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Conclusión

¿Cuál es la importancia que hemos de concederle al pensamiento de Edith Stein en el seno del movimiento fenomenológico? ¿Por qué interesarse por Edith Stein como filósofa? ¿Por qué habríamos de necesitar su filosofía?

Es un asunto complejo, necesitar. ¿Cómo sabe uno lo que necesita? Cuando justificamos porqué actuamos y queremos y escribimos de la manera en que lo hacemos, a menudo lo hacemos con referencia a una necesidad de algo. Que ahí haya una necesidad legítima reconocida de algo constituye un argumento convincente. “¿Por qué necesitamos la filosofía de Edith Stein?” es una pregunta que pide razones de por qué deberíamos leer la filosofía de Stein y dedicar tiempo para conocer su obra. Pregunta por los motivos de su pensamiento, por lo que está en juego en su filosofía (Lebech, 2011: 682).

A lo largo de las páginas de este trabajo hemos explorado el contexto histórico, biográfico e intelectual de la recepción de la fenomenología en el pensamiento de la joven Edith Stein. La alusión a su juventud como período abordado en esta investigación (particularmente los años transcurridos entre 1913 y 1916) no pretendía ser la extrapolación de una fase de corta duración en desmedro del análisis de una trama más amplia y, en tal sentido, de mayor complejidad, sino, por el contrario, un corte indispensable para el concreto abordaje de una personalidad filosófica cuya inserción en aquella trama le confiere a su pensamiento una singularidad habitualmente poco transitada en el vasto campo de estudios en filosofía contemporánea. Hemos procurado notar, de este modo, las íntimas relaciones existentes entre las condiciones histórico-conceptuales de la recepción de la fenomenología en el pensamiento de la joven Stein y las circunstancias de la génesis, expresión y despliegue de los lineamientos centrales de aquella disciplina según las modulaciones distintivas que recibieran de las contribuciones filosóficas de Edmund Husserl, Adolf Reinach y Max Scheler. ¿En qué medida este recorrido –que ha servido, a su vez, de estrategia argumental– nos permite responder las preguntas precedentes? En otras palabras, habiendo alcanzado esta instancia conclusiva, ¿qué podemos aseverar ahora respecto de la relevancia filosófica de Edith Stein?

Siguiendo el objetivo metódico orientador que reunía al círculo fenomenológico de Gotinga –a saber, la investigación de estructuras esenciales–, Stein hizo méritos para inscribir su nombre en la historia de la fenomenología a través del tratamiento de un tópico que por aquel entonces todavía no había sido sistemáticamente estudiado y que devendría, en adelante, en uno de los puntos focales de la reflexión filosófica orientada tanto al esclarecimiento de las formas de vida en el mundo social, como a la indagación de ciertos fenómenos de naturaleza cognitiva y afectiva vinculados con la capacidad de percibir y comprender lo que otro puede pensar y sentir. Actualmente, el tema de la empatía se encuentra en boga a propósito de variados enfoques relativos a importantes y muy complejos desafíos que las sociedades humanas enfrentan de cara al futuro.[1]

La relación filosófica de Stein con Husserl ha significado, tal como hemos visto, un auténtico hito en la trayectoria intelectual de nuestra autora. La influencia que el “Maestro” tuvo sobre su pensamiento excede ampliamente los márgenes de una sola etapa en su vida. La fenomenología de Husserl fue siempre para Stein, más allá de cualquier contrapunto o divergencia, un faro capaz de iluminar algunos de los principales interrogantes de la existencia humana. La apertura del campo de la conciencia pura y de la subjetividad egológico-trascendental implicó en Stein una aproximación hacia la radicalidad del ser, cuya nota fundamental es su “eternidad” (ewigkeit). La originalidad de su pensamiento filosófico estriba, en este sentido, en su emergencia desde el humus de la tradición fenomenológica husserliana y su proyección hacia una philosophia perennis entendida como análisis de la estructura esencial de la persona humana en diálogo con los principales conceptos de la tradición metafísica clásica y escolástica (acto, potencia, forma pura y esencial, sustancia). La condición de posibilidad de este itinerario intelectual debe ser buscada precisamente en los años de su formación filosófica provistos por su adscripción al movimiento fenomenológico, que han sido objeto de este trabajo. Así, el recorrido efectuado en estas páginas puede servir de prolegómeno para emprender una investigación ulterior que complemente los análisis aquí dedicados a comprender la fenomenología steiniana de la empatía con un estudio minucioso de su fenomenología de la persona humana. La índole integral del pensamiento de Edith Stein, más allá de las etapas y fases que sea posible trazar en el mismo, constituye un continuo que, sin pretender erudición ni sistematicidad, alcanza el cariz distintivo de una obra genuinamente filosófica.[2]

