Un eslogan desde la Bauhaus al diseño de una investigación científica
Helga María Lell
1. Introducción
Cuando Ludwig Mies van der Rohe, arquitecto y diseñador industrial, pronunció el conocido eslogan “Less is more”, representativo tanto del estilo como de la idea de la Bauhaus, lo hizo con el fin de postular una concepción que trascendía la mera experiencia o configuración estética. En Alemania, a comienzos del siglo XX, la Bauhaus impulsó una revolución conceptual: la búsqueda de la esencia a través de la simplificación. En arquitectura y diseño, la idea de que menos es más significaba eliminar lo superfluo, depurar las formas hasta que cada línea, cada espacio, cada elemento, cumpliera una función precisa (García y Álvarez, 2022; Vallye, 2020; Donoso Bellón, 2024). Hoy, un siglo después, esa máxima que condensa una filosofía puede aplicarse a un terreno muy distinto: el de la investigación científica y, particularmente, al diseño de una investigación jurídica[1] (aunque, claro está, es aplicable a otros campos disciplinares)[2].
Si bien el eslogan no es un mito, sirve para provocar una reflexión sobre cierta concepción ingenua de las ciencias: el saber relevante, el que gana admiración, es el enciclopédico, el que más autores cita, el que con más fuerza asevera y el que más temas recorre. El científico o la científica debe saber mucho de muchas cosas. Esta idea, muchas veces arraigada en ciertos sectores, dista de la concepción de la propia comunidad científica.
En este trabajo propongo que una buena investigación usualmente no es la que abarca más, sino la que delimita mejor. Se trata, en todo caso, de no dispersarse en exceso y de poder profundizar en un pequeño recorte dentro de la enorme realidad, de conocer más y con mayor profundidad de un tema y no solo de poder hablar de varios tópicos sin saber mucho de ellos.
Desde ya, lo dicho no debe interpretarse de ninguna manera como una invitación a omitir deliberadamente variables contextuales que suelen ser altamente relevantes (el contexto político, histórico, social, económico, etc.), sino más bien como una forma de hacer asequible un objeto complejo sin que pierda esa complejidad inherente[3].
En otras palabras, “menos es más” también en ciencia. No es una cuestión estética, sino de esencia. Una investigación con un recorte claro, un objeto bien definido y una pregunta focalizada tiene el potencial de producir conocimiento más sólido y más riguroso que aquella que intenta ofrecer una visión enciclopédica[4] o totalizante[5].
Suele ser un error frecuente, cuando alguien da sus primeros pasos en investigación o cuando no cuenta con demasiada experiencia, creer que cuanto más ambicioso es un tema y cuantos más tópicos se puedan recorrer en un camino cognitivo, mayor calidad tendrá ese proyecto o producto o, en todo caso, mayor aceptación y relevancia tendrá en la comunidad académica. Así, en parte, se aspira a una cierta opulencia de conocimientos como una virtud, cuando en realidad el resultado que puede obtenerse es el contrario: un recorrido poco profundo, que poco agrega y difícilmente pueda aportar algo original sólidamente sustentado.
El trabajo se estructura en cinco apartados. En primer lugar, se presenta el origen del eslogan “Menos es más” en el contexto de la Bauhaus y se argumenta la aplicación de ese principio al ámbito de la investigación científica, con especial hincapié en el diseño de investigaciones jurídicas. En segundo lugar, se aborda el recorte como una decisión epistemológica, se describe su función en la delimitación del objeto de estudio y se ejemplifican problemas frecuentes derivados de la falta de precisión conceptual. En tercer término, se analiza la importancia de la coherencia metodológica y la articulación entre problema, hipótesis, objetivos y metodología, mediante ejemplos concretos que ilustran distintas formas de abordaje. En una cuarta instancia, se plantea la necesidad de revisar la redacción y la comunicación, ya que allí también se aplica el principio que nos ocupa. Por último, se incluye una síntesis de las principales reflexiones.
