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5 La pulsión de placer

Juan Carlos Cosentino

Introducción

Freud modificó la primera versión de Jenseits. Una vez pasada a máquina, agregó un apartado, el nuevo capítulo VI, de veintisiete páginas escritas a mano y, a continuación, revisó ese segundo documento.

La versión escrita a mano (1919) sólo tiene seis capítulos;[1] la segunda, mecanografiada (1920), cuenta, en cambio, con siete. Así, la cifra que atañe al antiguo capítulo VI de la primera versión, en el texto escrito a máquina, fue modificada. El número VII fue arreglado con el segundo I romano escrito a mano por Freud.

Esta inclusión de un nuevo capítulo VI como la reorganización, a continuación, de la segunda versión alcanza al antiguo capítulo VI. Convertido en VII, tanto las reflexiones críticas del nuevo apartado como la revisión de la segunda versión deciden tachaduras, apremian cambios, impulsan agregados y, en consecuencia, lo dejan bastante remendado.

Con esa relectura que Freud realiza, recupera ciertos ejes de los capítulos I y IV que le permiten comenzar a diferenciar, lo que no logra separar en el antiguo capítulo VI, la “sensación” de tensión, que más tarde situará como magnitud absoluta, de las sensaciones de placer-displacer y su relación con las rupturas que anuncia en el capítulo I.

Por una parte, la ruptura (Durchbruch) entre el principio de placer y el más allá que le abre paso a algo que no se reduce al campo en que se produce; por otra, el breve momento en que se abre una brecha (durchbrechen) en la barrera contra-estímulo dando ocasión a perturbaciones económicas con su consiguiente efecto traumático. En ambos escenarios: ese punto de exterioridad. En tercer lugar, una formulación no habitual sobre el principio de placer. De principio regulador a aquel que sobrepasa el marco de la homeostasis o de la tendencia a la estabilidad de Fechner.

Y también dispone con el nuevo capítulo VI de la hipótesis especulativa: el retorno a lo inanimado, soporte de la compulsión a repetición. A partir de ese supuesto se le plantea un problema: ¿como diferenciar la pulsión de placer o Lusttrieb (otra formulación inusual en el antiguo capítulo VI) que domina toda vida anímica, en relación al carácter tan general de las pulsiones que quieren restablecer un estado anterior, de las otras pulsiones que también llevan la excitación somática hacia lo anímico?

La vuelta a lo inanimado y la tendencia dominante, que ―como equivalentes― introducen cierta dificultad, guían el movimiento mientras junta principio de placer[2] y principio de nirvana que más tarde, en El problema económico, serán diferenciados. Entonces, se podrán articular las dos alternativas, la “sensación” de tensión como magnitud no medible, con esa satisfacción paradójica, es decir con el goce, y las sensaciones de placer y displacer como una variación de esa magnitud en la unidad de tiempo, con la ganancia de placer, no sin displacer.

Tabla de equivalencias
Primera versión escrita a mano, 1919 Segunda versión escrita a máquina, con correcciones a mano, 1920

Versión publicada, 1920

I

I

I

II

II

II

III

III

III

IV

IV

IV

V

V

V

no existe

nuevo VI

nuevo VI

antiguo VI

VII

VII

Pese a este complejo trabajo de revisión que realizó con las dos versiones alternativas y las cuatro publicadas, con tachaduras, cambios, modificaciones y agregados, varios autores señalan que Freud escribió Jenseits bajo los efectos de la muerte de su joven hija Sophie.

Llama la atención comprobar que las críticas y observaciones que recibiera el ensayo se dirigen, en el pasaje de la primera a la segunda versión, al nuevo capítulo VI donde aparece por primera vez el supuesto de la pulsión de muerte.

Y, en particular, a este enmendado capítulo VII, del que se dice que no añade nada, que estaría de sobra o que solo agrega una vuelta más a lo que parecía haberse completado con las reflexiones críticas del nuevo apartado VI. En consecuencia, para estos autores, solo reforzaría el lado un tanto cojo del conjunto (Cosentino, 2015: 678-79).

Las modificaciones que recibe este antiguo capítulo VI parecen revelar otra perspectiva.

Versión escrita a mano. Capítulo I

Cuando corrige la segunda versión alternativa, una vez que agregó el nuevo capítulo VI, rescata los ejes que articulan los apartados I y IV.

