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Reflexiones Finales

1. Introducción

Como señalábamos en la introducción de este trabajo, paralelamente al proceso de reconstrucción del sistema político, la salida de la crisis de 2001-2002 en nuestro país implicó, necesariamente, un proceso de ampliación del Estado que involucró la integración tanto económica[1] como social y política de los sectores populares expulsados durante el modelo neoliberal. Esto significó un proceso de reconstrucción y resignificación del aparato estatal, sus capacidades, funciones y actores, de la mano de la conformación de nuevas mediaciones entre éste y la sociedad civil. Entre estas nuevas mediaciones emergieron las organizaciones de desocupados como agentes con capacidad de organización, articulación y canalización de las demandas de la sociedad movilizada. Mediación de demandas que se realizó a través de su participación en las políticas estatales, en los procesos de movilización y acción colectiva de la sociedad civil, y en el escenario político de nuestro país durante el periodo analizado.

Este nuevo rol de mediación estatal, social y política asumidos por las organizaciones de desocupados redefinió necesariamente las relaciones entre el Estado y la sociedad civil al involucrar un nuevo canal de vinculación entre ambos. Inevitablemente, también, impactó en las relaciones de estas organizaciones para con el resto de los actores del sistema político, como los partidos políticos y los sindicatos. A su vez, sostenemos que los cambios en los aparatos, recursos y cursos de acción del Estado como la experiencia analizada, expresaron las transformaciones ocurridas a nivel del sistema político, y de las mediaciones entre el mismo y la sociedad civil. Los cambios en las políticas públicas y en los estilos de gestión analizados en este libro, fueron producto de la forma en que la sociedad argentina de principios de siglo procesó sus conflictos y construyó sus consensos (mínimos), en un escenario en constante cambio, y con actores en tensión.

Estos cambios en el escenario político ocurridos a partir de la asunción del kirchnerismo en el año 2003 implicaron una ampliación de la participación de sectores sociales que no se encontraban contenidos por las mediaciones clásicas de las etapas anteriores. La implementación de políticas neoliberales, que promovieron el aumento sostenido de la desocupación, la informalidad y la pobreza durante la década de los ’90, crearon las condiciones para la emergencia de un sector social de grandes dimensiones que no encontraba representación de sus demandas en las clásicas organizaciones sindicales y políticas. La crisis política de los partidos políticos mayoritarios, pero también de las expresiones de la centro-izquierda y del sindicalismo peronista durante esta etapa nutrieron de militantes, saberes y prácticas a las nuevas formas de acción colectiva que intentaron canalizar el descontento social que dejaba el neoliberalismo. Las organizaciones de desocupados entablaron desde un principio una relación compleja con el Estado, el cual se instaló como receptor de demandas y conflictos, a la vez que se constituyó en el espacio de disputa por los recursos económicos, organizativos y simbólicos de las políticas sociales. La respuesta del Estado neoliberal al conflicto social, como vimos en el capítulo II, fue una batería de programas sociales asistenciales y focalizados. Los planes sociales se constituyeron así en recursos que, en vez de provocar un efecto de desmovilización, promovieron el conflicto social como la vía legítima de acceso a los mismos. Esto cambió, entre otros elementos del modelo de desarrollo implementado, con la convocatoria de Néstor Kirchner a la participación política de las organizaciones en el Estado nacional.

La extensa y compleja historia organizativa de los sectores populares en nuestra región nos permite pensar que lo “nuevo” de esta experiencia fue su capacidad constructiva en la vinculación del Estado con la sociedad civil, a partir de la cual se suturó, parcial e irregularmente, la crisis política post 2001-2002. Sin caer en la tentación de idealizar estas organizaciones, consideramos que, en su complejidad y con sus contradicciones, tuvieron un potencial insoslayable en el proceso de integración social y política de un sector de la sociedad sin representación sociopolítica en el modelo neoliberal.

