Otras publicaciones:

9789877230581-tapa

Book cover

Otras publicaciones:

9789871867509-frontcover

9789877230956_frontcover1

3 “Construir Ciudad”

La prospectiva como instrumento para la planificación estatal durante la “Revolución Argentina” (1966-1973)

Gabriela Gomes (CONICET-UNSAM/UBA)

I. Introducción

La planificación estatal supone un determinado esquema de ideas, valores y creencias (Canclini, 2010 [1997]). Los nuevos paradigmas de planificación estatal que se gestaron en los años 30 se implementaron tras la Segunda Guerra Mundial cuando el Estado se constituyó como un actor protagónico de las políticas públicas. Ello ocurrió en varios países latinoamericanos en los años 40 cuando se ampliaron los organismos de planeamiento que intentaban operar sobre los problemas presentes y futuros de la sociedad. Frente a la heterogeneidad de ideas y paradigmas, el Estado apareció como la “solución” en temas relacionados con el desarrollo económico y la integración social (Berrotarán, 2003). Un Estado que tendía a la centralización requería del desarrollo y fortalecimiento de los organismos técnicos que pudieran elaborar estadísticamente la información económica, demográfica y tributaria, etc.

Durante los años 50, se aceleró el proceso latinoamericano de industrialización y urbanización y se profundizó la crisis habitacional. La problemática urbana formó parte de la agenda de casi todos los países (Del Pozo, 2002). En el Cono Sur los “largos años sesenta”[1] son conocidos por el auge de la planificación urbana, que interpeló a profesionales como a arquitectos, ingenieros y urbanistas (Liernur, 2001). Se trató de una concepción integral de la planificación que implicó el desarrollo urbano y ordenamiento territorial a escala nacional y que fue propiciada por los gobiernos desarrollistas (democráticos y autoritarios) que desplegaron múltiples estrategias políticas para atender el problema habitacional mediante una planificación centralizada (Gorelik, 1998; Renard, 2000).

La idea de los polos nacionales de desarrollo como estrategia para corregir los desequilibrios regionales apuntó a la descentralización territorial y a trasladar parte de la actividad económica e industrial concentrada en las áreas metropolitanas hacia áreas menos desarrolladas. Eso demandaba una serie de incentivos económicos y productivos que motivaran el desplazamiento poblacional hacia el interior de los países. Esa idea provino de Francia y fue bien recibida por los investigadores y planificadores latinoamericanos (Coraggio, 1990). Dichas ideas inspiraron a gobiernos liderados por Arturo Frondizi, Arturo Illia y el General Juan Carlos Onganía en Argentina, Eduardo Frei Montalva en Chile, Juscelino Kubitschek en Brasil, y Fernando Belaúnde Terry en Perú.

En el contexto de la Guerra Fría, la prospectiva ligada a la planificación estratégica fue preconizada por tecnócratas civiles y militares. Se trató de una metodología que en América Latina permaneció ligada a los principios de la Doctrina de la Seguridad Nacional y al planeamiento. Permitió prever escenarios y futuros posibles que resultaban importantes para la planificación y el desarrollo de las políticas públicas. Construir ciudad era sinónimo de futuro y modernidad. En ese sentido, los aportes de la cibernética y la prospectiva fueron instrumentos claves para la planificación urbana a futuro (Gomes, 2017). En ese contexto, se promovió la erradicación de las villas miserias y la construcción de conjuntos de alta densidad para reducir el déficit habitacional. Dichas políticas fueron acordes al proyecto modernizador de la dictadura militar autodenominada “Revolución Argentina” (1966-1973). Esa opción arquitectónica fue institucionalizada por el Estado, estuvo destinada principalmente hacia los sectores sociales más vulnerables y también respondió a satisfacer las presiones corporativas ejercidas por los sectores concentrados de la industria de la construcción (Fernández Wagner, 1995, 2009; Gorelik y Silvestri, 2005).

El objetivo de este capítulo es analizar cómo determinadas ideas acerca de lo urbano se cruzaron con otras como las de seguridad nacional en el diseño de los planes nacionales de desarrollo de la dictadura militar. La hipótesis de este trabajo es que las pretensiones refundacionales de la “Revolución Argentina” hicieron de la infraestructura urbana uno de sus objetivos prioritarios para consolidar las bases de un país moderno de cara al año 2000. En ese período, se produjo lo que denominamos una “revolución urbana”, debido al tamaño de las obras públicas. Consideramos que eso evidenció la mixtura entre la visión futurista y la política de lo “moderno”. Mediante una serie de intervenciones urbanísticas en distintas localidades del país, se consolidó un nuevo orden arquitectónico que apuntó a crear la ciudad del futuro.

Este capítulo se divide en tres secciones. En la primera, presentamos una apretada síntesis del contexto internacional en el que surgió la prospectiva y sus principales interlocutores y redes en Argentina. En la segunda sección, se aborda cómo la prospectiva entendida como la clave de la planificación estatal fue un tópico recurrente en el pensamiento estratégico y geopolítico de militares relevantes de la “Revolución Argentina”. Según los militares nacionalistas, como Osiris Villegas y Juan Enrique Guglialmelli, el desarrollo y la seguridad estaban interrelacionados. Finalmente, en la tercera se presentan algunas de las intervenciones urbanísticas que promovió la dictadura para “modernizar” y desalentar el crecimiento del Área Metropolitana de Buenos Aires.

II. La prospectiva como un instrumento para el planeamiento durante la Guerra Fría

Los estudios prospectivos resultaron de gran importancia durante la Guerra Fría ya que permitían incorporar nuevas tecnologías en armamento y desarrollar sistemas de información y comunicación de acuerdo a la política de defensa. Allí, la prospectiva, entendida como la ciencia de la anticipación, alcanzó un desarrollo considerable, principalmente en el ámbito militar y la planificación estratégica. Herman Kahn, físico y estratega militar, fue el primero en introducir el concepto “escenario” como parte del planeamiento de los estudios militares y estratégicos conducidos por la Rand Corporation, la cual fue creada en 1946 en Estados Unidos y de la que fue consejero entre 1947 y 1959.[2]

La Rand Corporation era un think tank que operaba para el Pentágono en América Latina, principalmente. Según Olaf Helmer –director de la división de matemáticas de la Rando–, la doctrina futurible de la Rand se basaba en escoger entre los diferentes porvenires imaginables. Los principales estudios eran encargados por la Fuerza Aérea –institución que concentró buena parte del trabajo de la Rand–, la Comisión de Energía Atómica, la NASA y la Secretaría de Defensa de los Estados Unidos. En 1961 Herman Kahn salió de la Rand y formó su propio think tank, el Hudson Institute, también dedicado al estudio de temas bélicos. La Rand Corporation y el Hudson Institute participaron en los círculos de defensa y contribuyeron al desarrollo de los métodos militares conocidos como los “análisis de operaciones” y los “sistemas de análisis” (Rivera, 2012).[3]

El libro Año 2000 de Herman Kahn y Anthony Wiener (1967) guio a la futurología norteamericana y se convirtió en un bestseller. Allí, los autores examinaron las posibilidades futuras del orden mundial en función de las potenciales alianzas de poder y sus respectivos desafíos internacionales para la seguridad de los Estados Unidos. Entre los principales problemas para el año 2000, se señaló la educación, el urbanismo y los altos niveles de polución. De las predicciones señaladas, destacamos su énfasis en el crecimiento demográfico, la urbanización y el desarrollo de megalópolis (se sostuvo que el 90 % de la población sería urbana), así como en el crecimiento de los medios de destrucción masiva. Los autores ofrecían un listado de los 100 inventos científicos que cambiarían el rumbo de la humanidad y otros 100 inventos posibles, como el desarrollo de la inteligencia artificial, el uso de cohetes para trasportes privados o comerciales terrestres o extraterrestres y cúpulas geodésicas que cubrirían las grandes ciudades, entre otros (Kahn y Wiener, 1967).

