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VI. Agricultura 4.0

Condiciones y posibilidades de acceso entre productores de la zona núcleo pampeana

Aylen Loana Arcusin Mancini

Introducción

Durante los últimos cincuenta años, los espacios rurales se vieron atravesados por fenómenos tales como la globalización económica, la industrialización de la agricultura, la expansión de empresas transnacionales, el creciente desarrollo tecnológico y el ingreso del capital financiero en el sector agroalimentario. Estos procesos, a la vez que aceleraron las transformaciones históricas que atravesó el sector, complejizaron las problemáticas en los espacios rurales y renovaron el debate clásico sobre el desarrollo agrario impulsado por el capital (Rincón, 2018; McMichael, 1998).

En este marco, las discusiones sobre la cuestión agraria se hicieron más diversas con cada transformación tecnológica y productiva, sumando a la agenda temas como la reestructuración productiva traccionada por corporaciones transnacionales, las nuevas formas de trabajo, la aparición de sujetos extraagrarios, la desigualdad de género, el deterioro ambiental y la brecha tecnológica. Sin embargo, algunos temas persisten a pesar de sus reinterpretaciones a lo largo del tiempo respecto a su alcance y profundidad, como lo es la concentración de la tierra y de la producción.

En la actualidad, la problemática del desarrollo agrario vuelve a cobrar relevancia frente a la irrupción de la digitalización en el campo, que a la vez actualiza y también renueva algunos aspectos del debate. La irrupción de la informatización y digitalización de la producción, que dio lugar a la llamada “Agricultura 4.0”, se expresa en la incorporación de un amplio conjunto de tecnologías –sensores, drones, big data, inteligencia artificial, maquinaria de precisión, plataformas digitales– que reconfiguran los modos de producir y trabajar en el campo. La posibilidad de que su incorporación implique un (nuevo) punto de inflexión en la evolución de la agricultura y de su relación con la sociedad comienza a reconocerse cada vez con mayor frecuencia (Barrett y Rose, 2020; Klerkx et al., 2019; Lachman et al., 2022a; Liu et al., 2020; McMichael, 2023; Prause et al., 2020; Prause, 2021, 2025).

Nuevamente, como ha sucedido en otras etapas del desarrollo agrario, la aparición de estas innovaciones actualiza y genera nuevos interrogantes y discusiones acerca de sus impactos sociales. En esta línea, este capítulo está dirigido a explorar sus efectos para los productores pampeanos, considerando las condiciones y posibilidades de los procesos de apropiación que se están dando en el marco de su reciente difusión.

El análisis se apoya en entrevistas semiestructuradas realizadas a distintos actores durante 2023 –productores, contratistas, técnicos del INTA, empresas– localizados principalmente en el partido de Pergamino, provincia de Buenos Aires. El lugar de estudio fue elegido por su importancia en la zona núcleo y su relevancia en la adopción tecnológica.

Agricultura digital y desarrollo agrario

La agricultura digital abarca un amplio conjunto de tecnologías y herramientas que recolectan, almacenan, analizan y comparten información digital a través de toda la cadena de valor agroalimentaria. Se basa en la generación y el análisis de datos, e incluye tecnologías como el Internet de las cosas (IoT por sus siglas en inglés), robótica, sensores, drones, inteligencia artificial, computación en la nube, big data y maquinaria de agricultura de precisión, entre otras (Balasundram et al., 2023; Lachman et al., 2022a; Liu et al., 2020).

Específicamente, la utilización de herramientas digitales en el campo consiste en

la identificación y segmentación de microambientes (es decir, la detección de microzonas con distinto potencial agronómico), la aplicación selectiva de insumos acorde a estos microambientes –crecientemente a partir de equipamiento autónomo– y el control en tiempo real de todos los procesos de producción (Lachman et al., 2022a: 10).

El procesamiento de grandes volúmenes de datos generados por drones, imágenes satelitales y sensores de la maquinaria agrícola permite llevar a cabo la identificación y segmentación de microambientes. Esos datos se almacenan en una plataforma digital para luego ser procesados por inteligencia artificial o un software especializado, a partir de cuyo análisis presenta diferentes opciones de acción. De este modo, el productor puede decidir cómo intervenir en el cultivo y diseñar estrategias para la aplicación de insumos con el objetivo de maximizar el potencial de cada subregión (Lachman et al., 2022a; Santos Valle y Kienzle, 2021).

Lo anterior se complementa con el uso de equipamiento para la aplicación selectiva de insumos, en el cual convergen los desarrollos basados en el Internet de las cosas y los robots inteligentes, capaces de realizar dosificaciones variables y, crecientemente, de operar de manera autónoma. A su vez, con el monitoreo en tiempo real –posible gracias a la captura de imágenes y su procesamiento con algoritmos–, los usuarios pueden seguir el proceso de crecimiento de los cultivos y recibir alertas en tiempo real ante la aparición de alguna anomalía (Lachman et al., 2022a).

Ante la expansión de la digitalización en la industria agroalimentaria, McMichael (2023) y Prause et al. (2020) describen cómo este nuevo paradigma está provocando un aumento de la concentración y el control corporativo, así como la consolidación de nuevas formas de extracción de valor basadas en el acaparamiento de datos agrícolas.

La creciente adopción de tecnologías digitales por parte de la agroindustria ha desembocado en la unión de las grandes corporaciones de maquinaria e insumos del agro con las compañías llamadas “gigantes tecnológicos” (Amazon, Microsoft, Apple, entre otras). Si bien estas empresas se incorporaron recientemente al área agrícola, están haciendo inversiones significativas en ella, principalmente en plataformas digitales conectadas a sus servicios de la nube. A su vez, las grandes empresas de agronegocios ya tienen aplicaciones digitales con cobertura en millones de hectáreas, a través de las cuales los agricultores les brindan datos para recibir asesoramiento y descuentos en los productos de estas empresas. Sin embargo, para el funcionamiento de las aplicaciones, estas corporaciones deben alquilar la infraestructura digital necesaria a alguno de los mencionados “gigantes tecnológicos”, quienes controlan los servicios en la nube (GRAIN, 2021; McMichael, 2023; Prause et al., 2020).

