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5 Las “misiones” de propaganda: falangistas, catedráticos y diplomáticos

5.1. Introducción

Durante la guerra, ambos bandos entendieron que difundir su causa en el extranjero era fundamental para atraer el apoyo internacional. El gobierno republicano fue el primero en articular una vasta red de organismos de prensa y propaganda que incluía a los funcionarios del cuerpo diplomático que permaneció leal, a las acciones de los gobiernos vascos y catalán en el exterior y a toda una serie de instituciones partidarias de izquierda y liberales que se solidarizaron con la II República (Pizarroso Quintero, 2001: 64). En lo que respecta a la propaganda exterior del ejército sedicioso, esta se organizó tardíamente y contó con menos recursos para llevar adelante su labor. En paralelo a la organización de la nueva estructura de poder del Gobierno de Burgos en suelo español y de la implementación de una oficina de prensa y propaganda propia, otros organismos fueron modulando los mecanismos de actuación sobre la materia en el extranjero.

Antes de la unificación de las fuerzas políticas impuesta en abril de 1937 en el bando sublevado, tanto el carlismo como la Falange Española contaban con incipientes secciones de propaganda en el exterior. Con posterioridad a la fundación del partido FET-JONS, se organizó una Delegación Nacional de Servicio Exterior del falangismo que actuó como la principal promotora de la difusión partidaria, especialmente en América Latina, durante toda la contienda. Por otra parte, la Iglesia católica también puso al servicio de la rebelión militar muchas de sus plataformas y contenidos ideológicos que servirían para movilizar a los adeptos por fuera de las fronteras españolas (Moreno Cantano, 2012b; Pizarroso Quintero, 1990: 357-364).

Este capítulo se propone analizar algunos de los principales medios de trasmisión de la propaganda ideados por el franquismo para convocar el apoyo del gobierno, la opinión pública y las comunidades de inmigrantes españoles asentadas en Argentina. En este sentido, este estudio se concentra, por un lado, en la labor propagandística desarrollada por el representante oficioso del Gobierno de Burgos en la Argentina, Juan Pablo de Lojendio, por medio de la Oficina de Prensa y Propaganda de la Representación Nacional de España (OPYPRE), y, por el otro, en el trabajo de difusión que llevaron adelante los propagandistas enviados en “misiones” a distintos países de América del Sur.

5.2. La propaganda de la representación oficiosa

Los contextos caracterizados por enfrentamientos armados generaron un aumento significativo del caudal informativo que involucró tanto a los Estados y a los combatientes, como a la población civil. De este modo, la propaganda, que podría definirse, según el investigador Alejandro Pizarroso Quintero (1990), como “un proceso de diseminación de ideas a través de múltiples canales con la finalidad de promover en el grupo al que se dirige los objetivos del emisor no necesariamente favorables al receptor” (p. 28), puede convertirse en “propaganda de guerra” al aplicar los métodos, las formas y las técnicas de la propaganda general pero orientados a los fines bélicos (Pizarroso Quintero, 2005: §17). Esto significa dirigir simultáneamente los esfuerzos de persuasión hacia la vanguardia y la retaguardia de combate, pero también hacia el enemigo para desmoralizarlo y hacia el exterior para convocar apoyos foráneos.

Ambos contendientes se preocuparon por contrarrestar la actividad diplomática y propagandística del otro bando actuando sobre los gobiernos americanos, la opinión pública local y las numerosas comunidades de expatriados españoles (Pardo Sanz, 2009). La división en las colonias fue inmediata, y la intensa movilización solidaria que se activó ante la guerra se acompañó de una gran batería de recursos propagandísticos en los que tanto la embajada republicana como la representación oficiosa de los rebeldes tuvieron un rol protagónico.

En el caso argentino, la embajada de España en Buenos Aires fue una de las principales gestoras del caudal de apoyo y también la sede de “Prensa Hispánica”, la oficina de prensa y propaganda prorrepublicana que se formó en enero de 1937. Esta estuvo a cargo de José Venegas López, quien llegó a Buenos Aires en diciembre de 1936 en carácter de secretario de la representación oficial. Este periodista se haría cargo de la dirección de España Republicana, el órgano de prensa del Centro Republicano Español, y de una columna semanal en el diario Noticias Gráficas. La agencia de propaganda republicana recibía noticias provenientes de España y de Francia y llegó a proveerles material a más de quinientos periódicos en toda América del Sur. Asimismo, pudo financiar la publicación de libros de contenido propagandístico y almacenar un extenso archivo fotográfico de la contienda con el que se organizaron numerosas exposiciones itinerantes por el país. Otras entidades, como las organizaciones masónicas y los comités de recaudación comunistas y anarquistas, también desplegaron sus propios proyectos de difusión para defender la causa republicana en la Argentina (Quijada, 1991: 214-218).

