Otras publicaciones:

Book cover

Book cover

Otras publicaciones:

9789877230482-frontcover

DT_Boucheron_Kwiatkowski_13x20_OK

Introducción

Técnicos, expertos y funcionarios: coordenadas para repensar la producción de ciudad

Luján Menazzi (IIGG-CONICET)
y Guillermo Jajamovich (IEALC-CONICET)

1. Introducción

La ciudad es una construcción colectiva compleja en cuya producción intervienen diversos actores. Algunos de estos movilizan saberes y conocimientos en pos de legitimar sus actuaciones, definir las orientaciones más convenientes desde racionalidades técnicas e intervenir en el espacio urbano. Este libro reflexiona sobre el rol de estos actores técnicos, expertos y/o profesionales que, por dentro y por fuera del aparato estatal, inciden en la producción de ciudad. Agrupamos aquí a ingenieros, arquitectos, urbanistas y planificadores, es decir, profesiones que tradicionalmente han sido asociadas a la producción del espacio urbano, su trazado, forma y equipamientos colectivos. Asimismo, cabe mencionar a trabajadores sociales, sociólogos, antropólogos, militares, economistas y abogados, entre otros, quienes en muchas oportunidades intervienen activamente desde sus saberes en la configuración de la ciudad, diagnosticando, regulando, planificando y sosteniendo los procesos urbanos.

Estos técnicos, expertos y profesionales que intervienen desde la lógica del conocimiento no siempre han sido privilegiados en los análisis, en cuanto su incidencia se consideró subordinada a la de otros actores con mayor peso o capacidad de intervención. Así, en un texto ya clásico en el contexto latinoamericano, Pírez (1995) identifica diversos actores que, a partir de distintas lógicas predominantes en su accionar, van produciendo ciudad: aquellos que actúan siguiendo la lógica política, la lógica de la ganancia o la lógica de la necesidad. En cuarto lugar, señala la lógica del conocimiento, pero considera que esta se subordina a las otras tres en la medida en que no genera procesos autónomos de toma de decisiones y de acciones sobre la ciudad, sino que lo hace en cuanto que alguna de las otras tres la receptan.

Efectivamente, se trata de actores que se articulan con otros, o que se insertan, yuxtaponen, oponen y/o subordinan a otros en su intervención. Esto, además, resulta propio de la producción de ciudad como construcción colectiva. Sin embargo, esta característica no implica que tengan menor capacidad de incidencia. Al contrario, su rol en el desarrollo e implementación de políticas públicas de producción de ciudad supone, en muchísimas oportunidades, una definición de la orientación, alcance y sentido de las mismas. Es más, muchas de estas definiciones y orientaciones trascienden las temporalidades de una gestión política, lo que extiende su incidencia a través del tiempo. A la vez, por fuera del ámbito estatal, estos grupos profesionales inciden en la construcción de diagnósticos acerca de los problemas urbanos, establecen repertorios de posibles soluciones y colaboran en diseñar imágenes de ciudades deseables. Así, partimos del supuesto de que su rol es relevante en la conformación de la ciudad y de que el análisis de sus perfiles, características, disciplinas de origen, trayectorias profesionales y el modo en que se articulan con otros actores resulta un aporte sustancial para pensar cómo se produce ciudad.

Este libro reúne trabajos que analizan los vínculos entre Estado, técnica y política en la producción de espacio urbano. Los capítulos que lo integran abordan diversos períodos, actores, agencias, disciplinas y objetos de intervención. Pese a la heterogeneidad que los atraviesa, comparten preocupaciones comunes: las marcas de origen de las disciplinas, sus idiosincrasias y cosmovisiones, las articulaciones entre profesionales y Estado y su mutua influencia, así como el modo en que fueron variando los perfiles profesionales a lo largo del tiempo.

2. Revisitando viejas dicotomías analíticas

2.1. Intelectuales, expertos, académicos y tecnócratas

Existen distintas categorías a la hora de dar cuenta de aquellos que, por dentro y por fuera del aparato estatal, analizan, diagnostican e intervienen en la sociedad desde sus saberes. “Intelectuales”, “expertos”, “técnicos”, “tecnócratas” son algunas de las denominaciones que se utilizaron, en ocasiones indistintamente, para pensar a estos actores.

Sin embargo, vale la pena reponer algunas distinciones sobre esas categorías que permiten dar cuenta de matices, ambivalencias y oposiciones que establecen tanto quienes analizan a estos grupos, como los propios actores en pos de legitimarse y diferenciarse. Neiburg y Plotkin enfatizan las diferencias entre intelectuales y expertos; mientras que los primeros aluden

a aquellos individuos que reclaman como fundamento de legitimidad para sus intervenciones públicas una forma de pensamiento crítico, independiente de los poderes, y sustentada en el uso de la razón […] los expertos modernos suelen ser los técnicos, los especialistas que trabajan en y para el Estado, y más recientemente para las ONG y los organismos internacionales (Neiburg y Plotkin, 2004: p. 15).

Asimismo, resaltan los entrenamientos, credenciales y autopresentaciones dispares que los caracterizan:

Si la figura del intelectual remite a un tipo de formación general, que puede o no tener a la universidad como ámbito principal de acción, la figura del experto evoca especialización y entrenamiento académico. En su acción pública, el primero dice anteponer un conjunto de valores y un tipo de sensibilidad; el segundo, al contrario, actúa en nombre de la técnica y de la ciencia, reclamando hacer de la neutralidad axiológica la base para la búsqueda del bien común (Neiburg y Plotkin, 2004: p. 15).

Por su parte, Camou agrega a la distinción entre intelectual y experto una dimensión temporal en la que un perfil reemplaza a otro:

El lugar que detentaba el literato y el intelectual de tipo “generalista” es paulatinamente ocupado por el “experto”, dotado de un dominio técnico sobre un campo del saber, y capaz de orientarlo a la solución de problemas concretos de elaboración de políticas (Camou, 2015: p. 2).

Así, las diferencias atraviesan la formación, el tipo de legitimidad que se adjudican, el modo en que construyen su objeto de intervención, el vínculo con los valores y la ciencia y un momento histórico de predominancia para cada figura, entre otras cuestiones.

Por su parte, Morresi y Vommaro distinguen a los expertos de los académicos. Los primeros pueden movilizar el capital simbólico de sus credenciales universitarias no solo dentro del ámbito académico, sino también fuera de él, a la vez que el conocimiento difiere

en su utilidad o su aplicabilidad […]; está elaborado ex profeso para responder no a las demandas puramente académicas o científicas sino a los requerimientos de los tomadores de decisiones políticas que buscarían, a través de su uso, mayor información y herramientas de legitimación/justificación (Morresi y Vommaro, 2011: p. 22).

Por su parte, y a diferencia de los tecnócratas, “el experto no solo habita en el Estado. Hay expertos en la sociedad civil (definida de un modo laxo), en las organizaciones no gubernamentales, en los partidos políticos, en los sindicatos y en las empresas privadas” (Morresi y Vommaro, 2011: p. 19). En este caso, las principales distinciones entre académicos, expertos y tecnócratas apuntan a la aplicabilidad del conocimiento y al lugar de enunciación.