Es así como las grandes corporaciones agroalimentarias y tecnológicas poseen muchas de las tecnologías digitales clave en toda la cadena agroalimentaria, lo que les permite concentrar en mayor medida el acceso a los datos y disponer de ellos, por lo cual generan nuevas formas de control corporativo. Cuando los productores utilizan las plataformas digitales para el agro, les ceden sus datos a las empresas. Las grandes corporaciones efectivamente se están beneficiando de la recolección y el análisis de los datos, con lo que se produce un fenómeno de data grab (‘acaparamiento de datos’). Las compañías pueden vender esta información a otras empresas de insumos, agrónomos, firmas de maquinaria, así como a instituciones nacionales e internacionales de agricultura para ganar influencia política (Prause et al., 2020).

De este modo, con la digitalización la extracción de valor ha virado desde los mercados hacia las plataformas digitales, como Facebook y Amazon, que ya no operan como oligopolios, sino como feudos privados o incluso Estados (McMichael, 2023).

A su vez, entre los efectos de la difusión de la Agricultura 4.0, algunos autores (Abiri et al., 2023; Balasundram et al., 2023; Barrett y Rose, 2020; Lachman et al., 2022a; Prause et al., 2020) sostienen que la digitalización incrementará las brechas de rentabilidad y capitalización entre los pequeños y grandes productores.

En primer lugar, el elevado costo de implementación y mantenimiento de estas tecnologías restringe su incorporación por parte de pequeños productores con acceso limitado a recursos. La inversión inicial requerida –principalmente el precio de compra del equipamiento– y los gastos operacionales (como el mantenimiento de la maquinaria y la contratación de alguna plataforma digital que almacene y analice los datos) suelen superar los recursos disponibles de los pequeños establecimientos, los cuales operan con márgenes de beneficios ajustados y tienen acceso limitado a fuentes de financiación y créditos bancarios (Barrett y Rose, 2020; Gómez-Roca, 2022; Lachman et al., 2022a; Mansoor et al., 2025; Santos Valle y Kienzle, 2021).

En segundo lugar, la mayoría de las tecnologías 4.0 –como los sistemas de guía y los tractores y cosechadoras automáticos– están pensadas y diseñadas para optimizar la eficiencia y mejorar la productividad en grandes explotaciones agrícolas, ya que solo se podría justificar y amortizar su inversión en vastas extensiones de tierra. En cambio, las funcionalidades y el modelo de negocios detrás de estas tecnologías no se adaptan a las necesidades, las características topográficas o las economías de los predios pequeños, ya que es poco probable que exista gran variabilidad agronómica dentro del mismo establecimiento. Esto podría derivar en un crecimiento desigual de la productividad entre tipos de establecimientos: mientras que los productores grandes incorporan estas herramientas para mejorar sus rendimientos, la eficiencia en el uso de insumos y la gestión de riesgos, los pequeños productores quedarían rezagados (Balasundram et al., 2023; Barrett y Rose, 2020; Lachman et al., 2022a; Prause et al., 2020).

Por otro lado, además de las barreras económicas y de escala, los pequeños productores también se ven limitados respecto a los requerimientos de gestión y al elevado nivel de profesionalización que demanda la aplicación de tecnologías digitales. Este nuevo paradigma tecnológico exige que el productor asuma un rol orientado a la gestión de las tecnologías de la información, debiendo procesar, interpretar y analizar grandes volúmenes de datos desde plataformas digitales para la toma de decisiones. Sin los conocimientos ni la capacitación adecuada, estas tareas se tornan muy complejas. Por lo general, los productores chicos carecen del conocimiento técnico y de la infraestructura administrativa necesaria para operar sistemas digitales complejos, así como de los recursos para contratar asesores técnicos que los ayuden. Por el contrario, las explotaciones de mayor escala cuentan con el capital para contratar personal calificado o tercerizar el manejo de los datos (Barrett y Rose, 2020; Gómez-Roca, 2022; Mansoor et al., 2025; Santos Valle y Kienzle, 2021).

La consecuencia general de este proceso sería la profundización de las tendencias impuestas por el modelo neoliberal desde los años 90 con sus efectos de creciente concentración y desigualdad.

Modalidades de incorporación de la digitalización en la agricultura pampeana

Desde la década de 1970 y acelerándose hacia finales del siglo pasado, la Argentina, particularmente su región pampeana, atraviesa un proceso de concentración de la tierra y de la producción como consecuencia de las transformaciones tecnológicas y productivas asociadas a la llamada Revolución Verde, basada en avances en la mecanización, el surgimiento de semillas mejoradas genéticamente, la incorporación de insumos industriales (herbicidas y fertilizantes) y mejoras en el manejo agronómico (Barsky y Gelman, 2009; Obschatko, 1988).

En la década de los 90, se intensificó esta tendencia en el marco de la globalización económica, el despliegue de las políticas neoliberales aperturistas y el ingreso de capitales trasnacionales y extraagrarios. Con la introducción del paquete tecnológico conformado por la soja transgénica, herbicidas basados en el glifosato como principio activo y la siembra directa, terminó por consolidarse el modelo del “agronegocio” como nueva lógica de acumulación económica en la agricultura pampeana (que luego escaló a otras regiones del país). En esta nueva forma de hacer negocios, solo hay lugar para grandes escalas productivas y capitalizadas capaces de sostener un alto ritmo de incorporación tecnológica (Barsky y Gelman, 2009; Cáceres, 2015; Gras y Hernández, 2013; Reboratti, 2010).