En este capítulo final reconstruiremos el proceso de participación política de BPD al Estado, a partir de las dimensiones analíticas expuestas a lo largo de los capítulos precedentes. Es decir, a partir de su participación en la implementación territorial de programas sociales, su incorporación a la gestión del Ministerio de Desarrollo Social de la Nación, y su vinculación con los espacios de construcción política y electoral oficialistas durante el periodo 2003-2009. Se sintetizarán y articularán los principales argumentos y conclusiones desarrollados en los capítulos anteriores y se plantearán nuevas preguntas y líneas de investigación.

La principal conclusión de este trabajo de investigación es que el proceso de participación política de BDP al Estado nacional, le permitió constituirse en una ventanilla del Estado en el territorio, quien a partir de la utilización del protagonismo como herramienta de gestión, fortaleció su capacidad de organización y canalización de demandas sociales. Este proceso encontró su límite en la construcción política del espacio oficialista y en el armado electoral, que condicionó las posibilidades de esta organización de construir representación institucional propia e incidir en el proyecto político del oficialismo. Cuestión que terminó causando su alejamiento del gobierno a fines de 2008, y su regreso a una estrategia opositora del Estado nacional luego de las elecciones legislativas de 2009.

2. La participación de BDP en la política partidaria

La participación política de BDP en los armados electorales durante el periodo analizado, claramente estuvo vinculado al proceso de surgimiento de la organización de la mano de CPL, en el marco de la crisis política que atravesó al sistema en su conjunto. Como señalamos en el capítulo III, el surgimiento de BDP fue político, antes que social, en tanto que fue decisión de CPL conformar dicha organización en el marco del proceso de movilización y de transformación de las formas de acción colectiva en nuestro país que analizamos en el capítulo III. Por lo tanto, las estrategias políticas de BDP estuvieron vinculadas en un primer momento a la construcción de un “movimiento de liberación nacional” como instrumento político promovido por CPL. En este escenario, la convocatoria a la construcción de la transversalidad kirchneristas, como espacio político, fue leída como una táctica dentro de esta misma estrategia. El proceso económico, social y político encabezado por Néstor Kirchner llevaría, según BDP-CPL, a una profundización de las transformaciones estructurales de la sociedad argentina, dando lugar a la emergencia de condiciones objetivas y subjetivas propicias para el cambio social. Muchas organizaciones se vieron interpeladas por este discurso, y su participación en el armado oficialista les brindó un paraguas político que amplificó su construcción territorial y de relaciones políticas a niveles locales, provinciales y nacionales, a partir de la conformación de redes de relaciones con otras organizaciones. Así, hacia afuera de la alianza de gobierno, BDP-CPL se relacionó con organizaciones más chicas en tamaño e inserción. Se constituyó en el “primus inter pares” de un entramado de relaciones que se ampliaba en la medida en que se consolidaba su perfil oficialista bajo el paraguas transversal.

