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6 La repetición como acontecimiento actual

Juan Carlos Cosentino

Introducción[1]

Entre las tres versiones que Freud guardó del capítulo III, la manuscrita, la mecanografíada y la primera edición de 1920, se observan algunas tachaduras, escasos agregados y pocas modificaciones. Las innovaciones aparecen en la reedición de 1921 y posteriormente en la de 1923.

Tabla de equivalencias

Primera versión escrita a mano 1919

Segunda versión escrita a máquina, con correcciones a mano 1920

Versión publicada 1920

Primera reedición 1921

Segunda reedición 1923

Tercera reedición 1925

Capítulo III

Capítulo III
1) Agregado y
2) referencia para pie de página que amplían tercera frase del párrafo [5].

Capítulo III
1) nota a pie de página, párrafo [2]

Capítulo III
1) Un cambio en el párrafo [3]
2) Agregado de una oración y ampliación de la siguiente en el párrafo [6]

Capítulo III
1) Nota añadida en párrafo [3]
2) Modificación en párrafo [8] con la introducción de una disputa

Capítulo III
No hay cambios

Freud destaca de entrada que veinticinco años de trabajo intenso han traído consigo que las metas más inmediatas de la técnica psicoanalítica sean totalmente otras que al comienzo (Freud, 1920). Al principio, el psicoanálisis era un arte de interpretación. Pero como la tarea así no quedaba resuelta, se pretendió instar al enfermo a confirmar la construcción por medio de su propio recuerdo. En este segundo período, el peso principal recayó en las resistencias. El arte consistía, a través de la influencia humana (el lugar de la sugestión que obra como “transferencia”), en moverlo a su abandono.

Sin embargo, fue cada vez más evidente que la meta fijada, volver conciente lo inconsciente, tampoco se alcanzaba plenamente por esa vía. La novedad hallada por Freud es que “el enfermo puede no recordar todo lo reprimido que hay en él, tal vez… lo esencial”. Así, no adquiere ninguna convicción sobre lo acertado de la construcción propuesta. “Más bien se ve forzado a repetir lo reprimido als gegenwärtiges Erlebnis, como una experiencia vivida actual, en lugar de recordarlo, como el médico preferiría, cual un retazo del pasado”.

El enfermo en vez de recordar (erinneren) un retazo (Stück) del pasado, lo repite (wiederholt) como un acontecimiento actual. Y “esta reproducción (Reproduktion), que sobreviene con fidelidad no deseada, tiene siempre como contenido un retazo de la vida sexual infantil”.

Y como se trata de la reproducción de la Wiederholungszwang, este proceso

regularmente tiene lugar en el territorio de la transferencia, es decir, de la relación con el médico. Y en ese punto ―donde observaremos que no hay fluctuación entre repetición y reproducción― la neurosis anterior ha sido sustituida por una nueva neurosis… la neurosis de transferencia.

El analista “se ha esforzado por circunscribir… el terreno de esta neurosis de transferencia” apremiando el recuerdo y limitando la repetición.

Por regla general, no puede ahorrarle al analizado esta fase de la cura; debe dejar que re-viva de nuevo (wiedererleben) un determinado retazo de su vida olvidada, cuidando de que se mantenga una medida de discernimiento, de superioridad (von Überlegenheit) para que la realidad aparente sea reconocida una y otra vez como reflejo, como un efecto de espejo (als Spiegelung), de un pasado olvidado (Freud, 2015: 39-41 y 2004a: 10-11).

No hay que perder de vista que de entrada este “más allá” se presenta como repetición de una experiencia vivida actual, de un acontecimiento actual[2] y que, también, asoma la cuestión de la posición del analista, a la que Freud apunta ―con la neurosis de transferencia― y luego retomará.

La repetición de lo reprimido

Pero antes sigamos las articulaciones que propone el texto. Freud distingue entre el recordar y la reproducción de la Wiederholungszwang: el paciente repite en vez de recordar. Hasta aquí, se trata de la repetición de lo reprimido como el hecho de la compulsión a la repetición.

Así, en este primer momento, para encontrar más comprensible esta “compulsión a la repetición” que se manifiesta durante el análisis es necesario ante todo liberarse del error de que, en la lucha contra las resistencias, uno tiene que vérselas con la “resistencia de lo inconsciente”. “Lo inconsciente, es decir, lo reprimido, no ofrece ninguna resistencia a los esfuerzos de la cura; no anhela otra cosa más que abrirse paso, en contra de la presión que gravita sobre él, hacia la conciencia…”.

