarían en el voleibol. En los años ´90 los cursos se extendían durante cuatro (4) a seis (6) meses, con clases tres (3) veces por semana, cada una de cuatro (4) horas. En esa estructura el instructor a cargo diseñaba clases con tratamiento en mayor profundidad y se incluían trabajos de desarrollo y seguimiento prolongado. Cada tema contaba con el tiempo necesario para un desarrollo más acabado. Actualmente los cursos de entrenador son breves y con tres (3) o cuatro (4) jornadas intensivas de diez (10) horas por cada día.

Las federaciones son las encargadas de acreditar la formación de un entrenador o entrenadora y habilitar para cumplir la función. A la vez, cuentan con la potestad para habilitar a un jugador o jugadora de la selección nacional para desarrollar la función. Claramente este punto es controversial puesto que jugar a nivel de elite supone saberes y conocimientos relativos a ello, no necesariamente a las enseñanzas. La Educación Física tiene sobre este punto posición tomada, coincidiendo con De Marziani (2014: 52) “una creencia de las más destacadas es la de que el haber jugado garantiza la eficacia del entrenador, más alto haya sido el nivel de juego, mejor es aún las cualidades que parece tener el entrenador, como carta de presentación”.[10] Lo mismo surge de lo sostenido por Giles, M y otros:

El gran jugador convertido en entrenador, fracasa sino hace un pasaje entre lo que sabía hacer y lo que va a transmitir. El problema se presenta cuando se considera que todo gesto que a él le resultaba sencillo para ejecutar, debiera ser así para los demás. Es decir, se subestima la enseñanza, porque se cae en la creencia de que los aprendizajes deberían producirse naturalmente. Para los que no han sido grandes jugadores todo resulta más sencillo, en el descubrimiento de cómo deben hacer las cosas uno mismo, uno se ve obligado a aprender a enseñar. [11]

Claramente un entrenador tiene que tener conocimiento que exceden o se diferencias de los propios del juego. Un conductor debe comprender y trasmitir el juego y también contar con conocimientos sobre liderazgo, coordinación de grupo, entre otros.

Los clubes de la ciudad de La Plata cuentan con muchos entrenadores y entrenadoras de experiencia, también con otros y otras en formación, iniciándose o tomando las categorías iniciales. En algunos casos se registran formadores sin acreditación que habilite a cargo de categorías mayores, por lo que ciertamente se observa falta de un control acabado de las Federaciones. En particular ARVA está regulando su reglamento de modo que los entrenadores y las entrenadoras cuenten con un formato de CV detallado y homologado que permita el control en las habilitaciones al 2022. En ese formato la experiencia de trayectoria ocupa un lugar significativo.

La experiencia de trayectoria supone acumulación de vivencias y conocimientos que, cuando prolongadas y productivas, suelen dar reputación y prestigio. También, la experiencia, cuando está acompañada de la conceptualización propia del análisis, la reflexión y la formalización permanentes, ofrece, proporciona comprensión de la intención de intervención y sus efectos. Esas conceptualizaciones acompañan y acrecientan las posibilidades de éxito del proceso de enseñanza, en tanto pueden permitir anticipaciones, programaciones ajustadas a las necesidades, mejores propuestas de evaluación y buenas prácticas.

La experiencia se encuentra estrechamente relacionada con la cantidad de años que una persona tiene ejerciendo un cargo, en este caso, sus años como jugador son determinantes. Mientras más años puede demostrar ejerciendo dicho rol, mayor será considerado su conocimiento sobre el deporte (De Marziani 2014: 53)[12].