A pesar de que los trabajos mencionados esbozan diferencias entre intelectuales, expertos, académicos y tecnócratas, también se encargan de matizar y problematizar estas distinciones. Así, Neiburg y Plotkin (2004) discuten miradas normativas acerca de los intelectuales y expertos (que colocan una carga valorativa positiva en uno de los dos actores en detrimento del otro) y miradas dicotómicas (que asumen que se trata de actores con separaciones estrictas). A su vez, señalan que, en muchas oportunidades, estas distinciones –y la carga valorativa a ellas asociadas– tienen más que ver con intereses y disputas de los propios protagonistas, con autonarraciones y autodenominaciones, que con un análisis empírico de sus características.

Morresi y Vommaro también matizan dicotomías como las de expertos y políticos, e indican lo problemático de

separar tajantemente a los expertos y sus conocimientos de los tomadores de decisiones […] los expertos no suelen limitarse a servir a los políticos. En ocasiones […] ellos mismos son los políticos o consiguen, por distintos medios, que los políticos deleguen en ellos la capacidad de armar agenda y de implementarla (Morresi y Vommaro, 2011: p. 22).

En esta línea, el análisis de las trayectorias de los actores o de las características de diversos campos da cuenta de la porosidad, permeabilidad, cruces y yuxtaposiciones entre ámbitos que a veces se analizan de modo aislado.

En este sentido, diversos autores resaltan asuntos como la multiposicionalidad –retomando el concepto de Boltanski (1973)–, el tránsito por diversos espacios que se superponen, yuxtaponen, intersectan, autonomizan o subordinan entre sí en coyunturas específicas. Así, refieren a las porosidades entre espacios como el Estado, el universo académico, el mundo cultural, el campo intelectual y el ámbito empresarial.

La porosidad entre diversos ámbitos y las trayectorias que atraviesan múltiples espacios de intervención cobran particular relevancia en un universo como el de la producción de ciudad (Jajamovich, 2016a), es decir, un universo que supone conocimientos interdisciplinarios en que confluyen, se articulan y establecen diálogos diversas disciplinas. En efecto, se trata de un espacio atravesado por yuxtaposiciones entre universos académicos, consultoras y organismos internacionales, y por la elaboración e implementación de políticas públicas ligadas a la ciudad –que suelen implicar la actuación de empresas y la participación de la población–.

El tránsito por distintos universos implica que los sujetos tienen la capacidad de movilizar, hacer valer y resignificar sus credenciales en distintos ámbitos, y, en este sentido, los saberes expertos también pueden convertirse en una excelente vía de entrada para posicionarse como hombre público. Así, tal como señalan Morresi y Vommaro, si bien los expertos se opusieron inicialmente a la figura del intelectual, esto “no impide que progresivamente los nuevos grupos profesionales hayan tomado el relevo en esta tarea de hablarle a la sociedad sobre sus problemas y sus soluciones desde una posición de saber reconocido” (Morresi y Vommaro, 2011: p. 16). Esto también es observado en períodos previos. Tal como señala Ballent, la presencia de ingenieros desempeñándose en política en la primera mitad del siglo XX era

un dato relativamente frecuente, aunque no eran tan numerosos como abogados o médicos. Evidentemente, recibían una formación que los capacitaba para desempeñarse como “expertos” pero también, en ciertos casos, les permitía adoptar roles “intelectuales”, aunque en este último caso no hayan alcanzado la extensión ganada por otras profesiones (Ballent, 2012: p. 7).

En un período más reciente, el capítulo de Menazzi que integra este libro repone diversas vicisitudes de los ingenieros en tanto hombres públicos cuando se posicionaban críticamente frente a la última dictadura militar. Así, destaca las ambivalencias entre su rol técnico neutral y su compromiso social, observables a partir de una serie de discusiones al interior de la propia matrícula profesional.

2.2. Técnica-política/política-administración

Desde el análisis de políticas públicas, se ha criticado la suposición de una distinción fuerte entre el establecimiento de objetivos políticos y la elaboración técnica de los planes y programas económicos, en tanto

toda cuestión “técnica” importante conlleva –constitutivamente unida a ella– cuestiones de “política”; y parejamente, cualquier cuestión “política” relevante (o donde converjan intereses de alguna entidad) implica la resolución de importantes cuestiones “técnicas”. De este modo, cuestiones “técnicas” y cuestiones “políticas” son como dos puntas de un mismo ovillo. Se puede entrar al ovillo por una punta o por la otra, se puede, también, estipular de manera más o menos pragmática una zona de “demarcación” –siempre arbitraria, por cierto– entre ambos extremos de hilo, pero en todo caso, las dos puntas están indisolublemente unidas, y en el medio está siempre un complicado entramado de ideas e intereses, creencias técnicas y evaluaciones políticas, que el análisis tiene que tratar de desentrañar (Camou, 1997: p. 64).

Asimismo, al momento de legitimar determinadas políticas, se suelen movilizar argumentos técnicos, dando cuenta de las articulaciones, superposiciones y cruces, tal como se muestra en el trabajo de Gruschetsky que integra este libro. La autora señala cómo, al discutir los proyectos de vialidad, “el conocimiento técnico como fuente de legitimación avanzaba en el ámbito por excelencia de la política [el parlamento]”. Asimismo, en ocasiones se producen confluencias, afinidades e imbricaciones entre objetivos políticos y perspectivas técnicas o formas de intervenir la ciudad. Esto se observa en el capítulo de Gomes sobre la “Revolución Argentina” y la imbricación entre objetivos ligados a la modernización y la seguridad nacional en las intervenciones urbanas, y en el capítulo de Tobías acerca de la expansión de la infraestructura del agua, en la que el acceso se asociaba con un reconocimiento de ciudadanía.

Siguiendo la discusión acerca de miradas dicotómicas, resulta pertinente traer a colación la dualidad entre política y administración, que ve en la primera la instancia de decisión, de programación, de atención a valores, rumbos y decisiones, en contraposición a la administración como ámbito de la mera ejecución. Distintas perspectivas han impugnado la separación entre instancias de decisión política e implementación al señalar que los objetivos políticos se van definiendo y redefiniendo en el propio proceso de implementación. En ese marco, pueden destacarse investigaciones sobre trabajadores de trinchera o funcionarios de ventanilla, los cuales inciden desde su saber hacer en el devenir de las políticas, en particular aquellas que buscan tener impacto territorial. En estos casos, la “bajada” al territorio es materializada por equipos técnicos que incluyen arquitectos, trabajadores sociales y sociólogos, entre otros, quienes, en el proceso de implementación, van redefiniendo los objetivos, la orientación y los alcances de la política. Tal como explicita Olejarczyk en el trabajo que integra este libro,

estos trabajadores habitan un lugar dentro del proceso de implementación que les permite revisar(se) su accionar, así como el accionar de otros actores implicados; problematizar y resignificar los objetivos de la política pública en cuestión; proponer y llevar a cabo estrategias de intervención que no estaban estipuladas per se; en resumen, logran “hacerle trampa” a la política.

