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1 La informalidad laboral en la industria de la confección de indumentaria en Argentina

1.1 Introducción

Con la presente tesis, me propongo realizar una primera aproximación acerca del problema del trabajo informal que afrontan los trabajadores y las trabajadoras[1] de la confección de indumentaria en Argentina en el período que identificaremos como “neoliberalismo tardío”. Para el desarrollo de la investigación hemos tomado como referencia los y las trabajadores/as no registrados/as en los institutos de seguridad social, principalmente de los talleres de Flores en Ciudad de Buenos Aires y de Lanús en Provincia de Buenos Aires, así como también algunas experiencias en polos textiles del (Movimiento de Trabajadores Excluidos (MTE) y la Confederación de Trabajadores de la Economía Popular (CTEP). De acuerdo con la legislación argentina, el registro de la contratación de los/las trabajadores/as por parte de los empleadores en el sistema de Seguridad Social les otorga varios derechos asociados con protecciones diversas vinculadas con la jubilación, la salud y otras, de las que carecen los trabajadores no registrados, lo cual establece notorias desventajas y desigualdades entre unos y otros.

La actividad de la confección de indumentaria es una de las ramas de la actividad del vestido, que a su vez se encuentra estrechamente interrelacionada con la industria textil. Esta última articula varias actividades, desde la obtención de materias primas provenientes de origen vegetal, animal y sintético hasta las actividades que luego utilizan dichas materias primas para la producción de las telas. Las telas son empleadas en una amplia variedad de industrias y productos, entre las cuales la confección de prendas de vestido es una de las más importantes, aunque la tela se utiliza también como insumo para tapizados, para la industria automotriz o el calzado, entre otras.

La confección de indumentaria es una actividad económica de gran relevancia a nivel global debido a que responde a necesidades humanas básicas. Sin embargo, a lo largo de diversas épocas, la indumentaria ha sido crecientemente cooptada por la moda, lo que produjo una transformación en su concepción y significado, donde lo más importante del producto está constituido por la marca y el diseño. Los criterios de producción y comercialización que prevalecen en las empresas que disputan los mercados de la moda tienden a imponer la búsqueda de una reducción extrema de los costos lo que tiende a generar paupérrimas condiciones de trabajo y salarios ínfimos para los trabajadores y las trabajadoras que las confeccionan. Si además tenemos en cuenta la reorientación de las políticas económicas, producto de los cambios registrados en el contexto sociopolítico de los últimos cinco años en Nuestra América con el resurgimiento de la derecha en los gobiernos de muchos de los países de la región, la situación de informalidad de los trabajadores y trabajadoras de la industria de la confección se vio fuertemente agravada. Por tal motivo, una de las preguntas que guían la presente investigación es ¿Cuáles son los factores fundamentales que inciden en la alta tasa de informalidad en la actividad de confección en contextos desfavorables para la clase trabajadora? Si bien entendemos que este es un problema que se da a nivel mundial y por lo tanto excede el objetivo de esta tesis, pretendemos que la misma signifique un aporte al campo disciplinar.

Para dar cuenta de esta problemática, el presente trabajo estará organizado de la siguiente forma: En el primer capítulo se realizará un breve estado del arte sobre la conceptualización de informalidad, sector informal y las perspectivas existentes abiertas en relación con estos trabajadores/as, así como también los estudios de informalidad laboral en el sector específico de la actividad textil-indumentaria. La brevedad de esta presentación se relaciona con la cada vez más vasta y creciente literatura en torno a la informalidad laboral, en paralelo con el también creciente deterioro de los mercados de trabajo formales. Este recorrido nos permitirá elaborar el marco teórico adoptado para el abordaje de la presente tesis, así como también se esbozarán el planteo del problema, sus objetivos y metodología. En el segundo capítulo, nos adentraremos en la actividad de confección de indumentaria, teniendo en cuenta la historia de la actividad en nivel global y en nuestro país y sus particularidades actuales en Argentina, los actores presentes en la misma. Asimismo, se realizará un análisis de las políticas socio laborales aplicadas en el contexto del gobierno de la alianza Cambiemos (2015-2019). En el tercer capítulo se desarrollan las principales características de las relaciones de trabajo institucionalizadas en el sector del vestido, en el que se incluye la presencia de los sindicatos, las cámaras y la negociación colectiva. En el cuarto capítulo, nos abocaremos al proceso productivo, la tercerización, y las relaciones de trabajo que se construyen en la cadena de valor de indumentaria. Por último, se presentarán las conclusiones sobre todos los puntos desarrollados.

1.2 La informalidad en la actividad de la indumentaria. Un enfoque desde las relaciones del trabajo

En el sistema de producción capitalista, las relaciones del trabajo se han configurado de manera tal que existe, desde un enfoque marxista o inclusive institucionalista, una contraposición de intereses entre los empleadores (el capital) y los/las trabajadores/as (el trabajo) y sus organizaciones. Tal como afirma Hyman (1981), el dinamismo del capitalismo lleva a la búsqueda constante de ganancias, lo que trae como consecuencia la inestabilidad de las relaciones de empleo y fluctuaciones en la mano de obra. En sus inicios, la industrialización conformó a los asalariados con características específicas, en las cuales los salarios no alcanzaban más que para la reproducción de la fuerza de trabajo de ese trabajador y su familia. El contrato de trabajo se regía como un contrato de alquiler, sin pretensión de ninguna protección para el trabajador. En aquellos momentos, no existía un lazo con la empresa para la cual se trabajaba (Castel, 1997).

Al finalizar la segunda Guerra Mundial, el trabajo a nivel global se ha organizado en torno a la condición salarial. De manera tal que se ha dado cierta protección a los/las integrantes de la sociedad al asociar derechos y protecciones por ser un trabajador o trabajadora contratado/a por otro/a. El desarrollo de los Estados de Bienestar o Estados Sociales (Castel, 2004) ha sido un factor fundamental para la expansión de estas protecciones. En una sociedad salarial, caracterizada por el pleno empleo, esta protección se extiende a la mayoría de los ciudadanos. En este período, también se consolidaron los sindicatos como las instituciones reconocidas para representar a los/las trabajadores/as y el derecho laboral que los/las protege.

Los estados de bienestar europeos instalados en la época de la posguerra han implementado un sistema social que poseía dos aristas: por un lado, la inclusión de los ciudadanos/as trabajadores/as que contaban con estabilidad laboral y, por otro lado, la protección para aquellos que no gozaban de esa estabilidad.

Sin embargo, estos procesos no se han dado de manera uniforme a nivel mundial. En los distintos países de América Latina se han retomado algunos de estos lineamientos, pero con ciertos contrastes en cuanto a la estructura del empleo. En estos países existían (y aún persisten) grandes sectores rurales tradicionales, con una gran heterogeneidad en las relaciones laborales (Lucena, 1999). Al mismo tiempo, la falta de financiamiento hacía imposible hacer frente a todas las necesidades de la población, por lo tanto, la cobertura era escasa e insuficiente para los/las trabajadores/as no asalariados/as (Tokman, 2006).