                

Esta vinculación entre el saber y la experiencia es destacada por los entrenadores como una relación recíproca y directa, que marca de algún modo, su proceso de formación y determina su camino hacia la capacitación y la constitución de su saber. (Villa, M.E. 2011: 2)[13]

El proceso que los entrenadores deben llevar a cabo para convertirse en ello si bien parecería ser individual es siempre social, es con otros y otras, y requiere de continuidad y en particular de descubrir o reconocer “un no saber”. Muchos entrenadores “viejos” prosiguen, continúan su formación y participan de cursos o capacitaciones tanto o más que los entrenadores “jóvenes”. Hay en estas palabras dos principios de intervención reconocidos por estos actores y estas actoras, el primero vinculado a la formación entendida como un proceso del cual forman parte de forma permanente y continua y el segundo relacionado con la necesidad de “reconocer un no saber”. La formación es una constante que bajo distintos formatos pone en juego saberes y vivencias, que conducen a elaboraciones propias. En este sentido, un principio reconocido y valorado entre los formadores es el de “permitirse probar”, equivocarse y analizar, analizar y reflexionar, reflexionar y conceptualizar para así dar lugar o construir su conocimiento, conocimiento práctico, conocimiento generado desde la práctica. En este caso sería deseable que este principio tuviera validez también para las Federaciones de modo que con ello acompañen el proceso de los entrenadores.

Conclusiones del capítulo

Como se ha descripto en este estudio hay evidencia respecto a que en la ciudad de La Plata el desarrollo de la práctica del voleibol femenino es mayor que en el caso masculino, diferencia que se evidencia en número de practicantes, equipos y clubes que lo proponen. La relación entre ellos es de aproximadamente entre cuatro y cinco a favor de la rama femenina. A la vez, esta diferencia se mantiene a nivel provincial y nacional. Sin embargo, esa relación de números no se refleja en un desarrollo necesariamente equivalente. En palabras Hernán Ferraro[14] (2020: 3), en una exposición de capacitación para entrenadores de equipos femeninos de la provincia de Buenos Aires, al comparar cantidad de jugadoras que se desempeñan en los equipos y los logros obtenidos a nivel internacional con relación al caso de los varones, observó una diferencia significativa a favor de los varones, quienes contando con un menor número de jugadores que lo practican, obtienen más resultados respecto y en comparación con las mujeres.

Respecto a las etapas de inicio de las prácticas y los procesos de entrenamiento, se ha observado que la formación de las deportistas tiene un inicio anterior (8-9 años) a la de los varones (12 años) por lo que podría pensarse como más extensa, no obstante ello no se traduce en el juego o en los resultados a nivel internacional. Si bien esta diferencia no es un tema particular del estudio cabe señalar que hay allí un foco de indagación interesante y necesario de ser abordado, en tanto los aportes y descubrimientos posibles podrían ser significativos, no solo para entender diferencias, procesos, dimensiones, diversidad de factores que inciden, sino también para que los conocimientos que ello produzca permitan dar coherencia y vinculación a los procesos, consolidar y desarrollar nuevos programas de trabajo y elaborar proyectos institucionales superadores.

En la misma línea, se ha observado que las instituciones que alcanzan diferentes logros deportivos se caracterizan por incluir en sus proyectos a jugadoras o jugadores que juegan o practican voleibol desde temprana edad. Además, es corriente que las y los practicantes mantengan su participación en su propia categoría, combinándola -en palabras de entrenadoras y entrenadores- de “forma cuidada” con la categoría inmediata superior, lo que hace que logren mayor desarrollo, crecimiento y avance en sus experiencias y aprendizajes, lo que da lugar a diferencias respecto a otras y otros practicantes tanto desde el punto de vista técnico como en el social, el emocional y vincular, el analítico, entre otros.

Respecto a la formación obtenida, entrenadoras y entrenadores sostienen que las diferentes capacitaciones que tomaron para dirigir y avanzar por los distintos niveles siempre fueron cubiertas desde lo económico por ellos mismos. Este punto es presentado como una dificultad y hasta como una zona de tensión; en tanto, por un lado, la formación de deportistas se acerca más a requerimientos de carácter público y sociales que a cuestiones privadas y, por otro, las instituciones deportivas o clubes en las que estas prácticas de formación se inscriben son sociedades civiles orientadas al desarrollo, la promoción, el fomento social, cultural, recreativo, deportivo… Hay aquí un punto que las propias asociaciones debieran observar y revisar, tanto más si la promoción y el fortalecimiento desde la calificación técnica educativa es parte de sus fundamentos y objetivos. Nuevamente, al igual que en el cierre del capítulo anterior, esta investigación evidencia las carencias estructurales de las asociaciones superiores y la ausencia de programas que amplíen y fortalezcan inequívocamente desde la perspectiva inclusiva a interesadas e interesados.