3. Acerca del Estado, sus agencias y su “rostro humano”

3.1. El Estado como objeto de indagación

El Estado como campo de intervención resulta central a la hora de reflexionar acerca de las características de los actores técnicos, expertos o profesionales. Tanto como espacio de formación, tránsito, trampolín o llegada, las burocracias y las agencias estatales siempre fueron ámbitos de intervención de estos actores y resultan sugerentes objetos de análisis. Siguiendo los lineamientos de diversos autores (Plotkin y Zimmerman, 2012a, 2012b; Bohoslavsky y Soprano, 2010), entendemos al Estado como un “objeto polifacético, fragmentado y desacoplado en múltiples agencias, figuras, lógicas y prácticas sociales, con ritmos de desarrollos asincrónicos y discontinuos” (González Bollo, 2014: p. 28). En esta línea, y retomando la metáfora de Bohoslavsky y Soprano, cobra relevancia indagar el “rostro humano” del Estado, es decir, identificar quiénes son el Estado, “saber más acerca de cómo esas personas se convirtieron en el Estado y/o cómo dejaron de serlo, cómo legitimaron sus posiciones y decisiones y contra quiénes debieron competir” (Bohoslavsky y Soprano, 2010: p. 25).

Esta mirada sobre los sujetos que conforman el Estado, en particular aquella focalizada en las élites estatales, converge con “un renovado foco en los intelectuales como grupo social y asimismo con un interés en la historia de los grupos profesionales que en parte deriva de la recepción de ideas provenientes de la sociología de los profesionales” (Plotkin y Zimmermann, 2012a: p. 18).

Esa perspectiva ha sido frecuente a la hora de pensar los vínculos entre campos disciplinares y agencias estatales respecto a la producción de ciudad (Ballent, 2005b, 2008, 2012; Gruschetsky, 2010, 2012; Salerno, 2015; Palermo, 2006; Raffa, 2016). El vínculo mutuamente constitutivo entre saberes y agencias estatales habilita una serie de reformulaciones teórico-metodológicas. Por un lado, permite observar los bordes del Estado, sus márgenes, sus espacios de entrada y salida y cómo se van demarcando continuamente en cada coyuntura. Esto relativiza divisiones rígidas entre Estado y universo privado, dando cuenta de circulaciones, pasajes y yuxtaposiciones a través del seguimiento de la trayectoria de los individuos o de la conformación de redes de asuntos o comunidades profesionales integradas por agentes, organismos y grupos del universo público y privado. A su vez, esta mirada focalizada en los agentes, sus prácticas y trayectorias y la co-constitución de campos disciplinares y agencias estatales permite reponer la complejidad de la conformación del Estado, sus reorientaciones e intervenciones, en cuanto

las redefiniciones de los espacios de intervención del Estado no han sido solo el resultado de cambios ideológicos, sino que han ocurrido también a partir del desarrollo de saberes específicos y de las reformulaciones que los mismos produjeron en percepciones sociales más amplias, las que a su vez han influido, de manera dialéctica, en la evolución de éstos (Plotkin y Zimmermann, 2012a: pp. 10-11).

Los vínculos entre los distintos campos disciplinares y el Estado, así como la valoración del pasaje de los profesionales por este ámbito, fueron variando a través del tiempo, y son muy disímiles de acuerdo a la disciplina y al período analizado, tal como observaremos a continuación a propósito de diversas disciplinas vinculadas al quehacer de la ciudad.

3.2. Arquitectos, urbanistas, ingenieros, trabajadores sociales y militares: aproximaciones sobre los vínculos entre disciplinas y Estado

La variedad de disciplinas que intervienen en la producción de ciudad supone distintas articulaciones con el Estado, diversos grados de “autonomía” y múltiples sentidos otorgados a la producción de ciudad. A su vez, proliferan tensiones al interior de cada una de las disciplinas por la convivencia de diversas tradiciones en algunos campos de intervención, las trayectorias más valoradas y prestigiosas, etc.

El urbanismo, disciplina que tiene como objeto principal la intervención de la ciudad, está atravesado por diferentes perspectivas que se superponen y por disputas horizontales entre profesiones para hegemonizarla. En esta dirección, Novick propone un desplazamiento desde el foco en el urbanismo como disciplina hacia una forma plural de competencias institucionalizadas que tuvieron por objeto a la ciudad, “a ese producto conjunto y a veces contradictorio de políticas públicas, de saberes y prácticas o conocimientos y de una serie de profesiones o de oficios” (Novick, 2007: p. 8). En esa línea, Rigotti (2005) también señala la multiplicidad y complejidad de concepciones de lo que se entiende como urbanismo, así como la tensión entre los intentos de institucionalización y las pretensiones de otras profesiones para intervenir sobre lo urbano y territorial. Así, indica que la arquitectura y el urbanismo son “dos actividades, dos saberes y prácticas con historias y áreas de intervención diferenciadas, si bien han reconocido momentos de encuentro, superposición, indeterminación y aun de antagonismo” (Rigotti, 2005: p. 10).

Estos trabajos avanzan en la conceptualización de las disputas protagonizadas por técnicos y profesionales que, en sus interrelaciones, pugnan por definir distintos diagnósticos sobre los problemas de la ciudad y las soluciones adecuadas. En períodos posteriores estas dinámicas se reiteran, y las disputas entre distintos expertos (arquitectos proyectistas y planificadores urbanos y regionales) se despliegan dentro y fuera de ámbitos estatales, incluyendo organizaciones de representación profesional, ámbitos académicos, reparticiones estatales vinculadas a asuntos urbanos y pugnas legales respecto a las incumbencias de los distintos expertos (Jajamovich, 2012).

El vínculo entre técnica y política, o, en términos más generales, entre poder y saber, adquiere algunas características particulares a la hora de pensar la producción de ciudad en cuanto forma material y en relación con la arquitectura. En efecto, algunos estilos y diseños fueron asociados a determinadas orientaciones políticas, lo cual dejó entrever una lectura de la técnica (en este caso, la arquitectura) al servicio del poder. Sin embargo, la identificación lineal entre formas arquitectónicas y poder ha sido discutida y matizada, señalando que las relaciones entre estos ámbitos existen aunque son ambiguas y tangenciales. Así, Silvestri señala que “los tiempos del territorio no transcurren paralelos a los tiempos de los acontecimientos políticos y sociales: se cruzan en historias diversas” (Silvestri, 2003: pp. 30-31). En esa dirección, postula la hipótesis sobre la relativa autonomía de la forma construida, al indicar que el proceso de construcción “no se deduce linealmente de circunstancias sociales, políticas o económicas, aunque las presupone; posee legalidad y tiempos propios” (Silvestri, 2003: p. 31).

Por su parte, Ballent y Gorelik (2000) indican que las relaciones entre poder y arquitectura asumen en el tiempo diversas acepciones, frente a lo cual es necesario analizar las mediaciones entre ambos términos en cuanto “no existe ningún carácter esencial en la arquitectura capaz de expresar contenidos políticos, fuera del contexto en que se inserta y de los significados que él le asigna” (Ballent y Gorelik, 2000: p. 7). En otros términos, técnica y política “constituyen dos miradas distintas pero vinculadas sobre los mismos objetos” (Ballent, 2005: p. 20), por lo cual se debe “imaginar la idea de dos historias –una técnica o disciplinaria y otra política–, entendidas como dos líneas autónomas que se cruzan en un punto, aunque tienen comienzos y desarrollos posteriores a tal cruce divergentes” (Ballent, 2005: p. 20). En esta misma línea, el trabajo de Raffa que integra este libro señala continuidades en las distintas gestiones con relación al tipo de arquitectura promovido. De este modo, intenta evitar tanto la autonomización del campo técnico, como la idea de la subordinación de este a la política.

