Nuestros cursos:

Nuestros cursos:

VIII. Disputas por el suelo, trayectorias productivas y presiones inmobiliarias en el siglo XXI

La interfase urbano-rural
de Guaymallén, Mendoza

María Belén Najt Ruiz

Introducción

Asumir lo rural como una categoría dinámica supone revisar sus elementos constitutivos y sus límites, reconociéndolo como parte de una totalidad en permanente transformación. En sintonía con esta mirada, el objetivo de este capítulo es ofrecer, a través de un estudio de caso, una lectura crítica sobre las nuevas formas de pensar lo rural, deteniéndose especialmente en una de sus dimensiones clave: la articulación entre lo rural y lo urbano.

El departamento de Guaymallén, dentro del Área Metropolitana de Mendoza (AMM), ofrece una ventana precisa para observar cómo las transformaciones globales se territorializan. En sus bordes, donde lo rural y lo urbano se superponen, se juegan disputas por el suelo agrícola, se reconfiguran las dinámicas productivas y se tensionan los marcos normativos de la planificación.

En este punto, resulta necesario abordar la organización territorial reconociendo tanto las especificidades de los regímenes de acumulación periféricos en América Latina como las configuraciones regionales y locales que estos generan. Desde esta perspectiva, en el caso de Guaymallén, esto supone reconocer que las lógicas actuales que conforman su interfase urbano-rural responden a la articulación entre las dinámicas de expansión urbana, asociadas a la revalorización del suelo como activo inmobiliario, y las transformaciones del circuito vitivinícola iniciadas hacia fines del siglo XX, en el marco de la apertura económica y del avance del paradigma neoliberal. Estas transformaciones dieron lugar a nuevas configuraciones productivas y territoriales, en las que los actores locales debieron reorientar sus estrategias.

Siguiendo esto, el objetivo general del trabajo es analizar las transformaciones territoriales en el departamento de Guaymallén considerando los efectos de la reconversión vitivinícola y las dinámicas de expansión urbana como factores estructurantes de la interfase urbano-rural en el siglo XXI.

El capítulo se estructura en tres secciones interrelacionadas. La primera expone el enfoque teórico y metodológico adoptado para analizar la articulación entre lo urbano y lo rural como dimensión constitutiva de las transformaciones territoriales contemporáneas; luego se expone la metodología empleada, que se basa en un enfoque multiescalar y multitemporal. La segunda se concentra en el caso de Guaymallén, abordando la interfase urbano-rural desde las transformaciones del circuito vitivinícola y las trayectorias de los actores locales que conformaron un territorio en tensión entre la producción agrícola y la expansión urbana. La tercera sección presenta las conclusiones, donde se discuten los principales resultados y se plantea la necesidad de incorporar estas dinámicas a la planificación y gestión territorial bajo un enfoque integral.

Coordenadas teóricas y metodológicas del estudio

El desarrollo de este trabajo se sustenta en una perspectiva teórica que permite analizar el vínculo entre las transformaciones territoriales en Mendoza y los cambios en los patrones de acumulación a nivel global. En este sentido, retomamos la propuesta de Harvey (2004), quien, en su teoría de los reajustes espacio-temporales, sostiene que, frente a las crisis cíclicas de sobreacumulación inherentes al sistema capitalista, el capital busca resolver sus contradicciones mediante la expansión geográfica y la reorganización espacial.

Desde mediados de la década de 1970, los países centrales procuraron sortear la crisis del fordismo mediante la desregulación de los mercados, la flexibilización productiva y la expansión global de las cadenas de valor, lo cual dio paso a una fragmentación de las cadenas productivas en unidades más pequeñas y especializadas. Como sostienen García y Rofman (2013), este régimen conllevó una creciente intervención de empresas multinacionales sobre los territorios locales, donde los actores subnacionales debieron reconfigurar sus estrategias y capacidades en función de los nuevos marcos de competencia y valorización del capital.

De este modo, en el medio de producción agrario, el desarrollo capitalista impulsó una profunda restructuración basada en la explotación intensiva de los recursos naturales, la especialización productiva y la articulación de los espacios rurales a circuitos globales de acumulación, lo que favoreció la concentración de capital en grandes unidades agroindustriales y marginó progresivamente a los pequeños productores (Kay, 2016).

A su vez, la transformación del suelo rural en activo financiero abrió paso a dinámicas especulativas vinculadas al capital inmobiliario y turístico, que alteraron la estructura tradicional del campo. Como resultado, el ámbito rural contemporáneo se configura a partir de redes densas y múltiples que articulan lo rural y lo urbano a través de vínculos económicos y sociopolíticos diferenciados, en lo que se ha conceptualizado como la “nueva geografía del campo globalizado” (Woods, 2007).

