En la segunda mitad del siglo XX, el estudio de la composición y la didáctica de la escritura se han convertido en un campo disciplinar autónomo en continuo desarrollo hasta el presente. Las investigaciones actuales sobre la escritura no se limitan a su aspecto material, gráfico y motriz, sino que abarcan los complejos mecanismos que operan en la producción de un discurso[1]. Esos procesos de elaboración compositiva y sus representaciones constituyen el eje de este trabajo, esto es, los métodos y saberes subyacentes involucrados en la práctica escrita y las ideas dominantes sobre cómo se genera un discurso desde su concepción hasta su versión definitiva. El libro adopta una perspectiva histórica del problema bajo el presupuesto de que los procesos de escritura (su praxis, su teorización, su didáctica) se encuentran condicionados por patrones y representaciones culturales elaborados a lo largo del tiempo.
Las primeras concepciones sistemáticas en Occidente sobre la composición, sobre todo de un discurso oral, pero también escrito, surgieron en la Grecia clásica a partir de las aportaciones de la retórica, que representa un punto insoslayable para indagar la historia de la composición. Sobre la base de esta premisa, nuestro trabajo tiene como primer objetivo rastrear y analizar en la cultura griega manifestaciones antiguas de algunos saberes básicos e ideas sobre la producción discursiva, así como identificar continuidades, reelaboraciones y rupturas que nos permitan explorar en profundidad y, a la vez, desnaturalizar modos vigentes, culturalmente compartidos, de concebir la generación de un texto. Conjuntamente, nos proponemos revisar, de modo crítico, algunas teorías contemporáneas procesuales, a la luz de su dimensión histórica, para intentar aportar al estudio y a la discusión de concepciones y didácticas de la escritura actual. La visión procesual de la composición, de raigambre clásica, representa el núcleo articulador de este libro.
Los procesos compositivos han sido conceptualizados de diferentes maneras y desde diversos abordajes en la historia de la discursividad. La retórica clásica presenta por primera vez un modelo procesual lineal, que antepone la búsqueda del contenido (¿qué se dice?) a la elaboración formal (¿cómo se dice?). Desde la segunda mitad del siglo XX, el proceso de escritura recobra centralidad en teorías contemporáneas, y prolifera la formulación de modelos que intentan dar cuenta de él y que lo conciben, por ejemplo, como un desarrollo de fases secuenciales de preescritura, escritura y reescritura o como mecanismos flexibles de planificación, redacción y revisión. Este trabajo tiene, entre sus objetivos, repasar y analizar distintas visiones significativas sobre los procesos compositivos, mediante un enfoque crítico que indague las aportaciones y limitaciones de diversas propuestas, sin descuidar la exploración de su dimensión ideológica, desde una perspectiva histórica que parte de la retórica clásica.
Si bien los tratados retóricos de la Antigüedad grecolatina se centran en el discurso persuasivo, que tiene como finalidad central convencer a un destinatario de un punto de vista controvertido, extienden su influencia sobre la discursividad en su conjunto. Tampoco resulta aleatorio, ni carece de consecuencias para el devenir del campo, que la historia de la indagación y de la enseñanza de los modos compositivos esté condicionada por la propia historia de la retórica, si entendemos que todo discurso tiene una dimensión argumentativa[2]. El arte retórico que, en términos de Aristóteles, se define como “la facultad de considerar en cada caso lo que puede ser persuasivo” (Retórica, 1355b, 25-26)[3] ha tenido una incidencia directa o indirecta, de intensidad variable en diferentes períodos, en la didáctica de la composición occidental y cobró nuevo impulso en las últimas décadas del siglo XX.
La Retórica de Aristóteles deja una impronta decisiva en la renovada teoría de la argumentación a mediados del siglo pasado[4]; pero también, de un modo más general, el tratado expone una serie de consideraciones sobre los mecanismos involucrados en la elaboración de un discurso. En el libro abordamos la Retórica desde este segundo plano: como una fuente válida para explorar en profundidad las representaciones sobre la composición discursiva (oral y escrita) en la Grecia clásica y como un basamento relevante para investigar, con dimensión histórica, la didáctica de la escritura contemporánea. La obra de Aristóteles, enraizada en la tradición retórica que la precede, sistematiza la concepción de un arte compositivo con características bien definidas, que perviven con variantes en perspectivas actuales: la composición entendida como un proceso de carácter intelectual, inteligible, desarrollado en fases secuenciales identificables, enseñable y aprendible, encuadrado en géneros discursivos (p. ej. el judicial o el deliberativo-político) y orientado hacia una función pragmática, esto es, persuadir a un destinatario específico en un contexto comunicativo determinado.
