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5 Los sindicatos contra la globalización[1]

Tras años de retrocesos para el movimiento obrero producto de la ofensiva neoliberal, las calles de Seattle a fines de 1999 sorpresivamente se colmaron de manifestantes. En este capítulo, abordamos la dinámica abierta a partir de estas movilizaciones a la Ronda de la OMC. Focalizamos en el papel de los sindicatos, las alianzas establecidas con organizaciones ambientalistas y estudiantiles, las demandas antiglobalización articuladas con otras experiencias de resistencia a nivel internacional y su posterior impacto en las discusiones sobre el ingreso de China a la OMC. Se profundiza en el accionar de los sindicatos para rechazar el status de PNTR para China, así como los efectos de su aprobación en su vínculo con el gobierno en el marco de las elecciones presidenciales.

La situación del sindicalismo norteamericano en los 90’

El sindicalismo estadounidense suele caracterizarse como business unionism, en tanto organización carente de democracia interna, basada en la colaboración con las patronales, con una fuerte integración al sistema político (evidenciado por ejemplo en sus prácticas de lobby y en su vínculo con el Partido Demócrata[2]) y donde los dirigentes suelen concebirse como empresarios dedicados a la venta de la fuerza de trabajo de sus afiliados (Moody, 1988; Moody y Post, 2015; Pozzi y Nigra, 2009).

En este sentido, una de las primeras preguntas que estructuran este capítulo remite a cómo un movimiento sindical tan golpeado por las políticas neoliberales pudo resultar una amenaza para el proyecto impulsado desde el Estado y las corporaciones empresarias de ingreso de China a la OMC.

Para abordar esta problemática, primero resulta necesario realizar una breve historización de la situación del movimiento obrero norteamericano. Las décadas de los 60 y 70 estuvieron signadas por el alza de la lucha de clases a nivel nacional e internacional, cuya respuesta fue la ofensiva neoliberal desplegada en Estados Unidos principalmente a partir del gobierno de Reagan (Harvey, 2015). Tras ciertas derrotas en conflictos significativos (como por ejemplo, el de los controladores aéreos en 1981), se desarrolló un fuerte retroceso en la cantidad de afiliados a los sindicatos, una disminución de los paros y acciones de protesta, una importante caída del salario real y un cambio en las condiciones de trabajo y procesos productivos tendientes a adoptar un método toyotista de lean manufacturing (Moody, 2012).

Estos elementos fueron acompañados de un proceso de desindustrialización producto de la deslocalización de capitales que generó una caída del empleo manufacturero. En esta línea, aumentó la precarización y flexibilización laboral y hubo un crecimiento de ocupación en el sector de servicios y en trabajos de reproducción social. Este proceso trajo aparejado un cambio en la composición étnica-racial de la clase (siendo cada vez más diversa) y un fuerte aumento de la desigualdad social (Moody, 2017).

Estas transformaciones en la clase obrera no implicaron una caída total de la conflictividad laboral, aunque sí una crisis para la dirigencia sindical. Durante los primeros años de la década del 90, la aprobación del NAFTA, el fallido intento de reforma del sistema de salud y la victoria del Partido Republicano en las elecciones parlamentarias de 1994, generaron un clima favorable para un cambio en la conducción de la AFL-CIO (Fletcher y Gapasin, 2008). En el congreso de la central sindical en 1995 fue derrotado Lane Kirkland (quien presidía desde 1979) por John Sweeney, dirigente del Service Employees International Union (SEIU), evidenciando también un crecimiento del peso de los trabajadores estatales y de servicios dentro de la federación (Dudzic y Reed, 2015; Fantasia y Voss, 2004).

La fracción de Sweeney conocida como The New Voice se diferenció en ciertas cuestiones respecto a la “vieja guardia sindical”. La principal política desarrollada por Kirkland tenía como objetivo el regreso de los demócratas a la Casa Blanca y su control sobre el Congreso. Durante la década del 80 creció ampliamente el financiamiento electoral de la AFL-CIO al Partido Demócrata de la mano de un implícito apoyo a las “reglas de juego” del neoliberalismo (I. Robinson, 2016). Esta política, junto con las transformaciones anteriormente mencionadas, trajo aparejada una fuerte caída en la tasa de sindicalización: en 1982 era del 20% llegando a 14,9% en el 1995[3]. Sweeney tuvo como principal objetivo revertir esta situación de la mano de una política de mayor integración de mujeres[4], disidencias, afrodescendientes y migrantes[5] (S. Cohen, 2006; Moody, 2017).

A su vez, la nueva dirigencia asumió prometiendo independencia política en materia de política exterior diferenciándose de la actitud de la AFL-CIO bajo la dirección de Kirkland donde primó un fuerte sesgo anticomunista y apoyo a los gobiernos de turno en el marco de la Guerra Fría (Fletcher y Gapasin, 2008). Este cambio de orientación se expresó en el desarrollo de una política de rechazo al NAFTA evidenciada en la campaña contra la renovación del fast-track en 1997. Allí la AFL-CIO se mostró renovada, aliándose con otros sectores (principalmente ambientalistas) y desplegando un fuerte lobby para capitalizar los esfuerzos desarrollados en la campaña electoral en 1996 (Shoch, 2001).

Si bien esta nueva dirigencia tuvo contacto con cierta militancia de base más progresista, mantuvo los métodos y vínculos propios del sindicalismo empresario y la mayoría de los miembros del Consejo Ejecutivo continuaron en sus cargos. “La elección de Sweeney tuvo más elementos de continuidad que de ruptura. Sin embargo, era al mismo tiempo una manifestación de los problemas del sindicalismo y de la burocracia norteamericana para mantener un esquema que no funcionaba” (Pozzi y Nigra, 2009, p. 115).