2. De la Bauhaus a la investigación: el valor de la forma y de la función
La Bauhaus, si bien nació como una escuela de arquitectura y diseño, se desarrolló como un movimiento de pensamiento de principios teóricos con aplicación al diseño práctico (Röhl et al., 2021). Sus principios –funcionalidad, simplicidad– respondían a la convicción de que la belleza se logra a través del orden y de la coherencia entre forma y función (Ayerza Insausti, 2022).
En ese marco, Mies van der Rohe sostenía que la reducción no es pérdida, sino, por el contrario, una ganancia en clave de precisión. Un edificio debía ser concebido como un sistema donde cada elemento tuviera sentido; lo superfluo debía eliminarse porque distraía de la estructura esencial (Cedeño Arteaga y Castro Mero, 2021).
En la investigación científica ocurre algo similar. Se trata de focalizar la atención en el objetivo principal y en las hipótesis a corroborar. Los pasos a seguir y las técnicas deben ser precisos y metódicamente diseñados. Cuando un proyecto de investigación se plantea sin recorte, con una ambición desmedida por abarcar mucho, por recorrer diversidad de hechos, casos, ejemplos y teorías sin parámetros de exhaustividad o recorte, sin reflexión sobre sus limitaciones, se pierde cohesión y profundidad. La estructura conceptual se dispersa. Por el contrario, una investigación que define claramente su función –es decir, su problema central, sus interrogantes, su hipótesis, sus objetivos y su metodología– puede construir una forma adecuada que no solo guía al propio investigador o investigadora, sino que también constituye una garantía en la eficiencia para el aprovechamiento de recursos y en la llegada a la meta de manera más coherente. Así, son importantes también un diseño metodológico coherente, un marco teórico pertinente, un corpus asequible, una muestra abordable, un universo explorable, entre otros.
En este sentido, podemos decir que, así como en la Bauhaus la forma debía seguir a la función, en la investigación el diseño debe seguir al propósito de la investigación.
Veamos un ejemplo. El caso que traigo a colación surgió de un primer borrador de tesis de maestría, una versión preliminar (no presentada). Si bien estas ideas luego fueron modificadas por quien las redactó, sirven para ilustrar lo dicho.
La anticonvencionalidad del artículo 611 del Código Civil y Comercial de la Nación
Hipótesis
Teniendo en cuenta los presupuestos teóricos expuestos, el interrogante que se presenta es por qué persisten las entregas directas de niños a pesar de la prohibición expresa de la legislación. La hipótesis es que debe otorgarse un marco legal a las entregas directas de niños, niñas y adolescentes.
Objetivos
El objetivo general de esta tesis será explicar si la modificación del CCYCN evitó la entrega directa de niños, niñas y adolescentes.
Como objetivos específicos tendremos los siguientes:
1) Identificar las circunstancias que provocan la entrega directa de niños.
2) Evaluar las soluciones jurídicas que han otorgado los tribunales nacionales en los casos de entrega directa de niños.
3) Comparar con las soluciones dadas en el derecho comparado latinoamericano.
4) Analizar la legalidad del art. 611 del CCYCN a la luz de los tratados internacionales y el bloque de constitucionalidad de Argentina.
En este ejemplo podemos ver diferentes problemas por falta de continuidad de una línea precisa. Si bien queda en evidencia alguna confusión de la persona autora que no logra delimitar un tema, sino que discurre en diversas líneas relacionadas, podemos ver que la falta de precisión, no notar que no existe un único tópico y que cada parte está cumpliendo distintas funciones y no una de cara a un único proyecto, plantea un inconveniente serio para una investigación. El título se centra en un elemento: la anticonvencionalidad de un artículo. No obstante, este tema, que debería ser central, no se replica en ninguna de las otras partes estructurales y estructurantes: no es parte de la hipótesis, no se encuentra presente en los objetivos (con un enfoque distinto podría encuadrarse en el objetivo específico 4, aunque este se enfoca en la legalidad), no es siquiera un argumento colateral. La hipótesis es normativa: “debe otorgarse”, pero no pareciera articularse con el problema de manera lógica ni se respalda en un marco teórico que brinde criterios para sustentarla. El interrogante central es: “¿por qué ocurre este fenómeno?”. Sin embargo, la hipótesis no lo responde. De una pregunta empírica se pasa a una respuesta normativa. Para retomar el título, la anticonvencionalidad como evaluación jurídica de tamiz dogmático no tiene lugar entre estos extremos. Los objetivos, por su parte, discurren entre búsqueda de soluciones otorgadas por tribunales y por otros ordenamientos jurídicos, que es una línea de investigación distinta. El derecho comparado (objetivo específico 3) es una técnica específica y laboriosa que no consiste meramente en recopilar decisiones de otros ordenamientos jurídicos, sino en la indagación profunda de las tradiciones jurídicas de las instituciones de cada Estado. Aunque se anuncia, no parece ser realmente lo que se pretende realizar.