¿De donde procede pues la resistencia? “La resistencia en la cura procede de las mismas capas superiores y sistemas de la vida psíquica que, en su momento, hicieron efectiva la represión”. Y como dichas resistencias “son al principio inconscientes en la cura”, debemos corregir “un desacierto de nuestro modo de expresión”. Hay que contraponer no lo conciente y lo inconsciente, sino el yo ensamblado, das zusammenhängende Ich,[3] y lo reprimido. Y como “aun en el yo es mucho lo inconsciente, precisamente lo que estamos autorizados a denominar el núcleo del yo; abarcamos sólo una pequeña parte de eso con el nombre de preconciente”.

Con esta sustitución de un modo de expresión meramente descriptivo por uno sistemático o dinámico ―anticipando el segundo momento― se puede sostener que la resistencia de los analizados parte de su yo. Pero, entonces, ¿qué ocurre con la compulsión a la repetición? Enseguida advertimos ―anuncia Freud― que hay que adscribirla a lo reprimido inconsciente. Probablemente no pueda exteriorizarse antes de que el trabajo que propicia la cura haya atenuado la represión.

¿Qué sucede en esta circunstancia con la represión?

No hay duda de que la resistencia del yo conciente y preconciente está al servicio del principio de placer, en efecto, quiere evitar el displacer que se suscitaría por la liberación de lo reprimido y nuestro empeño tiende a hacerle lugar a ese displacer bajo la invocación del principio de realidad. Sin embargo ¿en qué relación está con el principio de placer la compulsión a la repetición, la manifestación de la fuerza de lo reprimido? (Freud, 2015: 61 y 2004a: 11-2).

La compulsión a la repetición, como manifestación de la fuerza de lo reprimido, “saca a la luz productos de impulsos pulsionales reprimidos” que le traen displacer al yo, pero es displacer que no contradice el principio de placer, pues “es displacer para un sistema y, al mismo tiempo, ―cuestión que se modificará―[4] satisfacción para el otro” (Idem).

En este primer momento, como ocurría en 1915, surgen las resistencias (del yo conciente y preconciente) a ocuparse de lo reprimido-icc. Y precisamente, una de las resistencias a “vencer (überwinden) en el análisis es producida por el yo” que “quiere evitar el displacer que se suscitaría ―al intentar obedecer la regla fundamental del psicoanálisis― por la liberación de lo reprimido”.[5] A continuación, el inconsciente, es decir, lo “reprimido” como indicamos no opone resistencia a los empeños de la cura; e incluso sólo aspira a abrirse paso hacia la conciencia…

Así, la compulsión a la repetición como manifestación de la fuerza de lo reprimido o cuando la adscribimos a lo reprimido inconsciente nos indica que “el automatismo de repetición (Wiederholungszwang) toma su principio en la insistencia de la cadena significante” (Lacan, 1957: 5). Aunque

su noción se presente aquí ―en el texto freudiano― como destinada a responder a ciertas paradojas de la clínica, tales como los sueños de la neurosis traumática o la reacción terapéutica negativa (Ibid: 39).

La investidura libremente móvil y no ligada de algún modo

Esta formulación ―el inconsciente sólo aspira a abrirse paso― coincide con una innovación que introduce en el capítulo V: el énfasis está puesto en las investiduras y ya no en las representaciones. 1. Los impulsos que proceden de las pulsiones no se atienen al tipo del proceso ligado sino al libremente móvil. ¿Qué ocurre en el inconsciente, a diferencia del preconciente, con la investidura libremente móvil ―y no ligada de algún modo―? 2. Las investiduras ―como se verifica en el trabajo del sueño― pueden ser transferidas, desplazadas y condensadas de modo fácil y completo por el proceso psíquico primario.