Con respecto a los sublevados españoles, la propaganda afín se desplegó sin demasiados inconvenientes en el territorio argentino, a pesar del carácter extraoficial de su representación en el país. Las principales acciones de proselitismo en favor del Gobierno de Burgos se llevaron adelante desde la OPYPRE. Esta se organizó hacia principios de 1937 en torno a la actuación del representante oficioso del general Francisco Franco en el país, Juan Pablo de Lojendio, y al encargado de prensa y propaganda, José Ignacio Ramos.[1]

La oficina de prensa del bando sublevado logró desplegar en la Argentina una gran batería de recursos de propaganda. Por supuesto, la prensa escrita fue uno de los elementos más destacados a la hora de dar a conocer la causa de los sublevados españoles. La publicación más importante editada por la OPYPRE en el país fue la revista Orientación Española (imagen 6). Desde el primer número, contó con diversas secciones en las que se incluían artículos de los autores más destacados del fascismo español, reportajes varios, fotografías, testimonios, novedades sobre la legislación en España, etc. (Moreno Cantano, 2008: 559).

Imagen 6. Portada de la revista Orientación Española

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Fuente: Orientación Española (1938).

Ambos contendientes manipularon sin reparos la información proveniente desde la península con el propósito de generar un mayor impacto en los medios de comunicación argentinos (Montenegro, 2001: 171). Ramos reconoció en su autobiografía que el representante oficioso le pidió en más de una oportunidad que, literalmente, “inventara alguna otra noticia que rompiera la monotonía” (Ramos, 1984: 290).

Hacia finales de 1937, se editó una breve versión local de La Ametralladora, la revista humorística que circulaba en los frentes de batalla de la fracción rebelde, pero esta solo llegó a tener cuatro entregas en la Ciudad de Buenos Aires (Montiel Rayo, 2016b: 43). Un proyecto con mayor duración fue Juan Español, un semanario financiado por OPYPRE que se editó desde enero de 1938 hasta diciembre de 1948. Esta publicación surgió como una extensión del programa radial Orientación española, el cual se emitía diariamente por Radio Ultra y tenía entre sus componentes a un personaje ficcional llamado Juan Español, representado por el periodista Antonio Madueño (“Antonio Madueño…”, 30 de marzo de 1939). Bajo ese seudónimo, este actor pretendía representar la voz “popular” de aquellos núcleos españoles que apoyaban a la sublevación desde la Argentina (“La mejor credencial…”, 1 de enero de 1938).

Estos emprendimientos periodísticos no fueron bien recibidos por los miembros de FET-JONS en el país, quienes veían en ellos una competencia desleal hacia el semanario de Falange Española, que se editaba en Buenos Aires desde octubre de 1936 y era afectado con la baja de las ventas y la merma de los auspiciantes:

Es lamentable, en efecto, que la acción de propaganda del Estado no sólo no ayuda a los periódicos que con un duro esfuerzo y faltos casi de medios publica en el extranjero Falange, sino que casi año y medio después de su aparición vengan a disputarle el mercado con publicaciones lujosas de costo elevado con la oculta finalidad de hacerlos desaparecer.[2]

Esta dualidad de competencias en el ámbito propagandístico entre la representación oficiosa y FET-JONS en el país se vio agudizada por la conflictiva relación que, como ya se advirtió, entablaron los miembros del partido único con Juan Pablo de Lojendio y por la disparidad de criterios con los que cada uno de ellos emprendía su labor.

La radiodifusión también tuvo un papel destacado en las estrategias de propaganda que se articularon desde la embajada oficiosa. Ramos se encargó de captar los partes de guerra que se transmitían a través de Radio Tetuán y de utilizar esa información como materia prima para sus publicaciones (Ramos, 1984: 289). También, contó con el espacio de una hora que el propietario de la Radio Excelsior, Antonio McDougall, le cedía para promocionar su causa, y, a partir de diciembre de 1937, financió la salida de la audición Orientación española, de 30 minutos de duración y a cargo de la periodista María Teresa Casanova.