El ejemplo antedicho, aunque sencillo, muestra que es fácil caer en una pluralidad temática solapada por cierto punto de conexión tópico. Para hablar de un tema, se recorren varios temas. Por supuesto, toda investigación implica el abordaje de diversas dimensiones, pero hay que distinguir entre dispersar la atención sin cumplir la meta de una pesquisa (y, como consecuencia, dispersar las metas) y revisar temas y teorías para indagar un fenómeno, cumplir un objetivo e intentar verificar o rectificar la hipótesis. En estos casos, el diseño depende tanto de la precisión de la idea como del cuidado y prolijidad de las expresiones.
3. El recorte como decisión epistemológica
Toda investigación comienza con un problema, pero solo se convierte en científica cuando ese problema se delimita, se acota, se hace asequible. El recorte –temático, temporal, espacial, teórico o conceptual– no es un trámite administrativo o una declaración formal que solo deba hacerse para superar un conjunto de evaluaciones de pares. Por el contrario, es una decisión epistemológica que define qué se incluye y qué se deja fuera, qué se observa y qué se asume como contexto, qué se da por sentado y qué debe probarse. Más allá de ello, es, también, la propia configuración del objeto con el que el investigador o la investigadora trabajará durante la investigación (Argota-Pérez, 2019; Recio Reyes, 2023). Entonces, no es una cuestión menor, es el diseño del propio objeto.
En la investigación jurídica, el recorte cumple una doble función. Por un lado, permite construir un objeto de estudio viable: principios constitucionales, convencionales o fundamentales que se discutirán desde una perspectiva específica, un conjunto acotado de normas, decisiones judiciales o prácticas institucionales que puedan ser analizadas con profundidad, problemas particulares que puedan tener alguna vocación de generalización o una limitación en ello, costumbres de los ciudadanos con variables que operativicen la observación, acciones de movimientos sociales en torno a políticas públicas, entre tantos otros ejemplos posibles. Por otro, expresa una toma de posición frente a la complejidad del objeto de estudio: el reconocimiento de que es imposible captarlo todo, y que el conocimiento científico se construye necesariamente desde una perspectiva parcial, aunque rigurosa (Parra Mesa, 2024).
Un ejemplo puede aclarar lo dicho. Estudiar los derechos humanos en América Latina suena atractivo, pero es una empresa inabarcable. El tema excede toda posibilidad de tratamiento sistemático en un único trabajo. Puede abarcar prácticas, normativas, jurisprudencia, violaciones, cumplimientos, comparaciones, etc. En cambio, investigar el tratamiento del derecho a la identidad en la jurisprudencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos entre 2010 y 2020 constituye un objeto delimitado, coherente y susceptible de análisis riguroso.
Un ejemplo que suele ser útil en clases de metodología es el siguiente. Supongamos una tesis que tiene el siguiente título: Mujer y reintegración. Un título de este tipo ciertamente es exageradamente amplio. Si uno consultara al lector qué cree que tendrá como contenido una investigación de este tipo, probablemente afrontaría dificultades para responder. O bien la cantidad de contenidos posibles es infinita, o bien es imposible pensar un tópico concreto.
