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Agradecimientos

El presente volumen es fruto del comienzo de un prolongado estudio del oficio académico. A pesar de tratarse de un oficio que demanda muchas horas de soledad, para emprender su aprendizaje ha sido fundamental el aporte de numerosas personas.

En virtud de ello, quiero agradecer en primer lugar a José González Ríos, mi director de tesis, que me guía e incentiva en el ejercicio de la investigación académica, y que me ha acompañado en diversos momentos de la carrera, generosamente compartiendo su erudición y enseñando el trabajo fino con los textos filosóficos. El hecho de que una persona que se dedica profesionalmente a la investigación conserve una pluralidad de intereses sin desmedro en la meticulosidad del trabajo, resulta provechoso para el enriquecimiento de nuestra labor.

Asimismo, quiero en segundo lugar agradecer a los profesores que, aparte de José, más me han impactado: a la profesora Claudia D’Amico, quien ha sido responsable de enamorarnos con el neoplatonismo medieval, y de impulsar el surgimiento de múltiples centros de estudio y traducción, que al mismo tiempo forman a los investigadores académica y humanamente; al profesor Mario Caimi, que colmó la materia Historia de la Filosofía Moderna de clases apasionadas y eruditas, y me estimuló a estudiar la modernidad temprana y el Renacimiento; a los profesores Luis Angel Castello y Antonio Tursi, por su erudición expuesta sin remilgos y su disposición al diálogo constante; y al profesor Mario Gómez, por su espíritu generoso e inquieto, sus inmensos conocimientos y alegría.

En tercer lugar, quiero agradecer a Aye, por prestarme atención sin importar cuántas anécdotas renacentistas le haga soportar (espero ahora empezar a hablar de otras cosas). También quiero agradecer a Fede, por su interés siempre vivo y siempre honesto, su energía y su modestia. Quiero agradecer a mis amigos de la carrera: a Maxi, por las innumerables e intensas horas de discusión sobre el sentido de nuestra labor y sus condiciones; a Flor, por su buena onda que me dio energías para completar el primer año y continuar; a Mati, por compartir sus rollos heideggerianos y fenomenológicos en todo momento, en todas las circunstancias; a Debbie y Meri, por no permitir que me hunda en una monotonía gris; a Diego, por su amistad y compañía; a Majo, por su amistad, la montaña, la diversión en momentos nada divertidos…

Finalmente, quiero agradecer a mi familia: a mi papá, Edgardo, que solamente me vio ir a las primeras clases de Filosofía Antigua, pero habría querido verme continuar los años siguientes, y cuya fe ciega siempre recuerdo; a mi mamá, Margarita; y mis hermanos, Javier y Fernanda: cada uno de ustedes sabe cuánto les debo y les agradezco.



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