El capítulo de Raffa reflexiona sobre la ambivalente inserción de los arquitectos en el Estado, señalando los cambios en la percepción de estos profesionales respecto a su incorporación en las burocracias públicas. En las primeras décadas del siglo XX, la inserción en el Estado era considerada “una salida laboral secundaria y alternativa”, perspectiva que comenzó a transformarse a partir de la década del 20 y el 30, cuando los profesionales comenzaron a reconocer “la importancia que tenía la posibilidad de influir y decidir sobre la arquitectura y la ciudad, participando en la burocracia estatal”.

En contraposición a los vínculos más lábiles e inestables entre arquitectura y Estado, el caso de los ingenieros presenta un enraizamiento mucho mayor entre la disciplina y el aparato estatal, un vínculo muchísimo más sólido y perdurable, tal como demuestran las indagaciones de Ballent (2008, 2012), Palermo (2006) y Salerno (2015). Ballent reflexiona respecto a estas diferencias afirmando que la arquitectura “nunca llegó a pensarse en términos de una burocracia con el peso y la solidez adquiridos por los cuerpos de ingenieros, y que en lo profesional intentó canalizar las demandas del Estado hacia el ejercicio liberal de la profesión a través del sistema de concursos” (Ballent, 2016: p. 6). Así, se destacan los vínculos estrechos entre la conformación de la ingeniería como disciplina y las agencias estatales vinculadas a su quehacer (Ballent, 2008), por un lado, a partir de la conformación simultánea y articulada de organismos vinculados a la disciplina, su enseñanza, espacios de sociabilidad y agencias estatales. Asimismo, las agencias estatales vinculadas a la ingeniería (Ferrocarriles, Obras Sanitarias, el Ministerio de Obras Públicas, entre otras) constituían espacios de formación imprescindibles para los ingenieros que querían desempeñarse en esas áreas de intervención, y la carrera dentro de una repartición era una de las trayectorias más valoradas (Ballent, 2008).

Los capítulos de Gruschetsky, Menazzi y Tobías analizan la inserción de los ingenieros en el aparato estatal en distintas coyunturas y agencias estatales, como la Dirección Nacional de Vialidad, Obras Sanitarias de la Nación y el Ministerio de Obras Públicas. Los tres trabajos dan cuenta de la predominancia de los ingenieros en estas agencias estatales y la primacía de esta perspectiva disciplinar que, como correlato, implicaba ciertas formas de diagnosticar e intervenir sobre el territorio. Esto supuso que las agencias continuaran ciertos lineamientos de acción aun cuando se produjeran recambios políticos, y también implicó que en ocasiones existieran manifiestos conflictos entre agencias técnicas y orientaciones económicas y políticas.

La propia conformación del Estado requirió indefectiblemente de este saber técnico para, a través de obras como ferrocarriles, escuelas y hospitales, marcar la presencia estatal y configurar el territorio nacional (Palermo, 2006). Las obras públicas como forma de materializar el control sobre el territorio ubicaron en un lugar central a la figura del ingeniero, en cuanto portador de un saber técnico específico imprescindible para la consolidación del Estado nación. En este sentido, Palermo (2006) traza la metáfora de los ingenieros como constructores de Estado, figura que ellos mismos reivindicaban para sí, subrayando su rol fundante en los orígenes de la patria, tal como lo desarrolla el capítulo de Menazzi. Esto no implica, sin embargo, una adscripción política partidaria, sino, al contrario, un refugio en cierta autoasignada neutralidad técnica que les permitiría insertarse en los distintos gobiernos sin considerarse por ello comprometidos políticamente. El tema de la neutralidad fue una reivindicación constante de los ingenieros, tal como muestra el capítulo de Menazzi que integra este libro y trabajos previos de la propia autora (Menazzi, 2018a, 2018b). En este sentido, cabe remarcar el vínculo ambiguo de los expertos con las pertenencias partidarias (Vommaro y Morresi, 2011), dadas sus pretensiones de neutralidad. La fidelidad se otorga más a los pares expertos que a los integrantes de un partido.

Por fuera de las disciplinas que, de modo más usual, fueron asociadas a la producción de espacio urbano (arquitectura, urbanismo, planificación e ingeniería), han emergido trabajos que señalan la relevancia de otras disciplinas y prácticas en la producción de la ciudad. En ese marco, el trabajo de Gomes aborda la preocupación de algunos sectores militares por la construcción de infraestructura urbana como forma de equilibrar el desarrollo territorial, modernizar al país y, de este modo, fortalecer la seguridad nacional. Más allá de que el foco de Gomes esté en la década del 60 y que enmarque estas cuestiones en el paradigma planificador que primaba en el período, esta articulación de intereses tiene una larga historia. Así, como ya fuera mencionado al aludir a los ingenieros, la articulación entre grandes obras de infraestructura como modo de apuntalar la soberanía y asegurar el territorio nacional fue una cuestión que históricamente comprometió a las fuerzas armadas. En este sentido, se advierte su fuerte presencia en la dirección de empresas públicas de servicios ligadas a la expansión de infraestructuras.

La carrera militar no constituye una disciplina profesional como las que venimos analizando. Sin duda se trata de un saber experto que incide sobre la producción y regulación del territorio. Sin embargo, a diferencia de las profesiones que analizamos previamente, se desarrolla íntegramente dentro del Estado. A su vez, resulta interesante su pretensión de neutralidad que comparte con el universo técnico. En términos de Heredia y Gené, “ambos actores se han caracterizado por un discurso pretendidamente apolítico y que reclama para sí la capacidad de ubicarse por encima de los conflictos sociales” (Heredia y Gené, 2009: p. 4). Curiosamente, tiene la cualidad de sostener la pretensión de neutralidad aun cuando durante reiterados y extensos períodos ocuparon el poder ejecutivo de la nación. Asimismo, cabe resaltar el histórico lazo existente entre el universo castrense y el universo de la ingeniería.[1]

En el marco de las ciencias sociales, otras disciplinas han cobrado relevancia al analizar la producción de ciudad, como la sociología, la antropología y el trabajo social, entre otras. En particular, el trabajo social tuvo, desde su origen, una inserción profunda en el Estado. Se trata, de hecho, de una disciplina que se ejerce centralmente desde ámbitos estatales y que apostó fuertemente a profesionalizar las prácticas informales de asistencia. Se ve atravesada por otro tipo de tensiones y compromisos que las profesiones anteriores, dados su carácter territorial y su preocupación social como puntos de partida. También, debido a su vínculo estrecho con el Estado, ha sufrido profundas reconfiguraciones en su práctica, objetivos y valoración en ciertos contextos de reconfiguraciones del rol del Estado (Pantaleón, 2006; Perelmiter, 2012, Demoy y Olejarczyk, 2017).

