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1 El movimiento feminista

Breve genealogía de las demandas de las mujeres

María Malena Lenta, Graciela Zaldúa y Roxana Longo

En la actualidad, la participación de las mujeres en la escena política de los diferentes países da cuenta del surgimiento de una nueva oleada de luchas feministas que revoluciona tanto las agendas políticas como la vida cotidiana y recoge la experiencia de otros momentos históricos en donde las mujeres, agenciadas en sus reivindicaciones contra la explotación y la opresión, la subordinación y la discriminación de género, lograron grandes conquistas en el camino de la emancipación.

En la modernidad, antes de que “feminismo” fuera reconocido como el término que nomina a la organización colectiva de las mujeres por la demanda de sus derechos, entre finales del siglo XVIII y principios del siglo XIX, especialmente en Francia y en Inglaterra, se comenzó a gestar la idea de que las mujeres no estaban reconocidas como merecían en muchos aspectos, y que eso no era causa de ninguna cuestión natural sino de un limitado acceso a la educación y a otros espacios de la vida política. Así, por ejemplo, durante el proceso de la Revolución Francesa (1789), Olimpia de Gauges (en 1791) fue la primera en cuestionar la supuesta universalidad de la bandera revolucionaria de “Libertad, igualdad, fraternidad”. Ella reclamó entonces el reconocimiento de la declaración universal de los derechos de las ciudadanas. Reivindicaba la independencia de la mujer frente al varón, la aplicación de las mismas normas legales, la libertad de expresión y la igualdad en los derechos económicos. Por sus ideales, en 1793 fue guillotinada.

En Inglaterra, Mary Wollstonecraft fue autora de una de las obras que se consideran pioneras del feminismo: La vindicación de los derechos de la mujer (1792). Allí reclamaba derechos económicos y políticos para las mujeres, la independencia de la mujer frente a los varones, el acceso igualitario de las mujeres a la educación; además cuestionaba el supuesto “naturalismo” que justificaba la subordinación de las mujeres al mundo de lo masculino. Sin embargo, fue Flora Tristán, mujer trabajadora, hija de un aristócrata y militar peruano y una joven francesa, la que enunció por primera vez la importancia de vincular la lucha por la emancipación de las mujeres con la lucha proletaria contra la explotación. Luego de trabajar en una fábrica textil y ser obligada a casarse con su dueño, quien la violentaba brutalmente, huyó al Perú. En su regreso a Francia en 1834, emprendió una campaña en defensa de los derechos de las mujeres ‒que eran la gran mayoría entre los trabajadores fabriles en París‒ y de los trabajadores, y se proclamó en contra de la pena de muerte. Fue la primera feminista y socialista que enunció la importancia de la organización internacional de las mujeres para terminar con la opresión y la unidad junto con los trabajadores, para combatir la explotación capitalista.

Sin embargo, recién a fines del siglo XIX las mujeres se constituyeron en un movimiento social a gran escala. La pelea por el sufragio universal, pero también por la igualdad de derechos en el trabajo, la participación en los sindicatos, en la educación, etcétera, fueron las reivindicaciones por las que salieron a la calle las mujeres en todo el mundo.

En 1910, en la Segunda Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas en Copenhague, Clara Zetkin y Kate Duncke propusieron celebrar el Día Internacional de las Mujeres. Lo hicieron en medio de grandes luchas contra la discriminación laboral, por el reclamo de protección de las trabajadoras madres y por el derecho al voto femenino, lo que consagró a la primera gran oleada del movimiento feminista. En Argentina, muchas de sus contemporáneas, tales como Virginia Bolten en las fábricas o Carolina Muzilli y Julieta Lanteri en la universidad, impulsaron los procesos de organización y emancipación de las mujeres. A principios del siglo XX encontramos huelgas importantes de establecimientos de composición obrera femenina, como por ejemplo, la huelga de las fosforeras (Coledesky, 2000). En Buenos Aires y Rosario las mujeres libertarias publicaban los primeros folletos, entre ellos “La Voz de la Mujer”, desde donde se convoca a mujeres a reflexionar sobre su propia situación y se las llama a organizarse. También en 1910, estas mujeres realizaron el primer congreso femenino internacional en Buenos Aires, que tuvo mucho éxito y reunió a mujeres de diversos países. Entre otras cosas, plantearon mejoras en las condiciones de trabajo de mujeres y niños y niñas, igualdad de salario para las trabajadoras, igualdad civil de las mujeres casadas, reforma del sistema educativo y la ley de divorcio.

En 1917, mientras las mujeres trabajadoras desencadenaban la Revolución Rusa al reclamar paz, pan y trabajo en el día de la mujer (conmemorado en febrero) y conseguían al poco tiempo el derecho al aborto legal y al divorcio en el fulgor de la revolución, en Argentina resultó destacable la movilización de los trabajadores ferroviarios durante la primera huelga general de ese sector en la historia del país. Su eficacia no estribaba solo en la precocidad y solidez de las organizaciones sindicales masculinas: el éxito en la organización de la protesta debía mucho a la sostenida acción colectiva de las mujeres y las familias ferroviarias en su conjunto. La gran huelga ferroviaria fue una empresa familiar. Las mujeres acudieron a las asambleas en las que se debatía el curso del conflicto y la suerte de la legislación laboral y social de los ferroviarios. Ellas oficiaron como oradoras en mítines y conferencias, asistieron a las manifestaciones públicas y hasta tomaron la iniciativa para realizar demostraciones en apoyo a la huelga. También se organizaron para abogar por la libertad de los detenidos, y algunas de ellas agitaron la causa de sus familiares varones escribiendo cartas en la prensa obrera (Aldonate, 2015).