Tal como señalamos en los capítulos I y VII,[6] lo que anuncian las rupturas, sus diferentes caras, la pulsión de placer como aquel principio de placer que excede el marco de la homeostasis cuando se conectan con la satisfacción sustitutiva de esa energía de investidura libremente móvil y no ligada de algún modo que “sólo tiene la aspiración de procurar satisfacción a las necesidades pulsionales con observancia del principio de placer”. Así, “las leyes del pensamiento, sobre todo el principio de contradicción, no rigen para estos procesos” (Freud, 1933: 511 [68-69]). 3. Y con esta novedad ―el inconsciente no resiste, insiste las investiduras libremente móviles, transferidas, desplazadas y condensadas por el proceso primario, hacen pasar, trasladan la satisfacción sustitutiva al icc.[7] Surge, así, “el segundo peligro[8] que amenaza a la fuerza pulsional del análisis”. Freud descubre que el paciente

busca la satisfacción sustitutiva sobre todo en la cura misma, en la relación de trasferencia con el analista, y hasta puede querer resarcirse por ese camino de todas las renuncias que se le imponen en los demás campos.[9]

Un poco después, con el nuevo capítulo VI, suma a la traducción teórica del material clínico la llamada hipótesis especulativa para representar lo irrepresentable, lo que subsiste allende el principio de placer. Luego, en 1924, se produce el encuentro de la hipótesis de la pulsión de muerte con el masoquismo erógeno, originario, que provoca una torsión: la condición primaria del masoquismo altera la relación del sujeto con la satisfacción. Se trata de una satisfacción de otro orden: el sujeto encuentra placer, más allá del principio, en el displacer, hay lugar para el goce. Hay pues un cambio de meta: se subvierte la regla del principio de placer, la satisfacción sustitutiva no es sin displacer. Con el goce ya no se trata de displacer para un sistema y, al mismo tiempo, satisfacción para el otro. La segunda ruptura ―la investidura libre y no ligada de ningún modo― redefine a la primera. La investidura libremente móvil ―y no ligada de algún modo― que hace pasar la satisfacción sustitutiva al icc se juega en el campo del principio de placer pero agujereado por el displacer.[10] Freud aun no termina de atravesar la ganancia de placer (Lustgewinn) del icc por el disimétrico displacer.[11]

La rememoración y el automatismo de repetición

Lacan en el seminario sobre La transferencia introduce el drive involucrado en la posición del analista y cuestiona el llamado drive parental.

¿Si el médico está aquí armado del drive parental cómo no ver que no hay absolutamente nada que se distancie de la respuesta normal del sujeto a la situación y de todo lo que podrá ser enunciado como la repetición de una situación pasada?

Ni siquiera ―añade― hay forma de articular la situación analítica sin plantear, al menos en algún lugar, la exigencia contraria. ¿Cómo enlazar pues la situación analítica? Acto seguido, nos invita a leer el tercer capítulo de Más allá.

En el seminario publicado leemos:

Vean por ejemplo el tercer capítulo de Más allá del principio de placer. Freud, retomando la articulación de la que se trata en el análisis, establece efectivamente la distinción entre la rememoración, la reproducción y el automatismo de repetición, Wiederholungszwang, en tanto considera a este último como un semi-fracaso de la perspectiva rememorativa del análisis, como un fracaso necesario (Lacan, 1960-61: 229-31).

En Le transfert dans tous ses erratas y otras versiones:

Y por ejemplo el capítulo III de Más allá del principio de placer, cuando efectivamente Freud, retomando la articulación de la que se trata en el análisis, establece la distinción entre la rememoración y la reproducción del automatismo de repetición, Wiederholungszwang, en tanto considera a este último como un semi-fracaso de la perspectiva rememorativa del análisis, como un fracaso necesario.[12]

Freud no distingue entre tres términos: la rememoración, la reproducción y el automatismo de repetición; sino entre dos: la rememoración o recuerdo y la reproducción del automatismo. En el párrafo (2) sostiene que el paciente repite lo reprimido ―y subraya: como una experiencia vivida actual― en lugar de recordarlo cual un retazo del pasado. Luego añade: “esta reproducción que sobreviene una y otra vez contiene un retazo de la vida sexual infantil… y tiene lugar en el territorio de la transferencia” (Freud, 2015: 85 y 2004a: 11). Efectivamente, se aleja de la rememoración, pues considera a la reproducción del automatismo de repetición, Wiederholungszwang, como semi-fracaso del recordar e introduce como tercer término la experiencia vivida actual.

Es decir, el analizante repite (wiederholt) en vez de recordar (erinneren) y esta repetición de lo reprimido pero como acontecimiento actual, es el eje ―segundo momento― de la compulsión a la repetición.

Y con el fracaso de la rememoración, continúa el párrafo anterior:

Hasta llega ―en el seminario publicado― a poner a cuenta de la estructura del yo (moi) ―en la medida que en este estadio de su elaboración, trata de fundar dicha instancia como en gran parte inconsciente― la función de la repetición, desde luego no esta función toda entera, porque todo el artículo es para mostrar que hay un margen, sino su parte más importante. La repetición es puesta a cuenta de la defensa del yo, mientras que la rememoración reprimida se considera el verdadero término, el último, de la operación analítica, quizás considerado todavía, en este momento, inaccesible.