Los esfuerzos de divulgación doctrinaria que realizó la OPYPRE no solo se orientaron al ámbito radial y periodístico, sino que también se editaron libros que funcionaron como canales de propagación de los argumentos a favor del gobierno rebelde en España. La mayoría de estos escritos contribuían a la difusión de los lineamientos discursivos que emanaban desde Gobierno de Burgos con la intención de sostener la legalidad de la revuelta. La “conspiración judeo-masónica-comunista” intentó funcionar como discurso legitimador tanto del inicio de la sublevación, como de la instauración de un nuevo régimen y de la represión que lo acompañaba (Sevillano Calero, 2014: 229). Los tópicos principales de esta prédica se reprodujeron de manera persistente a través de los libros, la radio y la prensa afín que se editaba en la Ciudad de Buenos Aires. A estos argumentos se sumaron las ideas sobre el “destino providencial” de España en la guerra, la “simpatía” del pueblo español hacia Alemania e Italia por su contribución en la contienda y las descripciones pormenorizadas del llamado “terror rojo” republicano.

5.3. Las misiones de propaganda

En el marco de la búsqueda de apoyos foráneos, el Gobierno de Burgos envió “misiones” de propaganda hacia América Latina. Estas comitivas estaban integradas por figuras que actuaban como conferenciantes y propagandistas del nuevo régimen y que buscaban darle cierto tamiz de legitimidad a la revuelta militar entre los miles de españoles expatriados y los sectores más influyentes de los gobiernos latinoamericanos (Pardo Sanz, 1992: 227-228).

El primer enviado a la Argentina con fines propagandísticos fue el periodista Francisco Casares,[3] quien había permanecido siete meses como refugiado en la embajada argentina en Madrid. Al liberarse se apresuró a reingresar al territorio español, pero esta vez a la zona bajo control rebelde. Allí se colocó a disposición de las fuerzas sublevadas y, en acuerdo con otros asilados españoles, decidió viajar a la Argentina para transmitir su gratitud:

Ya, en España, algunos de los refugiados de la embajada argentina, con quienes cambié impresiones, me reiteraron el encargo, para mi gratísimo y honroso, de hacer llegar hasta el Gobierno y el pueblo argentinos, la gratitud perdurable de los españoles por los beneficios que habíamos recibido los que tuvimos la suerte de ser asilados de aquella embajada. […]. Y, para cristalizar ese encargo y que pudiera darse a la misión […] se me pidió que viniese a Buenos Aires para publicar aquí el libro que se había de concretar como la expresión de nuestro agradecimiento y de nuestro homenaje, y dar, públicamente testimonio de nuestro reconocimiento ante las autoridades argentinas (Casares, 1937: 260).

Para cumplir esa misión, se embarcó en el vapor Augustus junto a Edgardo Pérez Quesada y José María Jardón, colaboradores en la embajada argentina en Madrid, y arribó a las costas del Río de la Plata en mayo de 1937, en donde permaneció hasta agosto del mismo año.

Durante su estadía se abocó a la redacción de un libro titulado Argentina-España 1936-1937. Apuntes y recuerdos de un asilado en la embajada de Madrid (1937), que salió publicado por la Editorial Poblet con una tirada reducida de 50 ejemplares. En esta obra, Casares estampó sus impresiones sobre la experiencia vivida como asilado y sumó expresiones condenatorias a la situación en la que se encontraba la España republicana en general y su capital en particular:

Madrid sufrió la devastación de la anarquía y el pillaje. […]. El Derecho no existía. El Gobierno no pasaba de ser una entelequia. Gobernaban, en rigor, los Sindicatos. […]. Y esa autoridad se ejercitaba bajo el signo del rencor y la hostilidad. Madrid fue la ciudad del odio y del delito (Casares, 1937: 23).

Por otro lado, Casares acompañó a Juan Pablo de Lojendio a una de sus primeras giras por el interior del país (Rosario, Córdoba, Jujuy y Tucumán) para hacer pública su devoción a la nación argentina por haberlo asilado y, también, para “proclamar, en voz alta y con sincera expresión”, lo que era la guerra civil, lo que significaba, “lo que fueron sus orígenes” y lo que serían “sus consecuencias” (Casares, 1937: 264). De esta forma, el periodista utilizaba su testimonio como argumento principal en contra de la II República española y, con ello, se convertía en un instrumento vivo de la propaganda franquista en el exterior y del especial vínculo de solidaridad que España pretendía construir con las naciones americanas. Durante su estadía le envió una misiva al presidente argentino, Agustín P. Justo, donde le expresaba el agradecimiento del pueblo español por su labor humanitaria durante la guerra.[4]