Este fenómeno transformó el territorio rural, ya que el paquete tecnológico potenció la tendencia hacia la agriculturización de la región pampeana, proceso iniciado a comienzos de la década de los 80, basado en el desplazamiento de la ganadería en favor de la agricultura debido a la creciente rentabilidad de esta última, con una enorme expansión productiva liderada por la soja (Barsky y Gelman, 2009; Gras y Hernández, 2009; Reboratti, 2010).

En este contexto, los medianos y pequeños productores familiares y los campesinos son desplazados por grandes productores y empresas, beneficiados por el proceso de sojización que privilegia la producción de commodities para exportación (Giarracca y Teubal, 2008; Gras y Hernández, 2009; Lattuada y Neiman, 2005).

Según datos de los últimos Censos Nacionales Agropecuarios (CNA), la cantidad de explotaciones agropecuarias (EAP) en 1988 era de 421.221; en 2002 pasó a 333.533 y en 2018 se contabilizaron 249.663 para el total del país. Esto representa una disminución del 20,8 % de la cantidad de EAP entre 1988 y 2002, y del 25,2 % entre 2002 y 2018, disminución que se concentró entre aquellas de menos de 500 hectáreas. En la región pampeana, esa tendencia es aún más marcada, con la desaparición del 29,2 % de los establecimientos entre 1988 y 2002 y del 27,2 % entre 2002 y 2018 (INDEC, 1998, 2007, 2021).

Respecto a los cambios del uso del suelo, producto del proceso de agriculturización durante esas décadas, la superficie utilizada para cultivos anuales a nivel nacional creció de manera significativa: pasó de 13.804.778 hectáreas en 1988 a más de 19 millones en 2002 y superó los 22 millones en 2018. De este modo, los cultivos anuales pasaron de representar el 7,8 % de la superficie censada en 1988 al 11,1 % en 2002, y alcanzaron el 14,4 % en 2018. Este fenómeno fue más relevante en la región pampeana, donde la proporción de tierras destinadas a cultivos anuales saltó de un 17,2 % en 1988 a un 26 % en 2002, y luego a un 30,4 % en 2018 (INDEC, 1998, 2007, 2021).

Como se mencionó anteriormente, el motor principal del proceso de agriculturización fue la expansión del cultivo de soja. A nivel nacional, el área destinada a esta oleaginosa prácticamente se triplicó: pasó de ocupar alrededor de 4,3 millones de hectáreas en 1988 a rozar los 12,8 millones en 2018. El 86 % de este cultivo se concentra en la región pampeana, según los datos del último censo agropecuario (INDEC, 1998, 2021).

En este contexto, la última década muestra la emergencia de un nuevo paradigma tecnológico –la agricultura digital o Agricultura 4.0– basado en la transformación digital e informatización de los sistemas productivos agrícolas. A continuación se muestra la difusión de este proceso entre productores y contratistas de un área seleccionada –el partido de Pergamino– en la provincia de Buenos Aires.

Desde el 2010, en la zona núcleo pampeana ha venido creciendo de manera sostenida el uso de nuevas tecnologías identificadas con el paradigma de la Agricultura 4.0. Las tecnologías con mayor difusión son las plataformas digitales y distintas herramientas de la maquinaria de agricultura de precisión, como los banderilleros satelitales, la autoguía, el mapeo de rendimientos y la dosificación variable de insumos, entre otras (INTA Manfredi, 2020).

Estas tecnologías digitales son ofrecidas tanto por startups[1] de base tecnológica como por empresas nacionales consolidadas y grandes corporaciones multinacionales proveedoras de insumos y maquinaria agrícola. Son estas últimas las que predominan, ya que, además de ofrecer de manera directa las soluciones digitales, también actúan simultáneamente como inversores clave dentro del ecosistema, utilizando sus propios fondos de inversión, capital de riesgo corporativo e incubadoras para financiar o adquirir las startups más prometedoras, o para asociarse a ellas (Lachman et al., 2022b).

De acuerdo a las entrevistas realizadas, en la región pampeana, se ha generalizado el uso del celular, tanto para la visualización como para la carga de datos. Lo cual se refleja en el crecimiento exponencial de los usuarios de plataformas digitales en los últimos cinco años. Esto se observa en las cifras que mencionan algunos representantes de empresas entrevistados en Expoagro[2]. AgroPro[3], una plataforma digital que funciona como sistema de gestión, pasó de tener 1700 usuarios en el año 2023 a más de 12.300 en el 2025, de los cuales entre el 60 % y 70 % pertenecen a la zona núcleo. A su vez, Auravant[4], una de las plataformas más utilizadas, tenía en el 2023 más de 9 millones de hectáreas digitalizadas en Argentina –el 40 % aproximadamente pertenecientes a la zona núcleo–, y los usuarios de esa región habían estado creciendo más del 80 % los años anteriores. En relación con este fenómeno, un representante de AgroPro entrevistado en Expoagro 2023 explica:

La digitalización ha cambiado mucho en los últimos años. Está creciendo y se está adaptando […]. Entonces, estamos en ese proceso, y viene avanzando en los últimos años. Se ve acá en la carpa; nosotros desde el tercer año que estamos acá en Expoagro, y cada vez hay más gente. También en el número de usuarios que tienen plataformas como la nuestra, o como otras de otros emprendedores. Todos estamos creciendo en el número de usuarios, y va avanzando.

En la tabla siguiente, se presenta un listado de tecnologías y dispositivos identificados con la digitalización de la agricultura, con su correspondiente descripción y las funciones que cumplen. Se trata de las innovaciones adoptadas con mayor preponderancia en la producción agrícola en la zona núcleo pampeana.