Es menester señalar que, en la región de Nuestra América[2], los Estados de Bienestar se han desarrollado de diferentes formas (Filgueira, 1999). En este sentido, Traversa (2011) explica que:

Se reconocen así algunos países pioneros como Argentina, Chile, Uruguay, quienes desarrollaron tempranamente un sistema de bienestar relativamente extendido y de base contributiva, pero que siempre ha dejado fuera a un sector importante de la población, en particular a los sectores más pobres y vulnerables que realizan actividades informales. (p.6)

Según Cortes (2000), para poder comprender las realidades latinoamericanas en los ámbitos laborales es necesario generar estudios e investigaciones sobre el sector informal.

En Argentina, el empleo se ha configurado como un medio para la adquisición de derechos específicos por la condición de trabajador asalariado formal, es decir, ha seguido la lógica del sistema “bismarkiano”: un sistema contributivo asociado a la nómina salarial (Bertranou, 2011) pero que depone en situación de vulnerabilidad a aquellos trabajadores no registrados en la seguridad social (Arcidiácono, 2011). Estos derechos están asociados principalmente a la protección social, es decir, la cobertura frente a determinados riesgos como la vejez, la niñez, un accidente o una enfermedad, entre otros. En términos de Castel (2004) se trata de “sociedades aseguradoras”. De este modo quienes no pueden acceder a un mercado de trabajo formal quedan desprotegidos o devienen en beneficiarios de la asistencia social, profundizando aún más la segmentación social (Barrientos, 2012).

A partir los años ´70 se han implementado políticas económicas que han tenido efectos negativos sobre el mercado de trabajo: subempleo, puestos de trabajo de baja productividad, y problemas de empleo en mercados regionales (Palomino, 1997). Los procesos de colectivización transitados durante el período de consolidación de los estados de bienestar no eran más que un nostálgico recuerdo, dando lugar a los nuevos procesos de individualización.

Durante la década de los `90, primó un discurso neoliberal y neoconservador dentro del cual el Estado era entendido como un impedimento para el desarrollo económico y para el funcionamiento de los mercados. En lo que respecta al mercado de trabajo, este discurso postulaba que las cargas sociales eran agobiantes e insostenibles para los empleadores. En el marco de este discurso, comenzaron a implementarse una serie de medidas flexibilizadoras y precarizantes en materia laboral. De esta manera, la consolidación de las políticas neoliberales profundizó las desigualdades sociales y de los/las trabajadores/as, y trajo aparejado como consecuencia el aumento del desempleo, subempleo, la precarización y flexibilización laboral y trabajo informal. La informalidad laboral trepó a niveles desconocidos hasta ese momento por la Argentina. En el periodo de 1990 al 2003 alcanzó su pico máximo del 46,8% de la PEA, según los datos publicados por Encuesta Permanente de Hogares (EPH) del Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INDEC). Este tipo de inserción informal, en aquel contexto, puede entenderse como una alternativa al desempleo, que implicaba más del 20% de la población.

Desde esta perspectiva, promulgada principalmente por el consenso de Washington, se responsabilizaba a las personas por sus elecciones individuales. El desempleo era el resultado de una elección racional de las personas, que implicaba la decisión de no trabajar ni buscar un empleo. En la práctica, la aplicación de políticas neoliberales concretas propició el desarrollo de cadenas de valor y de terciarización que posibilitó la ampliación de la relación entre unidades productivas informales con empresas formales. Ahondaremos más en este tema en el capítulo cuatro.

A partir del 2003, con la salida de la crisis, la devaluación de la moneda y el nuevo gobierno, Argentina comenzó a transitar una gran cantidad de transformaciones en diversos ámbitos como el social, económico y político, que impactaron profundamente en el mundo de las relaciones de trabajo. Este periodo fue caracterizado como un “nuevo régimen de empleo”, para dar cuenta del sistema de protección al trabajo en contraposición al régimen de precarización de la década anterior (Palomino, 2007). Particularmente, estuvo signado por una serie de políticas laborales contrarias a la década anterior, que pusieron en el centro de la escena la inclusión. El periodo de la posconvertibilidad 2003-2015, con la presidencia de Néstor Kirchner (2003-2007) y las dos presidencias de Cristina Fernández (2007-2015), se produjo un pronunciado descenso del desempleo, el aumento de empleo asalariado formal y la disminución relativa del empleo no registrado, fundamentalmente hasta el año 2007. Luego de ese año, la velocidad de estos fenómenos se hace más lenta. Esto se tradujo en que casi la totalidad del empleo creado a partir del 2004 fuera trabajo registrado en los institutos de seguridad social. Como afirma Bertranou y Casanova (2014), en el periodo de mayor caída de la tasa de empleo no registrado, la creación neta de empleo registrado fue mayor que la destrucción del empleo no registrado. Luego de la crisis internacional, en el año 2009 ambos indicadores comenzaron a descender, lo que revela que la tasa de empleo no registrado descendía a un ritmo mucho menor.

No obstante, los estudios del Ministerio de Trabajo, Empleo y Seguridad Social (2008) dan cuenta de la elevada tasa de informalidad en el sector de la industria manufacturera, que alcanzó el 11% del total del sector informal en el año 2007. En la industria de indumentaria, la salida de la convertibilidad con un tipo de cambio más competitivo incrementó la demanda del sector y comenzó un ciclo de crecimiento sostenido en su nivel de actividad (Lozano, 2009). Para poder hacer frente a la elevada demanda, los talleres de confección continuaron aumentando en cantidad de establecimientos. Sin embargo, y pese al contexto favorable que acompañaba el crecimiento del país, el modelo de producción a través de los talleres externos ya se había consolidado fuertemente en la década anterior y no se volvió al funcionamiento tradicional al interior de las empresas. Asimismo, la informalidad laboral se profundizó en los años noventa y se agravó en el período de posconvertibilidad. En el año 2009, el sector de indumentaria alcanzó una tasa de empleo de 40% explicando el 13,8% del total del empleo no registrado en el país según datos de la EPH (2009).

En el 2011 se redujo la desocupación abierta a menos de la mitad de lo que registraba en 2003 y en el año 2015 llegó a su mínimo de 5,9% según datos del INDEC. Los subsidios por desempleo se redujeron por un cambio en la composición de la protección social. Entre el 2003 y el 2011 se incorporaron 3.4 millones de trabajadores asalariados a la población ocupada urbana. Los trabajadores no registrados se redujeron a un tercio de los asalariados. No obstante, el trabajo informal no transitó la misma suerte que otras problemáticas que presentaba el mercado de trabajo, como el desempleo. Durante todo el periodo de la convertibilidad, la informalidad continuó siendo un problema presente en la agenda pública dado el alto porcentaje de trabajadores no registrados: el 31% si tomamos el dato más bajo del periodo ubicado en el primer trimestre del 2015 según los datos publicados por la EPH (2015).

De acuerdo con el informe de la OIT (Bertranou y Casanova, 2014) en el sector de indumentaria en Argentina, solo el 22% del total del empleo corresponde a empleo asalariado formal. El 32.5% se configura en empleo independiente y el 45.5% restante es empleo no registrado. Según este informe, el elevado porcentaje en la falta de registración en los institutos de seguridad social se explican a través de las especificidades técnico-productivas, debido a escasos requerimientos de capital físico, la facilidad para aprender el oficio y la falta de necesidad de realización del proceso productivo de manera integral en el mismo espacio. También encuentra sus causas en la falta de competitividad del sector, así como también la elevada informalidad de las unidades de producción. Es de destacar el aumento de los talleres clandestinos de confección de indumentaria con una elevada presencia de inmigrantes.