En esta dinámica, los regímenes urbanos –entendidos como las formas de gobierno y las coaliciones entre actores públicos y privados que gestionan las ciudades– juegan un papel clave en la facilitación de estas reconfiguraciones espaciales (Abramo, 2009). Bajo la lógica neoliberal, el poder público actúa como mediador y facilitador de los intereses del mercado, promoviendo políticas de privatización, desregulación y estímulos a la inversión inmobiliaria.

Diversos autores (Smith, 2005; Theodore et al., 2009) han denominado a este régimen como “urbanismo neoliberal”, el cual se manifiesta a través de políticas urbanas orientadas al crecimiento y la competitividad entre ciudades, impulsadas por la mercantilización del espacio y la atracción de inversiones privadas.

Considerando la dimensión relacional del territorio y las tensiones inherentes a las múltiples formas de conexión entre lo rural y lo urbano, este trabajo se centra en los espacios adyacentes a los centros urbanos, zonas que se caracterizan por su complejidad y dinamismo, derivados de la convivencia, no exenta de conflictos, entre distintos usos del suelo: agroindustriales, residenciales, logísticos y turísticos (Ávila Sánchez, 2019).

Por la especificidad de la organización territorial de la provincia de Mendoza[1], estructurada en torno a oasis de riego y condicionada por un medio natural árido, las zonas de contacto entre lo urbano y lo rural presentan dinámicas complejas que las han posicionado como objeto de creciente atención en el campo de la planificación territorial. Esta preocupación se institucionalizó con la sanción de la Ley Provincial de Ordenamiento Territorial en 2009 y, posteriormente, con la aprobación del Plan Provincial de Ordenamiento Territorial (PPOT) en 2018, que incorpora la noción de interfase urbano-rural para referirse a

áreas de conexión y transición entre las áreas urbanas consolidadas y las áreas rurales (irrigadas o no irrigadas) en las cuales se desarrollan actividades complementarias y necesarias con características propias y de multifuncionalidad, por lo cual son áreas de organización compleja (Plan Provincial de Ordenamiento Territorial, p. 71).

Partiendo de este marco, diversas investigaciones han analizado estos territorios en la provincia para dotar la categoría de una mayor complejidad conceptual y operativa. Dalla Torre et al. (2019) señalan que el PPOT no reconoce plenamente sus particularidades, lo que limita el desarrollo de estrategias adecuadas. Esteves (2022), por su parte, enfatiza la importancia de incluir las prácticas cotidianas de los habitantes como parte del análisis y la planificación territorial. Gudiño (2018) advierte sobre la presión inmobiliaria y la desaparición de explotaciones agrícolas, producto de la ausencia de herramientas regulatorias eficaces. Por su parte, debido a su carácter híbrido y de transición, otras investigaciones (Blanco Ávila et al., 2021; Rubio et al., 2023) sugieren que la noción de “frontera” permite una aproximación más precisa de las dinámicas que ocurren en la interfase urbano-rural. Así, la frontera no solo marca un límite físico, social, político y económico entre dos entidades, sino que también es un ámbito de interacción, intercambio y redefinición de estos espacios.

Desde esta línea de análisis, el presente trabajo busca aportar a la discusión. El desarrollo conceptual expuesto hasta aquí constituye la base teórica para un análisis articulado de la expansión urbana en el AMM y cambios en la actividad agrícola en el departamento de Guaymallén.

Para ello, la metodología empleada se basa en un enfoque multitemporal y multiescalar para analizar las transformaciones territoriales en el AMM durante los últimos treinta años. El análisis se centra en el departamento Guaymallén como estudio de caso, debido a su relevancia, ya que es el más poblado de la provincia y alberga en su territorio a una parte del cinturón verde que rodea a la capital provincial.

Se utilizan fuentes secundarias de información, incluyendo datos cartográficos extraídos del PPOT y el Plan Municipal de Ordenamiento Territorial de la Municipalidad de Guaymallén (PMOT). Además, nos valemos de datos extraídos de los Censos Nacionales Agropecuarios (CNA) e información publicada por la Dirección de Estadísticas e Investigaciones Económicas de la Provincia de Mendoza (DEIE). Esta combinación de fuentes permite capturar las dinámicas urbanas y rurales, así como los cambios en el uso del suelo y las actividades agrícolas.

Guaymallén y la reconfiguración de su territorio: del circuito vitivinícola a los nuevos usos del suelo

Dentro del “oasis norte” del AMM, Guaymallén se destaca por ser, pese a su reducida extensión territorial, el departamento más poblado de Mendoza. De acuerdo con el Censo 2022, reúne 320.871 habitantes, equivalente al 16 % de la población provincial.