Tabla 1. Tecnologías de la Agricultura 4.0 más utilizadas
en la zona núcleo pampeana

Tecnologías Agro 4.0

DefiniciónFunciones

Plataformas digitales y sistemas de gestión

-Aplicaciones en la nube para la carga, visualización y análisis de datos (imágenes satelitales, sensores de maquinaria, clima, mapas de rinde, etc.).

-Se puede acceder desde distintos dispositivos (computadora, celulares, tablets).

-Los sistemas de gestión también permiten el registro de las actividades financieras y las labores a campo.

-Permiten la trazabilidad de todo el proceso productivo.

-Ayudan a la toma de decisiones agronómicas más eficientes.

-Generan prescripciones por ambiente.

-Miden huella de carbono por kilo producido o por hectárea.

Banderillero
satelital

Sistema de guiado manual asistido por GPS para maquinaria. Puede mostrarse como barra LED o en el monitor de cabina.

Mantiene trayectorias rectas y paralelas, evitando solapamientos (aplicar insumos en el mismo lugar) y zonas sin cubrir.

Autoguía/piloto automático

-Versión más moderna del banderillero satelital.
-Sistema de guiado automático basado en el sistema de banderillero, al cual se le agrega un actuador (motor eléctrico o hidráulico) y un software de control más avanzado.

-Permite que la máquina se maneje sola (automáticamente) sobre una trayectoria predefinida.

-Libera al operario de dirigir manualmente, lo cual disminuye su fatiga. Supervisión más cuidadosa por parte del operario de los sensores y la calidad de la labor.

Corte
por secciones

-Funcionalidad en sembradoras y pulverizadoras.

-Usa el GPS para mapear en tiempo real la aplicación de insumos y cierra automáticamente las secciones del implemento de la máquina (barra de siembra, botalón de pulverización) que ingresan a zonas ya tratadas.

-Evita superposiciones (repetir siembra o aplicar fitosanitarios en zonas ya tratadas).

-Evita exceso de densidad de siembra en cabeceras, lo cual mejora el rendimiento.

Mapeo
de rendimiento

-Funcionalidad en cosechadoras.

-Mapas digitales que muestran la variabilidad de rendimiento intralote.

-Se generan a partir de sensores de flujo de grano y humedad de la cosechadora junto con el GPS, los cuales registran la cantidad de grano cosechado y su nivel de humedad en cada punto del lote.

-Permite determinar y analizar distintos ambientes dentro del lote.

-Posibilita el ajuste de insumos de acuerdo al distinto potencial agronómico intralote (agricultura por ambientes).

-Mejora la eficiencia.

Dosificación variable

-Ajuste automático de la cantidad de insumos que aplicar por ambiente según las dosis indicadas en el mapa de prescripción.

-La aplicación a tasa variable se logra cargando este mapa (creado a partir de imágenes satelitales, datos de sensores, mapas de rendimiento, registros históricos, etc.) en la computadora a bordo de la maquinaria y con el uso del GPS.

-Especifica la cantidad exacta de insumos necesarios para cada zona del lote (número de semillas por metro, litros de herbicida por hectárea).

-Optimiza el uso de insumos y adapta su manejo a las condiciones específicas de cada ambiente dentro del lote (agricultura por ambientes).

Pulverización selectiva

-Sensores ópticos o cámaras en el botalón de la maquinaria detectan malezas en tiempo real en el suelo en barbecho, activándose solo el pico pulverizador que corresponde a ese lugar específico.

-Se está avanzando hacia la detección “verde sobre verde”: los sensores pueden distinguir entre maleza y cultivo.

-Aplica producto solo donde es necesario.

-Con la detección “verde sobre verde”, se pueden hacer aplicaciones selectivas con el cultivo ya implantado.

Drones

-Vehículos aéreos no tripulados con cámaras multiespectrales y térmicas, que permiten obtener imágenes de muy alta resolución.

-También pueden tener tanques y boquillas para la aplicación de insumos.

-Permiten detección temprana de plagas, enfermedades y de estrés hídrico o nutricional.

-Realizan pulverizaciones focalizadas y en zonas de difícil acceso.

Fuente: elaboración propia con base en las entrevistas.

Sin embargo, no todos los productores acceden a estas tecnologías. A partir del análisis de las entrevistas, es posible delinear el perfil de aquellos que incorporan tecnologías digitales: productores de establecimientos medianos a grandes (predominando estos últimos), profesionalizados y, en el caso de los de mediana escala, integrantes de alguna organización de productores, como los grupos CREA[5] o AAPRESID[6].

Los pequeños productores, incapaces de afrontar la inversión necesaria, quedan excluidos de ese perfil. No solo no cuentan con la capacidad financiera para afrontar ese tipo de inversión, sino que además no obtendrían el rédito económico suficiente que la justifique. Al estar pensadas para grandes escalas productivas, la relación costo-beneficio de estas tecnologías no vale la pena para los pequeños productores.

No obstante, para avanzar en la comprensión de la dinámica de la digitalización del agro pampeano, y cómo esta puede influir en la concentración productiva, es necesario dejar de lado la visión dicotómica que separa a los productores entre “adoptantes” y “no adoptantes”. La realidad muestra un espectro de adopción que abarca desde la implementación de sistemas digitales integrados hasta una exclusión estructural, producto de barreras económicas y de escala.

De este modo, a partir del análisis de las entrevistas, se elaboró una tipología inicial del nivel de adopción de tecnologías digitales en la zona núcleo, compuesta por tres grandes grupos, determinados según el tipo y el grado con el que incorporan las distintas herramientas que forman parte del ecosistema de la Agricultura 4.0.

“Lo que nosotros intentamos hacer es un proceso industrial”. La adopción integrada y a gran escala de tecnologías digitales

Este modelo es implementado por productores, contratistas y pools de siembra que manejan grandes superficies de tierra (por encima de las 500 hectáreas) y que se especializan en los cultivos extensivos predominantes de la zona (soja, maíz y trigo).