Otro de los puntos de la señalada continuidad, refiere al vínculo que sostuvo Sweeney con el Partido Demócrata teniendo el movimiento sindical un importante peso en el financiamiento electoral (Halpern, 2003; Shoch, 2001). Aunque debe señalarse que se desarrollaron elementos novedosos: en este contexto se conformó en 1996 un nuevo partido político laborista (Brecher y Costello, 1996; Halpern, 2003). Esta fue una iniciativa de varios sindicalistas de tradición socialdemócrata y contó con una participación considerable. Por ejemplo, en la segunda convención del Partido Laborista estuvieron presentes 1400 delegados representando un millón de trabajadores y contó con la palabra de los presidentes de los sindicatos de Steelworkers, Mine Workers, Oil, Chemical, and Atomic Workers (OCAW) y United Electrical Workers (Halpern, 2003, p. 185).

Sin embargo, los esfuerzos de su conducción por no romper con la conducción de la AFL-CIO los llevó a un callejón sin salida, o sea a apoyar al Partido Demócrata, para gran decepción de muchos de sus afiliados. Sin embargo, el hecho de que la burocracia reformista sintiera la necesidad de fundarlo reflejaba que había mar de fondo en el sindicalismo norteamericano (Pozzi y Nigra, 2009, p. 115).

Esto se debe a que si bien continuaban en la mayoría de los sindicatos las prácticas de cooperación con las patronales y de falta democracia interna, existía una creciente militancia de base (Moody, 2012). En ese marco, durante la década del 90, se destacaron especialmente dos conflictos que resultaron victoriosos: la huelga de los trabajadores de UPS en 1997 y de General Motors en 1998[6]. El reclamo contra la contratación part-time y con bajos salarios llevado a cabo por Teamsters contra UPS y de la United Auto Workers contra política de subcontratación de GM pusieron de manifiesto las condiciones de trabajo de muchos trabajadores en los años 90. La primera principalmente fue bien recibida en la opinión pública, generó un nuevo clima para la organización sindical y la actividad huelguística y tuvo un impacto en la conciencia (S. Cohen, 2006; Halpern, 2003; Moody, 2017).

En ese marco, comenzó a tener más presencia la idea de la construcción de un “sindicalismo de movimiento social”[7] que vio su expresión en el fenómeno de la Batalla de Seattle. La AFL-CIO llegó, por lo tanto, a las jornadas de 1999, en el marco de transformaciones en la clase obrera, una imperiosa necesidad de revertir la caída en la tasa de sindicalización, con fuertes presiones por abajo y una serie de conflictos precedentes: huelgas exitosas y experiencias de rechazo a políticas de libre comercio anteriores.

Los sindicatos en la Batalla de Seattle

Si bien era de público conocimiento[8] la convocatoria a la movilización a la Ronda de Seattle, su masividad, la violencia en las calles y sus efectos fueron sorpresivos y generaron un fuerte impacto. El 30 de noviembre de 1999 comenzó la llamada “Batalla de Seattle” donde se estima que participaron 50.000 personas principalmente trabajadores, estudiantes, organizaciones ambientalistas, de derechos humanos, feministas y militantes de izquierda. Esta alianza fue a su vez construida de manera internacional, contando con presencia de representantes de otros países en la movilización y repercusiones en el mundo entero de las imágenes de las protestas bajo el lema “Shut down the WTO”.

Este movimiento antiglobalización fue ampliamente estudiado. Los principales ejes de los análisis refirieron a sus características, alcances y límites. Algunos señalaron que la Batalla de Seattle mostró un nuevo movimiento, más plural y diversificado (Gill, 2000; Seoane y Taddei, 2001) incluso muchos caracterizaron la existencia de un nuevo sujeto social y un nuevo tipo de protesta social de carácter global (Adamovsky, 2000; Della Porta y Tarrow, 2005; J. Smith, 2001; Tarrow, 2005). En este sentido, otros autores enfatizaron en el componente juvenil de las movilizaciones, mostrando el desarrollo de una nueva camada de militantes (Burbach et al., 2001; Gambina, 2001). Por otra parte, están quienes advirtieron ciertas diferencias respecto al carácter plural del movimiento, señalando prácticas racistas y la existencia de una amplia mayoría blanca en las movilizaciones (Martinez, 2000; Starr, 2003). Mientras que otros matizaron la singularidad del fenómeno e inscribieron el movimiento de Seattle en una tradición histórica más amplia de luchas antisistémicas coordinadas a nivel internacional (Broad y Heckscher, 2003; Wilkin, 2000).

En lo que aquí respecta, proponemos focalizar el análisis en el accionar de los sindicatos. La principal demanda de la AFL-CIO en el marco de la movilización fue la organización de un grupo de trabajo al interior de la OMC que estableciera estándares laborales y capacidad de sanción para los países que no los cumplieran[9]. Esta instancia le permitiría a la dirigencia sindical entrar en la discusión del organismo internacional y tener su propio lugar de poder. En palabras de Sweeney: “All we were saying is that we want a seat at the table[10].

Esta pelea por imponer estándares laborales venía siendo un punto de la agenda de la AFL-CIO, logrando establecer en la OIT la “Declaración relativa a los principios y derechos fundamentales en el trabajo” en 1998 (Coxson, 1999). Incluso mientras se desarrollaban las reuniones organizativas previas a la cumbre en Seattle[11], Sweeney firmó una carta en conjunto con varios empresarios apoyando la agenda de Clinton de cara a la OMC argumentando que allí aparecía la necesidad de conformar un grupo para evaluar estándares laborales. Esto le valió la crítica de varios activistas y sindicatos especialmente de Teamsters y UAW (Moody, 1999). A la vez, como varios autores han señalado, esta posición de reformar la OMC y no rechazarla o boicotearla se distanciaba de los sectores más radicalizados del movimiento antiglobalización que colmó las calles de Seattle (S. Cohen, 2006; Fletcher y Gapasin, 2008; Levi y Murphy, 2006; Levi y Olson, 2000). Así mismo, los métodos de acción directa y desobediencia civil empleados por organizaciones como Direct Action Network (una de las principales organizadoras de la “Batalla de Seattle”) no eran apoyadas por la AFL-CIO (Levi y Murphy, 2006).