Figura 1. Guaymallén en el mapa provincial de Mendoza

Fuente: elaboración propia

Al examinar la evolución de su mancha urbana (figura 2), se observa una extensión hacia el noreste y sureste del departamento, donde se encuentran terrenos de gran valor agrícola. De hecho, el PMOT expresa que lo urbano “avanza sin control, en grandes superficies y muchas veces especulativas sobre el área rural, provocando gran impacto, tanto territorial como ambiental, al sector productivo con mayor calidad de suelos para la producción de alimentos en cercanía” (Municipalidad de Guaymallén, 2021, p. 155).

Figura 2. Huella urbana Guaymallén 1914-2018

Fuente: Plan Municipal de Ordenamiento Territorial de la Municipalidad de Guaymallén.

Una revisión de los principales hitos en el proceso de conformación y reestructuración del circuito vitivinícola provincial permite rastrear las formas en que los cambios en los regímenes de acumulación, particularmente aquellos vinculados a la apertura económica y al avance del paradigma neoliberal, incidieron en la organización espacial, de modo que dieron lugar a nuevas articulaciones entre lo urbano y lo rural.

A finales del siglo XIX, la vitivinicultura se consolidó como el principal circuito productivo de la provincia. Hasta la década de 1970, la producción se orientaba hacia variedades de alto rendimiento, aunque de baja calidad, destinadas a la elaboración de “vinos de mesa” para el mercado interno. Este modelo se sustentaba en una gran cantidad de pequeñas y medianas unidades productivas y en el uso intensivo de mano de obra, en el marco de un régimen de contratistas o productores primarios (Altschuler & Collado, 2013; Neiman, 2003)

Hacia fines de la década de 1980, el sector experimentó un proceso de reconfiguración profunda. En simultáneo con el sostenido descenso del consumo interno de vino común (Rofman, 2020), la llegada de capitales internacionales –favorecida por los incentivos fiscales de la legislación de diferimientos impositivos iniciada con la Ley 18.905/71– redefinió el perfil de la vitivinicultura mendocina (García, 2025).

Enmarcada en un contexto más amplio de reestructuración de las industrias agroalimentarias a nivel global, la denominada “reconversión vitivinícola” tuvo como rasgos centrales la extranjerización del capital y la concentración tanto en el sector industrial como en el primario. En este escenario, la modernización del circuito productivo adquirió múltiples dimensiones: la incorporación de innovaciones tecnológicas en fincas y bodegas, el incremento de los controles sobre los procesos de trabajo, la reorientación de la producción hacia vinos de alta calidad dirigidos a mercados de exportación y una creciente integración vertical (Neiman, 2003; Rofman, 2020; Cerdá, 2019).

En las primeras dos décadas del siglo XXI, el perfil exportador de la vitivinicultura mendocina se consolidó y profundizó. Las sucesivas devaluaciones –en particular, la ocurrida tras la salida de la convertibilidad en 2002– actuaron como factores dinamizadores, al mejorar la rentabilidad de las exportaciones y favorecer la orientación del circuito productivo hacia los mercados externos. De acuerdo con García (2025), el desempeño de las primeras décadas del siglo XXI estuvo marcado por la expansión de grandes propiedades (más de 50 ha) altamente tecnificadas, localizadas en áreas no necesariamente contiguas, y por la introducción y difusión de nuevas variedades de uva orientadas a la elaboración de vinos finos.

Sin embargo, la reconversión vitivinícola no se desplegó de manera homogénea en el territorio provincial. Por el contrario, puso de manifiesto una creciente dualidad estructural dentro del sector. Por un lado, se consolidaron sectores con mayor capacidad de inversión y acceso a tecnología, financiamiento y canales de exportación. Por otro lado, persistieron productores medianos y pequeños que quedaron al margen del proceso, limitados por la escasez de capital, la falta de equipamiento tecnológico y las dificultades para insertarse en los nuevos circuitos comerciales. Esta fragmentación profundizó las desigualdades productivas y territoriales, con lo que reproducía un patrón de desarrollo selectivo y excluyente (Altschuler, 2017).

En este sentido, Guaymallén se ubica entre los territorios periféricos o subordinados respecto de las zonas de mayor dinamismo vitivinícola, como la denominada Primera Zona y el valle de Uco[2]. En el plano industrial, el departamento experimentó la desaparición progresiva de cooperativas y bodegas locales, cuyos edificios abandonados se integraron al paisaje urbano como vestigios materiales de un ciclo productivo en declive (Esteves & Sales, 2022).