A fines de los años 60, Kahn popularizó su método de los escenarios al ámbito de los negocios. El vínculo que se estableció entre el planeamiento militar y el mundo privado se explica porque Kahn buscaba auspiciantes para financiar las actividades del Hudson Institute. En el mismo período, el método de los escenarios se difundió en el sector público de la mano del economista y matemático Pierre Massé en la Dèlegation d’Amenagement du Territoire et l’Action Regionale (DATAR) de 1970. Sus aportes fueron claves en la industria eléctrica y divulgación de la prospectiva aplicada tanto en el sector público como en el privado de Francia. Sus trabajos se basaron en los aportes metodológicos de los investigadores norteamericanos Theodore Gordon y Olaf Helmer. Otro ejemplo fue la empresa petrolera multinacional Royal Shell, la primera en aplicar la prospectiva en sus procesos de planeación desde 1968 (Medina y Medina Vásquez, 2003).[4]

El interés del Hudson Institute y de Kahn por América Latina se inició en la segunda mitad de 1964 en el marco de la Alianza para el Progreso, y se potenció luego, cuando existía una supuesta “amenaza comunista”. Como mencionamos, sus intereses estaban estrechamente vinculados a la defensa y seguridad nacional de Estados Unidos (Sapragonas Andrioni, 2014). El Hudson Institute llevó adelante una serie de estudios predictivos sobre las posibilidades de desarrollo económico y tecnológico de la región, que incluyó aspectos sociales, políticos y culturales, y las formas de cooperación entre países y de sortear las futuras crisis hasta el año 2000. Asimismo, diseñaba situaciones hipotéticas y ensayaba las respuestas posibles. Hudson Institute tenía dos vertientes de estudios internacionales que eran funcionales a Estados Unidos, una estaba dedicada al estudio de las guerrillas y la contrainsurgencia, y la otra, sobre programas de ayuda para el desarrollo económico en los países del tercer mundo, destinados a contrarrestar la influencia soviética (Sapragonas Andrioni, 2014). En resumidas cuentas, buena parte de las investigaciones orientadas a la planificación de largo plazo que llevó adelante el Hudson Institute respondían a los intereses geopolíticos de Estados Unidos en marco del conflicto bipolar.

En los regímenes dictatoriales de Argentina, Brasil y Chile, los estudios prospectivos tuvieron especial importancia para planificar políticas públicas en el marco de la Doctrina de Seguridad Nacional.[5] Prueba de ello es que Kahn brindó asesoría en materia de planificación y prospectiva a los gobiernos militares de Argentina, Brasil y Chile. Por ejemplo, en Argentina orientó a la dictadura autodenominada “Proceso de Reorganización Nacional” (1976-1983) para elaborar su Plan Nacional, y en 1979 el gobierno militar chileno lo invitó para que brindara sugerencias en materia de planeamiento estratégico. En Brasil el ministro de Planeamiento, Roberto de Oliveira Campos, entró en contacto en 1967 con el estudio y los planos que el Hudson Institute había realizado sobre el Amazonas. Se trataba de la construcción de cinco lagos artificiales en su interior para aumentar la explotación de la región, rica en minerales y madera.[6]

En América Latina, el desarrollo de los estudios prospectivos surgió en torno a los años 70, mientras que en Estados Unidos y en Francia desde la segunda posguerra ya se realizaban congresos y existían una amplia producción literaria y académica e innumerables proyectos y cursos de formación sobre prospectiva (Gomes, 2017). Entre los primeros eventos relevantes en ese campo, podemos citar el VII Congreso de la Sociedad Interamericana de Planificación, que se realizó en Lima en 1969 y cuya temática fue “América en el año 2000”. Ese mismo año el general Juan Velasco Alvarado, líder del gobierno militar de Perú, presentó un plan de desarrollo económico de largo plazo, que presentaba varias similitudes con el Plan Nacional de Desarrollo y Seguridad del general Juan Carlos Onganía.[7] Respecto a los centros pioneros en la prospectiva, uno de los más relevantes fue El Colegio de México, dirigido por el economista Víctor Urquide, quien en 1975 creó la Fundación Javier Barros Sierra, institución que se dedicaría sistemáticamente a promover los estudios prospectivos. Otro de los referentes en México fue el sociólogo Joseph Hodara, quien integraba la CEPAL y publicó el ensayo Prospectiva y subdesarrollo (1976) y su libro Los futuros de México. Un marco de referencia (1978).

En Argentina durante los años 70 surgieron la Fundación Bariloche y la Fundación Argentina Año 2000, esta última vinculada al general Ramón Genaro Díaz Bessone.[8] El Programa de Prospectiva de la Fundación Bariloche, promovió el Modelo Mundial Latinoamericano (MML) (1972-1975). Fue publicado con el título ¿Catástrofe o nueva sociedad? (1976), como alternativo al Modelo Mundial del MIT[9] que dirigía Dennis Meadows (François, 1978).[10] En esa línea se inscriben los trabajos del matemático argentino Oscar Varsavsky, exiliado en Venezuela durante la dictadura de Onganía, quien se abocó a desarrollar métodos de experimentación cuantitativos aplicados a la ciencias sociales. En 1971 publicó su obra Proyectos nacionales. Planteo y estudios de viabilidad y un artículo titulado “Largo plazo: ¿un solo estilo?”.

Posteriormente, Horacio Godoy –técnico argentino y promotor de los estudios prospectivos en la Organización de Naciones Unidas con misión técnica en Colombia (1976-1977)– lanzó América Latina 2001. Revista Latinoamericana de Ciencia, Tecnología y Futurología (1976). Godoy fue uno de los primeros en señalar algunas alertas respecto a la revolución tecnológica. Anticipó el peligro que suponía para los países con menor desarrollo científico y tecnológico la adopción de modelos tecnológicos importados para pensar el futuro, ya que generarían una nueva forma de dependencia cultural (Cuadernos de Planeamiento, 1978).

En la siguiente sección abordaremos cómo sectores de las Fuerzas Armadas de la autodenominada “Revolución Argentina” tomaron a la prospectiva como un instrumento de planificación del desarrollo e inspiración para el diseño de las políticas urbanísticas destinadas a planificar la ciudad del futuro y la Argentina del año 2000, en el marco de la Doctrina de la Seguridad Nacional.

III. El desarrollo urbano y la seguridad nacional en clave prospectiva durante la “Revolución Argentina”

El 28 de junio de 1966, la Junta Revolucionaria llevó a cabo un golpe de Estado contra el gobierno de Arturo Illia (1963-1966), lo que dio comienzo a la dictadura autodenominada “Revolución Argentina”.[11] Posteriormente, la Junta nombró a Juan Carlos Onganía como presidente. Esta dictadura irrumpió en la escena con una intención refundacional del país e implicó la consolidación de Onganía como su líder indiscutible.

