Pablo Marsal Baraldi
En Argentina, lamentablemente, las relaciones de las Organizaciones de la Sociedad Civil (OSC) con el Estado y las empresas son pendulares y están sesgadas ideológicamente dependiendo de las autoridades políticas de cada momento y su visión de cómo debe ser el rol de las mismas. Cuando hubo gobiernos neo-conservadores, su visión, identificada con el “Consenso de Washington” (Williamson, 1989), pretendía utilizar a las OSC para achicar el Estado. Desde el polo opuesto, cuando hubo gobiernos populares, se dieron fondos a las organizaciones sociales para fortalecer la asistencia en los barrios suburbanos y se establecieron programas desde el Estado para extender la influencia de las OSC.
No existe una política estatal estable. Hay un enfoque pendular en función de los vaivenes ideológicos del gobierno de derecha a izquierda o viceversa, principalmente proporcionando fondos a través del Ministerio de Desarrollo Social. No obstante esto, las organizaciones sin fines de lucro de distintos orígenes y territorios aportaron apoyos importantes durante la pandemia de Covid-19, pero el reconocimiento del Estado a largo plazo continúa siendo incierto (Rofman, 2021). Tampoco existe un organismo unificado que agrupe a todas las organizaciones sin fines de lucro, como existe en otros países de la región (Uruguay, Brasil y Chile), que permita un diálogo centralizado con el Estado. Justamente, quizás por esta inestabilidad permanente, existe poco conocimiento y pocos trabajos en profundidad sobre el rol de las OSC.
Hay varios temas para avanzar en una agenda de investigación. En primer lugar, hay más campo para investigar sobre el rol de las OSC durante la pandemia. Al día de hoy quedaron organismos de colaboración entre el Estado y las OSC en los temas de la salud, o entre las mismas organizaciones. ¿Cuáles serían los aprendizajes organizacionales ante nuevas emergencias de la salud o sociales?
En segundo lugar, en el marco del achicamiento del espacio para la sociedad civil, existe un avance de las organizaciones informales, que utilizando la tecnología se agrupan en redes y logran movilizar una gran cantidad de voluntarios. Hay testimonios que señalan que, ante la falta de aportes de donaciones importantes, se financian con numerosos pequeños aportes de sus voluntarios y voluntarias. Hay pocos estudios sobre este fenómeno. Ya tuvimos un ejemplo de esto en el 2001 donde las organizaciones formales de la sociedad civil no tuvieron ningún protagonismo en las revueltas populares y la gente se organizaba de forma “espontánea” (Pousadela, 2017). Esta modalidad también ocurrió en Chile y Colombia en levantamientos en años recientes. Deberíamos analizar más en profundidad el surgimiento de nuevos liderazgos en las OSC y sus características organizacionales.
En tercer lugar y no menos importante, surge la pregunta de por qué habiendo miles de organizaciones sin fines de lucro, y que en nuestro país han tenido y tienen un protagonismo importante, hay tan pocos programas universitarios de formación de profesionales para las OSC. Hay ejemplos de programas de grado y de posgrado que se han iniciado y luego se han cerrado. Hay algunos pocos que todavía tienen vigencia. ¿Por qué? ¿Cuáles han sido sus aciertos y errores? ¿Cuáles han sido los obstáculos que encontraron? No lo sabemos. Este es otro tema importante para avanzar en investigaciones que nos permitan fortalecer las OSC con profesionales, con voluntarias y voluntarios formados para los desafíos de hoy.
Por lo expuesto anteriormente, este libro es un aporte significativo y agrega conocimiento preciso sobre las relaciones de la sociedad civil en el territorio. Hay un aspecto revelador sobre las relaciones de las OSC con distintas facetas del Estado: nacional, provincial o municipal. No solo eso. El trabajo analiza también el tipo de relaciones que se generan con otras organizaciones, inclusive el rol de la Iglesia Católica a través de Cáritas, que no es menor. En un contexto político y económico cada vez más complicado para las organizaciones comunitarias y sin fines de lucro, el trabajo aporta una mirada precisa y sin esquemas pre-establecidos de lo que sucede en la profundidad de nuestra sociedad. Desde ese punto de vista el trabajo brinda una herramienta aguda para todo observador o activista de la realidad social.
