Los grupos económicos ocupan un lugar destacado como forma de organización preponderante de las grandes empresas en países de América Latina y el sudeste asiático, y con menor peso, también en algunos países de Europa como España, Italia o Portugal. Su persistencia como actores centrales de la economía supuso todo un desafío intelectual dada su heterogeneidad y las transformaciones que sufrieron en las últimas décadas en los distintos países. Dicho desafío implica preguntarse cómo estas organizaciones surgen, prosperan o fracasan, se transforman e inciden tanto en sus propios contextos nacionales como, en algunos casos, en el ámbito internacional (Barbero y Puig, 2016; Schneider, 2010).
Las respuestas frente a estos interrogantes partieron de diversos enfoques y perspectivas. Desde la economía convencional se explicó el surgimiento de los grupos económicos como una organización eficiente en contextos de mercados poco desarrollados (Khanna y Yafeh, 2007; Leff, 1979). Por su parte, desde el evolucionismo y un marco teórico schumpeteriano se sostuvo que los grupos económicos existen debido a condiciones asimétricas de comercio e inversión con respecto a empresas multinacionales y al hecho de contar con una serie de capacidades genéricas –obtener licencias del Estado, acceso a financiamiento o tecnología extranjera, contratación y formación de trabajadores– que les permite ingresar de forma repetida en diferentes industrias (Guillén, 2000; Kock y Guillén, 2001).[1] La literatura que estudia los procesos de desarrollo en países de industrialización tardía apuntó que los grupos económicos no pueden estudiarse a partir del modelo clásico de la gran empresa con múltiples divisiones planteado por Alfred Chandler (Chandler, 1962; Chandler y Hikino, 2009) ya que presentan una diversificación oportunista y tecnológicamente no relacionada mientras mantienen una estructura de propiedad familiar (Amsden, 2009). Además, se puntualizó la necesidad de incorporar las características del vínculo entre estas organizaciones con el Estado y los gobiernos de turno como eje explicativo acerca del éxito o fracaso de los procesos de desarrollo (Amsden, 1992; Chibber, 2006; Evans, 1995). En esta línea, Schneider (2009, 2010) agregó que es preciso entender que el accionar estatal puede habilitar o inhibir los procesos de auge y caída de los grupos. Complejizando esta perspectiva, desde la sociología económica Granovetter (2005) agregó que los grupos económicos pueden variar en función de seis dimensiones: las fuentes de solidaridad entre directivos y accionistas, el alcance de la economía moral –el grupo como un sistema identitario y normativo que le otorga un carácter extraeconómico a la acción económica–, la estructura de propiedad, la estructura de autoridad, el rol de las instituciones financieras y los vínculos o autonomía con respecto al Estado.
Las discusiones señaladas también han ocupado la agenda de investigación en América Latina, donde los grupos económicos se convirtieron en actores centrales, con presencia en múltiples sectores y controlados preferentemente por familias con escasa apertura de su capital (Garrido Noguera y Peres, 1998; Schneider y Karcher, 2012).
En el caso de Brasil, Aldrighi y Postali (2010) y Dalla Costa et al. (2015) analizaron cómo el crecimiento de los grupos de aquel país se vio impulsado entre las décadas de 1950 y 1970 por las políticas industriales implementadas (“Plano de Metas” y “II Plano Nacional de Desenvolvimento”) y el posterior giro en su estrategia hacia la internacionalización mediante exportaciones e inversión extranjera directa desde la década de 1990. Hoshino (2010) encontró para el caso de México una trayectoria similar. Tras una primera oleada de grupos económicos surgidos a finales del siglo XIX, el periodo de industrialización sustitutiva –mexicanización de la minería y contenido nacional de la industria automotriz, por ejemplo– permitió la consolidación y diversificación de los grupos tradicionales y el surgimiento de nuevos actores. La liberalización de la década de 1990 permitió un acceso global al mercado de capitales y habilitó a algunos grupos internacionalizarse, contando con inversiones por fuera de América Latina. Analizando el caso de Colombia, Rodriguez-Satizabal (2014, 2020) también registró una expansión de los grupos durante la fase sustitutiva y posteriormente a partir de las oportunidades abiertas en la década de 1990 bajo el neoliberalismo.
