La evolución de un campo dinámico
Paola Druille
1. Introducción
La papirología, dedicada al estudio de escritos antiguos hallados principalmente en rollos de papiro, abarca textos datados entre los siglos IV a. C. y VIII d. C., en su mayoría redactados en griego y descubiertos en Egipto (Vannini, 2021, p. 8). Sin embargo, esta definición no es unívoca. También se la ha concebido como una disciplina orientada a la recuperación y análisis de artefactos antiguos que contienen escritura y material textual preservado en ellos (Bagnall, 2009, p. XVII), con un marco temporal comprendido entre la época helenística y la árabe en Egipto (Reggiani, 2017, p. 2)[1]. Según esta perspectiva, la disciplina comprende tanto el papiro como artefacto material, con sus características de formato y tamaño, como el texto con sus rasgos lingüísticos y gráficos, junto con las fases que configuran su contexto (Capasso, 2005, p. 13). Por eso, ha tendido a consolidarse como uno de los campos de estudio más marcadamente técnicos y positivistas en el ámbito de las investigaciones sobre la Antigüedad y la tardoantigüedad. Esta característica se explica por la considerable inversión de tiempo y experiencia en paleografía y filología que exige la lectura e interpretación de los textos, a menudo fragmentarios y con caligrafías complejas (Bagnall, 1995, p. VII). Asimismo, responde a un proceso de innovación constante. Su análisis requiere metodologías especializadas que integren tecnologías avanzadas y herramientas digitales de última generación, con el fin de garantizar una interpretación rigurosa y una adecuada conservación[2].
No obstante, pese a estos avances, persiste la percepción de que se trata de una disciplina estática, limitada al ámbito de las lenguas clásicas y a la mera reconstrucción textual. Esto ha alimentado mitos sobre su supuesto estancamiento y dependencia de técnicas obsoletas, que dificultan la valoración de su impacto real en el ámbito académico durante los últimos dos siglos. Si bien es cierto que el material papirográfico consiste en documentos inmediatos, directos y originales (Montevecchi, 1988, p. 4), la tecnología, la interdisciplinariedad y las humanidades digitales han transformado el campo al incorporar recursos digitales diversos (Reggiani, 2017, pp. 3-6). La papirología se ha beneficiado desde sus inicios del progreso digital en los estudios clásicos, tanto de proyectos consolidados de bases de datos como del desarrollo de estándares específicos para la digitalización de textos e imágenes (Terras, 2006, pp. 12-13; 2010, pp. 47-48). Esta transición digital ayudó a los investigadores a ampliar su conocimiento de los papiros publicados, a poner a disposición los numerosos materiales que se siguen descubriendo o que aún permanecen inéditos en las colecciones de museos y bibliotecas, y a prestar atención a los grupos de textos antiguos con el objeto de reunir virtualmente documentos o libros relacionados (Vannini, 2021, p. 9).
Nuestro estudio pretende, en este sentido, desmitificar las ideas tradicionales que presentan a la papirología como una disciplina rígida, para destacar, en cambio, su carácter activo y en permanente desarrollo. Con este propósito, se abordará, por un lado, el surgimiento de la papirología como disciplina académica y su consolidación progresiva a través de corpus documentales y, por otro, el impacto de los desarrollos tecnológicos recientes, particularmente en lo que respecta a la preservación, análisis y digitalización de papiros, en diálogo con las herramientas digitales y su integración en el campo de las humanidades. Buscamos demostrar que, lejos de ser estática, la papirología es un campo dinámico que se adapta a los retos del presente mediante la incorporación de nuevas tecnologías y enfoques interdisciplinarios. Su capacidad de colaborar con otras disciplinas y de integrar métodos computacionales ha ampliado su alcance y ha permitido que su relevancia trascienda la mera reconstrucción textual para contribuir al entendimiento más amplio de las sociedades antiguas.
