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Prólogo

Cartografías de un pensamiento en marcha

El presente volumen, Exploraciones posthumanas II, prolonga un itinerario iniciado en 2024. Lo hace, no obstante, con la conciencia de que las preguntas que allí se mostraban no admiten clausura. Lejos de aspirar a un cierre sistemático, este segundo trayecto asume su condición de tentativa, cuyo contorno sigue sin estabilizarse. Si el primer volumen recorrió un arco que iba del algoritmo al robot plantoide, este otro se interna en territorios donde la pregunta por lo humano se enreda con la guerra, el residuo, la planta, el cuerpo en danza, la vida que el bioarte hace visible, el sujeto del psicoanálisis lacaniano y, sobre todo, la propia autocrítica del campo posthumanista respecto de sus modos de problematización.

Conviene una breve presentación de quienes sostienen este proyecto. El Grupo de Posthumanismo Crítico Latinoamericano nació como una comunidad de trabajo intelectual que reúne a filósofas y filósofos dispersos por distintos puntos del continente con un interés compartido por el campo de tensiones entre las herencias humanistas y las perspectivas que las interrogan desde sus márgenes. No se trata de una escuela con doctrina común ni de una red articulada por un consenso teórico. Vale la pena precisar este punto, porque la academia ha difundido la tendencia de leer toda colaboración entre filósofos latinoamericanos como expresión de una identidad regional preconstituida. Aquí, en cambio, hay una forma situada de pensamiento conjunto que asume diferencias geográficas, disciplinares y conceptuales como condición productiva. Algunos integrantes provienen de la filosofía social, otros de la historia, la comunicación, el psicoanálisis, los estudios de los medios, el derecho, las artes o la bioética. Esta heterogeneidad no constituye un accesorio al trabajo colectivo, sino su materia misma.

Dentro de este horizonte de provisoriedades, se afirma a modo de certeza que el posthumanismo latinoamericano debe pensarse desde la especificidad de sus territorios, de sus violencias y de sus tradiciones críticas, en lugar de cultivarse como un eco de los debates que se libran en otras latitudes. Esta segunda entrega del proyecto colectivo opera, en este sentido, como un ejercicio de fidelidad a esa convicción.

El primer volumen funcionó como una cartografía inicial. Allí, los cuatro autores fundacionales del grupo abordaron los modos en los que tópicos heterogéneos (los algoritmos y sus regímenes de verdad, la inteligencia artificial y sus desplazamientos cuasirreligiosos, la ontología de los medios y las máquinas, el estatuto del estar de las máquinas-plantas) se vieron atravesados por tendencias transformadoras que pusieron en entredicho la matriz humanista. La pregunta que entonces se planteó (si lo humano había sido superado o si, por el contrario, había logrado traducirse en estos nuevos horizontes) permanece abierta. Este segundo libro se sitúa en ese mismo umbral, aunque con el ánimo de avanzar hacia zonas menos transitadas por los discursos posthumanistas dominantes. No repite un programa. Se deja interpelar por nuevos problemas, autores y perspectivas.

Una novedad del presente libro es la incorporación de nuevas voces que enriquecen de modo notable el horizonte del grupo. Cada uno de los textos incluidos en este volumen introduce miradas que el primer libro no había podido (ni pretendido) explorar. El psicoanálisis lacaniano leído desde su potencial posthumano, el bioarte como laboratorio conceptual donde la vida se vuelve materia de experimentación estética, la escena del techno como escritura colectiva del holobionte, junto con otras intervenciones cuyo despliegue expande el alcance del proyecto sin desdibujar su impulso originario.

Varios rasgos atraviesan los temas que reúne este libro. Para comenzar, un rechazo deliberado a toda versión celebratoria o ingenua del posthumanismo. Cada capítulo, a su modo, asume la autocrítica como parte constitutiva del trabajo filosófico, frente a la tentación, frecuente en cierta literatura del campo, de leer las transformaciones contemporáneas como un horizonte de emancipación que se cumple por sí mismo. Hay, además, una insistencia en la materialidad. Ya se trate de minerales, residuos, cuerpos en baile, plantas, células bioartísticas o armas teledirigidas, la pregunta por lo posthumano se anuda siempre a lo que tiene peso, textura y consecuencia. Todo esto, dentro de una clara voluntad de no quedar atrapado en las coordenadas que el debate internacional ha cristalizado. El grupo se reconoce como latinoamericano no por una identidad esencializada, sino porque ciertos problemas (el extractivismo, la basura, la guerra mediatizada, el bosque como mediación, las violencias coloniales sedimentadas en las cosas) interpelan de un modo particular a quienes piensan desde estas geografías.

Más allá de todas estas vicisitudes, una cosa queda clara: la exploración continúa.



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