Se incluye en esta categoría a los contratistas ya que en las últimas décadas vienen ocupando un rol cada vez más predominante en los sistemas productivos, ya sea como prestadores de servicios o como arrendatarios y tomadores de riesgo. Según la Bolsa de Comercio de Rosario, los contratistas trabajan alrededor del 80 % del área sembrada y cosechada del país (Calzada, 2017). A su vez, a aquellos que trabajan en superficies significativas, la maquinaria de alta tecnología les es indispensable para su capacidad operativa y su negocio, por lo que se mantienen actualizados tecnológicamente, tal como señala un ingeniero agrónomo de INTA Pergamino:

Todo aquel sistema productivo con una persona como decisor o una empresa que está delante, que esté superando hoy las 500, 1000, 1500 hectáreas, va para el lado de contratistas que tengan una alta capacidad operativa. Esa capacidad operativa viene de la mano, de característica propia de la maquinaria, de las necesidades que ayudan o que vienen de la mano del último fierro que salió y lo tienen que comprar porque tienen que renovar la máquina y demás.

Por lo tanto, las producciones a gran escala se caracterizan por un elevado nivel de profesionalización, donde la toma de decisiones es llevada a cabo por ingenieros agrónomos –muchas veces con posgrados– o asesores especializados, además de por ser pioneras en la adopción de innovaciones tecnológicas.

Este grupo suele utilizar las tecnologías 4.0 de manera integrada mediante la digitalización total o mayoritaria de las distintas fases de operación del establecimiento agrícola, haciendo un uso estratégico de la información, principalmente como herramienta de control y competitividad. Esta manera de utilizar los datos se debe a que los productores o las empresas que operan en grandes superficies de tierra necesitan un registro digital riguroso para manejar de manera profesional y competitiva su establecimiento. En especial cuando hay inversores externos involucrados, como en los pools de siembra, en cuyo caso hay una necesidad intrínseca de sistemas de información minuciosos para la rendición de cuentas. En relación con esto, un productor/asesor importante de la zona sostiene:

Cuanto mayor es la escala, normalmente exige no necesariamente una aplicación de todas las tecnologías, pero sí de las tecnologías de registro, de manejo de la información, de análisis de base de datos. La digitalización juega un papel importante porque ahí hay muchos factores que hacen al negocio con una gran cantidad de información, y, si no hay ese nivel de organización, es muy difícil manejarlo profesionalmente.

La necesidad de una gestión profesionalizada proviene de una concepción de la producción agrícola como un proceso industrial con estándares elevados de eficiencia y trazabilidad, donde las decisiones son basadas en datos y cada acción se registra digitalmente para un posterior análisis o auditoría. Esta manera de pensar se resume en la visión de un productor/contratista grande, cuya empresa está completamente digitalizada:

Lo que nosotros intentamos hacer es un proceso industrial, o sea, hay un cambio, hay un clic en el modo, en la forma, en los procesos como lo hace. Lo que intentamos hacer es que funcione como una empresa. ¿Por qué Buenos Aires lo va a hacer con una metodología correcta y el campo no? Somos lo mismo, somos personas, somos herramientas.

Esta filosofía empresarial expuesta en el testimonio anterior, cuyo origen tiene lugar en la década de los 90 con la consolidación del modelo del agronegocio, se arraiga aún más con la digitalización de la agricultura, ya que, como se desarrolló en los párrafos anteriores, lo digital permite un registro más riguroso, de modo que facilita a los productores y las empresas manejar sus establecimientos con estándares empresariales.

Respecto a la incorporación de las innovaciones 4.0, el liderazgo tecnológico de este grupo dentro del sector precede a la digitalización. Su capacidad actual de utilizar las tecnologías digitales de manera integrada a lo largo de sus procesos productivos probablemente se deba a la adopción temprana de la agricultura de precisión durante fines de los 90 y principios de los 2000. Se podría afirmar que esta base cultural y tecnológica les ha permitido allanar el camino para el posterior salto hacia la digitalización, lo que da lugar, a su vez, a una forma nueva de concebir la producción.

Las tecnologías que adoptó este grupo en esa época fueron los mapas de rendimiento y los banderilleros satelitales. En relación con la primera herramienta, su uso comenzó en la segunda mitad de la década de 1990, como señala un entrevistado de la empresa Bayer: “En el 95, 96 creo que fue la primera cosecha que se hizo con mapas de rendimiento. De ahí en más […] la utilización de esa información, la disponibilidad creció totalmente”.

Los mapas de rendimiento fueron una de las tecnologías fundacionales de la agricultura de precisión y, al evidenciar la variabilidad productiva intralote, sentaron las bases para el manejo de los establecimientos agrícolas como un conjunto de microambientes, en lugar de un campo homogéneo. Sin embargo, en un principio la utilización de la información generada por estos mapas para la toma de decisiones era compleja, ya que el procesamiento y análisis de los datos necesitaba de un software específico, cuya licencia era costosa y su uso requería de conocimientos técnicos que no estaban al alcance de la mayoría de los productores o asesores. Las plataformas digitales han simplificado el acceso a los mapas, así como su análisis.

Por su parte, los banderilleros satelitales también fueron una de las primeras herramientas que se adoptaron, siendo su mayor expansión a mediados de la primera década de los 2000. Representaron un avance fundamental hacia la optimización del uso de insumos y la eficiencia operativa. En la actualidad, los banderilleros se combinan con la autoguía.

Con el avance de la digitalización, la robótica y la electrónica, estas tecnologías han mejorado considerablemente, formando parte de las maquinarias de punta que utilizan los productores y contratistas grandes. Se agregan también a ellas la telemetría para el monitoreo remoto, la dosificación variable para siembra y fertilización, la pulverización selectiva y la autoguía.

