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3 El proceso de vinculación política de BDP al gobierno

El “gabinete piquetero”, la transversalidad y los armados políticos-electorales del periodo

1. Introducción

En el siguiente capítulo desarrollaremos, desde un análisis del proceso socio-político, las principales características que asumió el escenario político argentino luego de la crisis económica, política y social de 2001-2002, con el objetivo de reconstruir el proceso de vinculación del BDP a la alianza de gobierno y su trayectoria política durante el periodo analizado. Se analizará en un primer momento las características principales del régimen político con énfasis en la convocatoria a la “transversalidad” realizada desde el gobierno a las fuerzas políticas y sociales de la Argentina y en los dispositivos estatales construidos para encauzar la relación del gobierno con los “piqueteros” (Torre, 2004; Godio, 2007; Zelaznik, 2008; Mocca, 2009; Colabella, 2011; Cavarozzi, 2011; Masetto, 2011; Leiras, 2012; Natalucci, 2012; Malamud y De Luca, 2012).

En base a esto analizaremos la trayectoria política de BDP a partir de la asunción de Néstor Kirchner (2003-2007) y durante la primera parte del primer gobierno de Cristina Fernández (2007-2011), su inscripción dentro del campo político de “matriz nacional y popular” (Biglieri 2008; Pérez y Natalucci 2010 Shutternberg 2012; Rocca Rivarola 2013), sus alianzas políticas y sus juegos electorales, su representación político – institucional y su incorporación a diferentes espacios de gestión en Ministerios nacionales, así como las razones de su alejamiento del gobierno en diciembre de 2008, y su posterior trayectoria “opositora” en las elecciones nacionales de 2009. Para este análisis se utilizaron datos recolectados a través de la entrevistas realizadas y del análisis de fuentes secundarias como la producción escrita de la organización, los resultados electorales publicados por la Justicia Electoral Argentina para este periodo, y notas periodísticas publicadas en los principales medios gráficos nacionales. En el cierre del capítulo presentaremos, en base al desarrollo anterior, las principales características de la trayectoria política de BPD durante el periodo analizado.

2. Crisis de representatividad y transversalidad

El colapso político que significó la crisis política, económica y social de 2001 y la devaluación del 2002, produjo cambios en aquellos regímenes, como el argentino, fuertemente asociados a las reformas neoliberales (Tanaka, 2004). La “crisis de representación política” o aquello que Sidicaro (2011) llamó la desarticulación del campo político, y que en nuestro país encontró como hito la renuncia del vicepresidente de la alianza gobernante acusando a su propio gobierno de corrupción, afectó al sistema de partidos erosionando las identidades partidarias tradicionales (Zelaznik, 2008). El gobierno interino de Eduardo Duhalde (2002-2003), que debió enfrentar el proceso de “evaporación extrema” de la autoridad presidencial que se inició en octubre de 2000[1] (Cavarozzi, 2011), rechazó y repudió las reformas y políticas neoliberales. En el caso argentino, esto construyó un régimen político caracterizado por Cavarozzi (2011) como una “mesa de tres patas”, compuestos por la “liga de gobernadores” de las provincias peronistas, reforzando la importancia estratégica del territorio en el armado político, el Congreso Nacional y la alianza política entre los dos partidos políticos mayoritarios, la Unión Cívica Radical (UCR) y el Partido Justicialista (PJ), representados por Raúl Alfonsín y Eduardo Duhalde respectivamente. Esta “mesa de tres patas” organizó y encabezó el periodo de transición entre el colapso político de 2001-2002, y las elecciones Presidenciales de marzo de 2003. El inesperado proceso político por el cual Néstor Kirchner llegó a la Presidencia de la Nación en 2003 fue profundamente analizado por diferentes autores (Zelaznik, 2008; Mocca, 2009; Masetti, 2010; Cavarozzi, 2011; Sidicaro, 2011; Natalucci, 2012, 2014; Rocca Rivarola, 2013; Montero y Vincent, 2013; Mauro, 2014; Varesi, 2014; Rodríguez, 2014). A efectos de nuestra investigación, nos interesa señalar que la renuncia del candidato Carlos Menem a la segunda vuelta obligatoria para definir el ganador de la contienda presidencial, puso al presidente electo frente a la necesidad de redefinir su marco de alianzas con el objetivo de reconstruir la autoridad presidencial y remontar su débil legitimidad de origen[2].

2.1 El proceso de reconstrucción del Poder Presidencial

La debilidad de origen que acompañó la asunción del presidente Néstor Kirchner en mayo de 2003, se vio contrarrestada por una fuerte iniciativa política presidencial para resolver la situación de emergencia económica, política y social, así como institucional, que enmarcó su inicio de gestión. Este elemento se puede rastrear en una serie de actos de gobierno que rápidamente lograron concitar una amplia adhesión ciudadana. Como señala Biglieri (2008), el discurso de asunción, donde el recién electo presidente con un 21, 97% de los votos, afirma “No he llegado hasta aquí para pactar con el pasado. No voy a ser presa de las corporaciones. No dejaré mis convicciones, en nombre del pragmatismo, en la puerta de la Casa Rosada” (Clarín, 14/05/2003), fue el primer paso en ese sentido. El relevo de toda la cúpula del Ejercito dos días después, el señalamiento público contra las corporaciones, la relación con las empresas de servicios públicos, las críticas a la mayoría automática de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, los cambios en la intervención del PAMI, y la disputa con el FMI, entre otros, permitieron al gobierno entrante absorber diversas demandas que circulaban en el tejido social. Estos elementos posicionaron al Presidente como un “gran lector de la crisis desatada en diciembre de 2001” (Biglieri, 2008: 77), y como “contracara de la hegemonía de los ’90” (Biglieri, 2008: 78). Estas dos dimensiones, la crisis y la diferenciación constante con el pasado, acompañadas por una gran actividad presidencial, fueron construyendo la figura de un presidente fuerte, proactivo, con capacidad de decidir y actuar, reconstruyendo la autoridad presidencial. La productividad política del nuevo gobierno generó una amplia expectativa social y recolocó al sistema político-institucional en el primer plano de las cuestiones sociales, lo cual abrió un nuevo panorama político para todos los actores del sistema (De Piero, 2013). La percepción inicial, por lo menos de la mayoría de los actores sociales y políticos de ese momento histórico, fue que se encontraban frente a un cambio tanto en el discurso presidencial como, particularmente, en la relación entre el Estado y la sociedad.

Este nuevo escenario político se vio claramente expresado en la demanda impulsada desde el propio gobierno, de “normalidad institucional”. Frente a la crisis, la emergencia, y la conflictividad social, desde el Poder Ejecutivo se impulsaba la “normalidad” como contra cara a la anomia generalizada que pareció regir el periodo anterior. En esta consigna se encontraba implícita una nueva estrategia para con el conflicto, la protesta y las organizaciones populares que caracterizaron el periodo. La no represión del conflicto social, la búsqueda de consensos, y la incorporación al gobierno de algunos de los actores sociales más representativos de dicho periodo, como las centrales sindicales, los organismos de derechos humanos, y los partidos políticos de centro izquierda. Este proceso aportó elementos importantes para pensar la relegitimación del poder presidencial y de la construcción de una nueva base de sustentación al gobierno recién electo. La capacidad de encauzar el conflicto social permitió al gobierno, momentáneamente, “suturar la crisis de representación” (Cortés, 2010), quien a partir de su permeabilidad para con las demandas y reclamos de los actores sociales más combativos del periodo 1995-2002, abrió un proceso de mediación del conflicto social y la institucionalización del mismo (Cortés, 2010; Natalucci, 2010). Estas cuestiones serán retomadas en el capítulo de cierre.

Este proceso impactó favorablemente en la reconstrucción del poder presidencial, mostrando un poder ejecutivo con capacidad de mediar el conflicto social sin necesidad de utilizar la represión como mecanismo de contención. Sin embargo, paralelamente a la decisión presidencial de no reprimir las movilizaciones, se instala desde los medios de comunicación, la opinión pública y en el propio discurso oficial, un intento de criminalización de la protesta (Svampa, 2008) a partir de la judicialización de los actos de protesta conforme a los códigos civiles y contravencionales de cada localidad. La distinción entre piqueteros “buenos” y “malos”, según su afinidad con el oficialismo, operó también para construir un escenario de división hacia adentro del espacio de organizaciones de desocupados, que ahondó la capacidad política del kirchnerismo (Settani, 2006).

2.2 El proceso de reconstrucción del poder estatal

La reconstrucción del poder presidencial a partir de 2003 fue acompañada por un proceso de recomposición de la capacidad de intervención del Estado en la economía y en la sociedad de nuestro país. La recuperación de resortes fundamentales para la política económica, la capacidad de intervenir en la política monetaria post devaluación de 2002, y la administración de los principales resortes del comercio internacional en un marco favorable a la producción primaria agro exportadora, abrieron un escenario propicio para favorecer el “regreso del Estado” como actor fundamental en el modelo de desarrollo del periodo (García Delgado, 2011).

En el plano macroeconómico, a partir de la crisis 2001-2002 y especialmente, luego de la devaluación operada por el gobierno interino de Eduardo Duhalde (2002-2003), se abrió para nuestro país una ventana de oportunidad en términos económicos. Como consecuencia de los cambios operados en los términos de intercambio internacionales, de la mano de la emergencia de los BRICS, y del aumento de los precios de las comoditties vinculados a los productos agropecuarios, se favorecieron la implantación de políticas económicas orientadas a la promoción de las actividades agroexportadoras y la re-industrialización de nuestra estructura económica. El aumento sostenido de los ingresos vía retenciones impositivas a las exportaciones y a la recaudación por reactivación de la actividad, permitieron un esquema macro económico, entre los años 2002-2008 caracterizado por lo que se conoció como superávit gemelos, es decir superávit fiscal y superávit comercial. Esta ecuación, acompañada por una política tendiente al des endeudamiento de la economía y de acumulación de reservas internacionales, permitió al gobierno recuperar herramientas fundamentales para la aplicación de la política económica. En este sentido, el periodo 2002-2008 se caracterizó por presentar un crecimiento promedio del PBI 9% anual, donde la recomposición de los salarios y del gasto público motorizaron la demanda agregada, favoreciendo una recomposición del nivel de actividad general, caracterizada por la promoción del desarrollo con inclusión de la mano de la reindustrialización del país. A partir de la crisis internacional de 2008, y más precisamente a partir del 2011-2012, el nivel de actividad de la economía argentina, así como el crecimiento del PBI comenzaron a presentar signos visibles de desaceleración.

Este “regreso del Estado” de la mano de la recuperación de los principales resortes de la política económica, tuvo su correlato en la recuperación de la intervención estatal en la política social. De la mano de un aumento sostenido del presupuesto para las áreas sociales como la salud, la educación y el desarrollo social[3], así como un fuerte impulso de la obra pública, y de la creación de empleo como principal herramienta de integración social, se construyó la imagen de un Estado presente, interventor y promotor, en contraposición al Estado mínimo o subsidiario de la etapa neoliberal. La necesidad de salir a hacer frente a la crisis, requirió de un Estado que orientase el sentido del desarrollo. Entre ellas, se promovieron políticas de promoción del consumo a partir del aumento sostenido del ingreso de los trabajadores vía negociaciones salariales, y a partir del aumento del gasto público social como la actualización, y su posterior estatización, de las jubilaciones y pensiones y de los planes sociales en general, así como vía subsidios a los resortes principales de la economía como los servicios públicos y la energía.