Por su parte, en el sector primario, los pequeños y medianos productores siguieron trayectorias diversas: mientras que algunos reorientaron su producción hacia la actividad hortícola, que ya era desarrollada al igual que en otros cinturones verdes del país por familias migrantes de origen boliviano (Van den Bosch, 2016; Mathey & Pereyra, 2020, 2021), otros optaron por incorporar sus tierras al mercado inmobiliario ante la creciente valorización del suelo y la pérdida de rentabilidad de la producción agrícola.

Respecto del primer grupo, Guaymallén constituye uno de los departamentos más representativos del denominado Cinturón Verde del Gran Mendoza. La disponibilidad de suelos con condiciones agroecológicas favorables, junto con una amplia disponibilidad de recursos hídricos tanto superficiales como subterráneos, le otorga ventajas competitivas frente a otras áreas productivas de la provincia. De acuerdo con información del Plan Municipal de Ordenamiento Territorial (Municipalidad de Guaymallén, 2018), el 59 % de las hectáreas cultivadas del departamento corresponde actualmente a hortalizas, seguidas por vid (16 %) y olivo (15 %).

Además, en su territorio se localizan los dos principales mercados de hortalizas de la región: el Mercado Cooperativo de Guaymallén y el Mercado Cooperativo Acceso Este.

En relación con la segunda estrategia –la conversión del suelo rural a urbano–, si hasta aquí destacamos los efectos territoriales derivados de las transformaciones del circuito vitivinícola, resulta igualmente necesario subrayar el papel que adquirieron el sector inmobiliario y el de la construcción en los cambios recientes del territorio.

Tras la crisis económica y social de 2001, el sector de la construcción adquirió un papel protagónico en la reactivación económica, debido a su capacidad para dinamizar el conjunto de las actividades productivas. Durante los gobiernos kirchneristas (2003-2015), esta tendencia se vio reforzada por la implementación de políticas habitacionales de gran escala (Fernández Wagner, 2015). Paralelamente, la pérdida de confianza en el sistema financiero luego de la salida de la convertibilidad llevó a los sectores beneficiados por la nueva política cambiaria a buscar alternativas de inversión más seguras. En este contexto, el mercado inmobiliario se consolidó como un destino atractivo para el capital, impulsado por la estabilidad de los precios en dólares y la disminución de los costos de construcción en moneda local tras la devaluación (Lapelle et al., 2011; Pertierra Cánepa y Pantanetti, 2011).

Para dimensionar la magnitud y orientación del dinamismo inmobiliario, resulta pertinente analizar la evolución de los permisos de construcción, indicador que permite observar la intensidad y distribución territorial de la expansión urbana. El gráfico siguiente presenta datos sobre la expansión urbana de los departamentos del Gran Mendoza. Se advierte que, durante la última década, Guaymallén ha concentrado el mayor porcentaje de superficie construida (entre un 15 % y 20 % del total de cada año), reflejando su protagonismo en los procesos recientes de urbanización.

Gráfico n.º 1. Participación relativa de la superficie autorizada por departamento. Gran Mendoza, 2010-2020

Fuente: elaboración propia a base de datos de la Dirección de Estadísticas e Investigaciones Económicas de la Provincia de Mendoza.

La manera en que se ocupa el territorio está profundamente influida por los intereses de los distintos actores que intervienen en el proceso, cuyas decisiones y estrategias marcan el ritmo y la forma en que se incorporan nuevas áreas urbanas. En este sentido, distintos estudios en la provincia destacan el rol cada vez más protagónico de los desarrolladores privados en la expansión urbana, especialmente a través de emprendimientos residenciales cerrados.

Según lo muestra la figura 3, estas urbanizaciones se concentran en las zonas noroeste y sureste del departamento, modificando la configuración socioespacial de las periferias a partir del cambio de uso del suelo, que pasa de rural a urbano. Esta dinámica puede ser comprendida a partir del concepto de peri-rent gap propuesto por Apaolaza y Venturini (2021), que alude a la captura de una renta diferencial extraordinaria asociada a la conversión de suelos rurales sin uso –o con usos de muy baja intensidad– en suelo urbano de destino residencial.

Figura 3. Uso residencial y sus modalidades. Guaymallén. Año 2018

Fuente: elaborado por Municipalidad de Guaymallén con base en datos de la Dirección de Catastro Municipal.