Adoptan, asimismo, sistemas de gestión, es decir, plataformas digitales donde registran toda su actividad productiva y financiera, y lugar al que van los datos que generan las máquinas de precisión (como mapas de rendimiento, datos del suelo, salud de los cultivos, entre otros). A través de estas plataformas, se puede acceder también a imágenes satelitales, rendimientos históricos y datos climáticos. Y son las que, mediante la combinación de estas múltiples capas de información, llevan a cabo el análisis de los datos para una mejor toma de decisiones. Lo anterior contribuye a una reducción de la brecha entre el rendimiento real y el potencial[7], lo que lleva a un aumento de la productividad y la rentabilidad.

Para este grupo, los beneficios de la adopción de este ecosistema tecnológico van más allá de la optimización productiva, el aumento de la productividad y la reducción de costos. La digitalización, además, puede constituir una herramienta de diferenciación estratégica en un contexto del aumento de la presión social hacia la producción agrícola y mayores exigencias regulatorias de los mercados internacionales. La capacidad de garantizar la trazabilidad total, así como de certificar prácticas y procesos productivos –lo cual suele ser accesible mayormente para los campos grandes que tienen la estructura administrativa y el capital para llevar un registro detallado de todas las labores–, se vuelve fundamental para dar respuesta a las crecientes demandas internacionales, como la reducción de la huella de carbono, el impacto ambiental y el cumplimiento de estándares de seguridad y calidad alimentaria.

“Que la tecnología esté disponible no implica que se esté usando”. Adopción parcial y selectiva de tecnologías digitales

Este grupo –el más heterogéneo de los tres– está integrado principalmente por productores medianos y empresas familiares profesionalizadas que se dedican a los cultivos característicos de la zona, por lo general miembros de organizaciones de productores, como AAPRESID o los grupos CREA, que suelen impulsar la incorporación de tecnologías digitales.

A diferencia del grupo anterior, cuentan con menor capacidad de inversión. Por lo cual, en vez de implementar sistemas integrales y complejos, tienen un nivel de adopción intermedio y variable, es decir, utilizan tecnologías más accesibles y específicas que, mediante la optimización de labores, mejoran la eficiencia y reducen de forma tangible los costos.

Al igual que los productores grandes, comenzaron a incorporar herramientas de agricultura de precisión desde fines de los 90 y principios de los 2000, como consecuencia de la actualización tecnológica de los contratistas. En el caso de los mapas de rendimiento, debido a la dificultad del procesamiento y análisis de los datos, no se hacía uso de ellos. Lo que sí se adoptó masivamente fueron los banderilleros satelitales, ya que era una innovación que ofrecía un retorno económico inmediato por el ahorro de insumos y no requería de un análisis de datos posterior.

Respecto a las tecnologías digitales, la mayoría hace uso de alguna forma de registro de datos, pero suelen recurrir a herramientas más simples en vez de sistemas de gestión integrados, como menciona una ingeniera agrónoma del INTA:

[¿Y los medianos productores usan?] Y hay una variabilidad, hay empresas familiares que por ahí utilizan más un Excel, yo creo que los productores casi todos tienen alguna forma de registro de datos, por lo menos en esta región núcleo, pero por ahí algunos no usan un sistema, usan más bien una planilla Excel.

No obstante, la utilización de plataformas digitales (las cuales ofrecen una versión gratuita) está bastante generalizada. Se han masificado gracias a su facilidad de uso y debido a que simplifican el acceso a la información, como las imágenes satelitales, los datos climáticos, los pronósticos históricos, los mapas de rendimiento, entre otros. Por lo tanto, como explica una ingeniera agrónoma del INTA Pergamino, el uso del celular se ha vuelto moneda corriente:

Y en cuanto a la tecnología que tiene que ver con el manejo de la información, bueno, justo estuvimos haciendo un estudio sobre uso de la información climática, y ahí se ve mucho que los productores dependen mucho de toda la información que reciben y también cargan en los teléfonos, en las aplicaciones de los celulares. Entonces tienen, digamos, estas aplicaciones que pueden subir su información a nivel de lote y mirar también información del clima, pronósticos históricos. Y bueno, esa utilización del celular es algo relativamente nuevo y muy generalizado en el sector agropecuario, tanto para ver datos como para cargar datos.

Por otro lado, en relación con la maquinaria, como se mencionó anteriormente, la adopción de banderilleros satelitales es masiva, y con el avance del agro 4.0 también el corte por sección en pulverizadoras para evitar la sobreaplicación de agroquímicos. Sin embargo, la dosificación variable es menos frecuente, ya que requiere una mayor inversión en maquinaria y en el análisis de datos para generar las prescripciones.

Justamente, respecto a esto último, a pesar del uso de plataformas y muchas veces de maquinaria de punta (a través de contratistas), hay una gran brecha entre la recolección y el análisis y uso de los datos. Por ejemplo, la mayoría de las cosechadoras de la zona núcleo tienen mapeo de rendimiento; no obstante, en muchos casos los mapas generados siguen sin analizarse para la toma de decisiones. Este desaprovechamiento de la información se debe mayormente a falta de conocimiento técnico o de las herramientas específicas y a una creencia de que el beneficio no justifica el esfuerzo o la inversión, ya que estos productores suelen tener un conocimiento profundo de sus campos. Como dice un productor/asesor grande de la zona:

Que esté disponible en la máquina, que esté la tecnología disponible no implica que se esté usando, porque a veces no se conoce cómo aplicarlo, qué beneficios puede tener, no tengo información previa que me permita definir ambientes, o tomar decisiones respecto a un determinado híbrido o variedad para una determinada densidad. O sea, falta todavía conocimiento para aprovechar mucho de lo que ya está disponible. Normalmente pasa así, la tecnología muchas veces irrumpe antes de que la demanda esté preparada.