En el periodo siguiente, que se inició con el gobierno de Cambiemos, la tasa de asalariados sin descuento jubilatorio asciende a un máximo del 35% en el 2019 (EPH, 2019). En la industria manufacturera particularmente, la tasa de empleo no registrado ascendió al 30,4% en el tercer trimestre del 2019 (según datos de la EPH). La evolución del empleo registrado del sector privado en el sector de la manufactura en los principales centros urbanos, relevada por el Ministerio de Trabajo, Empleo y Seguridad Social en su Encuesta de Indicadores Laborales (EIL), registró una baja desde el primer trimestre de 2016 que fue constante, a excepción del cuarto trimestre del 2017. En diciembre 2019, la variación mensual del empleo registrado privado fue de -0,5%.

No obstante, el dato estadístico no es lo primordial en esta investigación, sino que nos permite evaluar la magnitud del problema. Los trabajadores y las trabajadoras informales generalmente se encuentran expuestos a mayores niveles de vulnerabilidad social (Kessler, 2013) con riesgos de exclusión social y eso resulta fundamental para atender cuestiones de integración social.

Los trabajadores, empresarios y sus organizaciones, así como también asociaciones de la sociedad civil que se vinculan a la defensa de los derechos de los/as migrantes y contra el trabajo esclavo, desarrollan sus propias políticas, reglas y estrategias frente a la problemática del trabajo no registrado, por lo cual la acción de estos actores es un aspecto fundamental en el análisis de la problemática en general.

Otro punto relevante se refiere al modo de fabricación particular del sector de las confecciones de indumentaria y de la comercialización de prendas en el cual pueden encontrarse extensas y complejas cadenas de valor y subcontratación. En un sinnúmero de ocasiones, los/las empleadores/as buscan la reducción de costos hasta el punto de incurrir en la violación de los derechos de los/las trabajadores/as. Esta forma de organización de las estructuras productivas no es exclusiva de nuestro país, sino que se da a nivel mundial, con sus particularidades en cada región. En esa línea nos interrogamos sobre las especificidades de un sector de actividad que se mantiene constante en la informalidad, con un elevado porcentaje de falta de registración de sus trabajadores/as, tanto en contextos macroeconómicos favorables como desfavorables.

Si bien los datos estadísticos nos permiten tener una visión general de la realidad acerca de la informalidad, es relevante conocer las condiciones de vida en las que viven las personas que no tienen acceso a la cobertura social que sí poseen las y los trabajadores en relación de dependencia. Frente a este contexto adverso, es fundamental conocer cómo se organizan para conquistar mayores derechos.

1.2.1 Trabajo no registrado y desigualdad social

Como se ha mencionado anteriormente, la configuración de la seguridad social en Argentina, en la década del ´40 con el peronismo en el gobierno, ha implicado derechos y protección social para los/las trabajadores/as salariados/as. Sin embargo, esta protección ha sido establecida para aquellos que se encuentran registrados, generando así una diferencia con quienes no se encuentran registrados/as. Por lo tanto, se profundiza la estratificación social en los términos que utiliza Mesa Lago (2000) para referirse a las características de los países latinoamericanos con sistemas de seguridad social casi universales, pero con beneficios disímiles según la población. La cobertura de la seguridad social en Argentina se diferencia según las categorías de trabajadores, generando desigualdades entre los/las trabajadores/as rurales, las empleadas domésticas[3], los/las trabajadores/as autónomos/as y los/las autogestionados (Danani y Hintze, 2011).

A partir del nuevo siglo se ha producido un cambio en el rol de los estados Nuestroamericanos en general y en Argentina en particular, que permiten pensar en una transición de la política social. Sin embargo, el siglo XXI se ha iniciado con una preponderancia de la asistencia social y de la ciudadanía a través de la proliferación de programas de transferencia condicionada de ingresos y no del aumento de la cobertura de la seguridad social. La seguridad social sumada a las políticas del mercado de trabajo conforma la protección social, la cual sumada a las políticas de servicios básicos integran las políticas sociales (Barrientos, 2012).

La presente tesis se inscribe dentro del problema que representa la desvinculación de los salarios de la institución de la seguridad social como una cuestión central para el avance de nuevas políticas sociales tendientes a la universalidad e igualdad de los derechos.

1.3 Estado del arte: perspectivas de análisis sobre la informalidad

A lo largo de varios años, el concepto de informalidad ha adoptado diversas definiciones y formas de medición. Lejos de arribar a un consenso respecto de su significado, aún existen en la actualidad numerosas definiciones del concepto de informalidad según el marco teórico en el que se inscriba.

En términos generales, podemos clasificar las perspectivas teóricas clásicas en torno a la informalidad en dos grandes grupos temáticos: 1) aquellas perspectivas que se vinculan con cuestiones de teoría y estructura sociales, por un lado y 2) las teorías relacionadas al mercado de trabajo. Por último, podemos postular una tercera cuestión en torno a la vinculación entre las dos anteriores.

1.3.1 Teoría social y estructura social

Las perspectivas que podemos encuadrar en torno a la temática de la teoría y la estructura sociales se encuentran dentro de una visión dualista de la economía, en donde existen dos sectores diferenciados: uno atrasado y otro moderno. Esta perspectiva se inscribe en el marco de la teoría del desarrollo que postula el avance de las naciones hacia una sola dirección posible. Se trata de una visión euro centrista, que no tiene en cuenta las particularidades de Nuestra América. Lewis (1954) fue el primero en ocuparse del concepto de trabajo informal desde la teoría dualista de los mercados, principalmente de las economías en vías de desarrollo. Según esta teoría, existen dos sectores diferenciados, un sector tradicional de baja productividad y sin barreras de ingreso y otro moderno donde existen algunas rigideces. De acuerdo con esta postura, el sector informal era residual, es decir, que existía porque el sector moderno no podía absorber toda la mano de obra disponible. Los trabajadores que migran del sector tradicional–rural al moderno–urbano se convertían en subempleados o desempleados por lo que pasarían a estar en condición de informalidad.

El Centro para el Desarrollo Económico y Social de América Latina (DESAL) analizó la marginalidad en su vinculación con las etapas del desarrollo postuladas anteriormente por Rostow (1961) que se resumen en i) la sociedad tradicional, ii) las condiciones previas al impulso inicial, iii) el impulso inicial, iv) la marcha hacia la madurez y v) la era del alto consumo en masas. Desde esta teoría, son los marginales quienes representan un freno al desarrollo.

Desde la perspectiva de la teoría de la dependencia, se concibió la informalidad teniendo en cuenta las actividades económicas. Se sostenía que algunas actividades que fueron centrales para la acumulación capitalista se transformaron en marginales, en las que se empleó población marginal o un “ejército industrial de reserva” en términos marxistas. Oliveira consideraba que las formas productivas no capitalistas ayudan a la formación de la tasa de ganancia de las formas productivas capitalistas.