El cambio en el uso del suelo en la zona puede comprenderse a partir de un proceso en dos tiempos. El primero, que podríamos denominar “fase de colonización”, estuvo atravesado por la disponibilidad de grandes extensiones de tierra a bajo costo, favorecida por la crisis del sector vitivinícola, que dejó numerosos terrenos improductivos o en desuso. Así lo indica el desarrollador inmobiliario Juan Manuel Giménez Riili, en un reportaje para el Diario Uno en enero de 2022:

En la zona había cinco bodegas históricas, que se fundieron después de 50 o 60 años, y se subdividieron todos esos terrenos. Algunos se explotaban agrícolamente en forma más o menos intensiva, y otros eran familias que tenían unas 20 hectáreas, vivían en calle Boulogne sur Mer, las tenían medio tiradas, y las alquilaban a pequeños contratistas […]. Yo soy nacido y criado en Kilómetro 11, amo este lugar, entonces les ofrecí a los propietarios de terrenos comprárselos para el emprendimiento. El secreto es que yo, al conocer la zona, sabía todas las cosas positivas del lugar. Hay colegios muy cercanos, estamos pegados al Acceso Este, y muchas otras, que nosotros sabíamos que si las explotábamos íbamos a tener éxito (Juan Manuel Giménez Riili, entrevista en Diario Uno).

Más adelante, la incorporación de mejoras en la infraestructura vial y una serie de reformas normativas que habilitaron nuevos usos del suelo dieron paso a una segunda etapa. A diferencia de la fase anterior, en este período se produjo la irrupción de loteadores de menor escala, cuyo accionar tuvo un impacto directo sobre las explotaciones agropecuarias (EAP) de menor tamaño, predominantes en el departamento.

En la tabla 1, se observa cómo este proceso se tradujo en una marcada reducción del número de explotaciones: las EAP de menor tamaño (hasta 10 ha) disminuyeron un 46 % entre el Censo Nacional Agropecuario (CNA) de 2008 y el de 2018, y un 66 % si se las compara con el CNA de 2002.

Tabla 1. Número de EAP según extensión en hectáreas.
Guaymallén. 2002, 2008 y 2018
AñoTotalha
hasta 5
ha
de 5,1
a 10
ha
de 10,1 a 25
ha
de 25,1 a 50
ha
de 50,1 a 100
ha
de 101 a 1000
20021612121325510131102
200810447441798124115
201857041482531263

Fuente: elaboración propia con base en datos del Censo Nacional Agropecuario, 2002, 2008 y 2018.

En este nuevo escenario, las dos estrategias previamente mencionadas (la reorientación productiva y la incorporación del suelo al mercado inmobiliario) comenzaron a entrar en tensión; mientras que algunas chacras intentaron sostener su producción hortícola, otras no pudieron resistir el avance de la urbanización ni las transformaciones en las condiciones del mercado.

Las transformaciones descriptas hasta aquí se corroboran al observar los datos presentados por Esteves (2022) a partir de los censos agropecuarios. Según el autor, en 1937 la superficie de viñedos en Guaymallén alcanzaba las 7400 hectáreas, mientras que la horticultura ocupaba 319 hectáreas. En 2008, la superficie implantada con vid se redujo a 1348 hectáreas, y la correspondiente a la horticultura aumentó a 2046 hectáreas. Para 2018, ambas actividades registraron una merma: la vid ocupaba 440 hectáreas, y la horticultura se ubicaba en torno a las 1374 hectáreas.

En la siguiente figura se puede observar cómo la expansión urbana dispersa interactúa con parcelas rurales de menor superficie, generando un paisaje fragmentado en el que coexisten usos productivos tradicionales y nuevas ocupaciones residenciales.

Figura 4. Expansión urbana dispersa interactuando con parcelas rurales de menor superficie. Guaymallén. 2018

Fuente: Plan Municipal de Ordenamiento Territorial Guaymallén.

Tal como puede observarse en la figura anterior, la presión urbana se concentra en las zonas más próximas al área metropolitana, donde los suelos agrícolas ven crecer su valor inmobiliario, mientras que en el sector este del departamento persiste la actividad agrícola.

En respuesta a esta situación, el Plan de Ordenamiento Municipal busca proteger la zona sur mediante la designación de un “área de interfase rural-suelo no urbanizable” o “zona reserva agroalimentaria”, donde “no prevé ocupación residencial ni infraestructuras o equipamientos asociados a la misma” (Municipalidad de Guaymallén, 2021, p. 187). A su vez, se establece un “área de interfase rural-suelo urbanizable SUe2 y SUe3”, donde se proyecta “el crecimiento y consolidación suburbana, en convivencia con relictos productivos, industria no nociva y almacenamiento” (Municipalidad de Guaymallén, 2021, p. 187).

Figura 5. Clasificación del territorio de Guaymallén
de acuerdo con el PMOT

Diagrama  El contenido generado por IA puede ser incorrecto.

Fuente: Plan Municipal de Ordenamiento Territorial de la Municipalidad de Guaymallén (2021).