En este escenario, a su vez, se reconocía la necesidad de disputar la orientación y los tiempos del proceso de cambio con los sectores más conservadores dentro del propio armado kirchnerista, expresados en el Partido Justicialista. La relación con el PJ atravesó y condicionó la forma de participación política de BDP-CPL dentro del armado político kirchnerista. Desde un primer momento, se consideró necesario, según la organización, confluir con las expresiones progresistas no PJ que componían el espacio amplio del kirchnerismo, en un armado común que potencie su capacidad de disputa política hacia el interior del mismo. Como vimos en el capítulo III, esta experiencia tuvo sus vaivenes, principalmente condicionado por la forma de vinculación establecida con el gobierno nacional y con el espacio transversal. La ausencia de ámbitos orgánicos propios del espacio transversal condicionó la capacidad de BDP, y de los diferentes armados políticos en los que se involucraron, de incidir políticamente en la disputa por la dirección del “proyecto nacional”. El “gabinete piquetero” se constituyó desde un primer momento como el espacio de discusión y coordinación de las organizaciones de desocupados con el Estado nacional, y con el kirchnerismo como espacio político. Sin embargo este espacio no tenía funcionamiento sistemático ni colectivo, salvo en contadas ocasiones donde el gobierno buscaba generar un hecho político. De esta manera, la estrategia de confluir en un espacio amplio kirchnerista sin el PJ, se veía tensionado con la forma de vinculación individual del gobierno con cada organización específica. Este hecho, junto con las limitaciones propias del espacio de organizaciones sociopolíticas que confluían en el kirchnerismo, como el “sectarismo” de algunas de las organizaciones y el “personalismo” de algunos dirigentes, terminaron por destruir los diversos armados políticos. Se presionaba colectivamente pero se negociaba de forma individual. La “transversalidad” y el “gabinete piquetero” tuvieron su momento de gloria durante la disputa interna entre el kirchnerismo y el duhaldismo por la conducción del peronismo, y luego de la elección de 2005 fue evidente su pérdida de protagonismo dentro del armado oficialista. El lanzamiento de LS como espacio político en 2006 fue una apuesta que permitió a BDP-CPL dar un salto cualitativo en su capacidad de construcción, movilización y representación al instalarse públicamente como una referencia del kirchnerismo no PJ, aun cuando la cantidad de aliados fue poca en comparación con el espacio transversal. En un intento de capitalizar el proceso de disputa política con el duhaldismo y de condicionar la orientación política del kirchnerismo, el armado de LS les permitió participar activamente de las campañas electorales de 2007 donde por primera vez acceden a dos lugares en el Congreso Nacional.

Esta forma de vinculación con el gobierno nacional también se cristalizó en las negociaciones por las candidaturas en las diferentes elecciones legislativas, nacionales y locales y por la participación en las campañas políticas. Esto presentó distintos escenarios que fueron desarrollados en el capítulo III, y de los cuales nos interesa rescatar que allí donde el gobierno nacional intervino directamente tanto en la campaña como en la selección de los candidatos, la participación de BDP-CPL tenía mayor potencialidad y visibilidad, que en los escenarios locales donde el vínculo con el oficialismo era hegemonizado por el PJ. En las elecciones de 2007, donde BDP-LS logró ingresar al Congreso nacional, el gobierno nacional fue quién garantizó el lugar en las listas de candidatos de la provincia de Buenos Aires. En los otros armados a partir de los cuales se accedió a espacios legislativos, los mismos se inscribieron dentro de un proceso más general de renovación política al interior del PJ, como fue el caso de algunas intendencias del conurbano bonaerense; o de experiencias de construcción kirchneristas no PJ que contaban con el respaldo del gobierno nacional como el caso de la Provincia de Córdoba en ese mismo año.

La relación del kirchnerismo con el PJ marcó la participación política de BDP en los armados políticos electorales. Su concepción sobre el PJ como representante de la “vieja política”, no así sobre el peronismo como fenómeno sociopolítico, condicionó su participación dentro del oficialismo. Mientras que el PJ fue un actor no hegemónico dentro del armado político, BDP justificó su participación dentro de un espacio más amplio que buscaba la construcción de una herramienta política superadora de las viejas representaciones, como la transversalidad. Cuando el kirchnerismo decidió disputar y asumir la conducción del PJ, la organización se encontró con un límite concreto a su estrategia de “renovación política”. Esta disputa ya había enmarcado diferentes momentos de la trayectoria política de BDP dentro del kirchnerismo, pero a partir la “pejotización” declarada del mismo, la tensión entre esta organización y el armado oficialista encontró un punto de no retorno.

Por último, del análisis se desprende también que la participación política de BDP en las campañas, aún sin candidatos propios en las listas, fue una estrategia implementada para “dar el salto a lo político” e instalarse en la escena pública como actores con capacidad de representar institucionalmente demandas sectoriales. Esto se reflejaba también en la apertura de espacios de gestión institucional dentro del poder ejecutivo nacional o de los gobiernos locales. A su vez, este salto a lo político promovía un proceso de politización de los integrantes de la organización a través de involucramiento en las diferentes tareas de campaña, como vimos en el capítulo III.