La segunda expedición enviada a América con fines propagandísticos fue la ya mencionada Misión de la Bandera de Marruecos. Esta comitiva, que arribó a Buenos Aires en julio de 1937, se vio inmersa involuntariamente en las disputas por la autoridad entre el jefe territorial de FET-JONS en la Argentina, Nicolás Quintana, y el representante oficioso del general Franco, Juan Pablo de Lojendio. No obstante, intentaron llevar adelante su misión aun en el marco de la precaria situación en la que se encontraban. Dado que no solo escaseaban los recursos económicos, sino que, además, debían afrontar la falta de apoyo de muchas de las entidades españolas existentes, que se negaban a colaborar con la financiación y la organización de los eventos para difundir la causa de los sublevados.[5]

Uno de los espacios de propaganda utilizado por este grupo fue el denominado “seminario de oradores” que tenía lugar todos los sábados por la tarde en la sede del partido en la Ciudad de Buenos Aires. Según el semanario falangista, hasta octubre de 1937, se habían dictado 67 charlas en 23 sesiones (“Seminario de oradores…”, 9 de octubre de 1937). Además, los miembros de la misión se preocuparon por crear nuevos espacios de difusión: hacia finales de julio, se decían tener 14 conferencias planificadas, y, a algunas de ellas, se les adjudicaba un inusual valor:

… tenemos comprometidos cuatro a más de una conferencia privada para señoras de la sociedad bonaerense que tienen verdadero interés para ayudar a España. En este último acto, a pesar de que va a celebrase casi en la intimidad, tengo yo gran esperanza. La mujer culta y convencida y con un grito en la sangre, puede ser la mejor propagandista.[6]

Por otra parte, los miembros de la misión marroquí demostraron un singular interés por incluir en su repertorio propagandístico elementos artísticos que facilitaran la divulgación de la doctrina falangista entre un público amplio y diverso. Uno de ellos fue el cine: en la década del 30, los espacios destinados a la proyección de films sonoros se habían extendido profusamente en Buenos Aires (Calvagno, 2010). Las primeras películas de contenido propagandístico afín al franquismo que se proyectaron en la Ciudad fueron aquellas producciones realizadas en colaboración entre FET-JONS y la industria cinematográfica de Berlín para el público hispanoamericano. El film España, trágica y heroica (1937), que se proyectó en Buenos Aires en el cine Gloria y que motivó una reclamación por parte del embajador español, fue un ejemplo de esa cooperación cinematográfica que tuvo su presencia en la Argentina y otros países del Cono Sur americano.[7]

Según el investigador Emeterio Diez Puerta (2017), entre 1937 y 1938, FET-JONS proyectó un total de once películas en la Ciudad de Buenos Aires en más de 30 eventos de propaganda. Otras empresas cinematográficas también se sumaron al esfuerzo bélico del bando rebelde, pero algunas de ellas lo hicieron tratando de ocultar su posicionamiento real ante la contienda. Fue el caso de las producciones realizadas por la empresa española CIFESA, que distribuyó en la Argentina Mariñeiros (1937) y En la España de Franco (1940), de las realizaciones de la empresa de capital alemán Hispano Film Produktion, que exhibió España heroica (1939), y de la productora de origen italiano que proyectó Arriba España (1937) (Diez Puerta, 2017: 128-129 y 137-138).

Con el contingente de la primera “misión cultural”, llegó a América un equipo de filmación integrado por Antonio Solano Ruiz como camarógrafo y Joaquín Martínez Arboleya como director y guionista de cine. Estos hombres cumplían con el objetivo de rodar las primeras películas que pudieran fundar un vínculo de mayor proximidad con las naciones hispanoamericanas en el contexto de la guerra (Diez Puerta, 2014: 10). Con ese propósito, se encargaron de montar y sonorizar en los estudios Lumiton de Buenos Aires el documental denominado Alma y nervio de España (1937), que fue proyectado con gran afluencia de público el 19 y el 27 de septiembre de 1937 en el teatro Capitol. Este film documental de doce minutos de duración estaba orientado a subrayar la adhesión del pueblo marroquí a la sublevación y a demostrar la “hermandad” de España y Marruecos en el marco del conflicto bélico. Asimismo, integraba imágenes tomadas en la Ciudad de Buenos Aires en las que se retrataba la llegada y la labor de los miembros de la primera “misión cultural” (Elena, 2002: 21).