El trabajo de Olejarczyk que integra este libro profundiza cuestiones ligadas al rol, los sentidos y las percepciones del equipo social que acompaña una política de construcción de viviendas. Analizados en cuanto trabajadores de trinchera, su posibilidad de intervenir en la definición y orientación de las políticas se da en el proceso de implementación en el territorio, ajustando y reorientando los objetivos de las políticas de modo no siempre formal. Otra cuestión relevante señalada por Olejarczyk se vincula con las jerarquías de los distintos profesionales que intervienen en la implementación de esta política con efectos urbanos. En su análisis sobre la implementación de un plan de viviendas, el equipo “técnico”, conformado principalmente por arquitectos, ingenieros y agrimensores, contaba con pleno reconocimiento y recursos en la estructura burocrática, al tiempo que tenía sus tareas delimitadas. Por el contrario, la “pata social” no tenía el mismo nivel de reconocimiento, y sus tareas se iban desdibujando y reorientando a medida que la política se implementaba.

Esta jerarquización desigual entre saberes al interior de las políticas y del Estado es un tópico recurrente en los capítulos del libro. Así, más allá de algunas continuidades históricas y vinculaciones que permanecieron relativamente estables a lo largo del siglo XX, la valoración que el Estado hacía de algunos saberes por sobre otros en cada coyuntura y respecto a diversas políticas fue muy variable. Esto se traduce con claridad en los recursos, estructura, roles y jerarquías otorgados a distintas agencias y profesionales de acuerdo a la permeabilidad y afinidad de cada gobierno respecto a distintas propuestas técnicas y perspectivas disciplinares. Y, en contraposición, las imágenes, aspiraciones y percepciones de los distintos profesionales respecto al desarrollo profesional en el Estado también sufrieron profundas reformulaciones, no siempre coincidentes con la demanda estatal. Así, el trabajo de Menazzi puntualiza que, si bien la valoración del ingeniero que hizo su carrera en el Estado seguía siendo positiva en términos generales, a fines de los 70 también comenzaba a surgir una mirada crítica que daba cuenta de otras trayectorias consideradas más prestigiosas.

Otra cuestión que atraviesa los trabajos que integran este libro se vincula con el modo en que los actores analizados buscan consolidar su propia imagen, legitimar su perfil y sus prácticas contraponiéndose a otros actores con los que necesariamente deben articular su accionar en el aparato estatal y en la implementación de políticas públicas.

Por un lado, diversos profesionales buscan distinguirse de los políticos o de “la política” señalando que utilizan criterios racionales, técnicos y eficientes al desarrollar sus tareas, en contraste con las lógicas políticas. Esta contraposición atraviesa a los trabajadores sociales analizados por Olejarczyk, quienes temen que los políticos les metan a alguien en la lista de beneficiarios que trabajosamente construyeron, así como también a los ingenieros, quienes reniegan de las injerencias de la política a la hora de trazar planes viales, definir infraestructura de servicios o establecer las prioridades en la obra pública. Sin embargo, cabe recordar que, tal como mencionamos previamente, la distinción entre técnica y política resulta bastante más difusa en los procesos concretos.

El otro contrapunto enfatizado por los profesionales es aquel que realizan entre su rol –técnico, experto, profesional– respecto al papel de las burocracias no calificadas. Resultan un tópico recurrente en distintas coyunturas las quejas respecto a las burocracias que entorpecen el accionar de los profesionales, minando la eficiencia que los técnicos pretenden imprimir a sus intervenciones, tal como lo demuestra el capítulo de Gruschetsky.

4. Algunas especificidades de lo urbano: temporalidades, imágenes y construcción colectiva

4.1. La ciudad como construcción colectiva

Los procesos de producción del espacio urbano se caracterizan por ser enmarañados, colectivos y de largo plazo, a la vez que implican complejas articulaciones entre cuestiones técnicas y políticas. Existe una importante diversidad de campos del saber que intervienen en la producción de ciudad, lo cual implica la articulación de racionalidades diversas y la disputa entre lógicas de intervención disímiles. En ocasiones, existen intentos de monopolizar el saber –y, consecuentemente, las intervenciones– acerca de la producción de la ciudad por parte de algunas disciplinas, pero su carácter de construcción colectiva de largo plazo involucra necesariamente una importante variedad de actores. Estas características de la ciudad implican que los actores se vean obligados a negociar sus expectativas, perspectivas y lógicas de intervención a fin de armonizar intereses y lograr la materialización de las intervenciones. En esta línea, el capítulo de Gomes analiza cómo determinadas ideas acerca de lo urbano se cruzaron con otras, como las de seguridad nacional, en el diseño de los planes nacionales de desarrollo de la dictadura militar entre 1966 y 1973. La hipótesis de la autora es que las pretensiones refundacionales de la “Revolución Argentina” hicieron de la infraestructura urbana uno de sus objetivos prioritarios para modernizar el país. Por su parte, el capítulo de Tobías también da cuenta de afinidades electivas entre determinados paradigmas de intervención, perspectivas disciplinares y aspiraciones políticas que consolidaron el modelo social del agua. Este modelo atravesaba perspectivas disciplinares respecto al rol de los ingenieros (en términos de la autora, la “ingeniería heroica”), paradigmas de intervención vinculados a lograr una prestación universal como modo de consolidar el territorio, y preocupaciones políticas que asociaban el acceso al agua con un reconocimiento de ciudadanía. A su vez, en el capítulo de Gruschetsky se reconstruye la voluntad de integrar el territorio a partir de obras viales, pero también de favorecer la circulación del automóvil a partir de la presión de agentes privados y consolidar a la Dirección Nacional de Vialidad como una agencia modelo y al ingeniero como experto ejecutor de obras. Es decir, cada intervención sobre el territorio, cada reglamentación o plan condensa necesariamente objetivos disímiles provenientes de la técnica y la política. Así, un objetivo técnico puede prestarse a distintas aspiraciones políticas y, a la inversa, un objetivo político puede servirse de diversas perspectivas técnicas o validarse a partir de diversas argumentaciones técnicas. Se trata de un complejo y cambiante juego de mutuas legitimaciones.

Sumado a esto, la ciudad como producción colectiva supone centralmente la participación de actores sociales profanos en tanto habitantes, usuarios y productores de espacio urbano. Esto resulta en una construcción colectiva que excede la voluntad de quienes intervienen sobre ella. Se trata de un objeto complejo, poco maleable y poco predecible que se caracteriza por imponer resistencias debido a su doble carácter social y material.

4.2. Temporalidades

Los capítulos que integran este libro recorren distintos períodos históricos. Puestos en conjunto, dan cuenta de cómo la perspectiva histórica permite matizar, dimensionar y darles sentido a los procesos y las prácticas de los actores, cómo fue variando el perfil de estos, las agencias estatales, los organismos que los nuclean, los espacios de formación y los tipos de intervención propuestos.

Los capítulos de Raffa y Gruschetsky analizan la década del 30, período de expansión, conformación y consolidación del aparato estatal y sus ámbitos de intervención. Se trata de un período fundacional para las agencias y profesionales analizados, es decir, un momento privilegiado para el análisis por cuanto se explicitan una serie de decisiones respecto a la conformación de las nuevas agencias, a los profesionales convocados y a las modalidades de intervención. Se trata, además, de un momento de confluencia entre técnica y política en que, en términos de Raffa, existía gran permeabilidad por parte del campo político a las propuestas técnicas. El trabajo de Gomes indaga la década del 60, un período en que también existía un interesante entramado de actores técnicos y estatales articulados alrededor de la idea de un Estado centralizado y planificador. Desde la mirada de los técnicos –por dentro y por fuera del aparato estatal–, el Estado poseía un indudable rol protagónico en la orientación de la urbanización, la integración y la seguridad, tópicos que aborda la autora. En este sentido, estos trabajos coinciden en analizar períodos de confluencia y sintonía entre ámbitos técnicos y políticos.