Paralelamente, se abrió un proceso de reanudación de las negociaciones colectivas producto del aumento de la actividad económica durante el periodo. Esta cuestión evidenció la revitalización del movimiento sindical como actor estratégico en el modelo de desarrollo y la redefinición de la cuestión social en clave de la puja distributiva por la riqueza de país. Varios autores (Novick, 2006; Etchemendy y Collier, 2008) identifican el año 2005 como el punto de inflexión del proceso de recomposición de este actor, que se expresó en un aumento sostenido de su capacidad de movilización y negociación. Según datos de la Subsecretaría de Programación Técnica y Estudios laborales del Ministerio de Trabajo de nuestro país, las negociaciones colectivas pasaron de un total de 200 convenios homologados en el año 2002, a casi 900 en 2006, para pasar a 465 convenios homologados únicamente en el primer trimestre de 2010. Sin embargo debemos señalar dos elementos que, si bien no deslegitiman el proceso de reactivación de la negociación salarial, lo ponen en cuestión en términos de alcance. La persistencia de una economía informal de cerca del 36%, según datos oficiales, pone en evidencia que este proceso convivió con un sector importante de asalariados que se encontraban fuera de los alcances de las mejoras otorgadas al sector vía negociaciones colectivas. Este elemento, además, se vio profundizado por el hecho de que a partir de 2006, la fijación del salario mínimo por parte del Consejo Nacional del Empleo, la Productividad y Salario, se postergó para después de las rondas de negociaciones colectivas de aquellos sectores más representativos, restándole fuerza a su capacidad de fijar pisos salariales y de fortalecer las conquistas de los trabajadores en términos de derecho.

Hacia los años 2004 y 2005, desde el comienzo de la crisis, por primera vez se evidenció una mayor cantidad de protestas de tipo sindical, antes que de tipo social[4]. Este aumento de la conflictividad social evidenció distintas tensiones entre la dirigencia sindical de la CGT unificada[5] y sus bases, terreno de surgimiento de experiencias sindicales clasistas y anti burocráticas (Varela, 2013; Cotarelo, 2007). A partir del año 2004, se evidenció un aumento sostenido de las negociaciones colectivas, de 200 convenios homologados en el año 2002 a 465 únicamente en el primer trimestre del año 2010. Paralelamente, se concretó, después de varios años, la convocatoria al Consejo Nacional del Empleo, la Productividad y el Salario. Ambas instituciones se han instalado como dos espacios de concertación entre los sectores empresariales, los trabajadores y el Estado, con una fuerte presencia de este último como garante y promotor de los acuerdos y los posibles consensos en pos de un modelo de desarrollo inclusivo.

A partir del año 2005, y hasta la desaceleración económica de 2008, se produce lo que Eskenazi (2011) denomina la institucionalización del conflicto laboral a través de la negociación colectiva, y la consolidación del liderazgo del sindicalismo tradicional. En un escenario de recuperación del poder adquisitivo de los trabajadores, el gobierno planteó una política de tolerancia para aquellos conflictos protagonizados por sindicatos afines a la CGT, y una política de aislamiento y criminalización hacia los sectores independientes. A su vez, la reticencia del gobierno de otorgarle la personería gremial a la CTA y la voluntad de sostener el monopolio de representación de los trabajadores en la CGT, otorgaron a la dirigencia sindical tradicional un lugar estratégico en la alianza de gobierno. Esto se terminó de cristalizar en el año 2009 cuando Hugo Moyano se incorpora oficialmente a la estructura partidaria el marco del proceso de normalización del Justicialismo en la Provincia de Buenos Aires (Marticorena, 2013)[6]. Siguiendo a Etchemendy (2011) podemos decir entonces que el kirchnerismo conformó una alianza con el movimiento sindical desde el 2003, y que tuvo a la CGT y a la CTA como sus dos principales actores, quienes nucleaban a los sectores de trabajadores más beneficiados o mejor posicionados por el modelo económico de desarrollo. Estos fueron los sectores del transporte, construcción e industria nucleados en la CGT, y los trabajadores de la educación, nucleados en CETERA, gremio mayoritario de la CTA[7].

En este marco general y siguiendo a Freytes (2013), debemos señalar que existe un consenso de la literatura sobre el periodo que señala que el eje de la estrategia de política económica de los gobiernos kirchneristas consistió en reconstruir una coalición amplia con ejes en los sectores populares formales (sindicatos) e informales (organizaciones sociopolíticas), en claro antagonismo con el capital internacional y doméstico. Esta alianza se basó en la recuperación del nivel de crecimiento económico y de la capacidad de consumo de los sectores populares. Esta lógica caracterizó la relación del kirchnerismo con los “empresarios”, y se evidenció en las negociaciones por la deuda externa en default, el congelamiento de tarifas y precios de los servicios públicos, la renegociación de los contratos de dichos servicios y la administración del comercio exterior.

2.3 La reconstrucción del sistema de partidos

Como señalábamos en la introducción y en el capítulo anterior, la crisis económica, política y social de 2001-2002, también se expresó en una profunda crisis de representación que afectó el sistema de partidos, erosionando las identidades partidarias y reconfigurando el sistema político de la mano del fraccionamiento de los dos partidos mayoritarios, PJ y UCR (Zelaznik, 2008). En este marco, la narrativa fundacional del kirchnerismo, basada en la superación de la crisis a partir de “enterrar” al modelo neoliberal, y en la reconstrucción del sistema político a partir de la incorporación de nuevos actores y nuevas demandas, pretendió ordenar el sistema de partidos, y construir su propia base política de sustentación (Natalucci, 2014; Rocca Rivarola, 2013; Montero y Vicente, 2013).

La principal herramienta que impulsó el kirchnerismo para intervenir en el sistema de partidos fue la convocatoria a la “transversalidad” como un espacio progresista de centro-izquierda, autónomo del Partido Justicialista, principal sostén de la candidatura de Néstor Kirchner y dirigido en ese entonces por Eduardo Duhalde. Esta experiencia será desarrollada más adelante en este capítulo en relación al análisis de la trayectoria de BDP. Sin embargo cabe aclarar que, en este marco general, con el astillamiento de los partidos mayoritarios y la debilidad en términos electorales del centro-izquierda (Masetti, 2010), la “transversalidad” se convirtió en un intento de capitalizar y canalizar el proceso de movilización social que vivía la sociedad argentina. La transversalidad fue una forma alternativa de representación y de construcción de un nuevo espacio de poder y de consenso frente a la crisis de legitimidad de los partidos tradicionales y de la dirigencia política en general. En este marco general, Torre (2004) señala que

¿De qué hablamos cuando hablamos de transversalidad? Por medio de esta palabra, puesta en boga por la prensa, se hace referencia a la operación política puesta en marcha por el presidente Kirchner con vistas a incorporar a su empresa política a sectores de la izquierda peronista y no peronista marginales a las estructuras del Partido Justicialista. Esa operación persigue dos objetivos. El primero, dotar al presidente Kirchner de recursos partidarios propios para compensar el déficit de apoyos organizados que exhibió al llegar al gobierno. Recordemos algo ya sabido: la mayoría de los votos que lo colocaron en la presidencia no le pertenecían en primera persona; eran más bien votos que respondían a quien apadrinó su candidatura, Eduardo Duhalde, el caudillo peronista del Gran Buenos Aires. El segundo objetivo de la operación política de la transversalidad es más ambicioso y consiste en utilizar a los sectores de la izquierda peronista y no peronista para impulsar una transformación del Partido Justicialista, desplazando las ramas viejas del aparato partidario y promoviendo un viraje hacia la izquierda, congruente con las credenciales setentistas levantadas por el presidente Kirchner (Torre, 2004: 634).

Sin embargo, como señala Mocca (2009), las elecciones provinciales de 2003 rápidamente pusieron de manifiesto que los dos partidos tradicionales, PJ y UCR todavía guardaban un peso importante en el cuadro de representación político subnacional. En este sentido, las transformaciones impulsadas desde arriba (Godio, 2007) por el entonces gobierno de Néstor Kirchner presentaron una tensión estructural entre la reestructuración del sistema de partidos pretendido, y la necesidad de contener al PJ para sostener y garantizar la gobernabilidad del país. La disputa política hacia adentro del oficialismo por el armado de las listas de legisladores en las elecciones de octubre de 2005 enfrentó al kirchnerismo con el duhaldismo, y se consideró un hito de la construcción de la “transversalidad”. Según Mocca

La operación de reformulación del sistema de partidos pareció alcanzar un punto de inflexión cuando en 2005, Kirchner decidió enfrentar a la estructura formal del PJ en la provincia de Buenos Aires, después de rechazar la propuesta de Duhalde para la distribución de la lista de candidatos. Con el triunfo de Cristina Kirchner sobre Chiche Duhalde por más de veinte puntos en la competencia por la senaduría nacional parecía afirmarse el liderazgo del presidente, en detrimento de la máquina tradicional del peronismo. Sin embargo, el triunfo –basado principalmente en la popularidad del matrimonio presidencial– no prescindió del apoyo de un conjunto de intendentes del conurbano bonaerense, expresión conspicua de la conformación de la estructura territorial clientelística del peronismo (Mocca, 2009:29)

Esta operación de reformulación del peronismo se cristalizó en la convivencia dentro del kirchnerismo de tres sectores políticos claramente definidos y diferenciados. Estos eran el sector de los gobernadores e intendentes, vinculados a la estructura partidaria del PJ, el sector de los sindicatos vinculados a la revitalización de la CGT unificada, y el sector de la “transversalidad”, integrado por organizaciones sociopolíticas como los desocupados, las organizaciones de derechos humanos, y referentes políticos de sectores de la centro izquierda como la UCR, el Frente Grande, el ARI (Afirmación para una República de Iguales), el socialismo y otros agrupamientos menores. Estos tres sectores protagonizaron la movilización del 25 de mayo de 2006, donde luego de la derrota de Duhalde, el kirchnerismo se estableció como fuerza política con fuerza propia, mostrando gran capacidad de movilización. Durante este periodo, el espacio transversal ocupó un espacio importante dentro del armado oficialista.

Para el recambio presidencial de 2007, el kirchnerismo establece una nueva coalición electoral buscando ampliar su base social a los sectores medios urbanos, refractarios históricamente al peronismo. Para esto se apoyó en la estructura partidaria tradicional de la UCR, dando lugar al nacimiento de la “Concertación Plural”. Esta nueva alianza gana las elecciones presidenciales de ese año con un 45% de los votos y una diferencia de 22% con la candidata de la segunda fuerza, la coalición por una Afirmación por una República de Iguales (ARI). Más allá de la victoria rotunda, la elección evidenció que la relación del Kirchnerismo como los sectores medios urbanos continuó siendo complicada, a pesar de la alianza con los Radicales K[8]. En esta línea, diferentes autores (Zelaznik, 2008; Mocca, 2011) acuerdan en señalar que las elecciones presidenciales de 2007 demuestran el fracaso de la “transversalidad” como estrategia de reestructuración del sistema de partidos ya que se evidenció una preeminencia del PJ y de la UCR en el armado electoral.