“llegando ―en Le transfer y otras versiones― a poner a cuenta de la estructura del yo (Moi) (en la medida que intenta en este estadio de su elaboración, fundar la instancia como en gran parte inconsciente), atribuir[13] y colocar a cargo, no el todo, pues sin duda todo el articulo está hecho para mostrar que hay un [camino] ˂margen˃, sino la parte más importante de esta función de repetición, a cargo de la defensa del yo, [en] ˂contra˃ la rememoración reprimida considerada como el verdadero término, el término último, aunque quizás en ese momento considerado como [imposible] ˂inaccesible˃, de la operación analítica”.

En el seminario publicado:

El objetivo último de la rememoración tropieza con una resistencia que es situada en la función inconsciente del yo. Siguiendo esta vía de elaboración, Freud nos dice que hemos de pasar por allí y que, por norma, el médico no puede ahorrarle al analizado esta fase, sino que debe dejarle vivir de nuevo un pedazo de su vida olvidada. Tiene que ocuparse de ello, porque una cierta medida de Überlegenheit,[14] de superioridad, se conserve, gracias a lo cual la realidad aparente, die anscheinende Realität, siempre podrá ser reconocida nuevamente por el sujeto como un reflejo, un efecto de espejo de un pasado olvidado (Lacan, 1960-61: 229-31).

En Le transfer y otras versiones:

Es pues siguiendo la vía de lo que es la resistencia en esta última perspectiva, la resistencia situada en la función inconsciente del Moi, que Freud nos dice que debemos pasar por allí y que, por regla general, el médico no puede ahorrarle al analizado esta fase de la cura, debe dejarlo revivir nuevamente un determinado fragmento de su vida olvidada [y que] para eso debe tomar recaudos, [porque] ˂que˃ una cierta medida de superioridad, von Überlegenheit, quede conservada, gracias a lo cual la realidad aparente, die anscheinende Realität, siempre podrá ser reconocida nuevamente como un reflejo, como un efecto de espejo de un pasado olvidado.[15]

Se percibe una dificultad en el establecimiento del Seminario. Solo la referencia al texto de Freud que Lacan sigue incluso en las palabras que emplea, como aquella de atribuir o adscribir (zuzuschreiben) por ejemplo, puede permitir ―tal como veremos a continuación― avanzar en la lectura de este pasaje.

Después de sustituir un modo de expresión descriptivo ―señala Freud― por uno dinámico, podemos sostener “que la resistencia de los analizados parte de su yo y, entonces, enseguida advertimos que la compulsión a la repetición hay que atribuirla, adscribirla, a lo reprimido inconsciente”. Y “probablemente ―primer momento― no pueda exteriorizarse antes de que el trabajo que propicia la cura haya atenuado la represión” (Freud, 2015: 87 y 2004a: 12). Se trata en esta ocasión de la resistencia operada por el yo, que quiere evitar el displacer que trae la irrupción de lo reprimido.

Como puede observarse Lacan realiza un desplazamiento que va de lo reprimido inconsciente al Moi. Se refiere a atribuir y colocar a cargo de la defensa del yo la parte más importante de esta función de repetición [en] ˂contra˃ la rememoración reprimida.

Efectivamente, el cometido que se le plantea al análisis no es sólo suspender las resistencias que manifiesta el yo a ocuparse de lo reprimido. El escenario inesperado ―el registro de lo económico― es que aún interviene una resistencia que “proviene de su yo y es propia de él” (Freud, 2011: 488). ¿A cargo de la defensa del yo la parte más importante de esta función de repetición? Un poco después emergen en Inhibición las resistencias mayores. Así, el corolario de una cura analítica dependerá fundamentalmente de la intensidad y la profundidad de amarre de las resistencias de la alteración del yo.

Finalmente, en el Seminario VIII leemos:

Dios sabe a qué abusos de interpretación se prestó la puntuación de esta Überlegenheit. Es en torno a esos excesos que toda la teoría de la alianza con la parte supuestamente sana del moi, ha podido edificarse.