¿El capítulo I de la versión manuscrita introduce más allá, es decir, ese punto de exterioridad a partir del cual Freud examinará los fundamentos de la metapsicología propuesta en 1915?

Como ocurre con la versión publicada la última frase de este primer apartado en el momento en que ya “no le parece… necesario reconocer una limitación de mayor alcance del principio de placer” lo anticipa y constituye, al mismo tiempo, el referente con que intenta construirlo. Después de haberse referido sólo a casos de inhibición de dicho principio y haber anunciado que el principio de placer experimenta una nueva ruptura, en la última oración del último párrafo sostiene que “la exploración de la reacción anímica frente al peligro exterior puede proveer nuevo material y nuevas preguntas acerca del problema aquí tratado” (Freud, 2015: 45).[3]

Las distintas rupturas del principio de placer de las que hablará Freud tienen diferente valor (una primera, entre el principio de constancia y el de placer), aunque en este primer capítulo la “nueva ruptura” (neuerlicher Durchbruch) que experimenta el principio de placer parece apuntar a dos caras bien diferentes.

Vale la pena detenerse en la palabra que utiliza. El término Durchbruch no sólo comporta el matiz de abertura, brecha, sino que también supone una acción y efecto de romper, de abrirse paso.

Así, el referente que propone, la exploración de la reacción psíquica frente al peligro exterior, anticipa una segunda ruptura entre el principio de placer y el más allá que le abre paso a algo (Jenseits) que no se reduce al campo (des Lustprinzips) en que se produce. Las dos caras.

Luego, en el capítulo IV se valdrá del verbo Durchbrechen (abrir una brecha) para referirse a la acción que los estímulos muy intensos producen sobre la barrera contra-estímulo, dando ocasión a perturbaciones económicas con su consiguiente efecto intrusivo y traumático.

En segundo lugar nos sorprende una formulación no habitual sobre el principio de placer cuando introduce el primer caso de inhibición de dicho principio. En esta ocasión, el principio de placer excede el marco de la homeostasis. “Sabemos que es propio de una manera primaria de trabajo del aparato anímico… y permanece aún durante largo tiempo, como la forma de trabajo de las pulsiones sexuales más difíciles de ‘educar’” (Freud, 2015: 41-43).[4]

Formulación coincidente con lo que sostiene en 1917. Al referirse a la “incomprensible satisfacción sustitutiva” que aportan los síntomas, propone entenderlo: “como una consecuencia del retroceso al principio de placer” y “también de un retroceso a una suerte de autoerotismo ampliado, como el que ofreció las primeras satisfacciones a la pulsión sexual” (Freud, 1916-17: 357 (334)).[5]

Más lejos (Manuscrito K), cuando sostiene que dentro de la vida sexual tiene que existir una fuente independiente del principio de constancia de libramiento (Entbindung) de displacer.[6]

Y más cerca, en la 31ª conferencia, cuando afirma que el principio de placer gobierna de manera irrestricta el curso de los procesos que se despliegan en el caótico ello. La energía de esas mociones pulsionales se encuentra en otro estado que en los demás distritos anímicos, es más fácilmente móvil y susceptible de descarga, produciendo esos desplazamientos y condensaciones que son característicos del ello y que prescinden tan completamente de la cualidad de lo investido (“en el yo lo llamaríamos una representación”) (Freud, 1932: 512 [69-70]). Es energía de investidura libremente móvil, susceptible de libre descarga. En el ello, pues, “las investiduras pueden ser fácil y completamente transferidas, desplazadas y condensadas”, tal como señala en relación al icc y al proceso psíquico primario en el capítulo V de Más allá (Freud, 2015: 133).[7]

Sin embargo, no le resulta posible diferenciar aún los dos momentos de esa “nueva ruptura”.

Todavía no puede ubicar, como primera ruptura, la diferencia entre principio de constancia y principio de placer, y con ella, la ganancia de placer o Lustgewinn,[8] aunque la intuición freudiana la anticipa en 1901. Se trata de esa nueva perspectiva del placer que rebasa el marco de la homeostasis del organismo e impone al aparato psíquico el placer de desear que, como un nuevo marco de equilibrio, se sostiene en la tensión del deseo.