Durante el gobierno de Cristina Fernández, la crisis política producida por la Resolución 125 puso en evidencia las limitaciones de las alianzas políticas construidas[9]. Producto de este conflicto, el cual implicó la movilización de amplios sectores de la sociedad, ya sea a favor o en contra de la medida, un sector del peronismo vinculado a las provincias agroexportadoras se distancia del kirchnerismo formando el peronismo federal. A su vez, el propio vicepresidente vota en contra de la medida, dando por tierra al armado de la Concertación Plural, y la CGT sufre un desprendimiento liderado por Luis Barrionuevo, aliado al Peronismo Federal y representante del gremio de gastronómicos. En este escenario, Néstor Kirchner decide asumir la presidencia del PJ Nacional, cuestión que venía siendo resistida desde el inicio de su gobierno. Según Mocca (2009), la “crisis del campo” a mediados del 2008 paralizó los intentos de transformación del sistema político, obligó al Kirchnerismo a recostarse en el PJ para evitar el desgranamiento de su espacio, y devolvió a la UCR a la escena política a partir del rol jugado por el vicepresidente durante dicho proceso.

Durante todo este proceso, las organizaciones de desocupados jugaron un rol fundamental en las movilizaciones de apoyo a favor de la medida gubernamental. Las elecciones legislativas de 2009 en un marco de crisis económica y política, y donde el oficialismo perdió la provincia de Buenos Aires, aun siendo Néstor Kirchner el primer candidato a diputado nacional, evidenciaron nuevamente que el armado político kirchnerista se estructuraba principalmente sobre los intendentes y gobernadores del PJ. De hecho, el espacio kirchnerista no PJ, articulado a partir de la figura del ex intendente de Morón, Martín Sabatella, decidió competir contra el ex presidente como candidato a Diputado Nacional por la Provincia de Buenos Aires. Para esto, se conforma un nuevo frente de fuerzas de izquierda progresista integrado por el partido Encuentro por la democracia y la equidad, el Partido Comunista Argentino, el Instrumento para la Unidad Popular y Solidaridad e Igualdad y el Movimiento Libres del Sur como veremos más adelante. Nuevo Encuentro obtiene así, el 5.56% de los votos en la provincia, obteniendo dos bancas en el Congreso nacional. Durante la campaña, el espacio se movió entre la crítica a la vieja política reflejada en los intendentes y gobernadores, y los elogios al ex Presidente y al modelo de desarrollo en marcha.

Luego de las elecciones legislativas de 2009 y como profundizaremos en los próximos apartados, Nuevo Encuentro sufre la separación de un sector vinculado a algunas organizaciones de desocupados, mientras que la presidenta Fernández retoma la iniciativa e impulsa la Asignación Universal por Hijo, la reforma de “la ley de Medios”, la sanción de la ley de matrimonio igualitario, la estatización de las AFJP, entre otras cuestiones, que le permiten conjurar la derrota política de 2009. La muerte imprevisible de Néstor Kirchner a fines 2010 precipitó el escenario político, revitalizando el proyecto político. Estos temas desbordan claramente el problema de investigación planteado en este trabajo, aunque revisten una singularidad especial.

3. Las expresiones políticas de BDP y su vinculación con el Estado

Diferentes trabajos académicos han analizado principalmente la participación de BDP al gobierno Néstor Kirchner (2003-2007) y en menor medida en el gobierno de Cristina Fernández (2007-2011). Desde diferentes miradas (Biglieri, 2008; Cortés, 2010; Masetti, 2010 y 2011; Natalucci, 2010; Klachko, 2010; Perelmiter, 2010; Rocca Rivarola, 2013; Schuttemberg, 2013) se desentrañaron las condiciones sociales, políticas e ideológicas que posibilitaron la inscripción de las organizaciones de desocupados, y entre ellos BDP, dentro del entramado político kirchnerista. Como señalamos en el capítulo anterior, BDP se conformó como brazo territorial de CPL, por lo que desde sus inicios participó de la estrategia política definida por la organización.

Retomando la periodización planteada por Schuttemberg (2012) podemos decir que la participación de BDP-CPL en los gobiernos nacionales de Néstor Kirchner y Cristina Fernández, se puede dividir en tres etapas. Una primera etapa de confrontación que comienza en 2002 y se cierra en el año 2003, luego de la asunción de Kirchner. En esta etapa la organización es muy clara con respecto a su posicionamiento opositor frente al gobierno interino de Eduardo Duhalde, y por lo tanto con su “delfín político”, el entonces ignoto Néstor Kirchner. De hecho, en las elecciones anticipadas de 2003, BDP-CPL hizo campaña por el “voto en blanco”, con el objetivo de profundizar la crisis política y las condiciones objetivas para que se abra un “periodo revolucionario”. Claramente esta estrategia fracasó ya que la ciudadanía se volcó masivamente por el voto positivo, aún en un escenario de profunda fragmentación del mismo[10]. El fracaso de esta estrategia llevó a la organización a la necesidad de revisar sus perspectivas, tácticas y estrategias. Una segunda etapa se abrió durante el 2003 y parte del 2004, donde la organización comenzó a debatir internamente su posicionamiento con respecto al nuevo gobierno, y una tercera etapa de acercamiento entre los años 2004 y 2008 donde BDP participó activamente del gobierno y de las políticas estatales. A esta periodización de la relación habría que incorporarle una cuarta etapa, el alejamiento entre los años 2008 y 2009 donde la organización adopta diferentes estrategias de posicionamiento hasta que se integra cabalmente en la oposición luego de la elección legislativa de ese año.

3.1 El gabinete piquetero

La relación del gobierno con las organizaciones de desocupados se canalizó en un primer momento a través de un espacio que se conoció como “gabinete piquetero”, que tenía sus propias lógicas y formas de funcionamiento que muchas veces se contradecía y tensionaba el espacio político. El “gabinete piquetero”[11] se constituyó a partir del afianzamiento de la relación del gobierno con los principales referentes del espacio, hasta entonces, de organizaciones de desocupados, y de la necesidad de darles respuestas a sus reclamos. A través de este espacio se canalizaron las demandas sociales de este sector, como la distribución de recursos materiales, y las demandas políticas, como la participación en actos de gobierno, las negociaciones electorales, etc.

El gabinete piquetero también realizaba un seguimiento e intervenía en las movilizaciones ya sea de las organizaciones de desocupados opositoras como de las oficialistas. Como señalamos anteriormente, la distinción entre piqueteros “blandos” y “duros” fue una operatoria política tanto del gobierno como de los medios de comunicación, que favoreció de la mano de la criminalización de la protesta, la deslegitimación de las movilizaciones. Siguiendo a Klachko (2010) podemos afirmar que durante el 2002-2003 se evidenció un pico de “hechos de rebelión” protagonizados por BDP-CPL y el resto de las organizaciones “blandas”. Sin embargo, a partir de 2004 las movilizaciones y hechos de protestas, lejos de disminuir, se transformaron en su sentido político. Tales son los casos de las movilizaciones que acompañaron la IV Cumbre de las Américas en Mar del Plata (2005), o los bloqueos a la empresa SHELL en el marco de la discusión por los precios del combustible, entre otros. Si bien desde el gobierno nacional se desentendieron de estas movilizaciones y acciones, en las entrevistas realizadas queda claro que el gabinete piquetero tuvo un rol organizativo de las mismas. El costo del traslado y alojamiento de los miles de militantes que se hicieron presentes en Mar del Plata y en las diferentes movilizaciones, según las entrevistas realizadas, fue solventado por la Secretaría general de la Presidencia, por ejemplo[12].

Dirigido por el secretario general de la Presidencia, Oscar Parrilli, participaban de este espacio representantes del Ministerio de Desarrollo Social, Trabajo, Obras públicas y Justicia, el secretario de Derechos Humanos y un representante del Plan Arraigo. A partir de reuniones individuales, y pocas veces colectivas, con los referentes de cada organización grande o pequeña, el gabinete piquetero buscó construir un mapa de organizaciones de desocupados que le permitiera trazar su estrategia para con el espacio, y coordinar y organizar las diferentes acciones estatales orientadas a satisfacer sus demandas. El gobierno estableció como interlocutores del “espacio piquetero” a las cuatro organizaciones de mayor peso en ese momento histórico, la Federación de Tierra y Vivienda, el Movimiento Evita, el Frente Transversal nacional y popular, y BDP. Cada organización le garantizaba al gobierno la llegada a diferentes espacios organizativos según su desarrollo territorial.

La primera acción realizada por el gabinete piquetero fue incorporar a un militante por cada una de estas organizaciones como asesores de la Secretaría General de la Presidencia, quienes para mitad de 2004 ya se encontraban en funciones. Sus tareas eran coordinar con las organizaciones sociopolíticas, las acciones políticas y estatales realizadas por la Presidencia en el territorio. Su primera acción fue la colaboración en la organización del acto del 24 de marzo de 2004 en la ex ESMA, donde Néstor Kirchner realizó una de sus acciones simbólicas más importantes con respecto a la cuestión de los derechos humanos, la cual fue bisagra para la relación con las organizaciones de desocupados[13]. BDP-CPL incorporó un militante en calidad de asesor de Parrilli. Este militante formaba parte de la Mesa Nacional de CPL[14] y fungió de nexo de comunicación directo entre la organización y el gobierno, con el objetivo de construir referencia propia hacia adentro del mismo. El rol de este asesor-militante fue de suma importancia para la organización ya que le permitió conocer el mundo del Estado desde adentro y sus lógicas de acción, así como participar de la vida política interna del oficialismo. Su función de articulador y de nexo con el territorio le permitió al gobierno nacional afianzar los vínculos con las organizaciones de desocupados y con las redes sociopolíticas que fueron construyendo en el tiempo. Cada acto de gobierno nacional era precedido por la inspección en el territorio de los asesores militantes para conocer el escenario territorial, tejer alianzas y evitar conflictos sociales (Boyansky Bazan, 2010). Esto le permitió a BDP tener relaciones políticas con organizaciones que de otra forma no hubieran podido contactar, ya sea por diferencias políticas como por desconocimiento mutuo. Y les permitió, también, abrir espacios políticos propios en zonas del interior del país que no tenían trabajo previo.

Aquí nos interesa señalar el rol político de este asesor militante, que por un lado servía de nexo directo entre BDP-CPL y el gobierno nacional, y por otro lado, servía de mediador entre su organización y el entramado de organizaciones sociopolíticas que conformaban el espacio kirchnerista o que querían conformarlo. La lógica de funcionamiento del gabinete piquetero, donde la vinculación con las organizaciones de desocupados era principalmente individual, atentaba contra la lógica de funcionamiento colectivo que se proponía el espacio de organizaciones de desocupados como veremos más adelante, acentuando las diferencias y disputas hacia adentro del mismo. El gobierno manejaba las relaciones con las organizaciones a través de sus representantes, pero siempre se guardaba una cuota de presencia para terminar de afianzar las relaciones. La constante referencia a lo personal de la política, como “ayuden me” o “ustedes construyan”, fue una característica central de la forma construir el vínculo de parte del gobierno (Boyansky Bazan, 2010) que claramente se contradijo con la vocación colectiva de estas organizaciones.

