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2 Las particularidades de la confección de indumentaria

2.1 Características de la actividad de indumentaria en Argentina

La actividad del vestido posee algunas características distintivas que hace interesante su análisis específico. Una de ellas es su carácter procíclico, es decir, su alta sensibilidad ante los cambios económicos. Se trata de una actividad cuyo consumo aumenta en mayor proporción que el promedio de las mercancías cuando el nivel de actividad aumenta y disminuye estrepitosamente en momentos de crisis, ya que la vestimenta es uno de los primeros productos que se dejan de consumir. También el tipo de cambio es determinante, ya que un tipo de cambio bajo favorece las importaciones y la producción local disminuye ante la venta de productos terminados importados contra los que no puede competir en términos de precios. Este factor es fundamental en países como Argentina, donde la devaluación de la moneda se ha dado en reiterados momentos históricos. Si bien las importaciones son un factor fundamental en la producción y por lo tanto en la cantidad de mano de obra empleada, no se puede establecer una relación directa entre el nivel de importaciones y el nivel de empleo. Para analizar el nivel de empleo es preciso tomar en cuenta otras dimensiones económicas, como la demanda agregada, así como también las políticas socio laborales generales y específicas del sector.

En cuanto al tamaño de las empresas, el sector de confecciones posee su mayor concentración en pequeños locales. Esto podría deberse a la facilidad de instalación de locales, es decir, a las bajas barreras de entrada a la actividad. Para poder instalar un taller no hace falta más que una máquina de coser, es decir, se trata de algo económico y que no ocupa lugar. Lo mismo sucede si se quisiera instalar un taller con 4 o 5 maquinarias. Esto se suma además a la facilidad de fragmentación del proceso productivo: confección, bordado, teñido, entre otros.

Por otro lado, si bien la rama de confecciones ocupa mayor cantidad de trabajadores que la actividad textil, el salario promedio es más bajo y también padecen una mayor precariedad. Esto se debe a que no se requiere una alta calificación, con excepción del corte, motivo por el cual los trabajadores son fácilmente reemplazables (Salgado, 2011).

Otra dimensión fundamental es la inmigración. La actividad de la confección auspicia de refugio para una gran cantidad inmigrantes sin documentación. Estos son contratados informalmente, sin registración y con salarios considerablemente más bajos que en la rama textil o inclusive más bajos de lo que establece el salario mínimo, vital y móvil.

Asimismo, se destaca la feminización del trabajo en la actividad en general y particularmente en la rama de confección de indumentaria (Pascucci, 2005).

Otra característica fundamental que hace a la organización propia de la actividad es la tercerización. Las empresas que se dedican a comercializar prendas generalmente no son las mismas que las fabrican, sino que tercerizan su proceso productivo. Las marcas encargan a terceros intermediarios la fabricación de prendas y estos a su vez tercerizan los distintos procesos en otros talleres, ya sea la confección, el teñido, bordado, entre otros. Esto genera un entramado complejo de cadenas de valor en el que la premisa es abaratar costos y donde el eslabón más perjudicado es el trabajador y la trabajadora.

Todas estas cuestiones favorecen una mayor presencia de trabajo informal, por fuera de los registros tanto previsionales como laborales y en menor medida los impuestos fiscales. La cadena de valor textil indumentaria posee dos subsectores diferenciados: el sector textil, habitualmente formalizado, con empresas de mayor tamaño y cantidad de trabajadores y el subsector de indumentaria, con mayor presencia de microempresas, donde se desarrollan redes de producción y comercialización con diferentes niveles de informalidad. Por lo tanto, el vínculo entre lo formal e informal es inherente a la actividad.

Alguna de estas características, no son propias de nuestro país, sino que son rasgos comunes que se han detectado en diversos estudios de la región. Sintéticamente podemos mencionar i) las crisis de los ´70 y ´90 en el nivel del empleo, ii) la falta de competitividad en el mercado externo y la fragilidad ante la competencia extranjera en el mercado interno iii) la diferencia entre los dos subsectores de la cadena, textil e indumentaria, iv) preponderancia de las marcas y la comercialización segmentada, v) fragmentación del proceso productivo, vi) la intervención de un intermediario entre textiles y confeccionistas y entre estos y los talleres, vi) dificultad de control de calidad, incumplimiento de contratos, inestabilidad de costos (Gallart, 2006). Algunas de estas cuestiones serán profundizadas a lo largo de los capítulos siguientes.

2.2 Evolución histórica de la actividad de la indumentaria a nivel mundial

2.2.1 Los inicios: La máquina de coser

Como todas las actividades productivas, el devenir de la industria de indumentaria está determinado por los avances tecnológicos ligados a ella. Los primeros registros de patentamiento de la máquina de coser datan del año 1755. Charles T. Wiesenthal, fue el primero en patentar una aguja de doble punta. Paralelamente, se registró la invención de la “lanzadera” para tramar tejidos y la máquina de coser a vapor. Esta es reconocida como una de las maquinarias claves de la revolución industrial ya que por su alto costo sólo podían ser adquiridas por grandes capitalistas para trabajarlas en una fábrica. En 1830, Bartolomé Thimonnier en Francia, utilizó la aguja de doble punta en una máquina de coser. Posteriormente, en 1834 en EE. UU., Hunt diseña la primera máquina de coser de doble hilo.  Luego de estos antecedentes, en 1846 Elías Howe patentó la primera máquina de coser práctica (Historias y biografías, s.f).

Sin duda, la invención de la máquina de coser ha sido un hito que revolucionó la industria. La máquina de coser permitió la fabricación de indumentaria a una escala mucho mayor.

Otro hito que revolucionó la costura fue la introducción de la máquina de coser a escala doméstica en 1851 por Singer.