No obstante, la tesis de referencia, a partir de una combinación de título y subtítulo, se presenta de la siguiente manera: Mujer y reintegración. Una mirada a los derechos de la mujer en el proceso de reintegración de los grupos armados en el Municipio de Medellín en Colombia, 2009-2012 (Jaramillo Estrada, 2015). Luego, al definir la metodología se establece el uso de técnicas etnográficas y se enumeran los derechos que serán objeto de la investigación. Como puede notarse, más allá de conocer más o menos sobre el tema, la meta de la investigación se torna más clara, más asequible, más evaluable.
Delimitar, entonces, no es restar. Es concentrar la energía intelectual en un punto de mayor densidad.
4. La coherencia metodológica: cuando menos es más, pero no significa superficial
En la enseñanza de la metodología de la investigación, es habitual encontrarse con estudiantes que temen que un recorte acote la relevancia de su trabajo. Creen que para que la investigación sea relevante o de cierta envergadura académica debe ser amplia, general, abarcadora. En una palabra: enciclopédica. Si bien suele ser un problema frecuente en el marco de los posgrados en las instancias de realización de planes de tesis, también pueden encontrarse ejemplos de este tipo en casos de investigadores que, sin demasiada experiencia, se aventuran a redactar proyectos de investigación o de postulación a becas para hablar de lo que ya saben, de lo que otros suelen hablar y, en todo caso, demostrar que pueden recorrer una amplia biblioteca que conecta muchos puntos y tópicos. Por supuesto, ello sin lograr avanzar en la construcción colectiva del conocimiento científico.
Ese impulso es comprensible, pero metodológicamente equivocado. La amplitud no garantiza profundidad ni originalidad. De hecho, suele producir el efecto contrario: trabajos descriptivos, dispersos, que no ahondan en ideas y poco útiles para la comunidad científica. Una investigación enciclopédica tiende a acumular información sin lograr integración crítica. El resultado es una especie de catálogo exhaustivo en apariencia, pero débil en sustancia.
En cambio, una investigación con foco delimitado permite desarrollar un pensamiento más profundo y preciso. El recorrido teórico también será amplio y laborioso, pero la diferencia está en la asertividad de la dirección del relevamiento y del análisis. Ya sea al trabajar con un corpus concreto –por ejemplo, un conjunto de fallos judiciales–, un período concreto, un espacio puntual, una teoría específica, el investigador puede someterlo a examen, por ejemplo, de exhaustividad o generalización, identificar tensiones, establecer relaciones, detectar limitaciones y construir un argumento propio.
Un ejemplo concreto lo constituye una investigación sobre los usos de la dignidad en la argumentación de la Corte Interamericana de Derechos Humanos. El corpus total fueron todos los casos contenciosos y opiniones consultivas desde 1982 hasta 2021 (fecha de planificación del proyecto). Enunciada de esta manera, la labor parece gigante y también escurridiza. No obstante, la metodología, fundada en un abundante estado de la cuestión, diseñó categorías de usos de la dignidad para hacer una categorización exhaustiva y también un protocolo paso a paso para uniformar la forma de categorizar los usos. Por supuesto, esta labor exigente fue acompañada por un equipo de investigación numeroso. Ahora bien, esta misma empresa solo para un tesista sería prácticamente imposible.
Desde el punto de vista de la metodología de la investigación, el principio “Menos es más” se traduce en un criterio de coherencia interna. Cuando el objeto es excesivamente amplio, esa coherencia se rompe. Las preguntas se vuelven vagas, las hipótesis difíciles de contrastar y el marco teórico se vuelve un mosaico de referencias. En cambio, cuando el recorte es claro, las partes se articulan de manera natural: el problema delimita el objetivo general y la hipótesis, el objetivo general orienta los objetivos específicos y este conjunto de elementos inspira la elección metodológica. Asimismo, la detección del problema y la elaboración de la hipótesis presuponen un diálogo con el estado de la cuestión a fin de detectar vacíos, problemas resueltos, actualidad y relevancia del tema, entre otros (Abásolo, 2023).
Desde esta perspectiva, la elección de un tema reducido no es un signo de modestia intelectual, sino de madurez metodológica. Implica reconocer que la investigación no busca decirlo todo, sino decir algo verdadero, bien fundamentado y útil para la comunidad científica.