Los estudios sobre Chile dieron cuenta de la alta rotación de los grupos económicos desde mediados del siglo XX (Martínez Echezárraga, 2015), la persistencia de aquellos vinculados a la demanda externa y con escaso interés por la política industrial (Aguirre Briones, 2017; Bril-Mascarenhas y Madariaga, 2019), la emergencia de un nuevo empresariado tras las reformas neoliberales bajo la dictadura de Augusto Pinochet y los gobiernos de la Concertación (Lefort, 2010; Silva, 2019; Undurraga, 2014), así como la interconexión y los directorios cruzados entre los grupos económicos y de estos con el Estado, lo que dio lugar a una permanente puerta giratoria entre estos ámbitos alineando de manera muy específica los intereses de los actores (Salvaj y Couyoumdjian, 2016). Partiendo del caso peruano, Durand (2020) indagó sobre cómo los grupos económicos se convirtieron en actores políticos movilizando sus recursos económicos y organizándose colectivamente para, de forma cohesionada, participar en coaliciones políticas.
En el caso argentino, existe una importante tradición de estudios sobre grupos económicos y más en general sobre la relación Estado-empresas-empresarios, sus vínculos con los procesos de desarrollo y sus efectos sobre la dinámica política y económica del país que encuentra destacables líneas de continuidad con lo hallado para los restantes países de la región.[2]
Desde una mirada de economía política, principalmente marxista, un conjunto de trabajos entre los que se destacan Azpiazu et al. (2004), Basualdo (2020), Basualdo y Manzanelli (2022), Cantamutto y López (2019), Cantamutto y Wainer (2013a), Manzanelli y Basualdo (2017); Ortiz y Schorr (2006b), Peralta Ramos (2007) y Schorr y Wainer (2020) sostienen que los grupos económicos se convirtieron desde la segunda etapa de sustitución de importaciones en la fracción del capital, que, como parte del bloque dominante, condujeron al Estado mediante sus intelectuales orgánicos, con el objetivo de subordinar a la clase trabajadora y evitar la consolidación de gobiernos populares, dando como resultado bajos niveles de desarrollo económico, y la consolidación de un núcleo de corporaciones con baja propensión a la inversión y elevados niveles de rentabilidad.
El vínculo entre las dinámicas de acumulación de los grupos económicos y los bajos niveles de desarrollo alcanzados por Argentina también fue señalado por Nochteff (1994). Partiendo de un marco teórico schumpeteriano, el autor afirma que las elites económicas argentinas no se convirtieron en un actor que impulsó el desarrollo ya que no compitieron por la obtención de cuasi-rentas tecnológicas (innovación productiva), sino que buscaron protegerse de la competencia, merced al accionar estatal, y de esta manera consolidar monopolios no innovadores ni transitorios. Esto llevó en el largo plazo a un bajo crecimiento del ingreso y de las capacidades tecnológicas.
Desde la economía evolucionista, Bisang (1996, 1998) y López (2006) criticaron estos enfoques, sosteniendo que el mismo implica atribuirle conductas innatas, de carácter rentístico, a la elite empresaria argentina sin considerar las variaciones en el entorno, lo que los autores llaman mecanismos selectivos, que producen cambiantes oportunidades de ganancias. Desde otra perspectiva, Heredia (2005) cuestionó el vínculo lineal establecido entre intereses económicos y acción política al sostener que “cuando intentan dar cuenta del comportamiento político de esta cúpula, las influencias marxistas clásicas y el fuerte economicismo que los anima los conducen a acordar a estos actores una racionalidad y un poder poco problematizada” (Heredia, 2005, p. 113, citado por Gaggero, 2011) y Gaggero (2012, 2023) sostuvo que entender las respuestas dadas por los grupos económicos ante determinadas coyunturas implica conocer cuál es el clima de ideas preponderante entre el empresariado, lo que puede llevar a estrategias cuyas consecuencias no deseadas se alejen de lo considerado óptimo.