Según los balances publicados en el semanario Falange Española, un poco más de mil asistentes llenaron la sala de la primera función, mientras que, en la segunda, solo se vendieron 480 localidades (“Función matinal”, 18 de septiembre de 1937; “Acto del domingo…”, 2 de octubre de 1937). La producción cinematográfica de estos falangistas en América continuó con un registro documental de todo el viaje que los llevó por el nuevo continente y las principales actividades, actos y conferencias organizados por FET-JONS durante su estadía. Todo su periplo dio como resultado la producción en la Argentina de otros dos films: Primer Noticiario Especial para América (1937) y Voluntad: la Falange en Argentina (1937).

Con respecto al teatro, de los miembros de la “misión cultural” proveniente de Marruecos, fue Rafael Duyos el más interesado en la producción de obras teatrales con contenido falangista en la Argentina.[8] Su obra formó parte del denominado “teatro agitprop”, teatro de agitación y propaganda, que se difundió ampliamente durante la guerra civil. Este teatro recuperaba el ambiente social y popular que se vivía en las calles de España en los años 30 y tenía como finalidad no tanto la creación estética en sí, sino el “desvelamiento de ideas”, de tal forma que los personajes en escena representaban a grupos y a clases sociales, en lugar de a individuos (Gómez Díaz, 2006: 104).

Duyos comenzó a desarrollar este estilo a partir de su actuación como propagandista en la Argentina (Gómez Díaz, 2006: 109-110). Allí trabajó en la puesta en escena de lo que iba a ser “la primera obra teatral con argumento de guerra” que proyectaría el denominado “teatro azul” de puro contenido falangista en la capital argentina (“El miércoles 29…”, 25 de septiembre de 1937). Esta obra titulada ¡Presente! era un poema dramático a representarse en tres actos en el teatro Cervantes el día 29 de septiembre de 1937, dirigido por Eduardo Marquina y protagonizado por María Guerrero y Fernando Díaz de Mendoza. Este último actor era hijo del célebre matrimonio de artistas españoles María Guerrero y Fernando Díaz de Mendoza, quienes triunfaron en las tablas porteñas a finales del siglo xix y principios del siglo xx y contribuyeron económicamente a la construcción del teatro Cervantes en Buenos Aires (Díaz Sal, 1975: 123-124).

A pesar de la proximidad del estreno, la obra de Duyos fue suspendida por decisión del Gobierno argentino ante un pedido de intervención que cursó la embajada española.[9] Desde las páginas del semanario Falange Española, se respondió de manera tangencial a la medida:

Algún día, cuando la razón esté de nuestra parte, cuando seamos ligazón sincera de sentimiento con este noble pueblo argentino, cuando tengamos en nuestro deseo la suficiente ‘legalidad’ para hablar, diremos muchas cosas. […]. En la hora triunfal de nuestro obstáculo […] queremos únicamente dirigirnos al pueblo argentino, para gritarle nuestro amor y ofrecerle nuestra ansia (“Falange Española responde…”, 2 de octubre de 1937).

Estos obstáculos no desalentaron los proyectos artísticos de Duyos, quien continuó con la preparación de otras obras teatrales en Buenos Aires. Por ejemplo, en la “función de gala” en el teatro Grand Splendid que se efectuó el 4 de abril de 1938 y en la que participaron las actrices Lola Membrives en el papel de Sevilla, Consuelo Nieva como Galicia, Aurora Redondo como Navarra y José Marco Davo en el papel del “pregonero”, protagonizando la obra de Duyos Tríptico de romances. Falange Española (1938) (“Programa función de gala…”, 26 de marzo de 1937). También le solicitó a José del Castaño, jefe del Servicio Exterior de FET-JONS:

… todos los ensayos del teatro nuevo que hagan autores falangistas en España, me los envíes a Buenos Aires con el libro y las acotaciones completas, a punto de ensayar y representar para dar de esta manera a conocer en la Regional, por toda la República Argentina, el nuevo teatro de España.[10]

Contaba, además, con la colaboración de la actriz argentina Lola Membrives, quien había cedido el teatro San Martín para la presentación de las obras La tarumba, Las aceitunas y Los dos habladores, aunque estas presentaciones luego fueron canceladas por el propio Servicio Exterior de FET-JONS.[11]