2. El surgimiento de la papirología y su consolidación
El origen de la papirología ha sido objeto de debate. Algunos investigadores lo sitúan en el año 1752 (Keenan, 2009, p. 59), con el hallazgo de los papiros en Herculano (Gigante, 1984, p. 14)[3], la ciudad del sur de Italia sepultada por la erupción del Vesubio en el año 79 d. C. Sin embargo, otros especialistas identifican el año 1788 con el inicio de su disciplina (Keenan, 2009, p. 59). Ese año, el filólogo danés Nicholas Schow dio a conocer un manuscrito griego, la llamada Charta Borgiana (propiedad del cardenal Stefano Borgia)[4], que había sido comprado diez años antes por un comerciante europeo viajero a unos nativos egipcios. El texto consistía en una serie de recibos correspondientes a trabajos realizados en el año 193 d. C. en los diques de riego del distrito egipcio de El Fayum. Schow, que descifró y publicó el material más por un sentido del deber que por un interés particular en el tema, probablemente no advirtió que estaba inaugurando una nueva línea de investigación destinada a convertirse en una de las más fructíferas e importantes entre las diversas ciencias que estudian las lenguas, la historia y las civilizaciones de la Antigüedad y tardoantigüedad (Wolff, 1945, p. 384). A partir de esta edición, el interés por los papiros se expandió gradualmente y atrajo la atención de filólogos, coleccionistas y académicos, que abrieron paso a una etapa de nuevas ediciones, estudios y descubrimientos[5].
Tras la publicación de Schow, se produjo la primera edición moderna de una colección integrada de papiros, a cargo del erudito jesuita italiano Amedeo Angelo Maria Peyron. Experto en copto y griego, Peyron fue especialmente reconocido por su obra Papyri graeci regii Musei Taurinensis, publicada entre 1826 y 1827, que sistematizó los papiros de la colección real de Turín y sentó un precedente metodológico para la edición crítica y el estudio filológico de documentos papirológicos. En esta obra, Peyron trabajó con el expediente choachytai, un conjunto de documentos extensos y bien conservados del período ptolemaico que registraban un litigio entre sacerdotes funerarios egipcios (denominados choachytai, cuyo griego singular χοαχύτης alude literalmente al ‘guardián de momias’) y dos egipcios helenizados. Estos textos ofrecieron una valiosa información sobre la administración religiosa y judicial de la época, así como sobre la interacción cultural entre las tradiciones egipcia y helenística (Keenan, 2009, p. 60). La edición de Peyron, en consecuencia, fue calificada como un “milagro” (Bingen, 1994, p. 43) por su habilidad editorial y la sensibilidad con la que comprendió el valor histórico de los papiros documentales, un mérito que incluso superó al de ediciones posteriores (Montevecchi, 1994; Keenan, 2009, p. 60). Sin embargo, a pesar de la grandeza de su logro, el trabajo de Peyron se vio eclipsado por el entusiasmo generado por el desciframiento de la escritura jeroglífica (ca. 1822) por parte de Jean-François Champollion, circunstancia que llevó a estimar el contenido de sus documentos como “vulgar” e “insignificante”, un prejuicio con el que la papirología ha luchado desde aquel momento (Keenan, 2009, p. 60)[6].