Por último, podemos ubicar un grupo de trabajos que abrevan en la nueva sociología económica y la sociología del desarrollo para analizar los derroteros de los grupos económicos locales, las relaciones entre Estado-empresas-empresarios y sus impactos en las restricciones al desarrollo en la Argentina.[3] Bajo esta perspectiva se enfatiza que los actores empresariales desarrollan tanto estrategias microeconómicas como políticas que es necesario atender en su especificidad ya que las decisiones organizacionales de una firma están insertas en todo un entramado de complejas relaciones sociales (Castellani, 2009; Castellani y Gaggero, 2017; Dossi, 2014; Dulitzky, 2019; Gaggero, 2012, 2023; Navarro Rocha, 2020b; Perez Almansi, 2022), que a su vez es necesario incorporar y reconstruir empíricamente la orientación y la calidad de la intervención estatal en cada modelo de desarrollo (Castellani, 2012; Iramain, 2012; V. Pérez y Serrani, 2020; Serrani, 2012b), y que no necesariamente existe correspondencia entre la posición ocupada por una empresa en la cúpula empresarial y su accionar político (Beltrán, 2011a).[4]
En un marco de cambiantes condiciones macroeconómicas e institucionales que produjo desde la década de 1970 una elevada rotación de empresas y empresarios que ocuparon posiciones de elite (Castellani y Heredia, 2020), el periodo abierto tras el fin de la convertibilidad introdujo algunas singularidades que merecen ser destacadas.[5] Mientras diferentes trabajos analizaron las transformaciones macroeconómicas (A. Costa et al., 2010; Damill et al., 2015; Kulfas, 2016), los desafíos productivos y del patrón de especialización (Coatz y Schteingart, 2016; Herrera y Tavosnanka, 2011; Lavarello y Sarabia, 2015; Porta y Bugna, 2011) o las características de la inserción internacional (Bekerman et al., 2015; Castells et al., 2014), los trabajos sobre cúpula empresarial y grandes empresas subrayaron que si bien el proceso de extranjerización iniciado en la década de 1990 no se detuvo, manteniendo el capital extranjero su centralidad en el núcleo de la elite económica, durante esa etapa se verificaron algunos atenuantes que plantean diferencias con lo ocurrido durante la década anterior (Santarcángelo y Cruz Lucero, 2021). La retracción relativa del capital extranjero en la propiedad de firmas en sectores no transables dio lugar al crecimiento de grupos económicos en actividades como juegos de azar, medios de comunicación, regímenes de promoción, obras de infraestructura y energía (Gaggero y Schorr, 2017).