En el marco de los estudios contemporáneos sobre composición escrita, algunos especialistas han subrayado las proyecciones de la retórica clásica sobre enfoques contemporáneos, especialmente aquellos que analizan o elaboran novedosas teorías sobre el proceso de “invención”, es decir, de descubrimiento y elaboración de ideas o material para el discurso[5]. Sin embargo, la incidencia de la retórica es profunda en múltiples dimensiones y excede el dominio de la inventio, amplia injerencia que nos proponemos indagar y sistematizar en estas páginas. Por el contrario, algunos trabajos han optado por señalar las diferencias entre la retórica clásica y los enfoques contemporáneos sobre la escritura[6]. Otros estudiosos de la problemática limitan, por su parte, el surgimiento del área específica de la composición, como disciplina académica, al siglo XX, contextualizada en el ámbito norteamericano, y analizan las influencias que recibe de tendencias intelectuales contemporáneas, como el estructuralismo y el dialogismo[7].
Si bien existen diferencias entre abordajes actuales y concepciones que se desprenden del estudio de fuentes antiguas, resulta difícil comprender esas corrientes vigentes sin una perspectiva histórica. El campo disciplinar de estudios denominado “retórica y composición”, entre otros rótulos diversos, constituye una disciplina emergente situada, según algunos autores, “en la intersección del arte de la persuasión (o ‘retórica’) y el proceso de escritura (o ‘composición’)” (Lynn, 2010: 1)[8]. Por cierto, la propia palabra “retórica” ha ampliado y modificado su campo semántico a través del tiempo. Desde las últimas décadas del siglo XX, los términos “retórica” y “composición” no solo constituyen en algunos casos un espacio disciplinario unificado (Horner y Lu, 2009: 294), sino que además el primero pierde muchas veces su vinculación específica con el arte de la persuasión para adquirir un sentido amplio como arte de la composición escrita. Nuestro estudio, en particular, se inscribe en el campo disciplinar contemporáneo que indaga la composición escrita, su historia, su teoría y su didáctica.
Los testimonios conservados de autores de la Grecia antigua, de la literatura, de la filosofía y de la propia retórica permiten rastrear, en definitiva, visiones que mantienen, en muchos aspectos, su impronta y condicionan los modos actuales de concebir la producción de un discurso. En este sentido, los procesos de composición discursiva –sus prácticas y sus representaciones– no pueden considerarse de manera atemporal, universal e invariable, ni reducirse a consideraciones centradas exclusivamente en el individuo que produce un texto, sino que atraviesan una construcción cultural compleja, colectiva y dinámica. En resumidas cuentas, el objetivo último de nuestro trabajo, que identifica en primer orden algunos saberes y técnicas compositivas compartidos, históricamente elaborados, y su derrotero en Occidente, es proponer finalmente pedagogías de la composición que tengan en cuenta, de manera efectiva y explícita, esa dimensión histórico-social y que la puedan volver también visible, cognoscible y reconocible para el estudiantado.
A pesar de que la retórica antigua postula el carácter enseñable y la instrucción explícita de los conocimientos que despliega, esos saberes circulan en la Atenas clásica de manera sumamente restringida, entre sectores dominantes con acceso a formas de enseñanza superior (i. e. la formación paga de los sofistas, la escuela de Isócrates), en el marco de una sociedad esclavista, una sociedad de clases[9]. Sin lugar a dudas, los condicionantes que restringen el acceso a la literacidad avanzada, que supere niveles elementales de escritura y composición, no se reducen a un problema de representaciones ni de métodos, ni en la Atenas clásica ni en el capitalismo actual. La tendencia a considerar los requisitos para el desarrollo de la oratoria, de la escritura, de la composición discursiva de manera abstracta, al modo isocrático (p. ej. necesidad de contar con doctrina, práctica y condiciones naturales), ponderando cualidades que se pretenden innatas y solapando factores de clase y restricciones materiales, también se nutre en parte de una herencia antigua, que requiere ser desnaturalizada y revisada.
Dentro del conjunto de las marcas que la retórica antigua imprime a la historia de la composición en Occidente, entendemos que la concepción de la composición concebida como un proceso es una de las principales improntas que permite trazar claros vasos comunicantes entre la disciplina clásica y perspectivas contemporáneas. A partir de los años setenta del siglo pasado, se consolidan las visiones procesuales de la escritura en el ámbito de estudios sobre composición escrita. En este marco, adquieren preponderancia las metodologías de investigación empírica que recurren, por ejemplo, al seguimiento de casos o al empleo de protocolos grabados que intentan registrar las actividades que el sujeto realiza durante el acto mismo de la producción textual. También, mediante abordajes empíricos, se indaga cómo inciden las comunidades discursivas y los contextos culturales y sociales inmediatos, por ejemplo, en problemáticas de escritura de estudiantes de distintos niveles educativos. Los estudios históricos constituyen un complemento necesario de la investigación empírica para explorar, precisamente, la dimensión histórico-social de concepciones y prácticas compositivas actuales y para identificar algunos patrones culturales que trascienden ámbitos específicos, enraizados en longevas tradiciones, que pueden influir de manera directa o indirecta en conceptualizaciones vigentes y en la praxis individual. Sin duda, las distintas modalidades para la construcción de un discurso, sus teorizaciones y representaciones, elaboradas a lo largo del tiempo, van dejando su impronta en el acervo de saberes compartidos sobre la composición. La variabilidad histórica y la pluralidad de enfoques coexistentes, que dialogan y confrontan en distintos períodos, géneros y ámbitos de producción discursiva, no impiden rastrear y detectar algunas continuidades y, en definitiva, ciertas orientaciones y lineamientos identificables que perviven o se resignifican en el tiempo, aun con notables transformaciones; no se trata de modos universales de concebir la composición, sino de modalidades que han logrado cierta cristalización en Occidente.