En esta historia de participación de las mujeres en la lucha política argentina, entre 1936 y 1943, las costureras tucumanas se organizaron en un sindicato y llevaron adelante una serie de huelgas para defender sus intereses.

En las décadas de 1960 y 1970, después de la segunda posguerra y el baby boom, mientras se desarrollaba la revolución sexual, la lucha contra la discriminación racial, los procesos de descolonización de Asia y África y la lucha de obreros y estudiantes, las mujeres volvieron a salir a la escena en la mayoría de los países del mundo. Bajo la consigna de que “lo personal es político”, lograron grandes conquistas, especialmente en los países centrales, como el derecho al divorcio y el aborto voluntario, conquista de autonomía aún pendiente en los países más pobres y desiguales del mundo, que en esas épocas se encontraban bajo dictaduras militares.

En Argentina, las mujeres abrieron una brecha que retomarán en una lucha por la vida, por la libertad y por el amor: las Madres de Plaza de Mayo. Las Madres comenzaron a reunirse en la Plaza de Mayo desde el dolor y la rebeldía para no soportar pasivamente la desaparición de sus hijos (Jelin, 1987). Estas mujeres, perdiendo el temor de ocupar el espacio público, se hicieron con el desafío de instaurar una lucha desde el lugar físico de la política que, con el transcurso de los años, tomó carácter colectivo, cuestionando lo instituido con formas simbólicas innovadoras y creativas.

La década de 1980 en América Latina fue el momento crucial para la consolidación del movimiento de mujeres y del feminismo. Muchas mujeres que ya venían luchando comenzaron a ser protagonistas de espacios de resistencia y denuncia de las dictaduras en la región. Asimismo, es importante destacar una de las instancias más importantes de Argentina promovidas por el movimiento de mujeres: los Encuentros Nacionales de Mujeres que se llevan a cabo ininterrumpidamente desde 1985. Miles de mujeres se dan cita durante tres días cada año en un espacio propio para debatir sobre una multiplicidad de temas, con la dinámica de talleres horizontales —sin disertaciones magistrales o de especialistas— tales como desempleo, sindicalismo, tercera edad, globalización, medio ambiente, sexualidad, aborto, lesbianismo, por mencionar solo algunos pocos tópicos. Estos encuentros, que comenzaron por iniciativa de algunas feministas a partir de la experiencia en el III Encuentro Feminista Latinoamericano, realizado en Bertioga, Brasil (1985), y de la asistencia a la III Conferencia Internacional de la Mujer, organizada por Naciones Unidas en Nairobi (1985), son únicos en el mundo y se caracterizan por ser autónomos, autoconvocados y autofinanciados (Alma y Lorenzo, 2009).

La experiencia de los Encuentros Nacionales de Mujeres en Argentina, por su continuidad histórica y también por el número importante de mujeres diversas que reúnen año tras año, es un acontecimiento destacado. Esta experiencia favorece procesos de encuentro, intercambios, construcción de redes, incorporación en la militancia de mujeres (de manera significativa en los últimos años de mujeres jóvenes), y acuerdos de agendas comunes para el movimiento de mujeres.

Otro de los aspectos importantes del movimiento de mujeres y del feminismo fue no solo cuestionar las formas tradicionales de hacer política y de impugnar el poder, sino dar lugar a una profunda innovación epistemológica en el terreno de los paradigmas de la ciencia. Los estudios académicos de género en América Latina abarcan una gama de objetos y campos disciplinares que denotan una riqueza de la producción intelectual (Breilh, 2001), y también un importante compromiso ético que posibilitó en algunos casos un diálogo entre profesionales feministas y mujeres pertenecientes a movimientos sociales.

En este marco, la nueva oleada de movilizaciones de mujeres que fue iniciada en 2015 con el reclamo de #NiUnaMenos, que alcanzó una escala global y que fue incorporando otras demandas, como el fin de la discriminación laboral de las mujeres, el repudio a los acosos y abusos a través del lema #MeToo (yo también) y la lucha por el aborto legal, encuentra a las mujeres ante nuevos desafíos. En la declaración sobre el primer paro internacional de mujeres realizado en 2017, las feministas norteamericanas Alcoff, Arruzza, Batthachayra, Fraser et al. señalaron:

El tipo de feminismo que preconizamos ya emerge a escala internacional, en luchas que se libran en todo el mundo: desde la huelga de mujeres en Polonia contra la prohibición del aborto hasta las huelgas y manifestaciones de mujeres en América Latina contra la violencia machista; desde la gran manifestación de mujeres del pasado noviembre en Italia hasta las protestas y la huelga de mujeres en defensa de los derechos reproductivos en Corea del Sur e Irlanda. Lo que llama la atención de estas movilizaciones es que varias de ellas combinaban la lucha contra la violencia machista con la oposición a la precarización del trabajo y la desigualdad salarial, denunciando asimismo la homofobia, la transfobia y las políticas de inmigración xenófobas. En conjunto, anuncian un nuevo movimiento feminista internacional con un programa ampliado: antirracista, antiimperialista, antiheterosexista y antineoliberal al mismo tiempo.

En esta genealogía se enlaza el proceso de investigación e intervención que hemos desarrollado con trabajadoras de la salud, operadoras comunitarias de diversos dispositivos que abordan la problemática de violencia hacia las mujeres y trabajadoras ferroviarias. En los diferentes espacios y experiencias a los que nos acercamos, el proceso dialéctico entre la participación social como colectivo de mujeres y el reconocimiento intersubjetivo, comunitario y político fue un aspecto central para la interpelación de las biografías singulares y los proyectos colectivos que aportan saberes y desafíos a la historia viva del movimiento de mujeres.



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