A consecuencia del principio de displacer… el primer sistema ψ es incapaz de incluir algo desagradable en el entramado de pensamiento. El sistema ψ no puede hacer otra cosa que desear (Freud, 1900: 606-7 [590-1]).

Y como “el sujeto se constituye en relación al significante se produce en él esa ruptura, esa división, esa ambivalencia, a nivel de la cual se ubica la tensión del deseo” (Lacan, 1959-60: 377).

Así, esa primera ruptura lo llevará, con la introducción de la pulsión en 1905, al placer de ver (Schaulust).[9]

Como señala Lacan, “en la medida en que se sostiene el placer de desear, es decir, en todo su rigor, el placer de experimentar un displacer”, se anticipa la paradoja. El placer de desear ―como el efecto del Vorlust― “subsiste en oposición a la dirección del principio del placer” (Lacan, 1959-60: 187 [p. 182]).[10]

Así, Freud echa mano “al supuesto más laxo” y sitúa “el displacer y el placer en relación con la cantidad de excitación disponible ―y no ligada de algún modo (nicht irgendwie gebunden)― en la vida anímica”. Uno corresponde a un acrecentamiento y el otro, a una reducción de esa cantidad. No piensa “en una correspondencia simple entre la intensidad de las sensaciones y las modificaciones a las que dichas sensaciones se refieren. Menos aún… en una proporcionalidad directa”. Y aunque, “la medida de la reducción o del aumento en el tiempo sea el factor decisivo para la sensación” (Freud, 2015: 41),[11] aún no ha podido referir “la sensación de tensión a la magnitud absoluta… al nivel de investidura”, introduciendo la irrupción; y “la serie placer displacer a una variación de dicha magnitud en la unidad de tiempo”, definiendo el ritmo (Freud, 2015: 385),[12] tal como ocurre en la segunda versión del capítulo VII, modificado una vez que agregó el nuevo capítulo VI.

En cambio, en esta versión manuscrita, la segunda ruptura ya ha quedado trazada con los “sueños traumáticos”. Sin embargo, a lo largo del texto iremos encontrando las numerosas dificultades que Freud enfrenta para sostener ese punto de inflexión. Por ejemplo, en el capítulo IV falta el párrafo [12] que recién agregará en la segunda versión. “Éste sería ―nos dice― el lugar para confesar por primera vez una excepción a la tesis de que el sueño es un cumplimiento de deseo” (Freud, 2015: 267). [13]

El antiguo capítulo VI. La extraña pulsión de placer (der Lusttrieb)

Esta primera versión no cuenta con el anteúltimo capítulo. Derrida, en su comentario de lectura, sostuvo que Más allá estaba construido en siete capítulos ―para llegar al séptimo cielo del más allá de la hija perdida― y nos propuso que tacháramos el apartado VII y colocáramos, en su lugar, “Post-scriptum”.[14] Sin embargo, el último capítulo ―como apartado VI― ya estaba en esta primera versión.[15] Sobrevivió luego de importantes cambios y cuando Freud compuso un nuevo capítulo VI lo transformó en el capítulo VII.

Así, el segundo documento mecanografiado resulta ser una copia escrita a máquina de las 34 páginas del primer manuscrito. Cuando estuvo terminado Freud compuso un nuevo capítulo entero (el capítulo VI de la versión publicada) que es constitutivo para la estructura de la obra y modificó los demás capítulos.

¿Qué sostiene en la versión inicial del último capítulo?

Freud retorna a una forma de elaboración que llama especulación analítica, iniciada en el capítulo IV y continuada en el V. Sostiene que

si es un carácter tan general de las pulsiones, que quieran restablecer un estado anterior, no debe sorprendernos que en la vida anímica tantos procesos se lleven a cabo con independencia del principio de placer.

Y partiendo de este supuesto se refiere en dos oportunidades a la pulsión de placer, que había nombrado por primera vez en el capítulo II.

Una primera vez cuando señala que “la pulsión de placer que domina toda vida anímica no se distinguiría de las otras pulsiones orgánicas ―que quieren regresar a lo inanimado― y que llevan la excitación somática hacia lo anímico” (Freud, 2015: 161 y 163).[16] En la segunda versión, en cambio, esa frase un poco extraña ―una pulsión de placer no agujereada por el displacer― fue tachada. Y una vez que escribe el nuevo capítulo VI este supuesto, con la caída de la Lusttrieb, se consolida como el supuesto de la pulsión de muerte.