Nun, Marín y Murmis (1969) se refirieron a la informalidad en América Latina desde una perspectiva dual de la sociedad, haciendo foco en los conceptos de marginalidad y el mercado laboral principalmente. Analizaron las características de la población informal y su inclusión al sistema social. Posteriormente, cuestionaron si se trataba de una falencia en la capacidad del sector moderno para incorporar a todos los trabajadores o si efectivamente eran una “masa marginal”.

Los pioneros en hacer referencia a la informalidad en Nuestra América desde el enfoque teórico de la heterogeneidad estructural fueron Pinto (1970) y Tavares desde la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL). Postularon que el trabajo informal se producía por la incapacidad del capitalismo en la periferia de generar acumulación suficiente para absorber la fuerza de trabajo en el sector moderno de la economía.

Al mismo tiempo a nivel global, la OIT introdujo el concepto de sector informal (1972) basado en los escritos del antropólogo Hart (1970), identificado como el “trabajo de los pobres”. Este autor fue quien sistematizó los estudios que había hasta el momento sobre el sector informal. Según este autor, la informalidad refería a un tipo particular de inserción ocupacional, con baja productividad. La Organización Internacional del Trabajo (OIT) desde el Programa Regional de Empleo para América Latina y el Caribe (PREALC), dirigido por Victor Tokman agregó en 1973 el concepto de sector informal urbano (SIU) referenciando a pequeñas unidades productivas con baja productividad. Desde este enfoque se tomaba como unidad de análisis a las unidades de producción, las cuales eran consideradas como actividades no organizadas.

En la 90° conferencia Internacional del Trabajo realizada en el año 2002, Tokman redefinió el concepto del SIU y elaboró una conceptualización más amplia: la de “economía informal” vinculada a las definiciones de la OIT sobre el “trabajo decente”.

También pueden incluirse dentro de esta perspectiva los aportes de Freyssinet (1976). De acuerdo con este autor el tema debe ser estudiado desde el enfoque de la heterogeneidad estructural de las actividades económicas que surgen del modo de producción capitalista. Se toma en cuenta la inserción que cada país tiene en la división internacional del trabajo que decantan en la aparición del desempleo y en el empleo informal. De esta forma, la informalidad en el empleo cumple varias funciones que tienen que ver con la alternativa al desempleo, baja los salarios de mercado, reduce los costos laborales.

En Argentina, los estudios e investigaciones de Salvia pueden ser incluidos dentro de esta lógica, basados en la teoría de la heterogeneidad estructural y segmentación del mercado laboral. Según este autor (2013), a pesar de que el crecimiento económico haya posibilitado el crecimiento del empleo registrado y descendiera el empleo no registrado, la desigualdad en la estructura económica–ocupacional se mantiene intacta. Es decir que la heterogeneidad estructural como régimen de reproducción social no ha aumentado, pero tampoco ha descendido, si se la mide en términos de accesibilidad a empleos de calidad.

Dentro de la misma perspectiva, pero con una tendencia neoliberal, se toma la “actividad informal” como la unidad de análisis. No se refiere al sector ni al trabajo informal ni a las personas. Desde este enfoque se señala que el incumplimiento del marco regulatorio se produce debido a la “agobiante” intervención estatal. El principal exponente de esta postura es De Soto (1987; 1992), quien define a la informalidad como la falta de cumplimiento de las normas vigentes por parte de las organizaciones y las empresas. Desde esta perspectiva, serían informales todas aquellas actividades que son clandestinas o ilegales. La informalidad apunta a las actividades y no a las personas y para este autor, la informalidad “es una zona de penumbra”. Su análisis se basó en la experiencia peruana y su sistema legal.

Desde una de las vertientes dentro de esta perspectiva, desempeñarse en el sector informal sería una elección racional de acuerdo con un análisis de costo-beneficio. Para el caso de los trabajadores, estos analizarían los costos y beneficios de trabajar en el empleo formal contra la posibilidad de acceder a los beneficios de la protección social y allí se definirían por uno u otro (Moneley, 2004; Levy, 2008). Esto conlleva a pensar que, si un país tiene un sistema de protección social desarrollado, las personas elegirían trabajar en la informalidad o directamente no trabajar, lo cual justifica no tener grandes protecciones sociales.

En el caso de pequeñas empresas o emprendedores, el análisis se vincula con los costos de registración tanto económicos como administrativos. Asimismo, que sea una elección personal no significa que puedan escapar de la pobreza. Esa elección podría estar vinculada a que sus calificaciones y las condiciones del mercado representan una mejor opción que el empleo formal (Cazes y Verick, 2013).

1.3.2 Mercado de trabajo

Desde la perspectiva neo-marxista, todo lo productivo es trabajo. Portes, Castells y Benton (1989) entienden la informalidad de modo amplio. El sector informal sería aquel que funciona por fuera del estado, representando un problema propio del capitalismo. La informalidad es parte de la estructura de producción capitalista y las actividades del sector informal se interrelacionan con las del sector formal ya que estas últimas tercerizan o subcontratan una parte del proceso productivo aprovechando menores costos. Por su parte, Portes y Benton (1987) postulan que se debe tener en cuenta a las personas. Estos autores entienden la categoría de los/las trabajadores/as informales como aquellos/as que no tienen los derechos que otorga la ley por estar registrados/as en los institutos de seguridad social. Dichos autores introducen el concepto de “trabajadores informales”. Desde esta lógica, el/la capitalista solo se interesa por la maximización de sus ganancias y el aumento de la plusvalía ya sea absoluta o relativa. Por lo tanto, busca reducir al mínimo los costos y gran parte de estos se encuentran representados por los costos laborales que implican los/las trabajadores/as a su cargo.

Siguiendo esta perspectiva, las grandes empresas, luego de la crisis del petróleo en los años ´70 y la consecuente crisis económica, han comenzado a deslocalizar gran parte de su producción para reducir considerablemente los costos productivos, aprovechando las ventajas comparativas de cada zona o país. Así es como comenzaron a desarrollarse las cadenas de valor entre países que vinculan tanto a sectores modernos de la economía como a pequeñas empresas subcontratistas más vinculadas al sector informal. Esto no implicaría una característica exclusiva de “países periféricos” sino que los países capitalistas centrales también son usuarios de este tipo de proveedores informales y se sirven de ellos (Castells y Portes, 1986).

Existen otras definiciones y perspectivas en torno al concepto de informalidad. Entre ellas se pueden mencionar a Souza, Cacciamali y Salvador, que desde la literatura brasileña postulan que la informalidad es parte del proceso de acumulación capitalista. Pérez Sáinz (1995) por su parte, critica el concepto de sector informal e introduce el concepto de neoinformalidad. A través de este concepto, el autor describe tres escenarios diferentes: la economía de la pobreza, la subordinación al sector de transables y la aglomeración de pequeñas empresas dinámicas. De esta forma, es posible pensar en distintas unidades de análisis según el escenario. En el primer escenario, las unidades de análisis son el establecimiento y el hogar. En el segundo, la unidad de análisis debería ser la trama de relaciones entre establecimientos. Por último, en el tercer escenario la unidad de análisis es la comunidad en la que se establece la conglomeración de pequeñas empresas.