La planificación del desarrollo y la seguridad fueron temas claves para la “Revolución Argentina”, por lo que generaron encuentros y disputas al interior de las Fuerzas Armadas (Altamirano, 2001; O´Donnell, 2009 [1982]; Rouquié, 1982). Los oficiales nacional-corporativistas[12] y los liberales coincidían en la necesidad de refundar el país sobre la base de nuevos pilares institucionales que despolitizaran el tratamiento de las cuestiones sociales y económicas y “ordenaran” y “modernizaran” la economía. Para ello, se dispuso que la gestión de la administración estatal estuviera a cargo de técnicos que garantizaran su imparcialidad frente a los intereses sectoriales.

Militares de tendencia liberal, como Julio Alsogaray y Alejandro Lanusse, sostenían que, para alcanzar el desarrollo y superar el estancamiento económico, era necesario adoptar medidas antiinflacionarias de ajuste y estabilidad macroeconómica, y fomentar la atracción de capitales extranjeros y la apertura económica. Los liberales –sitos dentro y fuera del aparato estatal– rechazaban la planificación por su asociación con el régimen soviético. Por el contrario, los nacional-corporativistas consideraban a la planificación un instrumento necesario para promover la modernización de la estructura económica, la seguridad nacional y la independencia económica (Roth, 1968). Esa combinación también había alentado al general Humberto de Alencar Castelo Branco, líder del golpe que derrocó al presidente brasileño João Goulart, a crear el Ministério do Planejamento e Coordenação Econômica, en el cual se inspiró Onganía para poner en marcha un nuevo sistema de planeamiento (Canelo, 2012). El aparato estatal se reestructuró de manera tal que los mecanismos de decisión quedaron determinados por una estructura piramidal. Para subordinar a las Fuerzas Armadas, Onganía concentró el poder ejecutivo y el legislativo, y se creó una suerte de estado mayor de la presidencia con tres sistemas institucionales (Consulta, Decisión y Planeamiento).[13]

Según los militares nacionalistas de la dictadura, el gran “desafío nacional” consistía en completar el ciclo de transición del país agrícola-ganadero y dependiente hacia un país industrializado altamente tecnificado (Presidencia de la Nación, 1970b). Ello requería de planificación y de una agenda de investigación propia que respondiera a los intereses estrictamente nacionales. Según Guglialmelli, la “derrota” de la “subversión” se daría mediante el desarrollo “integral” y una política de distribución de la riqueza que creara las bases para un crecimiento más acelerado.

Tanto Villegas –secretario general del Consejo Nacional de Seguridad (CONASE) entre 1966 y 1970–, como Guglialmelli (1971) entendían que la pobreza extendida y la falta de vivienda era un problema de “seguridad nacional”. Según Villegas, sostener una economía ineficiente, la escasa explotación de los recursos naturales y el incremento de las tensiones sociales eran puntos vulnerables para la “agresión económica e ideológica”; afirmaba: “la subversión comunista con un pie en América y apoyada en cuantiosos recursos económicos puede aprovechar bajos estándares de vida para aumentar su esfera de acción” (Villegas, 1969: p. 130). Villegas y Guglialmelli fueron importantes referentes e impulsores de la prospección nacional como instrumento para determinar los objetivos del desarrollo y la seguridad.

En ese esquema de ideas, la necesidad de predecir y planificar el futuro y la formación de nuevos dirigentes capaces de orientar la acción estatal hacia un futuro previsible y deseado se transformaron en una cuestión de “seguridad nacional”. Esas aspiraciones fundacionales de los altos mandos de la “Revolución Argentina” exigían el dominio de la cibernética, la electrónica, la energía nuclear y la modernización de todos los niveles del sistema educativo. Principalmente, debía estimularse la tecnología nuclear en las universidades y asegurar un gran número de científicos, técnicos y especialistas en la industria de la guerra para enfrentar al “enemigo interno”.

Civiles y militares nacionalistas que ocupaban cargos jerárquicos coincidían en que la prospectiva y el planeamiento eran los instrumentos para garantizar la “seguridad nacional” del futuro. En 1968 Nicanor Costa Méndez enfatizó que Argentina debía “superar el aislamiento” y favorecer la integración internacional latinoamericana. Eso requería de obras de infraestructura económica multinacional para facilitar la integración física y el transporte de bienes y personas, la construcción de “más y mejores caminos y accesos urbanos, [la] ampliación de las redes de telecomunicaciones con el empleo de satélites, [el] equipamiento de ciudades y [la] creación de puertos y aeropuertos, mejoramientos de los sistemas ferroviarios internacionales” (Costa Méndez, 1968). Por eso, se propuso mantener e incrementar las relaciones con los países comunistas de Europa oriental en el plano científico, técnico y comercial, siempre que no afectara la seguridad nacional (Boletín Oficial, 1970).

Según el gobierno militar, la falta de infraestructura en las provincias favorecía los desplazamientos internos, la propagación y la concentración urbana en las villas de emergencia ubicadas principalmente en la Capital Federal. Para revertir la tendencia de concentración poblacional, se promovió un plan de descentralización demográfica y productiva mediante la promoción de nuevos polos de desarrollo en el interior del país. El propósito era que se conformaran nuevos espacios productivos que operasen como centros de atracción de población del área metropolitana.[14] Por su parte, el secretario de Estado Mario Díaz Colodrero advirtió como un problema de “seguridad nacional” una “Patria distorsionada” en su crecimiento, diagnóstico que compartía el General Onganía:

Una masa de población, de riqueza, de servicios, de confort, concentrado en torno a Buenos Aires, cabeza gigante de un enorme cuerpo debilitado. […] tenemos 32,2 habitantes por km2 en la Capital Federal y la Provincia de Buenos Aires y solo 0,4 habitantes por km2 en la Patagonia, de los cuales casi la mitad no son argentinos. […]. Su crecimiento, que concentra en un pequeño radio todos los beneficios de la técnica moderna, mientras hombres provenientes de un interior empobrecido rodean con un cinturón de villas miseria a esa metrópoli gigantesca; que crea pavorosos problemas de habitación, de encarecimiento en los productos de consumo familiar, que fábrica masivamente maestros en su interior sin perspectivas, y en la Capital técnicos que no pueden trasformar la realidad física y multiplicar la riqueza de nuestros desiertos inexplotados. La conclusión es dramática: regiones enteras del país –el Noroeste, el Noreste y la Patagonia– tienden a desaparecer. Ello nos separa del continente, nos arroja al mar, nos convierte en una isla (Díaz Colodrero, 1968).[15]

Según Díaz Colodrero, la Revolución debía proyectarse en todo el territorio nacional para ocupar los “enormes espacios vacíos”. Ese diagnóstico fue compartido por Villegas, quien sostuvo que los históricos desequilibrios internos y la concentración económica del AMBA atentaban contra el federalismo y reproducían el “subdesarrollo” del interior del país a partir de “un sistema de islas económicas de poca magnitud, incomunicadas entre sí y solo ligadas, a veces deficientemente, con el gran centro urbano de la Capital Federal. En todos los años de nuestra historia se ha conseguido solo el crecimiento de una región: Buenos Aires y su zona de influencia” (Villegas, 1969: p. 147).