Sin embargo, en este párrafo no hay nada semejante. Lacan pone de relieve lo que, de pasada, tiene que haber resultado visible a los analistas. En la construcción de la frase en idioma alemán se destaca “el carácter de alguna manera neutro, ni de un lado ni del otro, de esta Überlegenheit” (Lacan, 1960-61: 231).

La repetición como acontecimiento actual

Por una parte, la referencia a la transferencia no hay que limitarla únicamente a los efectos de reproducción, de repetición. A fuerza de insistir en el elemento histórico, en la repetición de lo vivido, se corre el riesgo de dejar de lado toda una dimensión no menos importante. ¿Qué dimensión? “La dimensión sincrónica, precisamente la propia de aquello que está incluido, latente, en la posición del analista, a través de la cual la función del objeto parcial ocupará el espacio que la determina” (Lacan, 1962-63: 106).

Por otra, Freud insiste, “el paciente repite… y esta repetición… como acontecimiento actual” es el meollo de la compulsión a la repetición que se configura como nueva experiencia vivida (neuem Erlebnis), se separa de lo reprimido y toma otro sesgo.

Lacan, algunos años despues, no deja dudas: en los textos de Freud, repetición no es reproducción.

Nunca hay oscilación en este punto: Wiederholen no es Reproduzieren. Reproducir es lo que se creía poder hacer en la época de las grandes esperanzas de la catarsis. Conseguían una reproducción de la escena primaria como uno consigue ahora obras maestras de la pintura por nueve francos cincuenta. Sólo que Freud nos indica cuando da los pasos siguientes, y no tarda mucho en darlos, que nada puede ser captado, destruido, quemado sino, como se dice, de manera simbólica, in effigie, in absentia (Lacan, 1964: 58).

Y un poco después pregunta:

en el fundamento radical de este concepto ¿cómo no tener ―el analista mismo― ninguna participación en las reacciones y particularmente no estar allí como analista, sino simplemente ser capaz de puntuar lo que estas reacciones tienen en sí de recuperación (reprise), de reproducción de comportamientos anteriores, de etapas vividas por el sujeto que las reproduce, las actúa en lugar de recordarlas? (Lacan, 1967-68, 22-XI-67).

Ya en 1914, con la reformulaciòn de los soportes de su práctica el trabajo del recuerdo no es nunca exhaustivo. La compulsión a la repetición “equivale a convocar un retazo de vida real”.[16] Está en juego la relación de la Wiederholungszwang con lo real.

La repetición… no ha de confundirse con el retorno de los signos, ni tampoco con la reproducción o la modulación por la conducta de una especie de rememoración actuada. La repetición es algo cuya verdadera naturaleza está siempre velada en el análisis, debido a la identificación, en la conceptualización de los analistas, de la repetición y la transferencia. Cuando, precisamente, hay que hacer la distinción en ese punto.

De esta forma, “solo a partir de la función de lo real en la repetición podremos llegar a discernir esa ambigüedad de la realidad que está en juego en la transferencia” (Lacan, 1964: 62).

Se inicia el segundo movimiento. El nuevo y singular hecho revelado en este apartado

es que la compulsión a la repetición devuelve también experiencias vividas (Erlebnisse) del pasado que no contienen posibilidad de placer, que tampoco en aquel tiempo pudieron ser satisfacciones, ni siquiera de impulsos pulsionales reprimidos desde entonces.

Ahora bien, “todas estas ocasiones no deseadas y circunstancias afectivas dolorosas son repetidas en la transferencia y revividas de nuevo (neu belebt) con gran destreza por los neuróticos”.

Así, cuando no se puede evitar que resurja la repetición como si fuera una nueva experiencia vivida (neuem Erlebnis), pues una compulsión apremia en esa dirección, se esboza una dificultad del aparto psíquico. La diferencia entre Erlebnis y Erfahrung que aún no ha aparecido en este párrafo [6], con los agregados que va a incorporar en la primera reedición, permitirán iluminarla.

Nada de todo esto ―primera versión― podía ser portador de placer en aquel tiempo; se pensaría que hoy, si surge como recuerdo, debería aportar un displacer menor que si se configura como nueva experiencia vivida (Erlebnis). Sin embargo, una compulsión apremia hacia esto último (Freud, 2015: 89 y 2004a: 13).