Abordar las lógicas de ordenamiento del espacio supone examinar las formas en que el poder interviene en la producción espacial, lo que remite a los procesos de territorialización que se expresan en prácticas concretas. Desde esta perspectiva, la zonificación constituye solamente un punto de partida que abre el interrogante sobre cómo formular políticas públicas capaces de responder a las particularidades territoriales, considerando que las dinámicas reales suelen exceder y tensionar los límites previamente establecidos.

Esta complejidad se visibiliza en la imagen satelital correspondiente a un sector del distrito Kilómetro 11 que se presenta a continuación, donde conviven usos agrícolas, una urbanización cerrada orientada a sectores medios y altos y un barrio de operatoria estatal.

Figura 6. Convivencia de usos de suelo en Kilómetro 11, Guaymallén

Fuente: Google Earth (2025). Sector Kilómetro 11, Guaymallén, Mendoza [imagen satelital]. Imágenes capturadas el 2 de diciembre de 2025.

Como se ha mostrado a lo largo del trabajo, las tensiones más significativas se producen entre las actividades productivas que persisten, aun cuando se hayan reestructurado y relocalizado, y los actores que impulsan o se benefician de la expansión inmobiliaria. En este sentido, el análisis de los procesos de generación y apropiación de la renta resulta fundamental para comprender la complejidad y el dinamismo de estos territorios (González Maraschio, 2018). Del mismo modo, es clave identificar a los sujetos que actúan sobre el territorio, tanto los nuevos actores, muchos de ellos provenientes de ámbitos urbanos, que se insertan y reconfiguran el espacio, como la población rural que redefine sus prácticas y estrategias en función de su interacción creciente con usos y equipamientos urbanos. Incorporar esta mirada permite ampliar el análisis de las áreas de interfase urbano-rural y avanzar hacia una escala micro que visibiliza dinámicas de convivencia o conflicto y que quedarían fuera de un enfoque exclusivamente físico o funcional del espacio.

Conclusiones

El punto de partida de esta investigación ha sido el reconocimiento de que las ruralidades contemporáneas no pueden comprenderse sin considerar su articulación con lo urbano como parte constitutiva de sus procesos de transformación. En este sentido, el departamento de Guaymallén constituye un territorio privilegiado para observar dicha articulación y la interacción entre las lógicas de expansión urbana y las dinámicas de persistencia rural. Es el municipio con mayor participación relativa de la superficie autorizada para la construcción en el período 2010-2020 y, al mismo tiempo, forma parte del Cinturón Verde de la provincia, lo que evidencia la continuidad de las actividades agrícolas y los procesos de reorganización productiva.

El análisis del devenir histórico del circuito vitivinícola, principal eje productivo de Mendoza, funcionó como punto de entrada para comprender la trama de relaciones que subyacen a las transformaciones territoriales recientes. La apertura económica y la consolidación del paradigma neoliberal a fines del siglo XX impulsaron un proceso de reconversión que, al tiempo que integró a la provincia a los mercados internacionales, profundizó su diferenciación interna y desplazó a Guaymallén hacia una posición periférica dentro del nuevo modelo de acumulación. Este desplazamiento obligó a los actores locales a redefinir sus estrategias: algunos productores reorientaron su actividad hacia la horticultura, mientras que otros incorporaron sus tierras al mercado inmobiliario, alentados por la valorización del suelo en un contexto de boom inmobiliario.

Estas dos trayectorias (la reconversión productiva y la urbanización del suelo) han entrado en conflicto y tensión durante las primeras décadas del siglo XXI. Mientras que lo urbano ejerce una presión creciente sobre las áreas más próximas a la ciudad consolidada, donde se localizan las explotaciones agropecuarias de menor tamaño, lo rural persiste en el sector sureste del departamento y se desplaza hacia las periferias del oasis norte.

En este escenario, el ordenamiento territorial adquiere un papel fundamental. El municipio de Guaymallén ha incorporado explícitamente la categoría de interfase urbano-rural en su planificación, delimitando áreas con diferentes grados de protección y potencial de urbanización. Por un lado, el “área de interfase rural-suelo no urbanizable” o “zona de reserva agroalimentaria”, destinada a preservar el uso agrícola; por otro, el “área de interfase rural-suelo urbanizable (SUe2 y SUe3)”, donde se proyecta la expansión suburbana en convivencia con usos productivos. Si bien estos lineamientos representan un avance, la pregunta clave continúa siendo cómo diseñar e implementar políticas públicas que logren atender la complejidad de estas áreas, donde las trayectorias territoriales suelen desbordar los límites administrativos y las zonificaciones formales.