Villegas alertó cómo el vacío poblacional afectaba a regiones estratégicas como la Patagonia y cómo la llegada de inmigrantes de países vecinos era una “amenaza” para la “seguridad nacional”. Por ejemplo, sostuvo que los inmigrantes paraguayos radicados de manera legal e ilegal en las zonas fronterizas y en las villas de emergencia del Gran Buenos Aires potenciaban los problemas socioeconómicos, educativos y sanitarios.

Revertir esa tendencia de desequilibrio y de concentración económica demandaba una política de desarrollo industrial y la construcción de caminos y carreteras para facilitar la integración del resto del país con el Área Metropolitana de Buenos Aires.

En 1968, Díaz Colodrero había anunciado la creación del Fondo de Integración Territorial (FIT) –financiado por el Consejo Nacional de Desarrollo (CONADE)– para la construcción de obras de infraestructura y para impulsar el desarrollo económico en el interior. Las inversiones del FIT fueron orientadas a las regiones “periféricas” del país, y su ejecución estuvo a cargo de las provincias. Se dirigió buena parte de la inversión a promover el sector industrial en Catamarca, Formosa, San Luis, Santiago del Estero y la Patagonia (Consejo Nacional de Desarrollo, 1971).

La inversión en infraestructura estuvo orientada al reordenamiento territorial y urbano en áreas prioritarias como Comodoro Rivadavia y Tucumán. La región patagónica fue una de las que recibió mayor inversión estatal.[16] Para “fortalecer” el federalismo, se proyectó la construcción de caminos y carreteras que conectaran la Región Metropolitana con el resto del país, y de ese modo integrar a las zonas menos desarrolladas.

En esa línea, Vicente Speranza, director de Ordenamiento Urbano de la Provincia de Buenos Aires, sostuvo que al problema del vacío poblacional se sumaba la intensidad de la ocupación y subdivisión del suelo que propagaba la mancha de aceite urbana. Sus proyecciones prospectivas determinaron que en 1968 se habían creado más de 92.300 parcelas urbanas en 23 partidos del AMBA, de las cuales cerca de 18.500 correspondían a La Matanza.[17]

En el Esquema Director Año 2000 del CONADE de 1969, se destacó que el mayor deterioro en el tejido urbano se había registrado en los barrios populares donde se concentraba la mayor cantidad de villas de emergencia. Estos representaban 45 mil hectáreas de aglomeración, equivalente al 30 % del total de la Región Metropolitana, e incluían: La Boca, Barracas, Barrio Sur, Flores Sur, Mataderos y Villa Lugano en la Capital Federal, y Avellaneda, Lanús, La Matanza, Tres de Febrero y San Martín en la Provincia. Así, se determinó que esa zona urbana requería de urgentes operaciones de renovación y equipamiento urbano (Presidencia de la Nación, 1970a).[18]

Hasta aquí, hemos visto cómo la prospectiva entendida como la clave de la planificación estatal fue un tópico recurrente en el pensamiento estratégico y geopolítico de militares relevantes de la “Revolución Argentina”.

IV. Las intervenciones urbanísticas de la dictadura para “modernizar” el Área Metropolitana de Buenos Aires

La “Revolución Argentina” promovió un plan de ordenamiento urbano basado en las ideas contenidas en el Esquema Director Año 2000 del CONADE de 1969 para “modernizar” el Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA). La comisión a cargo del Plan Regulador de la Ciudad de Buenos Aires determinó aplicar técnicas modernas de planeamiento urbano y programas habitacionales de interés social. Para mejorar el aspecto urbanístico del AMBA, alentó la erradicación de los asentamientos informales e impedir su proliferación mediante la construcción de viviendas higiénicas bajo sistemas rápidos y económicos. Desde el Ministerio de Bienestar Social de la Provincia de Buenos Aires se afirmó que el alto precio de los inmuebles y la falta de infraestructura favorecían la propagación de las villas de emergencia. Se consideró que el estado de “subdesarrollo” del interior del país originaba las migraciones internas que provocaban el aumento de los núcleos de viviendas “improvisadas y clandestinas” (Ministerio de Bienestar Social, 1968b). Para reducirlas, se promovió la descentralización demográfica y productiva. En ese marco de ideas surgió el Plan de Erradicación de Villas de Emergencias de la Capital Federal y el Gran Buenos Aires (PEVE), que se implementó a lo largo de la dictadura.[19]

Así se dispuso la utilización de las 1.400 hectáreas que conformaban el Parque Almirante Brown, situado en el sudeste de la Ciudad de Buenos Aires, para la creación de dos grandes conjuntos urbanos: el Barrio General de División Manuel Nicolás Savio (1969-1985), popularmente conocido como Lugano I (1970) y Lugano II (1970-1973), y el conjunto Soldati (1972-1978), destinado a sectores de nivel socioeconómico medio y medio bajo. Un grupo de viviendas se reservó para las familias afectadas por los planes de obra pública y renovación urbana, como los ensanches de las avenidas San Juan e Independencia (Comisión Municipal de la Vivienda, 1971b).

La dictadura concibió a la vivienda social como un elemento destinado no solo a satisfacer las necesidades básicas de los sectores sociales, sino también como un instrumento de desarrollo económico, producto de la “voluntad” de la dictadura de “ordenar, controlar y orientar el crecimiento del país, su conformación demográfica, su integración social, y su desarrollo urbano” (Ministerio de Bienestar Social, 1968a).

El financiamiento de la política habitacional fue muy amplio y variado. Hubo proyectos urbanísticos que se financiaron con partidas presupuestarias del Banco Hipotecario Nacional (BHN), y otros, con crédito externo proveniente del Banco Interamericano de Desarrollo (BID). Desde el Ministerio de Bienestar Social (MBS), se difundió el cooperativismo como alternativa para subsanar el problema habitacional (Ministerio de Bienestar Social, 1968c).

En febrero de 1967, la Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires (MCBA) suscribió dos contratos con el BID para financiar un programa de desarrollo urbano y vivienda, conocido como Primer Programa MCBA-BID (Comisión Municipal de la Vivienda, 1971b).[20] En buena medida, el gobierno militar dependió del acceso al financiamiento externo proveniente del Banco Mundial (BM) y el BID para concretar su plan de “acción social” y de modernización económica.[21]

En 1969 se puso en marcha el Plan de Viviendas Económicas Argentinas (VEA), cuyo objetivo era la producción masiva mediante la construcción de grandes conjuntos habitacionales a escala nacional. Así se incrementó la participación estatal en la producción de viviendas (Ministerio de Bienestar Social, 1969). La opción por dicho diseño arquitectónico representó un cierto avance urbanístico respecto a la proliferación de viviendas individuales aisladas, producto de la expansión del crédito individual. En los conjuntos urbanos del período, predominó un estilo arquitectónico moderno con influencia funcionalista, basado en líneas rectas y diseños geométricos (Ballent, 2018; Girola, 2007). El VEA se convirtió en el instrumento del sector público que respaldó la industria de la construcción nacional y favoreció a las grandes firmas constructoras y al sector industrial más concentrado (Schteingart y Broide, 1974).