Para ordenar los distintos enfoques sobre la producción discursiva que surgen en el mundo griego, delimitamos dos orientaciones básicas, que confrontan entre sí en la filosofía del siglo IV a. C., y que dejan su huella en formulaciones posteriores: una visión sistemática interpreta la composición discursiva como un saber técnico complejo, compuesto por ciertas regularidades flexibles, que pueden ser indagadas, enseñadas y aprendidas, entre otras características; esta perspectiva discute con una línea asistemática, que concibe la composición como una práctica ininteligible, ajena al control, a la comprensión, al aprendizaje del sujeto. Algunos estudiosos de la composición escrita, como Young (1980, 1982) y Berlin (1987), han trazado interesantes filiaciones históricas entre teorías contemporáneas y el mundo griego, pero resultan incompletas y es necesario revisarlas y profundizar en ellas.
La primera parte de este libro (capítulo 1) presenta una historización sucinta, introductoria, sobre algunos desarrollos importantes en la historia de la retórica y, conjuntamente, en la historia del campo específico de la composición escrita, cuyas líneas centrales se profundizan en los capítulos siguientes. Asimismo, consigna a grandes rasgos el conjunto de las ideas nucleadas bajo orientaciones sistemáticas y asistemáticas, que se configuran en el mundo griego y que asumen diversas derivaciones posteriores.
La segunda parte (capítulos 2 a 4) se centra en el análisis particular de concepciones significativas de la cultura griega antigua sobre la composición, referidas sobre todo a los géneros retóricos y literarios, que se detectan, entre otras fuentes, en la poesía homérica, en los testimonios de los sofistas, los discursos de Isócrates, la obra de los filósofos Platón y Aristóteles, y que son desarrolladas por retóricos griegos y latinos posteriores. Estos capítulos se basan en un amplio estudio de fuentes grecolatinas[10], pero consignan una selección de resultados y de testimonios especialmente representativos, de manera global y accesible para cualquier lector interesado en la teoría y en la didáctica de la escritura, en especial, docentes del área y formadores docentes. Esta segunda sección del libro no se propone realizar una exposición erudita de los temas que aborda, sino aportar, sobre todo, al espacio disciplinar actual de estudios sobre composición, desde una mirada histórica, a partir de la detección y del análisis de ideas y representaciones antiguas sobre la producción discursiva, relevantes para el campo contemporáneo.
A partir de este recorrido, la tercera parte (capítulos 5 a 10) se focaliza en revisar algunas teorías procesuales de la escritura significativas, que surgen en el siglo XX –concepciones de orientación expresiva, cognitiva y social–, y analiza su trasfondo histórico y, de manera crítica, sus características centrales, sus aportes y limitaciones en el plano teórico, pedagógico, ideológico. La concepción procesual de la escritura, de raíz retórica, constituye, según observamos, el eje articulador para nuestra indagación del ámbito disciplinar contemporáneo. Sin pretensiones de aportar un panorama exhaustivo que recorra el complejo campo de estudios sobre composición en la actualidad, nos centramos especialmente en explorar la noción de “proceso” y la manera en que estos enfoques del siglo XX, de marcada influencia en el área, conciben los mecanismos de escritura y sus implicancias. En suma, este libro indaga dos momentos insoslayables para la construcción de la visión de la escritura entendida como un desarrollo procesual: la retórica clásica y el resurgimiento de la perspectiva de proceso en pedagogías del siglo XX.
El capítulo de cierre de esta tercera parte (capítulo 9) tiene como eje el campo específico de la didáctica de la escritura en el nivel de la educación superior en nuestro país, área de estudios que se ha consolidado en la Argentina en el siglo XXI, con desarrollos previos que comienzan en las últimas dos décadas del XX. En este tramo, contextualizamos el surgimiento del área en el ámbito local y exploramos una vez más algunas concepciones dominantes sobre el proceso de escritura en nuestro medio, en conexión con teorías elaboradas en otros contextos y con el trabajo histórico y crítico realizado en los capítulos anteriores. Por último, presentamos algunas problemáticas de estudiantes universitarios iniciales referidas a los procesos de escritura y algunos lineamientos didácticos propositivos, situados, en este caso, en nuestro ámbito particular de trabajo alfabetizador –la Universidad Nacional Arturo Jauretche, a donde asisten estudiantes pertenecientes en su mayoría a una primera generación de universitarios–, que permiten articular el abordaje histórico, teórico y la observación empírica.