Además del teatro, durante su estadía en Buenos Aires, el jefe de FET-JONS apeló a otro tipo de escenificación preferida en los actos de ambos bandos durante la guerra: la del rapsoda, es decir, la recitación de poesía interpretada por un actor ante el público (Gómez Díaz, 2006: 109). Duyos introdujo este tipo de representación en muchos de los eventos que lo tuvieron como protagonista, a la vez que sus poesías fueron leídas en más de una oportunidad. Sus romances alcanzaron cierto grado de difusión a partir de la grabación de un disco de gramófono titulado Cuatro romances de guerra, cuya venta fue destinada al Auxilio Social de FET-JONS. Uno de sus escritos también fue publicado en el libro que recogió los discursos pronunciados en el acto celebrado en el Hotel Ambassadeurs el 29 de octubre de 1937 (Lojendio, J. P. de, 1937a). Por otro lado, recurrió a los micrófonos radiales para difundir la doctrina falangista, acudiendo con regularidad a las emisoras de Radio Excelsior y Radio Callao para dictar conferencias temáticas por el espacio de una hora (Ramos, 1984: 289).

La intención de esta primera “misión cultural” era que el mensaje llegara por medio de múltiples canales a un público masivo. Los falangistas manifestaron su preocupación por atraer a los amplios núcleos de españoles que estaban permeados por el discurso de la izquierda y el liberalismo. Este objetivo resultó contradictorio con los postulados que se le impusieron al representante oficioso al momento iniciar su misión:

Con relación a la colectividad española, sobre todo la residente en la ciudad de Buenos Aires, la conducta a seguir será la de atraerse a nuestra causa a los que allí han triunfado, es decir a los de calidad y riqueza, pues los demás seguirán a estos en la medida que nuestro Ejército va conquistando territorio, aún en poder de la tiranía roja (Delgado Gómez Escalonilla, 1992: 121).

No obstante, tal como lo advierte el investigador Eduardo González Calleja (1999), el fracaso de las propuestas tendientes a generar una alternativa movilizadora de las masas en América por parte del falangismo confluyó en una redirección de los esfuerzos propagandísticos hacia los sectores minoritarios de la colonia española local.

La “segunda misión cultural” enviada a América que llegó a Buenos Aires expresaría este último propósito. Este contingente llegó el primero de octubre de 1937 y estaba integrado por reconocidos catedráticos y hombres de letras que recorrieron distintos países, entre ellos Chile, Uruguay, Perú y Brasil. Componían esta comitiva las siguientes figuras: el padre jesuita Francisco Peiró, doctor en Filosofía y Letras; el reconocido poeta falangista y amigo de personal de José Antonio Primo de Rivera, Eugenio Montes; el catedrático en Historia de la Universidad de Barcelona y también doctor en Filosofía Fernando Valls Taberner; y los profesores del Instituto de Madrid, ambos doctores en Historia y Derecho, José Ibáñez Martín y Gonzalo Valentí Nieto (Martínez Barrios, 1998; Peiró Martín, 2013: 35-36).

Estos enviados se focalizaron en una difusión docta y doctrinaria de los contenidos de la revuelta franquista y, en función de ello, dictaron conferencias y cursos en espacios académicos o en espacios de camaradería como los “platos únicos” y las disertaciones en teatros. En total, llegaron a pronunciar cerca de 100 conferencias y 200 discursos en todo su periplo por América (González Calleja y Limón Nevado, 1988: 87; Sapag Muñoz de la Peña, 1996: 399-405). Por ejemplo, Eugenio Montes realizó un ciclo de conferencias en el Teatro Cómico de Buenos Aires y visitó la ciudad de Córdoba invitado por el rector de la Universidad para dictar un curso sobre sociología de la cultura. Mientras que Gonzalo Valentí Nieto disertó en el teatro Independencia de la ciudad de Mendoza, y el padre Francisco Peiró, en el teatro porteño Politeama de Buenos Aires y en el Círculo de Obreros Católicos de Rosario (“Valentí Nieto en Mendoza…”, 18 de diciembre de 1937; “El ciclo de conferencias…”, 27 de octubre de 1937).

El perfil erudito de estos propagandistas expuso la nueva dirección en los esfuerzos de publicidad que hizo el régimen franquista por captar la atención de aquellas elites sociopolíticas y económicas americanas que se identificaban con el panhispanismo conservador en ascenso (Bendicho Beired, 2008). Según la investigadora Rosa Pardo Sanz (2006), estas propuestas culturales buscaban “prestigiar la imagen de España y favorecer, de esta forma, las relaciones políticas; siempre con miras a la constitución de un área de influencia cultural y política en América que pudiera ser utilizada en cualquier proyecto de política exterior” (p. 230).