Un dato curioso, podría decirse característico, es que en las categorías de mayor nivel deportivo se encuentran dirigiendo más entrenadores varones que entrenadoras mujeres, con independencia de que el grupo en cuestión sea femenino o masculino. A su vez, en las categorías de formación y desarrollo de varones solamente se desempeñan entrenadores varones; en cambio, en las categorías de formación y desarrollo femenino entrenan tanto varones como mujeres. Cuestiones de género y patriarcado instaladas que no muestran flexibilidad aún en este campo deportivo.


  1. https://www.lanacion.com.ar/sociedad/julio-velasco-dirigir-un-equipo-es-establecer-equilibrio-entre-las-normas-y-la-libertad-nid2149647/ Consultado 19/8/2020.
  2. https://www.lexico.com/es/definicion/ensenanza Consultado 19/8/2020.
  3. https://dle.rae.es/ense%C3%B1ar Consultado 20/8/2020.
  4. Velasco, J. El método es la mejor manera de hacer algo, es un modo de hacer algo que resulta eficaz. Uno siempre está en la búsqueda de cuáles son esos modos, para encontrar el modo más eficaz. Uno no puede buscar uno solo, porque tratándose de personas, son personas diferentes, grupos diferentes, nacionalidades diferentes.
  5. https://www.youtube.com/watch?v=e25hrz3VRG4 Consultado 22/8/2020.
  6. Op. Cit.
  7. Méndez (2003: 2) sostiene que los juegos de cancha dividida “se caracterizan porque los jugadores o bandos contrarios se sitúan frente a frente en espacios diferenciados y separados por una red (raya, cuerda o espacio muerto) con el objetivo de lanzar o golpear un móvil por encima de ésta, de forma que caiga o muera en el campo contrario o resulte difícil su devolución”.
  8. En este caso se pueden considerarse los textos de: Pittera, C. y Riva, V. (1985) “Voleibol dentro del movimiento”, Revista Voley. Argentina; Berthorld, F. (2012) “Voleibol juegos para el entrenamiento” Stadium. Argentina; y, Vargas Rodríguez, R. (1991) “Voleibol 1001 ejercicios y juegos” Editorial Augusto. Madrid.
  9. En femenino ya que lo que acontece en nuestra ciudad es exclusivo de la rama femenino.
  10. http://www.memoria.fahce.unlp.edu.ar/tesis/te.1052/te.1052.pdf Consultado 12/10/2020.
  11. Giles, M.; Hours, G. y Orlandoni, J. (2011 a): Notas acerca de la enseñanza de los deportes según los entrenadores del alto rendimiento; en Actas del: “9no Congreso Argentino y 4to Latinoamericano, de Educación Física y Ciencia, Departamento de Educación Física, FaHCE, UNLP. Pág. 7.
  12. De Marziani, F. A. (2014). Fútbol infantil: Conflictos, tensiones e intereses de una práctica institucionalizada. El caso de la liga LISFI de la ciudad de La Plata [en línea]. Tesis de posgrado. Universidad Nacional de La Plata. Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación. En Memoria Académica. Disponible en http://www.memoria.fahce.unlp.edu.ar/tesis/te.1052/te.1052.pdf Consultado 14/10/2020.
  13. Villa, M. E. (2011): Saber y Experiencia: dos categorías vinculantes en el rol del entrenador; ponencia presentada en el 29° Congreso Argentino y 4to Latinoamericano, de Educación Física y Ciencias”, Departamento de Educación Física, FaHCE, UNLP, pág. 2. 64 Ídem, pág. 2.
  14. Hernán Ferraro, ex jugador de voleibol argentino que formó parte de la selección nacional masculina de voleibol de Argentina. Actualmente es entrenador de la selección femenina de voleibol.


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