En contraposición, el trabajo de Menazzi analiza un período en que se buscaba la contracción del aparato estatal, su retirada de diversos ámbitos de intervención. En esta línea, resulta relevante enfatizar los desfasajes entre la perspectiva desarrollista, aún predominante entre los ingenieros, y la voluntad de contraer el aparato estatal de ciertos sectores de la última dictadura militar. Así, resulta enriquecedor analizar momentos de reconfiguración de los vínculos público-privados, coyunturas de contracción del aparato estatal, reformulación de sus objetivos y surgimiento de organismos del universo privado. El trabajo de Tobías, al abordar un período extenso, también tiene la virtud de dar cuenta de continuidades y desfasajes en las perspectivas de prestación del servicio del agua, más allá de profundas reformulaciones como las privatizaciones y reestatizaciones. Un aporte del trabajo se vincula con señalar las continuidades y pervivencias de ciertos paradigmas predominantes en el sector, más allá de transformaciones institucionales y cambios de perspectivas políticas.

En este sentido, los trabajos buscan sostener una mirada sensible a la existencia de diversas temporalidades, la convivencia de diversos ritmos entre procesos disciplinares, perspectivas estatales y paradigmas de intervención (Palermo y Silva, 2016). Se trata de disciplinas que fueron cambiando su perfil, incumbencias y vínculos con el Estado a través del tiempo, así como distintos tipos de Estado en cada coyuntura: en sus áreas de incumbencias, preocupaciones y estructura (en procesos de expansión, contracción, reorganización). También, se trata de paradigmas de intervención que tienen dinámicas propias. Esto aporta riqueza al análisis al considerar las confluencias, los destiempos y las asincronías.

En el caso de los procesos urbanos, las temporalidades se complejizan aún más dados los tiempos largos que caracterizan a la producción de ciudad. Así, la demanda de tiempos para la materialización de proyectos y planes, así como las inversiones que requieren, obliga a matizar vínculos más lineales. A su vez, la larga duración de la forma material trasciende muchas veces sus contextos de origen. Por otra parte, las variadas tradiciones técnicas de distintas disciplinas –a veces colaborando u otras veces compitiendo entre sí– y sus dinámicas propias les dan a estos asuntos un acento particular. Tal como mencionamos previamente, los ritmos de la conformación de saberes, sus reformulaciones y materializaciones institucionales no necesariamente coinciden con los tiempos de las agencias estatales.

4.3. Imágenes y lugares

Otra especificidad al pensar la construcción de ciudad se vincula con que las intervenciones buscan generar productos materiales: infraestructura vial, redes de agua, edificios oficiales, polos de desarrollo, monumentos y viviendas. Cada una de estas producciones supone la construcción de determinadas imágenes acerca de la ciudad, de los técnicos que las producen y del gobierno que las encarga. En este sentido, la construcción de autovías analizada por Gruschetsky consolidaba la imagen de un Estado moderno en búsqueda del progreso, mientras que la monumentalidad de los edificios analizados por Raffa da cuenta de la importancia del gobierno provincial y de la voluntad de posicionar a Mendoza a nivel nacional. En estos procesos, como muestran las autoras, se yuxtaponen aspectos materiales y simbólicos.

Los lugares elegidos para intervenir también dan cuenta de diversas aspiraciones y destinatarios: la búsqueda de monumentalidad del centro, la integración del territorio a través de vías rápidas, la expansión de la infraestructura del agua que va por detrás de la expansión urbana, y la consolidación de los bordes de la ciudad formal, a través de la producción de vivienda social. Se trata de distintas coyunturas del Estado, pero también de diversas agencias que operan siguiendo lógicas y objetivos muy heterogéneos.

Las obras públicas son intervenciones directas del Estado en la ciudad. Sin embargo, las reglamentaciones, planes y proyectos tienen mucha relevancia también, por cuanto van consolidando las imágenes de la ciudad deseada, marcando orientaciones a futuro, diagnosticando los problemas y estableciendo repertorios de acción (Novick, 2007). Son los técnicos vinculados a la producción de ciudad los que tienen un rol fundamental en la producción de estas imágenes sobre la ciudad deseada, que, independientemente de su materialización inmediata, persisten en el tiempo.

5. Sobre abordajes metodológicos

5.1. Abordajes

Una de las estrategias metodológicas más fructíferas al abordar el universo de problemas que recorre este libro ha sido el seguimiento de trayectorias socioprofesionales. Esto permite avanzar sobre una serie de cuestiones: el origen social de los actores, sus espacios de formación y socialización, el cambio en los perfiles predominantes a lo largo del tiempo, los vínculos formales e informales que establecen con pares, grupos e instituciones, las estrategias que despliegan para legitimar sus intervenciones, acceder a espacios y disputar con otros actores. El trabajo de Raffa abona esta línea, reponiendo las trayectorias y la trama de relaciones que explican en buena medida el acceso, la permanencia o la rotación en los cargos técnicos en la provincia de Mendoza durante la década del 30.

La mirada sobre las trayectorias también permite vincular, a través de la circulación de los individuos, espacios de intervención que a primera vista parecerían completamente separados. En este sentido, ilumina permeabilidades, conexiones y pasajes entre instituciones, campos y ámbitos de sociabilidad.

Este tipo de análisis se basa en el supuesto de que las trayectorias previas pueden contribuir a comprender el accionar, las elecciones y los recursos de los individuos en determinadas coyunturas. Los contactos formales e informales, las herramientas disponibles, los modos de diagnosticar problemas y el repertorio posible de soluciones se vinculan estrechamente con la trayectoria y socialización de los sujetos.

Otro abordaje sobre los actores técnicos se vincula con el análisis de sus estrategias de legitimación, es decir, los argumentos que esgrimen para justificar su intervención. El análisis de controversias sociotécnicas ligadas a la producción de ciudad ha resultado particularmente fructífero en este sentido. Este tipo de análisis pone en evidencia que las delimitaciones entre ciencia, técnica y política no resultan claras. Así, Majone (1997) señala la noción de transcientífico para referirse a “cuestiones de hecho que pueden enunciarse en el lenguaje de la ciencia pero que, en principio o en la práctica, es imposible que esta los resuelva”. Varios capítulos de este libro, como los de Tobías, Gomes y Gruschetsky, indagan paradigmas, perspectivas de intervención, miradas disciplinares y argumentos técnicos que se movilizan a la hora de intervenir.

Otra estrategia ha sido la focalización en determinadas agencias de Estado, su conformación, sus proyectos institucionales, los perfiles privilegiados entre sus integrantes, y su reconfiguración en diversas coyunturas. En esta línea, los trabajos de Ballent (2012), sobre el Ministerio de Obras Públicas, y de Palermo (2006), sobre Ferrocarriles, son ejemplos productivos de cómo el foco en este tipo de agencias permite comprender las prácticas concretas de técnicos, expertos y funcionarios en coyunturas específicas, los idearios de estas agencias y sus reformulaciones en el tiempo. En esa senda, el capítulo de Gruschetsky se focaliza en la Dirección Nacional de Vialidad, mientras que Tobías se focaliza en Obras Sanitarias de la Nación (y sus reformulaciones institucionales).