En el Plan Nacional de Desarrollo 1971-1975, formulado en la gestión del general de brigada Marcelo Roberto Levingston –quien asumió el mando de la dictadura luego de que Onganía fuera destituido–, se planteó que el Estado debía tener una participación masiva y efectiva en el financiamiento de la vivienda para solucionar el déficit habitacional que afectaba a los sectores más vulnerables. Dicha financiación debía ser menos exigente, con mejores tasas de interés que las vigentes en el mercado privado.

Se mantuvo la idea de que la construcción masiva de conjuntos habitacionales debía adoptar nuevas tecnologías que permitieran el abaratamiento de los costos de producción, junto al otorgamiento de subsidios a los sectores que, por su escasa capacidad de ahorro, no podían hacer frente a las condiciones financieras que imponía la banca pública. En ese plan se contempló la necesidad de “mejorar las condiciones de alojamiento de la población, ordenar el uso del suelo, planificar el desarrollo urbano, controlar su densidad, proveer una infraestructura adecuada, un equipamiento social completo y un ambiente atractivo e higiénico” para garantizar el desenvolvimiento “integral y armónico” de la comunidad (Consejo Nacional de Desarrollo, 1971: p. 293).

Cabe destacar que hubo oficiales y funcionarios de la dictadura que enfatizaron en la necesidad de que el Estado encarara planes de ordenamiento urbano en la región metropolitana, a fin de controlar su crecimiento poblacional. Por ejemplo, en la gestión de Buenos Aires del intendente de facto Manuel Iricibar (1967-1971), se creó un equipo técnico para estudiar las propuestas referidas al congelamiento de nuevas construcciones en la ciudad. Sin embargo, esa propuesta no prosperó por las fuertes reacciones de la Cámara Argentina de la Construcción (CAC) y otros sectores privados frente a la política municipal, un conflicto que derivó en que Iricibar renunciara a su cargo en 1971 (Yujnovsky, 1984).

Asimismo, durante la intendencia de facto de Saturnino Montero Ruiz (1971-1973), un grupo de técnicos contratados por la municipalidad de Buenos Aires diseñó un anteproyecto de Código de Planeamiento Urbano, que pretendía dotar al municipio de un instrumento para implementar un plan urbanístico que “integraría con un código de edificación modificado, un conjunto de normas coherentes para el desarrollo urbano de la Capital” (Yujnovsky, 1984). El anteproyecto pretendía limitar la densidad de población y de edificación para favorecer la dotación de espacios recreativos. Sin embargo, la CAC sostuvo que no era aplicable a la Ciudad de Buenos Aires, por afectar los intereses económicos del sector privado, que era el motor del desarrollo económico (Revista de la Sociedad Central de Arquitectos, 1973).

En un sentido similar, el general de División Juan Enrique Guglialmelli, secretario del CONADE en 1971, presentó una propuesta de política económica a corto y mediano plazo para que el Estado regulara y orientara el uso del suelo “a fin de programar en forma racional, armónica y no especulativa el crecimiento de los grandes conglomerados urbanos” (Guglialmelli, 1971: p. 79). Enfatizó en la necesidad de optimizar las inversiones en infraestructura urbana, para ordenar de manera adecuada la construcción de viviendas, y evitar la especulación en tierras y los costos “invisibles”, que encarecían injustificadamente la vivienda.

Pese a las iniciativas de algunos funcionarios tendientes a instalar en la agenda estatal la necesidad de regular el uso del suelo urbano, esto no prosperó. Un sector de la oficialidad nacionalista no comulgaba con la forma en que se llevaba adelante la inversión pública para la construcción de viviendas sociales, ya que, al no regularse el uso del suelo, se dificultaba la disposición de terrenos para construir.

En el Censo Nacional de 1970, se registró un aumento significativo de la cantidad de viviendas en el Gran Buenos Aires, cuyo pico más elevado de construcción se registró en las villas de emergencia. El Censo de 1960 muestra que la cantidad de viviendas precarias en esa década eran relativamente más bajas respecto a la siguiente. Si bien en 1960 la concentración de viviendas en villas se registró en el sector norte (San Isidro, 4,1 %; San Fernando, 4,7 %; San Martín, 4,4 %; Tigre, 3,4 %) y en sector sur (Avellaneda, 5,1 %; Lanús, 2,3 %), la tendencia se revirtió drásticamente en 1970. Las localidades de Avellaneda (17 %), Lanús (10,9 %), Lomas de Zamora (11,3 %) y Quilmes (8,2 %) mostraron un incremento notorio respecto a los partidos del sector norte (Instituto Nacional de Estadísticas y Censos, 1960, 1970). Ese crecimiento urbano no planificado agravó aún más la insuficiencia de equipamiento y servicios habitacionales y profundizó el déficit habitacional que perjudicó a los estratos sociales más pobres. Si bien hubo importantes avances en materia habitacional durante el período estudiado, es evidente que la concentración poblacional aumentó a mayor ritmo (Summa, n.° 71 y 72, 1974).

Ahora bien, pese a los esfuerzos del Onganiato por descentralizar y “descomprimir” las actividades productivas mediante los incentivos del CONADE a partir de los Polos Nacionales de Desarrollo y del FIT, no se logró revertir esa tendencia; por el contrario, se incrementó en las siguientes décadas. De acuerdo a los Censos Nacionales de 1960 y 1970, la población urbana en Argentina permaneció relativamente estable en dicho período, aunque se incrementó la concentración poblacional en la Capital Federal y el Gran Buenos Aires. Resulta evidente que la Oficina Técnica de Desarrollo Metropolitana del CONADE careció de apoyo político y que su función quedó relegada dentro del entramado burocrático.

V. Conclusiones

La “Revolución Argentina” consideró como un problema de “seguridad nacional” al vacío poblacional que afectaba a la Patagonia y la “enorme” cantidad de inmigrantes vecinos, que vivían en el territorio nacional y que tendían a concentrarse en las grandes ciudades como Rosario y el Gran Buenos Aires. Por ello promovió la descentralización poblacional y económica a partir de la conformación de Polos Nacionales de Desarrollo. La concentración demográfica y económica del AMBA fue concebida como la principal causante del déficit habitacional y un obstáculo para el desarrollo económico y el funcionamiento del federalismo. De ahí la importancia que adquirió la descentralización política y económica.

Según los diagnósticos prospectivos en materia económica preconizados por los generales Villegas y Guglialmelli, la Argentina del futuro debía transitar hacia un modelo de país altamente tecnificado, para pasar de un modelo agrícola y ganadero y dependiente hacia uno industrial que permitiera reducir la dependencia exterior. El futuro se asociaba a la independencia técnica y científica, de ahí la importancia que se le adjudicó a la cibernética, la electrónica y la energía nuclear. Guglialmelli y Villegas fueron los principales referentes e impulsores de la previsión nacional como instrumento para determinar los objetivos del desarrollo y la seguridad.

El gobierno militar simpatizó con los patrones de la arquitectura moderna y configuró un proyecto “modernizador” en el campo urbanístico. Asimismo, alentó la construcción de los conjuntos habitacionales de alta densidad en consonancia con las demandas empresariales promovidas por la CAC. Parte de esas iniciativas gubernamentales contaron con el respaldo económico de las agencias trasnacionales como el BID y el BM, que ofrecían fuentes de financiamiento para que el gobierno militar llevara adelante un conjunto de políticas públicas orientadas a mejorar su infraestructura socioeconómica y evitar posibles conflictos sociales.