Incluso hubo un intento por parte de la dirigencia de la AFL-CIO de separar al movimiento obrero del resto de los manifestantes (S. Cohen, 2006; Moody, 2000). La columna de los sindicatos ocupó las calles horas después que el resto demorados por un acto realizado en el Memorial Stadium junto con organizaciones ambientalistas como Sierra Club y representantes de trabajadores de distintas partes del mundo. Allí se estima que participaron 20.000 personas y en los discursos predominaron las posiciones de reforma de las “reglas del sistema” y críticas al poder de las grandes corporaciones, mientras otras intervenciones fueron en un tono más proteccionista[12].

Pese a que luego del acto, la dirigencia sindical organizó su columna en la marcha para evitar llegar a la zona de mayor enfrentamiento entre manifestantes y la policía, un significativo número de trabajadores se sumó a la “desobediencia civil” de primera línea de las protestas (S. Cohen, 2006; Levi y Murphy, 2006). En este sentido, se observa con más claridad que el movimiento obrero no era homogéneo ni un actor unitario. Ciertos sindicatos de sectores más afectados por las políticas de libre comercio como Teamsters, United Auto Workers, United Steelworkers o UNITE (Union of Needletrades, Industrial and Textile Employees) pretendían desarrollar una estrategia más agresiva[13] e incluso ciertos dirigentes locales propusieron convocar a una huelga general[14]. Dentro de los sindicatos, tanto entre los afiliados como entre los distintos niveles de la dirigencia sindical, había discusiones sobre las posiciones a adoptar (reforma o rechazo de la OMC, proteccionismo) como de las medidas de lucha a desarrollar.

Pese a las diferencias y con la experiencia previa de campañas como la del rechazo al NAFTA y al Multilateral Agreement on Investment, se logró establecer una coalición que años atrás parecía impensada. Las imágenes de trabajadores y ambientalistas sintetizadas en la famosa “Teamsters and Turtles, Together At Last” y los cantos en conjunto “Whose Streets? Our Streets!” “Ain’t no power like the power of the people” fueron el corolario de esa alianza internacional que logró boicotear la conferencia inaugural de la OMC imposibilitando el acceso de los delegados y que mantuvo las protestas durante varios días, hasta el 3 de diciembre.

La respuesta estatal a la movilización social fue doble, incluso hay quienes hablan de una “jugada a dos puntas” por parte de Clinton (Tabb, 2001). Por un lado, una brutal represión que fue comparada en la prensa con las acciones contra las manifestaciones contra la Guerra de Vietnam y por los derechos civiles durante los años 60 y 70[15]. Por otro lado, hubo un intento de dividir al movimiento, demonizando a un sector categorizado de violento y anarquista, a la vez que se reconocían y apropiaban ciertos reclamos. Clinton mantuvo una reunión con Sweeney de la AFL-CIO[16] y tomó la demanda del movimiento sindical respecto a la creación de una comisión de la OMC para elaborar estándares laborales y ambientales[17].

Esta posición trabó la discusión al interior del organismo. El rechazo de los mandatarios de países periféricos por el miedo a posibles sanciones al no ajustarse a esos estándares, sumado a la negativa por parte de los países europeos de discutir los subsidios a la agricultura[18] llevaron a que tampoco haya consenso sobre la agenda a trabajar en la Ronda de Seattle y las negociaciones terminen fracasando. A partir de esta situación, ciertos autores (Burbach et al., 2001) señalan que se expresaron quiebres dentro de la “elite global” manifestadas en las críticas de Joseph Stiglitz[19] quien hasta noviembre de 1999 ocupaba el cargo de presidente del Banco Mundial y manifestó la necesidad de terminar con la hipocresía y discutir las preocupaciones de los países subdesarrollados[20].

Clinton, en este marco, se mostró más interesado en la política doméstica y no perder el apoyo electoral de trabajadores y ambientalistas a la candidatura de Gore, antes que profundizar una agenda de liberalización comercial y acuerdos internacionales[21]. Si bien Clinton logró así mantener el vínculo con esos sectores[22], la Batalla de Seattle fue leída como un triunfo muy importante para el movimiento antiglobalización y, por lo tanto, salieron fortalecidos de cara a la siguiente disputa: la votación en el Congreso del status PNTR para China.

La campaña de cara a la votación de PNTR para China

El movimiento antiglobalización luego de Seattle se enfrentó a una fuerte campaña por parte de las grandes corporaciones empresarias y el gobierno por el ingreso de China a la OMC. La intervención de los sindicatos, en conjunto con organizaciones ecologistas, de derechos humanos y estudiantiles contra el PNTR para China, tomó como principal consigna “no blank check for China” haciendo referencia al escrutinio que implicaba mantener la renovación anual de MFN. Los argumentos esgrimidos en la campaña estuvieron principalmente vinculados con la potencial pérdida de puestos trabajo, el aumento del déficit comercial, la violación a los derechos humanos y laborales y con ello la dificultad para el establecimiento de los estándares laborales y ambientales en la OMC una vez que el gigante asiático adquiera el carácter de miembro del organismo[23]. Las referencias a la Batalla de Seattle[24] y la comparación con el NAFTA[25] fueron recurrentes en las distintas intervenciones, así como las menciones a la consolidación de una alianza “no tradicional” entre sindicalistas y ecologistas a partir de esas experiencias de lucha previas[26].

Cartas y llamados telefónicos a los legisladores, actos y movilizaciones, campaña publicitaria en televisión y prensa escrita y dinero vía lobby fueron las principales acciones de presión llevadas a cabo[27]. A la vez, dos movilizaciones fueron acompañadas por la AFL-CIO con reclamos contra el ingreso de China a la OMC: la de Jubileo 2000 el 9 de abril y la movilización a las oficinas del FMI y Banco Mundial el 16 de abril[28]. En ambas confluyeron los distintos sectores del movimiento antiglobalización y la central sindical convocó a manifestarse el 12 de abril al Capitolio explícitamente por el rechazo del status de PNTR a China[29].