1.3.3 Aproximaciones sobre informalidad en Argentina

Siguiendo la misma lógica mencionada en el apartado anterior, en Argentina se replican las perspectivas teóricas orientadas a la estructura social y las que se abocan al mercado de trabajo. Por un lado, una vertiente se identifica aun con el concepto de sector informal (Beccaria, Carpio y Orsatti, 2000; Cimillo, 2000; Monza, 2000) y la visión dual del mercado de trabajo. Por otro lado, otros/as autores/as han adoptado la definición estadística de la OIT del año 2002 mencionada anteriormente (Feldman y Murmis, 2002; Palomino y Pastrana, 2002; Chávez Molina, 2005; Busso, 2004, 2005; Gallart, 2006; Campos, 2007; Palomino, 2007, 2011). En nuestro país, Gallart (2006) sostiene que para estudiar la informalidad laboral se debe tomar como unidad de análisis tanto a los/las trabajadores/as como la organización que les emplea.

En relación con los problemas del mercado de trabajo, se puede destacar la mención que realiza Kessler (2013) acerca de la exclusión social, ya que presenta las visiones que existen en Argentina: La unitaria y la pluralista. Estas visiones complementan los estudios acerca de la informalidad laboral para analizar las situaciones de los/las trabajadores/as que se encuentran excluidos/as del mercado de trabajo formal. El autor plantea que si bien en Argentina se ha dado un proceso de desarrollo económico y de implementación de políticas públicas para favorecer la inclusión social en el período 2003-2015, la exclusión persiste. Desde la visión unitaria, explica la importancia del concepto de exclusión social desde las políticas sociales. Para esto toma la tesis de Castel (1995) sobre los/las “inaptos” para el trabajo y cómo comienzan a diversificarse los grupos que demandan asistencia social. En este caso, el concepto de exclusión social fue el homogeneizador para pensar nuevas políticas sociales para estos grupos heterogéneos. Aquí el concepto de desafiliación de Castel (1991) es clave para comprender la fragilización laboral y relacional, que sirvió de basamento para una nueva generación de políticas de desarrollo local. Esta visión permite comprender el rol del Estado en relación con ciertas reivindicaciones sociales y su función para mantener las condiciones de vida y luchar contra la exclusión. Es así como se puede tomar esta visión para entender las políticas destinadas a la lucha contra la informalidad laboral que se han implementado durante el Kirchnerismo, como por ejemplo el Plan Nacional de Regularización del Trabajo (PNRT) impulsado por el Ministerio de Trabajo de la Nación.

Desde la visión pluralista, es notable la distinción que se realiza respecto de la exclusión en el trabajo y la exclusión del trabajo, y de bienes y servicios. Esta distinción permite incluir en el análisis a la informalidad y la precarización laboral. A pesar de que se hayan dado procesos de re-regularización de las relaciones del trabajo en el período 2003-2015, su alcance estuvo limitado a los/as trabajadores/as formales, profundizando la exclusión en el trabajo de los trabajadores no registrados. Desde esta perspectiva entonces es posible analizar las desigualdades existentes en la sociedad a partir de la exclusión en el trabajo.

Por otro lado, los aportes de Palomino y Dalle (2013) en correspondencia con las categorías ocupacionales, permiten comprender el mapa del mercado de trabajo del período de la posconvertibilidad. El concepto de movilidad colectiva permite analizar la igualdad (o no) de oportunidades. También los conceptos de integración y fluidez son relevantes en el análisis de la presente tesis para comprender la competencia por el acceso a mejores posiciones por parte de los trabajadores que se encuentran en situación de informalidad.

1.3.4 Estudios sobre la informalidad en la industria de la indumentaria

Particularmente en torno a la informalidad en el sector textil y el comercio de las confecciones se encuentran los trabajos de Campos (2007) y Schorr y Ferreira (2013). Campos sostiene que, durante el periodo de la posconvertibilidad, continuaba existiendo un “stock” de informalidad a pesar de la implementación de medidas socioeconómicas implementadas durante los gobiernos kirchneristas que aumentaron el trabajo formal. Las definiciones desde las cuales parte son: el trabajo informal según su condición de registración en la seguridad social y la unidad productiva de acuerdo con el cumplimiento o incumplimiento de las normas tributarias y laborales. Lo que propone el autor, desde la concepción del trabajo decente de la OIT, es la incorporación de las unidades productivas informales a la formalidad impositiva y laboral por el derrotero de mejoras del ingreso.

Un aspecto relevante de los estudios sobre la informalidad es su localización, que motivó una gran cantidad investigaciones que se focalizaron en las ferias comerciales (Libchaber y Pogliahi, 2008; Busso, 2010). Dentro de esta línea de indagación se definen como unidad de análisis tanto las unidades productivas como las modalidades de contratación de los trabajadores. Concluyen que, aunque las unidades productivas que comercializan sus productos en las ferias no sean informales en su totalidad, casi todo el conjunto de les trabajadores sean dependientes o independientes se encuentran bajo la informalidad. Generalmente este tipo de inserción representa una alternativa al desempleo y un ingreso de subsistencia. También mencionan la existencia de un sistema informal, donde unidades formales e informales se interrelacionan. A propósito de esta cuestión, el trabajo de Schmukler (1979) menciona la problemática de la subcontratación y la maquila en la actividad del vestido y textil.

Numerosos autores han realizado investigaciones sobre el desarrollo de la industria textil en Argentina y las condiciones de trabajo específicas de la actividad (Adúriz, 2009; Belini 2008; Kestelboim, 2008; Montero, 2015). En estos trabajos se destaca el retraso de esta industria en nuestro país, su carácter procíclico, así como también la estrecha relación que mantiene con el sector de confección de indumentaria. Otros/as autores/as han centrado sus estudios en la caracterización de la cadena de valor (Acosta, 2011; Gallart, 2006; Ludmer, 2018). Ambas industrias, textil e indumentaria, conforman un entramado complejo de eslabones. Algunos/as autores/as (D´Ovidio, 2009; Montero, 2015) postulan que la propia lógica de la cadena de valor es la que facilita la informalidad laboral, desde un enfoque más institucionalista, haciendo foco en la falta de registro en los institutos de seguridad social. En estas investigaciones se reconocen numerosos actores que intervienen en las distintas fases del proceso: los/las fabricantes, las marcas o comercializadores/as, los/las intermediarios/as o confeccionistas, las diseñadoras y diseñadores independientes y los talleres. La mayoría coincide en identificar a las marcas como las iniciadoras del proceso productivo, aunque muchas veces no forman parte de este, sino que solo se encargan del diseño y la comercialización (Klein, 2000). La tercerización está presente en toda la cadena de valor y generalmente es definida como una estrategia del actor empresario para desligarse de las responsabilidades que trae aparejadas la contratación de trabajadores/as (Esponda y Basualdo, 2017; Broinstein, 2007; Battistini, 2010).

Es menester destacar que, si bien una gran cantidad de los trabajadores/as que están tercerizados/as son informales, dichos conceptos no son sinónimos. Sin embargo, en la actividad de confección de indumentaria estas problemáticas se encuentran altamente vinculadas. La tercerización se ha dado de forma masiva en todo tipo de empresas en el sector de las confecciones como una estrategia para abaratar los costos al máximo, sumada a prácticas precarizantes y una gran informalidad ya sea impositiva, laboral y previsional (Salgado y Zivec, 2014). Los y las intermediarios e intermediarias han asumido un rol central en el desarrollo productivo del sector.