La forma en que “invitan” a BDP a incorporarse a la estructura de gestión del Ministerio de Desarrollo Social de la nación es muy expresiva de este estilo de gestión de las relaciones políticas. En una de las tantas reuniones que Jorge Ceballos y Humberto Tumini estaban teniendo en Casa Rosada, con el Secretario general de la Presidencia, Oscar Parrilli, hizo su entrada sorpresiva tradicional Néstor Kirchner, acompañado de su hermana, la Ministra de Desarrollo Social, y lo invitó personalmente a él, a “a sumarse al gobierno, a trabajar con Alicia” (Boyansky Baza, 2010: 126), cuestión que fue corroborada en el trabajo de campo. Previamente a esto, desde el gabinete piquetero, le habían abierto la posibilidad a BPD-CPL de incorporar una militante como asesora del despacho privado de la ministra Alicia Kirchner, que se constituyó en el nexo directo entre la organización y el ministerio, cumpliendo un rol estratégico en la vinculación de BDP–CPL con las políticas sociales del periodo. Esto fue acompañado con la incorporación de algunos militantes como contratados del Ministerio pero cumpliendo tareas técnicas y/o administrativas dentro de programas nacionales. Otro espacio que se abrió para la participación de BPD-CPL fue el Ministerio de Relaciones Exteriores, en la subsecretaría de Asuntos Latinoamericanos, reconociendo sus vínculos con otras organizaciones sociopolíticas de la región. La experiencia específica dentro del Ministerio de Desarrollo Social será analizada en profundidad en el capítulo V.

3.2 La estrategia política

La estrategia política de BDP-CPL puede ser analizada en dos niveles en relación al kirchnerismo. Un nivel interno, en relación a las disputas hacia adentro del armado político oficialista. Y un nivel externo, relacionado a las estrategias de construcción política de cara a la sociedad que desarrollo BPD durante estos años. La participación en la alianza de gobierno se expresó entre otras cosas en la incorporación de BDP-CPL a la “transversalidad” kirchnerista. Este armado político suponía para BDP-CPL un paraguas político para construir referencia propia. Desde su vinculación al oficialismo, BDP-CPL se “hizo cargo” de la identidad política y desde ahí salió con ofensiva a construir su fuerza propia. Este paraguas le permitió acceder y amplificar su capacidad de convocatoria de otras organizaciones sociales y políticas, y su capacidad de llegada a la población en general. “Representar al gobierno” en el barrio les permitió ampliar “capacidad de llegar” a una cantidad importante de organizaciones que, de otra forma, no se hubiesen sentido interpeladas por BDP-CPL. En este sentido, una entrevistada ilumina este proceso:

Cuando nos sumamos al gobierno, al principio, nos costaba salir al barrio y decir, vengan a construir con nosotros, vamos a cambiar esto. Pero de a poco, fuimos dándonos cuenta que la cosa era más fácil que antes, que te escuchaban… […] Y de repente, esa organización que antes no nos daba ni bola, que siempre estuvo en político, pero no con nosotros… De repente venía, se acercaba y nos empezábamos a saludar… Y así empezamos a crecer… (Entrevista 12).

BDP-CPL oficializa su posicionamiento con respecto al gobierno después de la realización de su Cuarto Congreso Nacional en septiembre de 2003, acompañando un proceso social y político con respecto a la imagen del presidente. Como ya señalamos, su débil legitimidad de origen fue rápidamente contrarrestada con un proceso de legitimación por ejercicio de la autoridad Presidencial. Este proceso se expresaba, entre otras cosas, en el aumento de los índices de aprobación y de imagen positiva del nuevo gobierno. La convocatoria a la construcción de un espacio transversal operó positivamente en el entramado de organizaciones sociales y políticas de base territorial, sindical o social, que desencantadas de los partidos políticos tradicionales en la década de los ’90, habían quedado huérfanos de la política, y se habían replegado a lo social. La expresión utilizada muchas veces por Kirchner según las entrevistas realizadas, y según análisis de otros investigadores, era “den el salto a la política”. Este salto a la política significaba según un entrevistado “abandonar la política confrontativa y reivindicativa, y proponer” (Entrevista 5).

La demanda por la conformación de espacios organizativos, que permitiesen darle consistencia y solidez al armado, fue una bandera de BDP-CPL que se expresaba en la consigna y demanda de “renovación política”. Si bien el Presidente compartía la lectura sobre la crisis de representación y de legitimidad que atravesaba a los partidos políticos tradicionales, entre ellos, el PJ (y por eso sistemáticamente hasta el 2008 se negó a conducir el PJ nacional), no consideraba que su partido fuera un actor del cual se podía prescindir en el proceso de reconstrucción del Estado. Frente a esta situación, BDP-CPL impulsó, como estrategia política hacia adentro del kirchnerismo, el armado de frentes políticos con otras organizaciones sociales y políticas con las cuales ya compartían una historia en común. El objetivo era disputar la direccionalidad del gobierno hacia adentro del espacio peronista, y acumular paralelamente representación institucional propia. Es decir, conseguir acceder a lugares dentro de las listas de candidatos a Diputados nacionales, legisladores provinciales, concejales o consejeros escolares, según el sistema electoral de cada distrito.

En junio de 2004 se lanzó el Frente de Organizaciones Populares (FOP) con un acto multitudinario en el Luna Park, donde participaron el Frente Transversal Nacional y Popular[15], el MTD Evita[16], la FTV y BDP-CPL, y lo que se denominó la 1° Asamblea de Organizaciones Populares. Con un fuerte apoyo de parte del gobierno nacional[17] participaron un total de 2100 delegados provenientes de todo el país. Militantes de estas cuatro organizaciones y de casi 40 organizaciones locales y regionales, debatieron y acordaron un posicionamiento con respecto a la nueva coyuntura política. El documento “La hora de los pueblos” fue la declaración de principios de la Asamblea, donde se estableció una mirada común sobre el nuevo gobierno y sobre el rol que debían cumplir las organizaciones populares. En este sentido, el documento plantea que la asunción de Kirchner debe ser entendida como parte del proceso de lucha profundizado luego de los acontecimientos de diciembre de 2001[18], y que las organizaciones no deben “ocupar un lugar aséptico y equidistante del oficialismo y la oposición, sino profundizar nuestro compromiso con las políticas a favor del pueblo y la defensa del interés nacional, para enfrentar el único hegemonismo peligroso: el de los grupos de poder económico que manejaron durante décadas el destino del país, en contra del pueblo y la nación” (Frente Patria para Todos, 21/06/2004). Como señalan Pérez y Natalucci, “la resistencia había finalizado, se debía aprovechar la experiencia acumulada y pasar a la ofensiva” (2010:112). La necesidad de trascender lo social para constituirse en un actor político fue uno de los debates más importantes que se dieron hacia adentro del espacio. El consenso estaba puesto en trascender el “piqueterismo” para constituirse en organizaciones sociopolíticas que representasen a los sectores populares dentro del kirchnerismo, de ahí su denominación.

El objetivo de este espacio político fue, desde un principio, constituir la base social del nuevo gobierno, con una doble intencionalidad. Por un lado, aportar a la reconstrucción del movimiento nacional propuesto por Kirchner, y por otro lado, habilitar un espacio de “ofensiva popular” (Natalucci, 2011: 204) que disputase ese movimiento. Sin embargo, como señala Natalucci (2011) el principal debate que atravesó al espacio, giro en torno a la forma de construcción interna y su relación con el oficialismo. Una de estas formas era la denominada “movimientista” (Pérez y Natalucci, 2010), orientada a la construcción de un movimiento a partir del reconocimiento del liderazgo de Néstor Kirchner. Esta opción era impulsada por el MTD Evita, a diferencia de BDP-CPL que impulsaban una forma de organización que los autores denominaron “tendencia”. Esta forma de organización compartía la necesidad de reconstruir el movimiento nacional y de reconocer el liderazgo de Néstor Kirchner, pero ponía fuertes reparos a compartir espacios con el PJ dentro del espacio kirchnerista. La tendencia debía entonces “disputar el gobierno” hacia afuera, con los enemigos del pueblo, y hacia adentro, con los representantes de “la vieja política”, en este caso el PJ.

Esta forma de vinculación con el kirchnerismo va a caracterizar tanto la relación de BPD-CPL con el gobierno, como con los otros actores del espacio kirchnerista transversal. La “vieja política” que aún sobrevivía en el interior del kirchnerismo era el límite que, constantemente, BDP-CPL le marcaba al gobierno, y que según Schuttenberg (2012) caracterizaría la “inserción autónoma” de BDP-CPL al oficialismo. La expectativa de profundizar y promover transformaciones estructurales a partir de su participación en el oficialismo, pero reconociendo la disputa con estos sectores vinculados a la vieja política, va a caracterizar la estrategia política de BPD-CPL tanto hacia adentro del espacio transversal, como para con la construcción de su propia representación institucional.

Más allá de las diferencias internas, el FOP sirvió como un espacio de organización del kirchnerismo no PJ, que intentó constituirse como un interlocutor con el gobierno nacional, y como actor político hacia adentro del espacio kirchnerista. Luego de la Asamblea, se conformó la Mesa coordinadora por un Nuevo Proyecto Nacional “desde la cual se convocó a dirigentes kirchneristas que procedía de organizaciones políticas no pejotistas” (Natalucci, 2011:205). Esta mesa coordinadora era dirigida por las “cuatro grandes” organizaciones (FTV, MTD EVITA, BDP-CPL, FT) y participaban ocho organizaciones chicas, el Partido Obrero Revolucionario, el Partido Comunista Congreso Extraordinario, el Movimiento para la Victoria del Pueblo, el Frente Barrial 19 de Diciembre, el Movimiento Patriótico 20 de Diciembre, Resistir y Vencer, la agrupación Marcha Grande, el movimiento 26 de Julio, y el Frente de desocupados Eva Perón. La capacidad de movilización y convocatoria quedó en evidencia el 12 de octubre de 2004, cuando se realizó un acto multitudinario en el Luna Park, donde además de los clásicos representantes del gobierno nacional, también participaron referentes políticos provenientes del espacio progresista[19], rodeando el hecho político de mayor amplitud y trascendiendo, así, la identidad “piquetera” con que se solían identificar a este espacio.

Así como BDP-CPL mantuvo relaciones políticas individuales con el gobierno nacional, también lo hicieron las otras tres organizaciones grandes del FOP. Los socios menores del frente se alinearon según sus preferencias, cercanías y experiencias previas con las organizaciones grandes. BDP-CPL afianzó, en esta instancia, sus relaciones políticas con el Partido Comunista Congreso Extraordinario (PCCE) y el Frente Barrial 19 de Diciembre, con quienes ya había participado colectivamente de la experiencia del Polo Social, y con quienes posteriormente lanzará Libres del Sur. Dentro de las negociaciones que se entablaron con el gobierno nacional respecto a la participación de la organización en las políticas sociales, BDP-CPL incorporaba las demandas de estas organizaciones como propias. Es decir, cuando se exigían mayor cantidad de planes sociales o de mercadería, o de recursos para el mejoramiento de los comedores, estos eran distribuidos también con el PCCE y el FB19. Esto afianzaba el lugar de BDP-CPL dentro del oficialismo como una organización con capacidad de convocatoria y articulación. Esta dinámica, de relaciones políticas “uno a uno”, atentó con la construcción del FOP como espacio político colectivo. Si bien también en varias entrevistas se señaló como factor del fracaso del FOP al fuerte personalismo que primó entre los referentes políticos del espacio, la no consideración por parte del gobierno de éste como un actor político unificado, limitó claramente su posibilidad de supervivencia. A contra mano de “dar el salto a lo político”, el gobierno continúo entablando relaciones con las organizaciones de forma individual, reafirmando su carácter de organizaciones sociales. El FOP duró poco. Un par de meses después del acto del Luna Park ya no tenía funcionamiento, ni la envergadura de sus inicios.