El capítulo 1 del libro presentado por Adriana Rofman, Paula Rosa y Agustina Gradin, luego de hacer un recorrido por los aportes de investigación sobre las organizaciones de la sociedad civil en las últimas décadas señalan con acierto: “contamos hoy con una profusa literatura sobre su estructura y su accionar, que configura un corpus de conocimiento muy rico, a la vez que fragmentado y poco sistemático”. En ese sentido, el trabajo presentado sobre un análisis del registro realizado por Territorios en Acción es un aporte importante a la sistematización de la información vinculada a las OSC. El recorte para el estudio fue realizado en el periodo de la pandemia –en el marco de una policrisis definida por las autoras– y la muestra abarcó 1451 organizaciones. Quedó demostrado que hay una gran heterogeneidad organizacional desde las que cumplen con cierta formalidad siendo Asociaciones o Fundaciones a otras organizaciones de base con una estructura más informal. Otra revelación del estudio es que no solo se dedicaban a las necesidades más urgentes, como la entrega de alimentos, producto de la pandemia, sino que no descuidaban otras tareas vinculadas a talleres de formación, apoyo educativo, etc. También queda a la vista la gran interrelación entre organizaciones con redes y a su vez el vínculo con instituciones del Estado, ya sea nacional, provincial o municipal. Hay muchas otras conclusiones interesantes de este trabajo preciso y sistemático que pueden servir de estímulo para otros trabajos de estas características.
En el capítulo 2, Mario Roitter, realiza un análisis de los instrumentos a los que se puede acceder para medir el alcance de las organizaciones sociales. En primer lugar, sobre los datos disponibles en el Censo Nacional Económico 2023 (CNE, 2023) producido por el INDEC en lo que refiere a organizaciones sin fines de lucro. En segundo lugar, analiza las Encuestas Nacionales del Uso del Tiempo (ENUT-INDEC 2013 y 2021/22) con el objetivo de medir el trabajo voluntario tanto en las organizaciones como por fuera de ellas. El trabajo –que incluye los conceptos de indicadores internacionales– provee una medición del trabajo remunerado y no remunerado que llevan adelante las organizaciones sociales. El texto también aporta conceptos internacionales en relación a lo cualitativo de las relaciones no mensurables y su importancia para las sociedades. A su vez, el autor, además de reflejar la complejidad de lo mensurable y no mensurable, describe las limitaciones para medir la totalidad del aporte de las OSC a la sociedad.
En el capítulo 3, Ligia Altaleff y Malena Hopp analizan la experiencia de implementación del Registro Nacional de Trabajadoras y Trabajadores de la Economía Popular (RENATEP) en el periodo 2020-2023. El trabajo con una concepción “desde abajo” ayuda a visibilizar la importancia del trabajador de la Economía Popular. La creación del registro y su ejecución ayudó a mostrar una alternativa que a veces no coincidía con la mirada de ciertos prejuicios de los funcionarios. También su existencia vino a responder a una exigencia de las organizaciones populares en relación a su reconocimiento más allá del trabajo asalariado.
En el capítulo 4, Claudia Gabriela Reta y Carla Fainstein analizan el papel de Cáritas en los barrios populares durante los años 2016 y 2017. Desde su participación en la creación del Relevamiento Nacional de Barrios Populares (RENABAP) hasta la interacción con la Secretaría de Integración Socio Urbana (SISU), del Ministerio de Desarrollo Social de la Nación. El texto hace un recorrido sobre las transformaciones en las concepciones de la Iglesia Católica en relación al trabajo en los barrios populares y la temprana influencia de Bergoglio (luego Papa Francisco) junto a otros sacerdotes en el conurbano bonaerense. También refleja la interacción con otras organizaciones inmersas en el territorio, como Techo y la CTEP, dirigida por Juan Grabois. Por otra parte, el trabajo explica los desafíos técnicos a la hora de diseñar una política hacia los barrios populares y la discusión entre funcionarios y activistas de lo que es una “villa”, “un asentamiento”, etc. Por último, las autoras se preguntan cuál puede ser la influencia sobre el Estado de una Iglesia Católica activa y que participe de las políticas públicas en los barrios populares que tiene una doctrina elaborada y que ha ganado legitimidad en el conurbano bonaerense, adquiriendo una centralidad en la gestión de la pobreza. Alertan que no solo se puede analizar el fenómeno desde lo técnico sino también desde los valores de las organizaciones que participan.
En el capítulo 5, en el trabajo de Serena Santos, se analiza, a través de un programa socio-educativo de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, las características de las relaciones de los participantes con el programa. Uno de los hallazgos de este trabajo es la importancia de las relaciones interpersonales, y su preponderancia, por sobre las relaciones institucionales.