En este sentido, los resultados de este estudio aportan elementos para repensar las políticas territoriales desde una mirada que reconozca la diversidad de estrategias y los factores económicos y extraeconómicos que inciden en la rentabilidad y sostenibilidad de las actividades. Promover un equilibrio entre las dinámicas del mercado y los objetivos de equidad social y ambiental implica no solo regular el uso del suelo, sino también fortalecer las capacidades locales y los circuitos productivos que sostienen la vitalidad de las ruralidades en transición.

Bibliografía

Abramo, P. (2009). La producción de las ciudades latinoamericanas: mercado inmobiliario y estructura urbana. Quito, Ecuador: OLACCHI.

Altschuler, B. (2017). Asimetrías y fronteras sociales en la configuración de la vitivinicultura mendocina. Estudios Sociales Contemporáneos, n.º 16. En https://bdigital.uncu.edu.ar/app/navegador/?idobjeto=9595.

Altschuler, B. & Collado, P. (2013). Transformaciones en la vitivinicultura mendocina en las últimas décadas: el doble filo de la “estrategia cooperativa”. Voces en el Fénix, (27), 76-83.

Apaolaza, R., & Venturini, J. P. (2021). Cambios de usos del suelo en la periferia del área metropolitana de Buenos Aires. Geograficando, 17(1). En https://doi.org/10.24215/2346898Xe087.

Ávila Sánchez, H. (2019). Agricultura urbana y periurbana: Reconfiguraciones territoriales y potencialidades en torno a los sistemas alimentarios urbanos. Investigaciones Geográficas, 98. En https://doi.org/10.14350/rig.59785.

Blanco Ávila, A. M., Sales, R. G., & Dalla Torre, J. (2021). Fronteras como herramienta metodológica para comprender territorios de interfaz en tierras secas. Revista de Urbanismo, (44), 166-181.

Cerdá, J. M. (2019). La transformación de la vitivinicultura mendocina. En La ruralidad en tensión. Teseo. En https://ri.conicet.gov.ar/handle/11336/190931.

Dalla Torre, J., Sales, R., Esteves, M., & Ghilardi, M. (2019). Los territorios de interfase urbano-rural en tierras secas. Reflexiones sobre su tratamiento en las políticas de ordenamiento territorial de Mendoza. Quid 16. Revista del Área de Estudios Urbanos, 11.

Esteves, M. (2022). El paisaje cotidiano en la planificación de territorios de interfaz urbano-rural. En Las fronteras en la vida cotidiana de las ciudades neoliberales: El caso del Área Metropolitana de Mendoza. Teseo. En https://ri.conicet.gov.ar/handle/11336/204315.

Esteves, M. (2022). El Parque Agrario en la planificación del crecimiento urbano en tierras secas: el caso de Guaymallén, Mendoza (Argentina). Revista de Urbanismo, (47), 79-95. En https://dx.doi.org/10.5354/0717-5051.2022.66848.

Esteves, M. & Sales, R. (2022). Patrimonio vitivinícola en quincha frente a la expansión urbana en Mendoza, Argentina. RIVAR (Santiago), 9(25), 211-229. En https://dx.doi.org/10.35588/rivar.v9i25.5449.

Fernández Wagner, R. (2015). El sistema de vivienda pública en Argentina. Revisión desde una perspectiva de los regímenes de vivienda. En M. Á. Barreto & M. Lentini, Hacia una política integral del hábitat. Aportes para un observatorio de política habitacional argentina (pp. 29-96). Café de Ciudades.

García, A. (2025). Circuitos productivos regionales y comercialización asociativa: procesos de innovación en la Argentina de principios de la década de 2020. Población y Sociedad, 32(1), pp. 1-26. Disponible en https://cerac.unlpam.edu.ar/index.php/pys/article/view/8707.

González Maraschio, M. F. (2018). Factores económicos y extraeconómicos de la renta de la tierra en la interfase rural-urbana del Gran Buenos Aires (1994-2014). Eutopía. Revista de Desarrollo Económico Territorial, 14.

Gudiño, E. (2018). Regulación del mercado para conservar suelo agrícola: Interfaz urbano-rural, zona metropolitana de Mendoza, Argentina. Revista de la Facultad de Ciencias Agrarias, 50(2). En https://bdigital.uncu.edu.ar/11679.

Gudiño, E., & D’Inca, V. (2004). Cambios en los patrones de localización de ciudades intermedias y globalizadas: Mendoza, Argentina, y São Paulo, Brasil. Regiones y Desarrollo Sustentable, 41-76.

Harvey, D. (2004). El “nuevo” imperialismo. Sobre reajustes espacio-temporales y acumulación mediante desposesión. Revista Herramienta, 27, 17-30.

Kay, C. (2016). La transformación neoliberal del mundo rural: Procesos de concentración de la tierra y del capital y la intensificación de la precariedad del trabajo. Revista Latinoamericana de Estudios Rurales, 1(1), 1-26.

