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Introducción[1]

En la búsqueda de las características que diferencien los fenómenos psíquicos de los fenómenos físicos, Franz Brentano creyó haber encontrado la principal o la más incontrovertible de ellas en la intencionalidad. Generalmente se alude a este criterio como “la marca de lo mental”: un fenómeno psíquico o un estado mental es tal si y sólo si posee intencionalidad. Aunque Brentano extendía esta característica a fenómenos como los sentimientos de amor y odio, en un sentido restringido, esta diferenciación aporta lo que podríamos denominar el criterio de cognitividad, esto es, las condiciones necesarias y suficientes que debe cumplir un ente para que sea considerado cognoscitivo. Al mismo tiempo que enunciaba este criterio, Brentano se refería a la “escolástica medieval” como su antecedente, sentando las bases para que posteriormente se hable de “las teorías de la intencionalidad” de manera retrospectiva. Según esto, a todo filósofo perteneciente a la Edad Antigua o Medieval, cuya teoría del conocimiento admita algunas de las características mencionadas por Brentano, podría atribuírsele una teoría de la intencionalidad. Para conocer con más precisión cuáles son estas características conviene observar y analizar las propias palabras de Brentano:

Todo fenómeno psíquico está caracterizado por lo que los escolásticos de la Edad Media han llamado la inexistencia intencional (o mental) de un objeto, y que nosotros llamaríamos, si bien con expresiones no enteramente inequívocas, la referencia a un contenido, la dirección hacia un objeto (por el cual no hay que entender aquí una realidad), o la objetividad inmanente. (…) Esta inexistencia intencional es exclusivamente propia de los fenómenos psíquicos. Ningún fenómeno físico ofrece nada semejante. Con lo cual podemos definir los fenómenos psíquicos diciendo que son aquellos fenómenos que contienen en sí, intencionalmente, un objeto.[2]

En este breve pasaje puede observase que la propuesta de Brentano está basada en tres diferentes tesis:

  1. La direccionalidad a un objeto: Todo estado mental se dirige a un objeto que es distinto del sujeto cognoscitivo.
  2. La existencia mental: Los objetos de cognición, en la medida en que ellos son conocidos, tienen un modo de existir especial, denominada esse intentionale por los medievales.
  3. La conciencia: La intencionalidad es la propiedad distintiva de la conciencia, es decir, solo los estados de conciencia son intencionales (lo que suele denominarse la “tesis de Brentano”).[3]

En una nota al pie de página al mismo pasaje en que establece este criterio, Brentano menciona a Tomás de Aquino entre los predecesores medievales de su teoría. Esta mención tuvo como efecto el surgimiento de diferentes interpretaciones[4] que creyeron encontrar en Aquino todas o algunas de las características señaladas por Brentano. Según esto, cabría perfectamente hablar de una teoría de la intencionalidad de Aquino, colocándolo de esta manera como precedente del filósofo contemporáneo. Para fundamentar dicha tesis suele recurrirse a un pasaje de la Suma Teológica en donde el Doctor Angélico sentaría las bases de tal criterio de cognitividad:

La diferencia entre los seres que tienen conocimiento y los que no lo tienen, estriba en que estos últimos no tienen más que su propia forma, mientras que a aquellos les es connatural tener también la forma de otra cosa, pues la especie de lo conocido se encuentra en quien conoce.[5]

Para observar la relación que este pasaje posee con la intencionalidad es necesario profundizar sobre el significado de las palabras aquí contenidas. Según este pasaje para Tomás de Aquino un ente es cognoscitivo por el hecho de poseer las formas de otros entes. Se puede objetar a este criterio afirmando que existen seres carentes de conocimiento y que, sin embargo, poseen la capacidad recibir las formas de otros entes. Esto sucede, por ejemplo, cuando el aire se vuelve caliente al recibir la forma del fuego.[6] La respuesta que nos dan los intérpretes reside en un distingo enunciado por Tomás de Aquino: la forma contenida en el ente cognoscitivo tiene un modo de existencia particular, la cual es denominada por el Aquinate como “esse intentionale”. En cambio, la forma recibida en todo otro ente posee un “esse naturale”.[7] A partir de esta aclaración se precisa que el aire, siguiendo con el ejemplo, carece de conocimiento porque la forma del fuego que recibe no posee una existencia intencional, pero en el intelecto y en el sentido las formas tienen este modo de existencia y, por tanto, sí son cognoscitivos. De esta suerte observan que para Tomás de Aquino:

  1. La posesión de formas que tienen una existencia intencional es la característica distintiva de los seres que tienen algún grado de conocimiento.[8]
  2. El concepto de “existencia intencional” es sinónimo de “existencia mental”, puesto que es el modo de existir que tienen los objetos en los seres cognoscitivos.[9]
  3. El concepto intentio, como el mismo Tomás aclara, significa “direccionalidad”.[10]