A fines de diciembre de 2004, este mismo espacio político, acompañado por otros referentes de la centro-izquierda, lanzaron el Frente Patria para Todos (FTP), con un claro objetivo de encarar al disputa interna dentro del kirchnerismo de cara a las elecciones legislativas nacionales de 2005. La idea de “agrupar para negociar en mejores condiciones” cargos en las listas de legisladores nacionales, provinciales y locales, era por lo bajo, el motivo del nuevo armado político. Con un congreso nacional en la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires, y con la presencia de funcionarios, técnicos y académicos, el FPT se propuso construir el espacio de izquierda del kirchnerismo en el marco de lo planteado por el presidente como la reorganización del sistema político argentino en dos polos, uno de centro izquierda y otro de centro derecha. Enmarcado en la disputa del kirchnerismo con su otrora padrino político, el duhaldismo, el FPT buscaba posicionar al espacio dentro de este nuevo reacomodamiento. Sin embargo, las relaciones políticas hacia adentro del kirchnerismo se continuaron manejando de forma individual por cada una de las organizaciones mayoritarias, canalizadas a través de la Secretaría General de la Presidencia. El nuevo frente no se tradujo en nuevas formas de organización interna, ni tuvo mayor relevancia en la vida política del país.

Las elecciones de 2005 significaron la implosión del FTP ya que su objetivo de construir un espacio de izquierda hacia adentro del kirchnerismo se chocó con su capacidad de conseguir lugares expectables en las listas de candidatos. Las negociaciones fueron a nivel nacional y nivel de la Provincia de Buenos Aires[20] con la Secretaría general de la Presidencia. A nivel del resto de las provincias y los municipios, las relaciones políticas eran aún más complicadas, dependiendo de los armados provinciales. En un contexto de enfrentamiento abierto entre el kirchnerismo y el duhaldismo, la única organización que consiguió un lugar expectable en las listas a legisladores nacionales fue el Frente Transversal, quién ubico a Edgardo De Petris en el puesto 13 de Diputados nacionales por la Provincia de Buenos Aires. BDP-CPL consiguió ubicar a una militante, quien se desempeñaba como asesora de Alicia Kirchner, en el décimo puesto para legisladora provincial por la tercera sección electoral de la Provincia de Buenos Aires. Esta fue la primera vez que BPD-CPL accedía a un espacio de representación institucional por la vía electoral. En el ámbito municipal, consiguieron ingresar un Concejal en la localidad de Lanús, Lomas de Zamora y Avellaneda de la Provincia de Buenos Aires, y un concejal en la capital de la Provincia de Salta. El FTV y el ME también consiguieron acceder, en dicha elección, a diputaciones provinciales en la provincia de Buenos Aires.

Sin embargo, más allá de la importancia de obtener una diputación provincial, las críticas giraron en torno al lugar que el kirchnerismo les dio a las organizaciones de desocupados en la campaña. En aquellos distritos donde la negociación de los lugares en las listas de candidatos era manejada por el propio gobierno nacional, la participación en la campaña era, en cambio, coordinada por los municipios o las provincias. Si bien no es tema de este trabajo analizar la organización política federal y su impacto en el sistema de partidos, debemos señalar que el proceso de territorialización de la política, desarrollado en el capítulo anterior, complejizó aún más el escenario local de la campaña. La participación de BDP-CPL en la campaña era una cuestión de disputa constante en aquellos distritos donde no se tenían vínculos políticos estrechos con los representantes del gobierno en el armado local. La dirección de la campaña hacia adentro del kirchnerismo recaía en los intendentes y jefes provinciales, quienes no eran muy adeptos a la participación de organizaciones extrapartidarias como BDP-CPL. El entramado organizacional resultante de este escenario complicaba las posibilidades de BDP-CPL de asumir un rol protagónico en la campaña electoral allí donde no tuvieran candidatos propios para mostrar.

En la Provincia de Buenos Aires la campaña de 2005 se centralizó en la tercera sección electoral y giró en torno a la candidatura de una militante como diputada provincial. En las otras regionales de la provincia se trabajó alrededor de candidatos municipales y concejales propios. Este escenario se replicó en todas las provincias del país. Allí donde hubo candidatos propios, en listas kirchneristas o en listas separadas, la campaña giró en torno a su instalación masiva en el espacio público. En los distritos, como la Ciudad de Buenos Aires, donde no se presentaron candidatos propios, y donde la relación con los representantes locales del oficialismo nacional era muy mala, la organización decidió realizar campaña autónomamente y con recursos propios, como una forma de no quedar afuera del escenario político local. El carácter legislativo de la elección no favorecía las negociaciones sobre las conformaciones de los poderes ejecutivos, por lo que los incentivos para participar activamente de la campaña estaban más vinculados a la instalación pública de la organización y de sus políticas, que al acceso de cargos ejecutivos o recursos materiales. En el marco de la campaña legislativa de 2005, BDP-CPL fue ampliando y profundizando su participación en el Ministerio de Desarrollo Social de Nación. De las experiencias analizadas en el capítulo V, nos interesa recuperar el lanzamiento del Programa de Promotores Territoriales para la inclusión social. Este programa buscó en los hechos “disputar el territorio con las redes clientelares” construidas por el duhaldismo y por el PJ desde el regreso de la democracia[21]. La canalización de recursos estatales a través de los promotores territoriales fue una herramienta de disputa que permitió a las organizaciones de desocupados un mayor protagonismo político en el marco de la campaña electoral. Sin embargo, y como muchos trabajos académicos así constatan (Colabella, 2011; Ortiz de Rosas, 2011; Zarazaga, 2015), la relación entre distribución de recursos estatales y representación política no es lineal ni sencilla[22].

De hecho, un elemento que aparece con mucha fuerza en los relatos de los entrevistados es como los referentes de algunos partidos políticos tradicionales “subestimaban” la capacidad electoral de las organizaciones de desocupados para participar de las campañas. Se ponía en duda su capacidad de traducir su despliegue territorial en votos concretos que aportaran a la elección de los candidatos oficialistas. Sin herramientas para contrarrestar esta situación, por su mala performance electoral previa, y por la falta de conocimiento público de sus representantes, BDP-CPL se encontraba en una difícil situación para disputar espacios y poder territorial hacia el interior del kirchnerismo. Los esfuerzos eran significativos, pero los resultados en las listas de candidatos demostraban que sólo donde el gobierno nacional intervenía podía esperar acceder a “lugares con posibilidades de entrar”.

En cualquier caso, sin embargo, otro elemento importante de esta etapa fue el involucramiento directo de BDP en la campaña política. Si bien el frente territorial participó activamente de las campañas electorales anteriores, el 2005 fue la primera experiencia masiva de participación en las mismas. No fueron únicamente los responsables políticos y los militantes más politizados quienes participaron de la campaña, sino que todos los integrantes de BDP, en mayor o menor medida, tenían una tarea dentro de la misma. A la estructura de coordinación territorial se le acoplo una estructura de coordinación política, una suerte de “mesas de campaña”, donde se discutía el escenario político del país y de las regiones, y se coordinaban y organizaban las acciones de campaña. Este espacio era abierto a todos los participantes que quisieran asistir, pero estaba fundamentalmente integrado por las coordinadoras de comedores, los responsables de áreas, los jóvenes de pie, y era coordinado por el responsable político de la zona. Esto significó un proceso de politización muy fuerte para la organización ya que fue la primera experiencia de participación en una campaña política donde se “era parte del debate”. Fue necesario discutir con todos los integrantes de BDP porqué había que involucrarse en política partidaria, y qué se “jugaba” la organización en esto. “Hacer campaña” no sólo significaba asistir a los actos políticos, sino también implicaba realizar tareas de difusión como volanteadas, reparto de prensas, visitas casa por casa, afichadas y pintadas, etc. La participación de BDP-CPL en la campaña de 2005 no hubiera sido tan activa sin el involucramiento de sus militantes en la misma. Sin embargo, en un balance de la organización se observa que

En algunas regionales o municipios no tenemos claro como dar la disputa sobre todo en cuanto al rol de Barrios de Pie. Esto se cristaliza en que desde Barrios de Pie confrontamos o disputamos desde ejes muy propios como por ejemplo el reclamo u otra ayuda a nuestros comedores, pero nos cuesta tomar otros temas que exceden nuestra problemática específica aun cuando los mismos tengan repercusión en barrios donde estamos asentados, percibiéndose cierto corte que nos ubica como movimiento piquetero o de desocupados sin lazos con los demás espacios organizados del barrio. Esto empobrece la disputa política y se vincula a otro tema como es: el rol de Barrios de Pie. La experiencia nuestra más reciente fueron las elecciones del 205, donde la herramienta principal en la mayoría de las regionales fue Barrios de Pie, esto nos llevó a poner lo más dinámico de la fuerza en esa dirección (Circular Barrios de Pie, abril 2006).

Más allá de estas cuestiones, las elecciones legislativas de 2005 abrieron un nuevo escenario político con un gobierno nacional que, habiendo derrotado al duhaldismo, mostró “firmeza”, y “parecía estar convencido de profundizar el rumbo”. Con algunas pequeñas victorias como la diputación provincial y algunos concejales en la Provincia de Buenos Aires, BDP-CPL insistió en la necesidad de construir un nuevo movimiento político que sea la herramienta política que les permitiese trascender su actual identidad piquetera o de izquierda dura, para “jugar en la cancha grande”.

3. 3 Libres del Sur

Con posterioridad a las elecciones de 2005 y durante la primera parte del 2006, BDP-CPL se volcó a un proceso de discusión interna con motivo de establecer su estrategia y su táctica para la nueva etapa que se había abierto con la derrota del duhaldismo en la Provincia de Buenos Aires. Dicha estrategia era la constitución de un nuevo movimiento político que

Nos agrupe y nos potencie en los marcos del Frente para la Victoria, a los que anhelamos una patria verdaderamente distinta, libre y soberana. Un Movimiento que sostendrá junto a Néstor Kirchner, bien en alto las históricas banderas nacionales, populares y latinoamericanas. Abiertamente opuesto al imperialismo y al neoliberalismo en cualquiera de sus formas. Que propugnará una sociedad más justa y plena, con la participación activa de la ciudadanía en su construcción. Que aspirará a representar en sus intereses por sobre todo a los trabajadores, los desposeídos, los estudiantes, la intelectualidad más progresista y a las clases medias menos pudientes. Con un papel destacado, en todas sus líneas, de las compañeras y los jóvenes. Un Movimiento democrático y participativo, con mucha militancia e inserción social, y dirigentes honestos. Ajeno por completo a las prácticas de la vieja política tradicional de nuestro país. Decidido, en definitiva, a ser un actor destacado en la formulación y la construcción de una nueva Argentina (Documento “Nuevo movimiento político. Declaración de principios”. Abril 2006).

Durante el primer trimestre de 2006 BDP-CPL entabló reuniones y conversaciones con una gran cantidad de organizaciones populares con quienes en otras oportunidades habían compartido espacios políticos. Esto fue acompañado con un fuerte proceso de discusión interna ya que este nuevo movimiento político implicaba abandonar la identidad política, CPL, que por muchos años identificó a sus militantes.