2.2.2 Desarrollo a nivel mundial: El comercio exterior, los tratados comerciales y los sindicatos

En India, los comerciantes fueron los principales responsables de la expansión de la industria algodonera mecanizada. Luego de la primera guerra mundial, se dio una etapa de prosperidad para la industria por un lado y de aumento de agitación nacionalista, por otro. Esto posibilitó una victoria ante la competencia y los intentos de los capitalistas por bajar salarios, reducir empleos y aumentar los ritmos de trabajo, que desencadenaron en violentas huelgas en los años 1924 y 1934 con el apoyo de los movimientos nacionalistas. Estos sucesos llevaron al ascenso al poder del Partido del Congreso en el año 1937, quienes impulsaron un proceso de racionalización mediado por el gobierno, intentando mantener el apoyo tanto de obreros como de patrones. Así es como se creó el sindicato RMMS (Rashtriya Mill Mazdoor Sangh) en 1945, con alianzas de comunistas y socialistas para mantener el control y reducir la conflictividad, que en pocos años se convertiría en el principal sindicato textil. En Japón la expansión del hilado de algodón se dio entre 1880 y 1930. En China, se produjo una expansión de la actividad para fines del siglo XIX, por incremento de la inversión extranjera, debido a la mano de obra barata.

En el Reino Unido, donde se inicia el ciclo del producto, los sindicatos textiles han sido fuertes hasta fines del siglo XIX. Se han desatado conflictos con los artesanos que a principios del siglo intentaron bloquear el avance tecnológico ya que hacía menguar su poder de negociación, basado en su calificación. Sin embargo, la incorporación de tecnología se hizo inminente y dio origen a una nueva categoría de trabajadores: Los maquinistas. Para finales de siglo lograron conformar un sindicato fuerte, la Amalgamated Association of Operative Cotton Spinners and Twiners, que se posicionó como una de las uniones más fuertes de Gran Bretaña. En Lancashire se dio un caso particular donde la expansión de la tecnología y la formación de la clase obrera tuvieron una conexión directa. Muchos de los empresarios y trabajadores de la zona emigraron hacia el norte de Estados Unidos, llegando también allí a fuertes enfrentamientos. Una de las victorias se produjo en 1912 en Massachusetts a la que se sumaron una serie de huelgas, pero sin mayor éxito. Para finales del siglo, los empresarios textiles comenzaron a desplegar estrategias de control de la fuerza de trabajo, combinando “soluciones espaciales y tecnológicas”. Fue así como se incorporó la máquina de hilado continuo, para la cual no era necesaria cierta calificación ni fuerza. De esta forma, gran parte de los hilanderos (principales trabajadores conflictivos) se quedaron sin empleo, ya que fueron suplantados por mujeres y jóvenes no organizados (Cohen, 1990). A fines del siglo XIX se expandió la industria hacia el sur de EE. UU., lo cual se sumó a la estrategia de sustitución de importaciones.

En 1927 se produjo una huelga general llevada a cabo por el sindicato general de Shangai para reclamar el aumento de los salarios y el reconocimiento de los sindicatos. Sin embargo, eran vulnerables ya que su poder de negociación se encontraba estrechamente vinculado a su alianza con los movimientos políticos. Allí se inició la época conocida como “el terror blanco”.

En los años ´20, se incrementaron las presiones competitivas a nivel mundial y el capital recortó gastos y racionalizó la producción lo cual provocó un aumento de la conflictividad laboral durante esa década y la siguiente.

Continuando con los planteos de Silver (2005), el poder de negociación de los obreros textiles en el lugar de trabajo en general era escaso, debido a que la producción se encontraba organizada de manera vertical y el proceso de trabajo estaba dividido en distintas fases, y no de forma continua. Esto generaba que la medida de acción directa que implicaba “parar la producción” en una fase no necesariamente afectase al resto de la cadena, por lo que su impacto se veía reducido. Tampoco poseían un alto poder de negociación en el mercado de trabajo porque a) había una mayor reserva de excedente ya que la producción mecanizada desplaza a los productores no mecanizados; b) el contexto de trastorno generalizado de las actividades de subsistencia generaba trabajadores recién proletarizados que necesitan del salario para subsistir; c) las reducidas barreras de entrada a la industria generaba nuevos competidores; d) se incrementó el desempleo por los cambios tecnológicos; e) existían nuevas necesidades de capital fijo, lo cual menoscabó el poder de negociación. Por todo esto el autor concluye que el poder asociativo de los trabajadores textiles es fundamental.

Las estrategias espaciales y tecnológicas provocaron un rápido descenso de la cantidad de trabajadores en los países centrales y del poder de negociación en el mercado de la mano de obra restante.

Cuando la industria textil alcanzó su fase madura y aumentó la conflictividad laboral y competencia, el capital se trasladó a nuevas líneas de producción como la automovilística. Luego, cuando ingresó a su fase de estandarización, la conflictividad se redujo considerablemente.

La producción mecanizada se expandió rápidamente en zonas de bajos salarios mientras que los sistemas de hilatura continua desplazaban a los intermitentes, que provocó un gran desempleo. Ese periodo también se caracterizó por la integración horizontal y vertical de la producción, lo cual redujo las presiones competitivas, aumentaron la barrera de entrada a la industria al tiempo que aumentaban el tamaño y los recursos de las organizaciones capitalistas a las que tenía que enfrentarse el movimiento obrero.

A nivel internacional, la comercialización de los productos textiles y del vestido se regía por el acuerdo multifibras (AMF). El mismo tuvo vigencia desde 1974 hasta 1994 y preveía la aplicación de restricciones cuantitativas frente a aumentos de las importaciones para proteger al país importador. Se trataba de un acuerdo particular, ya que es contrario a las reglas del GATT (General Agreement on Tariffs and Trade). La última negociación fue la famosa ronda de Uruguay, que implicó una gran reforma al sistema mundial de comercio hasta la creación de la Organización Mundial del Comercio (OMC) en 1995. En este contexto, el acuerdo multifibras fue reemplazado por el acuerdo sobre los Textiles y el Vestido de la OMC (ATV).

Los productos involucrados en este acuerdo eran los que estaban sujetos a los contingentes del AMF, principalmente hilados, tejidos, artículos textiles confeccionados y prendas de vestir. Este acuerdo fue creado como una transición hacia la liberalización de los aranceles. Asimismo, se creó el Órgano de Supervisión de Textiles (OST) para monitorear la aplicación del acuerdo. Desde el 2005 el comercio de textiles y el vestido se rigen por las normas generales de la OMC y el OST fue disuelto.