La campaña apuntó especialmente a los congresales demócratas con la amenaza de quitarles apoyo electoral[30]. Los esfuerzos estuvieron centrados en la Cámara de Representantes entendiendo que en Senado la aprobación estaba garantizada. Los miembros del Congreso que tuvieron un rol activo en la campaña en contra de la aprobación de la ley y participaron en las acciones convocadas por los sindicatos fueron Nancy Pelosi (Demócrata-California), Marcy Kaptur (Demócrata-Ohio) y David Bonior (Demócrata- Michigan) aunque contó también con el apoyo de ciertos republicanos. Sin embargo, el dinero gastado por los sindicatos durante la campaña fue abrumadoramente menor al aportado por las grandes corporaciones empresarias:

The business donations massively outstripped those of labor during the campaign. The $58 million in donations of the membership of just one business association, the Business Roundtable, overshadowed those of all labor unions by nearly 2 to 1. Unions gave $31 million in PAC, soft money and individual contributions over the same period according to the Center for Responsive Politics. Amplifying this trend, labor was outspent 11. 5 to 1 by members of the Business Roundtable in soft money donations in the month of May, when China PNTR came to its crucial vote in the House, with Business Roundtable members giving $805,000 in soft money to labor unions’ $70,000.[31]

Las desventajas, sin embargo, no eran sólo monetarias para los sindicatos y las organizaciones que rechazaban el PNTR. Frente a una alianza poderosa como la del gobierno, corporaciones y los republicanos, también deben destacarse debilidades internas de quienes se oponían.

Las acciones del movimiento sindical fueron encabezadas por los mismos sindicatos que tuvieron especial protagonismo en la Batalla de Seattle: Teamsters, United Auto Workers, United Steelworkers y UNITE[32]. Si bien se trataba de sindicatos poderosos numérica y políticamente, el movimiento obrero no se encontraba unificado[33] en esta pelea contra el ingreso de China a la OMC, especialmente los sindicatos del sector público y servicios adoptaron una actitud más indiferente (Shoch, 2001) al igual que los trabajadores de las empresas tecnológicas y de telecomunicaciones[34].

En los documentos de los sindicatos más activos puede observarse un constante discurso anti-china, basado en la denuncia del gigante asiático como país comunista que viola los derechos humanos y especialmente los derechos de los trabajadores[35]. Se observa una continuidad, en ese sentido, con la fuerte tradición anticomunista de la dirigencia sindical norteamericana. Por esto, muchos autores analizaron la campaña de la AFL-CIO contra el ingreso de China a la OMC como racista y como un paso atrás en la búsqueda de construir un movimiento antiglobalización internacional ya que perpetuaba un discurso propio de la Guerra Fría (Fletcher y Gapasin, 2008; Hart-Landsberg, 2013; Wong y Bernard, 2000). Sin embargo, también se registran importantes denuncias a las corporaciones por el millonario gasto en lobby para la aprobación de la ley y por su accionar abusivo al aprovechar la mano de obra barata china[36]. Es por esto que otros autores la consideraron una campaña acertada, en tanto puso sobre la mesa los efectos para los trabajadores estadounidenses del ingreso de China a la OMC y permitió enviar un fuerte mensaje a las corporaciones empresarias y al gobierno (Levinson y Lee, 2000).

En este sentido pueden analizarse las declaraciones una vez aprobado el status de PNTR para China en el Congreso. Cuando la ley pasó la votación en House of Representatives, Sweeney denunció que el dilema en el Congreso fue entre quienes votaban a conciencia y quienes lo hacían por el dinero corporativo y expresó “tristeza” ante la actitud del presidente por no desarrollar políticas a favor de las familias trabajadoras que lo votaron[37]. A su vez, desde la AFL-CIO señalaron que la alianza de Seattle se consolidó y que la inclusión de la enmienda propuesta por Levin (que implicaba una comisión de seguimiento sobre la situación de los derechos humanos en China) aunque la consideraban insuficiente mostraba que “a trade bill cannot be passed in Congress anymore unless it addresses human rights and workers’ rights[38]. Luego, con la aprobación en el senado, la AFL-CIO sostuvo: “Congress chose corporate profits and cheap labor over human and workers’ rights”[39].

La aprobación de PNTR para China tuvo su impacto en el marco del año electoral debilitando la relación entre el movimiento obrero y el Partido Demócrata[40]. Muchos dirigentes sindicales mostraban preocupación por la dificultad de convocar a los trabajadores a votar por Gore cuando éste los enfrentaba en la principal campaña legislativa llevada adelante[41]. La dirigencia de la AFL-CIO ya había dado su apoyo a la candidatura de Gore y pretendió separar su accionar del de Clinton en pos de no quebrar ese vínculo[42]. Sweeney argumentó:

This was clearly the president ‘s bill. He [Gore] did very little lobbying. Al Gore stands on his commitment he made to the AFL-CIO convention that he will strive to include core labor standards, human rights standards and environmental protections in any trade agreement.[43]

Sin embargo, otros sindicatos protestaron por esta actitud de apoyo anticipada a la candidatura de Gore e incluso algunos se negaron en un primer momento a dar su respaldo (Yates, 2000). Por su parte, James P. Hoffa, presidente de Teamsters Union, sostuvo:

The American labor movement is also faced with a choice. We can continue to do business as usual, supporting candidates who vote with us “most of the time,” or we can demand accountability by giving grassroots and monetary electoral support to candidates who stand up for working families when it matters most.[44]

Si bien hubo ciertos acercamientos con el candidato conservador Patrick J. Buchanan del Reform Party que rechazaba el PNTR para China[45], meses después el sindicato de los camioneros dio su apoyo electoral a Gore[46].