Finalmente, el 27 de abril de 2006, en un acto en la ciudad de Buenos Aires y con el acompañamiento del gobierno a través del secretario general de la Presidencia, Oscar Parrilli, se lanzó el Movimiento Libres del Sur (LS). Impulsado por BDP-CPL, fue integrado por el Frente Barrial 19 de Diciembre, la Agrupación Martin Fierro, la agrupación Envar el Kadri y el Partido Comunista Congreso Extraordinario[23]. El lanzamiento de LS fue un hecho político hacia el interior del espacio transversal ya que significó la construcción de una referencia de la izquierda no peronista y kirchnerista. Por afuera quedaban sus antiguos aliados, el Frente Transversal, el Movimiento Evita, y la FTV. Si bien se especuló con la posibilidad de construir un movimiento político que los incluya, la lectura del escenario político que hacía BDP-CPL en las previas al lanzamiento de LS preveía que no sucediera. Al respecto se decía:

El instrumento político-electoral (del kirchnerismo) será sin dudas nacionalmente el Frente Para la Victoria, más allá de otras alianzas provinciales o locales que puedan ir por debajo. Buscará juntar en el Frente a todo lo que pueda del centro a la izquierda. Al justicialismo en su mayor parte (tratará dentro del mismo poner afuera o secundarizarlos a tipos como Romero de Salta o Reutemann, por ejemplo, y también a continuar aislando a otros como Rodríguez Saá o Menem); aunque seguramente sin que el PJ ocupe demasiado el centro de la escena y le reste apoyo del progresismo. También intentará traerse una buena parte del radicalismo aprovechando el giro al centro-derecha de su conducción; y otro tanto del centroizquierda (de allí lo del Chacho) para ver de disputárselo a la Carrió. Pretende que seamos parte de esa alianza (habrá que ver con que protagonismo) los “transversales”, y seguramente que disputemos la izquierda peronista y no peronista. En los marcos de esta última política nos ubicamos por cuerdas separadas en alguna medida el Movimiento Evita, más orientado a la disputa de franjas del peronismo por dentro y fuera del PJ; El Frente Transversal de Depetri dirigido aparentemente más a la pelea en la CTA; D’Elía, que ha quedado con poco peso y cierto aislamiento, aunque con una herramienta fuerte en sus manos ahora (la Sub Secretaría de Hábitat); y nosotros. A ello hay que agregarle como una novedad Compromiso K, dirigido por Zaninni. No es claro hacia dónde se dirige y que pretenden con este agrupamiento, pero al salir del riñón del kirchnerismo, hay que seguirlo para ver qué rol se proponen hacerle cumplir en definitiva. (Documento Perspectivas y estrategias 2006, mesa nacional CPL febrero 2006).

De esta forma LS se conformó como una fuerza política nacional con inserción en el territorio y en las universidades nacionales, así como en menor medida, algunos gremios. La promesa del nuevo movimiento político implicaba la fusión de sus estructuras organizativas, adoptando la forma centralista democrática como CPL, con el objetivo de evitar nuevamente las limitaciones que ya se habían presentado en la experiencia del FOP y del FPT. Sin embargo, este proceso se pudo visualizar en algunos frentes, pero no se dio una integración homogénea. La mesa nacional de LS y las mesas provinciales funcionaron regularmente y con la participación de todos sus miembros, pero se mantuvieron las identidades políticas de aquellas organizaciones menores. El PCCE se fusionó en cambio, íntegramente con BDP-LS, al punto que los incipientes trabajos territoriales que tenía en algunos distritos, se los “paso” a BDP. Si se evidenció un mayor nivel de articulación en cuanto a las acciones políticas, la construcción territorial y la política universitaria, así como se encaró de forma conjunta la construcción de LS en los sectores medios a través de la instalación de locales partidarios en diferentes barrios y distritos del país.

El lanzamiento y la consolidación de LS como fuerza política, se realizó de la mano del afianzamiento de la participación de BDP-LS en el Estado nacional. Como analizaremos más adelante, en 2006 Jorge Ceballos asume la Subsecretaría de Organización y capacitación popular del MDS, y con ello se incorporan una gran cantidad de militantes a cumplir funciones dentro de la misma. En este proceso de incorporación se contempló que la distribución de cargos y contratos llegará a todos los sectores integrantes del movimiento. Si bien no hay una apreciación cuantitativa al respecto, si se puede afirmar que a cada sector se le otorgó espacios de gestión al interior de la subsecretaría. Paralelamente a esto, durante ese año y el siguiente, LS se preparó para las elecciones presidenciales de 2007 con el objetivo de, por un lado, referenciar a nivel nacional y local la nueva herramienta política, y por otro lado, referenciar militantes propios con el objetivo de “disputar lugares en las listas” dentro del armado kirchnerista. Esto, obviamente, de la mano de la construcción de LS en todos sus frentes.

Sin embargo, el devenir de los acontecimientos políticos frustraron prematuramente los planes de LS. En el año 2006 el kirchnerismo lanza la Concertación Plural que, como señalamos en el apartado anterior, pone fin a la utopía transversal de que las organizaciones populares se constituyan en la columna vertebral del mismo. Con la mirada puesta en la profundización del proyecto y con un claro posicionamiento, las consignas con que LS encaró la campaña de 2007 fueron “distribución de la riqueza” y “renovación política”. Estas consignas cristalizaban las dos principales críticas que la organización le realizaba al kirchnerismo como proyecto político, “la tibieza para entablar reformas estructurales y la incapacidad para construir una fuerza política revolucionaria” (Entrevista Nº5). Previamente al lanzamiento de las candidaturas oficiales, LS busco posicionarse y condicionar la elección de candidatos para la gobernación de la Provincia de Buenos Aires, bastión electoral del peronismo. Con la campaña “prohibido girar a la derecha”, LS se posicionó con respecto a la decisión presidencial “conservadora” de priorizar su alianza con sectores de la derecha peronista, en vez de “aprovechar el escenario para profundizar la construcción de fuerza propia anclado en las organizaciones popular”. Esto también se expresó en las estrategias electorales priorizadas ese mismo año en la ciudad de Buenos Aires, y en la provincia de Misiones, donde el kirchnerismo no acompaño expresiones progresistas no PJ que se auto definían como kirchneristas[24].

En el marco de la elección presidencial de 2007, por primera vez Libres del Sur consiguió dos bancas en la Cámara de Diputados Nacionales, una por la 3° sección de la provincia de Buenos Aires, y otra por la provincia de Córdoba. En este mismo periodo, dicha organización consiguió algunas representaciones en algunas provincias y municipios, como por ejemplo una banca en la legislatura de la Provincia de Salta y un concejal en la ciudad capital de la Provincia de Neuquén y en la localidad de Esteban Echeverría de la Provincia de Buenos Aires[25]. Todos estos lugares fueron conseguidos a través de diferentes estrategias electorales. La diputación nacional de la 3ra sección de la Provincia de Buenos Aires fue ofrecida directamente a una militante de BDP-LS que, por su condición de hija de desaparecidos, había tomado relevancia como figura pública. Fue claro que esto fue lo que primó en la oferta de la candidatura por parte del kirchnerismo, que según los propios militantes de BDP, no contaba con la diputada sea “orgánica” a su partido. Aun así, fue un hecho político para BDP-LS quien públicamente agradeció el espacio y capitalizó el proceso[26]. La otra diputación, proveniente de Córdoba se consiguió gracias a una alianza con sectores kirchneristas no PJ como el espacio progresista conducido por Luis Juez[27].

En la provincia de Buenos Aires, como parte de las negociaciones por las listas de candidatos y de la estrategia de construcción de referencia propia y disputa interna con el sector PJ del FPV, BDP-LS intentó instalar la candidatura de Jorge Ceballos para Intendente en el distrito de La Matanza. Distrito electoral caracterizado por su peso político a nivel provincial y nacional, y por la hegemonía del PJ desde el regreso de la democracia en 1983, el objetivo de BDP-LS era que el gobierno le habilitara la posibilidad de “colgar” una lista colectora a la boleta del FPV encabezada en la provincia por Daniel Scioli, aún a pesar de las críticas realizadas a su candidatura a gobernador. Según las entrevistas realizadas esta estrategia respondió a la intención de participar del debate político en la provincia y de instalar la figura de Jorge Ceballos como referente del espacio, a sabiendas de que era poco probable su éxito. La negativa del FPV de habilitar la lista colectora en dicho distrito permitió a la organización instalar su posicionamiento político públicamente. Esto se expresó en la renuncia de Ceballos de la Subsecretaría de Capacitación y Organización del MDS en septiembre de 2007, denunciando “las trabas del PJ para la renovación de la política”. En esta oportunidad, sin embargo, se hicieron esfuerzos desde la organización para dejar en claro que la crítica no era a Cristina Fernández, candidata a presidente, sino al sector del PJ dentro de la alianza[28]. De hecho, a pesar de la negativa BDP–LS continúo realizando campaña a favor de CFK, aspirando a “ser recompensados a través de la gestión lo que no salió por las candidaturas”. La renuncia de Ceballos duro hasta noviembre de 2007 cuando, a partir de las gestiones del propio gobierno, BDP-LS retomo la gestión de la subsecretaria.

El resultado de las elecciones de 2007 evidenció, como señalamos anteriormente, el avance del PJ y del sindicalismo dentro del armado del Frente para la Victoria. Sin embargo, el gobierno de Cristina Fernández presentaría una diferencia con respecto a la política de alianzas del primer kirchnerismo. La estrategia del gobierno nacional con respecto a las demandas emergentes viró hacia una estrategia de legitimación de la autoridad por la confrontación (Mauro, 2014). Inaugurada en el conflicto con el “campo”, esta estrategia de confrontar contra “los enemigos del pueblo” ubicó a las demandas sociales emergentes como intereses particulares, sectoriales o corporativos. Las protestas y manifestaciones del año 2008 en torno de la Resolución 125 del Ministerio de Economía, que afectaba el modelo de retenciones, dilataron el debate interno de BDP-LS en torno a la relación con el gobierno nacional[29].

BDP-LS tuvo una participación protagónica en las movilizaciones que acompañaron el proyecto oficialista. Hasta desarrollaron sus propias movilizaciones y actividades para “dar el debate” en la sociedad. Si bien en el discurso público se acompañaba el discurso oficial, los entrevistados reconocían que ya para ese momento se le criticaba al gobierno la “falta de precisión en la selección del enemigo… ¡se juntó a todos los actores en la misma bolsa! Y así tuvimos ese cachivache de la FA con la SR” (Entrevista Nº9). Se le criticaba al gobierno la falta de capacidad para “diferenciar los enemigos del proyecto popular”. Desde BDP-LS se consideraba que los pequeños productores debían haber sido diferenciados y contenidos en la reformulación del sistema de retenciones. Sin embargo, el carácter progresivo del impuesto y su rol estratégico en el financiamiento del Estado y en la redistribución de los ingresos hacían indudable el apoyo de BDP-LS, a través de sus Diputadas en los debates legislativos, y por sus militantes en las movilizaciones oficialistas.