Todo este recorrido, dominantemente teórico e histórico, apunta a discutir, en última instancia, qué se entiende por procesos de escritura, es decir, cómo han sido conceptualizados esos procesos históricamente, e incluye también una dimensión propositiva que se orienta al plano de la didáctica, en particular, de la alfabetización avanzada, con el fin de revisar cómo podemos abordar la enseñanza de esas prácticas procesuales y saberes compositivos. A lo largo de estas páginas, en suma, indagamos algunas representaciones compartidas sobre métodos y recursos de la composición discursiva para intentar aportar al campo actual de estudios sobre la escritura y didácticas de la producción textual.
- Entendemos la noción de “discurso” como una forma contextualizada de lenguaje transoracional en uso (oral o escrito), entre sus características salientes (Charaudeau y Maingueneau, 2005 [2002]: 179-184).↵
- Benveniste (1966: 242) define el discurso como “toda enunciación que supone un locutor y un auditor y, en el primero, la intención de influenciar al otro de alguna manera” (la traducción es nuestra). Esta concepción es compartida por muchos autores, entre ellos, Amossy (2010 [2000], 2008), quien realiza una distinción entre los discursos que tienen una clara intención persuasiva (p. ej. el discurso político o el publicitario) y aquellos que presentan un objetivo manifiesto diferente al de argumentar (i. e. informar, describir, narrar), pero que poseen una dimensión argumentativa, que orienta el modo de ver, de sentir o de pensar del alocutario (p. ej. un artículo periodístico informativo o un relato literario).↵
- Utilizamos la edición del texto griego de Tovar (2003 [1953]). Todas las traducciones del griego antiguo al castellano son propias.↵
- La obra de Perelman y Olbrechts-Tyteca (1989 [1958]) impulsa, entre otros trabajos, la revitalización de la retórica aristotélica en el campo de la argumentación en el siglo XX.↵
- Por ejemplo, Young, Becker y Pike (1970), Yarnoff (1980), Young (1982, 1987), Lauer (2004).↵
- Connors (1997), por ejemplo, resalta las diferencias entre la retórica clásica, de carácter oral, masculino y agonal, y la retórica compositiva contemporánea, en la que domina el discurso escrito y aparece la perspectiva de género femenina a partir de la incorporación de las mujeres al ámbito de la escritura.↵
- Por ejemplo, Nystrand, Greene y Wiemelt (1993) ubican la emergencia del campo de estudios sobre composición como disciplina académica a partir de los años setenta, en el ámbito norteamericano, aunque existan estudios antecedentes que contribuyen a su consolidación en las décadas previas. Los autores lo vinculan, de manera específica, con tendencias intelectuales contemporáneas, como el formalismo, el estructuralismo y el dialogismo. ↵
- Las traducciones de lenguas modernas son propias, salvo en los casos en los que se utilizan versiones traducidas al castellano, que son consignadas en la bibliografía.↵
- De Ste Croix (1981: 43) define el concepto de “clase” como “la expresión social colectiva del hecho de la explotación, la manera en la que la explotación se encarna en la estructura social”. Por “explotación” entiende “la apropiación de parte del producto del trabajo de otros” (1981: 43). El autor señala que en el mundo griego antiguo el medio de producción principal era la posesión de la tierra y el control del trabajo no libre, especialmente de los esclavos. Los trabajadores no libres eran productores primarios y el escaño más bajo de las sociedades antiguas, del cual las clases propietarias de tierras y de esclavos sacaban un excedente, que les permitía disfrutar del ocio y vivir sin tener que trabajar. La fuente fundamental de este excedente no procedía del trabajo asalariado, como en el capitalismo, sino del trabajo no libre. El autor fundamenta su visión sobre las clases en la Grecia antigua en la teoría marxista y en observaciones que el propio Aristóteles expone en su Política.↵
- Algunos avances de los temas abordados en esta segunda parte del libro han sido publicados parcialmente, y también revisados, en esta nueva presentación. Véase especialmente Schere (2022a, 2022b, 2025b). Los artículos citados y este mismo libro han sido realizados en el marco de mi plan de investigación “Retórica y composición discursiva”, desarrollado en la Carrera de Investigador Científico y Tecnológico en el Consejo de Investigaciones Científicas y Técnicas (período 2022-2023 y 2024-2025). La línea de investigación continúa en progreso.↵