Entonces, si no queremos dejar escapar el supuesto de las pulsiones de muerte, hay que asociarles pulsiones de vida desde el comienzo mismo. Pero es preciso confesar que trabajamos ahí con una ecuación de dos incógnitas.

Comprobamos pues el rigor de Freud: la hipótesis de las pulsiones de muerte solo se sustenta si también las pulsiones sexuales, con sus rodeos para llegar a la muerte, apuntan a restablecer un estado anterior. En efecto, ese supuesto “deriva una pulsión de la necesidad de restablecer un estado anterior” (Freud, 2015: 361).[17]

Una segunda vez, cuando se interroga, no sin dificultad, por las sensaciones de placer y displacer y por los procesos de excitación ligados como por los no ligados. Y sostiene que:

“al comienzo de la vida anímica, la pulsión de placer se expresa con mayor intensidad que más tarde, pero no de modo tan ilimitado; tiene que tolerar frecuentes rupturas”. Y que “en tiempos de mayor madurez el dominio del principio de placer está mucho más asegurado, pero la pulsión [de placer] misma no escapa a la domesticación como tampoco [escapan] las otras pulsiones” (Freud, 2015: 165).[18]

De igual forma que ese principio de placer que excede el marco de la homeostasis, esta curiosa pulsión de placer que tiene que tolerar frecuentes rupturas, sería propia de una manera primaria de trabajo del aparato anímico, un retroceso a esa suerte de autoerotismo ampliado, el que sostuvo las iniciales satisfacciones de la pulsión sexual. Que, posteriormente, “no es autoerótico en lo más mínimo”. Cuando está en juego la realidad sexual en el propio cuerpo “es de lo más hetero que hay” (Lacan, 1975: 127-28).

De nuevo, sin contar aún con la segunda ruptura y sus dos caras, esta Lusttrieb podría conectarse con el placer de desear, vía la pulsión, con el placer de ver activo y pasivo y el placer de infligir dolor y de recibirlo y con la satisfacción sustitutiva de la energía de investidura libremente móvil, susceptible de libre descarga, que puede transferirse, desplazarse y condensarse de manera completa y fácil, tal como señala, con relación al ello y con relación al icc y al proceso psíquico primario.

A su vez, en el capítulo II con la Lusttrieb Freud se pregunta: “si el apremio de procesar psíquicamente algo impresionante… puede exteriorizarse de manera primaria e independiente de la pulsión de placer”. Pero ¿qué es ese algo impresionante? Años después, en 1926, descubre ciertos otros procesos que escapan a la cadena asociativa y que siempre tienen un gran efecto en los respectivos análisis: acontecimientos impresionantes (eindrucksvolle Ereignisse) de la más temprana infancia (Freud, 1926: 242 [202]).

El oxímoron de la pulsión de placer: del griego ὀξύμωρον, oxymoron, en latín contradictio in terminis. En la primera versión usa dos conceptos de alcance opuesto en una sola expresión, que podría generar ―a pesar del mismo Freud― un tercer concepto. Así, la pulsión de placer, que luego tacha, es un enunciado/giro contradictorio como, por ejemplo, la soledad sonora.

Doble paradoja pues. La pulsión de placer tiene que ser atravesada por el más allá como acontecimiento impresionante, para que se pueda instalar, luego, la ganancia de placer. Entonces, el placer del principio de placer será agujereado por el displacer.

Lacan, en 1964, propone explorar esa experiencia impresionante.[19] El sitio junto al niño que la madre ha dejado, la abertura que introduce la partida de la madre ―más allá de la partida misma― es el punto en el que el borde de la cuna produce una ruptura del espacio euclidiano y lo vuelve heterogéneo. El sujeto se enfrentará con esa abertura impresionante que da lugar a algo que no se circunscribe al espacio en que se produce: un punto fuera del territorio del principio de placer.

¿Cómo concluye este último y sexto capítulo de 1919? Con “lo incierto que resultan estas especulaciones”, para intentar sostener ese punto de inflexión entre el campo del principio de placer y el más allá, termina con una recomendación. Nos invita “a extraer lo fáctico detrás de ellas y a centrar la atención en los fenómenos de la compulsión a la repetición” (Freud, 2015: 165),[20] tal como ocurre en los apartados III y V de esta primera versión.