Con un tono aún más fuerte, la UAW (United Auto Workers) en un comunicado criticó a Gore por el apoyo al ingreso de China a la OMC y sostuvo:

America’s working families need and deserve a president they can count on to stand with them on their tough issues, not just the easy ones. That’s why we have no choice but to actively explore alternatives to the two major political parties. It’s time to forget about party labels and instead focus on supporting candidates, such as Ralph Nader, who will take a stand based on what is right, not what big money dictates. Supporting those who support us is our political agenda, not just a slogan. [47]

La amenaza de respaldar a otros candidatos muestra el nivel de rechazo de un sector del sindicalismo a la “China bill”. Finalmente, al igual que lo hizo el sindicato de los camioneros, la UAW terminó apoyando a Gore, en ambos casos más cerca de la fecha de votación[48]. El hecho de que la mayoría de los votos para la aprobación del PNTR fuesen de republicanos y la posibilidad de un triunfo de Bush[49] permitía a la cúpula de la AFL-CIO sostener el respaldo a Gore. Sin embargo, varios legisladores que aspiraban a renovar sus bancas en las elecciones perdieron el financiamiento por parte de los sindicatos anteriormente mencionados[50]. En ese plano, se terminó expresando las divisiones al interior del sindicalismo y sus tensiones con el Partido Demócrata generadas por la aprobación de PNTR para China.

En una elección tan reñida como lo fue la del año 2000 en Estados Unidos, bajo un sistema fuertemente bipartidista y con voto optativo, no es posible subestimar la importancia del apoyo sindical capaz de movilizar recursos, pero sobre todo incentivar a los trabajadores a ir a votar. Esto lo tenía claro tanto el gobierno como las corporaciones empresarias. En ese sentido, se comprenden las declaraciones de Thomas J. Donohue, presidente de United States Chamber of Commerce:

Anybody who stands up and says, ‘We won this thing by a couple of votes and therefore labor is weak,’ they don’t know how to count. Labor has a lot of money. Labor has a lot of forces on the ground. Anyone who wants to declare them weak, just look out for the next fight.[51]

La próxima batalla claramente era la electoral y el triunfo de Bush puso fin a un ciclo en la política norteamericana.

Conclusiones del capítulo

El impacto de la represión, la victoria electoral de Bush y los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001 explican la desarticulación del movimiento antiglobalización que vio su máxima expresión en Seattle (Hadden y Tarrow, 2007). Si bien estos factores fueron determinantes, entendemos que debe incluirse la derrota previa que significó la aprobación del PNTR para China y las implicancias que tuvo orientar los esfuerzos del movimiento antiglobalización en ese frente.

Para ello es importante tener en cuenta el papel y los intereses de la dirigencia sindical. Por un lado, la presión desde las bases y la revitalización de la militancia sindical impulsaban a las direcciones a desarrollar y participar de medidas de protesta como lo fue la Batalla de Seattle o el compromiso asumido en la disputa contra PNTR para China. A la vez, la búsqueda por aumentar la cantidad de afiliados, y con ello de poder tanto político como monetario, obligaba a la dirigencia a posicionarse contra los tratados de libre comercio que estimulaban la relocalización de capitales y, por ende, la pérdida de puestos de trabajo. La intención de “sentarse en la mesa” e imponer estándares laborales implicaba, a su vez, conseguir un nuevo espacio de poder para negociar estas cuestiones.

Sin embargo, toda burocracia sindical no sólo se vale de la cantidad de afiliados y del apoyo de sus bases, sino también y principalmente de su vínculo con el Estado. En el caso de Estados Unidos, el sindicalismo empresario se encuentra fuertemente asociado con el Partido Demócrata participando de sus listas y para quien resulta garante de votos y financiamiento electoral. La derrota en las elecciones implicaba para la dirigencia sindical perder a su vez, su relación estrecha con el gobierno y su capacidad de influir u ocupar cargos en el poder. Por ello, si bien la amenaza de desfinanciar al Partido Demócrata de cara a las elecciones y no brindar todos sus esfuerzos en la movilización de los votantes trabajadores era fuerte para el gobierno, también lo eran las consecuencias de una derrota electoral para la dirigencia sindical.

En este sentido, se comprende que la derrota del sindicalismo con la aprobación de PNTR para China no sólo fue producto de sus divisiones y debilidades internas. El fenómeno puede entenderse desde la propia dinámica de mediación que realiza toda burocracia sindical[52]. Terminó primando para la dirigencia sindical su interés de perpetuar un gobierno demócrata, pese a la subordinación del programa neoliberal de los New Democrats. El desarrollo de una fuerte campaña contra el ingreso de China a la OMC evidenciaba los intentos de contener el descontento de las bases y direccionarlo hacia un contenido principalmente anti-china (demonizando por comunista al país asiático) y no antiglobalización. Esta actitud favoreció al poderoso enemigo que se enfrentaba: la alianza entre el gobierno, los republicanos y las grandes corporaciones empresarias que también se afianzó por el miedo que generaron los miles en las calles de Seattle.

La derrota en el Congreso con la aprobación de PNTR y la victoria de Bush evidenciaron los problemas de la estrategia desarrollada por la AFL-CIO lo cual afectó al movimiento antiglobalización que terminó fragmentándose a nivel nacional. Sin embargo, no debe olvidarse el impacto que tuvo la Batalla de Seattle para el desarrollo de procesos de movilización en otras partes del mundo, a la vez que se constituyó como un imaginario que perduró y fue retomado posteriormente por otros movimientos de lucha como lo fue, por ejemplo, Occupy Wall Street. La Batalla de Seattle puso de manifiesto la vulnerabilidad del proceso de globalización: mostró que no se trataba de una fuerza de la natural, sino de una lucha concreta (Moody, 2000). En la masividad de las protestas contra la globalización en la Ronda de la OMC podemos rastrear las primeras expresiones de los problemas de legitimación a nivel doméstico que conlleva el fenómeno de la internacionalización y deslocalización de los capitales. Derrotar al movimiento antiglobalización con más globalización mediante el ingreso de China a la OMC, generó en el largo plazo, más contradicciones.