A pesar de la derrota política infringida por los sectores de poder al proyecto de las retenciones móviles, BDP-LS sostuvo públicamente la necesidad de que el gobierno “profundizara la marcha” y no “aceptara el proyecto económico que le querían imponer”, pero atribuyó la derrota a la debilidad de la alianza política construida con sectores del PJ y de la UCR conservadores. Se le reclamaba al gobierno la falta de decisión para profundizar el armado político transversal, que hubiera podido encabezar exitosamente la disputa por la distribución de la renta. Lo que faltaba, según BDP-LS, era un sujeto político colectivo capaz de llevar adelante esas batallas. El FPV y la Concertación Plural, según la organización, no lo eran. El pago de deuda al Club de Paris, inscripto en la necesidad del gobierno de conseguir financiamiento para sostener el proyecto político, fue un motivo para que las críticas de BDP-LS comenzaran a ser públicas. Como señala Schuttenberg (2012)

En el lapso transcurrido entre la finalización de la confrontación por la resolución 125 hasta su ruptura, la organización se caracterizó por un movimiento ondulante en torno al gobierno, por un lago se mostró sumamente crítica del pago de deuda al Club de París retomando acciones de protestas. Por otro lado, celebró la re estatización del sistema previsional en tanto implicaba un paso hacia adelante en la lucha contra la patria financiera, aunque movido por la necesidad de enfrentar a la crisis mundial. (Schuttemberg, 2012:140-141)

Este movimiento ondulante entre la crítica y el apoyo al gobierno evidenciaba la estrategia de la organización que todavía apostaba a construir dentro del kirchnerismo un “espacio a la izquierda de Kirchner”. En septiembre de 2008 por primera vez desde el 2004, BDP realiza una protesta contra el gobierno provincial de Buenos Aires, reclamando por el deterioro de las condiciones de vida de los sectores populares y por la decisión del gobierno de “priorizar los intereses de los grupos concentrados de poder”. Si bien el reclamo estaba dirigido a la gestión del gobernador Daniel Scioli en la Provincia de Buenos Aires, el corte de la autopista Buenos Aires-La Plata significó el principio del quiebre con el gobierno nacional. Aún dentro de la alianza de gobierno, se definió un plan de lucha con respecto a la participación de BDP en el programa Argentina Trabaja. Este tipo de protestas serian retomadas y profundizadas a partir de su alejamiento definitivo a fin de año. El mismo día que BDP cortaba la autopista, ocurría el estallido de pasajeros de la línea de tren Sarmiento en la localidad de Castelar, provincia de Bs. As. Este hecho, analizado en profundidad por Pérez y Rebón (2012), junto con el corte de la autopista y otros hechos de protestas menores, pusieron en evidencia la situación de malestar social que conformaba el escenario político social de la Argentina de fines de 2008[30].

El impacto de la crisis internacional de 2008-2009, la crisis del campo y el aumento de la conflictividad social pusieron al gobierno en la necesidad de recuperar la iniciativa política de cara a las elecciones legislativas nacionales de 2009. La decisión de Néstor Kirchner de asumir la presidencia del PJ Nacional fue leída por BDP-LS como un “retroceso” político ya que consideraba al PJ parte de la “vieja política”. Al negar el carácter transformador del PJ, que según Schuttenberg (2012) fue visto como parte del enemigo a combatir, BDP-LS condicionaba su participación en la alianza de gobierno a que este sector fuese minoritario o, por lo menos, no hegemónico.

Aun así, en marzo de 2008, su secretario general Humberto Tumini es nombrado secretario ejecutivo del Consejo Federal de Derechos Humanos en la órbita de la Secretaria de Derechos Humanos del Ministerio de Justicia de la nación. Este nombramiento, que había sido prometido a BDP-LS desde tiempos electorales, y sostenido a pesar del rechazo público a la decisión de Kirchner de asumir el PJ, permitía a la organización tener una “tribuna pública desde donde plantear su posicionamiento”. Con poco impacto real en la gestión de la política de derechos humanos, y con pocos recursos materiales, en términos de contratos y de políticas, el cargo permitía a la organización construir referencia propia e instalar a su secretario general en la escena política[31].

Para las elecciones de 2009, las candidaturas testimoniales, plebiscitando su gestión a nivel nacional, fueron la forma que el gobierno encontró para contener el descontento social. Esto terminó de confirmar por un lado la decisión del kirchnerismo de sostenerse principalmente en el PJ, y por otro lado, la ruptura de BDP-LS. En una editorial del 4 de noviembre de 2008, en la prensa oficial de la organización se advertía que

Libres del Sur fue advirtiendo, junto a muchos otros y como parte de ese Proyecto Nacional que se inició en el 2003 con Néstor Kirchner a su frente, que había que fortalecer a las fuerzas populares en su seno y no a las más retardatarias que tenían a una parte importante de la dirigencia justicialista como expresión concreta. No obstante, a partir de fines del 2005 se nos escuchó cada vez menos; y después del triunfo de Cristina, con la decisión de que Kirchner fuera a la presidencia del PJ, directamente se decidió marchar en otra dirección. Las consecuencias de ello se vienen haciendo sentir cada vez más en la pérdida de consenso del gobierno” (Editorial Humberto Tumini, Patria Grande, 4/11/2008)

El 6 de diciembre de 2008, con una conferencia de prensa en el Hotel Bahuen, BDP-LS anuncia su alejamiento del gobierno y la renuncia a sus cargos de sus dos máximos referentes. Humberto Tumini renuncia a la secretaría ejecutiva del Consejo Federal de Derechos Humanos, y Jorge Ceballos renuncia a su cargo como Subsecretario de Organización y Capacitación popular del MDS. En esta oportunidad se afirmaba que 

Si la pejotización es la estrategia que tiene el gobierno para el proyecto nacional en curso, va al fracaso y allí no estaremos” y que “hay una contradicción flagrante, imposible de sostener. La representación política de este gobierno ha devenido en una representación política conservadora. Y es un elemento sustancial que a nosotros ha dejado de contenernos y por eso nos apartamos (Página 12, 6/12/2008)[32].

En esa oportunidad, BDP-LS adelantaba su futura estrategia política de construcción de una alianza con los sectores kirchneristas no PJ. En la conferencia de prensa se anunció que

Vamos a trabajar con Martín Sabbatella, Pino Solanas, la CTA, sectores del Partido Socialista, el Partido Humanista y sectores sociales y culturales que quieren un país progresista. Vamos a llevar esperanza a los millones de argentinos que apoyaron a Kirchner en sus primeros años y que hoy están confundidos y desesperanzados ante el avance del PJ sobre el proyecto nacional (Página 12, 6 /12/2008)

Efectivamente, una vez distanciado con el gobierno nacional, BDP–LS encaró la construcción de una nueva herramienta política, Nuevo Encuentro (NE) que, tuvo su bautismo de fuego en las elecciones nacionales de 2009. Dentro de las listas de candidatos BDP-LS puso a Jorge Ceballos como tercer candidato a Diputado Nacional por la Provincia de Buenos Aires, en un lugar expectable. Así mismo, instaló a su referente y ex-diputada provincial Laura Berardo como primera candidata a Senadora provincial, y una serie de candidatos a concejales en diferentes distritos. En las provincias de Neuquén, Córdoba y Salta, BDP-LS se presentó con lista propia, bajo la personería jurídica de Movimiento Libres del Sur.

Los resultados de las elecciones legislativas permitieron el ingreso de sólo dos diputados nacionales por NE en la provincia de Buenos Aires, dejando en la puerta del congreso a Jorge Ceballos. En las otras provincias donde BDP-LS competía con candidatos propios tampoco tuvo resultados positivos por lo que su participación en la cámara de diputados nacionales seguía basada en dos bancas que tenían mandato hasta 2011. El retroceso electoral del oficialismo, que pasó de ser mayoría a ser primera minoría con un 30, 4% de los votos a nivel nacional y por lo cual perdió 29 bancas con respecto a la elección de 2007, cambió el escenario político del país. La conformación del llamado grupo “A” de diputados nacionales con la nueva configuración de la cámara baja, fue un intento de agrupar a toda la oposición para imponer una nueva conformación de autoridades y comisiones. BDP-LS participó a través de sus diputadas de este proceso, cuestión que terminó acentuando el perfil opositor de la organización y su alejamiento de NE a fines de 2009. En un comunicado de prensa con fecha del 7 de diciembre de 2009, las legisladoras explicaron:

Algunos compañeros que fueron electos el 28 de junio para representar intereses totalmente independientes del proyecto que hoy sostiene el gobierno kirchnerista, se equivocaron en hacerle el juego al mismo, poniendo en peligro el equilibrio de la Cámara e impidiendo que frente a un escenario político que necesitará acciones y posiciones unitarias del campo popular y progresista, se constituya una unidad más amplia. Sin embargo, esos compañeros que nos dicen ‘funcionales a la derecha’, terminaron acompañando con su voto el acuerdo al que todos arribamos. Esto sí que no lo comprendemos. Es un claro reclamo de nuestra sociedad que la dirigencia política popular coherente, construya una opción independiente, unitaria y alternativa a los partidos tradicionales que encarnan el PJ y la UCR. Ese fue el mensaje del casi millón de argentinos que eligieron nuestras propuestas electorales en junio. Esperamos que reflexionen a tiempo.

Durante 2010 y 2011, BDP-LS se suma a la campaña de Proyecto Sur, impulsando la candidatura a Presidente de Pino Solanas quien había salido segundo en las elecciones legislativas de ciudad de buenos aires, instalándose como una referencia de izquierda progresista a nivel nacional. La muerte de Néstor Kirchner en octubre de 2010 y todo el clima que se generó alrededor de su figura y del gobierno nacional, junto con la incapacidad de los sectores progresistas de articular una herramienta política con capacidad de disputar poder real, generaron una fractura hacia adentro de BDP-LS. La diputada nacional por Córdoba Cecilia Merchán se alejó en agosto de 2011 de la organización por diferencias políticas respecto de la caracterización realizada sobre el proyecto kirchnerista y sus panoramas. Por debajo, BDP-LS sufrió una sangría de militantes bastante importante, debilitando su construcción sociopolítica, pero continuó sosteniendo una estrategia frentista de centroizquierda, incorporándose en el 2011 al Frente Amplio Progresista conducido por Hermes Binner del Partido Socialista.

4. La trayectoria política de BPD 2003-2009

Como señalamos en los apartados anteriores, la trayectoria política de BDP evidencia varias cuestiones. En primer lugar, es claro que la organización desde sus inicios, ha desarrollado diferentes estrategias político partidarias con el objetivo de acumular fuerza política propia, que le permitiese participar activamente de la transformación de la realidad argentina. BDP fue producto de una decisión política de CPL, por entonces, cuando la organización vislumbró que los sectores populares eran el sujeto histórico que protagonizarían la resistencia al modelo neoliberal. Es decir, el surgimiento de BDP es primero político y después social. La magnitud de la crisis y del ciclo de movilizaciones sociales en el año 2002, favoreció que BDP capitalizara una parte importante de todo ese descontento social. A su vez, su capacidad de canalizar demandas y recursos, sus formas de organización interna y de movilización, y su relación con los gobiernos del periodo, permitieron que BDP se erigiera como uno de los principales actores políticos del periodo.

¿Era BDP la expresión territorial de CPL? ¿Era LS la expresión política de BPD? Sin importar qué fue primero, es claro que la dimensión política y la capacidad de construir representación política electoral fue un objetivo de BPD desde sus comienzos. La participación en armados electorales a través de CPL primero y de LS después, fue una dimensión fundamental del proceso de construcción de BDP. El balance, en términos de espacios de representación legislativa, fue magro en comparación con los partidos políticos tradicionales que continuaron hegemonizando este espacio. A su vez, sólo fueron eficaces aquellas tácticas donde lograba “colar” candidatos propios en las listas oficialistas. Y en estas tácticas, por más que se intentaban llevar adelante desde el espacio colectivo de la transversalidad, era la relación política directa con el entorno íntimo del Presidente, lo que garantizaba su éxito. Sin embargo, la participación de las campañas, aún sin candidatos propios, tenía su rédito en cuanto a la valoración que el gobierno realizaba de la organización, y la posibilidad a que “se le abran” más espacios en la gestión del Poder Ejecutivo. Y aquí el rol estratégico del gabinete piquetero como canalizador de la vinculación de la organización con el gobierno.