La labor de esta segunda misión en la Argentina se dio por finalizada en enero de 1938, cuando algunas de las principales entidades profranquistas les brindaron un banquete de despedida a sus integrantes en el Alvear Palace Hotel (“En homenaje…”, 16 de enero de 1938). En este evento estuvo presente monseñor Gustavo Franceschi, Matías Sánchez Sorondo, Juan Pablo de Lojendio y el conde de Guadalhorce, entre otros. Los concurrentes tuvieron la oportunidad de firmar el “álbum” de homenaje que se envió a España como presente de la comunidad española argentina al general Francisco Franco. Según el semanario Falange Española, cerca de 2.000 personas participaron de la cena de despedida.

Algunos miembros de esta misión regresaron a la península, en donde fueron recibidos personalmente por el general Franco y Ramón Serrano Suñer para comentar los resultados de la labor (Peiró Martín, 2013: 36). En cambio, Eugenio Montes prolongó su estadía en la Argentina y realizó nuevas giras por el interior del país participando de diversos eventos propagandísticos y de la creación de locales de Falange Española en Bahía Blanca, Paraná, Santa Fe, Rosario, Mar del Plata y Tandil, entre otros destinos. Luego de la partida de la “segunda misión cultural”, otros propagandistas fueron enviados a América para continuar con la difusión de la causa nacional aunque de forma individual; entre ellos se destacaron Federico García Sanchiz, Eduardo Marquina, José María Pemán, Joaquín Calvo Sotelo y Manuel García Morente, entre otros. Si bien estas misiones de propaganda pretendieron generar una vinculación más intensa con América Latina, muchas de sus propuestas no pasaron de ser declaraciones programáticas y se restringieron a complementar las tareas de captación propagandística y de justificación ideológica del bando rebelde frente a las elites americanas (Delgado Gómez Escalonilla, 1992: 127-130).

5.4. Conclusiones

En el marco de la guerra civil española, el Gobierno de Burgos articuló una serie de estrategias de propaganda hacia el exterior tendientes a convocar apoyos foráneos. La existencia de numerosas colonias de inmigrantes españoles asentadas en el territorio americano hizo de ese espacio un entorno privilegiado para la recepción de las políticas de divulgación ideadas por el ejército rebelde en la península. Con el propósito de atraer la atención de los gobiernos latinoamericanos y promover los esfuerzos solidarios de la población, tanto local como de origen español, en su beneficio, el régimen franquista fue articulando la labor de una red diplomática extraoficial y el envío de “misiones” de propaganda con el propósito de contrarrestar la amplia aceptación que tenía la defensa de la causa republicana.

La llegada de Juan Pablo de Lojendio, en calidad de representante oficioso del Gobierno de Burgos y de José Ignacio Ramos a Buenos Aires, este último como encargado de prensa y propaganda, abrió el camino para el desarrollo de diversos proyectos de proselitismo a la sublevación española en el territorio argentino. La OPYPRE se constituyó hacia principios de 1937 en la sede diplomática oficiosa y, por medio de diversas actividades, buscó generar mayores muestras de adhesión a la rebelión militar y combatir la expansión de la propaganda prorrepublicana entre los inmigrantes españoles radicados y la opinión pública local. Para llevar adelante esta tarea, y ante la imposibilidad de recibir recursos desde España, la representación oficiosa del Gobierno de Burgos contó con el apoyo económico de un reducido grupo de inmigrantes españoles que se encargó de solventar de su propio peculio los gastos que demandaban las labores de esta oficina extradiplomática. Entre las diversas iniciativas que se desarrollaron, tuvieron un rol destacado la difusión radial y la edición de publicaciones periódicas y libros.

Por otro lado, el envío de “misiones” de propaganda hacia América Latina fue otra de las estrategias ensayadas por el gobierno rebelde durante la contienda. La primera “misión cultural” proveniente de Marruecos y de contenido falangista estaba particularmente interesada en canalizar la propaganda política a través de medios artísticos y masivos, tales como la producción cinematográfica y la puesta en escena de obras teatrales, que le permitieran ampliar su audiencia para difundir la causa entre el público común. Por otra parte, los miembros de la “segunda misión cultural”, compuesta por catedráticos e intelectuales afines al bando rebelde, se concentraron en la realización de una campaña selecta y con fines eruditos de difusión doctrinaria para tratar de legitimar la sublevación militar frente a las elites sociopolíticas latinoamericanas. En un tercer lugar, se podría mencionar la figura del periodista exasilado en la embajada argentina en Madrid Francisco Casares, quien visitó la Argentina con un propósito específico que no se replicó en otros países latinoamericanos. Este tenía que ver no solo con el objeto de divulgar a través de su testimonio, que se convertía en su principal herramienta propagandística, la realidad que le tocó vivir como refugiado, sino, también, de agradecer al gobierno argentino su acción humanitaria durante la guerra.