Si se observa con detenimiento estos tres puntos, se advierte que coinciden con las tres características mencionadas por Brentano. Los intérpretes anteriormente referidos no dudan en colocar al filósofo medieval en la misma línea de pensamiento que las lecturas intencionalistas actuales. Si hubiera que resumir estas características para poder dar una definición del criterio de cognitividad de esta interpretación, diríamos que:

Criterio de cognitividad intencionalista: Un ente X es un ente cognoscitivo si y solo si posee formas que tienen una existencia intencional.[11]

Todos los intérpretes ya aludidos sostienen este criterio de cognitividad, pero algunos de ellos van más lejos al punto de negar el rol relevante que tradicionalmente se le atribuyó a la inmaterialidad en relación al conocimiento.[12] De ahí surge un debate entre dos grandes grupos: 1) quienes afirman la primacía de la intencionalidad y 2) aquellos que, o bien niegan en absoluto que el concepto de existencia intencional sea relevante,[13] o bien lo subordinan a otro que sería la piedra angular de la teoría del conocimiento de Tomás de Aquino, a saber, el esse immateriale o la inmaterialidad.[14] Llamo “intencionalistas” al primer grupo e “inmaterialistas” a los intérpretes del segundo grupo.

En el plano del conocimiento Divino, angélico y humano-intelectual parece irresoluta esta dificultad, puesto que Tomás de Aquino afirma que estos tipos de conocimientos son inmateriales y consisten en poseer formas intencionales,[15] por lo que no puede señalarse ninguna supremacía de una sobre la otra. Sin embargo, esto cambia cuando uno desciende al plano del conocimiento sensible. La importancia del estudio del conocimiento sensible se encuentra en el hecho de que ambas tesis parecen ser refutadas. Hay indicios en los escritos de Tomás de Aquino que parecen negar la inmaterialidad en la percepción, lo que permite afirmar que entes absolutamente materiales son capaces de conocimiento. Por otro lado, también es posible mostrar que hay entes que poseen formas intencionales y que, sin embargo, no son cognoscitivos.

El objetivo principal del presente trabajo consiste en demostrar que la inmaterialidad es el verdadero criterio de cognitividad para Tomás de Aquino y que la posesión de formas intencionales no es condición suficiente para que haya conocimiento. Con el fin de llegar a este resultado nos propondremos mostrar que el desarrollo de la tesis intencionalista trae como consecuencia la admisión de la tesis inmaterialista. Debido a esto dejaremos de lado la posición de los inmaterialistas y nos concentraremos en las lecturas intencionalistas, llevando esta interpretación hasta las últimas consecuencias. A lo largo del trabajo descubriremos que la gnoseología de Tomás de Aquino no cumple con ninguna de las características de la intencionalidad que hemos mencionado, al menos, no en la forma en que han sido señaladas. Esto es:

  1. El concepto de intentio, en el ámbito de la gnoseología, no significa “direccionalidad”, sino “mensaje” o “información”.
  2. El concepto de “existencia intencional” no es sinónimo de “existencia mental”.
  3. La posesión de formas intencionales no es algo propio de los seres cognoscitivos, ya que hay seres no cognoscitivos que poseen formas con una existencia intencional.

Para alcanzar estos objetivos se dividirá la tesis en tres capítulos: En el primer capítulo desarrollaremos el tema de la inmutación espiritual,[16] puesto que es a partir de ella que el sujeto cognoscitivo adquiere formas que existen intencionalmente. Estudiaremos la plausibilidad del criterio de cognitividad intencionalista, esto es, observaremos las razones que llevan a ver a la posesión de formas intencionales como una condición necesaria y suficiente para que un ente sea considerado cognoscitivo. Luego mostraremos las anomalías con las que se topa dicha interpretación y que requieren de una solución, puesto que ponen en crisis la lectura intencionalista.

En el segundo capítulo analizaremos los diferentes intentos de los interpretes intencionalistas para mantener en pie dicho criterio. En todos los casos se trata de modificaciones que no afectan a la esencia de la interpretación. También estudiaremos la manera en que algunos de estos autores toman las críticas a su interpretación como una herramienta para negar la necesidad de la inmaterialidad en el ámbito del conocimiento sensible. Este último punto reforzaría más la posición intencionalista.

Por último, en el tercer capítulo mostraremos que todos los intentos por mantener el criterio de cognitividad intencionalista fallan en su objetivo. Probaremos que el análisis pormenorizado del esse intentionale revela que el verdadero y último criterio de cognitividad para Tomás de Aquino es la inmaterialidad. Esto nos lleva a rever los conceptos de esse intentionale e inmutatio spiritualis.