Un primer abordaje de esta cuestión se realizó desde el periodismo, donde surgió la etiqueta de “argentinización” para definirlo (Dellatorre, 2006; Pagni, 2007). En su edición de agosto de 2007, la revista Mercado se preguntaba por la existencia de un nuevo empresariado nacional. Allí se destacaba la emergencia de un conjunto de empresarios y grupos económicos locales que habían comenzado a gravitar en la Argentina de la posconvertibilidad. A los vinculados a actividades como la obra pública y los juegos de azar, Lázaro Báez y Cristóbal López, se les sumaba Eskenazi y aparecía Marcelo Mindlin como parte de Pampa Energía. Cabot y Olivera (2007), Di Matteo (2009) y Rafele y Fernández Blanco (2013) reconstruyeron parte de estas biografías y sus vínculos con los diferentes gobiernos kirchneristas.[6]
Desde la academia, este fenómeno fue abordado de forma primigenia por Azpiazu y Bonofiglio (2006b), quienes compararon la estatización de los servicios de agua y saneamiento de diferentes empresas provinciales frente a las transferencias accionarias de capitales extranjeros a locales en el servicio de distribución de electricidad. Posteriormente, Burachik (2011) abordó el proceso de “argentinización” de diferentes sectores de actividad durante la posconvertibilidad afirmando que estuvo explicado esencialmente por el repliegue de las inversiones de capital extranjero que se habían expandido en los albores de la globalización. Además, para el autor existe una vinculación entre “argentinización” y desinversión donde el ingreso del capital local no juega un papel dinámico en el proceso de acumulación. Rabinovich (2019a) llegó a una conclusión similar al estudiar el surgimiento de nuevos grupos económicos bajo el marco teórico de los Ámbitos Privilegiados de Acumulación (APA) elaborado por Castellani (2009), señalando que estas organizaciones se han insertado en sectores de bajo valor agregado y no han mostrado capacidad para constituir una fracción de la burguesía capaz de conducir un proyecto de desarrollo.[7]
En Navarro Rocha (2019, 2020a, 2021a) se llevó adelante un estudio de caso sobre uno de los principales emergentes de este proceso, el grupo Pampa Energía. Sus aportes destacan cómo el grupo se insertó en la actividad eléctrica a partir de la búsqueda de sectores monopólicos o que presentaran barreras de entrada y su vinculación con lógicas de acumulación financiera. A su vez, si bien se señaló al mercado eléctrico como uno de los epicentros desde donde surgió parte de la renovación de la elite empresarial argentina durante la posconvertibilidad, la temática tendió a quedar mayormente inexplorada.
Esto tampoco fue abordado por la literatura sobre el sector energético pese a la copiosa producción bibliográfica generada. En primer lugar, esta se orientó hacia el estudio de las marchas y contramarchas de la política energética durante 2003-2015 destacando las tensiones acumuladas en el periodo en los diferentes segmentos petrolero, gasífero y eléctrico y la necesidad de una planificación energética que permita inversiones de largo plazo consistentes con una macroeconomía estable y sin generar impactos recesivos (Ceppi, 2017; Gadano, 2014; Kozulj, 2015; Margulis et al., 2011). En segundo lugar, se indagó acerca del funcionamiento del mercado hidrocarburífero, cuestionando cómo la consolidación del oligopolio energético producto de las reformas de la década de 1990 fue incapaz de sostener el ritmo de extracción necesario para abastecer a la demanda local generando crecientes niveles de importaciones con un elevado impacto en el sector externo (Barrera, 2021; Goldstein et al., 2016; Serrani y Barrera, 2018). En tercer lugar, autores vinculados principalmente al think tank Fundación de Investigaciones Económicas Latinoamericanas (FIEL) analizaron la baja incidencia distributiva y el sesgo pro-hogares medios y medios altos de los subsidios residenciales de energía eléctrica (Cont et al., 2021; Hancevic et al., 2016; Navajas, 2015; Urbiztondo, 2016).
La victoria electoral de Mauricio Macri en diciembre de 2015 produjo cambios significativos en el funcionamiento del sector energético que fueron abordados bajo diferentes aspectos por la literatura. Castellani y Motta (2020) dieron cuenta de la exposición a los conflictos de interés y la captura de la decisión pública por parte de las elites económicas en el Ministerio de Energía en 2018. Arceo (2018) y Serrani (2020) analizaron el carácter regresivo de las modificaciones tarifarias en la cadena de gas natural. Finalmente, Cantamutto y López (2019), Cassini et al. (2021) y García Zanotti y Schorr (2022) estudiaron cómo la política económica del gobierno de Cambiemos benefició, entre otras, a la fracción del bloque de poder vinculada al sector energético.