Las estrechas vinculaciones entre la fenomenología de Husserl y el pensamiento filosófico de Stein han quedado en evidencia en numerosos pasajes del presente trabajo. Lejos de ser éste un resultado por el cual valga la pena reclamar el reconocimiento de cierta originalidad, el dato de aquella afinidad fue, tal como hemos señalado al momento de comentar el prólogo a su Tesis doctoral, un hecho explícitamente asumido por la propia Stein, que no invalida la pertinencia de un estudio detenido de su pensamiento de juventud sino que, por el contrario, lo proyecta sobre la historia del movimiento fenomenológico con una fuerza peculiar. Así, tratándose de un texto elaborado entre 1914 y 1916, previo al período en que ella ofició de asistente privada de Husserl, su Tesis doctoral Sobre el problema de la empatía permite acceder desde una perspectiva inédita a algunas dimensiones de la fenomenología husserliana que su propio autor no alcanzaría a publicar y que fueron dadas a conocimiento público en ediciones póstumas precedidas por la organización de archivos reservados para la consulta de investigadores especialmente autorizados.[3]

¿Qué aspectos de la filosofía de Husserl han gravitado ciertamente sobre la recepción de la fenomenología en el pensamiento de la joven Edith Stein? Retomando lo argumentado y señalado a lo largo de este trabajo, podemos aseverar aquí que la crítica husserliana del psicologismo –inteligible a partir de un abordaje de las transformaciones acaecidas en su pensamiento desde la publicación de Filosofía de la aritmética hasta la irrupción, verdaderamente revolucionaria, de las Investigaciones lógicas– signó fuertemente la perspectiva de Stein acerca de sus propias posibilidades formativas. El descubrimiento del leitmotiv fenomenológico de “volver a las cosas mismas” abrió para nuestra autora un nuevo plano subjetivo que se materializó con el abandono del proyecto de dedicarse a la psicología empírica en Breslau y la adopción del desafío de destinarse al estudio de la fenomenología en el que era por entonces su centro universitario de referencia por excelencia: Gotinga. A su vez, la aparición durante ese mismo año de acercamiento de Stein al movimiento fenomenológico del primer volumen de Ideas significó la apertura de una polémica en el seno de aquel círculo de seguidores y estudiosos del pensamiento de Husserl. ¿Había el “Maestro” renunciado a los lineamientos de una fenomenología realista, objetivista, abocada a la descripción de lo genuinamente dado, y recaído entonces en una tendencia filosófica idealista, de corte más bien subjetivo? La postura de Stein ante semejante controversia es singular, pues si bien se hace eco de ella en sus escritos autobiográficos recordándose implicada en dicho contexto, cierto es también que su aproximación al movimiento fenomenológico era prácticamente coincidente con el surgimiento de la polémica misma y, por lo tanto, no podía constituirse en motivo suficiente como para apartarla del camino que recién comenzaba a emprender. El método de la epojé y de la reducción fenomenológicas, de corte típicamente husserliano, fue formalmente asumido por Stein en su investigación doctoral. Y su trabajo en calidad de asistente de Husserl durante los primeros años de éste a cargo de la cátedra de Filosofía de la Universidad de Friburgo, rubrica la ubicación privilegiada de Stein en la historia del movimiento fenomenológico. Hemos destacado, asimismo, la peculiaridad de la teoría husserliana de la intersubjetividad, a los efectos de brindar un contexto filosófico y conceptual en torno al eje temático de la recepción de la fenomenología en el pensamiento de la joven Stein. Aquí, habida cuenta de lo señalado anteriormente acerca de la posición especial de nuestra autora gracias al conocimiento anticipado de los manuscritos husserlianos que se verían publicados varios años más tarde, podemos destacar el carácter original y propio de los resultados alcanzados en su investigación. De todos modos, ha quedado planteada la posibilidad de interpretar un abandono de las implicancias de la reducción trascendental en la medida en que su estudio fenomenológico de la empatía se orienta hacia la descripción y caracterización del individuo psicofísico, primero, y de la persona espiritual, después.