Veamos el siguiente ejemplo:
Cuando se arribó a la conclusión de que no existe norma escrita que obligue a las salas de las cámaras de apelaciones a seguir el precedente horizontal, se dio paso al segundo objetivo: determinar cuál es el valor o la fuerza que, en la práctica, los jueces de la cámara le conceden a aquel precedente. La meta era establecer si existe, al modo del common law, una costumbre manifestada en la jurisprudencia por medio de la cual se consagra la obligatoriedad del precedente horizontal. Para eso se llevó a cabo un extenso trabajo de campo, durante el cual se relevaron in situ aproximadamente 80 000 sentencias de la Cámara Nacional en lo Contencioso Administrativo Federal, con una metodología de trabajo que será analizada en el capítulo IV.
El resultado del trabajo de campo fue confirmatorio de la hipótesis inicial: como principio general, se observó que las salas utilizan e invocan habitualmente precedentes de ellas mismas o de otras salas de la cámara a lo largo de la fundamentación de sus decisiones judiciales; sin embargo, no se sienten constreñidas por esos precedentes y ejercitan una amplia libertad y discrecionalidad para apartarse de ellos.
Aquí solo se ha traído a colación un breve extracto de la meticulosa explicación metodológica, de la presentación de objetivos e hipótesis. Aun así, es posible ver la relación entre una sólida y precisa metodología y una hipótesis clara. Entonces, no se trata solo de enunciar hipótesis genéricas que luego no pueden ser contrastadas o que no se quiere contrastar por la labor que implican. Cada segmento implica un compromiso con la función de cumplir la meta de la investigación. En el ejemplo traído a colación, la delimitación de un corpus (que no por ser delimitado es pequeño) y la forma de estudiar la citación de precedentes permitió corroborar una hipótesis.
A la luz de lo dicho en último lugar, conviene aclarar que el principio “Menos es más” no debe confundirse con simplificación banal. No se trata de reducir por reducir, ni de omitir aspectos relevantes del fenómeno estudiado solo con el fin de disminuir el trabajo a realizar, escudándose o excusándose por la virtud del recorte. Se trata de reconocer que la complejidad solo puede abordarse mediante estrategias que la hagan inteligible y que la indagación requiere precisión en la dirección. Ello no debe implicar en ningún caso dejar de lado categorías o características relevantes.
Una investigación recortada no ignora la totalidad, sino que la presupone. Cada enfoque parcial contribuye al mosaico general del conocimiento. En ese sentido, la delimitación del objeto es un modo de respeto hacia la complejidad, no una negación de ella.
Por ejemplo, al estudiar la noción de dignidad humana en la jurisprudencia de la Corte Europea de Derechos Humanos, un investigador puede centrarse solo en los casos de la Gran Sala. Ese recorte no empobrece el análisis; lo fortalece, porque permite examinar con profundidad los criterios interpretativos en las decisiones más relevantes.
Así, “menos” no es sinónimo de “más fácil”, sino de “más preciso”.
5. El estilo como reflejo del diseño
El principio “Menos es más” no solo se aplica al diseño de la investigación, sino que también alcanza a la escritura académica. La claridad conceptual se refleja en la forma del texto, en sus apartados, en la selección de los adjetivos utilizados, en el respaldo de las afirmaciones. Una estructura ordenada, una prosa sobria y una argumentación directa comunican mejor que una acumulación de párrafos extensos, digresiones, idas y vueltas, información hartamente conocida y reiterada y citas superfluas (Sánchez et al., 2011).
Una escritura académica adecuada comparte con la Bauhaus la aspiración a la transparencia: que la forma no opaque el contenido, sino que lo haga visible. Cada cita debe tener una función; cada apartado, un propósito. Así como en el diseño moderno cada línea tiene sentido estructural, en la investigación cada argumento debe contribuir a la construcción del conocimiento.
En derecho, esto cobra especial importancia. La investigación jurídica tiende, por tradición, a plasmarse a través de un estilo discursivo denso, cargado de citas doctrinarias y fórmulas repetitivas (Amaya González, 2021). Aplicar el principio de la economía expresiva permite modernizar esa escritura, hacerla más precisa, sin sacrificar rigor.