Una de las principales consecuencias de esta liberalización fue la relocalización de la producción en el mundo hacia los países del sudeste asiático, así como también México y algunos países de Centroamérica, llegando a ser China el principal exportador de vestimenta a nivel mundial (Montero, 2015) aprovechando los bajos costos en salarios. En la actualidad, el sector continúa utilizando una mano de obra intensiva, a pesar de los avances tecnológicos. La OIT destaca lo sucedido en el colapso de Rana Plaza en Bangladesh en 2013 y el incendio de una fábrica en Pakistán como puntos de inflexión para dar cuenta de la especial atención que merecen las condiciones de trabajo en dicho sector.

La OIT promueve el trabajo decente en el sector de los textiles, el vestido, el cuero y el calzado:

  • preconizando el diálogo social sobre los principales desafíos y oportunidades en el sector, y la búsqueda de consenso entre los mandantes tripartitos sobre medidas para encararlos;
  • aumentar y difundir los conocimientos sobre las tendencias y cambios recientes;
  • apoyar la aplicación de las normas internacionales del trabajo y su cumplimiento en el lugar de trabajo;
  • desarrollar la capacidad de los mandantes sectoriales en lo que respecta a diferentes cuestiones (SST, calificaciones, salario mínimo, etc.), y
  • fortalecer las asociaciones y la coherencia de las políticas entre los diferentes agentes a nivel mundial, regional y nacional (OIT, s.f.).

Sin embargo, no solo los acuerdos comerciales tuvieron impacto en la relocalización de la producción de prendas de vestir, sino que hubo otros procesos emparentados con la conflictividad laboral y con la búsqueda de mano de obra más barata (Silver, 2005) como estrategia de reducción de costos. En el caso de los/las obreros/as textiles, no han logrado muchas victorias. Solo han podido obtener beneficios en el Reino Unido, lugar inicial de las innovaciones, y en aquellos lugares donde se han podido asociar a movimientos de liberación nacional.

2.3 Historia de la industria del vestido en Argentina

Según Belini (2008), en su análisis sobre la historia de la industria en Argentina, los orígenes de la industria de indumentaria en nuestro país se remontan a finales del siglo XIX. El avance prematuro del sector de confecciones fue posible gracias al gran caudal de mano de obra inmigrante, acompañado de grandes cambios en la organización de la producción y de la introducción de la máquina de coser. Desde sus inicios, la industria de indumentaria se caracterizó por sus bajos requerimientos de inversión de capital y tecnología, lo cual propició la conformación de una industria heterogénea, donde convivían grandes talleres y trabajo a domicilio.

A su vez, comenzaba a definirse el perfil de los trabajadores de la industria que estaba compuesto en gran parte por mujeres. Por un lado, el fomento a esa actividad en aquellos años significaba para la mujer una de las pocas inserciones posibles en el mercado laboral para contribuir a la economía familiar. Pero al mismo tiempo se utilizaba para pagar bajos salarios y establecer prácticas discriminatorias contra la mujer. Existe una lógica de inferiorización en la cual una determinada categoría dominante se impone sobre otra subalterna, siguiendo la idea de los pares categoriales asimétricos desarrollada por Pérez Sáinz (2016). En este caso en particular, se buscaba inferiorizar a las mujeres mediante los discursos patriarcales que profundizan las diferencias de género. Una lógica similar se aplicaría posteriormente a los/as inmigrantes presentes en el sector, que representan la mayoría en esta actividad.

Hasta los años ´30, gran parte del consumo era abastecido por las importaciones (Adúriz, 2009). Si bien Argentina era un país exportador de lanas, su industrialización era escasa y se limitaba a la tejeduría de punto[1].

Desde 1930 hasta mediados de los años ´50, se impulsó la industria nacional a través de la sustitución de importaciones. La reducción de la competencia con los productos importados, sumada al fomento del pleno empleo fortaleció el mercado interno y la industria nacional. En consecuencia, se aceleró el desarrollo de la industria textil y de confecciones de prendas. La producción industrial durante ese periodo se duplicó.

Perón asumió como presidente el 04 de junio de 1946 con una coalición conformada recientemente y con varios conflictos internos. Sin embargo, prontamente pudo generar consensos que le permitieron disolver el Partido Laborista y crear el Partido Peronista, más unificado y homogéneo. Esto llevó a ciertos enfrentamientos con el sindicalismo, que luego logró integrar al nuevo partido. El conflicto trajo aparejada como consecuencia la renuncia de Aurelio Hernández como secretario de la CGT en 1947.

En sus inicios, el gobierno de Perón tuvo como principales objetivos la consolidación de una política distributiva del ingreso, la expansión del empleo y una mayor participación del sector público en el sistema productivo (Schiavi, 2013). Uno de los pilares fundamentales del Peronismo fue la justicia social, a través de una expansión de la cobertura de la seguridad social, complementada a su vez por la ampliación de la salud y la vivienda, principalmente hacia el sector de los trabajadores y las trabajadoras.

En cuanto a la sindicalización, la misma aumentó considerablemente durante el peronismo. Particularmente la industria manufacturera tuvo una tasa de afiliación que osciló entre el 50% y el 70%. Dentro de ella la industria textil fue una de las que más creció, que logró alcanzar cientos de millares de afiliados (James, 2006). En el segundo periodo presidencial se consolidó la relación corporativista entre el Estado y los sindicatos.

En el periodo siguiente, que se inició con el golpe de Estado de la “Revolución Libertadora” de 1955, el modelo de sustitución de importaciones entró en crisis. El stop and go[2] referido a los condicionamientos externos (Santarcángelo y Perrone, 2016) afectó negativamente a la industria textil y de las confecciones, lo cual resultó en una recesión de la producción y la ocupación.

A partir del gobierno de facto que se inició con el golpe de estado el 24 de marzo de 1976, se implementaron medidas económicas que afectaron profundamente los sectores productivos. En contraste, se propició un modelo de acumulación en el cual la clave sería el sistema financiero. La apertura a las importaciones provocó una contracción de la industria nacional. Sin embargo, no fue un proceso aislado en nuestro país, sino que formaba parte de un entramado a nivel mundial y el fin de los estados de bienestar había llegado con la crisis del petróleo. Las empresas dieron lugar a la deslocalización e internacionalización de la producción (Boyer, 1987) y la industria de la indumentaria, por sus características particulares, fue una de las más influenciadas por estos procesos.