Esto sucede en especial con los productores de mayor edad. En cambio, en aquellos establecimientos en los que está habiendo recambio generacional, se busca acrecentar la incorporación de tecnologías digitales. En este grupo, al prevalecer la estructura de empresa familiar, tiene relevancia el recambio generacional y la tendencia de los más jóvenes a querer incorporar tecnologías digitales. Lo cual se refleja en el testimonio de un contratista mediano de Pergamino:

La gente grande, es como te decía, estos productores que le trillamos hace 40 años […]. Entonces no nos piden tecnología porque siempre se manejaron así, están acostumbrados a eso. Pero los hijos ya nos vienen pidiendo el cabezal draper, nos vienen pidiendo mapeo […] más tecnología. […]. Nosotros, con la gente que trabajamos durante 10, 15 años, no les importaba si teníamos mapeo. Pero el hijo, que era el nuevo ingeniero, quería que tengamos mapeo.

Por otro lado, en este grupo se puede incluir también a los contratistas medianos, cuya adopción tecnológica es bastante heterogénea. Por ejemplo, un contratista mediano entrevistado, que se dedica solo a la cosecha, cuenta que tiene una cosechadora de punta con mapeo de rendimiento y luego otras máquinas más desactualizadas. El uso de las herramientas digitales suele depender de si lo pide o no el productor que los contrata. Y, a diferencia de las grandes empresas de servicios que tienen centros de operaciones y venden el análisis de datos con un costo diferencial, estos contratistas –a pesar de contar con la tecnología de recolección ya que viene incorporada a las máquinas– no tienen la capacidad de capitalizar los datos mediante su procesamiento y análisis. Sin embargo, deben mantenerse actualizados tecnológicamente y absorber ese costo (ya que no pueden tener un costo diferencial) para no quedarse fuera del mercado. Esto explica el contratista mediano entrevistado:

Nosotros como contratistas tenemos que innovar en tecnología. Porque, si nos quedamos atrás, hoy por ejemplo, te doy un caso, a mi viejo lo llamaron hace un mes atrás para cosechar girasol. Le pidieron […] que los tractores tengan balanza. Nosotros tenemos balanza de hace mucho, que la máquina tenga monitor y mapeo. Entonces, yo soy contratista, no tengo esas herramientas, no puedo ofrecer ese servicio, no tengo trabajo. Hoy la mayoría de las estancias son así.

“Con la tecnología, quedás fuera de escala en todo sentido”. Exclusión tecnológica

En este grupo se encuentran productores estructuralmente excluidos del paradigma de la Agricultura 4.0. El perfil predominante es el del pequeño productor, que por lo general gestiona menos de 150 hectáreas, y la principal barrera que identifican es la falta de escala. Así lo señala un productor perteneciente a este grupo y que además es ingeniero agrónomo perteneciente a AIANBA[8]:

… yo quedo afuera, en la escala, yo tengo 150 hectáreas, soy un productor chico, y hoy no te queda espalda, y un productor chico que no tiene tractor […]. Entonces, ahí es donde quedás fuera de escala, con la tecnología, quedás fuera de escala en todo sentido. […] yo ya no vivo en el campo, tengo otras cosas, pero el tipo que vive en el campo… es muy complicado… es complicado para el acceso a la tecnología.

A estos productores se les vuelve imposible la inversión en equipamiento propio, así como la contratación de servicios a contratistas con maquinaria de punta, quienes, además de tener un costo diferencial, solo les prestan servicio a los grandes productores. En parte para poder amortizar lo invertido, pero también porque prefieren priorizar a los clientes con mayor cantidad de hectáreas por una cuestión de tiempos y costos.

Los costos fijos de la agricultura digital, tanto en maquinaria como en análisis de datos, no se pueden amortizar en superficies reducidas, lo que deja a los productores de pequeña escala fuera de este nuevo paradigma tecnológico.

A su vez, los pequeños productores dependen casi exclusivamente de un segmento de contratistas chicos que está en vías de desaparición, como lo indica un contratista mediano de la zona:

Sí, el contratista chico desaparece. Ya prácticamente está desaparecido, yo conozco gente que hoy en día prestan servicio con maquinaria que está totalmente desactualizada. Son maquinarias del año ochenta y pico, convencionales. Pero ¿qué pasa? Le trabajan a gente que le trabajaron toda la vida […]. O que son productores chicos, que no necesitan un buen servicio.

Por lo tanto, los pequeños productores utilizan maquinaria de la década de los 80, los 90 o principios de los 2000, ya sea propia –en la minoría de los casos– o de contratistas chicos. De este modo, la progresiva desaparición de estos últimos, incapaces de actualizarse tecnológicamente y competir, agrava aún más la exclusión de los productores de menor escala, quienes pierden su única vía de acceso a las labores mecanizadas.

Más allá de las barreras económicas, otra gran dificultad de los establecimientos pequeños para incorporar las tecnologías 4.0 es el tamaño de las maquinarias de agricultura de precisión moderna, cuyas dimensiones están pensadas para obtener mayor eficiencia operativa en grandes extensiones. Pero que muchas veces no entran en los caminos rurales estrechos ni en lotes chicos.

A su vez, también existe una resistencia cultural por parte de los productores chicos, quienes consideran innecesaria la recolección de datos porque trabajan en sus campos hace décadas y tienen un conocimiento histórico de ellos. En este sentido, lo digital no tendría nada nuevo para aportarles.

La imposibilidad por parte de los pequeños productores de adoptar las tecnologías esenciales en función de los nuevos estándares de competitividad acrecienta su posición marginal, y las posibilidades de exclusión del sistema productivo son altas. Esto genera una tensión entre la narrativa de sostenibilidad ambiental y social que acompaña a estas tecnologías y la insostenibilidad socioeconómica que produce esta exclusión. Al respecto, una de las entrevistadas, técnica del INTA Pergamino, dice:

[Sustentabilidad] social, no sé, a ver, social depende de lo que uno piense por social. A mí me parece que mucha tecnología de esta información que dan lugar a pequeñas empresas, entonces, por ahí es que me he pensado “Bueno, sí. También esas tecnologías dan economías de escala y hacen que los productores más chicos queden en desventaja”.