Veamos los siguientes ejemplos:
Como consecuencia de considerar que la teoría cautelar ortodoxa no ha podido dar respuestas adecuadas a ciertos requerimientos de los justiciables que claman por soluciones inmediatas, en tiempo razonable, ante situaciones que no admiten demora, florece vivaz, y necesariamente, la tutela anticipatoria.
Este fragmento, aunque tiene una idea comprensible, tiene como problema apelar a una metáfora: el florecimiento y también a una adjetivación que no suele ser clara cuando es extrapolada del ámbito semántico propio (la vivacidad). Si bien las metáforas pueden ser un recurso cognitivo útil, su elección debe ser cuidada. De lo contrario, solo cumplen una función estética, pero poco clara en clave comunicativa científica. Por un lado, puede perder objetividad y, por el otro, puede perder precisión puesto que cada interlocutor puede dar un sentido distinto a la metáfora o a la experiencia que la adjetiva.
Ubicándonos en el título preliminar que el código referenciado ha incorporado y sin extendernos sobre este –porque escapa al desarrollo del presente–, no podemos obviar la importancia que reviste en este nuevo cuerpo normativo, debido a que se constituye como la puerta de entrada al código y al resto del sistema y por ello contiene una serie de artículos de gran significado valorativo para todos los casos que se regulan.
Más allá de los problemas de redacción, podemos ver que este estilo, común en el ámbito jurídico, suele ser engorroso, obtuso, poco directo y poco claro. En muchas ocasiones, esto proviene de ciertas costumbres en la redacción profesional que, aunque tampoco son correctas, suelen abundar en los escritos abogadiles y judiciales. La escritura científica suele ser más cuidada y, por ello, cuando los y las profesionales del derecho intentan iniciarse en la investigación científica, deben entender que la escritura ampulosa no es un indicador de calidad de los resultados de la pesquisa. Por el contrario, es una debilidad. Esta alarma que aquí presento para profesionales del derecho es extensible para cualquier persona que se inicie en la producción de textos académicos.
6. Reflexiones finales
El recorrido realizado en este trabajo ha intentado sostener que “Menos es más”, un eslogan representativo de la Bauhaus, es también un principio epistemológico interesante para pensar el diseño de una investigación científica, en particular en el campo jurídico. La analogía con el diseño arquitectónico no es meramente retórica: así como en la arquitectura la forma adquiere sentido en la medida en que responde a una función precisa, en la investigación, la calidad de la actividad y de los resultados tiene una relación directa con la coherencia entre un problema delimitado, objetivos concretos y bien diseñados, una hipótesis precisa y completa y los métodos empleados.
Uno de los principales aportes es mostrar que la delimitación no es una cuestión accesoria ni una concesión pragmática, sino una decisión epistemológica constitutiva del objeto de investigación. Recortar implica definir qué se observa, desde qué perspectiva y con qué pretensión cognitiva. Se asume que toda producción de conocimiento tiene límites, pero no por ello es menos rigurosa. En ese sentido, la renuncia a la totalidad no empobrece el análisis ni lo hace banal. Por el contrario, lo posibilita.
El análisis de los ejemplos ha permitido evidenciar que los riesgos de planificar investigaciones poco asequibles o excesivamente ambiciosas están siempre presentes. La dispersión conceptual, la incoherencia interna entre título, hipótesis, objetivos, marco teórico, dificultades metodológicas que no conducen a contrastar la hipótesis son factores posibles que generan inconvenientes. Frente a ello, aquí se ha sostenido que la madurez investigativa se expresa con la capacidad de elegir con claridad y precisión qué dejar fuera, a la vez que ser conscientes de lo que se abarca y se omite.
Asimismo, se ha argumentado que el principio “Menos es más” no debe confundirse con una simplificación banal ni con una reducción estratégica del esfuerzo científico. Por el contrario, una investigación bien delimitada suele exigir un trabajo metodológico más exigente, un diálogo estrecho y estricto con el estado de la cuestión y un fuerte compromiso con la coherencia interna del diseño. La precisión del recorte no disminuye la complejidad del fenómeno estudiado, sino que la hace inteligible, asequible.
