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Conclusiones

Como se ha mencionado en la introducción, el papel moneda, a pesar de ser un objeto de uso cotidiano y aparentemente simple, tiene una riqueza iconográfica que lo ha convertido en un texto complejo para el análisis, imposible de agotar en esta tesis. Durante el desarrollo de este trabajo, hemos encontrado limitaciones relacionadas con esa complejidad, tales como manejar el enfoque multidisciplinar para pensar el objeto. Se ha necesitado un mar de teorías, corrientes y disciplinas dentro de las ciencias sociales y humanas, pero con la posibilidad de sumergirse en tan solo medio metro de profundidad. En relación con ese punto, reconocemos además las limitaciones eruditas con las que nos enfrentamos en el momento de abordar con responsabilidad conceptos tan trabajados en la bibliografía preexistente, como lo son la memoria y la identidad. Y de qué manera se pueden relacionar esas nociones con la iconografía de los billetes que circulan día a día.

Es por eso que hemos entendido al papel moneda como un dispositivo de enunciación: es una materialidad de producción sígnica, un lugar o un paquete de sentido, que se articula con las prácticas sociales de circulación. El billete es un punto de partida, un texto, un fragmento posible de ser analizado para intentar reconstruir procesos de producción de sentido, que se relacionan con modos de enunciar la memoria, la historia y la identidad. La cantidad de elementos que aparecen en los billetes y la complejidad discursiva de estos textos resultan un mundo difícil de organizar. A lo largo de este trabajo, se han podido describir algunos patrones composicionales, retóricos y temáticos que sintetizan tres estrategias distintas según cada serie emitida y seleccionada para esta tesis.

En cuanto a los aspectos composicionales y retóricos, la línea Pesos convertibles presenta un modelo tríptico que se repite en los anversos de cada papel, de acuerdo con la distribución de los elementos. Los retratos de los próceres aparecen siempre acompañados por fragmentos de textos manuscritos a la derecha y por imágenes que remiten a pinturas históricas a la izquierda. Los reversos muestran lugares, productos y objetos que remiten a alguna acción liderada por el protagonista del anverso del billete. En cambio, la línea Tenemos patria presenta un modelo díptico, con predomino del estilo collage, de acuerdo con la distribución yuxtapuesta de los elementos, es decir, las figuras aparecen encimadas o amontonadas a lo largo de la serie. Los monumentos, objetos y lugares de los reversos también remiten a alguna acción del protagonista del anverso, pero además la engrandecen y celebran. Finalmente, la serie Animales autóctonos presenta un modelo distinto de todos los anteriores en la historia del papel moneda argentino: por primera vez, el diseño de los anversos se exhibe de manera vertical. Esta característica se asemeja por el tipo de composición a las pantallas de teléfonos celulares inteligentes. También por primera vez en la historia del papel moneda que circula oficial y nacionalmente aparecen imágenes de animales en primer plano de los anversos. Y los reversos muestran paisajes del territorio argentino, que son recreaciones de los hábitats donde suelen desarrollarse los animales.

A partir de la indagación en el origen genérico/estilístico de los elementos de los billetes, podemos concluir que en la serie Pesos convertibles se acude principalmente a herramientas propias de la Historia (documentos como testamentos, cartas y libros; descripciones en tercera persona). Y de manera solapada, también se acude a la memoria (a través de imágenes tales como pinturas históricas celebratorias) para legitimar los sentidos que se vehiculizan. En tanto, en la serie Tenemos patria predominan herramientas de la memoria (monumentos, letras de canciones, esculturas y testimonios en primera persona). Finalmente, en la serie Animales autóctonos predomina la fotografía documental como texto fuente de las imágenes de los anversos de estos billetes. Y en los reversos se presentan recreaciones del hábitat de los animales, tomando como fuente fotografías de paisajes. Al recurrir además a videos que narran el proceso actual de diseño computarizado, se construye un efecto de transparencia y verosimilitud.

En cuanto a los aspectos temáticos, en la línea Pesos convertibles es posible inferir la configuración del Estado nación, la dicotomía Civilización vs. Barbarie, el imaginario de la “Patria chica” y el centralismo porteño. Por otra parte, los aspectos temáticos de la línea Tenemos patria remiten al latinoamericanismo, al imaginario de la “Patria grande” y la defensa de la soberanía. En el caso del billete de 100 pesos con la imagen de Evita se agregan rasgos de misticismo, santidad, eternidad y amor maternal, que se transforma en amor por el pueblo. Finalmente en la serie Animales autóctonos, se destaca la configuración del patrimonio natural, el regreso a la naturaleza, el cuidado del medioambiente y la inocencia de la niñez.

Al analizar las condiciones de producción de cada serie, puestas en relación con los diseños de los billetes, fue posible detectar huellas dejadas por cada administración. En el caso de los Pesos convertibles, esto se expresa de manera más evidente a través del billete de 20 pesos con la imagen de Rosas. Como fue detallado en el capítulo 4, en octubre de 1989, el por entonces presidente Carlos Menem desarrolló diversas acciones con el objetivo de transmitir la necesidad de una reconciliación nacional entre sectores de la sociedad enfrentados durante los últimos años. En este sentido, la resignificación del denominado Restaurador de las leyes iba de la mano con el plan del presidente de la década de 1990, quien pretendía una pacificación o unión social basada en la reconciliación, indulto y olvido de los delitos de lesa humanidad sucedidos durante la segunda mitad del siglo XX en el país.