No obstante, su precursora publicación sentó los antecedentes necesarios para la evolución del incipiente campo de estudio de la papirología, que no estuvo libre de las dinámicas del mercado. A lo largo del siglo XIX, los papiros que llegaban a Europa eran obtenidos con frecuencia de manera poco escrupulosa, como parte de colecciones de antigüedades muy valoradas, en las que diplomáticos como Giovanni Anastasi, Bernardino Drovetti y Henry Salt desempeñaron un papel clave mediante operaciones de compra y excavaciones (Keenan, 2009, p. 60). Esto provocó que el número de adquisiciones aumentara de manera exponencial, sobre todo cuando en 1877 tuvo lugar un evento significativo: miles de papiros fueron descubiertos por campesinos que excavaban en busca de fertilizantes en los antiguos montículos de kimân Faris, una zona ubicada al norte de la moderna capital de la provincia de El Fayum (Keenan, 2009, p. 60). La mayoría de estos papiros, junto con otros de procedencia heracleopolita, terminó en manos del empresario y anticuario austriaco Theodor Graf (Preisendanz, 1933, pp. 110-124). Graf comercializó papiros en varias etapas e inicialmente vendió lotes al Louvre y al Museo de Berlín. Más tarde, en 1883 o 1884, el archiduque Rainer adquirió papiros a través de Graf y le encomendó nuevas compras en su nombre, un acuerdo que se prolongó hasta 1889. Diez años después, el archiduque donó tales documentos a la Biblioteca Nacional de Austria. Con esto conformó la segunda o tercera colección de papiros más grande del mundo, solo superada o igualada actualmente por la de Berlín.
Otro punto de inflexión significativo en la historia de la papirología ocurrió a finales del siglo XIX, no como un evento único, sino como una serie de acontecimientos que tuvieron lugar entre 1891 y 1892, los cuales sirvieron para consolidar la papirología como un campo de estudio establecido. Por un lado, el año 1891 es a menudo referido en círculos papirológicos como annus mirabilis, porque marcó un antes y un después gracias a varios sucesos clave que impulsaron significativamente la disciplina. Durante este año, se publicó el primer volumen de los papiros del inglés William Matthew Flinders Petrie, The Flinders Petrie Papyri (1891-1905), una obra editada por el erudito irlandés John Pentland Mahaffy. Además, el inglés Frederic G. Kenyon llevó a cabo importantes ediciones de textos, incluyendo la de la Constitución de Atenas del Museo Británico, así como la publicación, en volúmenes separados, de rollos de papiro que contenían los “mimes” de Herondas y los discursos del orador ateniense Hipereides (Keenan, 2009, p. 61). Por otro lado, el año 1892 es conocido por la aparición del primer fascículo del extenso conjunto de papiros documentales griegos del Museo de Berlín –Aegyptische Urkunden aus den Königlichen (posteriormente Staatlichen) Museen zu Berlin, Griechische Urkunden–[7], que eventualmente llevó a Jules Nicole a proponer la frase “les papyrologistes [papirólogos] de Berlin” (1896, p. 3; van Minnen, 1993, p. 7)[8] para referir a los editores de esos papiros. Esta acuñación del término papirólogos condujo a la fase de otorgar entidad disciplinar a la palabra papyrology, que fue plenamente aceptada en inglés en el año 1900 (“Papyrology”, 1933, p. 442; Keenan, 2009, p. 61) y reconocida como una “ciencia” un año después (Robinson, 1901, p. 212), consolidando definitivamente los cimientos de este moderno campo de estudio.
3. La lingüística computacional y la papirología digital
El estudio de los papiros documentales ganó un nuevo impulso en los siglos XX y XXI gracias a la aplicación de las metodologías computacionales (Maretti y Zarri, 1970). Estos métodos fueron usados primeramente en el campo de los estudios clásicos. La labor fue iniciada en el Laboratoire d’Analyse Statistique des Langues Anciennes (LASLA, dirigido por Louis Delatte) de la Université de Liège en el año 1961, que fue establecido para la investigación de las lenguas clásicas y estuvo dedicado a la compilación de textos antiguos para su transformación en archivos digitales. A tal efecto, los investigadores del centro emplearon avanzadas tecnologías de procesamiento automático del lenguaje (Druille, 2024, pp. 155-156), que sirvieron como fundamento crucial para un proyecto ambicioso (Evrard, 1970, p. 122). Alfred Tomsin y Etienne Evrard utilizaron esta pericia para crear una prosopografía del Egipto romano, es decir, un estudio de las personas y sus relaciones en ese período que fue un hito pionero en la aplicación de la tecnología de la información a los textos de papirología griega[9]. Este proyecto fue formalmente presentado en el XI Congresso Internazionale di Papirologia, celebrado en Milán en 1965. Durante el encuentro, la asamblea general dio su aprobación unánime para formar un comité dedicado al estudio de la organización del procesamiento de datos en papirología. Posteriormente, en 1968, se programó una sesión completa sobre “Computer uses in Papyrology” (usos de la computadora en papirología) en el XII Congress of the International Association of Papyrologists, llevado a cabo en Michigan, después de que la Asociación Internacional de Papirólogos estableciera una comisión especial de estudio sobre el trabajo computarizado aplicado a la papirología (Reggiani, 2017, p. 3)[10]. Desde entonces, no ha habido ningún congreso papirológico internacional sin al menos un artículo relacionado con asuntos computacionales.