Lapelle, H., López Asensio, G. & Woelflin, M. L. (2011). El sector construcción e inmobiliario a una década de las crisis 2001. 16.º Jornadas de Investigaciones en la Facultad de Ciencias Económicas y Estadística, Universidad Nacional de Rosario.

Mathey, D. & Pereyra, M. (2020). Configuración socioproductiva de un territorio hortícola. El caso de Guaymallén, provincia de Mendoza. En D. Mathey y G. Preda (Eds.), Sujetos sociales en la horticultura argentina: reflexiones en torno a su estudio (pp. 99-113). Ediciones INTA. En http://hdl.handle.net/20.500.12123/7204.

Mathey, D. & Pereyra, M. (2021). Transformaciones y continuidades agrarias en cinturones verdes. El caso de Guaymallén como la “zona del verdeo” de Mendoza, Argentina. Temas y Debates, (42), 61-84. En https://tinyurl.com/ms4wat4r.

Neiman, G. (2003), La calidad como articulador de un nuevo espacio productivo y de organización del trabajo en la vitivinicultura mendocina. En M. Bendini, S. Cavalcanti, M. Murmis & P. Tsakoumagkos (Comp.), El campo en la sociología actual (pp. 291-314). Buenos Aires: La Colmena.

Pertierra Cánepa, F. M., & Pantanetti, M. (2011). El fideicomiso y el boom inmobiliario argentino (CEMA Working Papers: Serie Documentos de Trabajo 451). Universidad del CEMA.

Rofman, A. (2020). Política de ajuste en la restauración conservadora y sus efectos en el circuito productivo vitivinícola (2015-2019). En A. Rofman (Comp.), Circuitos productivos regionales y estrategias de desarrollo en la Argentina del siglo XXI. Buenos Aires: IADE.

Rubio, C., Sales, R., Verdugo, L., & Rubio, M. C. (2023). Criterios socioambientales para abordar la interfaz en la frontera urbano-rural. El caso del piedemonte del área metropolitana de Mendoza, Argentina. Universum (Talca), 38(1), 189-213.

Smith, N. (2005). El redimensionamiento de las ciudades: La globalización y el urbanismo neoliberal. En D. Harvey & N. Smith, Capital financiero, propiedad inmobiliaria y cultura (pp. 59-78). Museu d’Art Contemporani de Barcelona, Universitat Autònoma de Barcelona.

Theodore, N., Peck, J., & Brenner, N. (2009). Urbanismo neoliberal: La ciudad y el imperio de los mercados. Temas Sociales: Ediciones SUR, 66.

Van Den Bosch, M. E. (2016). Dinámica de la concentración de tierras agropecuarias en la provincia de Mendoza. INTA.

Woods, M. (2007). Engaging the Global Countryside: Globalization, Hibridity and the Reconstitution of Rural Place. Progress in Human Geography, 31(4). DOI: 10.1177/0309132507079503.

Fuentes

Adriazola, R. (2022, 2 de enero). Los secretos de Juan Manuel Giménez Riili para lograr el boom urbanístico de Kilómetro 11, Diario Uno. En https://tinyurl.com/4dsv7evn.

Plan Provincial de Ordenamiento Territorial de la Provincia de Mendoza.

Plan Municipal de Ordenamiento Territorial de la Municipalidad de Guaymallén. Dirección de Estadísticas e Investigaciones Económicas de la Provincia de Mendoza. Censo Nacional Agropecuario.


  1. Mendoza es un territorio predominantemente desértico, con un clima continental, árido y semiárido, y precipitaciones anuales que promedian los 200 mm. Su organización territorial se estructura en torno a tres oasis de riego artificiales, que representan solo el 3 % de la superficie provincial. Estos son Oasis Norte, formado por los ríos Mendoza y Tunuyán Inferior; Oasis Centro o Valle de Uco, originado por el río Tunuyán Superior; y Oasis Sur, que tiene su origen en los ríos Diamante y Atuel. Dentro de estos, las áreas urbanas ocupan apenas el 0,25 % del territorio, concentrando al 79 % de la población, más de la mitad de la cual reside en el AMM, que se encuentra en el Oasis Norte y está integrada por los departamentos Capital, Guaymallén, Las Heras, Godoy Cruz, Luján de Cuyo, Maipú y Lavalle. El 21 % restante de la población se distribuye de manera dispersa dentro de los otros oasis o en zonas no irrigadas de llanura y montaña, que abarcan el 97 % del territorio.
  2. Primera Zona Vitivinícola comprende los departamentos de Luján de Cuyo y Maipú, mientras que Valle de Uco incluye los departamentos de Tupungato, Tunuyán y San Carlos.


Deja un comentario