Nada de todo esto ―segunda versión― podía ser portador de placer en aquel tiempo; se pensaría que hoy, si surge como recuerdo o en sueños, debería aportar un displacer menor que si se configura como nueva experiencia vivida (Erlebnis). Se trata, naturalmente, de la acción de pulsiones que debían llevar a la satisfacción; sin embargo, la experiencia (Erfahrung) de que, en lugar de esto, ya entonces aportaron sólo displacer, no sirvió de nada. Se la repite pese a todo; una compulsión apremia en ese sentido (Freud, 2015: 453).

Esta nueva oración y el añadido que recibe la última frase fueron sumadas recién en 1921. En este pasaje ampliado se advierte con claridad la diferencia en el uso que Freud hace de dos términos alemanes que traducimos por “experiencia” (Erfahrung) y por “experiencia vivida” (Erlebnis).[17] Erfahrung se refiere a aquello que precipita a partir de haber experimentado determinadas situaciones (lo que “enseña” la experiencia). Erlebnis apunta más al impacto producido en el sujeto por un suceso al “vivirlo”. Es decir, ambos términos implican diferentes nociones de la experiencia. Erfahrung supone ya un procesamiento o una cierta elaboración de la experiencia. Erlebnis suele indicar algo previo a cualquier diferenciación, connota una variante de la experiencia más cercana, prerreflexiva y singular que Erfahrung. Para Freud entraña una reacción inmediata frente a “las impresiones infantiles (Kindheitseindrücke) muy tempranas”. Ciertos “casos designados traumáticos porque los efectos se remontan de manera inequívoca a una o varias impresiones de aquella época temprana que se han sustraído de una tramitación normal” (Freud, 1939: 522-23 [70]).

En este pasaje está diciendo que el hecho de que la experiencia vivida (Erlebnis) original no haya producido placer en su tiempo no sirvió como experiencia (Erfahrung) para evitar que reaparezca la repetición como si fuese una nueva experiencia vivida (Erlebnis), como si fuese un acontecimiento actual.[18] ¿Cuál es la dificultad del aparato psíquico? No aprende de la experiencia.[19]

Años después, a partir del material que producen sus pacientes, reconstruye ciertos otros procesos que escapan a la cadena asociativa y que siempre tienen un gran efecto en los respectivos análisis: acontecimientos impresionantes (eindrucksvolle Ereignisse) de la más temprana infancia. Cabe destacar que en el historial del “Hombre de los Lobos” Freud se refiere a la activación (die Aktivierung) en el sueño ―adrede evita la palabra “recuerdo” (Erinnerung)― de la escena primordial que tiene el mismo efecto que si ella fuera una experiencia vivida reciente, y deja abierta la vía para establecer una diferencia. ¿Cuál? Entre las huellas mnémicas (Erinnerungsspuren) reprimidas u olvidadas y las huellas de impresiones (Eindrucksspuren) inconscientes. Justamente, “lo que esa noche se activó, Was in jener Nacht aktiviert wurde, en el sueño” (Freud, 1918: 156 [36]).

Así, “los traumas son experiencias vividas en el cuerpo propio o bien percepciones sensoriales, las más de las veces de lo visto y oído, vale decir, experiencias vividas o impresiones” (Die Traumen sind entweder Erlebnisse am eigenern Körper oder Sinneswahrnehmungen, meist von Gesehenem und Gehörten, also Erlebnisse oder Eindrücke) (Freud, 1939: 523 [72]). Es decir, el encuentro fallido con lo real.

Lo real está más allá del automaton, del retorno, del regreso, de la insistencia de los signos, a que nos somete el principio del placer. Lo real es eso que yace siempre tras el automaton, y toda la investigación de Freud evidencia que su preocupación es ésa (Lacan, 1964: 62).

Finalmente, en Moisés, esos procesos conducen a los fenómenos residuales del trabajo analítico que operan no como verdad reprimida sino como restos del análisis. ¿Qué sucede, pues, con la causalidad? Solo a posteriori del trabajo analítico se produce como habiendo sido la causa; recién entonces intervienen esos retazos.[20] Hace falta, pues, inscribirlos como producción del análisis.[21]

Bibliografía

Freud, S. (2015). Más allá del principio de placer. Manuscritos inéditos y versiones publicadas. Texto bilingüe. Edición y comentarios: Juan Carlos Cosentino. Buenos Aires: Mármol-Izquierdo.

Freud, S. (2011). El yo y el ello. Manuscritos inéditos y versión publicada. Texto bilingüe. Edición y comentarios: Juan Carlos Cosentino. Buenos Aires: Mármol-Izquierdo.