En esta línea, pero por fuera del ámbito estatal, hay trabajos que se focalizan en distintos tipos de organizaciones que nuclean expertos y técnicos: think tanks, fundaciones, consultoras, institutos y toda clase de centros de expertise, así como organizaciones que se encuentran en el borde entre lo público y lo privado (Jajamovich, 2016). Estas organizaciones movilizan intereses e intentan imponer diagnósticos y soluciones sobre la ciudad. En ocasiones, son parte de circuitos y redes transnacionales de técnicos, expertos e ideas, tal como se observa en el artículo de Gomes. A su vez, el abordaje de las asociaciones profesionales que pretenden nuclear a la matrícula profesional de las distintas disciplinas y que se erigen como la voz oficial también tiene relevancia: ¿en qué medida logran representar las perspectivas de estos profesionales?, ¿cómo intermedian frente al Estado?; ¿cuáles son las divisiones internas que se manifiestan en estos órganos? En ese marco de interrogantes, el trabajo de Menazzi se sirve de los posicionamientos del Centro Argentino de Ingenieros y de la Cámara Argentina de la Construcción para reponer la perspectiva de los ingenieros y su rol en el Estado durante la última dictadura militar.

Cabe remarcar también abordajes relacionales sobre la variedad de actores que intervienen en diversos asuntos. En este sentido, categorías como redes de asuntos (Camou, 1997), redes de relaciones –utilizada en el capítulo de Raffa–, comunidades políticas y sector tienen la virtud de englobar a actores públicos y privados, organizaciones, individuos, empresas y agencias estatales en torno a un campo de conocimiento o intervención. Trabajos como los de Marques (1998, 1999) acerca de la comunidad profesional ligada a obras públicas de infraestructura se apoyan en esa línea y hacen uso de metodologías de análisis de redes. El análisis de espacios de socialización de ciertos grupos y la co-constitución de ámbitos de formación, agencias estatales y organizaciones profesionales que mencionamos previamente son también líneas que resultan muy fructíferas.

Otro abordaje muy rico es el análisis de planes y proyectos. Aunque esas ideas y su aplicación son parciales y raras veces logran organizar la totalidad del espacio construido, “dejan sus huellas en él a través de reglamentos de edificación, los grandes proyectos y las obras públicas cuya materialización depende también de unas siempre controvertidas relaciones entre la acción de los técnicos y administradores y los procesos políticos de toma de decisiones” (Novick, 2007: p. 8). Es decir, son objetos relevantes para analizar en tanto dejan planteadas una serie de diagnósticos y un repertorio posible de soluciones, imágenes de ciudad deseables y mecanismos para lograrlo.

Por último, el seguimiento de profesionales a partir de una estrategia etnográfica también permite reponer la perspectiva de los propios actores respecto a su rol y sus prácticas. Tal es la perspectiva adoptada en el capítulo de Olejarczyk, que, de este modo, logra iluminar las propias ambivalencias de los trabajadores de trinchera respecto a su intervención, y las dificultades, marchas y contramarchas de la implementación de una política de vivienda en el territorio.

Él intento de dar cuenta de las perspectivas de los profesionales analizados es un esfuerzo común de los distintos trabajos que integran este libro, subrayando las perspectivas disciplinares, percepciones y expectativas respecto al Estado, su rol en él y las políticas en las que se involucran. En muchos casos se reponen las argumentaciones que los profesionales movilizan en pos de legitimar su trabajo, así como las matrices disciplinares desde las cuales intervienen.

6. A modo de cierre

Esta introducción ha intentado armar un mapa de aportes para repensar el rol de los profesionales, expertos y técnicos en la producción de la ciudad. Para esto, hemos retomado reflexiones generales sobre intelectuales, técnicos y profesionales y las hemos yuxtapuesto con trabajos que se focalizan en expertos con incidencia en la ciudad. Decíamos inicialmente que existe una tendencia –en parte de los estudios urbanos– a desconsiderar el rol de estos actores y a privilegiar otros. Sin embargo, rota la dicotomía, por ejemplo, entre técnicos y políticos, el panorama que se dibuja es otro, en el cual la entrada por estos asuntos también ilumina fenómenos más abarcativos.

También buscamos poner en diálogo ciertas ideas y preocupaciones presentes en distintos trabajos acerca de los técnicos y profesionales vinculados a la producción de ciudad, puesto que los análisis han tendido a compartimentarse por disciplina, estableciendo poco diálogo entre sí. A partir de los trabajos que integran este libro, pudimos detectar una serie de cuestiones que resultan transversales a los distintos trabajos: los cambiantes vínculos entre profesionales y Estado, la búsqueda de técnicos y expertos por distinguirse de políticos y burócratas, la cambiante jerarquización entre disciplinas al interior del Estado, las variables percepciones de los profesionales respecto a desarrollar su carrera en el Estado, las ambivalencias acerca de la neutralidad y el compromiso social, y ciertas especificidades del cruce entre técnica y política en la producción de espacio urbano. Los tiempos largos, la producción de materialidades y las imágenes que se le asocian, así como el carácter colectivo y multidisciplinario, fueron cuestiones que subrayamos en la introducción.

Así, fuimos conformando un mapa complejo que incluye diversas disciplinas con incidencia sobre lo urbano (ingeniería, arquitectura, urbanismo, economía, sociología), actores con distintos perfiles (técnicos, expertos, consultores, asesores, funcionarios de carrera, empresarios), campos de actuación diversos (Estado, mercado, campo académico, intelectual), organismos variados que no se alinean estrictamente con los mencionados campos (ONG, think tanks, grupos de reflexión o intervención política, consultoras, entidades público-privadas), trayectorias disímiles que intersectan todas estas cuestiones, y distintos modos de conceptualizar la articulación entre estos actores y entidades (comunidades profesionales, redes de asuntos, etc.).

Bibliografía

Ballent, A. (2005a). Las huellas de la política. Bernal: Universidad Nacional de Quilmes, Prometeo.

Ballent, A. (2005b). “Kilómetro cero: la construcción del universo simbólico del camino en la Argentina de los años treinta”. Boletín del Instituto Ravignani, n.º 27, 1.º semestre 2005, pp. 107-137.

Ballent, A. (2008). “Ingeniería y Estado: la red nacional de caminos y las obras públicas en la Argentina, 1930-1943”. História- Ciencias, Säude –Manguinhos, vol. 15, n.º 3, pp. 827-848.

Ballent, A. y Gorelik, A. (2000). “El príncipe”. Block, 5, pp. 6-11.

Ballent, A. (2012). “Burocracia, técnica y política: los ingenieros del Ministerio de Obras Públicas y los golpes de Estado (1930-1943)”. Trabajo presentado en Segundo Taller de Trabajo: “Construcción del Estado y Burocracias Técnicas en América Latina. Siglos XIX y XX”, noviembre. Buenos Aires: IDES.

Bohoslavsky, E. y Soprano, G. (2010). “Una evaluación y propuestas para el estudio del Estado en Argentina”. En Un Estado con rostro humano. Funcionarios e instituciones estatales en Argentina (desde 1880 a la actualidad). Buenos Aires: Prometeo Editorial.