El pensamiento de Adolf Reinach no ha jugado, ciertamente, un papel equivalente al de Husserl en la recepción de la fenomenología por parte de la joven Stein, y ello por dos obvias razones: en primer lugar, porque, si bien el acercamiento de Reinach a la fenomenología alcanzó a posicionarlo como uno de los principales intérpretes del pensamiento de Husserl en los años de formación del círculo fenomenológico de Gotinga, con amplia influencia sobre todos aquellos que se acercaban atraídos por la convocante novedad filosófica expresada en las Investigaciones lógicas, el eje de dicho círculo era, comprensiblemente, la ascendencia del magisterio de Husserl, para cuyo acceso las conversaciones facilitadas por Reinach constituían, de todos modos, una estimable propedéutica; por otra parte, en segundo lugar, por el hecho de la temprana muerte de Reinach, cuya caída en combate durante la Primera Guerra Mundial truncó la maduración de una obra filosófica que ya había dado visos de consistente creatividad. No obstante, sendos motivos no deberían justificar una subestimación del rol de Adolf Reinach en la historia de Edith Stein, toda vez que han sido su calidez personal y su lucidez intelectual los pilares sobre los que nuestra autora supo recostarse en momentos de honda incertidumbre respecto a sus posibilidades de consumar su proyecto doctoral en torno al estudio fenomenológico de la empatía. Tal como señala MacIntyre, “hay que reconocer que probablemente Edith Stein no habría alcanzado el progreso filosófico que logró si Reinach no hubiese abierto antes ciertas áreas de la investigación fenomenológica. Así, además, clarificaba aquello que se debía aprender de Husserl para ser capaz de ir más allá” (p. 43).

La vinculación de Stein con Reinach es el nexo más directo entre el pensamiento fenomenológico de nuestra autora y los lineamientos de la filosofía de Theodor Lipps. Si bien el abordaje de los conceptos y problemas de la filosofía de este autor en el marco de su Tesis doctoral respondía a una exigencia planteada por Husserl, lo cierto es que quien había trabajado bajo la influencia de Lipps no era aquél, sino Reinach. La trayectoria filosófica de Reinach se enlaza e imbrica, de esta forma, con la de Stein, por cuanto ambos, con pocos años de diferencia, recorrieron los dos sentidos de un mismo camino: aquel que lleva de Lipps a Husserl (tal es el caso de Reinach) y de Husserl a Lipps (tal es el caso de Stein, a propósito de la elaboración de su disertación).

Las contribuciones de Reinach al movimiento fenomenológico pueden ser compendiadas en los recorridos que ofrece y presenta en su conferencia Sobre fenomenología, en la que es verosímil apreciar una plausible carta orgánica o fundamental del círculo fenomenológico de Gotinga, a la que sus miembros suscribirían. Tratándose de una presentación de la fenomenología formulada en 1914, podemos leer en ella una exposición de la disciplina que incidió significativamente sobre su recepción en el pensamiento de la joven Edith Stein. De este modo, también es oportuno subrayar el aporte de Reinach a la formación del pensamiento fenomenológico de Stein en términos de su concepto o noción de lo “a priori” como “estado de cosas” (Sachverhalt), en desmedro de los errores que acarrearía su subjetivación o empobrecimiento mediante su restricción a sólo algunas dimensiones de lo real. En este sentido, hemos notado oportunamente la probable influencia de la teoría de Reinach sobre los actos sociales en la reflexión de Stein sobre la empatía.

Si, como recuerda MacIntyre, “los aspectos más sobresalientes de una filosofía, así como sus conclusiones, tienen que ver directamente con lo que dicha filosofía supone para la vida de quienes se dedican a la práctica filosófica” (p. 17), una vuelta de la atención hacia el modo en que se entrecruzan el pensamiento de Max Scheler y la recepción de la fenomenología por parte de Edith Stein no puede dejar de reparar en las raíces hondamente vitales que en ambos filósofos tuvo, respectivamente, el ejercicio de su actividad. Para Stein, la influencia de Scheler incidió, además, tal como ella misma lo dejara sentado en sus escritos autobiográficos, sobre el abandono de sus prejuicios en torno a la comprensión del fenómeno de la fe. Considerando la centralidad que dicho fenómeno acabó adquiriendo en su vida, y teniendo en cuenta nuestra intención de sugerir el carácter continuo de su filosofía más allá de las etapas y los períodos en los que pueda ser organizada su trayectoria intelectual, este aspecto del vínculo entre Stein y Scheler cobra una importancia peculiar.