En el capítulo III, la compulsión a repetir en la transferencia, como “la repetición de un destino que acosa”, se ubican más allá del principio de placer. Mientras que en el capítulo V,

las manifestaciones de una compulsión a la repetición halladas… en las experiencias vividas (Erlebnissen) de la cura… muestran en alto grado un carácter pulsional y ―allí donde se encuentran en oposición al principio de placer― demoníaco” (Freud, 2015: 283). [21]

Es mejor cojear que hundirse totalmente[22]

Extraño primer capítulo VI. Brigitte Lemérer subraya que la diferencia central entre las dos versiones está en el agregado, en 1920, de ese largo capítulo que llevará el nuevo número VI en el texto publicado.[23] Pero no estaba enterada que el último capítulo ―el primer capítulo VI― ya estaba en la primera versión de 1919 y fue modificado en la segunda versión.

Entonces, al no estar al tanto de que fue corregido por Freud y que el número VII fue arreglado con el segundo I romano escrito a mano, sostiene que el séptimo capítulo añade una vuelta más a lo que parecía haberse completado con las reflexiones críticas del nuevo apartado VI y refuerza retroactivamente el lado un tanto cojo del conjunto. Tal como señala Freud citando las líneas finales de la poesía “Die beiden Gulden”, aunque invocando otras razones: Lo que no se puede alcanzar volando, hay que lograrlo cojeando (Freud, 2015: 387).[24]

Empero, ya en 1919, las diferentes proposiciones no encajan bien unas con otras. La vuelta de la paradójica Lusttrieb a un estado anterior, la diferencia entre la primera y la segunda ruptura, sus dos caras, la disparidad entre la sensación de tensión y las sensaciones de placer y displacer, por añadidura lo ligado y lo no-ligado.

Así, en el parágrafo respectivo de la segunda versión cambia pulsión de placer (Lusttrieb), primero, por aspiración o tendencia al placer (Luststreben) y, luego, por principio de placer (Lustprinzips), al igual que en el capítulo II. Y como no había diferenciado la sensación de tensión de las sensaciones de placer y displacer, en la versión escrita a máquina[25] recupera lo que anticipaba en 1894 con la cantidad no medible.[26] Se trata de un agregado:

Con esta concepción ―anuncia― compite otra, que quiere referir las sensaciones de tensión a la magnitud absoluta y al nivel de la investidura energética; en cambio, placer y displacer a una variación de esta magnitud en la unidad de tiempo (Freud, 2015: 383).[27]

Freud ya introdujo la diferencia entre miedo, angustia y terror. En consecuencia, sobresalto, no preparación e indefensión ubican en el terror la irrupción de lo no-ligado.

Recién entonces, “la medida de la reducción o del aumento en el tiempo” (Freud, 2015: 41),[28] cuando se maniobre en el territorio de lo ligado pero con su más allá ―y esto le falta sostener a Freud―, va a constituir la variable decisiva para la sensación: “es probable ―concluye en el Esquema― que lo sentido como placer y displacer no sean las alturas absolutas de esta tensión de estímulo, sino algo en el ritmo de su alteración” (Freud, 1938: 68 [144]).

La distinción que introduce la segunda versión y amplia el Esquema, donde se desplaza de la “sensación” de tensión a la tensión de estímulo, nos permite traducir el adverbio irgendwie que acompaña a nicht gebundenen, “de algún modo”. Recordemos que en el capítulo I Freud sitúa “el displacer y el placer en relación con la cantidad de excitación disponible ―y no ligada de algún modo (nicht irgendwie gebunden) en la vida anímica”. Nos diferenciamos de J. L. Etcheverry, C. J. M. Hubback,[29] J. Strachey[30] y J. Laplanche,[31] que sugieren “de ningún modo”. Y aunque ambas expresiones son válidas, tal es así que L. L. Ballesteros decide no incluirla, la estructura de la frase como la construcción teórica que Freud viene desarrollando aconseja traducirlo: “de algún modo”. Entonces, “la serie placer displacer indica una variación de la magnitud de la investidura en la unidad de tiempo”, es decir, interviene la cantidad de excitación presente ―y no ligada de algún modo―; en cambio, “la… tensión ―en el nivel de investidura― apunta a la magnitud o altura absoluta”, es decir, irrumpe, a partir de una cierta intensidad del trauma, la cantidad de excitación ―no ligada de ningún modo― (Freud, 2015: 385).[32]

En síntesis, la investidura libremente móvil ―y no ligada de algún modo―, enmarcada por el ritmo, es transferida, desplazada y condensada por el proceso primario; la investidura libre ―y no ligada de ningún modo― no se puede atribuir a otra cosa que a la irrupción de lo no-ligado: la intervención de “un fragmento de agresión libre” derivado de la pulsión de muerte (Freud, 1937: 384 [246]).