Asimismo, la apuesta por la construcción de viviendas y la provisión de infraestructura que buscaba conectar a las provincias se inscribió en la necesidad de poblar el territorio nacional. El impacto de la Doctrina de la Seguridad Nacional y las teorías contrarrevolucionarias de 1960 y 1970 alimentaron la estigmatización del vecino como “enemigo interno”, caracterizado por su “voracidad territorial”. La cuestión fronteriza es lo que operó como telón de fondo en la preocupación sobre que los militares enfatizaron en el problema del “vacío territorial”. En ese sentido, la descentralización productiva y la construcción de Polos Nacionales de Desarrollo se basaron en el postulado de incrementar la atracción poblacional como un modo de aumentar la vigilancia del territorio.

Los estudios prospectivos también fueron relevantes para diseñar planes reguladores que plantearon intervenciones urbanísticas en la Capital Federal y sus alrededores con el objetivo de consolidar una ciudad moderna para el futuro. Eso implicaba una ciudad “ordenada” y sin villas de emergencias. De ahí la enorme importancia que adquirió para el gobierno militar su erradicación.

A lo largo del capítulo se trató de reconstruir cómo se evidenció la mixtura entre la visión futurista y la política de lo “moderno” en el ámbito urbano en la “Revolución Argentina”. Mostramos cómo determinadas políticas urbanas se cruzaron con otras como las de seguridad nacional en el diseño de los Proyectos Nacionales. Resulta evidente que buena parte del ambicioso proyecto modernizador de la dictadura no se concretó. Eso obedeció a dos cuestiones centrales: por un lado, la falta de construcción de consensos políticos al interior de la corporación castrense, tal como se mencionó en la segunda sección; y, por el otro, la enorme inestabilidad signada por la violencia política, la radicalización, el ciclo de protestas y resistencia social contra un proyecto modernizador y autoritario que exigía enormes sacrificios de los sectores asalariados y de los más vulnerables.

Bibliografía

Alonso Concheiro, A. (2007). “La prospectiva en Iberoamérica “, ponencia presentada en Encuentro Internacional 2007 de Prospectivistas Iberoamericanos. Desafíos futuros de Iberoamérica. Campeche, México: World Futures Studies Federation, Red Escenarios y Estrategia en América Latina y Universidad Autónoma del Carmen, 5 al 7 de noviembre.

Altamirano, C. (2001). Bajo el signo de las masas (1943-1973). Buenos Aires: Editorial Ariel.

Ballent, A. y Liernur, J. (2014). La casa y la multitud. Vivienda, política y cultura en la Argentina moderna. Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica.

Ballent, A. (2018). “Estado, política y vivienda entre dos peronismos: los grandes conjuntos habitacionales y las acciones en villas miseria en Buenos Aires, 1946-1976”. Estudios Interdisciplinarios de América Latina y el Caribe, 29-1, pp. 34-59.

Berrotarán, P. (2003). Del plan a la planificación. El Estado durante la época peronista. Buenos Aires: Imago Mundi.

Canclini, N. (2010 [1997]). Imaginarios urbanos. Buenos Aires: Eudeba.

Canelo, P. (2005). “Los fantasmas de la ‘convergencia cívico-militar’. Las Fuerzas Armadas frente a la salida política durante la última dictadura militar (Argentina, 1976-1981)”. Sociohistórica. Cuadernos del CISH, 17-18, pp. 67-98.

Canelo, P. (2008). El proceso en su laberinto: la interna militar de Videla a Bignone. Buenos Aires: Prometeo Editorial.

Canelo, P. (2012). “Los desarrollistas de la ‘dictadura liberal’. La experiencia del Ministerio de Planeamiento durante el Proceso de Reorganización Nacional en la Argentina”. Anos 90, 19 (35), pp. 169-190. Recuperado de https://bit.ly/2XwoXcp.

Castellani, A. (2008). “La difusión de ámbitos privilegiados de acumulación en la Argentina. Un análisis del ámbito conformado en torno a la implementación del Plan Vial Trienal (1968-1970)”. Documentos de Investigación Social. Recuperado de https://bit.ly/2ItwL6h.

Costa Méndez, N. (1968). Discurso pronunciado ante la Asociación Cristiana de Dirigentes de Empresa. Buenos Aires: Ministro de Relaciones Exteriores y Culto, 9 de mayo.

Coraggio, J. (Ed.) (1990). La investigación urbana en América Latina. Caminos recorridos y por recorrer. Las ideas y su contexto. Quito: Editorial Ciudad.

Del Pozo, J. (2002). Historia de América Latina y del Caribe (1825-2001). Santiago de Chile: LOM Ediciones.

Devés Valdés, E. (2003). El pensamiento latinoamericano en el siglo XX. De la CEPAL al neoliberalismo (1950-1990). Buenos Aires: Biblos Editorial.

Díaz Colodrero. M. (1968). Discurso pronunciado por la Red de Radio y Televisión el 15 de marzo. Buenos Aires: Secretaría de Estado de Gobierno, Dirección General de Provincias, Departamento de Difusión Provincial, pp. 11-27.

Fernández Wagner, R. (1995). “Políticas de vivienda en Argentina. Deuda social y urbana en la transición de los 90”. Revista INVI, 10-26, pp. 3-16.

Fernández Wagner, R. (2009). “La perspectiva de derechos en las políticas sociales y habitacionales en América Latina”. Revista Vivienda Popular, 19, pp. 72-81.

François, C. (1977). “Cibernética y prospectiva”. Cuadernos de Planeamiento, n.º 5 (pp. 35-74). Buenos Aires: Planeamiento Editores.

François, C. (1978). “El futuro de la futurología”. Cuadernos de Planeamiento, n.º 6 (pp. 35-74). Buenos Aires: Planeamiento Editores.

Girola, M. (2007). “Procesos de apropiación del espacio y sociabilidad vecinal en un gran conjunto urbano situado en la Ciudad de Buenos Aires”. Anthropologica, 24 (25), pp. 131-155. Recuperado de https://bit.ly/2WVShJN.

Gomes, G. (2016). Las políticas sociales de los regímenes dictatoriales en Argentina y Chile (1960-1970). Buenos Aires: FaHCE/UNLP, UNaM, UNGS.

Gomes, G. (2017). “’BAIRES 2000’. Imaginarios y visiones de futuro en las dictaduras militares de Argentina (1966-1983)”. Revista Estudios Sociales del Estado, 3-6, pp. 66-93. Recuperado de https://bit.ly/31IkLoX.

Gomes, G. (2018). “Vivienda social en dictaduras. Actores, discursos, políticas públicas y usos propagandísticos en las Regiones Metropolitanas de Buenos Aires (1966-1983) y Santiago de Chile (1973-1989)”. Tesis de doctorado en Historia. Buenos Aires: Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires.

Gorelik, A. (1998). “1957-1997. Algunos itinerarios en las ideas urbanas”. Punto de Vista, 60, pp. 50-55.