En el capítulo 6, desarrollado por Daniela Rey Pereyra, se describen los cuidados comunitarios en los barrios Ludueña y Empalme Graneros en las inmediaciones de Rosario durante 2023 y 2024. Desde la Asociación Civil Lola Mora y un equipo de investigación de la Universidad Nacional de Rosario (UNR) analizaron el contexto de violencia urbana que se daba de forma cotidiana. Uno de los hallazgos fue el rol fundamental desarrollado por las mujeres de las comunidades. Agrupadas en organizaciones y redes, que ya venían funcionando, tuvieron que elaborar estrategias ante las balaceras cotidianas y heridos que se producían en los barrios. Además, muchas de ellas intervienen ante los casos de violencia de género, como el “Corredor Violeta”, cumpliendo un papel que el Estado, aun a través de sus políticas públicas (cuando existen), no es capaz de cumplir.
En el capítulo 7, Jimena Bondaruk aborda la problemática de la primera infancia en el Municipio de Tres de Febrero, en el Gran Buenos Aires. El trabajo analiza en profundidad la situación allí, pero dándole un marco teórico sobre los conceptos ya desarrollados por autoras y autores de Argentina y también de la comunidad internacional. Apoyada en estos conceptos y en el análisis de lo que sucede, llega a la conclusión de que: “La desigual cobertura es una tensión estructural. En la Argentina, los niños de sectores populares son quienes más necesitan servicios de cuidado temprano y quienes menos acceden a ellos”. Es una afirmación contundente.
El capítulo 8 fue realizado por varias autoras Florencia Cessario; Martina García; Cecilia Coppolecchia; Agustina Abelleyra y María Sol Fogliarini para la Comisión de Infancias del Instituto de Estudios y Administración Local (IDEAL) de Avellaneda. En primer lugar, las autoras enmarcan su trabajo en una actualización normativa de los derechos de niños, niñas y adolescentes. Luego realizan un mapa en todo el partido de Avellaneda para visibilizar espacios comunitarios e institucionales que trabajan con niñez y adolescencia. Hacen un análisis de la Fundación Isla Maciel, creada en el año 2011 por la parroquia Nuestra Señora de Fátima. Con una metodología cualitativa analizan la inserción de la Fundación y el trabajo con niñas y niños en la zona. La intención de las autoras con estos trabajos es demostrar la importancia de sistematizar las experiencias locales como instrumentos para fortalecer el sistema de promoción y protección de derechos.
Finalmente, en el capítulo 9, María Gabriela González y Graciela Yacuzzi, desde una actividad de Extensión Universitaria en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional de Tucumán desarrollan una descripción de los desafíos que enfrentan las comunidades en los barrios vulnerables y las Organizaciones Comunitarias. Entre otros conceptos, contrastan la energía y solidaridad de los vecinos durante la pandemia, con cierta depresión y falta de entusiasmo para resolver los desafíos actuales ante los embates neoliberales del actual Gobierno Nacional. La ausencia de ayuda del Gobierno Nacional y de la Provincia hace que las organizaciones “se sientan solas” ante la adversidad. Ante este panorama, las autoras destacan la importancia del compromiso ético de las unidades académicas para colaborar en la resistencia de las OSC, como ha demostrado esta experiencia.
En relación al conjunto del libro, creo que será muy bienvenido por su diversidad de enfoques y experiencias, pero también por su actualización en el marco de lo que estamos viviendo en nuestro país. A pesar de todo, de la lectura de las distintas investigaciones, en la profundidad del territorio, y con una metodología “de abajo hacia arriba”, creo que se refleja la fortaleza de las organizaciones de la sociedad civil para enfrentar las adversidades actuales provenientes de una política del Gobierno Nacional sólo comparable con la angustia provocada por la pandemia.
Referencias bibliográficas
Pousadela, I. (2017). Entre la deliberación política y la terapia de grupo. La experiencia de las asambleas populares. CLACSO. http://bibliotecavirtual.clacso.org.ar/ar/libros/becas/semi/2004/partidos/pousa.pdf
Rofman, A. (2021). La crisis pandémica en el Conurbano Bonaerense: efectos sociales y actores movilizados. Diagonales. https://diagonales.com/contenido/la-crisis-pandémica-en-el-conurbano-bonaerense-efectos-sociales-y-actores-movilizados/24749
Williamson, J. (1989). Lo que Washington entiende por reforma política. En J. Williamson (Ed.), Latin American Readjustment: How Much Has Happened. Institute for International Economics. https://www.piie.com/commentary/speeches-papers/what-washingtonmeans-policy-reform