Desde esta perspectiva, la coherencia metodológica emerge como una condición central de la calidad científica. Cuando el problema de investigación, la hipótesis, los objetivos y la metodología se articulan de manera consistente, el diseño adquiere una lógica interna que orienta tanto el trabajo del investigador como la evaluación externa del producto final, que debe colaborar con el carácter constructivo del conocimiento científico. El recorte, entonces, no solo organiza el proceso de investigación, sino que también fortalece la comunicabilidad y la relevancia de sus resultados.
En definitiva, el trabajo ha sostenido que el principio “Menos es más” es una guía para reflexionar sobre cómo planificar una pesquisa científica. Diseñar una investigación es, en este sentido, un acto de construcción reflexiva: un edificio conceptual en el que cada elemento cumple una función precisa y donde nada sobra.
Así como la arquitectura moderna encontró en la simplicidad su potencia expresiva, la investigación científica encuentra en el recorte su fuerza analítica. Mirar de cerca, con método y con propósito, sigue siendo una de las vías más fecundas para producir conocimiento.
Referencias bibliográficas
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Vallye, A. (2020). Bauhaus. En K. Murphy (Ed.), Architecture, Planning, and Preservation. Oxford University Press. https://doi.org/10.1093/obo/9780190922467-0031.
- La razón por la que me centro en la investigación jurídica y también por la cual traeré a colación ejemplos del área del derecho es simplemente porque es mi disciplina de base y, por ende, principalmente mi espacio de desempeño laboral.↵
- Cabe señalar que esta es una simplificación bastante notoria. Si bien toda investigación requiere un recorte espacio-temporal, teórico, etc., lo cierto es que la afirmación que he incluido aquí puede dejar de lado las particularidades de muchas otras ciencias experimentales, sociales, humanísticas o interdisciplinarias donde la complejidad y la amplitud pueden ser constitutivas del objeto (ejemplos de ello pueden ser los estudios de los sistemas complejos, la macrohistoria, la ecología de paisajes, entre tantos otros). Aun así, cabe destacar que siempre existe una tensión entre la complejidad de los abordajes y la necesidad de lograr un objeto asequible (no por ello menos complejo).↵
- Una característica importante, a la hora de testear si simplemente se ha hecho un recorte poco fructífero o, por el contrario, se ha delimitado un objeto complejo, pero asequible y bien delimitado, es la posibilidad de reflexionar sobre la eventual generalización de las potenciales conclusiones o respecto de sus limitaciones (Plata Caviedes, 2007). De esta manera, es posible comprender al objeto y a la investigación respecto de este desde la dimensión constructiva y colaborativa del conocimiento científico.↵
- El término enciclopédico se relaciona con un tipo de conocimiento que abarca un caudal amplio de datos y noticias de origen fidedigno, que incluyen aspectos biográficos, bibliográficos, geográficos, históricos, arqueológicos, etnográficos, literarios y de bellas artes, entre otros. Este conocimiento se presenta en obras como diccionarios enciclopédicos, que contienen entradas que van más allá de la mera definición lingüística para ofrecer información contextual y factual sobre diversos temas (Sopena, 1936; Alemany y Sopena, 1933). En tal sentido, cabe diferenciar el conocimiento enciclopédico del científico ya que este último, aunque puede partir del primero, tiende a producir nuevo conocimiento como meta. En cambio, el enciclopédico tiende a describir lo ya sabido. Por otro lado, podría decirse que el conocimiento enciclopédico suele estar presente en las investigaciones panorámicas. Eco (2011) señala que estas son aquellas que cubren un campo de estudio muy amplio, abarcan mucho, pero sin profundizar.↵
- Claro está que esto se refiere a una investigación científica. Por supuesto que, si se tratara de elegir una enciclopedia en una librería, el enciclopedismo no sería en absoluto un defecto.↵