Otra gran cantidad de autores/as han trascendido el tema de la informalidad laboral y han problematizado la explotación laboral en los talleres clandestinos o talleres del sudor, la reducción a la servidumbre y la “esclavitud” (Benencia, 2009; Leutier, 2010; Barattini, 2010; Salgado, 2011, 2013; Choren, 2012; Montero, 2012, 2014; 2014; Arcos, 2013). En estas investigaciones una de las dimensiones que se destaca como fundamental para explicar la explotación es la inmigración, ya que él y/o la inmigrante se encuentra en estado de extrema vulnerabilidad (Pascucci, 2010; Cerrutti y Maguid, 2007; Martí Garro, 2011). Otra dimensión que se destaca desde una perspectiva crítica es el rol que ocupa el Estado como garante de los derechos humanos y laborales de los/las trabajadores/as (Amengual, 2011; Magnano, Etchegorry, Orchansky y Matta, 2017).

1.4 Marco teórico-conceptual

La teoría a partir de la cual será enfocada la presente tesis parte de la premisa de que no existen dos mundos separados entre lo formal y lo informal, sino dos mundos articulados, donde encontramos extracción de plusvalía y una superexplotación de los y las trabajadores y trabajadoras. Por esto sostenemos que no hay un proceso de segmentación de los mercados, sino que estos se interrelacionan.

Uno de esos sectores genera super ganancias, de forma directa como plusvalía o de forma indirecta a través de la comercialización de sus productos, para el caso de estudio en específico, de las prendas de vestir.

Con el fin de realizar un estudio sobre las relaciones del trabajo y las políticas sociolaborales en torno a la informalidad adoptaremos como marco teórico-conceptual el enfoque neo-marxista desarrollado principalmente por Portes, Castells y Benton (1987; 1989) y seguiremos la línea de investigación de María Antonia Gallart en Argentina.

Según estos autores/as, existen dos formas de empleo en ese sector. Un empleo formal controlado por las agencias estatales y otro empleo no cubierto por las leyes, pero que también contribuye a la producción del sector formal, con mayor flexibilidad, bajos costos y con presencia de trabajadores y trabajadoras informales. La contratación de trabajadores y trabajadoras de manera informal deviene en la reducción de costos de reproducción de la fuerza de trabajo. De esta forma, el sector formal aprovecha las ventajas económicas que ofrece el sector informal, utilizando la tercerización y subcontratación de sus procesos productivos lo que les permite reducir sus costos de producción. De esta manera, se maximizan las ganancias y obtienen un diferencial, que no obtendrían si cumplen con la legislación laboral.

El sector informal urbano es definido como “todas las actividades generadoras de ingreso no reguladas por el Estado en entornos sociales en que sí están reguladas actividades similares” (Castells y Portes, 1989: 12). La división internacional del trabajo ha contribuido al surgimiento de nuevas actividades que funcionan por fuera del marco legal o de protección estatal.

La diferencia entre los salarios de sector formal e informal motiva a los/las empleadores/as a hacer uso de los/las trabajadores/as informales mediante tercerización (Gallart, 2007). Siguiendo esta misma línea, la autora plantea que el uso de esa fuerza de trabajo informal se da principalmente en aquellas ramas de actividad que permiten descentralizar la producción y fracturar el proceso productivo, no sólo en cuanto a la organización en distintas etapas, sino también en cuanto a la localización de las unidades de producción, como el caso de la industria del calzado, la construcción y de la que nos ocuparemos en el presente análisis, de la textil y la vestimenta. Esta deslocalización de los procesos genera redes que entrelazan organizaciones muy diversas y desiguales. Esta perspectiva define a los sectores no registrados como la continuidad de los procesos de producción a fason del capitalismo primitivo.

Desde esta teoría, es posible pensar al sector informal no como un sector paralelo y diferenciado del formal, sino plenamente articulado dentro del sistema capitalista. Por lo tanto, esta lógica de funcionamiento no es privativa de Nuestra América, sino que también se da en los países centrales. Para poder comprender la realidad del sector informal, de la economía informal o de los/as trabajadores/as sumergidos/as en esa situación es necesario hacer referencia al sector formal.

En la industria de las confecciones de la indumentaria aún se encuentran presentes formas de trabajo precapitalistas vinculadas con el trabajo a domicilio, relacionándose así la esfera doméstica con la esfera del mercado y la producción.

Asimismo, se reconocen dos aspectos fundamentales en el estudio de la informalidad. Uno es la alta presencia de inmigrantes ilegales, sin documentación de identidad, que produce una inserción necesariamente al margen de la legislación laboral. El otro aspecto que menciona Castells (2006) es el límite con la ilegalidad y la criminalidad donde la división es mínima y cada vez más difusa.

Siguiendo esta misma línea, y retomando aquello que planteamos respecto a la coexistencia y articulación del sector formal e informal de la economía, Pogliaghi (2007) manifiesta:

“…la dinámica propia del sistema de acumulación capitalista que de manera continua produce, elimina y reproduce a las actividades informales: las empresas informales ocupan aquellos espacios que son dejados de lado por las formales debido a su escasa capacidad de acumulación” (p. 140).

Numerosos estudios dan cuenta de la importancia sobre la investigación de esta interrelación para comprender su funcionamiento y cómo el sector formal se sirve del informal, así como también las motivaciones de los/las empresarios/as y trabajadores/as para mantenerse en situación de informalidad (Birkbeck, 1978; Bromley, 1978; Lomnitz, 1977; Schmukler 1979).

En términos concretos, si se toma como unidad de análisis al trabajador o la trabajadora para el caso de Argentina, ser un o una trabajador/a “no registrado/a” implica no estar dado de alta en el registro que establece la Ley de contrato de trabajo 20744 y la Ley de Empleo 24013. Es decir, que no se realizan los aportes y contribuciones patronales correspondientes a la jubilación. En términos estadísticos esta información puede ser obtenida a través de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH), en especial la información relevada sobre la inserción laboral de las personas.

Tomaremos como punto de partida la taxonomía propuesta por Gallart (2006) para identificar las unidades de análisis, dentro de las cuales detalla al trabajador como no registrado.

Otra de las discusiones que atraviesan este tipo de estudios se relaciona con el concepto de precariedad. Numerosos autores han asimilado la precariedad y la informalidad en la misma definición. Algunos autores (Palomino, 2001; Battistini, 2009) sostienen que es la inestabilidad de la relación laboral la que determina la precariedad, tanto desde sus características legales como desde el incumplimiento de alguna de ellas.

Para otros autores, la precariedad está asociada a dimensiones más amplias. Menéndez (2009) afirma que:

Podemos mencionar seis dimensiones de precariedad, partiendo de autores como Cano y Boufartigue, que nos permiten observar esa condición en distintos grados según los casos: 1- la falta de estabilidad en el empleo; 2- el deterioro de las condiciones de trabajo que implican una mayor degradación y vulnerabilidad, 3- la incertidumbre e insuficiencia del ingreso, 4- la reducción de la protección y seguridad social (Cano, 1994, 1996), 5- la falta de representación y cobertura sindical, 6- el deterioro del reconocimiento práctico y simbólico de la realidad del trabajo (Boufartigue, 2007). Y agrega dos más, 7- La primera, que es probablemente expresión de una realidad mucho más extendida que la del Estado, vinculada al incremento de la heterogeneización laboral y en consecuencia la mayor fragmentación y el consecuente deterioro de los lazos y vínculos al interior del colectivo de trabajo (y el proceso de individualización). 8- Y otra dimensión que atañe particularmente a nuestro universo y que tiene que ver con la inestabilidad del vínculo político. (p.3).