Por otra parte, en la serie Tenemos patria, el caso más significativo que deja una huella de la administración política, se da con el billete de María Eva Duarte. Durante la inauguración de este papel en 2012, la ex presidenta Cristina Fernández se refería a Evita como alguien inolvidable e inmortal, entre otras características. Género, justicia, inclusión social, liderazgo, presidencialismo, populismo, protección maternal y hasta algunos ribetes de mitología grecorromana con el “eterno retorno” del referente y líder paternal fueron algunos de los tópicos que se colaron en esa presentación de julio de 2012 y que subyacen la iconografía de este billete emblemático de la serie.

Finalmente, en el caso de la serie Animales autóctonos, la huella del Ejecutivo está dada a través de la ausencia de personalidades en los anversos y mediante el metadiscurso de estos billetes (los videos producidos por el B.C.R.A.). No hay lugar para relatos o gestas históricas en el estado de naturaleza; se propone volver a las raíces a través del territorio, comenzar de cero, repartir y dar de nuevo. Reconstruir la sociedad pensando en que todos los argentinos parten del mismo lugar, volver a unir el territorio (negando las grietas), construir un nuevo contrato y mirar hacia delante. Al mismo tiempo se borran las huellas de los líderes de la iconografía y se les da una sepultura simbólica a los héroes de la independencia, a los hacedores del Estado, a los caídos en Malvinas y también al Peronismo como colectivo que engloba a todo y a cualquier militante político en el país.

Como fue mencionado en el último capítulo, la configuración del Estado nación, con sus dicotomías (civilización/barbarie; centralismo/federalismo) guarda relación con la construcción del imaginario de un pasado en común, a través de herramientas propias de la Historia (documentos, discursos institucionalizados) y de la memoria (pinturas históricas y monumentos). La configuración de la patria, por otra parte, no disimula su apelación a la memoria. Se recurre a declaraciones de patrimonio, celebraciones, conmemoraciones, letras de canciones, personajes de los cuales no hay evidencia histórica al 100% (como el caso de Antonio el gaucho Rivero) y hasta un monumento del imperio romano para celebrar el amor maternal.

Finalmente, la configuración del liderazgo (entre líderes racionales/carismáticos y vivos/muertos) nos ayudó a indagar en las diferentes identidades que se movilizan simbólicamente, de manera entrecruzada y antagónica en la iconografía de los billetes. Se han rescatado rasgos de líderes carismáticos, que hablan de una posible forma del ser nacional: apasionado, sacrificado, aguerrido, comprometido con causas que lo exceden, militante eterno, provocador de todo tipo de emociones, único, irrepetible, ¿real o ideal?. También se han rescatado rasgos de líderes racionales, que hablan de otra posible forma del ser nacional: en principio racional, medido, prudente, respetuoso del orden y de las instituciones, provocador no de emociones, sino de “cuestionamientos” o “revisionismos” (por ejemplo, a Evita se la ama o se la odia; a Roca se lo discute o se lo cuestiona), un tipo de ser posiblemente real.

Con la serie Animales autóctonos, se ha puesto en discusión ese lugar simbólico donde “todos los argentinos puedan sentirse representados” (según el comunicado del B.C.R.A); “somos más que hombres y mujeres, somos suelo, animales, plantas…”; “pusimos seres vivos en los billetes… que la muerte esté tranquila, que los muertos descansen en paz” son algunas de las frases que recuperamos del análisis. Aquí las identidades nacionales se diluyen porque también se diluyen los recuerdos. Habíamos dicho al comienzo que, como si fuera un gran álbum de fotos, en la historia se registran rastros de la identidad de un país. Y que, de esta manera, identidad e historia se alimentan mutuamente: se adquiere y se resignifica el conocimiento acerca de la identidad al tiempo que se conocen productos de la historia. La identidad permanece cambiando, es decir, está siempre en construcción y en reconstrucción según los momentos históricos; nunca está resuelta ni formada definitivamente como un conjunto de cualidades, valores y experiencias, sino más bien se entiende como una construcción abierta a la temporalidad y a la contingencia.

Desde ese punto de vista, sepultar a los líderes (y a sus hitos) sería enterrar la historia, enterrar la temporalidad, borrar las fotos de un álbum y comenzar a construir una identidad a modo de tábula rasa desde el presente. Pero sería una suerte de identidad con amnesia crónica, que camine ciegamente, a los tumbos o a los tropezones, experimentando todo por primera vez y sin poder articular saberes nuevos con saberes anteriores. Una identidad, si es que aún se la puede nombrar de esa manera, que está viuda de su pasado.

A partir de esta tesis y de los trabajos mencionados en la sección introductoria denominada Antecedentes, se invita a profundizar en el estudio de la iconografía de los billetes desde distintas perspectivas, temporalidades y espacialidades. Es posible ampliar el repertorio de familias o series, focalizarse en monedas metálicas, en ediciones conmemorativas o en las llamadas cuasi-monedas. Aquí se ha pensado en el papel moneda como espacio fértil de enunciación de la Historia, la memoria y la identidad. Pero también es posible analizar la iconografía en relación con alguna otra dimensión social. Dentro de las posibles líneas futuras de investigación, también se abre la puerta a estudios comparativos, por ejemplo entre monedas de diferentes países de una región durante una misma época.

En síntesis, la iconografía de la moneda, ya sea enfocada desde la Comunicación o desde otra disciplina afín, ofrece diversas oportunidades para trazar nuevas líneas y, de esta manera, colaborar con la reproducción de la investigación social.



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