Ahora bien, justamente la participación política en el espacio transversal-kirchnerista no PJ, pero sin espacios orgánicos y sistemáticos de organización, favorecieron la estrategia ondulante entre el apoyo y la crítica, desplegada por BDP durante la experiencia analizada. Estas estrategias se expresaron en diversas movilizaciones de apoyo a cuestiones estructurales del modelo de desarrollo como la Cumbre contra el ALCA, o el apoyo a la Resolución 125 entre otros, y en hechos de protestas focalizados en temas específicos del sector. Y se expresaron también, en estrategias electorales que no siempre confluyeron con las estrategias oficialistas. Esta capacidad de acción, aún condicionada por la relación con el gobierno, le permitió a BDP, y sus expresiones político-partidarias, sostener una trayectoria política autónoma, pero no confrontativa, con respecto al gobierno nacional y a los armados políticos oficialistas.

3. El estilo de gestión territorial de BPD: el protagonismo como forma de acceso a la asistencia

Los dispositivos emergentes a partir de la participación de BDP en los programas territoriales analizados en el capítulo IV, se caracterizaron por presentar estilos de gestión basados en “el protagonismo” como forma de despliegue territorial y como forma de acceso a la asistencia estatal. A través de la movilización y de la incorporación de vecinos en la implementación de proyectos productivos y comunitarios, BDP se instaló en los territorios donde se asentó como una puerta de acceso a ciertos recursos estatales.

Las características específicas de los programas analizados, inscriptos dentro de los denominados “programas de lucha contra la pobreza” como vimos en el capítulo II, favorecieron la emergencia de dispositivos de gestión específicos que otorgaron un margen de maniobra a la organización para implementarlos en sus territorios. Como desarrollamos en el capítulo IV, los centros comunitarios se constituyeron, para los vecinos y para los propios militantes, en un espacio físico donde “gestionar” la relación con el Estado, y desde donde “acceder” a la asistencia. Los programas se implementaban de forma integral en los centros comunitarios y para que un vecino pudiera “acceder” a los mismos, debía “participar” en las actividades sociales y políticas de la organización. Esta participación se constituyó, como analizamos en el capítulo IV, en la forma en que los vecinos debían “esperar” la asistencia estatal. Esta “espera”, sin embargo, no era individual ni pasiva, sino que era colectiva en tanto que se realizaba en la organización, y era activa en cuanto que se debía demostrar el compromiso con el centro comunitario. De aquí el concepto de “protagonismo” como herramienta de gestión, diferenciado de la participación entendida en términos del modelo gerencial de políticas sociales como vimos en el capítulo II. Durante la espera se demostraba el compromiso con la organización y se politizaba el acceso a la asistencia. Y justamente estos dispositivos, permitieron re significar las prácticas de gestión de cada programa, favoreciendo la politización del proceso de implementación, y enraizándolo en la disputa por la orientación del modelo de desarrollo durante el periodo analizado.

Esto, a su vez, es lo que diferencia esta experiencia de las prácticas condicionadas, discrecionales y arbitrarias de las estructuras estatales territoriales, íntimamente enraizadas en las estructuras partidarias municipales. La participación política de los sectores populares a través de las organizaciones de desocupados implicó, como señalamos en el capítulo IV, la organización, la concientización y la politización de sus demandas y derechos. El protagonismo, aun cuando pareciera condicionar el acceso a los recursos estatales, construyó, con sus limitaciones y sus matices, sujetos políticos activos que imprimieron su estilo en la implementación de los programas de asistencia analizados.