La ética personalista de Max Scheler, en conjunto con su antropología filosófica, actualiza en la primera mitad del siglo XX el desafío de formular nuevas preguntas para comprender el enigma de la condición humana en su permanente tensión y proyección hacia una posible conciliación de sus elementos divergentes. La puesta en valor de la noción de persona, con toda la carga semántica, jurídico-teológica, que trae legada de la tradición, abre en el campo del movimiento fenomenológico un espacio de trabajo e investigación en el que la figura de Stein subsiste como una permanente fuente de inspiración. De igual manera, el análisis del tratamiento scheleriano de la cuestión de la empatía nos ha permitido establecer un marco de sentido más amplio para el abordaje que del mismo asunto realizara Stein en su recepción de la fenomenología. La crítica a la teoría de Lipps de la proyección afectiva y a la teoría de la empatía como efectuación de una inferencia por analogía, resultan afines al enfoque steiniano. No así, sin embargo, su teoría de la empatía como percepción, lo que en términos de Stein implicaría una confusión o tergiversación de la naturaleza fenomenológica del acto empático.

¿Qué podemos recapitular aquí respecto a la fenomenología de la empatía que vertebrara Edith Stein en su temprana recepción de la disciplina? Recordando la posible relación entre esta temática y lo que nuestra autora aseverara en su autobiografía, que alcanza tanto a dimensiones cognitivas como socio-emocionales de su personalidad, debemos destacar que su aproximación al problema de la empatía se explica fundamentalmente por su participación en el movimiento fenomenológico y su consecuente afán por comprender y asimilar los lineamientos centrales de la fenomenología de Husserl. Sin embargo, lo que originalmente pudo haber sido concebido como un proyecto de contribución al edificio sistemático de conocimientos forjado por el “Maestro”, la investigación steiniana de la empatía acaba por orientarse hacia la formulación de interrogantes cuya resonancia no siempre encuentra el eco por ella deseado en los intereses y las preocupaciones de Husserl, según puede colegirse de una lectura de su correspondencia con Roman Ingarden.

La estrategia argumental de Stein comprendía, en primer lugar, la clarificación de la esencia de los actos de empatía. Para dicha empresa, el método fenomenológico de la reducción fue su guía y la confrontación con otras teorías de la empatía, su estrategia. La caracterización de la empatía como un tipo sui generis de actos experienciales dejaba abierta la pregunta acerca del modo en que se presentan a la conciencia las objetividades referidas en las distintas teorías de la empatía. La presentación de esta cuestión según el cometido de analizar la empatía como problema de constitución llevaba el argumento de nuestra autora hacia el desafío de explicar la figuración del individuo psicofísico, propio y ajeno, en lo que entran en juego los conceptos de yo puro, psiquis, alma, cuerpo, sensaciones, sentimientos, expresión y movimiento. El pase de la perspectiva del individuo propio al ajeno permitía descubrir en la empatía un componente indispensable para la constitución del sí mismo y, en ese sentido, a su vez, como un argumento de peso en la afirmación del carácter infundado del solipsismo y del proyecto de una monadología trascendental. Finalmente, la dedicación de Stein al concepto de “espíritu” (Geist), como auténtico eje rector de su proyecto antropológico, permite vislumbrar los alcances últimos de su disertación así como las perspectivas que se abren a partir de su estudio para una fenomenología de la persona. Es interesante notar, asimismo, la evolución a la que queda sujeto su concepto de empatía en el decurso de la argumentación: de tipo sui generis de actos experienciales, a la comprensión de los actos de empatía como un penetrar en los entramados de sentido que subyacen a las expresiones motivadas por la manifestación de las vivencias del individuo psicofísico, para finalmente consistir en la capacidad de entender una acción ajena no sólo como vivencia singular, sino como procedente de la estructura total de la persona. La noción de “persona espiritual”, en efecto, abre un interrogante nuevo acerca del carácter constituido y constituyente del cuerpo en los actos de empatía, a la vez que permite introducir la ligazón entre los temas del pensamiento fenomenológico de la joven Edith Stein y aquellos que serán su ocupación primordial durante los años de su madurez personal e intelectual: los referidos a la religión, en función de la vinculación del ser finito del hombre con el ser eterno de Dios.