En efecto, la revisión bibliográfica arroja un conjunto de dimensiones no examinadas. Si bien los trabajos sobre cúpula empresarial dieron cuenta de la aparición de un conjunto de nuevos grupos económicos a partir de sus crecientes niveles de ventas anuales, se encuentra ausente un análisis sobre el surgimiento y derrotero posterior de estos actores, incorporando como variables de análisis los procesos de elaboración e implementación de sus estrategias empresariales, o, dicho de otra manera, las concepciones de control –entendimientos socialmente construidos– que orientaron la acción empresaria. Por otra parte, también ha estado ausente del análisis la vinculación entre el accionar de estas organizaciones, la orientación de la intervención estatal y los modelos de regulación energética implementados. Es decir, la cuestión en torno a cómo los grupos económicos reaccionaron ante cambios políticos, macroeconómicos e institucionales, qué respuestas ofrecieron, así como qué acciones promovieron sobre el Estado. Por último, la vacancia señalada reactualiza la necesidad de preguntarse sobre los grupos económicos, sus éxitos y fracasos, los resultados y consecuencias de sus acciones tanto a nivel de la cúpula empresarial como del mercado eléctrico. En resumen, la temática tendió a quedar mayormente inexplorada, su alcance fue de carácter exploratorio, o se abordó privilegiando un enfoque cuantitativo a partir de balances contables o información secundaria (memorias empresariales y prensa). Además, salvo excepciones, no se destacan trabajos que vinculen a la literatura sobre empresas y empresarios con aquella especializada en el sector energético.
En este sentido, las preguntas de investigación que guían la tesis son: ¿cómo se gestaron e implementaron las estrategias empresariales de los grupos económicos del sector eléctrico en relación con los cambios macroeconómicos, institucionales y regulatorios entre 2003 y 2019? ¿Qué resultados produjeron las estrategias tanto en el desempeño económico de los grupos como en el mercado eléctrico?
El objetivo general es analizar el proceso de gestación e implementación de las estrategias empresariales de los grupos económicos del sector eléctrico en relación con los cambios macroeconómicos, institucionales y regulatorios entre 2003 y 2019.
Los objetivos específicos son:
- Indagar en las concepciones de control de directivos y accionistas que dan soporte a las estrategias corporativas que se llevan adelante.
- Analizar las características asumidas por las estrategias microeconómicas –integración vertical, diversificación, especialización productiva– implementadas.
- Examinar las estrategias y recursos utilizados para intervenir en el sistema político por parte de los grupos.
- Estudiar los cambios regulatorios y su vinculación con la dinámica macroeconómica e institucional del país.
- Analizar los resultados de las estrategias implementadas tanto al nivel de los grupos como del mercado eléctrico.
El trabajo parte de las siguientes hipótesis:
- Las estrategias empresariales, tanto económicas como políticas, estuvieron mediadas por la evaluación que directivos y accionistas hicieron del contexto macroeconómico, institucional y regulatorio.
- La trayectoria y desempeño de los grupos económicos que pasaron a liderar el sector eléctrico tuvieron un carácter desigual y heterogéneo, donde las decisiones que motivaron la inversión en la actividad no siempre se cumplieron ni se mostraron efectivas para consolidar a estas organizaciones empresariales.
Para poder llevar adelante los objetivos planteados, esta tesis va a partir de un enfoque conceptual que abreva en la nueva sociología económica, con aportes de la sociología del desarrollo y la economía política.
Esta perspectiva cuestiona la mirada que desde la economía se tiene sobre el surgimiento y expansión de los grupos económicos, en tanto para estas teorías, el entorno aparece solamente como un factor restrictivo de fondo. La nueva sociología económica enfatiza, por el contrario, la imprecisión de la relación entre las acciones de las empresas y sus resultados, en los términos propuestos por los modelos económicos, donde la misma se presenta como automática e instantánea (Beckert, 2003, 2016; Burt, 1995; DiMaggio y Powell, 1983; Dobbin, 1994; Fligstein, 1990, 2002; Granovetter, 2010, 2017; Swedberg, 2021; Swedberg y Smelser, 2005). Se vuelve necesario, por ende, indagar acerca de la estructura del campo económico, la posición ocupada en el mismo por las diferentes firmas y conglomerados empresarios y las disputas entre las mismas dentro de este espacio de relaciones de poder, que terminan constituyendo ciertas regularidades y reglas de juego específicas. En este sentido, Granovetter (1985) sostuvo que es preciso entender la acción económica como enraizada en una profusa red de relaciones sociales, buscando con el concepto de embeddedness, evitar tanto aquella mirada infrasocializada de la acción como aquella de tipo sobresocializada, correspondiendo la primera al marco teórico de la teoría económica neoclásica o de los costos de transacción, y la segunda a la sociología estructural-funcionalista. Los autores englobados bajo la nueva sociología económica remarcan la dimensión política en la construcción de los mercados y las estructuras sociales existentes detrás de la competencia y el intercambio (Lorenc Valcarce, 2012).