Los planes”, “las cajas” y “los comedores” instituyeron a los centros comunitarios de BDP como ventanillas del Estado en los territorios, a partir de las cuales los vecinos y sus miembros podían acceder a la asistencia estatal. Las experiencias de participación de BDP en el PJJHD y el FOPAR, se centralizó en fortalecer y consolidar su organización a través de los recursos materiales de los planes y los comedores. En la experiencia del PEC, por cuestiones vinculadas a su forma de acceso y a la cantidad de cupos disponibles, y en el PSA, la racionalidad que guío sus prácticas de gestión fue la ampliación de su base de sustentación social y política. Los “planes” y las “cajas” se constituyeron en un recurso que permitió abrir nuevos espacios organizativos y disputar la base social territorial de otras organizaciones. Es durante el periodo de implementación de estos programas, aunque no únicamente por eso obviamente, que BDP da un salto en su capacidad de organización, de inserción territorial y de movilización. La experiencia de trabajo en “áreas” vinculadas a los proyectos de contraprestación de los “planes”, consolidó y amplió sus relaciones con el Estado nacional, provincial y municipal en los territorios.

Así BDP participó de las políticas estatales de asistencia alimentaria y al desempleo, potenciando su referencia territorial y su capacidad de organización en los sectores populares, y utilizó a la participación como forma de administración de los recursos estatales, politizando el proceso de implementación de los mismos. En este proceso debemos destacar el rol de los coordinadores o responsables políticos en la administración de las ventanillas del Estado. Como desarrollamos en el capítulo IV, allí donde la coordinadora del centro comunitario impulsaba la organización colectiva como forma de ordenación interna, el proceso de politización de la participación era efectivo y garantizaba el funcionamiento de las actividades. Sin embargo, allí donde las coordinadoras de los centros comunitarios administraban los recursos con criterios individuales, BDP pasaba a un segundo plano como ventanilla del Estado en el territorio.

Ahora bien, constituirse en ventanillas del Estado en el territorio le permitió a BDP, además de potenciar su construcción social en términos cuantitativos y cualitativos, aumentar su capacidad de representación social y de vinculación con otras organizaciones territoriales. Constituirse en mediador entre el Estado y la sociedad le permitió instalarse en el escenario político como un actor sociopolítico estratégico durante los primeros años de gobierno de Néstor Kirchner. Esto se fue transformando al calor del modelo de desarrollo y del pasaje de un esquema asistencial de políticas sociales a un modelo neo-universal de protección social como la AUH, las pensiones, etc.

Aun así, en el breve periodo de 7 años entre el 2002 año en que se lanza el PJJHD y el 2009 año en que se lanza la AUH, y aún con una tensa relación con el kirchnerismo como vimos en capítulo III, la implementación de los programas de asistencia analizados en este trabajo permitieron a BDP construir experiencia y saberes vinculados a la gestión estatal, relacionarse con distintas instancias gubernamentales, y construir referencia política en torno a su capacidad de gestionar soluciones para los vecinos.

4. El estilo de gestión estatal de BDP: Militar, disputar y representar al Estado

Las formas de participación política de BDP cambiaron nuevamente cuando asumieron la gestión pública del Estado nacional como un frente político a construir. Desde los programas nacionales en los cuales participó BDP activamente, y desde los espacios propios de gestión como la Dirección Nacional de Asistencia Crítica y la Subsecretaría de Organización y Educación Popular, BDP ensayó diferentes respuestas a las demandas sociales que le dieron origen como organización. En líneas generales la experiencia de gestión pública, que se inició en 2004 con el proceso de acercamiento con el kirchnerismo como espacio político, tuvo su momento de mayor desarrollo entre los años 2006 y 2008, cuando BDP dirigió la subsecretaría y todas sus iniciativas. Durante este periodo la organización pudo desarrollar una cantidad muy interesante de iniciativas estatales que tuvieron diferentes características. Si bien los formatos utilizados fueron variados, en el capítulo V recorrimos los diferentes dispositivos de gestión estatal desarrolladas por BDP y consideramos que el protagonismo como tecnología de gestión, expresado en la consigna “militar el Estado” y “disputar el Estado”, fue la principal característica de esta experiencia.