Interviene una angustia nueva con un soporte propio que sorprende a un sujeto indefenso: el horror (Schreck) que, en el capítulo II de Más allá, Freud diferencia de la angustia y del miedo.

En la 32ª conferencia, Angustia y vida pulsional, Freud retoma lo traumático y lo redefine en su acepción temporal. Llama momento traumático (traumatischer Moment) a una situación en la que fracasan los empeños del principio de placer. Sólo la magnitud de la suma de excitación hace de una impresión (Eindruck) un momento traumático (es decir, una marca no visible de goce), paraliza la operación del principio de placer, confiere su significación a la situación de peligro. La experiencia clínica le dice de manera categórica que

momentos traumáticos de esa especie suceden en efecto en la vida anímica sin relación con las presuntas circunstancias de peligro, y entonces, a raíz de ellos, la angustia no se despierta como señal, sino que nace como algo nuevo con un soporte propio (Freud, 2003: nota 21, p. 70).

Falta que distinga en Jenseits, como ocurre un poco después, principio de nirvana y principio de placer y la existencia en el terreno de lo ligado de tensiones placenteras y distensiones displacenteras cuando “dolor y displacer pueden dejar de ser advertencias para volverse, ellos mismos, metas” (Freud, 1924: 343 [79]).

Con el masoquismo pues hay un cambio de meta: se subvierte la regla del principio de placer. Como Freud señala, el analizante

busca ―en el terreno de lo ligado― la satisfacción sustitutiva sobre todo en la cura misma, en la relación de trasferencia con el analista, y hasta puede querer resarcirse por ese camino de todas las renuncias que se le imponen en los demás campos (Freud, 1919: 245 [159]).

En cambio, en el terreno de lo no-ligado se trata ―además de la irrupción y de la intervención de esa angustia nueva― de una satisfacción de otro orden,[33] de un goce que, en la repetición, actúa contra la vida, velando ―un paso más― ese material Icc que permanece no-reconocido,[34] la imposibilidad con que el sexo se inscribe en el inconsciente.

Bibliografía

Cosentino, J. C. (2015). “Una formulación no habitual”, en S. Freud, Más allá del principio de placer. Manuscritos inéditos y versiones publicadas, Texto bilingüe. Edición y comentarios Juan Carlos Cosentino, Buenos Aires: Mármol-Izquierdo.

Freud, S. (1916-17). 23ª conferencia: Los caminos de la formación de síntoma (1916-17), Studienausgabe (SA), I, Frankfurt am Main, S. Fischer Verlag, 1997 Amorrortu (AE), XVI, Buenos Aires: 1986).

Freud, S. (1932). 31ª conferencia La descomposición de la personalidad psíquica. SA, I (AE, XXII, pp. 69-70).

Freud, S. (1900). La interpretación de los sueños (cap. VII, punto E), Gesammelte Werke (GW), II-III, Frankfurt am Main, Fischer Taschenbuch Verlag, 1999 [AE., V, pp. 590-1]).

Freud, S. (1919). Nuevos caminos de la terapia psicoanalítica, SA, Erg., (AE., XVII).

Freud, S. (1924). El problema económico del masoquismo, SA, III y en “El problema económico”, Buenos Aires: Imago Mundi y URL: http//www.juancarloscosentino.com.ar/

Freud, S. (1926). ¿Pueden los legos ejercer el análisis? (capítulo IV), GW, XIV (AE, XX).

Freud, S. (1937). Análisis terminable e interminable, SA, Erg., (AE, XXIII).

Freud, S. (1938). Esquema del psicoanálisis (I, I), GW, XVII (AE, XXIII).