  1. Una parte de los resultados que se exponen en el presente trabajo han sido publicados en las siguientes revistas: Hernández, F. “Una interpretación espiritualista de la percepción de acuerdo con Tomás de Aquino”, Cuaderno de Materiales 28 (2016): 25-34; Hernández, F. “El criterio de cognoscibilidad en Tomás de Aquino: entre la intencionalidad y la inmaterialidad”, Revista de Humanidades 30 (2014): 11-27.
  2. Brentano, F. Psicología desde un punto de vista empírico. París: Éditions Montaigne, 1944, 32.
  3. Esta clasificación se encuentra en el artículo de Pierre Jacob, Intentionality, en Edward N. Zalta (ed.), The Stanford Encyclopedia of Philosophy (Fall 2008): http://plato.stanford.edu/archives/fall2008/ entries/intentionality.
  4. Cf. Brower & Brower-Toland, “Aquinas on Mental Representation: Concepts and Intentionality”, The Philosophical Review 117 (2008): 193-243; Pasnau, R. Theories of Cognition in the Later Middle Ages, Cambridge: Cam­bridge University Press, 1997, 38-45; Geach, P. “Form and Existence”, Proceedings of the Aristotelian Society 55 (1954): 251-272; Davies, B. The Thought of Thomas Aquinas, Oxford: Clarendon Press, 1992, 127-8; Haldane, J. “Mind-World Identity Theory and the Anti-Realist Challenge”, Reality, Representation and Projection. (1993): 15-37.
  5. Tomás de Aquino, ST I, q.14, a.1, co.: Ad cuius evidentiam, considerandum est quod cognoscentia a non cognoscentibus in hoc distinguuntur, quia non cognoscentia nihil habent nisi formam suam tantum; sed cognoscens natum est habere formam etiam rei alterius, nam species cogniti est in cognoscente. Para los pasajes de la Suma Teológica y la Suma Contra Gentiles hemos tenido en cuenta la traducción de la BAC con las modificaciones que consideramos pertinentes. El resto de las traducciones de las obras de Tomás de Aquino son propias.
  6. Cf. Tomás de Aquino, In DA II lectio 24. 551.: Agens autem agit per suam formam, et non per suam materiam: omne igitur patiens recipit formam sine materia. Et hoc etiam ad sensum apparet: non enim aer recipit ab igne agente, materiam eius sed formam: non igitur videtur hoc proprium esse sensus, quod sit receptivus specierum sine materia.
  7. Cf. Ibídem, 553.
  8. Ver nota 4.
  9. Cf. Brower & Brower-Toland, “Aquinas on Mental Representation: Concepts and Intentionality”, The Philosophical Review 117 (2008): 193.
  10. Tomás de Aquino, ST I-II, q.12, a.1, co.: intentio, sicut ipsum nomen sonat, significat in aliquid tendere. Vale aclarar que esta definición de intentio aparece en un contexto donde Tomás estudia la voluntad y no se refiere directamente al ámbito cognoscitivo. Véase el punto 3.2 de este trabajo para un estudio más detallado del tema. Cf. Brower & Brower-Toland, “Aquinas on Mental Representation: Concepts and Intentionality”, The Philosophical Review 117 (2008): 198, n. 11; Casey, G. “Immateriality and intentionality”, At the Heart of the Real (1992): 98; McDougall, W. Modern Materialism and Emergent Evolution, London: Methuen & Co, 1929, 45; Moya Cañas, P. “Dificultades que surgen en la comprensión del conocimiento sensible”, Tópicos 16 (1999): 88.
  11. Cf. Pasnau, R. Theories of Cognition in the Later Middle Ages, Cambridge: Cam­bridge University Press, 1997, 47.
  12. Cf. Haldane, J. “Aquinas on Sense perception” The Philosophical Review 92 (1983): 239; Adler, M, “Intentionality and immateriality”, The New Scholasticism 41 (1967), 14; Pasnau, R. Theories of Cognition in the Later Middle Ages, Cambridge: Cam­bridge University Press, 1997, 36.
  13. Cf. Dewan, L., “St. Albert, the Sensible, and Spiritual Being”, Albertus Magnus and the Sciences, ed. James A. Weisheipl, (1980).
  14. Cf. Moser, R., “Thomas Aquinas, Esse Intentionale, and the Cognitive as Such”, The Review of Metaphysics 64 (2011): 763-788; Murray, A. (1991) “Intentional species and the identity between knower and known according to Thomas Aquinas”, Washington, D.C.: The Catholic University of America, 1991.
  15. Tomás de Aquino utiliza todo un campo semántico relacionado a la intencionalidad: intentio, esse intentionale, esse spirituale, species, forma y similitudo. A lo largo del trabajo utilizare los términos “formas intencionales” o “intenciones” como una abreviatura de “formas que tienen una existencia intencional”.
  16. Se denomina “inmutación espiritual” a la modificación que padece un ente cuando recibe una forma que posee una existencia intencional.


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