El escenario de disputa política que caracterizó su gestión dentro del MDS se convirtió en un límite claro a su capacidad de acción dentro del Estado. “Militar y disputar el Estado” se expresaba en la búsqueda de recursos materiales y económicos, y de apoyos políticos para realizar las actividades planeadas, siempre dentro del marco normativo legal que condicionaba la capacidad de acción. Como señalamos en el capítulo V, los aspectos subjetivos vinculados al compromiso y a la sensibilidad social, primaron sobre las cuestiones técnicas a la hora de la gestión del Estado. La tensión entre la racionalidad política de la organización y la racionalidad técnica-burocrática de la administración pública encuadraron las prácticas de gestión de los dispositivos estatales desplegados en las experiencias analizadas. A su vez, militar la gestión de las iniciativas estatales propias permitía acumular fuerza política y disputar la orientación política de las políticas sociales en general. Este escenario caracterizó el proceso de implementación de los programas y el funcionamiento de los espacios de gestión, ya que todas las acciones estatales desarrolladas, estaban orientadas en definitiva para mostrar capacidad de gestión, de movilización y de convocatoria de la propia organización hacia los otros actores del espacio político kirchneristas. La disputa era hacia adentro del espacio político por la orientación del modelo de políticas sociales y por la representación de los sectores populares en el territorio.

En todas las iniciativas analizadas se impulsó el protagonismo de los vecinos en el Estado a través de su capacitación y la organización en las iniciativas desplegadas. Se capacitaba y se promovía la organización como forma de acceso a los proyectos y a los recursos del Estado. Todas las actividades, tareas y tecnologías desarrolladas en el capítulo V tendían a esa cuestión. El vínculo constante y directo con organizaciones sociales y con los vecinos del territorio, era la forma de intervención que BDP “sabía hacer”. El protagonismo se diferenciaba, así, de la participación clásica en tanto que implica asumir la politicidad de esa participación y su sentido estratégico. El protagonismo implicó la movilización, no la desmovilización social, a partir de la canalización de la demanda. La búsqueda de la activación política de los sectores populares a través de la organización y movilización, y por lo tanto a través de su protagonismo en las políticas estatales, fue la característica principal del estilo de gestión estatal de BDP. Para esto se debía militar y disputar el Estado en relación a la orientación del modelo de desarrollo, y a los otros actores del espacio político kirchnerista.

La implementación territorial de las iniciativas desplegadas por BDP en este escenario de disputa política introdujo otra cuestión que también desarrollamos en el capítulo V. “Representar el Estado” en el territorio, de cara a los vecinos y de cara a otras organizaciones sociopolíticas implicó una reconversión de las prácticas de la organización. Ya no era esperable únicamente organizar las demandas sino que había que canalizarlas y resolverlas. Y aquí aparece una gran limitación de la experiencia vinculado al carácter de las iniciativas desarrolladas de promoción social, focalizadas y enlatadas, coexistiendo con problemas sociales estructurales aún prioritarios. Todas las iniciativas desplegadas no tuvieron gran impacto en la resolución de cuestiones estratégicas como la protección social, el empleo, lo productivo, o el acceso a tierras y viviendas, sino que se encontraban orientadas a la promoción de derechos sociales y de capacidades comunitarias. Este carácter fue un limitante a la hora de la resolución de las demandas sociales organizadas en el territorio y en relación a las expectativas de la propia organización con respecto a su capacidad de acción estatal. Aun así, las experiencias analizadas dan cuenta de la potencialidad de las mismas en cuanto a la instalación de la organización como referente estatal en los territorios. La vinculación con otras organizaciones sociopolíticas fue, como vimos en el capítulo V, ampliada sustancialmente durante esta etapa. Esta forma de relacionarse con otras organizaciones le permitió a BDP ganar representatividad en los territorios, cuestión que se evidenció en la cantidad de proyectos implementados a través de las diferentes iniciativas estatales.