Freud, S. (2003). “Anotaciones ampliadas sobre las neuropsicosis de defensa”, en Primera clínica freudiana, Buenos Aires: Imago Mundi y URL: http//www.juancarloscosentino.com.ar/

Lacan, J. (1959-60). El Seminario, libro VII, La ética del psicoanálisis, Buenos Aires: Paidós.

Lacan, J. (1975). “Conferencia en Ginebra sobre el síntoma”, en Intervenciones y textos II, Buenos Aires: Manantial.


  1. A principios de mayo de 1919 Freud anunció la terminación de un “borrador” y comentó que había concluido un trabajo ―no indispensable― sobre “lo siniestro” para Imago, donde examina las diferentes manifestaciones de la compulsión a la repetición (Carta del 10 de julio de 1919 (817 F), en S. Freud – S. Ferenczi, Correspondance 1914-1919, Tome II, Paris, Calmann-Lévy, 1996, p. 401). Ver S. Freud, Das Unheimliche, Manuscrito inédito. Texto bilingüe. Edición y comentarios: Lionel F. Klimkiewicz, Bs. As., Mármol-Izquierdo, 2014.
  2. Se trata de una de sus vertientes, la más habitual, cuando opera como principio regulador.
  3. S. Freud (1919), Jenseits (Primera versión, capítulo I, párrafo (8), p. 4), en “Jenseits des Lustprinzips” [g], Holograph manuscript, pp. 1-34, Manuscript Division, Library of Congress, Washington, D.C., 2004. Jenseits en todas las referencias remite a S. Freud, Más allá del principio de placer. Manuscritos inéditos y versiones publicadas, Texto bilingüe. Edición y comentarios Juan Carlos Cosentino, Bs. As., Mármol-Izquierdo, 2015.
  4. Ibid, Jenseits (Primera versión, capítulo I, párrafo 6, pp. 2-3).
  5. Las revisiones para la traducción del alemán corresponden a Studienausgabe (SA), S. Fischer Verlag, Francfort del Meno, 1967-77 y Gesammelte Werke (GW), Frankfurt am Main, Fischer Taschenbuch Verlag, 1999; las remisiones corresponden a O C., Amorrortu Editores (AE), Buenos Aires, 1978-85.
  6. Con el exceso de placer del que está dotada la Erlebnis primaria (la experiencia vivida) en la neurosis obsesiva y el displacer que la acompaña en la histeria.
  7. Ibid, S. Freud, Jenseits (Primera versión, capítulo V, párrafo 2, p. 24).
  8. Ya en 1905, Freud sostiene que “la ganancia de placer corresponde al gasto psíquico ahorrado” (El chiste y su relación con lo inconsciente, SA, IV, p. 112 (AE, VI, p. 114).
  9. Ya en Tres ensayos: la pulsión del placer de ver (der Trieb der Schaulust) y de la exhibición, y la pulsión a la crueldad activa y pasiva (cap. I. [4]), SA, V, p. 75 [AE, VII, p. 151]).
  10. Vorlust: placer preliminar.
  11. Op. cit., S. Freud, Jenseits (Primera versión, capítulo I, párrafo 2, p. 2).
  12. S. Freud, Jenseits, (Segunda versión, capítulo VII, párrafo (5a), p. 42’), en “Jenseits des Lustprinzips” [g], Holograph and typewritten manuscript, bound, pp. 1-42, Manuscript Division, Library of Congress, Washington, D.C., 2004.
  13. Ibid, S. Freud, Jenseits, (Segunda versión, capítulo IV, párrafo 12, p. 29).
  14. El supuesto de la pulsión de muerte no fue prudentemente explorado ni ciertamente aceptado por la comunidad analítica. Derrida como varios otros analistas, desde Wittels hasta la actualidad, sugirió que Freud había concebido la idea como resultado de la repentina muerte de su hija Sophie. J. Derrida, La tarjeta postal: de Sócrates a Freud y más allá, op. cit., pp. 246-7 y 286-87.
  15. La responsable de este hallazgo fue Ilse Grubrich-Simitis. “Con la primera versión me topé de manera inesperada ―nos cuenta― durante mis estudios en la Biblioteca del Congreso de Washington” (Ilse Grubrich-Simitis, Zurück zu Freuds Texten, Frankfurt am Main, S. Fischer Verlag, 2003, pp. 233-34 (Volver a los textos de Freud, Madrid, Biblioteca Nueva, 2003, (pp. 242-43).