La década de los ´90 estuvo caracterizada por la implementación de políticas neoliberales. La aplicación de la paridad peso-dólar resultó favorable para el sector de la confección de indumentaria por el abaratamiento de los insumos para la producción de prendas. Sin embargo, la apertura desmedida de importaciones de prendas de vestir terminadas, sumada a la falta de crédito generó que este sector fuera poco competitivo.

El aumento de las importaciones impactó en la producción local frente a la imposibilidad de competir con los precios extranjeros. Hacia finales de la década de los `90, las importaciones del sector habían aumentado 50 veces respecto de la década anterior (Adúriz, 2009)

Este aumento se encontró relacionado con la agresividad de los productores asiáticos que competían con bajos precios a expensas de la explotación de mano de obra (Kosacoff y otros, 2004). Durante este periodo, la elaboración de las prendas de vestir experimentó una retracción de 34,5%. Si bien las importaciones no significaron un gran porcentaje del consumo local, funcionaron como techo a los precios de venta de las prendas, reduciendo el margen de ganancia de las empresas. En ese contexto aumentó considerablemente la importación de ropa estandarizada (Montero, 2011).

Al mismo tiempo, la convertibilidad implicó el congelamiento de salarios y su consecuente pérdida de poder adquisitivo que, sumado al desempleo creciente, redujo el mercado interno. Por tales motivos, algunos autores coinciden en señalar que la principal causa de la contracción del sector, especialmente entre los años 1996 y 2001, fue la demanda interna (Kosacoff et. al., 2004; Porta y Bianco, 2009). La actividad del vestido se vio reducida de forma inmediata debido a su carácter procíclico. Los/las empresarios/as desplegaron toda su imaginación para hacer frente a estas adversidades y preservar activas sus empresas. Entre estas se incluyeron las fusiones de empresas, la contratación ilegal de personal, evasión de impuestos, entre otras. Sin embargo, tales estrategias no alcanzaron para mantener los niveles de producción, lo cual desencadenó una serie de quiebras y despidos de trabajadores/as. Por todo esto, las empresas se dedicaron cada vez más a la comercialización de las prendas y no a su producción. De este modo, se profundizaron los procesos de desarticulación del sector, inclusive a través de eslabones en el exterior, en consonancia con las estrategias de relocalización de los procesos productivos a escala mundial (Silver, 2005).

En materia laboral, las políticas implementadas redundaron en nuevas formas de contratación precarias, flexibilización de las condiciones de trabajo y tercerización. Estas significaron las bases de un escenario propicio para la expansión del trabajo no registrado que decantaron en un régimen de precarización (Palomino, 2002). En el sector de confecciones, la tercerización se convirtió en moneda corriente, aún en casos de ilegalidad junto a la expansión de los talleres clandestinos.

A la par de este proceso de precarización[3] laboral, aumentaba considerablemente el número de talleres de producción y también la diversificación de la oferta de productos por empresa. Ante la imposibilidad de competir con productos básicos provenientes de Asia y Brasil, las empresas textiles comenzaron a complejizar su producción. Esto significa que una empresa que antes solo comercializaba ropa de varón comenzó a fabricar ropa de niño, por ejemplo.

A partir de la devaluación de la moneda a comienzos de 2002 y la aplicación de políticas económicas favorables a la producción local, la industria textil y de la indumentaria se recuperaron rápidamente, logrando la incorporación de 72000 nuevos trabajadores entre el 2002 y el 2003 y alcanzando el 74% de la capacidad instalada en el 2003 (Adúriz, 2009). En este proceso de recuperación, la informalidad de las empresas y el trabajo no registrado ha sido un factor determinante.

Desde el 2004 al 2007, el crecimiento fue más moderado y la capacidad instalada se mantuvo. Se crearon 149 mil puestos nuevos de trabajo en esos tres años. En los años posteriores, se desaceleró el crecimiento de esta industria, afectada por los altos niveles de importación de las prendas de vestir, entre otras razones. El 2007 representó un punto de inflexión para el mercado de trabajo. Los aumentos salariales que implicaron la recuperación del salario real de los y las trabajadores/as a través de la negociación colectiva, comenzaron a ser trasladados a los precios (López, 2015). El crecimiento del empleo registrado también se desaceleró. De todas formas, se mantuvo en este periodo un contexto general favorable, con una gran reducción del desempleo y la creación de trabajo registrado. Así en el año 2015, el porcentaje de desocupación se redujo al 5,9%, convirtiéndose en la tasa más baja en los últimos años (Abal Medina, 2017). En ese año, el nivel de actividad se mantuvo respecto del año 2014 según los datos de la Cámara Industrial Argentina de la Indumentaria (CIAI).

2.3.1 La actividad de confección de indumentaria en el periodo de Cambiemos

El sector manufacturero se desplomó a partir del 2016 con el gobierno de Cambiemos encabezado por el presidente Mauricio Macri. Las políticas de apertura, caída del consumo interno y las altas tasas de interés afectaron gravemente a la industria. En el año 2017 las empresas textiles fueron las protagonistas de la crisis industrial, con suspensiones y despidos en grandes firmas (Strada, 2018). En este contexto, volvieron a aumentar las importaciones: de 6070 toneladas de indumentaria importada en 2015 se incrementaron a 12061 toneladas en el 2017 según datos publicados por la misma cámara (CIAI, 2017).

De acuerdo con el último informe publicado por la CIAI (2019) la caída del nivel de actividad industrial alcanzó el 12,2% interanual de enero 2018 a enero 2019 y del 6,1% del total de la economía en ese mismo período. La devaluación del peso fue del 12% de febrero 2019 a marzo 2019 y se agravó el déficit de cuenta corriente. En relación con el sector de indumentaria específicamente, la cantidad de ropa fabricada cayó un 14,3% entre el IV trimestre 2017 y el mismo trimestre del 2018 y la venta de ropa cayó un 16,3% entre febrero 2018 y febrero 2019.

Según las publicaciones de esta Cámara, los últimos tres años han sido los peores de su historia, con una caída en las ventas de alrededor del 30% en 2018, una capacidad industrial ociosa que al 2019 alcanzó el 50% y una reducción en el empleo registrado de al menos 17000 puestos de trabajo (CIAI, s.f). Esta recesión en la actividad económica afectó también a los talleres a domicilio, tal como nos afirmaba un entrevistado:

Y después ya inició el gobierno de Mauricio Macri y ya estaba la economía muy mala, empeoró todo. Entonces nosotros estábamos trabajando como podíamos, muy de subsistencia. Mi hermana tenía una frase, decía “imagínate trabajamos para pagar la luz” y era así. (Costurero a domicilio, 2019).