  1. Una versión parcial y anterior de este capítulo fue publicada como artículo: Gluj (2022).
  2. Excede al presente trabajo la reconstrucción de esta relación histórica con el Partido Demócrata, al respecto véase el análisis de Davis (2005).
  3. Fuente: US Bureau of Labor Statistics.
  4. Fue destacada la incorporación de Linda Chávez-Thompson como vicepresidenta de la AFL-CIO, siendo la primera mujer y primera latina en acceder a uno de los altos puestos de la central sindical.
  5. Se desarrolló una postura pragmática al respecto, dejando de condenar junto con los empleadores a los trabajadores migrantes indocumentados y, en cambio, se los comenzó a aceptar en los sindicatos.
  6. Ambos conflictos y su impacto fueron incluso destacados en un informe del Departamento de Trabajo (Rao, 2000).
  7. El debate teórico-político respecto al sindicalismo de movimiento social parte de la caracterización de una revitalización de los sindicatos y la necesidad de superar la perspectiva del sindicalismo corporativo fortaleciendo la democracia interna y los lazos de solidaridad con otros sectores a nivel nacional e internacional (Frege y Kelly, 2004, 2016; Moody, 1997; Waterman, 2001; Fairbrother y Yates, 2003; L. Turner et al., 2001). Excede al presente trabajo hacer un análisis detallado de los distintos aportes y matices al respecto. Con esa finalidad puede consultarse el estudio crítico elaborado por Paula Varela (2016).
  8. En la prensa escrita ya aparecía la convocatoria, véase por ejemplo: Greenhouse, S., “Trade Pacts Must Safeguard Workers, Union Chief Says”, New York Times, 20/11/1999; Kahn, J., “Global Trade Forum Reflects A Burst Of Conflict and Hope”, New York Times, 28/11/1999; Burgess, J. “WTO to meet as protesters rally forces; trade talks to open without an agenda”, The Washington Post, 29/11/1999.
  9. AFL-CIO, “Justice in the Global Economy”, 04/08/1999, disponible en: https://aflcio.org/about/leadership/statements/justice-global-economy
  10. Palabras de J. Sweeney citadas en McGrory, M. “Labor’s Battle in Seattle”, The Washington Post, 02/12/1999.
  11. Estas fueron protagonizadas por sindicatos y dirigentes locales, pero también contó con la presencia de dirigentes de la AFL-CIO enviados especialmente a Seattle. Desde allí también se desarrollaron reuniones de coordinación con otros sectores. Véase: entrevistas a Martha Baskin, Ron Judd, Bob Hasegawa y Richard Feldman, recuperadas de WTO History Project.
  12. Véase: Howe Verhovek, S.y Greenhouse, S. “National Guard Is Called to Quell Trade-Talk Protests; Seattle Is Under Curfew After Disruptions”, New York Times, 01/12/1999.
  13. Entrevista a Ron Judd, secretario ejecutivo de King County Labor Council, parte de la AFL-CIO. Recuperada de WTO History Project de la Universidad de Washington. Disponible en: http://depts.washington.edu/wtohist/interviews/Judd.pdf
  14. Op.cit.
  15. Véase por ejemplo: Knowlton, B. “Clinton Arrives; Seattle Restricts Further Protests: Riots Cast Cloud Over WTO Talks”, New York Times, 02/12/1999; “The Battle in Seattle; What was that all about?; Tom Hayden, longtime activist, says the protest in Seattle will have a greater impact than Chicago in ’68”, The Washington Post, 05/12/1999.
  16. Greenhouse, S. y Kanh, J. “Talks and turmoil: workers’ rights; U.S. effort to add labor standards to agenda fails”, New York Times, 03/12/1999; Babington, C., y Burgess, J. “Clinton defends open trade; president condemns seattle violence; 400 arrested as response toughens” The Washington Post, 02/12/1999.
  17. Ver por ejemplo los discursos y entrevistas dadas por Clinton tras las movilizaciones de Seattle: Clinton, B., “Telephone Interview With Michael Paulson of the Seattle Post-Intelligencer in San Francisco, California”, 30/11/1999; “Remarks to the Trade Community in Seattle, Washington”, 1/12/1999; “Remarks at a World Trade Organization Luncheon in Seattle”, 1/12/1999. Disponibles en: Public Papers of the Presidents of the United States: William J. Clinton (1999, Book II).
  18. Sanger, D. “Clinton is stymied on trade meeting”, New York Times, 24/11/1999; Burgess, J., y Pearlstein, S., “WTO ends conference well short of goals; ministers may resume talks early next year”. The Washington Post, 04/12/1999.
  19. Panitch y Gindin sostuvieron que las duras críticas de Stiglitz eran previas y estaban especialmente vinculadas con el manejo de la crisis asiática de 1997-1998. Éstas expresaban “una repetición en público de los conflictos dentro de la administración Clinton” (Panitch y Gindin, 2013a, p. 398).
  20. Burgess, J. “WTO listens to critics on eve of meeting; trade group seeks to dispel image as secretive, private”, The Washington Post, 30/11/1999.
  21. Dale, R. “Trade Hopes Die at Clinton’s Hands”, New York Times, 14/12/1999.
  22. Incluso Sweeney acompañó al presidente al Foro Económico Mundial de Davos en enero. Allí el dirigente de la AFL-CIO centró su discurso en la importancia del movimiento de Seattle y la necesidad de reformar los organismos internacionales y avanzar hacia “nuevas reglas” para la globalización. Clinton, por su parte, sostuvo su apoyo a la creación de un grupo de trabajo en la OMC para evaluar los estándares laborales y ambientales reconociendo el reclamo de los manifestantes en Seattle, a la vez que ratificó la importancia del ingreso de China al organismo. Véase al respecto: Sweeney, J. “Remember Seattle”, The Washington Post, 30/01/2000; Clinton, B. “Remarks to the World Economic Forum and a Question-and-Answer Session in Davos, Switzerland”, Public Papers of the Presidents of the United States: William J. Clinton (2000, Book I), 29/1/2000, pp. 150-161.