Lejos de agotar la bibliografía sobre el tema, propusimos aquí algunas definiciones para diferenciar la precariedad de la informalidad. Entendemos que la precariedad abarca otro tipo de problemática vinculada a la inestabilidad de la relación laboral y la falta de cumplimiento de los derechos vinculados a ella.

Es importante tener en cuenta aquellas situaciones “grises” en las cuales el trabajador figura registrado, pero se declaran ingresos inferiores a las que ciertamente se les paga o están categorizados con una jornada inferior a la que efectivamente cumplen. Este último caso, responde a estructuras organizacionales más grandes, que no serán tenidas en cuenta para esta tesis.

En relación con la negociación colectiva tomaremos los aportes realizados por Trajtemberg (2016) y Marticorena (2011; 2014; 2017) sobre su caracterización en nuestro país, tanto en términos generales como en contextos específicos.

En cuanto a la tercerización, existe una gran cantidad de bibliografía abocada al tema. Sin embargo, las definiciones de Esponda y Basualdo (2016) son de gran utilidad ya que aportan claridad al tema, reconociendo que no puede ser considerado tercerización. Es decir, distinguen el término de tercerización respecto de precariedad y flexibilización.

Sobre la dinámica de las relaciones de trabajo específicas en el sector, es necesario abordarlas desde una perspectiva que contemple no solo las relaciones institucionalizadas o típicas sino todas las posibilidades que se puedan dar en torno a ellas. Concretamente, Palomino (2001), en base a las teorías clásicas sociológicas de Marx, Weber y Durkheim construyó un mapa analítico de las diversas formas de contratación y relaciones de trabajo en distintos ámbitos.

Por último, la dimensión de la política social es fundamental para esta tesis, específicamente las políticas laborales, la seguridad social y la protección social. Danani (2004) define a las políticas laborales como aquellas particulares intervenciones estatales que tienen por objeto el trabajo humano y las interacciones que de él se derivan, y que en la medida en que regulan la relación del capital y el trabajo, operan de manera directa en la esfera de la distribución primaria del ingreso. Retomaremos esta perspectiva para el análisis de las políticas implementadas por el gobierno de Cambiemos (2015-2019) en genera y que han tenido repercusiones en la actividad de la confección de indumentaria en particular.

1.5 Objetivos

1.5.1 Objetivo general

Analizar los procesos de organización de los/as trabajadores/as informales de la actividad de la confección de indumentaria en Argentina ante la falta de cobertura de la seguridad social durante el período 2015-2019.

1.5.2 Objetivos específicos

  1. Describir las características particulares de la actividad del vestido en Argentina.
  2. Explorar las formas de trabajo institucionalizadas en la actividad del Vestido.
  3. Analizar la dinámica de producción de indumentaria y la cadena productiva.
  4. Analizar las relaciones de trabajo que se establecen entre los actores intervinientes en la cadena de valor de la confección de indumentaria.
  5. Comprender el rol que asumen los trabajadores y las trabajadoras y cómo se organizan en torno a al trabajo informal.

1.6 Metodología

El presente trabajo se inscribe dentro de los estudios sobre el trabajo informal en un sector específico de actividad. En la industria de la indumentaria encuentran numerosos casos de falta de registración de los/as trabajadores/as en los institutos de seguridad social, así como también la falta de inscripción en el caso de los trabajadores por cuenta propia. El objetivo de esta investigación es realizar una caracterización de las particularidades de la actividad y poder dar cuenta de las estrategias que despliegan los y las trabajadoras frente a los problemas que trae aparejados la informalidad.

La relevancia de los estudios sociales sobre la informalidad se basa en que la misma impacta de forma directa en el desarrollo de un país y en la calidad de vida de sus habitantes. Como ha sostenido la CEPAL en numerosos estudios que tratan sobre la informalidad (1994, 2007, 2015) en América Latina existe una gran proporción de la población que se desarrolla en el SIU (Sector Informal Urbano). Para la OIT, el sector informal es clave en contextos de crisis gracias a su capacidad de generación de empleo.

El trabajo informal es una problemática multicausal y por lo tanto requiere un conjunto de políticas sociales, laborales y económicas para poder atenderlo. Por ello, los estudios e investigaciones sobre el tema representan un insumo de gran valor que contribuye al diseño de políticas sociales a atienden al problema.

Las políticas de empleo son fundamentales en el campo de las ciencias sociales ya que ponen en el centro de la escena al sujeto como trabajador/a. El trabajo es el único medio que poseen quienes no tienen los medios de producción para poder satisfacer sus necesidades y reproducirse. Frente a esto, la OIT (2014) recomienda que la política de empleo para el sector informal debe estar destinada al aumento de la producción, la productividad y el ingreso de los trabajadores. Sin embargo, en los países latinoamericanos la precariedad es un problema estructural (Lucena, 1999) que no se resuelve únicamente con políticas económicas, sino que es necesario que el Estado intervenga con políticas socio laborales.

En este sentido, las investigaciones que se realicen al respecto resultan una gran fuente de valor para el tratamiento y diseño de políticas sociales que tengan por objetivo la resolución del problema del trabajo informal.

Por último, cabe destacar que, tomando las declaraciones de la OIT (2014) el trabajo es un factor importante para la inclusión social y como tal debe “ser decente y elegido libremente”. Este punto es central en el caso de estudio elegido, ya que como veremos la libertad se encuentra, al menos, condicionada.

1.6.1 Aspecto metodológico

La investigación es de tipo cualitativa. Particularmente, se realizará un estudio exploratorio para poder describir la realidad que circunda la problemática de la informalidad, ya que la existencia de trabajos académicos previos es escasa.

La unidad de análisis que se tomará en la presente tesis estará definida por la categoría de trabajadores/as informales de la actividad de la confección de la indumentaria, ya sean independientes o en relación de dependencia que no cuenten con registración en los institutos de la seguridad social. Su delimitación temporal remite a los años 2015-2019, correspondiente a un periodo que la literatura ha dado en llamar “neoliberalismo tardío”.

Teniendo en cuenta que el marco teórico pertenece a una concepción neo marxista donde el paradigma reconoce una realidad subjetiva en la que el investigador es parte de esa realidad y los valores se incorporan a la investigación (Sautú, 2003), el tipo de investigación cualitativa es coherente y se cohesiona con dicho marco. Esta elección permite conocer el mundo social, realizando un proceso inductivo yendo de lo particular a lo general (Sampieri, 2006).

Dado que el objetivo general de la presente investigación refiere a las estrategias que despliegan los propios actores, la investigación cualitativa resulta la más adecuada, a través del estudio de caso y las técnicas biográficas. El estudio de caso permite tener una gran vinculación empírica y descriptiva. Es pertinente esta tipología de análisis ya que puede ser delimitado teóricamente. En particular esta investigación refiere a la condición de inscripción en institutos de la seguridad social, para un área de trabajo determinada pero que no implica vivir en el mismo barrio necesariamente. Es así como los casos pueden ser definidos como fenómenos delimitados en un contexto (Merriam, 1998).