Se busca reponer por un lado, los efectos del accionar estatal sobre las estrategias empresariales, considerando cómo este contribuye a crear y recrear los mercados de forma permanente, inhibiendo o favoreciendo, de forma intencional pero a veces también involuntaria, a ciertas empresas en detrimento de otras (Dobbin, 1994; Schneider, 2010). Por otro, incorporar una dimensión interna de las propias empresas vinculada a quién controla la organización, cómo se organiza y cómo se analizan las diferentes situaciones a las que tiene que hacer frente (Whitley, 2004). En su estudio sobre las grandes empresas norteamericanas a lo largo de la historia, Fligstein (1990) sostiene que las estrategias que las mismas fueron adoptando están vinculadas a las concepciones de control que directivos y empresarios fueron elaborando para enfrentar diferentes situaciones y problemas. Los cursos de acción desplegados fueron considerados exitosos en tanto y en cuanto les permitía a las empresas sobrevivir y crecer.
Finalmente, la nueva sociología económica también cuestiona el modelo de acción de la economía neoclásica donde los actores están provistos de información completa, bajo competencia perfecta y cálculo racional. Para Beckert (2003, 2016), la complejidad y la aparición de eventos novedosos significa la introducción de la incertidumbre, volviendo imposible la selección entre opciones óptimas. Frente a esto, la propuesta del autor es considerar a la acción como intencionalmente racional, es decir mediada por procesos de interpretación compartidos intersubjetivamente.
La estrategia metodológica empleada combina técnicas propias del paradigma cualitativo (entrevistas y análisis bibliográfico y documental), junto a técnicas provenientes de la estadística descriptiva, de acuerdo con las características de cada uno de los objetivos planteados.
Para el estudio de las estrategias empresariales y las concepciones de control se elaboró una muestra no representativa que incluye a los grupos económicos Pampa Energía, Sociedad Argentina de Energía (Sadesa), Genneia y Albanesi y Electroingeniería, así como al conjunto de las empresas que los mismos controlan. La elección de estos grupos responde a que se trata de firmas líderes en el mercado eléctrico y controladas por capitales nacionales. Se efectuaron entrevistas a directivos y accionistas de los grupos para posteriormente, realizar un relevamiento de documentos elaborados por las propias entidades empresariales (memorias, anuarios, brochures), así como de información en medios de comunicación de alcance nacional (Ámbito Financiero, Clarín, El Cronista Comercial, La Nación, Página/12, Perfil) y prensa especializada (Revista Mercado, Revista Prensa Económica y Revista Apertura).
El análisis de los cambios en el modelo de regulación energética se abordó mediante análisis de documentos provenientes de las resoluciones dictadas por la Secretaría de Energía, la Compañía Administradora del Mercado Mayorista Eléctrico (Cammesa) y el Ente Nacional Regulador de la Electricidad (ENRE), relevamiento de fuentes periodísticas especializadas (Revista Petrotecnia, Revista Petroquímica y Econojournal) en el sector energético y entrevistas a exfuncionarios del área. Se realizaron en total ocho entrevistas a exfuncionarios entre los que se encuentran ministros, secretarios, subsecretarios y presidente del Ente Nacional Regulador de la Electricidad (ENRE). Las mismas fueron de carácter semiestructurado y se desarrollaron bajo modalidades presencial, telefónica y virtual. Esto se complementó con el relevamiento de estadísticas elaboradas por la Secretaría de Energía que permitió analizar la evolución de precios y tarifas.