2.4 Algunas particularidades: inmigración, sistema de enganche y dominación financiera

La bibliografía Nuestroamericana reciente hace referencia a la dominación financiera que se ejerce en el capitalismo contemporáneo, donde los lazos que se establecen exceden el campo de lo productivo y giran en torno a una relación acreedor–deudor (Cardoso, 2017)

Esta misma lógica se aplica para el caso bajo estudio. El o la dueño/a del taller se encarga de pagar el viaje a Argentina. Este viaje se convierte en una deuda inicial que el/la trabajador/a, costurero/a, debe devolverle con los primeros sueldos. Aquí hay una primera cuestión a resaltar y es que el pago se realiza con los primeros sueldos porque es la forma que tiene el tallerista de asegurarse que el trabajador labore para él y que no haga uso del viaje para trabajar en otro sitio.

Este tipo de sistema de enganche no es nuevo, sino que se da en Nuestra América desde el comienzo de la conformación de los mercados laborales. Pérez Sainz (2016) plantea que el mercado de trabajo en Nuestra América se caracterizaba por generar más trabajo que empleo. Esta idea la retoma de Castel (2004) para quien el empleo adquiere el carácter de una institución y esto permite que el trabajo no esté sujeto solo a una condición mercantil, que empodere a los trabajadores y, por lo tanto, permite atenuar las desigualdades. Es decir, en el empleo los/as trabajadores/as están más empoderados que en el trabajo, ya que tienen derechos y protecciones sociales asociadas a su condición.

En términos de Pérez Sainz (2016) podemos decir que se ha dado una paradoja en los mercados de trabajo en Nuestra América ya que, si bien existía cierta escasez de mano de obra, eso no implicó mayores salarios. Argentina representa una excepción a esta tendencia. De acuerdo con sus características diferenciadas, en nuestro país se conformó un mercado de trabajo moderno, es decir, con pleno empleo y salarización.

Siguiendo la lógica del autor, en el período que denomina oligárquico (1850-1930), se produce el proceso de acumulación originaria, que implicó procesos de proletarización, y a su vez dentro de este proceso el autor distingue otros tres procesos: la abolición de la esclavitud, el sistema de enganche y la inmigración de la mano de obra.

En el caso de Argentina, como mencionamos anteriormente, se registraron algunas discrepancias respecto de las características generales de la región. Los salarios eran más altos, había una mayor sindicalización vinculada a una mayor inmigración, con experiencia sindical, con gran cantidad de anarquistas y, por lo tanto, mayor organización. Argentina es uno de los seis países, junto a Uruguay en Cono Sur, Canadá y Estados Unidos en América del Norte, y Australia y Nueva Zelanda (Palomino, 2001) que configuró su mercado de trabajo entre 1850 y 1930 en base a inmigrantes. Esta caracterización es fundamental al momento de revisar los rasgos del mercado laboral actual y analizarlos a la luz de una actividad que se conforma por una gran cantidad de inmigrantes.

De las entrevistas y la observación realizada en el barrio de Flores, podemos sostener que en esta actividad hay una fuerte presencia de algunas colectividades en los diversos niveles del sector de confección de indumentaria. En primer lugar, la colectividad judía y la comunidad árabe se enfocan fuertemente en el sector textil (producción de telas). La comunidad coreana se dedica principalmente a la comercialización de prendas de vestir. Por último, la comunidad boliviana se encarga del trabajo manual, la fabricación y la costura de las prendas.

Siguiendo con la conceptualización de Pérez Sainz, retomamos como fundamental la hipótesis sobre el sistema de enganche, que consistió en una relación triangular entre propietarios, enganchadores y trabajadores. En este aspecto la cuestión étnica es clave ya que el enganchador en general era un mestizo y los trabajadores provenían de pueblos originarios. El sistema de enganche implicaba el adelanto de recursos económico hacia los trabajadores que migraban para su subsistencia, pero que en realidad constituía una deuda que contraían con el enganchador desde el principio de su trabajo. Esto es formalmente similar a lo que sucede en la actualidad con la comunidad boliviana y la actividad de la confección de indumentaria. Como nos afirmaba un referente de una cooperativa de trabajo de confección de indumentaria:

Porque terminaban aceptando condiciones de mierda, porque el migrante cuando migra, entra en un estado de vulnerabilidad. Uno cuando corta sus lazos sociales se encuentra más vulnerable, cuando migras hay dos cosas importantísimas que hay que tener resueltas, la vivienda y el trabajo (Dirigente cooperativa, 2018).

Una de las preguntas que uno puede hacerse en este sentido es ¿por qué los trabajadores siguen aceptando esas condiciones? ¿Siguen viniendo engañados/as después de tantos años con la misma práctica? En este punto, hay posturas encontradas. Algunos/as de los/las entrevistados/as suponen que antiguamente las personas más fáciles de engañar provenían del campo, de trabajar la tierra. Pero ahora los/las migrantes provienen de la ciudad (Pascucci, 2010) y en la mayoría de los casos ya saben a qué vienen, en qué condiciones se trabaja o al menos toman en cuenta que deberán pagar el costo del pasaje con trabajo. Sin embargo, nuestra postura es que efectivamente son engañados, al menos, en relación con las condiciones a las que son sometidos/as, al maltrato y la súper explotación. Numerosos estudios sostienen que el problema de la informalidad en el sector tiene que ver con el trabajo a domicilio y el factor étnico (Gallart, 2006), de modo similar a la respuesta culturalista detallada anteriormente o su condición de excluidos por falta de acceso a recursos económicos o políticos (Panaia, 2009). Siguiendo con lo manifestado por el entrevistado:

Entonces, en el taller, esas dos cosas, te las resuelve, en condiciones de mierda, pero te las resuelve, es por eso que se termina aceptando y una vez que se termina aceptando se empieza a naturalizar (…), entonces una vez se naturaliza vos no la discutís esa es la segunda etapa (Dirigente cooperativa, 2018).