Freud, S. (2004 a). “Jenseits des Lustprinzips” [g], Holograph manuscript, pp. 1-34, Manuscript Division, Library of Congress, Washington, D.C.

Freud, S. (2004 b). “Jenseits des Lustprinzips” [g], Holograph and typewritten manuscript, bound, pp. 1-42, Manuscript Division, Library of Congress, Washington, D.C.

Freud, S. (1939). Moisés el hombre y la religión monoteísta, Studienausgabe (SA), IX, Frankfurt am Main, S. Fischer Verlag, 1997 (Amorrortu Editores (AE), XXIII, Buenos Aires: 1986).

Freud, S. (1933). 31ª conferencia. La descomposición de la personalidad psíquica, Studienausgabe (SA), I, Frankfurt am Main, S. Fischer Verlag, 1997. (Amorrortu Editores (AE), XXII, Buenos Aires: 1986).

Freud, S. (1918). De la historia de una neurosis infantil (el “Hombre de los Lobos”), Studienausgabe (SA), VIII, Frankfurt am Main, S. Fischer Verlag, 1997 (Amorrortu, XVII, Buenos Aires: 1986).

Lacan, J. (1957). “El seminario sobre la carta robada”, en Escritos I. México: Siglo XXI.

Lacan, J. (1960-61). El Seminario, libro 8, La transferencia. Buenos Aires: Paidós.

Lacan, J. (1962-63). El Seminario, libro 10, La angustia. Buenos Aires: Paidós.

Lacan, J. (1964). El Seminario, libro 11, Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis. Buenos Aires: Paidós.

Lacan, J. (1967-68). El Seminario, libro XV, El acto psicoanalítico, lección del 22 de noviembre de 1967, en http://www.valas.fr/Jacques-Lacan-L-Acte-Analytique-1967-1968, 260.