Los adelantos conseguidos con la aplicación de la lingüística computacional al estudio de estos antiguos documentos, por lo tanto, fueron los pilares de la gestación y evolución de la papirología digital, que se ha constituido como un conjunto de metodologías y recursos electrónicos diseñados para la creación, almacenamiento, acceso, procesamiento y publicación de información vinculada a la investigación de papiros (Reggiani, 2017, p. 8). Uno de los primeros recursos digitales con estas características fue el Duke Databank of Documentary Papyri (DDbDP), fundado en 1983 por John Oates y William Willis de la Universidad de Duke, con la crucial colaboración de David W. Packard, de la empresa Hewlett-Packard. Tras más de una década de esfuerzo, se publicó inicialmente en 1986 (Willis, 1988, p. 17) y logró una cobertura casi completa en su ámbito (Vannini, 2021, p. 23). Este proyecto sigue siendo uno de los más destacados en la disciplina, albergando cerca de 60 000 textos. Actualmente, se complementa con el Digital Corpus of Literary Papyri, que busca abarcar el aspecto literario de la disciplina, cuyo desarrollo fue impulsado por el significativo avance digital en los estudios clásicos, en particular por la innovadora biblioteca Thesaurus Linguae Graecae (TLG)[11].
La pronta adopción de las tecnologías digitales por parte de los papirólogos y clasicistas determinó que se destacaran por su destreza para promover el acceso instantáneo a sus fuentes en la web. Con la apertura de Internet en 1993, se lanzó Heidelberger Gesamtverzeichnis (HGV)[12], que es una base de datos de búsqueda de fuentes papirológicas documentales griegas fundada en 1988 como un proyecto del “Papyrus Editions” de la Heidelberger Akademie der Wissenschaften. Poco después, Duke Databank fue transferido a la web en 1996 (Sosin, 2010; Reggiani, 2017, p. 222). Ambas acciones muestran que la evolución de Internet fue decisiva para la creación de catálogos completos con imágenes de colecciones físicas de papiros, y para la comprensión de que solo en un entorno web se pueden vincular eficazmente grandes conjuntos de distintos tipos de datos, como imágenes y descripciones (van Minnen, 1995). Tal tarea consiguió un desarrollo crucial con el Advanced Papyrological Information System (APIS), fundado en 1995 por Roger S. Bagnall, Traianos Gagos y John F. Oates, con el apoyo del National Endowment for the Humanities (NEH) y varias universidades. APIS se concibió como un depósito digital centralizado para información e imágenes de colecciones papirológicas globales. Su objetivo primordial era establecer un entorno de trabajo papirológico integral en línea, ofreciendo descripciones físicas, procedencia, datación, referencias bibliográficas, traducciones y el historial de adquisición de papiros y otros escritos, complementado con imágenes digitales de alta calidad. La orientación hacia los objetos y la provisión de imágenes de archivo en formato TIFF de 600 ppi fueron fundamentales para su misión de preservar el contenido digital a largo plazo y facilitar futuras investigaciones. APIS, junto con DDbDP y HGV, elevó los recursos para la investigación papirológica, integrándose posteriormente con Papyri.info y Trismegistos para asegurar el acceso universal a la vasta colección de papiros catalogados. Estos esfuerzos llevaron al desarrollo de un modelo de digitalización colaborativo entre instituciones, con la necesaria experiencia en estandarización (Reggiani, 2017, p. 98). Con la aparición de APIS, los socios regionales se unieron con frecuencia para producir recursos integrales para diversas colecciones. Entre los casos más destacados se encuentra la iniciativa italiana PSIonline, dirigida por Guido Bastianini, Lucio Del Corso y Rosario Pintaudi, que recopila no solo material florentino, del Istituto Papirologico Vitelli y la Biblioteca Medicea Laurenziana, sino también la colección de Padua, y se prevé que incluya también los papiros de Praga (Reggiani, 2017, p. 98)[13], y la iniciativa DVCTVS, que reúne todos los fondos de papiros españoles, bajo la dirección de Alberto Nodar y Sofía Torallas Tovar[14].