Conclusiones

Las tecnologías de la Agricultura 4.0 no son neutrales, sino que su lógica, orientada a la eficiencia en grandes escalas, consolida las ventajas de los establecimientos ya capitalizados y acelera la exclusión de los más pequeños.

El incremento en los rendimientos de los cultivos que implican estas herramientas podría generar nuevas economías de escala: una reducción en los costos de producción de los establecimientos más grandes debido al aumento del volumen producido, que deja en desventaja a los establecimientos chicos (tal como sucedió cuando se implementó el paquete tecnológico en los años 90 del siglo pasado).

Este contraste entre la capacidad de los grandes productores para invertir en tecnologías digitales y obtener retornos rápidos, frente a las barreras de costo y escala de los pequeños productores, amplía la disparidad de productividad y rentabilidad entre ambos grupos. Esto último principalmente a partir de las posibilidades de achicamiento de la brecha entre los rendimientos reales y potenciales en los establecimientos grandes, tal como es explicado desde AIANBA:

El término es que hay determinadas cuestiones que hacen que los rendimientos potenciales, vamos a lo agronómico, que podemos tener y los rendimientos reales tengan una brecha. […] estas digitalizaciones ayudan en eso, en donde hay productores o determinados sistemas que se acercan de lo real al potencial […] el que se maneja sin información tiene más brecha con el potencial, el que va teniendo más información se puede saber dónde corregir y acercarse al potencial.

Esta dinámica provoca que los pequeños productores operen con crecientes desventajas, lo cual podría llevarlos a la descapitalización y, en última instancia, a alquilar sus tierras a productores más grandes o contratistas, lo que aumenta de este modo la concentración productiva en la región.

De esta manera, la brecha tecnológica que genera la Agricultura 4.0 profundiza las dinámicas de concentración productiva y desigualdad que caracterizan históricamente a la región pampeana y las reactualiza bajo nuevas formas.

En la región pampeana, la adopción de tecnologías digitales en su zona núcleo se encuentra claramente estratificada. Se ha configurado un grupo de productores grandes que incorpora un ecosistema digital completo, capitalizando las ventajas de la eficiencia, la escala y la trazabilidad para diferenciarse en el mercado. A su vez, un grupo intermedio que aplica tecnologías de forma selectiva, buscando retornos rápidos, aunque con algunas limitaciones que no necesariamente están asociadas a la escala, sino más bien de acceso a la tecnología. Finalmente, existe un estrato de pequeños productores que se enfrentan a barreras estructurales de escala, costo y acceso a maquinaria de punta que los deja al margen de la innovación.

De esta manera, la digitalización del agro pampeano abre las puertas hacia una profundización de la concentración productiva que acompaña a la agricultura capitalista desde sus orígenes, reapareciendo como un mecanismo central en la reconfiguración de la estructura social y productiva del campo. La brecha tecnológica, ahora digital, funciona como un motor de exclusión que reproduce y profundiza un patrón de concentración histórico.

Además, la incorporación de tecnologías de la Agricultura 4.0 presentadas bajo el discurso de la eficiencia y sostenibilidad contribuye a consolidar las ventajas de los grandes establecimientos y empresas.

De esta manera, lejos de revertir la tendencia histórica señalada por los clásicos de la cuestión agraria y la sociología rural, la agricultura digital parece reponerla en clave contemporánea, consolidando un escenario del tipo de una “agricultura sin agricultores”.

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  1. Las startups son empresas emergentes, enfocadas en la innovación y la escalabilidad. Buscan resolver problemas específicos existentes o emergentes del mercado de formas novedosas, usualmente de la mano de tecnología avanzada. Este tipo de empresas buscan, a diferencia de una compañía tradicional, modelos de negocio que les permitan crecer a un ritmo acelerado sin un aumento proporcional de sus costos. En el agro, las startups son las que han estado a la vanguardia del desarrollo de soluciones a partir de tecnologías 4.0 (Lachman et al., 2022b).
  2. Expoagro es una de las muestras agropecuarias a campo abierto más importantes de la región que se realiza todos los años en San Nicolás, provincia de Buenos Aires.
  3. AgroPro es una plataforma digital de gestión para la administración de tareas técnicas y económicas. Permite llevar la gestión total del negocio, desde el análisis y la publicidad hasta la cosecha y la comercialización. Lleva a cabo la trazabilidad de la producción y la medición del impacto ambiental.
  4. Auravant es una plataforma de agricultura digital que permite el registro y análisis de información agronómica y de gestión. Integra distintas fuentes de datos, como imágenes satelitales, mapas de rendimiento, pronósticos del clima, estaciones meteorológicas, datos históricos del lote, entre otros, los cuales se procesan y analizan, de manera que permiten la trazabilidad de todo el proceso productivo. En esta plataforma también se realiza la gestión económica de la empresa y el control de los trabajos a campo. Los usuarios acceden a través de una aplicación móvil y una plataforma web.
  5. Consorcios Regionales de Experimentación Agrícola.
  6. Asociación Argentina de Productores en Siembra Directa.
  7. La brecha entre el rendimiento real y potencial se refiere a la diferencia entre la productividad máxima que un cultivo puede alcanzar agronómicamente (rendimiento potencial) y la efectivamente lograda (rendimiento real). La digitalización ayuda a reducir esta brecha, ya que el análisis de información generada permite corregir limitaciones agronómicas, de modo que acerca el rendimiento real al potencial productivo del lote (Andrade, 2020).
  8. Asociación de Ingenieros Agrónomos del Norte de la Provincia de Buenos Aires.


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