Boltanski, L. (1973). “L’espace positionnel, multiplicité des positions institutionnelles et habitus de classe”. Revue française de sociologie, XIV, n.º 1, pp. 3-26. Disponible en https://bit.ly/31qzzse.

Camou, A. (1997). “Los Consejeros del Príncipe. Saber técnico y política en los procesos de reforma económica en América Latina”. En Nueva Sociedad, n.º 152, noviembre-diciembre de 1997.

Camou, A. (2015). “Dossier Núm. 59. Intelectuales, expertos y políticas públicas en la Argentina democrática. Una mirada desde el espejo latinoamericano”. En Dossiers del Programa Interuniversitario de Historia Política. Disponible en https://bit.ly/2WAueuW.

González Bollo, H. (2014). La fábrica de las cifras oficiales del Estado argentino, 1869-1947. Buenos Aires: UNQ.

Gruschetsky, V. (2010). “Una aproximación a la acción estatal a través de su producción material. El proyecto de la Avenida General Paz (Buenos Aires, 1887-1941)”. Boletín Bibliográfico Electrónico del Programa Buenos Aires de Historia Política, año 3, n.º 6.

Gruschetsky, V. (2012). “Saberes sin fronteras. La vialidad norteamericana como modelo de la Dirección Nacional de Vialidad, 1920-1940”. En M. Plotkin y E. Zimmerman. Saberes de Estado. Buenos Aires: Edhasa.

Heredia, M. y Gené, M. (2009). “Atributos y legitimidades del gabinete nacional: sociohistoria de los ministerios de Economía e Interior en la prensa (1930-2009)”. El Príncipe. Revista de Ciencia Política, n.º 2, pp. 109-135.

Jajamovich, G. (2012). “Universidad y transición democrática: reformas curriculares y reconfiguraciones en la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad de Buenos Aires (1984-1987)”. Cuestiones de Sociología, n.º 8, pp. 201-219.

Jajamovich, G. (2016). “Puerto Madero ‘en movimiento’: movilidad de políticas y modelos urbanos en América Latina (1999-2012)”. INVI, vol. 31, n.º 87, pp. 59-84.

Jajamovich, G. (2016a). “Historicizing the circulation of urban policies through career paths analysis: Barcelonian experts and their role in redeveloping Buenos Aires’ Puerto Madero”. IBEROAMERICANA, vol. 12, n.º 62, pp. 167-183.

Majone, G. (1997). Evidencia, argumentación y persuasión en la formulación de políticas. México: Fondo de Cultura Económica.

Marques, E. (1998). “Redes sociais e permeabilidade do Estado: instituicoes e atores políticos na producao da infra-estrutura urbana no Rio de Janeiro”. Tesis de doctorado. Universidade Estadual de Campinas.

Marques, E. (1999). “Estado e Empreiteiras na Comunidade de Políticas Urbanas no Rio de Janeiro”. Dados, n.o 42 (2).

Menazzi, L. (2018). “¿Una comunidad profesional de la obra pública? Empresarios, ingenieros y funcionarios durante la última dictadura (1976-1981)”. Revista Perspectivas de Políticas Públicas, vol. 7, n.º 14. En prensa.

Menazzi, L. (2018). “Conduciendo las áreas técnicas del Estado argentino. Perfiles y trayectorias de funcionarios vinculados a la obra pública durante el gobierno de Videla (1976-1981)”. Revista Sociohistórica. Cuadernos del CISH, n.º 42, segundo semestre 2018. En prensa.

Morresi, S. y Vommaro, G. (2011). “Introducción. Los expertos como dominio de estudio socio-político”. En Saber lo que se hace: expertos y política en Argentina. Buenos Aires: Prometeo Editorial.

Neiburg, F. y Plotkin, M. (2004). “Intelectuales y expertos. Hacia una sociología histórica de la producción del conocimiento sobre la sociedad argentina”. En Intelectuales y expertos. La construcción del conocimiento social en la Argentina. Buenos Aires: Paidós.

Novick, A. (1992). “Técnicos locales y extranjeros en la génesis del urbanismo argentino. 1880-1940”. AREA, 1, pp. 29-51.

Novick, A. (2007). “Planes realizados y proyectos inconclusos en la construcción de la ciudad moderna. Buenos Aires, 1900-1940”. Tesis de doctorado no publicada, Universidad de San Andrés, Buenos Aires, Argentina.

Palermo, S. (2006). “Élite técnica y Estado liberal: La creación de una administración moderna en los Ferrocarriles del Estado (1870-1910)”. Estudios Sociales. Revista Universitaria Semestral, año XVI, n.o 30, pp. 9-42.

Palermo, S. y Silva J. (2016). “Expertos, burocracias y política de masas en Argentina”. Estudios Sociales del Estado, vol. 2, n.º 3, primer semestre de 2016.

Pantaleón, J. (2006). Entre la carta y el formulario. Política y técnica en el desarrollo social. Buenos Aires: Antropofagia/IDES.

Perelmiter, L. (2012). “Saber asistir: técnica, política y sentimientos en la asistencia estatal. Argentina (2003-2008)”. En Saber lo que se hace. Política y expertise en la Argentina reciente (pp. 135-170). Buenos Aires: Prometeo Editorial.

Pírez, P. (1995). “Actores sociales y gestión de la ciudad”. CIUDADES, 28, pp. 8-14.

Plotkin, M. y Zimmermann, E. (2012a). “Introducción”. En Los saberes del Estado. Buenos Aires: Edhasa.

Plotkin, M. y Zimmermann, E. (2012b). “Introducción”. En Las prácticas de Estado. Buenos Aires: Edhasa.

Raffa, C. (2016). “Propuestas técnicas y prácticas políticas: arquitectos en la Dirección de Arquitectura (Mendoza, 1932-1955)”. En F. Rodríguez Vázquez y C. Raffa (coord.). Profesionalizando un Estado provincia. Mendoza, 1890-1955 (pp. 84-111). Mendoza: IHAYA-UNCuyo.

Rigotti, A. (2005). “Las invenciones del urbanismo en Argentina (1900-1960). Inestabilidad de sus representaciones científicas y dificultades para su profesionalización”. Tesis de doctorado no publicada, Facultad de Arquitectura, Planeamiento y Urbanismo, Universidad Nacional de Rosario, Argentina.

Salerno, E. (2015). “Los ingenieros, la tecnocracia de los Ferrocarriles del Estado”. H-industri@. Año 9, n.º 16, primer semestre 2015. Disponible en https://bit.ly/2MNmTbx.

Silvestri, G. (2000). “Apariencia y verdad”. Block, 5, pp. 38-50.

Silvestri, G. (2003). El color del río. Historia cultural del paisaje del Riachuelo. Bernal: Universidad Nacional de Quilmes, Prometeo Editorial.

Tobías, M. (2017). Política del agua, controversias socio-técnicas y conflictos territoriales en el Área Metropolitana de Buenos Aires (2006-2015)”. Tesis de doctorado sin publicar. Universidad de Buenos Aires.


  1. Tal como señala Lucchini (1981), los primeros ingenieros que actuaron en el Río de la Plata fueron militares. Las instituciones educativas del Ejército siguen dictando la carrera de Ingeniería, y aún hoy existe el Arma de Ingenieros, cuya misión es apoyar al Ejército a partir de los saberes de esta disciplina.


Deja un comentario