Otro pilar fundamental en el desarrollo digital ha sido la adaptación de las especificaciones EpiDoc, lanzadas en 2006 por un equipo dirigido por Tom Elliott de la Universidad de Carolina del Norte (Bodard, 2010, pp. 164-165), que originalmente fueron ideadas para la epigrafía griega y latina, pero se expandieron para la codificación de papiros documentales y literarios, así como textos en otras lenguas antiguas. EpiDoc, al ser una personalización de las Directrices TEI (un estándar de marcado XML), garantiza la estandarización de los datos y la interconexión entre diversos recursos, permitiendo una marcación semántica detallada en las transcripciones, como la identificación de espacios, letras inciertas o elementos onomásticos. Un claro ejemplo de su aplicación es la ya mencionada plataforma Papyri.info, cuyo funcionamiento comenzó en el año 2006[15] bajo la dirección de Bagnall y financiación de la Andrew W. Mellon Foundation[16] y el National Endowment for the Humanities[17], que consolida el acceso a textos (principalmente del Duke Databank), metadatos (de HGV, APIS y Trismegistos), imágenes y bibliografía, y facilita la búsqueda cruzada y el afianzamiento de redes de contribución entre los usuarios (Druille, 2024, pp. 162-165).
4. Conclusión: el futuro de la papirología
La papirología se enfrenta a un futuro desafiante, con una cantidad de tareas por delante que supera con creces lo anticipado en sus etapas iniciales. Aunque en sus orígenes esta disciplina se concentró en descifrar los valiosos papiros hallados en las múltiples campañas de investigación en Egipto, y en la sistematización de esos descubrimientos en colecciones monumentales que sentaron cimientos sólidos para esta nueva ciencia, los papirólogos llegaron a importantes conclusiones desde entonces. Primero, descubrieron que la cantidad de textos aún inéditos supera significativamente la de los ya publicados, y que la cantidad de textos que pueden publicarse ahora es mucho mayor que nunca, porque las bases de datos digitales alojan incluso textos muy fragmentados (van Minnen, 2009, p. 658). Segundo, se dieron cuenta de la utilidad de ofrecer al menos un acceso limitado al material inédito en colecciones y de proporcionar aún más acceso, especialmente en formato de imágenes, a los materiales publicados. Ahora reconocen que a menudo es relativamente sencillo compilar en formato electrónico la información dispersa sobre textos publicados. Finalmente, los papirólogos también aprendieron que es conveniente volver a ensamblar textos de excavaciones o archivos y rehacer o revisar ediciones de textos antiguos con la ayuda de las herramientas disponibles hoy.