Gorelik, A. y Silvestri, G. (2005). “Fin de siglo urbano. Ciudades, arquitecturas y cultura urbana en las transformaciones de la Argentina reciente”. En J. Suriano (Comp.). Dictadura y democracia (1976-2001). Nueva historia argentina (pp. 443-506). Buenos Aires: Sudamericana.

Guglialmelli, E. (1971). 120 días en el gobierno. Buenos Aires: Edición del autor.

Healey, M. (2007). “El interior en disputa: proyectos de desarrollo y movimientos de protesta en las regiones extrapampeanas”. En D. James (Comp.). Violencia, proscripción y autoritarismo (1955-1976) (pp. 169-212). Buenos Aires: Sudamericana.

Kahn, H. y Wiener, A. (1967). The Year 2000. A Framework for Speculation on the Next 33 Years. Nueva York: Macmillan.

Liernur, J. (2001). Arquitectura en la Argentina del siglo XX. La construcción de la modernidad. Buenos Aires: Fondo Nacional de las Artes.

Martner, G. y Köppen, E. (1989). Prospectiva y futurología en América Latina. Un ensayo crítico. Ciudad de México: Universidad Nacional Autónoma de México.

Medina, J. y Medina Vásquez, J. (2003). Visión compartida de futuro. Cali: Universidad del Valle.

Medina Vásquez, J. y Ortegón, E. (2007). Manual de prospectiva y decisión estratégica: bases teóricas e instrumentos para América Latina y el Caribe, vol. 51. Santiago de Chile: Naciones Unidas, CEPAL.

O´Donnell, G. [2009(1982)]. El Estado burocrático autoritario. Buenos Aires: Editorial de Belgrano.

Renard, V. (2000). “Planificación urbana y mercados de suelo urbano. Un padrón de intervenciones públicas”. En A. Iracheta Cenecorta y M. Smolka (Comps.). Los pobres de la ciudad y la tierra (pp. 43-57). México: El Colegio Mexiquense AC, Lincoln Institute of Land Policy.

Rivera, F. (2012). Introducción al pensamiento prospectivo. Una visión para el Ejército Argentino. Buenos Aires: Fundación Soldados.

Roszak, T. (1968). El nacimiento de una contracultura. Reflexiones sobre la sociedad tecnocrática y su oposición juvenil. Barcelona: Editorial Kairós.

Roth, R. (1968). Discurso pronunciado ante la Asociación de Dirigentes de Ventas y Comercialización. Buenos Aires: Secretaría del Área Legal y Técnica de la Presidencia de la Nación, 8 de mayo.

Rouquié, A. (1982). Poder militar y sociedad política en la Argentina (1943-1973). Buenos Aires: Emecé Editores.

Sapragonas Andrioni, F. (2014). “Quando a história também é futuro: as concepções de tempo passado, de futuro e do Brasil em Herman Kahn e no Hudson Institute (1947-1979)”. Tesis de doctorado. São Paulo: Facultade de Filosofia, Letras e Ciências Humanas, Departamento de História, Universidade de São Paulo.

Schteingart, M. y Broide, B. (1974). “Procesos sociales, política de vivienda y desarrollo metropolitano. El caso de Buenos Aires”. En M. Castells (Ed.). Estructura de clase y política urbana en América Latina (pp. 235-286). Buenos Aires: Ediciones SIAP.

Villegas, O. (1969). Políticas y estrategias para el desarrollo y la seguridad nacional; enfoques y temas. Buenos Aires: Editorial Pleamar.

Yujnovsky, O. (1984). Las claves políticas del problema habitacional argentino. Buenos Aires: Grupo Editor de América Latina.

Fuentes

Comisión Municipal de la Vivienda (1971a). Reunión de H. Directorio, Acta n.° 114, MCBA, 16 de febrero.

Comisión Municipal de la Vivienda (1971b). Reunión de H. Directorio, Acta n.° 121, MCBA, 11 de junio.

Consejo Nacional de Desarrollo (1971). Plan Nacional de Desarrollo 1971-1975. Buenos Aires: SECONADE.

Cuadernos de Planeamiento (1977), n.º 1. Buenos Aires: Planeamiento Editores.

Cuadernos de Planeamiento (1978), n.º 6. Buenos Aires: Planeamiento Editores.

Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (1960). Censo Nacional de Vivienda, Resultados Provisionales. Buenos Aires: Dirección Nacional de Estadísticas y Censos.

Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (1970). Censo Nacional de Población, Familias y Viviendas. Serie A, n.º 2. Buenos Aires: Dirección Nacional de Estadísticas y Censos.

La Nación (1966). Buenos Aires, 5 de septiembre.

Ministerio de Bienestar Social (1968a). Lineamientos de una política de vivienda. Buenos Aires: Secretaría de Estado de Vivienda.

Ministerio de Bienestar Social (1968b). Plan de erradicación de las villas de emergencia de la Capital Federal y del Gran Buenos Aires. Buenos Aires: Ministerio de Bienestar Social.

Ministerio de Bienestar Social (1968c). Manual de Acción Comunitaria. Buenos Aires: Secretaría de Estado de Promoción y Asistencia a la Comunidad.

Ministerio de Bienestar Social (1969). Plan VEA Viviendas Económicas Argentinas: reglamentación aprobada por el directorio en su sesión ordinaria del 27 de marzo. Buenos Aires: Secretaría de Vivienda, Banco Hipotecario Nacional.

Presidencia de la Nación (1970a). Plan Nacional de Desarrollo y Seguridad 1970-1974. Buenos Aires: Consejo Nacional de Desarrollo y Consejo Nacional de Seguridad.

Presidencia de la Nación Argentina (1970b). Organización de la Región Metropolitana de Buenos Aires. Esquema Director Año 2000. Buenos Aires: SECONADE, Oficina Regional de Desarrollo Área Metropolitana.

República Argentina (1966). Boletín Oficial, n.º 21.039. Buenos Aires, 4 de octubre.

República Argentina (1970). Boletín Oficial, n.° 21.859. Decreto n.° 46, artículo n.° 159 de Aprobación de las Políticas Nacionales, el 17 de junio de 1970. Buenos Aires, 29 de junio.

Revista de la Sociedad Central de Arquitectos (1973), n.º 70, Buenos Aires.

Revista Summa (1974), n.º 71, Buenos Aires, enero.

Revista Summa (1974), n.º 72, Buenos Aires, febrero.