  16. Ibid, S. Freud, Jenseits (Primera versión, antiguo capítulo VI, párrafos 1 y 3, pp. 32-33).
  17. Ibid, S. Freud, Jenseits (Versión manuscrita, nuevo capítulo VI, párrafo 26, p. 22).
  18. Ibid, S. Freud, Jenseits (Primera versión, antiguo capítulo VI, párrafo 3, p. 34).
  19. J. Lacan, El Seminario, libro 11, Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis, Bs. As., Paidós, 1987, pp. 70-71.
  20. Ibid, S. Freud, Jenseits (Primera versión, antiguo capítulo VI, párrafo 5, p. 34).
  21. Ibid, S. Freud, Jenseits (Segunda versión, capítulo V, párrafo 3, p. 31).
  22. Se trata del verso que Freud reemplazó por la línea de puntos en la parte final de la poesía “Die beiden Gulden”, de Las metamorfosis de Abū Zaid o Las macamas de Al-Harirī (un jerezano, gramático y lexicógrafo).
  23. B. Lemérer (La pulsión de muerte, Bs. As., Nueva Visión, 2006, pp. 19-32) se apoya en el estudio de los manuscritos realizada por Ilse Grubrich Simitis. Pero Grubrich Simitis no llegó a comparar exhaustivamente las diferencias entre las dos versiones y la publicada, capítulo por capítulo, como era su inicial proyecto. En Esbozo para una edición crítica propone para cada manuscrito “un amplio procedimiento de investigación” (Zurück zu Freuds Texten, op. cit., p. 340 [p. 348]).
  24. Ibid, S. Freud, Jenseits (Segunda versión, capítulo VII, párrafo [5a], p. 42’’).
  25. En la versión a máquina añade un nuevo párrafo que rectifica la redacción del (4) y, también, elimina el último, el (5), y los reemplaza por dos párrafos similares, de los cuales solo el segundo (5a), que suprime cierta ambigüedad del primero, pasa a la versión publicada [S. Freud, Jenseits (Segunda versión, capítulo VII, párrafos [5b] y [5a], pp. 42, 42′], en S. Freud, Más allá del principio de placer. Manuscritos inéditos y versiones publicadas, op. cit., pp. 383 y 385.
  26. En las funciones psíquicas cabe distinguir algo (monto de afecto, suma de excitación) que tiene todas las propiedades de una cantidad, aunque no poseamos medio alguno para medirla… ” (S. Freud, “Las neuropsicosis de defensa”, en Primera clínica freudiana, Bs. As., Imago Mundi, 2003, p. 56)
  27. Ibid, S. Freud, Jenseits (Segunda versión, capítulo VII, párrafo [5b], p. 42).
  28. Ibid, S. Freud, Jenseits (Primera versión, capítulo I, párrafo (2), p. 2).
  29. and not confined in any way-: S. Freud, Beyond the Pleasure Principle; Trans. by C. J. M. Hubback, London, Vienna: International Psycho-Analytical, 1922, edited by E. Jones, No. 4; Bartleby.com, 2010.
  30. but is not in any way “bound”-: S. Freud, Beyond the Pleasure Principle, Standard Edition (SE), XVIII, Londres, The Hogarth Press, 1961, pp. 7-65. Traducción: J. Strachey.
  31. -et qui n’est liée en aucune façon-: S. Freud, Au-delà du principe de plaisir, Œuvres complètes, XV, Paris, PUF, 1996, pp. 273-338.
  32. Ibid, S. Freud, Jenseits (Segunda versión, capítulo VII, párrafo [5a], p. 42’).
  33. Vale decir, del ello como goce mudo que no piensa y reúne, diferenciándose de la frase superyoica, la voz del súper-yo con el destino. Y así, “en el deber moral vuelve a aparecer la ligadura de padre del ello a través del súper-yo”. J. C. Cosentino, “El súper-yo como representante del ello”, en S. Freud, El yo y el ello. Manuscritos inéditos y versión publicada, Bs. As., Mármol-Izquierdo, 2011, pp. 561-63.
  34. J. C. Cosentino,Un relectura del Icc”, en S. Freud, El yo y el ello. Manuscritos inéditos y versión publicada, Bs. As., Mármol-Izquierdo, 2011, pp. 513-17 y 547-48.


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