En la comunidad boliviana, se pueden agrupar dos tipos de respuesta frente a la pregunta ¿por qué aceptan trabajar en esas condiciones? Por un lado, una explicación que podríamos denominar “culturalista”, es decir, que tiene que ver con la bolivianidad y la cultura del trabajo. En efecto se encuentra muy presente en su imaginario –podríamos decir “imaginario colectivo”- que los bolivianos son “muy trabajadores” y por eso pueden tolerar condiciones de trabajo precarias, explotación, entre otras.

La otra explicación es la situación de necesidad:

porque no les queda otra, no tienen otra cosa que hacer, de qué trabajar y si no aceptan esas condiciones, se mueren (Dirigente cooperativa, 2018).

Otros entrevistados sostienen que ninguna de las dos explicaciones es verdadera, pero sin embargo reconocen que muchos de sus pares repiten este discurso, aunque argumentan que

no están dadas las condiciones necesarias para elegir de qué quieren trabajar (Dirigente cooperativa, 2018).

En este sentido, varios/as de los/as entrevistados/as coinciden en que existe una tercera etapa que tiene que ver con la aspiración de ascenso social de los/las costureros/as de convertirse en talleristas.

La tercera etapa, cuando vos empezás a trabajar, a saber cómo se trabaja y demás empieza la otra etapa que no se entiende cuando se habla de trabajo esclavo, ha! Yo puedo ser tallerista entonces, si cobro mejor y entonces nosotros le decimos la proyección, cuando ellos empiezan a decir ‘yo puedo armar lo mismo’, pero para mí, entonces claro, como están naturalizadas las condiciones no hay ningún cuestionamiento de repetirlo, entonces se repite (Dirigente cooperativa, 2018).

De esta forma, las posibilidades de organización de los/as trabajadores/as costureros/as comienzan a verse limitadas, ya que no se identifican como trabajadores sino como potenciales “talleristas”.

2.5 Políticas sociolaborales en el contexto de Cambiemos (2015-2019)

Las políticas sociales resultan de la compleja trama que involucra, entre otros, las ideologías dominantes, los valores socialmente consensuales, los conflictos de intereses, los arreglos institucionales, los conocimientos y técnicas de actuación propios a cada sector. La historia de los países ha demostrado que esta configuración, aun siendo singular a cada caso, puede ser comprendida a partir de algunas características generales que conforman los modelos de protección social (…) (Fleury y Molina, 2000, p.1).

Las políticas referidas a la seguridad social abarcan una serie de beneficios ya sean en especie o monetarios. Esta es una característica que la diferencia de otras políticas sociales.

Es posible reconocer la especificidad de las políticas laborales como aquellas particulares intervenciones estatales que tienen por objeto el trabajo humano y las interacciones que de él se derivan y que en la medida en que regulan la relación del capital y el trabajo, operan de manera directa en la esfera de la distribución primaria del ingreso (Danani, 2004).

La política laboral es sensible a los cambios en la economía mundial y de las formas de organización del trabajo, como también de los cambios de orientación de los gobiernos.

Como ya hemos señalado en los capítulos anteriores, la orientación política de nuestro país sufrió un importante giro a partir del triunfo de la alianza Cambiemos en diciembre de 2015. La asunción de las nuevas autoridades se tradujo en el inicio del llamado “gobierno de los CEO´s”, dada la cantidad de directivos de empresas privadas que asumieron la función pública (Canelo y Castellani, 2016).

Este cambio de ciclo es parte de un proceso regional, que fue posible gracias a la acción coordinada entre las elites latinoamericanas, los medios de comunicación masiva, los poderes judiciales y financieros, EE. UU. y sus nuevas formas de intervención en los países latinoamericanos (García Delgado, 2017). El fin de los gobiernos posneoliberales en Brasil, Ecuador, Uruguay y Bolivia dio paso al retorno de las derechas en Nuestra América.

El fin de los precios de los commodities en alza, generó una profunda restricción externa lo que denota una fuerte dependencia de las divisas del exterior. Ante esto la única salida fue el cepo cambiario.

El conflicto de la 125, la crisis mundial, la ruptura de la alianza con el sindicalismo burocratizado y la capacidad de la derecha de captar lo que se quería escuchar, permitió la asunción de la alianza Cambiemos. Este gobierno, al igual que en los demás países de Nuestra América, se instaló en un momento en que la globalización neoliberal estaba decayendo y por eso se le da el nombre de “neoliberalismo tardío”.

Siguiendo a Nazareno (2019) el programa económico de las derechas consiste en la eliminación de controles sobre precios, la integración del mercado comercial, financiero y de capital internacional, la reducción de impuestos al capital para aumentar las inversiones, el control de la inflación por instrumentos cambiarios y monetarios y la liberalización del mercado de trabajo. Estas medidas coinciden con lo implementado por Cambiemos, en una clara expresión de la “vieja” derecha, adoptando los principios de los ´80 y del consenso de Washington. Sin embargo, las nuevas derechas se caracterizan por su relación con la democracia y ser más estatistas y sensibles socialmente. Como señala Arias et. al (2017), la pobreza si puede ser atendida desde el gobierno, pero desvinculada del problema del desempleo o la desigualdad. Se puede hacer asistencia en modo de ayuda, no de activación de consumo ni del sujeto de derechos.

En nuestro país, las primeras medidas que se hicieron eco de este “neoliberalismo tardío” fueron la devaluación del peso, la disminución de las retenciones al campo, la apertura del comercio exterior, los aumentos tarifarios en los servicios básicos, sumado a una gran cantidad de despidos en el sector público (Pierbattisti, 2018).

Otra de las variables fundamentales sin la cual no es posible comprender la dinámica de Cambiemos es el rol que tuvo el Ministerio de Modernización creado solo un mes después de haber asumido el Gobierno. Uno de los objetivos claros de la nueva gestión fue la modernización estatal. En esa dirección, se decretó en marzo de 2016 el “Plan de Modernización del Estado” (Decreto 434/2016). Este decreto otorga una variedad de facultades al Ministerio de Modernización para: “Ejecutar todas aquellas acciones necesarias para la efectiva realización del Plan de Modernización del Estado” (Art 4°a)

Según la estrategia del gobierno, el eje de la modernización del Estado sería la incorporación de infraestructura y adelantos tecnológicos. Tal como sugiere la noticia “Lo que menos hizo el Ministerio de Modernización, fue modernizar el Estado” (Zeschau, 2019)

el análisis de dotaciones óptimas, actividad que, en lo formal, estuvo destinada a evaluar el número de trabajadores públicos que se requerían en cada dependencia

llevó, en primera instancia, a despidos masivos en el sector público que se conjugaron con diversos ataques desde lo discursivo tales como “la grasa militante, la industria del juicio, los ñoquis” según declaraciones del Ex Ministro de Economía Prat Gay (La Nación, 2016). Según datos del CEPA (2017) la cifra de despidos y suspensiones ascendió a 74580 trabajadores en el sector público entre diciembre 2015 y diciembre en 2016.