  23. Véase, por ejemplo: AFL-CIO, “AFL-CIO Launches New Grassroots Campaign to Stop Congress from Granting China Permanent Normal Trade Relations”, 23/02/2000, disponible en: http://lobby.la.psu.edu/040_PNTR/Organizational_Statements/AFL-CIO/Launches.htm
  24. Véase por ejemplo: Sweeney, J. “Letter to Congress Urging Congress to Vote Against Legislation Granting Permanent Normal Trade Relations Status to China”, 28/01/2000, disponible en: http://lobby.la.psu.edu/040_PNTR/Organizational_Statements/AFL-CIO/Letter.htm ; United Auto Workers, “Statement by UAW President Stephen P. Yokich: UAW Will Explore Alternatives to Major Party Presidential Candidates”, 23/05/2000, http://lobby.la.psu.edu/040_PNTR/Organizational_Statements/UAW/Candidates.htm
  25. Véase: AFL-CIO, “Permanent NTR for China: A One-Way Deal?”, disponible en: http://lobby.la.psu.edu/040_PNTR/Organizational_Statements/AFL-CIO/One-Way.htm
  26. Kahn, J. y Greenhouse, S. “Unions Prepare to Hit the Street in Washington”, New York Times, 12/04/2000.
  27. AFL-CIO, “Unions Launch Multiyear Campaign to Make Global Economy Respect People, Not Just Profits”, 16/02/2000, http://lobby.la.psu.edu/040_PNTR/Organizational_Statements/AFL-CIO/Multiyear_Campaign.htm
  28. Existía un fuerte temor respecto a que en esta movilización se recreara la Batalla de Seattle y la incapacidad de la policía de poder controlar las protestas. Se preparó un fuerte operativo policial para recibir a los manifestantes. Ver al respecto: Montgomery, D., y Santana, A. “After Seattle, protest reborn; demonstrators and police prepare for world bank, IMF meetings here”, The Washington Post, 02/04/2000; Causey, M. “Uncle sam’s not rattled by seattle–not yet”, The Washington Post, 04/04/2000.
  29. AFL-CIO, “New AFL-CIO TV Campaign Highlights Human Rights Abuses in China and Urges Members of Congress to Vote No on Permanent Normal Trade Relations”, 04/04/2000, disponible en: http://lobby.la.psu.edu/040_PNTR/Organizational_Statements/AFL-CIO/Highlights.htm
  30. Greenhouse, S. y Stevenson, R. “Unions March in Washington, Urging Congress to Defeat Trade Agreement With China”, New York Times, 13/04/2000.
  31. “Las donaciones de las empresas superaron masivamente a las de los trabajadores durante la campaña. Los 58 millones de dólares en donaciones de los miembros de una sola asociación empresarial, Business Roundtable, eclipsó a los de todos los sindicatos por casi 2 a 1. Los sindicatos dieron 31 millones de dólares en PAC, soft money y contribuciones individuales en el mismo período, según el Center for Responsive Politics. Amplificando esta tendencia, los sindicatos fueron superados por 11.5 a 1 por los miembros de la Business Roundtable en donaciones de soft money en el mes de mayo, cuando la ley de PNTR para China debía pasar el voto crucial en la Cámara de Representantes, con los miembros de Business Roundtable dando $805.000 dólares en soft money contra los $70.000 dólares de los sindicatos” [Traducción propia]. Public Citizen’s Global Trade Watch. (2000). Purchasing Power: The Corporate–White House Alliance to Pass the China Trade Bill over the Will of the American People. Washington: Public Citizen’s Global Trade Watch. Disponible en: https://www.citizen.org/article/purchasing-power-the-corporate-white-house-alliance-to-pass-the-china-trade-bill-over-the-will-of-the-american-people/
  32. Greenhouse, S. “Unions deny stand over trade policy is protectionism”, New York Times, 24/04/2000.
  33. Hay quienes señalan que tampoco había una política coherente por parte de ciertos sindicatos. El más llamativo resulta el caso de los Teamsters que a la vez que realizaban una campaña agresiva contra PNTR, apoyaban la ampliación de una ruta aérea a China para UPS lo cual implicaría más puestos de trabajo para su sector. Véase al respecto: Dale, R. “Thinking Ahead / Commentary: The Hypocrisy of Big Labor in the U.S”, New York Times, 18/04/2000; Weymouth, L. “Selling the china deal”, The Washington Post, 16/05/2000.
  34. Burgess, J. “A winning combination: Money, message and clout”, The Washington Post, 25/05/2000.
  35. Véase por ejemplo: Teamsters Union, “Teamster Vice President takes workers concerns to Congress” disponible en: http://lobby.la.psu.edu/040_PNTR/Organizational_Statements/Teamsters/VP.htm ; Teamsters Union “Fair Trade Battle Looms In Congress, WTO Battle First in Series of Teamster Actions”, disponible en: http://lobby.la.psu.edu/040_PNTR/Organizational_Statements/Teamsters/Fair.htm ;