El tipo de muestra es no probabilística desarrollada a través de informantes clave y el método de bola de nieve, de modo que un informante lleve al otro en función de los objetivos presentes en dicha investigación.

Las técnicas de recolección de datos se basaron principalmente en el análisis de documentos, entrevistas en profundidad y el relevamiento de noticias (ya que es una temática presente en los medios de comunicación masiva). Las entrevistas en profundidad representan la mejor herramienta para poder obtener información relevante, de acuerdo con los interrogantes planteados. Es un gran desafío poder encontrar el equilibrio entre la objetividad de los datos y la subjetividad de los sujetos. Por ello se ha adoptado una perspectiva crítica.

En relación con el objetivo “describir las características particulares de la actividad del vestido en Argentina”, se realizó una caracterización de los procesos productivos generales tanto en pequeñas como en grandes marcas de indumentaria. Principalmente estos datos se construyeron a partir de entrevistas semi estructuradas, que se complementaron con la observación de los lugares de trabajo, en algunos casos.

Para explorar las formas de trabajo institucionalizadas en la actividad del Vestido, se utilizó la entrevista en profundidad. Se realizaron a entrevistas a costureros y costureras, talleristas, diseñadores y diseñadoras, responsables de pymes, marcas, intermediarios, así como también a referentes de cooperativas de trabajo y de las organizaciones sindicales con mayor presencia en el sector: MTE y CTEP.

En cuanto al análisis de la dinámica de producción de indumentaria y la cadena productiva, de la presente tesis, se realizó un análisis documental principalmente a partir de los datos elaborados por el Ministerio de Trabajo, Empleo y Seguridad Social, a través de su Secretaría de Estudios Laborales y el Boletín de Estadísticas Laborales (BEL) así como también a partir de los datos de la EPH. El análisis de las fuentes secundarias y estadísticas que permitirán complementar los datos obtenidos a través de las fuentes primarias con las técnicas de recolección mencionadas anteriormente.

Para el análisis de las relaciones de trabajo que se establecen entre los actores intervinientes en la cadena de valor de la confección de indumentaria, se utilizó el marco teórico y bibliografía específica sobre el tema y la información recolectada de las entrevistas y los y las informantes claves, así como también de la observación.

Para comprender el rol que asumen los trabajadores y las trabajadoras y cómo se organizan en torno a la falta de registro en el trabajo, se ha utilizado la información de las entrevistas y del relevamiento de noticias periodísticas.

Para la presente tesis, se realizaron 17 entrevistas en profundidad con una duración promedio de una hora y media; todas grabadas con el consentimiento de los/as entrevistados/as. Por cuestiones éticas y de confidencialidad se ha mantenido durante el desarrollo de la tesis el anonimato de los entrevistados. Este trabajo de campo se ha enriquecido con las entrevistas realizadas en el marco de la materia de relaciones del trabajo, que ha estado a cargo del director de tesis.

Para poder realizar un análisis crítico de las posiciones de cada uno, se han identificado diferentes categorías: Trabajador/a no registrado/a, intermediario, diseñador, marca, funcionario, dirigente sindical.

Las entrevistas en profundidad se realizaron durante el periodo 2016-2019. Los ejes de indagación versaron sobre su historia laboral, la concepción del trabajo esclavo, sus formas de organización, el proceso de producción, entre los más importantes. Las mismas se realizaron a:

  1. seis trabajadores de la costura provenientes de Bolivia
  2. dos intermediarios
  3. dos dueños de marcas de ropa
  4. dos costureras a domicilio
  5. una responsable del sector textil de la CTEP (aclarar sigla)
  6. una diseñadora de indumentaria
  7. un proveedor de avíos textiles de grandes marcas y talleres de confecciones
  8. dos representantes sindicales de la Asociación Obrera Textil (AOT) y del Sindicato de Empleados Textiles y Afines (SETIA) respectivamente.

Las experiencias relatadas por los y las trabajadores y trabajadoras de la costura específicamente fueron relatos sobre vivencias del pasado en torno a su condición de esclavitud. Dadas las propias características de la actividad, los talleres clandestinos son inaccesibles para cualquier persona que no sea el/la dueño/a, tallerista o trabajador/a. Por este motivo, solo se ha podido entrevistar a trabajadores y trabajadoras que han podido salir de esa situación. La información de las entrevistas contribuyó al cumplimiento de los objetivos planteados, así como también abrió nuevos interrogantes, principalmente vinculados a la organización de los y las trabajadores/as y la alternativa que poseen para trabajar en otras condiciones.

La accesibilidad a las entrevistas estuvo dada en primer lugar por un informante clave, que propició información valiosa sobre el campo en general, además de los primeros contactos para la realización de entrevistas. Otro contacto clave surgió a partir de un congreso sobre tercerización y a través de él se pudieron realizar otra serie de entrevistas. Cada una fue llevando a la otra con el método “bola de nieve”.

Todas las entrevistas realizadas fueron desgrabadas, con excepción de una que se realizó telefónicamente a un trabajador de la costura y de la cual solo se obtuvieron notas. Todas las entrevistas han sido analizadas con el programa informático Atlas. Ti en función de las dimensiones planteadas en los objetivos. Al mismo tiempo, el programa ha colaborado con la identificación de nuevas categorías. Como dijimos anteriormente, la presente tesis es el resultado de la triangulación de tres técnicas principalmente: las entrevistas, el análisis de fuentes documentales y noticias periodísticas. En cuanto al análisis de documentos, se recopilaron fuentes de información primaria y secundaria: Los resultados de la EPH (INDEC), BEL, EIL y ENAPROSS (MTEySS), el buscador de convenios colectivos del MTEySS, informes del CEPA, informes de la CIAI, y los informes de la OIT. También se analizaron las páginas WEB de los sindicatos y las cámaras y la Federación (FAIIA) presentes en la actividad del vestido.

Las mismas se complementaron con las noticias periodísticas, cuyo filtro de búsqueda fue el trabajo informal, trabajo textil y de indumentaria, SOIVA, trabajo precario, tercerización, trabajo esclavo, entre las principales. Las fuentes periodísticas utilizadas se centraron, principalmente en los diarios Página 12, La Nación e Infobae, aunque también se consultaron otras fuentes para complementar la información.

1.6.2 Dimensiones de análisis

Las dimensiones utilizadas son:

  • Trabajo informal
  • Comercialización
  • Tercerización
  • Inmigración
  • Trabajo esclavo
  • Explotación
  • Políticas socio laborales
  • Organización del trabajo
  • Trabajo a domicilio

Finalmente, el análisis de todo el material permitió poder vincular críticamente los conceptos principales del marco teórico con el material empírico.


  1. Utilizaremos en esta tesis la referencia tanto a varones como a mujeres, ya que consideramos que el lenguaje es parte de la construcción social.
  2. El nombre de nuestro continente ha sido protagonista de numerosos debates. En la presente tesis adoptaremos el nombre de Nuestra América acuñado por el filósofo y político cubano José Martí.
  3. Utilizamos el término en femenino porque más del 95% son trabajadoras mujeres en este rubro.


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