La “modernización” significa el traspaso de la representación de los intereses de un sector de la sociedad a la función pública: el gobierno de los Ceos. La modernización es “abrirse al mundo” y esto significa insertarse en el mundo financiero internacional, que en lo concreto fue la toma de deuda y la integración a la alianza del Pacífico. Este proceso de modernización llevó rápidamente a una reducción de la planta permanente de trabajadores del Estado. Según los datos oficiales, la cantidad de empleados en el sector público entre diciembre 2015 y marzo 2016 se redujo en 56904 trabajadores. Si bien el 19 de mayo de 2016 fue aprobada la Ley de Emergencia Ocupacional por la Cámara de Diputados, esta fue vetada al día siguiente por el presidente Mauricio Macri con el argumento de que era una ley “anti-empleo” y señaló que:

Ellos creen que lo argentinos no podemos vivir en libertad, y por eso nos proponen leyes que congelan el empleo, cepos al trabajo, sin importarles todos los que trabajan en negro, o no tienen trabajo (…)Esa ley va a traer más pobreza, porque claramente aquellos que están en la pobreza son más fáciles de vulnerar, de someter; tienen miedo a que podamos ejercer esa libertad, y por eso es que proponen leyes que apuntan a que no podamos avanzar, que desconfían de lo que somos capaces los argentinos. Noticia Mauricio Macri firmó el veto a la ley antidespidos (Diario La Nación, 2016).

La Ley antidespidos prohibía los despidos por 180 días e imponía la doble indemnización. En este discurso claramente se puede ver la perspectiva neoliberal desde la que se entiende este tipo de regulaciones como un obstáculo a la libertad de acción de los y las argentinos/as. Desde este enfoque toda regulación será considerada como agobiante y no permitirá el desarrollo del libre mercado. Como se ve en las palabras del expresidente, la libertad es una condición fundamental para el desarrollo.

Los despidos en el sector público animaron de alguna manera a los/as empresarios/as a hacer lo propio. Según el informe publicado en julio de 2019 por el CEPA, en enero y febrero de 2019 eran más significativos en el sector público. Esta tendencia se fue revirtiendo hasta llegar a 19757 despidos en el sector privado contra 125 en el sector público para el trimestre enero – marzo 2019. Es decir, que mientras en el 2018 había un 57% de casos de despidos en el sector público, en el 2019 este representa solo el 1%. Si a su vez lo comparamos con el mismo periodo del año anterior, hubo 19882 despidos versus 14068 en 2018, es decir, un aumento del 41% de despidos en términos totales. Además, si se analizan las causas de los despidos 1 de cada 5 despidos durante el primer trimestre de 2019 se relacionan con cierre de empresas o planta, número superior al registrado en 2018 (CEPA, 2019). Asimismo, se utilizaron los procedimientos preventivos de crisis como un medio para despedir trabajadores a menor costo, negociados a veces inclusive con el actor sindical. Tal como argumentan desde el CEPA (2020) esta lógica se condice con la desjerarquización de la política laboral desde que el ministerio bajó su rango a secretaría.

En este marco de despidos y su consecuente aumento del desempleo, la negociación colectiva se vio al menos limitada. Este contexto se utilizó como estrategia para presionar a la baja la negociación salarial. Como dijo el ex ministro de Hacienda y Finanzas, Alfonso Prat Gay

Cada paritaria discute lo que puede discutir. Me parece que acá no es solamente la dimensión del salario sino también cuidar el empleo… Cada sindicato sabrá dónde le aprieta el zapato(Página 12, 2016).

En un contexto en el que se fomentado la financiarización de la economía, se ha destruido a la industria y la cadena textil-indumentaria ha sido una de las más afectadas. Según un informe de la fundación ProTejer (2018), han cerrado un promedio de 3 empresas por día, con un total de 50 mil puestos de trabajo perdidos en las 4229 compañías que cerraron sus puertas desde 2015 hasta el 2019. La apertura comercial ha devastado a la industria: según esta misma fundación, en el 2019 ingresaron al país 76,25% más de prendas de vestir que en 2015 (6883 contra 12126). Tal como lo refleja un funcionario sindical:

Lo que hizo el gobierno…. Abrió todo lo que era, que estaba de recursos de amparo, los liberó, y ahí perdimos entre 5 y 6 mil trabajadores en menos de 6 meses (…) Se dieron en paralelo dos cosas: una que cayó el poder de compra, entonces cae el consumo interno. Y sobre el mercado interno más chico tenés en paralelo un aumento muy importante de importaciones y que conjugado te da que las importaciones ganan mercado sobre un mercado más chico por tanto hay menos espacio para la producción nacional (Vocal AOT, 2018).

El presidente de la Fundación ProTejer, Yeal Kim, alertó que todo esto deriva en que el sector atraviese “la peor crisis de este nuevo siglo” según informa la noticia “Por día cierran tres textiles y se pierden 50.000 empleos” (Diario Popular, 2019). En la industria textil se registró una capacidad ociosa del 70% en el 2018 y una baja en la actividad entre 2016 y 2018 de un 25% según los datos de la FITA publicados en la noticia “Industria textil: cuánto cayeron la actividad y el empleo” (Origlia, 2018). En ese sentido una diseñadora de indumentaria nos afirmaba:

Y ahora ni hablar, con la crisis, es uno de los rubros más golpeados (…) ya veníamos, de hace 4 o 5 años, pero con esta última crisis, que bajó el consumo… porque el textil vive 100% del consumo interno. Y lo que bajó es el consumo interno, entonces es la primera que se afecta. Y una familia tipo, lo primero que baja es ropa (Diseñadora de indumentaria, 2017).