5. Comentarios finales

El proceso de participación política de BDP en el Estado nacional durante el periodo 2003-2009, como resultados de las transformaciones ocurridas en las formas de acción colectiva y en las mediaciones entre el Estado y la sociedad post crisis 2001-2002, se desarrolló en tres escenarios que analizamos a lo largo de esta tesis. De la participación política en los programas de asistencia alimentaria y al desempleo en los territorios, emergieron dispositivos de gestión que consolidaron a los centros comunitarios de BDP como ventanillas de acceso a la asistencia social durante el periodo analizado. Esto favoreció el desarrollo territorial de la organización, quien a través del protagonismo de los vecinos como tecnología de gestión, amplió y profundizó su capacidad de organización y canalización de las demandas de su base social, instituyéndose como mediador entre esta y el Estado.

Esta experiencia, que se profundizó durante el periodo analizado en este libro, dio un salto en calidad y extensión cuando BDP se incorporó al Ministerio de Desarrollo Social de la Nación en 2004. De este proceso, que denominamos la participación política de BDP en el escenario estatal, emergió un estilo particular, que asumimos como de politización de la gestión de las políticas estatales. La revalorización de la militancia, la organización y el protagonismo como tecnologías legítimas de gestión en el marco de la tensión entre la racionalidad política militante que guío las acciones de BDP, y la racionalidad técnico administrativa características del aparato estatal, fueron los elementos que aparecieron como distintivos de la experiencia de participación política de BDP en el Estado nacional. Este estilo de gestión puso en evidencia el rol de las relaciones y las alianzas políticas como elementos que pueden facilitar u obstruir el proceso de implementación de una política pública, a pesar de sus aspectos técnicos y legales.

Para suturar la crisis de representación, el primer gobierno kirchnerista (2003-2007) utilizó al Estado como forma de integrar y canalizar las demandas sociales de una parte de la sociedad que había quedado golpeada de la salida de la crisis de 2001-2002. El espacio abierto a las organizaciones de desocupados en los dispositivos de gestión de las políticas masivas de asistencia y en las políticas focalizadas de promoción social, y la capacidad de éstas de imprimirle su propio estilo a la gestión de las mismas, encontró su mayor límite en la construcción de espacios de representación política institucional. Si bien la experiencia analizada demuestra los niveles de autonomía con que BDP actuó dentro del Estado nacional, también muestra la falta de capacidad propia de la organización para construir armados políticos electorales que lograsen efectivamente disputar una cuota de representación y la orientación del modelo de desarrollo. La convocatoria a la transversalidad fue una herramienta que permitió en los primeros años brindar un espacio político de contención, pero que con la falta de espacios orgánicos colectivos y sistemáticos, demostró la vocación del gobierno de no otorgarle a BDP un espacio en el armado del espacio político. La relación del kirchnerismo con el PJ marcó los tiempos de la relación de BDP con el gobierno, dando cuenta de su valorización de ese partido como herramienta de transformación de la realidad.

La relación de BDP con el gobierno de Cristina Fernández (2007-2011) se fue complejizando en la medida en que el armado territorial del PJ y la revitalización del sindicalismo peronista se fueron constituyendo en los principales actores del kirchnerismo. La decisión de Néstor Kirchner de asumir la presidencia del PJ nacional, y de las otras organizaciones de desocupados afines al gobierno de acompañar esa decisión, generaron una implosión del ya debilitado espacio transversal. En ese marco, y como vimos a lo largo de este libro, BDP decidió en 2008 alejarse del gobierno, primero dentro del espacio kirchnerista no PJ en las elecciones legislativas de 2009, para luego retomar una estrategia de oposición al mismo a partir de fines de ese año.