  1. Sobre una definición teórica acerca del uso de dicha categoría temporal, véase Devés Valdés (2003).
  2. La Rand fue llamada por los soviéticos como “la academia de destrucción y muerte” por su especialización en temas bélicos, véase Roszak (1968).
  3. Durante los años 50 proliferaron los centros de estudios dedicados a la prospectiva, como el Grupo de la Ecole Pratique des Hautes Etudes, conducido por el economista Jean Fourastié y ligado a la investigación estratégica de largo plazo en Francia. Posteriormente, dicho grupo fue liderado por el filósofo Gaston Berger hasta su muerte en 1960. Luego se creó el Centre d´Etudes Prospectives a cargo del politólogo y economista Bertrand de Jouvenel, autor del libro Lart de la conjecture (1964) y fundador del Comité International Futuribles. El primer estudio sistemático basado en el método predictivo fue el Proyecto Delphi (1963), de Norman Dalkey y Olaf Helmer, en Estados Unidos. Asimismo, los aportes del ruso-alemán Ossip Flechtheim como Robert Jungk y Johan Galtung, ambos líderes del Grupo Mankind 2000, fueron claves para el desarrollo de la nueva disciplina (François, 1978). En 1964 Robert Jungk creó la Fundación Humanidad 2000, y en 1964 se publicó el libro de John McHale El futuro del futuro. Dos años más tarde, surgieron en Estados Unidos la Sociedad Mundial del Futuro, en 1967 en Francia, la Asociación Internacional Futuribles, y en 1973, la Federación Mundial de Estudios de los Futuros (Alonso Concheiro, 2007).
  4. Sobre cómo Pierre Massé concibió la prospectiva, véase Medina Vásquez y Ortegón (2007).
  5. Para un estudio detallado sobre la prospectiva y futurología en América Latina, véase Martner y Köppen (1989).
  6. El ingeniero agrónomo Felisberto Camargo, director del Instituto Agrónomo del Norte, quien había realizado importantes proyectos sobre el norte del país, se tornó el portavoz del gobierno militar en el Hudson Institute. De esos intercambios surgieron ideas acerca de cómo realizar la exploración mineral en áreas de difícil acceso, la relocalización de familias emigrantes de la región del nordeste para evitar que se migraran a las grandes ciudades, acompañados de un programa de residencia y colonización para la región. También se discutió sobre el desarrollo de los pueblos indígenas mediante su inserción en las actividades agrícolas, y sobre el impacto de las inundaciones del Amazonas en la actividad industrial de los otros estados (Sapragonas Andrioni, 2014).
  7. En 1976 Costa Rica organizó un simposio titulado “Costa Rica al Año 2000”, lo que indicaba que los estudios prospectivos adquirían mayor importancia en la región.
  8. Díaz Bessone fue uno de los principales exponentes de la lucha “antisubversiva”–, a quien se le encargó el diseño del Plan Político de la última dictadura militar. Sobre su trayectoria militar completa véase Cuadernos de Planeamiento (1977; 131-132) y sobre su rol en la elaboración del Proyecto Nacional Argentina Año 2000, véase Canelo (2005; 2008).
  9. Poco antes de la crisis del petróleo, el Massachusetts Institute of Technology (MIT) realizó un estudio para el Club de Roma, publicado bajo el título Thelimits of Growth (1972). Allí se planteó que la humanidad iba camino a una catástrofe inevitable debido a la escasez de alimentos, recursos naturales, el aumento de la contaminación y estancamiento industrial. El libro fue muy criticado tanto por su diseño técnico-metodológico como por sus postulados neomalthusianos que fueron denunciados por los matemáticos de la Fundación Bariloche. Charles François, científico belga radicado en Argentina, criticó dicha metodología por considerar que la prospectiva debía abocarse a la evaluación de futuros posibles a través de un “sistema cibernético integrado” por su estabilidad y adaptabilidad en el tiempo (François, 1977).
  10. El comité del MML estuvo integrado por importantes referentes del campo intelectual latinoamericano: Carlos Mallman, Jorge Sábato, Enrique Oteiza (Argentina), Amílcar Herrera, Helio Jaguaribe (Brasil) y Osvaldo Sunkel (Chile) (Alonso Concheiro, 2007).
  11. La Junta Revolucionaria estuvo encabezada por los titulares de las tres fuerzas: el comandante en jefe del Ejército, teniente general Pascual Ángel Pistarini, el brigadier general Adolfo Álvarez (Fuerza Aérea) y el almirante Benigno Varela (Armada),
  12. En un trabajo anterior denominamos “nacional-corporativistas” a quienes despreciaban la democracia liberal, promulgaban su reemplazo por una “nueva política” basada en la descentralización, el fortalecimiento de los cuerpos intermedios y el rol subsidiario del Estado, y consideraban que la “verdadera participación social” era la que se expresaba en las organizaciones básicas de la “comunidad”. Sobre los principales voceros civiles de esta tendencia, véase Gomes (2016).
  13. El Sistema de Consulta estaba conformado por asesores, y el de Decisión, por los ministerios, que fueron reducidos de ocho a cinco por la Ley Orgánica de Ministerios Nacionales n.º 16.956. El Sistema de Planeamiento se subdividió en dos partes: el Sistema Nacional de Planeamiento y Acción para el Desarrollo, que descansó en el CONADE (Ley de Desarrollo n.º 16.964 de septiembre de 1966) y el Sistema de Planeamiento y Acción para la Seguridad, que creó al Consejo Nacional de Seguridad (CONASE) (Ley de Defensa Nacional n.º 16.970) (La Nación, 1966; Boletín Oficial, 1966).
  14. Según el Plan Nacional de Desarrollo de 1971, las áreas seleccionadas para la inversión pública fueron: Salta, Jujuy, Güemes, San Pedro, Corrientes, Resistencia, Posadas, Oberá, Santo Tomás, Neuquén, Alto Valle del Río Negro, Trelew, Rawson, Río Gallegos, El Turbio. Allí se alentaría la localización de nuevas actividades, cubriendo las necesidades en materia energética, transporte y comunicaciones. Las áreas de promoción prioritaria eran Comodoro Rivadavia y Tucumán. Sobre la relación entre la creación de los Polos Nacionales de Desarrollo y la Doctrina de la Seguridad Nacional y su vínculo con el Sistema Nacional de Planeamiento para la Seguridad y el Desarrollo que descansó en el CONADE y CONASE, ver Gomes (2016).
  15. La bastardilla es nuestra. Sobre la trayectoria política de Díaz Colodrero, véase Gomes (2016).
  16. Un ejemplo de ello fue la obra El Chocón-Cerros Colorados en la provincia de Neuquén. Esa obra mostró una nueva orientación estatal que se puso en marcha con el financiamiento proveniente del Banco Mundial bajo la supervisión de Hidronor, un ente mixto con representación del sector privado y del gobierno nacional (Castellani, 2008; Healey, 2007).
  17. Según las proyecciones demográficas de Speranza, Argentina tenía un crecimiento poblacional anual del 1,5 %, apenas superior al de Uruguay (1,2 %), por tanto necesitaría de 46 años para duplicar su población de 23.323.000 habitantes. En este sentido, Speranza estimó que en el año 2000 aumentaría a 36.577.000 habitantes. Speranza fue profesor adjunto de Composición Arquitectónica en la FADU y se desempeñó como presidente de la Sociedad Argentina de Planificación.
  18. El Esquema Director Año 2000 surgió como producto de las conversaciones en la Junta de Gobernadores del 6 de julio de 1967 y fue presentado ante el CONADE por el director de La Región Metropolitana, Juan Antonio Ballester.
  19. En trabajos anteriores abordamos normativa, los tipo de viviendas y los usos propagandísticos que hizo la dictadura en torno al PEVE, véase Gomes (2018).
  20. El conjunto Ciudad General Belgrano también formó parte del Programa MCBA-BID. Proyectado por el arquitecto César Ferrari, el conjunto fue diseñado para alojar a los habitantes de algunas villas erradicadas del Parque Almirante Brown (Comisión Municipal de la Vivienda, 1971a).
  21. Sobre los detalles de la influencia del crédito proveniente del BID en la política habitacional, véase Ballent y Liernur (2014).


Deja un comentario