La participación de BDP dentro del armado político oficialista se inscribió dentro de la estrategia de aportar a la construcción de un “movimiento político de liberación”. El cual parecía, según BDP-CPL, estar encarnado en Néstor Kirchner y su convocatoria a la transversalidad. Esta estrategia mostró sus límites cuando la transversalidad dejó de ser un objetivo del propio gobierno, quién priorizó sus alianzas con el PJ y con sectores de la UCR. La falta de espacios de coordinación y articulación, colectivos, sistemáticos, y consolidados en el tiempo, evidenció la falta de voluntad del gobierno, por las razones que fueran, de dar posibilidades al armado de un espacio político propio por fuera de los partidos políticos tradicionales.

Sin embargo, la ausencia de espacios colectivos de participación le dio margen para mantener cierta autonomía con respecto al oficialismo. Su estrategia ondulante entre el apoyo y la crítica según el escenario político como pudimos observar en el desarrollo de este capítulo, caracterizó la trayectoria política de BDP durante el periodo analizado. Esta trayectoria política condicionó de diversas maneras el estilo de gestión de BDP en el territorio y en el Estado, cuestiones que serán abordadas por los siguientes capítulos.


  1. El 6 de octubre del 2000, el vicepresidente Carlos Álvarez presentó su renuncia acusando de corrupción al Gobierno de Fernando de la Rua, conformado por la Alianza en la UCR y el FREPASO. Con su renuncia la segunda fuerza se retiró del gobierno, precipitando la crisis política que desembocaría en el estallido social de diciembre de 2001.
  2. Recordemos que la elección presidencial de 2003 tuvo como ganador a Néstor Kirchner que había acumulado un 22.24% de los votos a nivel nacional, luego de que Carlos Menem, el ganador de la primera vuelta con un 24.4 %, decidiera bajar su candidatura para la segunda vuelta electoral.
  3. Según datos oficiales publicados, la evolución del gasto en educación pasó de representar el 3,9 % del PBI en 2003, al 6,5% en 2009; el gasto en Salud pasó de representar el 4,5% en 2002 al 5,1% en 2007.
  4. Según Etchemendy, S. y Collier, R.B. (2008), entre los conflictos más relevantes se puede nombrar al caso del Hospital Garraham y a los gremios telefónicos.
  5. Recordemos que en el 2004 se produce la reunificación de la CGT en torno al referente del Movimiento de Trabajadores Argentino, Hugo Moyano, quién fuera uno de los referentes políticos de la “resistencia al neoliberalismo”. Primero como parte de un triunvirato y luego como Secretario General en 2005, Moyano fue un actor estratégico en la relación del gobierno con los trabajadores.
  6. Cabe aclarar que la relación entre estos actores cambió rotundamente con el nuevo escenario económico post 2011 y con la muerte de Néstor Kirchner, principal articulador de la relación del gobierno de Cristina Fernández y Hugo Moyano. A su vez, en 2012 la CGT se vuelve a partir, lo cual evidencia según Marticorena (2013) las dificultades del sindicalismo peronista para reposicionarse con respecto a los límites de la política laboral del kirchnerismo.
  7. La ley de Financiamiento educativo de 2005 y la ley General de Educación revalorizaron el trabajo docente y el rol de la educación dentro del modelo de desarrollo.
  8. Cristina Fernández obtuvo el 58% de los votos en 19 provincias del Interior del país, y el 40% en Santa Fe, Córdoba, Mendoza, Provincia y ciudad de Buenos Aires, siendo mucho menor el porcentaje de votos en las ciudades capitales de estos distritos electorales (Zelaznik, 2011).
  9. La Resolución del Ministerio de Economía Nº 125, fue firmada en el año 2008, y establecía la implementación de retenciones móviles sobre las exportaciones de granos y oleaginosas; la medida fue resistida por los sectores del agro.
  10. En la elección nacional de 2003 hubo una participación del 78.21% del padrón electoral, y el voto blanco obtuvo únicamente 0.99% de los votos.
  11. “Con el teléfono abierto al piquete” Nota Vales y Piqué, en Diario Página 12 del 2/11/2003 goo.gl/i3cBhW.
  12. En la IV Cumbre de las Américas, que tuvo lugar en la Ciudad de Mar del Plata, los gobiernos de la región, Argentina, Brasil y Venezuela dieron por tierra las pretensiones de Estados Unidos de establecer una zona de Libre Comercio (ALCA) en América del Sur. Esta cumbre fue acompañada por una Contra cumbre denominada De los Pueblos, donde participaron organizaciones sociopolíticas de toda la región, acompañadas por los gobiernos de estos países.
  13. Nos referimos al pedido de perdón por parte del Estado por los crímenes de Lesa Humanidad cometidos durante la última dictadura militar.
  14. De hecho, fue el candidato a vicepresidente de la elección nacional de 1999 junto con Reyna en el Frente para la Resistencia.
  15. El Frente Transversal Nacional y Popular es una organización sociopolítica creada en el año 2003 por el entonces dirigente sindical Edgardo De Petris, vinculado a la CTA.
  16. Ver Natalucci (2012) “Los movimentistas. Expectativas y desafíos del Movimiento Evita en el espacio kirchnerista (2003-2010)”.
  17. Participaron la ministra de Desarrollo Social y el Ministro de Trabajo de la Nación, y el secretario de la Presidencia, quién se había constituido en el canal de comunicación con estas organizaciones. Este tema será ampliado en el próximo apartado.
  18. “Asambleas de organizaciones” Nota en Diario Página 12 del 20/06/2004 goo.gl/aFQc86.
  19. Como Miguel Bonasso del Peronismo Revolucionario, el Barba Gutierrez dirigente sindical de la UOM y referente del Polo Social, Eduardo Jozami y Mary Sánchez referentes de la CTA y del FREPASO.
  20. La Provincia de Buenos Aires concentra el 37.30% de los votos a nivel nacional, por lo que su importancia estratégica en la configuración política nacional es evidente.
  21. Para un análisis del estilo de gestión de este programa véase Gradin (2013).
  22. Este aspecto será desarrollado en mayor profundidad en el capítulo IV de este libro.
  23. “Los piqueteros K sean unidos” Nota de Miguel Jorquera en Diario Página 12 del 28/04/2006 goo.gl/ekVJVL.
  24. Nos referimos al proceso político de la Ciudad de Buenos Aires, donde el kirchnerismo no apoyó la candidatura de Jorge Telerman como Jefe de Gobierno, aun cuando estaba acompañado por vastos sectores progresistas que formaban parte de la transversalidad. Esto construye un escenario de dispersión del voto, donde la centro-derecha a través de la candidatura de Mauricio Macri gana la Ciudad de Buenos Aires.
  25. Datos obtenidos a partir de las entrevistas realizadas y del análisis de los principales Diarios Nacionales.
  26. En las elecciones de 2007, Néstor Kirchner le ofrece ser candidata a Diputada Nacional a Victoria Donda, Hija de desaparecidos que unos años antes había recobrado su identidad, y quien era militante de CPL y LS desde hacía mucho tiempo. Según relatan los entrevistados, Kirchner le “dio ese lugar a la Vicky por ser Hija, pensando que la iban a poder controlar.” (Entrevista Nº5). Sin embargo, su pertenencia política primó por sobre la relación con Kirchner.
  27. En la provincia de Córdoba BDP-LS se incorporó al espacio progresista Kirchnerista no PJ de Luis Juez y llevó a Checha Merchán como candidata a Diputada Nacional.
  28. “Un piquetero renunció al gobierno nacional y repartió culpas” Nota en el Diario Clarín del 18/09/2007 goo.gl/xtLfoS.
  29. Las cuatro cámaras patronales (SRA, CRA, FAA y CONINAGRO) constituyeron una “Mesa de Enlace”, unificando su posición frente a la política del gobierno, y llevando adelante una estrategia conjunta de lucha para impedir que la Resolución entrara en vigencia. El despliegue que la Mesa de Enlace logró en todo el país fue inédito: se cortaron rutas nacionales y provinciales, se derramaron miles de litros de leche y se destruyó cosecha, en el punto más crítico buena parte del interior del país sufrió desabastecimiento de diversos insumos. Además de estas acciones que le acrecentaron su poder, el apoyo de buena parte de los sectores medios urbanos, no vinculados al reclamo específico de lo que implicaba la resolución 125, se convirtió en un recurso de poder notable para el sector patronal agrario. Así, el 25 de marzo de 2008, luego de un discurso de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner defendiendo la medida, se produjeron manifestaciones en diversas ciudades del país, apoyando a la Mesa de Enlace, y con un fuerte tono opositor al gobierno (CITAS). El 14 y el 16 de junio se realizaron nuevos “cacerolazos”, donde ya podía notarse el apoyo de diversos partidos políticos, incluso de sectores de izquierda, mientras el desabastecimiento se transformaba en un problema cada vez más grave. Mientras, el oficialismo también apeló a la ocupación del espacio público y convocó a marchas de apoyo en la Plaza de Mayo. Cuando la situación tomó estado parlamentario, y antes de su rechazo en el Senado el día 16 de julio, el gobierno realizó una marcha en la Plaza de los dos Congresos, mientras que la Mesa de Enlace, efectuó una concentración sobre la Avenida del Libertador en el barrio de Palermo, también en la Ciudad de Buenos Aires. La 125, quedó anulada por su falta de apoyo en el Congreso (aprobada en Diputados, pero rechazada en el Senado con el voto no positivo del entones Vicepresidente destruyendo la concertación plural) sin embargo un efecto notable, fue la capacidad de movilización que logró desplegar por parte de sectores que en algunos casos, nunca habían recurrido a la acción callejera, como herramienta política. El mayor logro de la Mesa de Enlace, fue justamente el de lograr galvanizar una alianza entre sectores propietarios de diversa extracción (medianos con grandes) y el apoyo de un importante sector de la clase media totalmente ajeno a los intereses específicos del “campo”, pero identificado por su rechazo al gobierno nacional, y quizás al peronismo en términos generales.
  30. Como señalamos en el capítulo anterior, para el año 2009 en nuestro país se comenzó a hacer visible el impacto de la crisis financiera internacional en nuestra economía. La desaceleración económica se expresó principalmente en el estancamiento de la creación de empleos, y el aumento sostenido de precios a partir de 2007. Según Bertranou, Casanova y Jiménez (2011) entre el cuarto trimestre de 2008 y el segundo de 2009, se perdieron en términos desestacionalizados, aproximadamente, 100 mil puestos de trabajo formales.
  31. La secretaría del Consejo Federal de Derechos Humanos tenía como objetivo coordinar las acciones necesarias para garantizar el funcionamiento del Consejo Federal. Junto con Humberto Tumini, se incorporaron 4 militantes en carácter de asesores.
  32. “Un cambio que se bifurca” Nota de Martín Piqué en el Diario Página 12 del 6/12/2008 goo.gl/8pvm5X.


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