El estudio sobre el desempeño empresario se realizó a partir de un relevamiento estadístico de los balances publicados en la CNV y la Securities and Exchange Commission (SEC). Se llevó adelante indagando en torno a la evolución de ventas y utilidades, participación en el mercado, así como la elaboración de indicadores para medir rentabilidad, endeudamiento y solvencia.
La tesis se estructura de la siguiente manera: en el capítulo 1 se abordan los principales conceptos de la perspectiva con la cual se llevará adelante la tesis. Se recuperan los aportes de la nueva sociología económica, la sociología del desarrollo y la economía política en discusión con la teoría neoclásica, el evolucionismo y el neoinstitucionalismo. Se presentan los principales antecedentes en el campo de estudios sobre Estado, empresas y empresarios, la pregunta problema y se da cuenta de la perspectiva metodológica que guía la investigación.
En el capítulo 2 se lleva adelante una historización del mercado eléctrico argentino en el largo plazo. Se analizan los cambios regulatorios del sector desde su conformación a finales del siglo XIX hasta el proceso de privatización y desregulación durante la convertibilidad. Esto permite introducir las principales cuestiones técnicas y de funcionamiento.[8] Se trabaja desde una perspectiva que combina el examen de las modalidades de intervención estatal, el vínculo con los actores empresariales tanto locales como extranjeros y las modificaciones regulatorias suscitadas.
El capítulo 3 se propone como objetivo dar cuenta de los modelos de regulación implementados entre 2003 y 2019, ofreciendo una periodización de estos que posteriormente será retomada al analizar la trayectoria de los grupos económicos. Se trata de un análisis que da cuenta de la hechura de la política energética, los objetivos propuestos por los diferentes gobiernos, las modalidades de inversión implementadas, los mecanismos para la determinación de precios y tarifas, así como sus principales beneficiarios y consecuencias.
Los capítulos siguientes analizan las estrategias empresariales y los resultados de los grupos bajo estudio. En el capítulo 4 se da cuenta del proceso de ingreso de estas organizaciones a la actividad eléctrica a partir del retiro de los principales operadores extranjeros, la lectura sobre la situación del sector realizada por los directivos y accionistas y las características de las estrategias implementadas entre los años 2003-2011. En este apartado se analiza la heterogeneidad de las trayectorias y se identifican tres tipos de grupos económicos: orgánicos, de portafolio y políticamente inducidos.
El capítulo 5 estudia los cambios suscitados en el periodo 2011-2015 a partir de indagar cómo los grupos económicos debieron hacer frente a las modificaciones suscitadas tras la pérdida de centralidad del Ministerio de Planificación en la política energética y su traslado hacia el Ministerio de Economía bajo la gestión de Axel Kicillof. Se estudia el proceso de reorientación de las estrategias empresariales, la confrontación pública con el gobierno, en particular por el tema tarifario y los esquemas de retribución en el sector de generación, así como los resultados de los cursos de acción desplegados.
El último capítulo de este trabajo indaga en los impactos del nuevo modelo regulatorio implementado durante el gobierno de Cambiemos (2015-2019) tanto en relación con las estrategias como en los resultados de los grupos económicos. Se analiza cómo las estrategias empresariales microeconómicas se focalizaron en llevar adelante una integración vertical hacia arriba de la cadena energética y en la participación en las oportunidades de negocios brindadas por las licitaciones para energías renovables bajo esquemas PPA (Power Purchase Agreement), mientras las estrategias políticas estuvieron caracterizadas por el crecimiento de vínculos y articulaciones público-privadas. También se analiza cómo las características de cada tipo de grupo y sus concepciones de control moldearon cursos de acción posibles, limitando otros y dando como resultados una diversa realidad donde mientras Pampa Energía, Sadesa, Genneia y Albanesi se consolidaban con suerte desigual entre las grandes empresas del país, Electroingeniería veía extremadamente condicionada su continuidad empresarial.