En este marco general, la potencialidad de la participación política de BDP en el Estado nacional durante el periodo estudiado estuvo vinculada a su capacidad constructiva de mediaciones entre el Estado y la sociedad, más que en su capacidad de generar representación política institucional que pueda influir en el escenario político partidario. En el proceso de ampliación del Estado encarado por el kirchnerismo para resolver la crisis de 2001-2002, la participación política de las organizaciones de desocupados en la implementación de políticas estatales territoriales fue estratégica para suturar la crisis política que atravesaba al país. La reconstrucción del poder de intervención estatal y del poder presidencial encontró, en estos actores, un aliado para reconstruir el vínculo con los sectores populares. BDP fue parte de este proceso y mostró, a través de su experiencia, su capacidad de generar mediaciones sociales que permitieran reconstruir la relación del Estado con la sociedad.

En la medida que el proceso político afianzó al kirchnerismo en el gobierno, y en la medida en que las cuestiones sindicales comenzaron a adquirir mayor relevancia dentro de la agenda social de la mano del proceso económico, las organizaciones de desocupados perdieron relevancia como actores sectoriales, encontrándose en la necesidad de dar “el salto a lo político” para continuar teniendo un lugar en el escenario político. BDP leyó esta situación como la necesidad de fortalecer la construcción de un espacio más amplio, pero estableció como límite la incorporación de la organización a la estructura del PJ. La consolidación del kirchnerismo como dirección política del PJ, y no como un espacio transversal más amplio, marcó el final de la participación política de BDP en el Estado nacional durante el periodo analizado. Esta sencilla cuestión evidencia que la escasa traducción de la participación de BDP en el territorio y en el Estado, al armado político partidario de gobierno fue una de los principales limitantes de esta experiencia. La expectativa política de BDP de disputar la orientación del modelo de desarrollo se encontró con la falta de representación institucional en el armado político partidario durante el periodo que vehiculice esa intención. Y aquí una cuestión fundamental que intentó iluminar este libro. La tensión entre participación y representación política atravesó y condicionó la experiencia de BDP, demostrando la necesidad de acompañar los procesos participativos con espacios representativos que legitimen institucionalmente esa participación y su viabilidad en el tiempo.

Por último y para finalizar, consideramos que se abre una agenda de futuras investigaciones donde no se puede soslayar la necesidad de profundizar el análisis del impacto que tuvo la participación política de las organizaciones de desocupados en las formas de acción colectiva, en las formas de intervención estatal y en el sistema partidario post crisis de 2001-2002. Para esto es necesario recuperar una mirada macro de la participación política de estas organizaciones en el proceso de reconstrucción del Estado nacional a través de las políticas estatales, y de su participación en el sistema político general, su relación con otros actores y su capacidad de representación institucional. En este sentido, un aspecto con escaso desarrollo, y que no fue abordado en esta tesis por cuestiones de tiempo, fue la experiencia legislativa, tanto a nivel nacional como provincial y municipal de estas organizaciones. La riqueza de estas experiencias puede brindar nuevos elementos para comprender la forma de participación política de las organizaciones de desocupados en la Argentina post crisis 2001-2002, iluminando las formas de integración política de los sectores populares en el marco de un modelo de desarrollo que convive con altos niveles informalidad laboral aún en un contexto de crecimiento económico y social como nuestro país en los últimos años, e inscripto en un proceso de crisis del sistema bipartidista y de las identidades políticas clásicas.


  1. Si bien no se analizaron las formas de integración económica de los sectores populares durante el periodo analizado, si debemos señalar que se caracterizó por presentar una modalidad particular. Si bien durante los primeros 4 años de gestión la creación de empleo formal e informal, fue el elemento integrador por excelencia, a partir de la crisis de 2008-2009, la promoción del consumo a partir de la inyección de capacidad de compra vía asistencia social desde el Estado (AUH, Pensiones, Subsidios, etc.) fue el mecanismo de integración que aún hoy sigue vigente. Un análisis profundo de este aspecto queda pendiente para próximas investigaciones.


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