  36. Principalmente se denuncia a Business Roundtable, US Chamber of Commerce y a empresas específicas como Boeing, Citigroup, General Motors, Wal-Mart y Nike. Véase por ejemplo: United Steelworkers of América, “High Noon on Capitol Hill”, 08/03/2000, disponible en: http://lobby.la.psu.edu/040_PNTR/Organizational_Statements/USWA/High_Noon.htm ; Teamsters Union, “More than 10,000 Workers to Rally in Opposition to PNTR Next Week”, 05/04/2000, disponible en: http://lobby.la.psu.edu/040_PNTR/Organizational_Statements/Teamsters/Rally.htm; United Auto Workers, “UAW members lobby hard, but…House votes for China trade bill”, disponible en: http://lobby.la.psu.edu/040_PNTR/Organizational_Statements/UAW/Votes.htm ; Hoffa, J.P. “Corporate Greed Fuels Trade Deal”, New York Times, 11/05/2000.
  37. AFL-CIO, “Statement by John J. Sweeney, President of the AFL-CIO on the Vote by Congress to Grant China Permanent Normal Trade Relations”, 24/05/2000, disponible en: http://lobby.la.psu.edu/040_PNTR/Organizational_Statements/AFL-CIO/Statement.htm
  38. Op.cit.
  39. AFL-CIO, “Senate Ignores China’s Human Rights Abuses and Votes for Permanent Trade Rights”, disponible en: http://lobby.la.psu.edu/040_PNTR/Organizational_Statements/AFL-CIO/Senate.htm
  40. Eilperin, J., y Broder, D. S. “Despite UAW threat, low risk seen in china vote”, The Washington Post, 24/05/2000.
  41. Greenhouse, S. “Union Leader Warns Gore On Support For China Bill”, New York Times, 12/05/2000.
  42. Incluso el mismo Sweeney participó de actos de campaña de Gore durante la discusión de PNTR. Gore explícitamente apoyó la necesidad de abrir la economía china con Sweeney presente, quien sostuvo: “Trade is the most significant area of disagreement. But this was just one piece of a comprehensive economic policy, 90 percent of which we would solidly support” Recuperado de: Seelye, K. “THE 2000 CAMPAIGN: THE VICE PRESIDENT; Gore Says Top Goal Is Steady Reduction of Nation’s Debt”, New York Times, 26/04/2000.
  43. Esta es claramente una ley del presidente. Él (Gore) hizo muy poco lobby. Al Gore sostiene su compromiso hecho en la convención de la AFL-CIO de esforzarse por incluir estándares laborales, de derechos humanos y protecciones ambientales en cada acuerdo comercial” [Traducción propia]. AFL-CIO, “Sweeney Vows Mobilization for a Working Families Agenda and Global Fairness”, disponible en:
    http://lobby.la.psu.edu/040_PNTR/Organizational_Statements/AFL-CIO/Mobilization.htm
  44. “El movimiento obrero estadounidense está frente a una decisión. Podemos seguir haciendo negocios como siempre, apoyando a los candidatos que votan con nosotros “la mayoría de las veces”, o podemos exigir responsabilidad dando apoyo electoral de base y monetario a los candidatos que defienden a las familias trabajadoras cuando más importa” [Traducción propia]. Teamsters Union, “Statement on PNTR for China James P. Hoffa, General President”, 24/05/2000, disponible en:
    http://lobby.la.psu.edu/040_PNTR/Organizational_Statements/Teamsters/Statement.htm
  45. Edsall, T. B.,“Buchanan plays to Teamsters in China trade talk”,The Washington Post, 13/04/2000 ; Seeyle, K. “THE 2000 CAMPAIGN: THE VICE PRESIDENT; Gore Gives Firmest Support Yet for China Bill”, New York Times, 09/05/2000.
  46. Teamsters Union, “Teamsters Endorse Gore”, septiembre de 2000, disponible en: http://lobby.la.psu.edu/040_PNTR/Organizational_Statements/Teamsters/Late.htm
  47. “Las familias trabajadoras de Estados Unidos necesitan y se merecen un presidente con el que puedan contar en los momentos difíciles, no sólo en los fáciles. Por eso no tenemos otra opción que explorar alternativas a los dos principales partidos políticos. Es hora de olvidarnos de las etiquetas partidarias y centrarnos en apoyar a los candidatos, como Ralph Nader, que adoptarán una postura basada en lo que es correcto, no en lo que dicta el gran dinero. Apoyar a los que nos apoyan es nuestra agenda política, no sólo un eslogan” [Traducción propia]. United Auto Workers, “Statement by UAW President Stephen P. Yokich: UAW Will Explore Alternatives to Major Party Presidential Candidates”, 23/05/2000, disponible en:
    http://lobby.la.psu.edu/040_PNTR/Organizational_Statements/UAW/Candidates.htm
  48. Drummond Ayres Jr., B. “DEMOCRATS: THE UNIONS; Democrats Try to Shore Up The Pillar That Was Labor”, New York Times, 18/08/200; Greenhouse, S. “THE 2000 CAMPAIGN: LABOR ENDORSEMENT; Teamsters Officials Say Union Is Ready to Endorse Gore”, New York Times, 07/09/2000.
  49. Broder, D. S. “AFL-CIO lauds gore for role in ‘president’s’ china trade bill”, The Washington Post, 26/05/2000.
  50. Greenhouse, S. “China Trade Vote Splits Labor Movement”, New York Times, 28/05/2000.
  51. “Cualquiera que se levante y diga: ‘Ganamos esto por un par de votos y por lo tanto la clase obrera es débil’, no sabe cómo contar. El sindicalismo tiene mucho dinero. El sindicalismo tiene fuerza territorial. Cualquiera que quiera declararlos débiles, sólo tiene que estar atento a la próxima pelea” [Traducción propia]. Palabras recuperadas de: Greenhouse, S. “Despite Defeat On China Bill, Labor Is on Rise”, New York Times, 30/05/2000.
  52. Como señala Adrián Piva (2012), el desarrollo de estructuras burocráticas sindicales remite al proceso de integración funcional de los sindicatos al Estado basado en su capacidad de disciplinamiento de las bases obreras y en una reproducción material que depende del desvío de una porción del plusvalor (en el caso argentino especialmente vinculado al manejo de las obras sociales).


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