A pesar del esmero y la insistencia con la que se propagaban estos recursos de propaganda, el alcance y la recepción de estos elementos resultan muy difíciles de sopesar con las eventuales fuentes disponibles. Aunque sabemos que la población argentina y la comunidad española residente en el país se mostraron mayoritariamente favorables al sostenimiento de la II República en España, la persistencia y continuidad con la que los simpatizantes de la sublevación desplegaron sus iniciativas de atracción para captar adhesiones nos invita a pensar en la existencia de una audiencia receptiva y dispuesta a escuchar sus fundamentos.


  1. José Ignacio Ramos (1904-?). De origen gallego, cuando se inició la guerra civil en la península buscó rápidamente asilo en la embajada argentina en Madrid, dado que esa era la nacionalidad de su esposa, y allí permaneció varias semanas hasta que, junto a otros tantos asilados, logró partir rumbo a Génova para luego volver a ingresar a España, pero esta vez a la zona ocupada por los sublevados. Al finalizar la contienda, Ramos permaneció en el país desempeñándose como agregado de prensa y “consejero de información” de la embajada de España en Buenos Aires hasta la década del 70. Véase Montiel Rayo (2016a) y Ramos (1984: 122-123).
  2. AGA. DNSE/FET-JONS, caja n.º 20, “Situación de rivalidad de la propaganda del Estado y de la Falange en la Argentina”, Salamanca, 22/12/1937.
  3. Francisco Casares Sánchez (1899-1977) fue secretario general de la Asociación de la Prensa de Madrid (octubre de 1937-1972), fue redactor de la agencia Mencheta y de los diarios El Globo (1917-1922) y La Época (1923-1924), y colaborador de El Sol, El Liberal, Ya y de la agencia Febus (1924-1933). A comienzos de los años 30, fundó y presidió el Sindicato Católico Autónomo de Periodistas, y, después de la guerra civil, fue colaborador de casi toda la prensa española. Fue premio Luca de Tena (1933), premio Francisco Franco (1947) y premio Santamaría (1970) (Portal de la Asociación de Prensa de Madrid, s. f.).
  4. Archivo General de la Nación (en adelante AGN). Fondo Agustín P. Justo/Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto (1935-1937), caja n.º 70, correspondencia de Francisco Casares a Agustín P. Justo, Buenos Aires, 18/06/1937.
  5. AGMA. CGG-Estado Mayor, exp. s/n, “Notas informativas de relaciones con la Falange Argentina”, 20/08/1937, fol. 6.
  6. AGMA. CGG-Estado Mayor, exp. s/n, “Notas informativas de relaciones con la Falange Argentina”, correspondencia de Rafael Duyos a José Aragón Caziñares, 20/08/1937, fol. 7.
  7. AHCA. DPE, caja n.º 3649, exp. 12, “Formula reclamación por la exhibición de la película España trágica y heroica”, Buenos Aires, 5/12/1936.
  8. Rafael Duyos actuó también como interventor en la filial uruguaya de FET-JONS por un breve lapso de tiempo (desde diciembre de 1937 hasta febrero de 1938) y luego retornó a la Argentina para continuar con su labor al frente de la jefatura de Buenos Aires, en donde permaneció hasta finales de 1939. Véase Zubillaga (2015: 81-83).
  9. AHCA. DP-GCE, caja n.º 11, legajo 40, correspondencia de Luis Jiménez de Asúa a Carlos Saavedra Lamas, Buenos Aires, 29/09/1937.
  10. AGA. DNSE/FET-JONS, caja n.º 20, correspondencia de Rafael Duyos a José del Castaño, Buenos Aires, 19/04/1939.
  11. AGA. DNSE/FET-JONS, caja n.º 20, correspondencia de Rafael Duyos a José del Castaño, Buenos Aires, 19/04/1939; correspondencia de Joaquín Rodríguez Gortázar a Rafael Duyos, San Sebastián, 7/06/1939.


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