Finalmente, en las conclusiones del trabajo se retoman las principales inquietudes y debates teóricos, los hallazgos empíricos y se presentan futuras líneas de análisis y estudio.
- La perspectiva de Guillén, resource-based view, es heredera del trabajo fundacional de Penrose (1959), quien alejándose del mainstream neoclásico buscó abrir la caja negra de la empresa. Para la autora, una firma es más que una unidad administrativa, es ante todo una colección de recursos productivos tanto físicos (planta y equipos, materias primas, recursos naturales), como humanos (personal administrativo, financiero, técnico, mano de obra cualificada y no cualificada), cuyo objetivo es aumentar los beneficios a largo plazo y por ende, garantizar el crecimiento en el largo plazo. Si bien es posible la coexistencia de otros objetivos como el prestigio o el poder, su consecución depende de la capacidad de obtener ganancias.↵
- Entre los estudios pioneros encontramos a de Ímaz (1965) y O’Donnell (1977, 1978). El primero, bajo un análisis global de las elites argentinas –económicas, sociales, políticas, eclesiásticas–, estudió tanto a propietarios como directivos de grandes empresas y grupos económicos considerando sus orígenes, posiciones ocupacionales y gravitación social y política. El segundo, partió de una mirada de clases y fracciones de clases para así interpretar la historia argentina, indagando en el carácter pendular de los ciclos político-económicos locales.↵
- Entre los antecesores de estos trabajos podemos ubicar las contribuciones de Ostiguy (1990) y Schvarzer (1978, 1995), quienes ampliaron el análisis hacia el vínculo entre los grupos económicos y el Estado incorporando como variable el rol de los empresarios en la esfera política, así como la relación entre estos grupos, sus formas de propiedad, dirección y lógica operativa.↵
- La historia económica también indagó sobre los grupos económicos bajo una perspectiva de largo plazo enfocada sobre todo en estudios de caso como Aluar (Rougier, 2011), SIAM (Rougier y Schvarzer, 2006), Arcor (Barbero, 2003; Kosacoff et al., 2007), Techint (Castro, 2008) o Fabril Financiera (Belini y Badoza, 2019).↵
- Estas condiciones cambiantes también se tradujeron en el declive de directorios cruzados entre grandes empresas y la fragmentación de vínculos informales para coordinar actividades, construir confianza y reciprocidad (Lluch y Salvaj, 2014).↵
- Estos trabajos se encuadran en una tradición periodística que ha investigado sobre grandes empresarios y poder económico durante las últimas décadas entre los que se destacan Barcia y Ivancich (1991), Majul (1995), Naishtat y Maas (2000) y Verbitsky (1993).↵
- Esta mayor presencia de capitales locales frente a la desnacionalización ocurrida durante la posconvertibilidad también fue detectada en el sector bancarios por Etchemendy y Puente (2017), quienes efectúan un estudio comparativo entre Argentina, México y Brasil.↵
- Como destacan Van de Graaf et al.(2016), los estudios sobre el sector energético han estado dominados preferentemente por las ciencias naturales y en menor medida la economía, sin mucho espacio para otras disciplinas dentro de las ciencias sociales. Esto se debe, entre otros factores, a las grandes barreras de entrada que suponen los conocimientos técnicos y tecnológicos. Como consecuencia, “la investigación energética se centra exclusivamente en soluciones técnicas, sin tener debidamente en cuenta la toma de decisiones políticas y las consecuencias distributivas asociadas a las tecnologías energéticas. a omisión de variables sociales, políticas y de comportamiento crea así importantes ‘puntos ciegos’ en la investigación sobre política energética” (Van de Graaf et al., 2016, p. 5, traducción propia).↵