Todo esto demuestra que la misma evolución de la papirología desmitifica directamente la suposición de ser una disciplina estancada y estática, pues no solo es una ciencia dinámica, sino que está en constante evolución con una alta adaptabilidad a las nuevas tecnologías. Mientras se siguen encontrando más textos en Egipto, la facilidad para recopilar información dispersa sobre textos publicados en formato electrónico demuestra cómo la tecnología agiliza la disponibilidad del conocimiento. Esta progresión constante se evidencia en las proyecciones futuras de la disciplina. Se estima que el número total de textos publicados superará los 100 000 hacia el año 2030 (sin contar los inéditos accesibles mediante proyectos tipo APIS), y que el volumen de textos publicables es aproximadamente diez veces mayor que el ya divulgado en la actualidad (van Minnen, 2009, p. 658). La creciente disponibilidad de representaciones visuales de los papiros, tanto de aquellos ya estudiados como de los aún por explorar, incrementa la exactitud de las investigaciones y posibilita el estudio remoto, al mismo tiempo que la digitalización de manuscritos no publicados facilita la identificación de vínculos inesperados, favorecidos por el intercambio y la cooperación a distancia entre especialistas de diversas entidades. Tal sinergia es vital porque la inmensa cantidad y diversidad de documentos sobrepasa la habilidad de un único académico, y hace que la labor conjunta sea más efectiva. La vitalidad de la papirología se sustenta así en la práctica continua de unir fragmentos textuales hallados en excavaciones o acervos, y de actualizar o perfeccionar versiones previas de escritos antiguos empleando tecnologías de vanguardia. Este ciclo de perfeccionamiento asegura que la historia seguirá ofreciendo revelaciones a largo plazo.
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- Keenan (2009, p. 61) explica que, en un principio, la papirología se refirió específicamente al desciframiento y la presentación de textos escritos en papiro (y óstraca), especialmente en griego. Agrega que los textos en lengua egipcia, independientemente de su escritura (jeroglífica, hierática, demótica o copta), permanecieron reservados para la egiptología. Sin embargo, Keenan también nota que la papirología pronto adquirió un significado que va más allá de la edición de textos en papiro, incluyendo su uso en el estudio de la historia, la sociedad y la economía egipcias desde aproximadamente el siglo III a. C. hasta principios del siglo VIII d. C. Refiere a esto como “el milenio papirológico”.↵
- En su tesis para la obtención del doctorado en Digital Classics, Vannini (2021, p. 9, nota 2) sostiene que la adopción intensiva de métodos digitales en papirología ha sido notada por los papirólogos Capasso (2005, p. 227), Bowman (2009, p. 41), Quenouille (2016, p. 6), junto con el progreso análogo en epigrafía, en la literatura de clásicos digitales (Magnani, 2008, p. 128; Goldberg, 2016, p. 519) y humanidades digitales (Terras, 2006, pp. 12-13). Este fenómeno ha sido discutido por Reggiani en su monografía sobre papirología digital (2017, pp. 2-8), tratando de entender cuáles son sus razones y qué ventajas ha recibido la disciplina por parte de las herramientas digitales (pp. 257-259).↵
- La Accademia Ercolanese, creada en 1756, se encargó de descifrar y publicar los papiros. Como resultado, entre los años 1793 y 1855 se publicaron 11 volúmenes de Herculanensia, seguidos de una segunda serie de otros 11 entre 1862 y 1876, a cargo de Fiorelli, Minervini y De Petra. Véase Montevecchi (1988, p. 26).↵
- Inicialmente alojado en el museo del cardenal en Velletri, ahora reside en el Museo Nazionale Archeologico en Nápoles (Preisendanz, 1933, pp. 69-73). Para más detalles, remitimos a Martin (2000); también Litinas (2007).↵
- La atención aumentó de forma progresiva a medida que se conocieron más textos, junto con otras reliquias de la antigua civilización egipcia, después de que la campaña de Napoleón en Egipto despertara la curiosidad del mundo occidental y el desciframiento de Champollion de la escritura jeroglífica allanara el camino para la comprensión de la cultura de la región (Wolff, 1945, p. 390).↵