A pesar de los reclamos de los diversos sectores manufactureros, el gobierno se ha excusado en los acuerdos comerciales internacionales, como lo evidencia uno de los vocales sindicales de AOT:

Si sabemos muchachos, pero esto lo traemos de China y nosotros le mandamos limones y los chinos nos están diciendo che, flaco si queres que te sigamos comprando limones déjanos entrar las medias”. Van a la balanza comercial y les conviene mandar limones a China. Y no nos gusta, pero es así… a mí no me gusta ver eso (Vocal AOT, 2018).

Por su parte el Sindicato de Obreros de la Industria del Vestido y Afines (SOIVA) a nivel nacional no ha realizado declaraciones ni protestas y su estrategia estuvo más arraigada a la idea de supervivencia, es decir, esperar un contexto más favorable. Así lo manifestaba la secretaria general del SOIVA Tierra del Fuego:

Por ahora estamos cerrando el año de manera tranquila, ya las bajas en el sector las tuvimos y tenemos muchas esperanzas de que la situación mejore… muy por debajo de las necesidades de una familia trabajadora, estamos aguantando y esperamos que esto cambie (Tiempo fueguino, 2019).

Desde el punto de vista de los/la dueños/as de las marcas y de los/las talleristas, el problema principal estuvo en la caída del consumo interno.

Ver de qué manera poder levantar el consumo, que los últimos años estuvo bajo, muy muy bajo y eso, el tema del consumo (Dueño de marca, 2018).

La crisis ha llegado a tal punto que los/las trabajadores/as se encuentran en condición de subsistencia

Un contexto donde hay mucha situación de hambre y desesperación y los compañeros están haciendo lo que pueden, hace 4 años que hacen lo que pueden (Coordinador textil MTE, 2019).

La ideología del esfuerzo individual se ha expresado en distintos frentes: docencia, política social, conflictos laborales. El emprendedorismo ha calado hondo en estos últimos años. De hecho, los niveles de empleo se mantienen gracias al aumento de los trabajadores/as monotributistas. El neoliberalismo implementado en los últimos años tiene su base ideológica en el esfuerzo individual y esto atraviesa el sostenimiento de la desigualdad (Arias et. al., 2017).

Últimamente es que las cooperativas explotan como explota el emprendedor que cualquier cosa que tiene, sale a venderlo, lo que hace porque no puede resistir (Referente textil MTE, 2019).

Esto ha provocado que crezca a su vez el empleo informal, como dijimos anteriormente en el gobierno de Cambiemos ha llegado a su máximo pico en los últimos 15 años, representando el 35% de la PEA.

Creció en general, pero creció el trabajo informal, creció la cantidad de costureros en su casa, que cada vez son más (Referente textil MTE, 2019).

Retomamos aquí el planteo realizado por la OIT y sus tres esferas de exclusión (Rodgers, 1994) en la que establece la exclusión del trabajo, la exclusión en el trabajo, (por la falta de acceso a derechos laborales) y la exclusión de bienes y servicios.

Consideramos que en el caso de estudio se dan dos tipos de exclusión. Por un lado, la esfera de exclusión en el trabajo ya que la informalidad laboral excluye a los y las trabajadores y trabajadoras por su falta de accesibilidad a los derechos asociados al salario, si tomamos los y las trabajadores/as que trabajan para un tallerista. Por otro lado, la exclusión del trabajo aplica a todos/as quienes debieron inventarse un trabajo para subsistir, donde el sistema capitalista no los/las expulsa, directamente no los/las incorpora.

Si bien existen controversias en la interpretación de lo sucedido en la posconvertibilidad en torno a la inclusión de los y las trabajadores/as, en el periodo del neoliberalismo tardío hay un mayor consenso. Todo lo antedicho da cuenta de un cambio en la lógica de las políticas sociales y laborales. En el ámbito de las relaciones de trabajo institucionalizadas, los despidos han posibilitado a su vez poner un techo a la negociación colectiva y la baja del salario real junto con la caída del salario mínimo, vital y móvil. La creciente desocupación, informalidad y precariedad muestran el deterioro del mercado de trabajo. También se ha desinstitucionalizado y desregulado las relaciones laborales desde distintos lugares, como la Paritaria Nacional Docente, el aumento del SMVM por decreto, sumado al ataque y persecución constante contra abogados, jueces y sindicalistas. Esto ha afectado a toda la clase trabajadora en su conjunto, no solo a quienes no perciben los derechos asociados al salario. Es decir, la ampliación de la tasa de informalidad estuvo vinculada a la caída de todos y todas los y las trabajadores/as. Por lo tanto, podemos inferir que no hubo una mayor profundización de la brecha entre trabajadores estables y protegidos versus trabajadores desprotegidos. Para esto serán necesarios estudios sobre la distribución de los ingresos y las diferencias salariales, por ejemplo.

Por último, no podemos dejar de mencionar “la batalla cultural” a la que se han referido numerosas investigaciones sobre el periodo. Lo novedoso radicó en que el discurso meritocrático y habitualmente asociado a las clases altas fue retomado por clases medias y bajas (Canelo, 2019; Feldman, 2019; Vommaro, 2017). La grasa militante, la industria del juicio laboral, el ataque a los/las jueces, el esfuerzo individual se reivindicaron en amplios sectores de la sociedad y se promulgaron en contra del populismo y las organizaciones, la politización kirchnerista la política social.


  1. Existen dos tipos de tejidos: plano o punto. El plano consiste en la conformación de una trama de hilos entrelazados en forma vertical y horizontal. El punto es un entrelazado de puntos de hilos realizados por una aguja que conforma un dibujo.
  2. Se refiere a un problema recurrente señalado por los economistas como “restricción externa”: Argentina no generaba los recursos suficientes vía comercio exterior como para sostener de manera continua el crecimiento económico. Apela a préstamos internacionales (endeudamiento externo) cuando se queda sin recursos, desequilibrando el sector externo, que se intenta resolver vía ajuste económico.
  3. La precarización es definida como la situación de trabajo que se presenta con niveles que están por debajo de los estándares en cuanto a la remuneración, estabilidad, beneficios sociales y duración de la jornada (Basualdo y Esponda, 2016, p.21).


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