  1. Este trabajo se inscribe en el proyecto de investigación “La clínica psicoanalítica y el supuesto de la pulsión de muerte” dentro de los Proyectos de Investigación Bianuales 2011–2013, de la Facultad de Psicología y Relaciones Humanas, de la UAI, Director: Dr. J. C. Cosentino.
  2. “La práctica de los escritos de Freud permite apreciar que su relación con el acontecimiento es una relación de resguardo, como si se tratase de un rescoldo: porque son el acontecimiento, puede decirse que lo cobijan”, J. Lacan,Seminario VII”, en Reseñas de enseñanza, Bs. As., Manantial, 1984.
  3. Tal como señalamos en Das Ich und das Es: la palabra ensamblado, para traducir zusammenhängend, transmite más adecuadamente la idea de Freud con relación al yo (Ich) de la segunda tópica. Ver: S. Freud, El yo y el ello. Manuscritos inéditos y versión publicada, Bs. As., Mármol-Izquierdo, 2011, p. 378.
  4. “Si los dos sistemas fueran inversos el uno del otro ―señalaba Lacan en 1955― tendría que llegarse a una ley general de equilibrio, y, por una vez, habría un análisis del yo que sería el análisis del inconsciente al revés… Freud se percata de que algo no satisface el principio del placer… pues lo que sale de uno de los sistemas ―el del inconsciente― tiene una insistencia… muy particular. Digo insistencia porque la palabra expresa bien… el sentido de lo que en francés se tradujo ―con los ecos de toda una ascendencia neurológica― por automatismo de repetición, Wiederholungszwang. Se trata de compulsión a la repetición y por eso creo hacer algo concreto introduciendo la noción de insistencia”, en El Seminario, libro 2, El yo en la teoría de Freud y en la técnica del psicoanálisis (V), Bs. As., Paidós, 1983, p. 98.
  5. S. Freud, “Los cinco tipos de resistencia”, en El problema económico, Bs. As., Imago Mundi, 2005, pp. 77-78 y en Inhibición, síntoma y angustia (XI. Addenda; A. Modificación de opiniones anteriores; a. Resistencia y contrainvestidura), SA, VI, 295-98 (AE, XX, 147-50).
  6. J. C. Cosentino, “Anexo. El giro de 1920”, en S. Freud, Más allá del principio de placer. Manuscritos inéditos y versiones publicadas, Texto bilingüe. Edición y comentarios Juan Carlos Cosentino, Bs. As., Mármol-Izquierdo, 2015, pp. 577-89 y 677-94.
  7. Y así, “hacer pasar el goce al inconsciente, es decir, a la contabilidad, es en efecto un impresionante desplazamiento”. J. Lacan, “Radiofonía” (III), en Otros escritos, Bs. As., Paidós, 2012, pp. 442-43.
  8. “El ―primer― peligro amenaza desde dos lados. Por uno, el paciente, cuya condición de enfermo ha sido conmovida por el análisis, se empeña con la mayor diligencia en procurarse en remplazo de sus síntomas nuevas satisfacciones sustitutivas, que ahora no van acompañadas de padecimiento… Empero, la persona curada a medias puede emprender también unos caminos menos inocentes… matrimonio infeliz y achaque físico son los sucedáneos más usuales de la neurosis. Satisfacen la conciencia de culpa (necesidad de castigo) en virtud de la cual muchos enfermos se aferran tan tenazmente a su neurosis. Y la actividad del médico debe exteriorizarse en una enérgica intervención contra las satisfacciones sustitutivas” S. Freud (1919), Nuevos caminos de la terapia psicoanalítica, SA, Erg., p. 245 (AE., XVII, p. 159).
  9. Ídem.
  10. Para “investidura libremente móvil y no ligada…” ver: “Nota introductoria a la segunda versión del capítulo I”, en S. Freud, Más allá del principio de placer. Manuscritos inéditos y versión publicada. Texto bilingüe. Edición y comentarios Juan Carlos Cosentino, Bs. As., Mármol-Izquierdo, 2015, pp. 173-76.
  11. Con Lacan nos deslizamos de “la repetición como diferencia” a ese borde donde “ello habla, ello goza, y no sabe nada”, pues, ese saber está perfectamente limitado al goce insuficiente que constituye el que hable (El Seminario, libro 20, Aun [IX. “Del barroco], Bs. As., Paidós, 1981, p. 128).
  12. J-C. Aguerre, J. Allouch y otros, Le transfert dans tous ses erratas, Paris, EPEL, 1991, pp. 86-88 y Nouvelle transcription Staferla, en http://www.valas.fr/Jacques-Lacan-Le-transfert-VIII-1960-1961, 271.
  13. zuzuschreiben”, también “adscribir”.
  14. ein Maß von Überlegenheit”, también “una cierta medida de discernimiento”.
  15. J-C. Aguerre, J. Allouch y otros, Le transfert dans tous ses erratas, op. cit., pp. 86-88 y Nouvelle transcription Staferla, en http://www.valas.fr/Jacques-Lacan-Le-transfert-VIII-1960-1961, 271.
  16. S. Freud, Recordar, repetir y reelaborar, SA, Erg., pp. 205-15 (AE, XII, pp. 149-57). Ver también, J. C. Cosentino, “La transferencia del síntoma”, en Lo real en Freud: sueño, síntoma, transferencia, Bs. As. Manantial, 2000, pp. 75-96.
  17. Etcheverry utiliza para Erlebnis “vivencia”, mientras que López Ballesteros emplea “suceso”.
  18. Ver también, S. Freud, El yo y el ello, Manuscritos inéditos y versión publicada, op. cit., pp. 287-88.
  19. Anticipado en el Manuscrito K con la fuente independiente ―del principio de constancia― de libramiento (Entbindung) de displacer, que diferencia, entonces, de descarga (Abfuhr) y de transferencia (Ubertragung). A partir de esta fuente, lo que se libra (entbinden), se desprende, emana, se libera, permanece en el aparato psíquico como algo perturbador, y le exige un trabajo para el que, en general, éste no está preparado.
  20. En El Seminario, libro 23, El sinthome, Lacan usa el término “pedazos de real” (bouts de réel). Leemos: “lo real… es siempre un pedazo (bout), un troncho (trognon). Ciertamente, es un trozo en torno del cual el pensamiento teje historias, pero el estigma de este real como tal es no ligarse (relier) a nada” (Bs. As., Paidós, 2006, p. 121).
  21. Un poco después, los efectos de verdad no agotan la tarea analítica. El Icc no-todo reprimido se erige de la traza de lo imposible de reconocer, lo imposible de inscribir la relación sexual. En El Seminario, libro 20, Aun, leemos: “hay relación de ser que no puede saberse… en tanto que ese saber imposible será, por ello, en entredicho (interdit). Aquí ―agrega Lacan― juego con el equívoco: este saber imposible está censurado, prohibido, pero no lo está si escriben adecuadamente el entre-dicho, está dicho entre palabras, entre líneas. Se trata de denunciar a qué género de real nos da acceso” (Bs. As., op. cit., p. 145).


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