- La obra de Peyron se inscribe hoy en la protohistoria de la papirología, pues en su tiempo la disciplina aún no se había diferenciado de la egiptología y el término papirología no existía (Keenan, 2009, p. 60).↵
- Los inicios de la papirología moderna también fueron impulsados significativamente por Bernard P. Grenfell y Arthur S. Hunt, quienes a partir de 1897 realizaron excavaciones en Oxirrinco y descubrieron la colección de papiros más grande del mundo, estableciendo con la rápida publicación del primer volumen de los Oxyrhynchus Papyri en 1898 un modelo de edición que incluía traducciones, acentos y aparatos críticos. Paralelamente, en Alemania, Ulrich Wilcken contribuyó fundando el Archiv für Papyrusforschung en 1900, la primera revista exclusiva de la disciplina, que sirvió como punto de encuentro internacional para la investigación, y cocreó el monumental Grundzüge und Chrestomathie der Papyruskunde (1912), obra que definió las principales áreas y periodizaciones de la papirología, aunque su concepto de la Sonderstellung (“lugar especial”) de Egipto generó un debate sobre la aplicabilidad general de la evidencia egipcia a la historia antigua. Finalmente, Friedrich Preisigke es reconocido como el primer gran organizador del campo (Montevecchi, 1988, pp. 35-36), al iniciar una serie de proyectos fundamentales para la organización y cooperación internacional en papirología (Bingen, 1977, p. 42; cf. Preisendanz, 1933, pp. 199-202), incluyendo el Sammelbuch (1913-actualidad), para reimprimir documentos dispersos; la Berichtigungsliste (1922-actualidad), para registrar correcciones de textos publicados; el Namenbuch (1922), una lista alfabética de nombres personales; y el Wörterbuch (1925-1944), un diccionario de papiros documentales.↵
- De acuerdo con Keenan (2009, p. 61), en su prefacio, Nicole se refiere a los papiros como “textos papirológicos”. Sin embargo, asegura que en las obras introductorias a la papirología no se da una fecha para esta terminología particular anterior a 1898.↵
- Véase Tomsin (1966, pp. 195-208); también Mertens (1961, pp. 428-430; 1964, pp. 65-67), y la página web del Centre de Documentation de Papyrologie Littéraire (s.f.).↵
- La comisión se constituyó a partir de la propuesta de Alan B. Samuel (Yale), luego de la presentación del proyecto de una prosopografía automatizada por parte de Alfred Tomsin en el XI Congresso Internazionale celebrado en Milán en 1965. En consecuencia, su creación antecede ligeramente a la formación del Comité Especial para Problemas de Computadoras, oficialmente establecido por la Asociación Filológica Americana en 1968. Para más información sobre estos antecedentes históricos, véase Reggiani (2017, p. 3, nota 11).↵
- Establecido por Theodor Brunner en la Universidad de California, Irvine, en 1972 (véase Willis, 1984, p. 169; Oates, 1993, pp. 62-63, 70-71) y lanzado en 1976 (véase Thesaurus Linguae Graecae [TLG], 2020, https://stephanus.tlg.uci.edu/history.php), el TLG representa uno de los recursos electrónicos más utilizados en el ámbito de los estudios clásicos y las humanidades digitales. Este proyecto, que permanece como el más antiguo y uno de los más amplios en su categoría, no se enfoca directamente en la papirología; sin embargo, su extensa base de datos ha facilitado significativamente la investigación sobre papiros literarios (véase Vannini, 2021, pp. 25-26). La extensión de la influencia del TLG y la tecnología desarrollada por Packard inspiró la creación de bases de datos similares, como el ya mencionado Duke Databank y el CD-ROM 1 del Packard Humanities Institute, dedicado a la epigrafía griega y la literatura latina desde 1987.↵
- Véase https://www.ub.uni-heidelberg.de/helios/digi/digilit.html.↵
- Véase http://www.psi-online.it/about.↵
- Véase https://dvctvs.upf.edu/project.↵
- Véase https://papyri.info/.↵
- Véase https://www.mellon.org/.↵
- Véase https://www.neh.gov/.↵