En suma, la filosofía de Stein, cuyo primer eslabón está constituido por el eje temático que hemos abordado en estas páginas, puede ser entendida como una contribución a la necesidad siempre vigente “de interpretar las complejidades de la vida social tal como está arraigada en las diferentes dimensiones del ser humano” (Lebech, 2011: 726), así como también a la manera de una invitación a construir una antropología filosófica cuya veta distintiva sea su apertura a una ontología de la persona capaz de fundar una visión del mundo y de la vida en favor del encuentro y el entendimiento empáticos entre los hombres. Paralelamente, en el seno de la historia de la fenomenología como disciplina filosófica, la dedicación de Stein a su estudio y asimilación original permite acceder a un modo de entender los conceptos de la especialidad que amplía su significado, extendiéndolos hacia el diálogo con otras disciplinas, entre las que se insinúa con especial fuerza la teología. Ante la posibilidad de reconocer implicancias sistemáticas en el tratamiento del eje temático de su recepción de la fenomenología, subsiste y persiste la pregunta acerca de la concepción de ego que pone en juego el análisis fenomenológico de la empatía y, con ella, otra referida al sentido del ser de la trascendencia en aquellos actos constituida. Pues tal como escribiría Edith Stein algunos años más tarde:

El yo tiene cierta libertad para determinar su vida presente y futura, pero esta libertad se erige sobre un fundamento de la no-libertad. Se halla a sí mismo “puesto en la existencia”, no existiendo por sí mismo, y se halla atado en su actividad de dos maneras: por lo que le está dado de antemano y por las leyes que regulan su propia actividad. Con esta estructura entera el yo apunta [hinweisen] a algo que es absoluto en un sentido distinto del que él mismo es absoluto; apunta a un principio [Prinzip] en el sentido de lo que es original e incondicionado. Así el yo se trasciende a sí mismo en un rumbo hacia algo en que el yo mismo tenga el fundamento de su ser (por ende hacia una trascendencia opuesta a la del idealismo trascendental) (Stein, 2005: 36-37).


  1. Cf. Rifkin, J. (2010). The Empathic Civilization. New York: Jeremy P. Tarcher Inc.
  2. A lo largo de su trayectoria intelectual que, como hemos visto, sufrió los embates de una compleja coyuntura histórica signada por el acrecentamiento del odio racial y la persecución contra los judíos y otras minorías, Stein fue forjando paulatinamente una obra que jamás publicó pero que apareció, años después de su muerte, como el octavo volumen de sus obras completas: una “Introducción a la Filosofía” (Einführung in die Philosophie). Las dificultades a la hora de datar el texto tienen que ver fundamentalmente con el hecho de que su redacción acompañó diferentes etapas de la vida de nuestra autora, llegando a ser objeto de una reformulación progresiva conforme iban aclarándose para ella diversos aspectos de su pensamiento.
  3. Tal es el caso, por ejemplo, de los manuscritos del segundo y del tercer volumen de Ideas, que trata cuestiones muy semejantes a las estudiadas por Stein en su Tesis doctoral y sobre los cuales la propia Stein trabajó en los meses de asistencia a Husserl posteriores a la obtención de su doctorado. La convergencia Stein-Husserl sobre estos asuntos subraya el carácter pleno de la participación de Stein en el seno del movimiento fenomenológico, a la vez que sugiere un núcleo problemático específico para la comprensión de la historia del movimiento mismo y sus derivas contemporáneas. En efecto, habiendo sido tales manuscritos, previamente a su edición, declarada fuente de inspiración para la gestación de otras importantes obras filosóficas del siglo XX (tal es el caso, quizás paradigmáticamente, de La fenomenología de la percepción de Maurice Merleau-Ponty), y considerando que habían sido primero objeto del trabajo de revisión y corrección –muchas veces infructuoso, como sabemos de la lectura de su correspondencia con Ingarden– por parte de Stein en su calidad de asistente de Husserl, bien cabe preguntarse acerca de la presunta incidencia de nuestra autora sobre la recepción de la obra del “Maestro” en el pensamiento de otros filósofos que se vieron decisivamente influidos por los lineamientos de su fenomenología. He tratado el tema en otro trabajo. Cf. Tami, M. (2016). Lecturas constructivas. En torno a la incidencia de Edith Stein en la recepción merleau-pontiana de la fenomenología de Husserl. Manuscrito inédito.


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